viernes, 15 de octubre de 2010

Dave Matthews llegó a la Luna

El Ohhh ohhhhhh del público se impuso una vez más y ya se está volviendo un clásico de eventos deportivos y musicales. Esta vez no fue el himno el que hizo vibrar al Luna Park, sino la canción What I am de Dave Matthews. Ocurrió cuando promediaba el show, luego volvió una vez más con Two step, una versión medio campestre con un tremendo y explosivo solo de batería. Los músicos se detuvieron un segundo y escucharon como la gente los aclamaba. Entonces Matthews dijo: “Tocar acá para ustedes es como andar en una moto a toda velocidad, como montar un caballo salvaje”.

Por algo se llama Dave Matthews Band y no sólo DM. Todo el combo es mucho más que un músico solista. El escribe las canciones, canta de manera excepcional, toca la guitarra acústica y baila, sí baila, con tanto swing que da envidia. Sus pies flotan sobre el escenario, las rodillas se contorsionan, la cintura deja que el ritmo fluya. El es el band leader, y los demás aportan cada uno lo suyo, pero ninguno es intrascendente. Tim Reynolds es un guitarrista extraordinario. Tiene un poco de Robin Trower, otro poco de Van Halen, algo de Vernon Reid. Toca como quiere, lo que quiere, cuando quiere. Siempre toca bien. El resto de la banda está conformada por el violinista Boyd Tinsley, el bajista Steffan Lessard, el batero Carter Beauford, junto al saxofonista Jeff Coffin (que reemplazó al fallecido Leroi Moore y que toca dos saxos a la vez) y el trompetista Rashawn Ross. Todos ellos están comprometidos hasta la médula con la propuesta distintiva que Dave Matthews viene ofreciendo desde hace casi 20 años.

Su música es única, podría ser una versión moderna de los Grateful Dead. Todo su sonido está lleno de matices y en una misma canción, según el solo que se ejecute, puede sonar a jazz, al funky de Nueva Orleans, a country, o a bluegrass.

El show, que duró casi tres horas, comenzó con Squirm, uno de los tantos temas que tocó de su último disco Big Whiskey and the GrooGrux King, editado el año pasado. “Empezamos tranquilos y después trataremos de volarles la cabeza”, anunció Dave Matthews.

Con el tema Bartdender, esa gama de sonidos que mencioné antes se amalgamó en un fantástico solo de violín, que dio lugar al saxo, luego a la flauta para terminar en un maravilloso solo de trompeta con sordina. Siguieron con Shake me like a monkey, Satellite (uno de sus primeros temas, de 1993), Grey Street y Seven, donde estalló la viola de Reynolds. Siguieron con Crush, Stay or leave, Gravedigger (hermosa melodía, por cierto), Don’t drink the water, y algunos temas más. No creo que ninguna de esas versiones haya bajado de los ocho o diez minutos Las zapadas son diálogos abstractos que en un momento confluyen en un eje imaginario.

Siempre tocan un cover en sus shows. Hace dos años, cuando se presentaron al aire libre en el Pepsi Music hicieron All along the watchtower, de Bob Dylan. Esta vez, se volvieron muy funkys con Sexy mother fucker, de Prince. El violín volvió a enloquecer con Everyday. Cuando el final se acercaba se despacharon con You and me. Para los bises, primero subió Dave Matthews solo y tocó Some Devil, luego volvieron los músicos al escenario y Ants marching fue lo último que escuchamos.

Así, una noche de octubre, Dave Matthews llegó a la Luna y se lo notó muy emocionado. “Gracias por regalarnos una noche que vamos a recordar para siempre”, dijo. El agradecimiento recíproco de la gente volvió una vez más en forma de una ola sonora Oooooohhhhh oooooooohhhhhhh. La fiesta había terminado pero todo seguía vibrando.

lunes, 11 de octubre de 2010

Lanzamientos x 3

Tom Jones – Praise and blame. Tom Jones es uno de los mejores cantantes de las islas británicas, dueño de una voz poderosa, sensual y dominante. Y cuando esa voz está al servicio de ritmos bluseados y cadenciosos, o potencia rockera la cosa aún es mejor. Los que siguen al galés desde siempre, no esperen escuchar al crooner con su mezcla de pop y Las Vegas o, como en su trabajo anterior, una combinación de poderío vocal con bases electrónicas. Acá tenemos a Tom Jones buceando en las raíces haciendo temas propios y ajenos como de Bob Dylan, Sister Rosetta Tharpe y Jessie Mae Hemphill, más una versión demoledora de Burning Hell, de John Lee Hooker. La banda es solvente, arrolladora y penetrante, todo gracias a la producción del multiinstrumentista y productor Ethan Jones. Aquí no hay nada kitsch: denle una oportunidad.

Kenny Wayne Shpeherd – Live in Chicago. Se tomó su tiempo para editar un nuevo disco, pero valió la pena esperarlo. No hay material nuevo: KWS sigue en su revisionismo histórico como lo hizo con 10 Days Out (Blues from the Backroads). Live in Chicago es un mix equilibrado de su estilo post Vaughan y horas escuchando a los popes del blues. Con el plus de la experiencia de músicos consagrados como Hubert Sumlin, Willie “Big Eye” Smith y Bryan Lee que lo acompañan en su presentación. KWS ya no es más un chico buscando convertirse en el nuevo Stevie Ray. Con treinta y pico de años es un bluesman consagrado, sólido y encumbrado. Live in Chicago es un gran disco en vivo. Tiene todo lo que tiene que tener: tremendos solos de guitarra, muy buenos temas (hay versiones de clásicos de Howlin’ Wolf, Jimmy Reed, B.B. King y Slim Harpo) y un desarrollo vibrante y emotivo.

Ron Wood – I feel like playing. Ronnie lo hizo de nuevo. Editó un lindo disco en donde conjuga sus pasiones: el rock, el blues y el reggae (más la pintura, que ilustra la portada). Es un álbum sólido, con buenas canciones y, por sobre todas las cosas, un espíritu festivo y contagioso. La mayoría de los temas fueron compuestos por él, algunos en compañía de firmas reconocidas, y también hay un cover de Willie Dixon: Spoonful. El disco cuenta con algunos invitados de lujo: Flash, Billy Gibbons (ZZ Top), Bobby Womack, Ivan Neville y Flea (Red Hot Chili Peppers), más la participación de otros grandes músicos de estudio como Waddy Watchel, Jim Keltner, Ian McLagan y el bajista de los Stones, Darryl Jones. Pese a los años, los problemas de salud, los divorcios y los destornilladores, Ronnie Wood sigue en pie.

lunes, 4 de octubre de 2010

El efecto Entre Copas

Hace un par de sábados miraba con atención la góndola de los vinos de un hipermercado y me encontré con que había una docena de pinot noir distintos. De ahí me fui a una conocida vinería y me encontré frente a una decena de botellas más. Compré algunas para probar, porque realmente el pinot es una uva muy interesante (por ahora no pienso en cambiarle el nombre al blog por Pinot & Blues) que va bien con lo que sea. Es un vino súper amable para tomarlo durante una charla o hasta en una sobremesa. Es delicado y no abruma. Y se puede paladear con gusto.

Consulté a un especialista para saber el por qué de este nuevo boom de pinot noir en Argentina. La respuesta de Daniel López Roca (creador de Argentine Wines) fue sencilla y razonable: “Claramente se debe al aumento del consumo en EE.UU. a partir de la película Entre Copas (Sideways / 2004)”. Y eso no es una apreciación de Daniel, sino que está fundamentado en un paper de Steven Cuellar, de la Universidad de Sonoma titulado The Sideways Effect: A Test for Changes in the Demand for Merlot and Pinot Noir Wines (El efecto Entre Copas: una prueba del cambio en la demanda de vinos merlot y pinot noir). Ahora, esto que pasa en EE UU desde hace unos años, está empezando a verse acá con fuerza. Le pregunté además si como efecto colateral también está en retroceso el consumo de merlot. “Cayó estrepitosamente en el mundo, se está recuperando afuera, pero acá no hay a quién vendérselo”, explicó.

Ya que este verano habrá una amplia variedad de pinot para elegir le pedí a Daniel que recomendara algunos: “Los que más me gustan son Chacra 32, Chacra 55 y Barda. En cuanto a vinos más accesibles están Fond de Cave Reserva, Marcus Gran Reserva y Barrel Fermented de Schroeder; otros: Finca Roja, Saurus Patagonia Select, Fin del Mundo Pinot Reserva, Primus Pinot Noir, y varios más. No recuerdo haber tomado uno que no me gustase”.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Le Noise, lo nuevo de Neil Young

Que buenos son los discos de Neil Young. El tipo es un genio de la alternancia. Todos sus álbumes son una sorpresa. En los últimos diez años editó siete álbumes de estudio muy distintos entre sí. Silver & gold (2000): tranquilo y acústico, en la línea de Harvest moon; Are you passionate? (2002): romántico y bluseado, con Booker T & The MG’s; Greendale (2003): un álbum conceptual y rockeado que grabó junto a Crazy Horse; Prairie wind (2005): fue grabado en Nashville y representó la vuelta de Neil Young a la música country; Living with war (2006): fue su rockeado alegato antibelicista contra la administración Bush; Chrome dreams II (2007): representó su rescate emotivo de los archivos remozado con una impronta actual; Fork in the road (2009): rock de garaje inspirado en los autos, las rutas y el plan de salvataje de Obama a la industria automotriz.

Ahora, en un nuevo giro, el tipo se unió al productor noir Daniel Lanois y editó un álbum excepcional. Neil Young, su guitarra y una andanada de efectos conforman Le Noise. Apenas ocho canciones que reflexionan sobre la vida y la muerte, el amor, los recuerdos y cómo vivir con ellos. El disco abre con Walk with me: la Les Paul de Young ruge. Es impresionante el sonido abarcador y poderoso de su guitarra. Le siguen tres temas en la misma onda hasta que en el track 4, Love and war, Young cambia al modo acústico e interpreta una melodía dulce y melancólica, con unos solos conmovedores, que en el futuro seguramente será recordada como una de sus mejores canciones. Hay otro tema acústico más, Peaceful vally boulevard, también maravilloso y sutil.

Lanois, quien ya produjo a Dylan, U2 y Peter Gabriel, no modifica el estilo de Young, ambos se adaptan muy bien. Le Noise es un disco sencillo y profundo. "Quizás hemos reinventado el rock 'n' roll hasta cierto punto, al ser una sola persona y tener todo ese poder; es algo increíble. Le Noise es el opuesto de lo que otros están haciendo. La mayoría de las grabaciones de rock ahora están metiendo más y más cosas y comprimiendo más y (ecualizando) más. Bueno, nosotros nos fuimos hacia el otro lado. Decidimos mostrar más el paisaje para que uno pudiera ver cuál era el centro del mismo", dijo Lanois en una entrevista a la agencia The Associated Press.

En la misma entrevista, Young definió al disco: "Creo que es un, no sé... un álbum espiritual en cierto modo. Tiene mucho que ver con el amor. El amor está presente en casi todas las canciones... No está tratando de ser nada. Está tratando de ser él mismo".

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lanzamientos de septiembre

Robert Plant – Band of Joy. Robert Plant es uno de los mejores cantantes de la historia del rock. Eso es un hecho indiscutible. Como también que su último disco es excelente. Band of Joy era el nombre de la banda de Plant, antes de que Led Zeppelin fuera una realidad. Como no hay nada grabado de aquellos años de finales de los sesenta no se puede hacer una comparación de estilos, pero lo que está claro es que el espíritu del álbum está centrado en un flashback sesentoso que combina un sonido folk transatlántico con una mixtura de rock y blues. La elección de los temas es curiosa: no hay grandes hits pero sí versiones de Los Lobos, Townes Van Zandt y Richard & Linda Thompson. Band of Joy es un álbum para escuchar tranquilo, que requiere mucho más de una pasada para descubrir todos sus matices. Pero sin duda es súper recomendable.

Black Country Communion - Black Country Communion. Una casualidad: Black Country es la región inglesa de la que surgió Robert Plant, así como también Glenn Hughes y John “Bonzo” Bonham. Hughes, ex bajista de Deep Purple, es un porcentaje grande de este proyecto extremadamente rockero. Bonham murió hace varios años, pero la batería aquí está a cargo de su hijo Jason. Los otros dos miembros de la banda son el tecladista Derek Sherinian (ex Dream Theater y Alice Cooper) y el magnífico Joe Bonamassa. Communion es un disco brillante, la guitarra de Bonamassa suena tan fantástica como en sus trabajos solista, pero aquí adquiere una especie de licencia que lo aleja un poco del blues –no del todo- para poder descargar una furia eléctrica muy interesante. La sinergia entre Hughes y él es brutal. El gran mérito aquí también es del productor Kevin Shirley quien vio el año pasado a Bonamassa y Hughes tocando juntos durante un festival y armó la banda para darle rienda suelta a esa "comunión".

Jerry Lee Lewis – Mean Old Man. Cuando juega la selección el técnico pretende tener a los mejores: Messi, Higuaín, Tévez, Mascherano. En este caso, Jerry Lee Lewis convocó a su selección de rock & roll y country para su nuevo disco: Keith Richards, Eric Clapton, Mick Jagger, John Fogerty, Ringo Starr, John Mayer, Solomon Burke, Sheryl Crow, Ron Wood, Willie Nelson, Slash, Kid Rock y Robbie Robertson, entre otros. Los Stones tienen una buena participación en el disco: Ron Wood toca la guitarra en el primer track, Mean old man, que le da el nombre al álbum. Jagger acompaña al viejo Jerry Lee en Dead flowers y luego aparece un Richards iluminado en Sweet Virginia. Después todo sigue en un mix rocanrolero y campestre. John Fogerty interpreta una animada versión de Bad moon rising. Y Slash y Kid Rock acompañan al pianista en Rockin’ my life away. Es la secuela perfecta de Last man standing (2006), incluso tiene hasta varios de los mismos invitados. La diferencia es que cambió el productor y este álbum es más relajado -por momentos bucólico- que el anterior. Jerry Lee Lewis está viejo pero aún quiere rockear.

Santana - Guitar Heaven: The Greatest Guitar Classics of All Time. En 1999, Santana editó el disco Supernatural, con varios invitados y un puñado de buenas canciones. Ese álbum llevó a Santana a la primera plana: éxito de venta, tapas de revistas, decenas de premios. Supernatural cautivó a un nuevo público, pero los que lo seguían desde antes se sintieron un poco desilusionados porque el rey de la guitarra latina se había vuelto demasiado pop y comercial. Los dos discos que le siguieron –Shaman y All that I am- tuvieron la misma tónica, pero con un agregado: ya no tenían la frescura del primero. Son dos álbumes olvidables e intrascendentes. Ahora, con Guitar Heaven vuelve a desilusionar. Más allá de los temas –Smoke on the water, Back in Black, Sunshine of your love, Whole lotta love- y los invitados –Joe Cocker, Rob Thomas, Jonny Lang, Chris Cornell- el disco no aporta nada. La guitarra de Santana suena bien, claro, pero para escuchar esos temas hoy realmente es preferible poner los originales de Deep Purple, AC/DC, Cream o Zeppelin. Es hora de que el productor Clive Davis deje que Santana vuelva a ser Santana.

Varios Artistas - Warren Haynes Presents The Benefit Concert Vol. 3. Lo mejor de este disco doble es la diversidad. Si bien fue editado ahora, fue grabado en vivo en 2001 gracias al fino laburo de Warren Haynes que, además de ser un excelente guitarrista, organiza estos conciertos benéficos en su Carolina del Norte natal cuando llega la Navidad. El propósito: recaudar dinero para las fundaciones de caridad locales. Así, Haynes logró montar un show que transmite blues, folk. y rock, tanto acústico como eléctrico que hace esta parábola: comienza con Alvin “Youngblood” Hart tocando un country blues con su guitarra y termina con Gov't Mule, al palo, interpretando Rockin' in the free world, de Neil Young, junto a Audley Freed (Black Crowes) y otros invitados. También participaron del festival los Blues Travelers, Phil Lesh (Grateful Dead), Edwin McCain y Drivin’ N Cryin’.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Wine song 41

El blues de Chicago actual también tiene su wine song. WINE HEADED WOMAN, de Lurrie Bell, cuenta la historia de una mujer que toma vino por la mañana, por la noche y en todo momento y cuya única ambición es: tomar vino, claro. Es la versión vitivinícola del tema Beer drinking woman, de Memphis Slim. Lurrie Bell grabó esta canción para su disco Let’s talk about love, de 2007, que presentó hace pocas semanas aquí en Buenos Aires.


lunes, 20 de septiembre de 2010

Leyendas de la armónica

James Cotton – Giant. Este disco es increíble. Cotton está en un nivel formidable y su armónica suena estupenda. Pero esta vez el plus, la explosión, viene de la mano del gentil Slam Allen, un cantante y guitarrista soberbio y con mucho soul. El resto de la banda, todos conocidos del público porteño, son Tom Holland, Noel Neal y Kenny Neal Jr. Buried alive in the blues, el tema que abre el disco, es tan alucinante que ya predispone de la mejor manera. Pero el resto no desentona. En la versión de How blue can you get? Slam llega a su pico máximo con unos solos sensacionales y un registro de voz muy poderoso. With the quickness es un shufflle instrumental en el que la armónica de Cotton planea. Y así, una pila de canciones más –That’s alright, Going down main street- en donde la compatibilidad entre Cotton y Slam sigue fluyendo hasta el último acorde. Giant es la gran obra moderna de una de las leyendas vivas del blues. Dejó pasar seis años desde su último disco y ahora vuelve de la mano del sello Alligator Records. El gran acierto ahora es haber cambiado: en Baby don't you tear my clothes (Telarc / 2006) invitó a músicos como Odetta, Bobby Rush o Marcia Ball para que cantaran. Aquí le da una oportunidad enorme a Slam Allen, quien no la desaprovecha.

Charlie Musselwhite – The Well. Acá tenemos a otro de los maestros modernos de la armónica luciéndose con su nuevo álbum. The Well tiene dos particularidades: es el primer disco de su carrera que graba íntegramente con temas propios y es su regreso al sello Alligátor, luego de peregrinar por otras discográficas durante 14 años. La banda, conformada por Dave Gonzales (guitarra), John Bazz (bajo) y Stephen Hodges (batería), suena groovie y se adapta a la perfección a los distintos ritmos que Musselwhite impone en los temas. Su voz, además, suena mejor que nunca: emana blues desde las vísceras. Todo el disco funciona como una autobiografía. Es realmente impresionante. Sobre todo su tema Sad and beautiful world, que canta junto a Mavis Staples, y en el que relata su experiencia luego del crimen de su madre, Ruth, durante un robo en 2005. Después hay de todo un poco: sonido del Delta, down home blues, shuffle, boogie y hasta un guiño al jazz en Dig the pain. Es muy buena la sinergia entre él y Gonzales en el instrumental Sonny Payne Special. Blues puro.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Maceo Funker

Foto Clarín
La banda de Maceo Parker suena como una pieza de relojería de alta gama. La maquinaria funky es perfecta. El sonido es contagioso y terco. Y puede llegar a ser tan caliente como Maceo quiera. El tipo baila, canta, anima, habla con el público. Dirige a sus músicos con señas, toca el saxo y, por sobre todas las cosas, no deja dudas de quién es el genio del funk actual. Todo el show –generoso con sus más de dos horas- fue una gran explosión rítmica. Maceo Parker, un tipo híper cool por donde se lo mire, llevó al groove a su máxima expresión.

“Si alguien se pregunta qué es lo que tocamos les digo que no es jazz –hace un gesto burlón con los manos-. Amo el jazz, pero…. Make it funky”. Todo había comenzado con un intermitente juego de luces, la banda tocando Funky Fiesta y la road manager, Natacha Maddison, haciendo las veces de maestra de ceremonia. Luego de un amague de Papa's got a brand new bag, el final de Funky Fiesta fue brutal. Todos los músicos se quedaron estáticos, como congelados, durante varios segundos. Impresionante.

Los arreglos de los temas son perfectos. Los silencios también. Bastó con escuchar la versión de Off the hook. William Hogans con la trompeta y Gregory Boyer con el trombón son pilares de bronce, los guardaespaldas del saxo de Maceo. Los tres suenan fantástico. Bajo y batería son un conglomerado rítmico, preciso y riguroso. El guitarrista Bruno Speight fue lo menos destacado: se despachó con unos solos un tanto chillones. Luego están los coristas Carolyn Hall y Corey Parker, el hijo de Maceo, quien también rapea y canta un par de canciones.

El Gran Rex estaba lleno. Había caras muy conocidas, músicos importantes como Luis Salinas y Walter Malosetti. Al principio muchos tuvieron la duda si Maceo iba a llenar el Gran Rex. Ahora es evidente que La Trastienda ya le quedaba chica.

Maceo dijo la palabra “love” (amor) unas cien veces. “We love you”, repetía. Presentó a sus músicos una y otra vez. La estructura de las canciones así se lo permite. Jugó con las palabras, con el ritmo. El hombre, proveniente de un planeta llamado Groove, es el dueño absoluto del escenario.

Una imagen que me quedó grabada: cuando todo terminó, la gente estaba tan encendida que al salir del teatro, desde la tercera bandeja, bajó una horda de flacos cantando “sacude todo lo que tenés”. Es que los bises fueron tremendos. Maceo amagaba con irse y volvía. Hubo un homenaje a Ray Charles, corto, en el que él y el tecladista William Boulware interpretaron You don’t know me. Y luego, con la gente coreando, Maceo dio lo que todos querían: Shake everything you got. Fue como un trance colectivo. Para donde mirara había gente literalmente sacudiéndolo todo.

La noche de ayer fue de esas en la que todo fluye con naturalidad, en la que la música domina la escena, las mentes y las almas. El espíritu de James Brown, presente. Fue una noche en el nombre del Funk.


martes, 14 de septiembre de 2010

Blues local (segunda parte)

“El blues paga mal”, asegura Mauro Diana, líder de los Easy Babies. Y si lo dice él hay que creerle. Hace años que él la viene peleando en el ámbito del blues local, tocando e instruyendo a chicos que están interesados en aprender los secretos y yeites de este género tan hermoso como cautivante. Aproveché el lanzamiento de su álbum para hacerle a Mauro unas preguntas para conocer cómo se acercó al blues y cómo lo vive.

1) ¿Cómo empezaste a escuchar blues?
Crecí en Valentín Alsina, mi primo y amigos mayores escuchaban a los Rolling Stones, había unos temas que me gustaban mucho y siguiéndolos llegue a Muddy Waters.
2) ¿Cuál fue el primer disco de blues que compraste?
Creo que fue Standing at the crossroad de Elmore James, pero pudo haber sido un compilado de BB King que se llamaba How blue can you get que estaba en Musimundo.
3) ¿Cuáles consideras que son los tres mejores discos de la historia del blues?
No creo que existan los tres mejores discos de la historia del blues, pero te puedo nombrar tres muy importantes en mi vida: I’m Ready, de Muddy Waters; Ain’t that enough comin’ in o Lost in the Blues, de Otis Rush; y The real deal,de John Primer.
4) ¿Cuál fue tu mejor experiencia arriba de un escenario?
Tuve muchas experiencias increíbles. Tuve la suerte de estar en el Buddy Guy Legend, en Chicago, el día que el club festejaba su décimo aniversario. Phil Guy estaba allí y me invitó a tocar la noche con él. También toqué junto a John Primer en el Checkerboard Lounge, bar que conocía del video de los Stones junto a Muddy Waters. Esa noche, junto a Roberto Porzio, compartimos escenario con Carey Bell. Era 1999, yo tenía 22 años y estaba cumpliendo un sueño. De Valentín Alsina a Chicago. Otro momento alucinante, y que no soñaba, fue ir con Pato Raffo a tocar a Moscú, donde junto a Omar Itcovici, acompañamos a John Primer en su gira por Rusia.
5) ¿Quién es el músico argentino que mejor nos representa a nivel internacional?
Para los que decidimos quedarnos, tocar, producir y difundir el blues acá es difícil pensar en una carrera internacional. Creo que hoy en día, el músico argentino de blues con más proyección es José Luis Pardo, que esta haciendo su historia desde Europa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El último disco de EC

En estos años se han impuesto dos estilos para bucear en el inmenso mar de la música popular estadounidense. Uno es el de Bob Dylan, quien va redescubriendo viejas canciones y ritmos, les saca el polvo y las reinterpreta con una sencillez dotada de personalidad y sentido histórico. Esos antiguos temas se convierten en nuevos clásicos en los que Bob deja su sello. El otro es el de Rod Stewart, quien tomó canciones más populares e hizo versiones comerciales, hits de venta, tan efímeros como exitosos. Lo de Eric Clapton, en su último trabajo, es una mezcla de ambos aunque con una inclinación hacia el lado de Dylan. Hay cuatro razones que hacen que su disco número 19 como solista sea de lo mejor que editó en los últimos años. 1) Slowhand está rodeado por una gran banda: Doyle Bramhall II (guitarra y producción), Willie Weeks (bajo) y el experimentadísimo Jim Keltner (batería). 2) Los invitados son un verdadero lujo: J.J. Cale, Wynton Marsalis, Allen Toussaint, Kim Wilson, Derek Trucks, Sheryl Crow y Paul Carrack. 3) El costado de intérprete en Clapton está muy bien trabajado desde lo vocal y sus solos de guitarra destilan una amplia gama de matices que abarcan desde el blues del Delta hasta el jazz. 4) Las canciones elegidas son verdaderas joyas históricas que comprenden distintos períodos y geografías musicales: Lil’ Son Jackson, Little Walter, Johnny Mercer, Fats Waller, J.J. Cale, Robert Wilkins, Snooky Pryor, Hoagy Carmichael. Claro que lo mejor del álbum son las versiones bluseras: en Hard times blues se luce el slide de Doyle Bramhal; Run back to your side tiene una épica sureña de la mano de Derek Trucks; la armónica de Kim Wilson estalla en Can't hold out much longer y Judgement day; el comienzo con Traveling alone es arrollador. Después, en las versiones más jazzeras, el aporte de la trompeta de Marsalis le da una perspectiva distinta a la música de Clapton. Tal vez lo más flojo del disco es Diamonds made from rain, junto a Sheryl Crow, una balada suave destinada a las FM comerciales. Sin dudas es un disco que vale la pena escuchar. La tapa del disco no es la gran cosa: no se asusten, no es Pepito Cibrián, es el viejo EC. El mismo de siempre.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Wine song 40


David Gray es un gran compositor. Es la definición perfecta del singer/songwriter. A fines de los noventa, este inglés nacido en Manchester en 1968 tuvo su explosión cuando editó el disco White Ladder, un álbum formidable repleto de hermosos temas como Babylon, Please forgive me y We're not right. Su último trabajo, Founding, no llega a la altura de White Ladder pero no decepciona. El estilo de David Gray queda muy reflejado en cada uno de los temas, especialmente en esta nueva wine song: ONLY THE WINE. Es el vino que el habla, solamente el vino / mi cabeza da vueltas, la boca abierta / una vez tras otra.


martes, 31 de agosto de 2010

Pinot, místico y elegante

Dicen que el pinot noir de Oregon es uno de los mejores del mundo. No puedo asegurarlo porque nunca lo probé. Sí degusté un par de pinot californianos, de Sonoma Valley, que me parecieron exquisitos. Es una uva con mística, elegante, que va muy bien con distintos tipos de comidas. El pinot es originario de Borgoña, Francia. Es una de las cepas que integran la mezcla de la mayoría de las champañas y también se la considera una de las variedades más selectas a nivel mundial para la elaboración de vinos varietales. Ya lo dijo Miles, el personaje que interpreta Paul Giamatti en Entre Copas: “Su sabor es de los más atormentandos y brillantes, sutiles y emocionantes, y antiguos sobre el planeta". Desde hace unos años, en la Argentina se está produciendo pinot: tanto en el Valle de Uco, en Mendoza, como en algunas regiones de la Patagonia. El otro día bebí con placer y esmero esta botella de Doña Paula, hermosa y cautivante, de aromas silvestres y en boca, fresco y frutado, con un bouquet sensacional. Muy recomendable.

viernes, 27 de agosto de 2010

SRV, dos décadas después

Stevie Ray Vaughan fue un revolucionario. Murió exactamente hace 20 años cuando el helicóptero en el que viajaba se desplomó en Wisconsin, en medio de una tormenta. SRV tenía apenas 35 años y en menos de una década ya se había consolidado como un guitarrista fantástico, capaz de acaparar la atención de músicos como David Bowie, Eric Clapton, Buddy Guy. En 1990 ya era el guitarrista de guitarristas.

SRV fue de lo mejor que nos dejó los ochenta, una década de recuerdos borrosos y fotos que más de uno quisiera quemar. Hoy, SRV sigue siendo influyente en la mayoría de los músicos que tocan blues y otros ritmos; sus discos se siguen vendiendo y descargando muchísimo; su figura y su mito siguen creciendo; y su espíritu sigue alrededor nuestro.

martes, 24 de agosto de 2010

Lanzamientos de agosto

Gov't Mule – Mulennium. Este álbum triple en vivo fue grabado en Atlanta la noche del 31 de diciembre de 1999. Los Mule, con un magnífico Warren Haynes a la cabeza, recibieron el nuevo milenio con un recital explosivo y memorable para los que estuvieron esa noche allí. El trío, nacido del riñón de los Allman Brothers, siempre se caracterizó por su forma visceral de llevar el blues a nuevas dimensiones. Este álbum es una reivindicación de su estilo único. Mulennium está dividido en tres partes. En la primera, hay seis temas de la banda y cuando se acerca la medianoche se zarpan con versiones de King Crimson, The Who y Led Zeppelín. El segundo disco, en los primeros minutos del año 2000, tiene una cara más blusera con la participación del legendario Little Milton. El último es un festival de covers: Power of soul, de Hendrix; Helter skelter, de los Beatles; Thirty days in the hole, de Humble Pie; Out of the rain, de Tony Joe White; I shall be released, de Bob Dylan; y Simple man, de Lynyrd Skynyrd. La última parte con Audley Freed, guitarrista de los Black Crowes, como invitado. De lo mejor de la banda.

Duke Robillard - Passport to the blues. Este es el primer disco en diez años en el que Robillard incluye todos temas propios, a excepción de uno: un cover de Tom Waits. Las canciones son un mix de blues de Chicago, swing, un toque de jazz, shuffle texano y boogie. La guitarra suena exquisita y su voz rasposa. Alternan solos de armónica, una sección de caños y un piano sutil. Robillard lleva muchos años en el ruedo. Fundó Roomful of Blues, editó decenas de discos y tocó con Bob Dylan, los Fabulous Thunderbirds, Herb Ellis, J. Geils y Waits. Todo eso lo hace hoy uno de los guitarristas más versátiles aunque con un fuerte apego a la tradición. En su paso por Buenos Aires dejó demostrado que lo que habíamos escuchado en sus cd’s no era una mentira. Hoy, con Passport to the blues, nos invita a viajar por distintas épocas y estilos de la música que ama.

Dr. John – Tribal. La primera vez que escuché a Dr. John quedé completamente hipnotizado por su voz. Hoy, casi veinte años después, cada vez que pongo unos sus discos me vuelve a pasar lo mismo. Es un cantante extraordinario y conmovedor, ya sea entonando un blues, un canto indígena, un funk o un R&B. Dr. John es Nueva Orleans y la herida de Katrina lo marcó a fuego. Sus últimos álbumes estuvieron inspirados en la tragedia y sus consecuencias. Pero aquí, en Tribal, Mac Rebennack no deja del todo las letras comprometidas pero se concentra más en su historia musical, su arraigo y su mito. Por momentos suena al Night Tripper de los setenta. Escarba entre las raíces de los ritmos de su tierra: When I'm right, I'm wrong, Pontah o el tema que da nombre al disco. En Manoovas, llueven collares de colores desde los balcones de una casa de Bourbon Street. La guitarra de Derek Trucks hace surcos entre la voz de Dr. John. Gran disco.

The Black Crowes – Croweology. Los Black Crowes son puro rock clásico sin parches ni parafernalia. Creo que ninguna otra banda tiene un sonido tan personal y setentoso como el de ellos. Con este álbum doble en vivo, en el que celebran su vigésimo aniversario, lo dejan bien en claro. Croweology es esencialmente acústico, mucho más relajado y suave que los anteriores discos de la banda. Como dice la reseña de Allmusic.com: “Se trata de veteranos experimentados que siguen buscando nuevas formas de tocar las mismas viejas canciones”. En She talks to angels o Wiser time la soulful voz de Chris Robinson se desliza melodiosa. En Remedy, los solos de Luther Dickinson y los coros acercan al sonido más típico de la banda. Good Friday se parece más a un blues tocado por Pink Floyd y Downtown money waster tiene violín, banjo, slide, armónica y mucho Mississippi. Todas las canciones están geniales. Los fanáticos de la banda van a flashear. Pero a los que no hayan escuchado tanto a los Crowes tal vez el disco les resulte un poco largo.

Los Lobos - Tin can trust. Hace treinta años que tocan juntos y son la expresión cultural del Este de Los Angeles, esa convergencia de espíritu latino con el sentimiento impostado de gringo wanna be. Su música es un verdadero arco iris de ritmos: rock, tex-mex, blues, country, rancheras, funky, canciones mexicanas y ritmos latinos. Este álbum es la voz del hombre desesperado, arrasado por una económica impiadosa y avasallado por la realidad del desencanto del sueño americano. César Rosas y David Hidalgo están hermanados desde siempre y con cada disco reafirman que son una sociedad invulnerable. Diez de los once temas de Tin can trust son propios y hay un cover de Grateful Dead: West L.A. Fadeaway. El bonus del disco es la participación en guitarra y coros de Susan Tedeschi.

viernes, 20 de agosto de 2010

Blues local (primera parte)

Tres bluesmen argentinos responden cinco preguntas que nos permitirán conocer cómo llegaron al blues, cuáles son sus discos favoritos y sus mejores experiencias arriba de un escenario.
1)¿Cómo empezaste a escuchar blues?
2)¿Cuál fue el primer disco de blues que compraste?
3)¿Cuáles consideras que son los tres mejores discos de la historia del blues?
4)¿Cuál fue tu mejor experiencia arriba de un escenario?
5)¿Quién es el músico argentino que mejor nos representa a nivel internacional?

Martín Luka (guitarrista y cantante)

1) Mis primeros blues los escuché de la mano de los Rolling Stones. Hace muchos años yo tenia pelo y flequillo stone. Me mataba con Little red rooster.
2) El primer disco de blues que compré (en realidad un cassette) fue Manal, de Manal, donde estaba Avellaneda blues, un tema muy especial para mí.
3) No sé si serán los mejores de la historia, pero son los que más me gustan: Born under a bad sign, de Albert King; The London Howlin’ Wolf Sessions; de Howlin’ Wolf; y cualquiera de Freddie King o de T-Bone Walter.
4) Menciono tres: cuando canté Desconfío ante dos mil personas en el primer homenaje a Pappo. Otra fue abrir el show de la Chicago All Star en el ND Ateneo, y el abrazo que me dio Bob Margolin cuando bajaba para los camarines.
Me felicitó y halagó mi voz y manera de tocar. Y la última fue la semana pasada: toqué con Javier Martínez, un gran culpable de mis blues.
5) José Luís Pardo está haciendo una carrera bárbara. Y después los grandes de siempre: el Bota y Javier Martínez y, por supuesto, el recuerdo de Pappo.

Marcos Lenn (cantante y guitarrista)

1) Empecé a escuchar blues de chico. Creo que a los diez años. Primero Manal y Pappo. También me gustaba mucho el swing.
2) El primer disco fue el Soul to soul, de Stevie Ray Vaughan & Double Trouble.
3) Considero que hay muchos imprescindibles y que seria injusto nombrar sólo tres.
4) Mi mejor experiencia fue haber tocado con Mud Morganfield (hijo,ja!) en La Trastienda y los dos shows con la banda de Muddy Waters en el ND Ateneo y en el Willie Dixon, de Rosario. Inolvidables shows por la humildad de esa gente!
5) De lo que hay en la actualidad no se si a alguno le pondría el mote de "representante internacional", porque la gente no se entera o se sabe muy poco sobre los que tocan afuera (hablando del blues obviamente). Lo sabemos nosotros, que estamos en el ámbito o porque son amigos. Desagraciadamente esas cosas no se hacen masivas, y al no haber difusión es como que no sirve. Igual, uno podría ser Luis Salinas... pero toca un poco de todo.

Nicolás Smoljan (armonicista y cantante)

1) Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años, durante unas vacaciones una prima me hizo escuchar un cassette de Muddy Waters en vivo, no recuerdo cuál era, pero seguramente haya sido el Muddy Mississippi Waters Live. Nunca había escuchado nada parecido hasta ese momento y a partir de ahí empecé a tratar de conseguir discos de blues, cosa que era muy difícil hace casi 20 años atrás en Argentina y mucho peor aún en Neuquén donde yo vivía. Cuando alguno de mis amigos conseguía un álbum nos juntábamos a escucharlo y a prestarle mucha atención. Era todo un acontecimiento. Por suerte ahora es muy fácil conseguir música de cualquier estilo y entonces tengo más de 100GB de discos de blues en MP3.
2) El primer disco que compré fue Take me back, de James Cotton. Tuve suerte: hoy sigue siendo uno de mis discos preferidos.
3) Se me hace muy complicado seleccionar los tres mejores discos de la historia del blues, pero creo que podría ser cualquier cd del sello Chess, de los años cincuenta: Little Walter, Sonny Boy Williamson II o Muddy Waters.
4) Creo que la mejor experiencia que tuve arriba de un escenario fue la posibilidad de tocar al lado de músicos a los que he admirado durante gran parte de mi vida y que aún sigo admirando como Bob Stroger, James Wheeler, Lurrie Bell, Rick Estrin o Duke Robillard por nombrar algunos. Eso ha sido lo más parecido al paraíso que conocí hasta ahora.
5) Para mi Daniel Raffo y Matías Cipiliano son probablemente los músicos más representativos dentro del estilo.

martes, 17 de agosto de 2010

Wine song 39



En la reedición del brillante Exile on Main Street, uno de los discos seminales de la década del setenta, se rescata una vieja wine song, que durante muchos años circuló entre las grabaciones piratas de los Rolling Stones. PASS THE WINE (SOPHIA LOREN) es un shuffle que parece balancearse entre Spill the wine, de War, y Oye como va, de Santana. Se destacan los coros gospel, la guitarra con slide y un entusiasta solo de armónica de Mick Jagger. El tema tiene un clima festivo y la letra habla de que, pese a determinados inconvenientes que se dan en la vida, se puede vivir bien: I’m glad to be alive and kicking / I’m glad to hear my heart’s still ticking / So pass me the wine, baby, and let’s make some love.





viernes, 13 de agosto de 2010

The real deal


Hay un momento en el que cierro los ojos. Siento como la vibración del bajo hace temblar el piso. Huelo el dulce aroma del alcohol en el aire. Una voz cavernosa y profunda aúlla blues desde el núcleo mismo del alma. Imagino que estoy en un pequeño y concurrido bar de Chicago. Afuera hace tanto frío como podría hacerlo cualquier noche sin nieve en la Ciudad del Viento. La música no engaña. Es blues crudo, zapado, puro. Abro los ojos y vuelvo a ver a Lurrie Bell desatando torrentes de electricidad desde las seis cuerdas. Canta y toca como si tuviera el corazón en carne viva y, sin embargo, está feliz. Ya lo dijo él: su vida fue muy dura y el blues es su salvación.

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La semana pasada Lurrie Bell se presentó en varios programas de radio tocando la guitarra acústica. Antes de empezar el show le pregunté a Mariano Cardozo, el productor, si iba a tocar un set unplugged y me respondió: “No. Pura electricidad. Lurrie está en llamas”. Mariano tenía razón.
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Lurrie tocó diez temas en una hora y media: desde Don’t you lie to me y Honey bee hasta Got my mojo working y Messin’ with the kid. Fue un show muy intenso, con solos prolongados de Lurrie y con lugar para los punteos rockeados y con wa-wa del violero Max Valdeneu y el swing incipiente del tecladista Guillermo Raíces. La sección rítmica estuvo a cargo del “Bohemio” Rubinsztein y Gabriel Cabiaglia. Rubén Gaitán sopló su armónica en la segunda mitad del show, y Rafael Nasta y Pato Raffo subieron al escenario para el lascivo She’s nineteen years old.

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La Trastienda estaba a full. Entre el público había muchos músicos: Don Vilanova, Emilio Villanueva, Mauro Diana, Martín Luka, Nicolás Smoljan, Huguis López, entre otros. Eso habla de la importancia en el mundo del blues de este gran guitarrista, fiel representante de la tradición. Lurrie Bell es el nexo directo entre la nueva generación blusera y los grandes maestros del blues moderno como Muddy Waters, Otis Rush, Eddie Taylor y Magic Sam. Como dicen los gringos, el tipo es The real deal…

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En un momento, Lurrie se convirtió en Albert King. Alucinante versión de Crosscut saw. Su voz, sus solos… era todo Albert.

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Lurrie parece un tipo sencillo. Tiene una sonrisa amplia y afectuosa y habla muy fuerte. Cuando terminó el show se sentó a firmar autógrafos y sacarse fotos con la gente. Lo hizo durante casi una hora. Sin apuro ni cara de fastidio. El tipo acababa de descargar su vida en el escenario y siguió contentando al público. Un grande.

martes, 10 de agosto de 2010

“El blues es mi salvación y mi refugio”

(Nota publicada en el diario Tiempo Argentino)

Lurrie Bell se crió en las entrañas de Chicago. Aprendió todo de su padre, el maestro de la armónica Carey Bell. De niño escuchó a los grandes maestros del blues escribiendo la historia moderna del género: Muddy Waters, Albert King, T-Bone Walter, Willie Dixon. Él los vio a todos, a muchos, incluso, en el living de su casa. Bell es hoy un gran guitarrista, uno de los más dignos representantes de la escena blusera actual. Combina técnica, sentimiento y un pasado complicado y todo eso lo demuestra arriba del escenario, el lugar donde asegura que se siente más cómodo y puede dar lo mejor. “Para eso vivo”, dice.

“El blues es mi vida… desde que nací lo escucho, lo siento y lo toco. Una vez que entras al blues… no se sale más. Es mi conexión, mi salvación y mi refugio”, explica a Tiempo Argentino. Lurrie es un tipo apegado al legado familiar. Aún hoy sigue escuchando los discos de su padre, de Albert King y de Eddie Taylor.

Tuvo una vida errante, vagó por las calles, perdido, sin otro rumbo que el de la muerte trágica. Pero conoció a una mujer que, según su relato lo salvó. Así recompuso su vida y su carrera. Logró editar siete discos solista, cinco de ellos para el prestigioso sello Delmark. Antes ya había grabado con la banda de su padre y con los Sons of Blues, el grupo que formó junto a Billy Branch y el hijo de Willie Dixon a mediados de los ochenta, que sacudió los escenarios de Chicago durante un tiempo.

Hace tres años murieron su pareja y su padre. Asimiló esos duros golpes con más música, más trabajo y mayor dedicación.
A los 51 años, Bell es una eminencia. El jueves se presentará en vivo en La Trastienda. Según sus palabras, el show será tan Chicago como pueda. Estará acompañado por el guitarrista argentino radicado en los EE UU Max Valdeneu y La Argentina Blues Band, todos músicos profesionales que están acostumbrados a tocar con las grandes figuras que vienen del norte.

La promesa de un show caliente, profundo y bien eléctrico, ya está hecha: “Siempre lo doy todo. En la Argentina también. El blues se toca con el alma y eso es lo que acá van a ver”, augura el guitarrista.
Jueves a las 21, La Trastienda. Banda soporte: Los Chevy Rockets

miércoles, 4 de agosto de 2010

Un poeta fuera de su época


(Este texto lo publiqué hace más de un año en el blog Casi en Libertad)

Un poeta del siglo XIX fuera de su época. Un romántico, melancólico y depresivo. La guitarra. Siempre había una guitarra cerca de él y hojas de papel esparcidas en su antiguo escritorio victoriano. En ellas garabateaba frases otoñales y su pluma paría las más sutiles palabras. Es curioso que a Nick Drake no se lo ubique en el mismo lugar que a Kurt Cobain, Hendrix, Janis Joplin, Brian Jones o Jim Morrison. Todos tienen en común que murieron a los 27. Nick Drake ni siquiera llegó a esa edad. Murió de una sobredosis de pastillas antidepresivas poco antes de cumplirlos.

Las letras de sus canciones fueron siempre un abanico lírico. Apenas editó tres discos oficiales: Five Leaves Left (1969), Bryter Layetr (1970) y Pink Moon (1972). Lo descubrió Joe Boyd, el mismo tipo que llevó de gira a Muddy Waters a Gran Bretaña, que produjo el primer single de Pink Floyd y le dio color y forma a la psicodelia inglesa de los sesenta.

El trabajo de su padre hizo que Nick Drake naciera muy lejos de Inglaterra, en Birmania, unos años después del final de la Segunda Guerra Mundial. Durante los sesenta estudió literatura inglesa en Cambridge y extendió su pasión por la música perfeccionándose con la guitarra, el piano, el saxo y el clarinete. Pero las letras le brotaban. Si hasta tenía nombre de poeta. Leía a William Blake y a Henry Vaughan. Escuchaba a Bob Dylan, Josh White, Leonard Cohen y Fairport Convention.

La muerte le llegó muy rápido, pero él la esperaba. Ya en su primer disco, Five Leaves Left, la canción Fruit Tree dice: “La fama no es sino un árbol frutal / tan enfermizo que nunca florece / hasta que su tronco está en el suelo (…) / Seguro en tu lugar bajo tierra / entonces sabrán lo valioso que eras”. Drake era depresivo y sufría insomnio y abruptas crisis nerviosas. Luego de su muerte la Justicia falló que se había suicidado, pero su familia considera que fue un accidente. Lo cierto es que Drake estaba más en otro mundo que en éste.

Hoy es un artista de culto, un personaje que trascendió a su muerte y que se mantiene lejos del circuito comercial. Su vida se resume en sus discos y sus canciones. Y también en sus seguidores: R.E.M, John Martyn, The Cure, Peter Weller, Elliot Smith y hasta Norah Jones, que versionó uno de sus temas, Day is done. La magia de Nick Drake vive cada vez que alguien escucha uno de sus álbumes.

sábado, 31 de julio de 2010

Solo con mis discos

Música y vino, como siempre. Un Salentein Malbec, cosecha 2007, y un puñado de discos: Otis Rush, Rolling Stones, George Thorogood, los Fabulous Thunderbirds, Ryan Bingham y Lurrie Bell. La noche está helada, se puede sentir el frío apenas con tocar los vidrios de las ventanas. El calor de cada copa fluye por la sangre con la velocidad que provoca una autopista desierta. Las canciones van llenando el ambiente. El humo de la vela gana los rincones de la casa. Thorogood toca As the years go passing by. Los Rolling arremeten con Shake your hips. Otis Rush me estremece con All your love. Los Thunderbirds galopan por Texas con She’s tuff y Bingham se presenta con That's how strong my love is. Quiero más. Subo el volumen y Let’s talk about love, de Lurrie Bell, me devuelve todo el blues. Dentro de un rato voy a escuchar el nuevo disco de Jimmie Vaughan, algo de Johnny Cash y posiblemente a Shakey Jake Harris. Random. Mientras, la botella se consume, el ánimo se relaja y las horas pasan. Refugiado en sabores y sonidos, alternando estados de ánimo, una vez más dejo que el sábado se extinga…

jueves, 29 de julio de 2010

TV Music Show


Later with… Jools Holland debe estar entre los tres mejores programas de música de la historia de la tevé. Media docena de bandas o músicos en vivo por show. Pocas palabras y mucho rock and roll para todos los gustos. Jools Holland es un buen conductor pero además es un gran pianista que se da el gusto de tocar con sus invitados. Later with… va a cumplir 18 años en el aire y tiene con que vanagloriarse: por allí pasaron músicos tan diversos como Rickie Lee Jones, Franz Ferdinand, The Who, Radiohead, Manu Chao, Al Green, Swing, Buddy Guy, Van Morrison o Steve Winwood por solo nombrar a unos pocos de una lista interminable. Acá les dejo dos videos impresionantes de ese show. Joe Bonamassa junto a Jools Holland y Johnny Cash tocando Folsom Prision Blues.






lunes, 26 de julio de 2010

El blues de los White Stripes

La primera vez que escuché a los White Stripes no me impactaron demasiado, salvo por el tema Seven Nation Army, del disco Elephant. El resto me pareció muy básico. Debo admitir que algún prejuicio me traicionó en ese momento. Tiempo después volví a escucharlos y realmente entendí qué buscaba Jack White con ese formato y ese estilo: un rock and roll minimalista y potente en el que él podía expresar de manera libre su pasión por el blues.

Hace pocos días me di un gusto enorme: vi la película It might get loud, de Davis Guggenheim. En ella, Jimmy Page, The Edge y Jack White cuentan sus vivencias con la música y las guitarras. Luego se juntan a intercambiar puntos de vista y a tocar (una hermosa versión de The Weight, de The Band). Jack White explica que el rojo, el negro y el blanco, y el dibujo del caramelo en la batería de Meg son todas distracciones para ocultar lo que hacen: tocar como Son House. “Estamos flotando alrededor de la estructura del blues”, admite. “Cuando escuché Grinnin’ in your face supe que era lo que quería hacer con mi vida. Aún hoy me sigue pareciendo la mejor canción del mundo”.

Guitarra y batería es la fórmula de los "hermanos" White. El sonido es un combo feroz de garage rock, punk y blues. Música sencilla de las entrañas de la ciudad de Detroit. Comprendo a los puristas del blues que los castigan o desprecian, pero su música no está destinada a ellos. Es para ese pequeño y desmembrado grupo de jóvenes oyentes que no se conforman con la oferta actual de máquinas, efectos y melodías pasajeras. Los White Stripes ofrecen un camino diferente para llegar a la verdad. Hay varios blues en sus discos: Stop breaking down, de Robert Johnson y el tradicional St. James Infirmary blues, en el álbum debut de 1999. En De Stijl, de 2000, interpretan Death letter, de Son House, y Your southern can is mine, de Blind Willie Mc Tell. En los restantes discos hay varios blues de Jack White.

Más allá de sus proyectos paralelos, The Raconteurs -donde el blues no parece tener tanto espacio- y The Death Weather, o sus colaboraciones con los Rolling Stones, la cantante country Loretta Lynn o Alicia Keys en la última película de 007, Jack grabó para la banda de sonido de la película Cold Mountain un par de temas y una muy buena versión de Sitting on top of the World.

Con todo, la música de los White Stripes es una fusión de Son House, Jon Spencer, The Stooges, Led Zeppelín, Robert Johnson, R.L. Burnside y los New York Dolls. Con una década en el ruedo se han convertido también en influencia de muchas otras bandas que siguen ese concepto de blues crudo, amplificado y absorbente: The Black Keys, Holly Golightly and The Brokeoffs e incluso The Coral, por nombrar sólo a algunos.

Los géneros musicales van tomando distintas direcciones. La música es dinámica y muchas variables influyen en su desarrollo y estructura, más en estos tiempos híper globalizados. Así como la migración de los negros del Mississippi alteró el la esencia acústica del blues, estas nuevas bandas hacen algo parecido. En el caso de los White Stripes, ya lo dijo Jack: detrás de todo está el blues.

 

jueves, 22 de julio de 2010

Lanzamientos de julio

Jimmy Thackery – Live in Detroit. Vaya si pasaron algunos años desde la primera vez que escuché a Jimmy Thackery. Era 1992 y en una cueva de discos de Belgrano conseguí su primer álbum solista, Empty Arms Motel. Thackery, que venía de tocar con los Nighthawks, me causó una gran impresión, con una potencia vocal arrolladora y una versatilidad con la viola que hasta ese momento apenas había escuchado en tipos como Hendrix, Vaughan y Johnny Winter. Su nuevo disco en vivo es en gran medida instrumental, tiene diez temas –hay covers de Albert Collins y Memhis Slim- y mucha zapada. Amigos de la guitarra: acá tienen a un verdadero gladiador de las seis cuerdas.

Sandi Thom - Merchants and Thieves. Hace un par de años apareció por Internet cantando una balada neofolkie en la que decía que le gustaría ser una punk rocker con flores en su cabeza. De la nada, el tema llegó a número uno y Sandi se hizo popular con una linda melodía, fresca y auspiciosa. Pero vaya uno a saber qué le pasó por la cabeza y el espíritu a esta joven escocesa en estos años: de repente se despachó con un enorme disco de blues, que cuenta con la colaboración del genial Joe Bonamssa en dos versiones distintas del tema This ol’ world. Una voz nueva en el mundillo del blues. Para tener en cuenta.

Sheryl Crow - 100 Miles From Memphis. Este disco aporta muchas novedades a la música de Sheryl Crow. No es aburrido como los últimos, suena muy funky y la producción y participación del guitarrista Doyle Bramhall II le aportan mucha más sensatez musical y estética. En el primer tema, Our love is fading, Sheryl parece Morcheeba. Después sigue en clave de reggae con Eye to eye, con Keith Richards como invitado en primera guitarra, y luego una versión muy souleada de Sign your name, de Terence Trent D’Arby, junto a Justin Timberlake. Long road home es un tema súper cool para disfrutar arriba del auto. El resto del álbum es tan bueno como los primeros temas. Tanto soul hay en su camino a Memphis que cierra con el clásico los Jackson 5, I want you back.

Herbie Hancock – The Imagine Project. H H es uno de los fundadores del jazz moderno, integró la banda de Miles Davis en un período revolucionario y tuvo una carrera solista envidiable. Hancock, al igual que Davis, siempre buscó hacer algo distinto mirando hacia adelante. Un par de años atrás fue alabado y premiado por el disco River: The Joni letters, un tributo a Joni Mitchell. Ahora sorprendió con un disco de muy buenos covers junto a invitados muy diversos. El álbum es mucho más que jazz. Es un arcoiris de sonidos, una fusión que engloba rock, folk y distintos ritmos del mundo. Pink, Seal, India Arie y Jeff Beck lo acompañan al pianista en una versión groovie de Imagine. Susan Tedeschi y Derek Trucks se lucen en Space Captain. Otros invitados son Los Lobos, John Legend, Dave Matthews, Wayne Shorter, Juanes y Chaka Khan. Muy bueno.

Mark May Band – In Texas Live. Mark May nació en Ohio pero tiene temple texano. Musicalmente es un hijo directo de la escena blusera de Houston. Es un gran guitarrista de esos que tocan rápido y potente y que sacuden todo con cada punteo. Un gran disco en vivo que refleja toda la fiereza de este virtuoso. In Texas Live tiene diez temas, entre los que hay algunas canciones propias y covers de Neil Young (Ohio), Dickey Betts (In memory of Elizabeth Reed) y Albert Collins (Lights are on but nowbody’s home). Blues que rockea, texas style.

jueves, 15 de julio de 2010

De la barrica

Después de una semana ajetreada, no hay nada mejor que sentarse con algún amigo y revolver un gran copón repleto de vino. Así lo hicimos hace un par de jueves con René Roca. Tomamos un Martín Koch cabernet sauvignon 2004 con trece meses en barrica. La verdad no podría decir con qué comida acompañarlo. Pero entiendo que no va a quedar mal con ninguna (salvo que coman alcauciles). Es un vino untuoso, distinto, que vale la pena probar para salir un poco del molde de las marcas tradicionales. Esta botella llegó a mis manos a modo de agradecimiento, por unas entradas que regalé para el show que Madeleine Peyroux dio en el Gran Rex. Y fue justo: me perdí un gran recital, pero tomé un muy buen vino.

sábado, 10 de julio de 2010

Blues from Texas

El último disco de Jimmie Vaughan es fantástico. Blues de Texas en su máxima expresión. Un sonido impecable y una estética ideal. Hacía nueve años que no sacaba un disco solista y ahora entiendo por qué: se nota que estuvo trabajándolo mucho. Plays Blues, Ballads & Favorites tiene todo lo que un álbum del género tiene que tener. Swing, boggie, shuffle, solos de guitarra, armonías vocales, armónica, buenos caños. Los temas son en su mayoría clásicos. Vaughan interpreta versiones de Jimmy Reed, Roy Milton, Guitar Junior, Little Richard y Willie Nelson, entre otros. Lou Ann Barton y Bill Willis acompañan a Jimmie en un par de temas. El resto de la banda son todos seleccionados de lujo: Derek O’Brien, Ronnie James, Kaz Kasenoff, Grez Picollo, Billy Pitman y George Rains. En todas sus facetas, el hermano de SVR siempre dejó su sello: tanto con los Thunderbirds, junto a su Stevie en Family Style, o con Omar Kent Dykes. Y ahora lo mismo en este nuevo regreso. Plays Blues, Ballads & Favorites es un disco que no va a pasar desapercibido. Ya es uno de los mejores álbums del año. En diciembre sabremos si fue el mejor.

jueves, 8 de julio de 2010

Retratos de Nueva Orleans

Acabo de terminar de ver una gran serie. Una de esas obras de arte memorables que muy cada tanto nos da la tevé. Hay tres razones por las cuales Treme es excelente. La primera: es obra de David Simon, creador de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos. La segunda razón es por la magnífica realización: elección de los personajes, actuaciones, ambientación, guión. La tercera, y fundamental, es la música. Amigos, Nueva Orleans es un lugar donde la cultura es una mixtura muy colorida y está tan arraigada como las raíces de un árbol a la tierra. Hay jazz, cajun, blues, zydeco, R&B, funky. En Treme, la música es la receta para todo. Allá todo tiene ritmo, hasta la muerte. Allá se llora bailando.

Treme cuenta la historia de una ciudad arrasada por el huracán Katrina. Muestra la desidia del gobierno para reconstruirla y los protoganistas son un grupo de personas que, a pesar de todo, trata de salir adelante. No esperen disparos ni efectos especiales. Treme es un documento periodístico profundo, una recreación de lo que sucedió en esa ciudad después de Katrina. El huracán desnudó la miseria institucional de ese país durante la administración de Jorge W. Arbusto. Promesas incumplidas, decisiones absurdas, corrupción, violencia policial y desesperanza fueron algunas de las consecuencias.

Treme tiene muchas voces. Sus protagonistas en algún punto se cruzan, así como pasaba en The Wire. Es genial Antoine Batiste (Wendell Pierce, que hizo de Bunk en el policial de Baltimore), un músico profesional muy apegado a la tradición que trata de sobrevivir tocando donde sea. Después está Janette, cocinera muy reconocida por sus pares, que tuvo que cerrar su restaurante porque no podía afrontar los gastos. Ella tiene una historia con Davis (Steve Zahn), un disc jockey, músico y pro legalize que ama la cultura de Nueva Orleans y hace de todo por defenderla.

John Goodman interpreta a un escritor que está casado con una abogada. Ambos deben luchar contra el sistema para que éste no acabe con lo que queda de la ciudad e incluso de sus vidas. Albert Lambreaux es un jefe indio Mardi Gras muy testarudo, que dará todo por conseguir que la gente desalojada vuelva a sus casas y por mantener vivos sus antiguos rituales. Y está su hijo, Delmond, que es un músico profesional de jazz que triunfa en Nueva York y que reniega de sus raíces.

También está la parejita de músicos callejeros, cuyos caminos se están separando. Y Ladonna, la ex mujer de Antoine, que tiene la posibilidad de irse a otra ciudad a vivir como una reina y se queda en Nueva Orleans para averiguar qué pasó con la vida de su hermano y cuidar a su madre.

Treme, que es el nombre de la zona más musical de Nueva Orleans, tenía que tener algo más. Y eso es el desfile de grandes músicos que interpretan un pequeño rol y dejan su sello en la serie: Dr. John, Coco Robicheaux, Allen Toussaint, Elvis Costello, Steve Earle, McCoy Tyner, Terence Blanchard, Cassandra Wilson, Ivan Neville, Art Neville, John Mooney, Irma Thomas, Lloyd Price, John Boutté y Clarence “Frogman” Henry.

Son apenas diez capítulos grandiosos que hacen reflexionar y emocionar, siempre al ritmo de la buena música. Señor Simon, muchas gracias por Treme.