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miércoles, 4 de marzo de 2026

Días de Pescado: un viaje al corazón salvaje de Spinetta


El periodista Nicolás Igarzabál suma un nuevo volumen a la extensa bibliografía sobre Luis Alberto Spinetta con el lanzamiento de Días de Pescado, editado por Gourmet Musical. El libro pone el foco en un período breve pero decisivo: los años 1971 y 1973, cuando el fundador de Almendra impulsó la experiencia de Pescado Rabioso y se acercó a una sonoridad más cruda, influida por el hard rock y la psicodelia internacional.

Lejos de abordar la totalidad de su trayectoria, Igarzabál opta por concentrarse en la transición que siguió a la disolución de Almendra. Ese quiebre marcó para Spinetta una etapa de redefinición artística y personal que él mismo describió como “oscura” y “caótica”. En paralelo a la ruptura sentimental con Cristina Bustamante y a su inmersión en un entorno de alta experimentación y consumo de LSD, el músico buscó desprenderse de las exigencias de la industria discográfica, incluso cuando Muchacha (ojos de papel) se convertía en un éxito comercial masivo.

El libro reconstruye los primeros ensayos de Pescado Rabioso en la casa de la calle Arribeños y en una quinta de Castelar facilitada por Jorge Pistocchi. Allí, junto a Black Amaya y Osvaldo “Bocón” Frascino, comenzó a delinearse un power trío que miraba tanto al blues eléctrico como a la experimentación local. La influencia de guitarristas como Jimi Hendrix y el peso de bandas como Led Zeppelin aparecen como telón de fondo de esa búsqueda sonora.

Uno de los capítulos centrales está dedicado al debut oficial del grupo, en la madrugada del 6 de mayo de 1972 en el Cine Metro. Igarzabál reconstruye esa jornada a partir de crónicas de revistas como Pelo y La Bella Gente y del diario La Opinión. El concierto dejó buenas impresiones y abrió una seguidilla de presentaciones en un clima político y social atravesado por la crisis del régimen militar que había encabezado Juan Carlos Onganía y que continuaron Roberto Levingston y Alejandro Lanusse.

La grabación de Desatormentándonos en los estudios Phonoalex, la posterior incorporación de Carlos Cutaia y la abrupta salida de Bocón —quien abandonó la banda en pleno show— son narradas con apoyo en textos de época, entre ellos un artículo de Miguel Grinberg que el autor rescata para aportar contexto y mirada crítica.

El año 1972 resultó clave para la consolidación del grupo. Con la llegada de David Lebón, Pescado dejó de ser trío y amplió su paleta sonora. Participó del festival BA Rock y fue parte de la recordada noche del Luna Park en la que se atribuye a Billy Bond la arenga “¡Rompan todo!”. Ese mismo año editaron Pescado 2, álbum que incluyó composiciones como Nena boba, Credulidad y Hola dulce viento.

Igarzabál también repasa el verano de 1973, cuando la banda alcanzó su punto máximo de actividad, con giras por la costa atlántica y actuaciones en Buenos Aires en un contexto de creciente tensión con las fuerzas de seguridad. La aparición en la película Rock hasta que se ponga el sol amplió la exposición pública del grupo en un momento de transición política que culminaría con el triunfo electoral de Héctor Cámpora.

 Sin embargo, el éxito artístico no evitó la fractura interna. A mediados de 1973, Pescado Rabioso se disolvió en medio de tensiones personales y diferencias creativas. Spinetta quedó solo con el nombre del grupo por cuestiones contractuales y decidió cerrar el ciclo con Artaud, un disco que llevaba el sello de la banda pero que en los hechos fue un proyecto solista, presentado en el Teatro Astral en agosto de ese año.

Con un enfoque documental y apoyado en testimonios, archivos, fotos inéditas y publicaciones contemporáneas, Días de Pescado propone releer esos dos años como una bisagra en la historia del rock argentino. Más que una biografía convencional, el libro se presenta como la crónica de una transición: la del artista que, tras el fin de una etapa fundacional, eligió “viajar” hacia territorios más intensos y riesgosos antes de volver a transformarse.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Memphis la Blusera: el libro que salda una vieja deuda


Lo único importante – La fantástica historia de Memphis la Blusera es el título del nuevo libro de Guillermo Blanco Alvarado que acaba de llegar a las librerías y que se propone reconstruir, con mirada periodística y pulso narrativo, el derrotero completo de una de las bandas más influyentes del blues argentino. Editado por El Bien del Sauce, el volumen tiene 300 páginas y se presenta como una obra coral, sostenida por decenas de testimonios de músicos, amigos, familiares y allegados al grupo.

El libro recorre la historia de Memphis la Blusera desde sus primeros pasos a mediados de los años setenta hasta la actualidad, integrando no solo el relato interno de la banda sino también el contexto histórico y cultural que permitió su irrupción. En una escena donde el blues argentino, que había estado dominado por formaciones en formato de trío -como Manal o Pappo’s Blues-, Memphis propuso una identidad distinta, con una banda numerosa, una impronta rítmica poderosa y letras que conectaron con un público cada vez más amplio.

Adrián Otero, Emilio Villanueva y el Ruso Beiserman aparecen como figuras centrales en el nacimiento de un proyecto que alcanzaría su punto de mayor visibilidad en la década del noventa, cuando el blues vivió un verdadero boom en la Argentina. En esos años, la banda llenaba teatros como el Gran Rex y el Ópera, tocaba en el estadio Obras y vendía discos de manera masiva, en paralelo a la llegada al país de grandes músicos internacionales del género.

Blanco Alvarado estructuró el libro a partir de múltiples capas: biografías de todos los músicos que pasaron por la banda, reseñas de los discos a cargo de periodistas y colegas, y un relato cronológico que va desde los barrios de origen de sus fundadores —cuando el blues se escuchaba “en cuentagotas”— hasta los años de consagración, los cambios de formación, el declive, la separación y la posterior reconversión con nuevos protagonistas.

El texto no esquiva los conflictos: peleas internas, juicios, excesos, borracheras memorables y el impacto de muertes que marcaron al grupo forman parte de un recorrido intenso y sin edulcorantes. A lo largo de la lectura, el autor plantea interrogantes que se van revelando página a página: ¿por qué tantos cambios de integrantes?, ¿a quiénes estuvieron dedicadas canciones emblemáticas como La flor más bella o La bifurcada?, ¿fue Memphis la Blusera la banda de blues más grande de la Argentina?

Periodista de amplia trayectoria, Blanco Alvarado firma su tercer libro —el primero dedicado a la música— y vuelca en estas páginas su experiencia como conductor del programa radial No tan distintos, especializado en blues y jazz, por el que entrevistó a todos los miembros de la banda. En el prólogo, Humphrey Inzillo sintetiza el espíritu de la obra al señalar que resultaba llamativo que, hasta ahora, nadie hubiera contado esta historia. Por eso, define al libro como “un acto de justicia” con una banda que dejó una huella indeleble en la música popular argentina.


domingo, 23 de noviembre de 2025

Una canción hizo la diferencia: el rol decisivo de la música en la historia de los derechos civiles

El escritor y periodista argentino Tony Vardé presenta Una canción hizo la diferencia, un libro publicado por Colectivo Flota Negra con prólogos de C. Niamibi Steele y Sol Ramos, en el que reconstruye el vínculo histórico entre la música negra estadounidense y las luchas por los derechos civiles. 

El proyecto nació, según cuenta el autor, a partir de un artículo que escribió para el fanzine vasco Klask! sobre Strange Fruit, la canción interpretada por Billie Holiday que denunció la violencia racista en el sur de Estados Unidos. Aquella investigación, sumada a conversaciones con la activista afroargentina Sol Ramos, abrió la puerta para una obra más ambiciosa que conecta pensamiento político, activismo y cultura popular.

Vardé explica que el libro también dialoga con sus trabajos previos (Grabando emociones - Le revolución de Stax Records y ¡Escuchate ésto! 75 joyas de la música soul), donde ya había detectado la imposibilidad de separar música negra y política. “Stax fue uno de los primeros sellos en el que músicos negros y blancos trabajaban juntos en los años 60 en el sur de Estados Unidos; eso ya implicaba una revolución”, señala. La muerte de Martin Luther King, estrechamente ligada a la historia del sello, reforzó esa perspectiva. “Evitar esa implicancia política hubiera sido tapar el sol con las manos”, añadió en diálogo con la agencia Noticias Argentinas.

En el libro, Vardé repasa el impacto inicial de Strange Fruit, publicada en 1939, cuando el Movimiento por los Derechos Civiles recién daba sus primeros pasos. La canción, nacida en el ámbito de la izquierda neoyorquina, fue censurada en varias radios del sur y hasta hubo quemas de discos, pero su simbolismo creció con los años. “Strange Fruit fue ganando fuerza y se convirtió en un emblema contra el linchamiento y el terror racial”, explica.

Una de las claves del ensayo es la pregunta sobre por qué la música ocupó un rol tan central en el movimiento, más allá del lugar habitual del arte en la vida social. Para Vardé, el origen se remonta a los himnos surgidos de los spirituals afroamericanos que, en los años 40, comenzaron a salir por primera vez de las iglesias hacia huelgas y protestas laborales. “Ese camino —de los campos de algodón a las congregaciones y luego a las calles— generó un sentido de comunidad muy fuerte. Y esa música alimentó a todos los artistas que aparecen en el libro”, afirma. A partir de esa tradición, asegura que es posible trazar puentes entre figuras tan disímiles como Odetta y Public Enemy.

El autor también analiza el grado de conciencia política que tuvieron los músicos. Mientras algunos, como Nina Simone, Curtis Mayfield, Lauryn Hill o los propios Public Enemy, asumieron de manera abierta su papel dentro de la lucha, otros vivieron tensiones internas. Es el caso de James Brown, quien con Say It Loud (I’m Black and I’m Proud) enfrentó presiones de la industria y un cambio abrupto en su público. “Un año después decidió retirarla de sus conciertos y luego grabaría muy pocas canciones con carga política”, detalla.

Para desarrollar la investigación, Vardé recurrió a entrevistas propias, material de archivo, documentos sonoros y una amplia bibliografía centrada en la intersección entre música y activismo. Pese a la tentación de comparar contextos, el autor advierte que los paralelos con el presente son limitados. Aunque movimientos como Black Lives Matter retoman la protesta callejera y su potencia cultural, Vardé sostiene que hoy no existen referentes afroamericanos equivalentes a Martin Luther King, Malcolm X o Stokely Carmichael.

La obra se organiza alrededor de una pregunta central: ¿puede una canción cambiar algo o simplemente amplifica un proceso que ya está en marcha? Inspirado en una frase de Chuck D en el documental Let Freedom Sing, Vardé sostiene que la música potencia transformaciones existentes, pero alguien debe ponerle sonido a la lucha. “Convertir esa lucha en canción hace que el mensaje llegue con más fuerza”, dice. Como ejemplo paradigmático, recuerda que Strange Fruit nació como un poema, y su autor lo musicalizó justamente para hacerlo más efectivo.

domingo, 31 de agosto de 2025

Canción llevame lejos, un relato íntimo atravesado por la música


El escritor y periodista Mauro Libertella acaba de publicar Canción llevame lejos (Vinilo), un libro en el que la música se convierte en el hilo conductor de un recorrido autobiográfico que atraviesa la adolescencia, la juventud y la vida adulta. La obra dialoga con clásicos de la literatura musical como 31 canciones de Nick Hornby o Vives en las cintas que grabaste de Rob Sheffield, y se organiza como un mixtape artesanal grabado en cassette: cada capítulo funciona como una pista que enlaza recuerdos y emociones. 

El relato repasa frustraciones y alegrías: no haber asistido al debut de Guns N’ Roses en River; el impacto de los Rolling Stones en 1998; la intensidad de un show de Nick Cave en el Malvinas Argentinas; o la irrupción fundacional de El amor después del amor de Fito Páez en los 90. También aparecen los Beatles como una presencia vital y constante, los ecos de un tango escuchado en la infancia, la muerte del Polaco Goyeneche, Oasis en un gélido viaje europeo y la pregunta de su hijo en Nueva York frente a un mural de Lou Reed que se transforma en una elegía de la Velvet.

El velorio musical de Kurt Cobain con el Unplugged de Nirvana es otro viaje a una década que todavía vemos como cercana, pero que nos ha quedado lejos. La música de Charly García, con Love is Love de La hija de la lágrima, también da pie a reflexiones sobre el paso del tiempo y la cercanía de un futuro sin ídolos. El libro, así, entrelaza la memoria íntima con la historia cultural de toda una generación.

Canción llevame lejos confirma a Libertella como una de las voces más sensibles de su generación, capaz de narrar con precisión cómo las canciones no solo acompañan la vida, sino que también la definen.

viernes, 27 de junio de 2025

Las memorias de Isa Portugheis: el beat del rock argentino en primera persona


Adonde quiera que voy – Memorias de un pesado del rock
es el título del libro donde Isa Portugheis, pionero del rock argentino, narra su vida con una prosa directa, sin adornos, pero plagada de intensidad y momentos clave de la historia cultural argentina. 

Publicado por Gourmet Musical con prólogo y edición de Rodolfo Edwards, el volumen recorre desde su infancia en una familia judía de clase media en La Plata y como compañero de escuela del Indio Solari, hasta su rol fundamental como músico y productor de figuras como Miguel Cantilo, Riff, Los Fabulosos Cadillacs, Los Abuelos de la Nada y otros.

Desde sus inicios con The Nowhermens y Diplodocum Red & Brown –banda experimental junto a Skay Beilinson– hasta sus aventuras por Europa en los setenta, Portugheis fue parte de momentos decisivos del rock nacional. 

En el libro reconstruye con detalle la famosa noche del Luna Park de 1972, cuando un recital de La Pesada del Rock and Roll terminó en escándalo. A contramano del mito, asegura que Billy Bond nunca dijo “rompan todo” y señala que el caos fue provocado por infiltrados y funcional al poder de facto. “(…) todo venía creciendo y cuando sucedió la historia del Luna Park todo se fue a pique”. Ese mometo fue bisagra: la generación de músicos que venía dominando la escena desde el 67 o 68 comenzó una diáspora que se profundizó a partir de golpe de Estado de 1976. 

Con paso por Israel, Suiza, Ámsterdam, Londres y las Baleares, el libro también retrata el lado más crudo del exilio, los encuentros con músicos y personajes como Pappo, Ricardo Soulé, Ángel Sucheras o el Gordo Pierre, y recitales inolvidables de leyendas como Eric Clapton, Humble Pie, Procol Harum, Queen y la Mahavishnu Orchestra. 

Ya de regreso en Argentina, su etapa como manager y productor lo ubicó en el centro del renacimiento musical post dictadura. Además, narra un episodio policial: sobrevivió de milagro tras ser baleado en su propia casa en en 1985, un episodio que cambió su vida para siempre. 

Adonde quiera que voy -título inspirado en la canción que el mismo compuso y fue un éxito rotundo de Miguel Cantilo y Punch- es una autobiografía sin pretensiones literarias pero imprescindible para comprender desde adentro la historia del rock argentino.

domingo, 17 de noviembre de 2024

El Rey se fue, pero no ha sido olvidado


Es un libro y es mucho más que un libro a la vez. Es la síntesis de dos vidas cruzadas por el lente de una cámara: la del artista, por un lado, y la del fotógrafo, por el otro. The King is Gone contiene decenas de fotos de BB King, en su mayoría inéditas, que fueron tomadas por Jota Moreno Martínez durante las visitas que el Rey del Blues hizo a la Argentina entre 1992 y 2010. Las fotos están acompañadas por una biografía del músico y una selección de sus frases más célebres, que fueron recopiladas por Ailín Moreno Martínez, la hija del autor. 

El libro, cuyos textos están en español e inglés, tiene una edición de lujo: tapa dura, encuadernado tejido y papel ilustración, con dos portadas diferentes, que quedan a elección del comprador, y viene con una fotografía para enmarcar firmada con sello de autenticidad.

El próximo miércoles 27 de noviembre, Jota Moreno Martínez lo presentará en Thelonius Club (Nicaragua 5549, Palermo) en lo que promete ser una velada a puro blues, porque además de recorrer las páginas del libro y las historias detrás de las fotos, habrá música en vivo de la mano del gran guitarrista Juanma Torres.

En un reciente posteo en Instagram, el autor explicó cómo fue el proceso de armado y edición del libro: “Primero realicé la selección de fotografías y elegí dos para crear dos opciones de tapa. Luego, pasé al diseño y al armado del libro, compaginando las fotografías con los textos biográficos que se incluyen allí. Por último, pasamos a la imprenta en donde todo lo digital se vuelve real y así nació el libro físico”. Pero detrás de esa explicación técnica hay una larga historia de amor al personaje y su música.


Un LP de blues le cambió la vida 


Jota Moreno Martínez llegó al blues como lo hicieron la mayoría de sus contemporáneos. En el ocaso de los sesenta, como buen adolescente inquieto, solía viajar desde Banfield, donde vivía, hacia el centro porteño, atraído por las luces de neón y el movimiento. No tenía más de 14 años cuando en una galería ubicada sobre la calle Esmeralda, entre Tucumán y Lavalle, se topó con una disquería que vendía y canjeaba discos. Allí, atraído por la portada, se compró un LP de blues del que ahora no recuerda el nombre. Fue la llave que abrió la puerta a un universo hasta ese momento desconocido para él. Ese disco no era de blues estadounidense, sino que contenía canciones de los maestros del blues inglés como Alexis Korner y John Mayal, entre otros. 

La curiosidad lo llevó a explorar más sobre el género y al tiempo descubrió a Muddy Waters, Howlin’ Wolf y BB King. A través de revistas de la época y un LP que estaba en malas condiciones, Jota Moreno Martínez comenzó a meterse en el mundo del guitarrista oriundo de Indianola, Mississippi, que iba mucho más allá de la música. “Su historia de resiliencia me convenció y me conmovió. Éste hombre que había nacido en una plantación de algodón y vivía en una cabaña con los padres, un día salió de la casa cuando apenas tenía seis años y se encontró con cuatro o cinco personas de color colgadas… me imaginé lo que habrá sido para ese niño haber visto esa imagen dantesca”, contó a NA el autor. 

El libro comenzó a gestarse hace tres décadas, aunque él todavía no lo sabía. Fue el día que tuvo a su ídolo a pocos metros, escenario de por medio. Eso ocurrió en la tercera visita de BB King a la Argentina, cuando se presentó en Obras en 1992. Jota Moreno Martínez tomó allí sus primeras fotos de artista, algunas de las que ilustran las páginas del libro. Años después, en otra de las giras que hizo BB a la Argentina, en 1998, pudo conocerlo personalmente en el Gran Rex. 

“Yo siempre fui bastante arrojado, atrevido, y me mandé para el lado de los camarines. Nadie me detuvo porque pasé con decisión y además tenía una acreditación de prensa. Golpeé suavemente y abrí la puerta. Entonces me encuentro con BB King que estaba sentado, todo transpirado, a un metro mío. Yo me puse muy nervioso y no me salía ni una palabra en inglés. Me saqué la mochila donde tenía mi equipo de fotografía y le acerqué unas fotos que le había sacado en la presentación anterior. Le pedí si me las podía autografiar y él me dijo que sí. Las empezó a ver y me felicitó. Me dijo ‘wonderful work’ y me hizo el gesto de aprobación con el pulgar hacia arriba”, relató Moreno Martínez. 

“Saqué una lapicera Vic, de esas azules con capuchón blanco que era la que llevaba conmigo. Y se la di para que me firmara las fotos. Lo hizo y cuando terminó me pidió si le podía regalar la Vic. Eso me generó una especie de ternura y, por supuesto, se la di. Él se la guardó adentro del bolsillo del saco y se tocó el corazón como si yo le hubiera regalado una lapicera de oro. Eso, de alguna manera, también me indicó la clase de persona que era, súper humilde, sencilla y recontra agradecida”, concluyó.

viernes, 25 de octubre de 2024

Las rutas del jazz, un viaje por el fascinante mundo de la improvisación y el ritmo


El jazz es un género musical que se originó en el sur de los Estados Unidos a principios del siglo XX, especialmente en Nueva Orleans. Se caracteriza por su improvisación, ritmos complejos, y una fusión de influencias africanas, europeas y de música popular. El jazz incorpora elementos como el swing, el blues y el uso de instrumentos como el saxofón, la trompeta, el piano y el contrabajo. A lo largo de los años, ha evolucionado en varios estilos, como el bebop, cool, West Coast, jazz fusión, free, smooth jazz, manteniendo siempre su esencia de innovación y expresión personal. Esa rica historia, plagada de grandes nombres, y toda su diversidad ahora quedó plasmada en un el libro Las rutas del jazz, del docente y músico Marcelo Luis Bettoni. 

En sus 550 páginas, la obra aborda al inconmensurable mundo del jazz por todos sus flancos. Analiza su ADN, desde las work songs, los field hollers y los spirituals, hasta el blues, el ragtime y la canción popular norteamericana, pasando también por la influencia africana y europea. Además, a modo de introducción, el libro ofrece un capítulo dedicado a la evolución de la música, desde la Edad Media, que atraviesa los períodos del Renacimiento, el Barroco, el Clasicismo, el Romanticismo y la Vanguardia. 

Con una prosa clara y ágil, el autor también analiza el contexto histórico en los Estados Unidos, la esclavitud, la migración, la segregación racial y la lucha por los derechos civiles, y como determinados acontecimientos históricos marcaron a fuego a una sociedad que, en paralelo, desarrolló una cultura y una música que se expandieron por todo el mundo.

Bettoni desmenuza todos los estilos del jazz, sus formatos, instrumentos predominantes, músicos más representativos y los discos que hicieron época. Así se suceden nombres como los de Louis Armstrong, Count Basie, Charlie Parker, Duke Ellington, Lester Young, Dizzy Gillespie, Miles Davis, John Coltrane, Thelonius Monk, Wes Montgomery, Bill Evans y muchísimos más. Cada estilo tiene un código QR que nos lleva a playlists específicas de Spotify creadas por el autor para acompañar la lectura.

Por su condición de músico, formado en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA) y con workshops realizados en el Berklee College of Music y Los Angeles Music Academy, así como también en el Lincoln Center´s Academy, Bettoni dedica una buena cantidad de páginas a los elementos técnicos del jazz, desde su armonía, melodía e improvisación hasta el ritmo, los arreglos y la composición. 

“La idea de escribr Las rutas del jazz surgió porque tengo una nutrida colección de más de 200 libros de jazz, blues y música en general, y un día me plantee la posibilidad de unificar todo ese contenido, más lo que yo enseñaba, en un solo libro. Demoré casi ocho años en escribirlo siempre con la idea de que fuera un trabajo que les sirviera los que llevan mucho tiempo escuchando jazz, a los que recién empiezan a hacerlo, a los que están estudiando y a los que están dando clases”, contó Bettoni a Noticias Argentinas. 

“Esta música, a pesar de todos los avances tecnológicos, es improbable que se sustituya la experiencia de escucharla en vivo, donde se gesta la conexión entre los músicos y la audiencia, que forma parte de la tradición. El libro un poco rescata eso, que la gente pueda tomar contacto con esta música, con la cultura, de la experiencia de compartir, de intercatuar. El aporte del libro es eso: descubrir sus orígenes y valorar esta cuestión democrática que tiene el jazz a la hora de tocarse en vivo”, añadió el autor. 

El libro, que fue editado de manera independiente, es una pieza fundamental para los amantes del jazz, tanto músicos como oyentes y entusiastas. Tal como escribió Claudio Parisi en el prólogo: “El autor espera que este viaje musical resuene en los corazones de los lectores, recordándoles la belleza de la improvisación, la importancia de la mutua colaboración y la magia de la creatividad sin límites. ¡Bienvenidos a un viaje musical sin igual!”.

sábado, 11 de noviembre de 2023

¡Escuchate esto!, el libro que repasa más de medio siglo de música soul a través de sus canciones

El soul tiene quien lo escriba. El periodista y músico Tony Vardé volvió a hacerlo de nuevo, aunque esta vez a cuatro manos, junto al español José Luis “Zepi” Crespo y un océano de por medio. ¡Escuchate esto! 75 joyas de la música soul es un libro que repasa la historia de ese género a través de un listado de canciones que también funciona como playlist para adentrarse en lo más íntimo de la música negra.

La sociedad entre Zepi y Tony nació a raíz del libro del segundo, Grabando emociones-La revoluciónde Stax Records. Tal como cuenta Zepi en el prólogo, él venía amasando la idea de escribir un libro en tono enciclopédico sobre el soul desde hacía un tiempo y cuando llegó a sus manos la obra de Tony se lanzó a la aventura de contactarlo. Luego todo fluyó con naturalidad y la pasión que une a dos melómanos, pese a los miles de kilómetros que los separan, lo hizo posible.

¡Escuchate esto! es también el nombre del blog de Tony en el que viene posteando reseñas e historias sobre música desde hace varios años, así que los autores decidieron que el libro fuera una continuidad de esa url que acumula muchísima información. Cada uno eligió 37 canciones y las reseñó, y una la hicieron en conjunto. El resultado son casi 150 páginas con el listado de temas en orden cronológico y un QR que nos lleva a descargar la playlist para que podamos escuchar las canciones a la par que avanzamos con la lectura.

Los temas elegidos por Zepi y Tony son representativos de más de 60 años de historia. Están los grandes clásicos como A Change Is GonnaCome de Sam Cooke; Use Me de Bill Withers; Time Is On My Side de Irma Thomas; Stubborn Kind of Fellow de Marvin Gaye; y I’d Rater Go Blind de Etta James. Pero hay también varios temas desconocidos para el gran público como Open The Door To Your Heart de Darrell Banks; y Someday de The Tempest. Si bien gran parte del cancionero corresponde a las décadas del sesenta y el setenta hay algunas joyas de artistas más recientes como Charles Bradley, Leon Bridges, Sharon Jones y Vintage Toruble.

La selección también ofrece sorpresas que se emparentan con el soul desde el jazz, el blues y el rock como la versión de Satisfaction de Jmmy Smith; I Got The Blues de los Rolling Stones; y Hate It When You Leave de Keith Richards, aquí con la imprescindible colaboración del periodista Esteban Schoj.

En cada reseña los autores cuentan la historia de la canción y del o los músicos que la interpretan, así como también vuelcan sus sensaciones y cuánto influyeron en sus vidas. Como en todo listado prima la subjetividad y alguno siempre considerará que falta uno u otro tema. Lo cierto es que ¡Escuchate esto! funciona como una puerta de entrada a uno de los géneros más sensuales y atrayentes de la historia de la música que todavía sigue vigente.

jueves, 19 de octubre de 2023

Blackie, la voz que se dejó doblegar

La historia de Blackie es mucho más que la de una mujer que tuvo un rol central en el mundo del espectáculo y la cultura en la Argentina. Bucear en su vida nos lleva a fines del siglo XIX cuando los primeros colonos judíos desembarcaron en el país. Sus padres, Yedidio Efron y Sara Steinberg, arribaron siendo niños y fueron parte de la génesis de esa microsociedad pionera de la colectividad judía.

Con gran precisión y una prosa fluida, Hinde Pomeraniec reconstruye los primeros años de la vida de Paloma Efron. Su nacimiento e infancia en Entre Ríos, el traslado familiar a Buenos Aires, la relación con su padre, un hombre muy reconocido en el ámbito educativo de la colectividad judía,  y su adolescencia, en la que tuvo que abandonar la escuela para cuidar a su madre enferma, son las piezas del rompecabezas con las que ella fue forjando su personalidad.

El salto de Paloma Efron a Blackie no fue de un día para el otro, pero sí hubo un momento bisagra en su vida. Todavía adolescente consiguió un trabajo en el Instituto de Cooperación Argentino Norteamericano (ICANA) y allí se topó con un disco de spirituals, la música religiosa de la comunidad negra de los Estados Unidos. Si bien ella venía de una familia de melómanos, ese acontecimiento se volvería trascendental y, como sostiene la autora, para Paloma “se volvió una obsesión”.  

Su debut artístico coincidió con el período político de la Década Infame, “una época de frustraciones para la mayoría, y de privilegios para unos pocos”, y con los años dorados de la radio. Fue en ese medio donde Paloma se recibió de cantante, tras ganar un concurso organizado por la marca Jabón Federal, y recibió su apodo artístico de Blackie. La autora sobrevuela su etapa musical, su viaje a los Estados Unidos, donde se codeó con figuras como W.C. Handy y Duke Ellington, las grabaciones que realizó para Odeón, y las presentaciones que hizo, para luego centrarse en el plano más personal, el de su relación amorosa con el playboy Carlos Olivari, al tiempo que narra cómo era la noche porteña y el mundo del espectáculo de la década del cuarenta.

Su matrimonio con el dramaturgo y guionista, que se hizo famoso por su sociedad con Sixto Pondal Rios, tuvo relación directa con el primero de los cambios artísticos de Paloma, que fue el de dejar la música para convertirse en actriz, productora y periodista. Se separaron en el albor de la década del cincuenta y no tuvieron hijos, pero de acuerdo con lo que pudo reconstruir Pomeraniec, esos años de convivencia la marcarían por el resto de su vida.

El 17 de octubre de 1951 se realizó la primera transmisión televisiva de la historia en la Argentina. Ese acontecimiento, algunos meses después, se volvería trascendental en la vida de Blackie porque se sumó a ese medio y para el gran público su nombre siempre quedaría asociado a los inicios de la tevé. En los primeros años condujo programas, fue productora e incluso llegó a ser directora artística de Canal 7, cargo que ocupó hasta poco antes del golpe militar de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón.

En los sesenta, con la aparición de los canales privados, Blackie se convirtió en un personaje central de la pantalla chica. Encabezó decenas de programas, compartió la conducción con figuras como Carlos D’Agostino, Juan Carlos Mareco y hasta Roberto Galán; presentó a artistas internacionales de la talla de Nat King Cole y Sammy Davis Jr; fue pionera de los programas políticos y potenció a Bernardo Neustad, quien se volvería un referente en los ochenta y noventa. En el plano artístico lanzó las carreras musicales de Sandra Mihanovich y Susana Rinaldi.

En paralelo, desde sus inicios, siempre fue una figura destacada de la radio. Lo hizo como cantante, productora, presentadora y también como periodista. Su voz ronca por el humo de los Kent está en el recuerdo de quienes la escucharon durante años en diversos programas, en los que mantuvo un contacto fluido con sus oyentes, quienes le escribían cartas que leía con mucha atención y se enojaba ante las críticas que consideraba injustas o fuera de lugar.

Su paso por el periodismo gráfico también es narrado en el libro, editado por Gourmet Musical, que incluso traza un paralelismo entre Blackie y Victoria Ocampo marcando coincidencias, encuentros y, sobre todo, diferencias. La autora ahonda en las relaciones laborales de Blackie, una mujer que supo salir adelante en un mundo de hombres y la describe como “una feminista pionera, hablaba de una manera y actuaba de otra”. Según los testimonios que recogió, ella no empatizaba con mujeres que le pudieran hacer sombra y se llevaba mejor con los hombres. Se hizo un lugar a base de coraje, talento e insultos, algo que ella creía que la ponía de igual a igual con los hombres.

Blackie, una voz insumisa es una biografía atrapante que va un poco más allá del personaje. En palabras de Albert Gilbert: “Agitadora, polemista, divulgadora, Blackie demostró tempranamente en un mundo de hombres lo lejos que podía llegar una mujer de la que todos hablarían. No podía ser de otra que Hinde Pomeraniec la que reconstruyera con sagacidad y soltura algo más que su vida: un gran fresco de época, una historia cultural en la que la cuestión de género es algo más que un programa, un asunto mayor".

viernes, 31 de marzo de 2023

Las memorias de Vitico, un viaje al núcleo del rock & roll


La vida de Vitico probablemente sea una de las más apasionantes de los músicos del rock local. Y su autobiografía, Vitico - El canciller (Planeta / 2023) así lo refleja. Sus páginas nos llevan a los inicios del rock nacional, donde “el cajetilla de Recoleta” se convirtió en un Mod. Su paso por el Di Tella, su relación con Billy Bond y la Pesada del Rock & Roll, sus primeras bandas, el momento en que conoció a Pappo, su gran amigo de la vida, sus raíces vascas y cómo nació su amor por el bajo son algunas de las primeras historias que relata.

En ese escondite de su memoria surgen nombres como los de David Lebón, Javier Martínez, Luis Alberto Spinetta, Black Amaya, Luis Gambolini, Tanguito, Edelmiro Molinari, aunque no de todos ellos guarda un buen recuerdo. También aparecen los discos y canciones que lo moldearon en aquellos años iniciales: Elvis, Little Richard, los Beatles, Jeff Beck, Grand Funk Railroad, los Stones, Manal y Vox Dei. Incluso recuerda con cariño los discos de Glenn Miller de su padre: "Para mí, fue todo un anticipo del rock & roll porque hacía riffs con los bronces". 

El capítulo sobre su viaje a Inglaterra, a comienzos de los setenta es casi una novela lisérgica digna de Hunther S. Thompson. El joven piadoso ojos de anfetamina se transformó en un muchacho duro que se fue curtiendo a base de LSD y relaciones peligrosas. Una vida nómade en el Londres post swinging en el que se codeó con transas, ninfómanas, músicos en ascenso y miembros de la alta sociedad. De las audiciones en distintas bandas, como por ejemplo Bad Company, a ser testigo de la primera presentación de Dark Side of The Moon de Pink Floyd son algunos de los hitos de su british tour. 

Durante su estadía en Londres se relacionó con algunos miembros de The Who y llegó a zapar con Keith Moon y Pete Townshend. Si bien la anécdota era conocida, en el libro da más detalles de esos encuentros e incluso revela, con cierta angustia, que la canción The Punk & The Godfather, editada en el álbum Quadrophenia, estuvo dedicada a él. “Él (Townshend) es el padrino y yo soy el punk: el pibe con ‘flashing eyes’, como dice la letra, que cree que va a comerse Londres. Es un hachazo atrás del otro. En lugar de sentirme orgulloso por tener un lugar en un disco de The Who, sentí vergüenza por mucho tiempo porque la letra es terrible”, asegura. 

Su regreso a la Argentina coincidió con una de las épocas más convulsionadas de nuestra historia contemporánea, que pronto derivó en el sangriento golpe cívico militar del 76. Vitico narra con crudeza la vez que lo secuestraron y torturaron, no por su militancia política, que no la tenía, sino por una causa de drogas. Y vinieron los Criss-Cross, “el eslabón perdido entre los años ingleses y Riff” y luego el nacimiento de esa mítica banda que apareció porque, como decía Pappo, “acá habían ablandado demasiado la milanesa”. 

La década del ochenta, los noventa, el rock duro, la muerte de Pappo, su alcoholismo, el amor por su familia, el accidente que casi le cuesta la vida y el extraño surgimiento de Viticus son algunas de las historias que nutren el resto de sus memorias, un libro que se lee de un tirón porque no tiene desperdicio. La de Vitico fue, es y será una vida al palo guiada siempre por una máxima que cantaba el Carpo con su vozarrón… que sea rock.

martes, 28 de febrero de 2023

Stax Records y su ejército sureño del ritmo


Stax Records creó un estilo, marcó una época y dejó un mensaje contundente. Fue una experiencia colectiva interracial en un momento en el que la música era un arma muy poderosa contra la intolerancia. El periodista y músico Tony Vardé logró reconstruir la historia del sello discográfico que definió el soul sureño y del cual salieron artistas notables de la talla de Otis Redding e Isaac Hayes, e himnos como Knock on Wood, Respect Yourself, Hold on I’m Coming y Try a Little Tenderness. 

El libro Grabando emociones-La revolución de Stax Records, editado por Milena Caserola, no solo cuenta la historia del sello surgido en Memphis, sino que también repasa el contexto político y social que se vivía en el sur de los Estados Unidos desde comienzos de los sesenta hasta entrada la década del setenta. 

La historia de Stax es apasionante. La forma en que se creó y cómo se fueron dando las cosas resume buena parte de la historia musical contemporánea que Tony Vardé narra con una prosa clara y cargado de datos. Músicos como los mencionados Otis Redding e Isaac Hayes fueron dos puntales del sello, pero no fueron los únicos. Eddie Floyd, Sam & Dave, Rufus y Carla Thomas, Wilson Pickett, Booker T. & The MG’s y The Staple Singers también fueron soldados de ese ejército sureño del ritmo que salió a competir con el poderoso del norte, Motown. Pero a diferencia del sello de Detroit, que apostaba todo a los hits, “las canciones de Stax fueron la pólvora de los años sesenta”. 

El escritor José Ángel González Balsa, citado por el autor lo grafica muy bien: “En Motown sonreían, en Stax sudaban. Motown era el gueto absorbido por el sistema; Stax, la revolución en marcha. Los nombres de las sedes entregaban indicios suficientes sobre las diferencias: Motown operaba desde Hitsville, Exitolandia. Stax, ya lo he dicho, en Soulsville”.

En la historia de Stax no todos fueron momentos de gloria: la tragedia pegó dos veces: la temprana muerte de Otis Redding y parte de la banda The Bar-Keys en un accidente aéreo fue un golpe durísimo, en especial porque el cantante estaba en su mejor momento tras su rutilante aparición en el Monterey Pop Festival; y el crimen del dueño del ritmo, el baterista Al Jackson Jr., ocurrido en 1975, coincidió con la bancarrota y cierre de la discográfica. 

El libro también analiza como Stax Records influenció a artistas tan diversos como los Rolling Stones, Bruce Springsteen o Wu Tan Clan, y también traza paralelismos de cómo el soul impactó en otros géneros como el rock, el reggae y el blues. El libro cuenta además con entrevistas a personajes muy vinculados a la música como Fantastic Negrito, Bobby Flores, Jared “Jay B.” Boyd y Dany Jiménez, entre otros, que aportan su experiencia y conocimiento que refuerzan la hipótesis del autor.      

En palabras del periodista Lutxo Pérez, “Tony escribe que ‘todo puede ser soul si está tocado con alma y con sentimiento’. Si tomamos esa premisa como cierta, podemos decir sin reparos que este libro es puro soul. El corazón del estilo afroamericano por excelencia de los 60 late aquí en el contenido y en la forma. Esta no es la historia de Stax. Es el relato de una ciudad, de un país, de un mundo antiguo, de una lucha, del arte y, también, de nosotros mismos. Por eso, es normal sentirnos contagiados por la pasión del autor, querer convertirnos en soul men y soul women, salir de nuestras casas a prender las calles en llamas y, como pasa con todos los grandes libros de música, escuchar cada canción mencionada. Stax fue un relato fascinante y, para nosotros, es una suerte que alguien como Tony haya decidido contárnoslo”.

martes, 30 de noviembre de 2021

Néstor Ortiz Oderigo, el hombre de negro


Néstor Ortiz Oderigo (1912-1996) fue uno de los personajes fundamentales en la difusión de la música negra en la Argentina. Sus artículos en revistas especializadas y en diarios, sus libros y sus programas de radio fueron la base de todo lo que se escribió y publicó con el tiempo sobre jazz, blues, spirituals e incluso música africana, de América latina y sobre los orígenes del tango.

Según escribió Alicia Dujovne Ortiz en La Nación en 2005, “Néstor Ortiz Oderigo, hermano de mi madre, había comenzado a entusiasmarse con la música de los negros norteamericanos a los 14 años. Desde entonces, acumulaba esos discos inhallables a los que, antes de guardarlos, limpiaba tiernamente con la manga. El amor por el jazz lo había conducido a interesarse en la cultura negra de toda América latina, en particular del Río de la Plata”.

Durante la investigación que hicimos con Gabriel Grätzer para el libro Bien al sur-La historia del blues en la Argentina, el nombre de Oderigo apareció desde un comienzo y su bibliografía resultó esencial para entender el desarrollo del género en nuestro país.

A continuación, el capítulo dedicado a Ortiz Oderigo en el libro:

Oderigo tenía una fuerte vinculación con la música negra desde los años veinte cuando colaboraba, ocasionalmente, con el diario La Prensa y era corresponsal de algunos diarios estadounidenses destinados al público afroamericano. En 1939 escribió su primer libro, pero debido a la Segunda Guerra Mundial, la editorial Claridad lo editó recién en 1944. En Panorama de la música afroamericana dedicó un capítulo a cada una de las principales ramas del folclore de los Estados Unidos: work songs, negro spirituals y blues. Oderigo analizó y desarrolló aspectos poéticos y teóricos de esta música. Citó, por ejemplo, a importantes artistas de blues de la época, lo cual confirma que poseía una nutrida discografía de discos de 78 r.p.m. Entre los bluesmen que mencionó, había referentes del country blues como Lonnie Johnson, Mississippi John Hurt, Joshua White, Ma Rainey, Blind Lemon Jefferson, Blind Willie McTell, Sonny Terry, Jim Jackson, Kokomo Arnold, Big Bill Broonzy y Memphis Minnie, entre otros. Algunos de esos artistas habían sido editados en Estados Unidos por el sello Gennett, que en Argentina tenía como licenciatario del catálogo al banjoísta Nicolás Verona. No es de extrañar que algunos discos de blues llegaran a Oderigo por esa vía o bien que pudiera adquirir algunos 78 r.p.m. en las tiendas de Buenos Aires donde, esporádicamente y entremezcladas con los discos de jazz, llegaban algunas ediciones de artistas de blues. “Por mis conocimientos musicales, las quintas disminuidas y las terceras mayores y menores del ragtime y los blues, lejos de asustarme, refocilaban mis circunvoluciones, que absorbían esos mágicos y fascinados efluvios sonoros”, dijo Oderigo en un intercambio epistolar con Sergio Pujol en la década del ochenta (Jazz al sur- Historia de la música negra en la Argentina). 

Además, Oderigo tenía algunos de los discos de pasta editados por la Biblioteca del Congreso de Washington, cuyas extraordinarias grabaciones de hollers y work songs, especialmente una titulada That Lonesome Road, difundió en sus audiciones de Radio Nacional y Radio Rivadavia. El autor también tenía los registros que John y Alan Lomax habían efectuado al músico Leadbelly en la prisión de Angola, Louisiana, en 1933. Si a esto le sumamos los discos de música africana, centroamericana y sudamericana –material muy difícil de conseguir en aquellos días– se puede afirmar que Oderigo fue uno de los más importantes coleccionistas de Latinoamérica de aquella época.

A partir de 1945, Oderigo fue convocado a escribir una sección titulada “Notas sobre blues” en la revista Jazz Magazine. Allí compartía sus conoci­mientos históricos y estilísticos con un público distinto al que podía comprar sus libros y que, por primera vez, se enteraba de la existencia de una forma de blues no vinculada al jazz. Fotos de Leadbelly, Bessie Smith, Lonnie Johnson ilustraban sus artículos.

En 1952, Ricordi le editó un nuevo libro, La historia del jazz, que incluía extensos capítulos sobre el canto negro afronorteamericano y las raíces del género. Otro ejemplo sobre el blues se puede encontrar en el Diccionario de jazz, también editado por Ricordi, en 1959. El lugar que ocupa la música folklórica estadounidense es notorio: el blues figura en tres páginas; cantos de trabajo, en dos; y negro spirituals, en otras dos y media. Finalmente, en 1964, Compañía General Fabril editó Rostros de bronce. Este libro, como así también Panorama de la música afroamericana, aparecen mencionados en la bibliografía de la Gran enciclopedia del blues, de Gerard Herzhalft. Allí se toman algunos conceptos de Oderigo en cuanto a la necesidad de distin­guir entre blues comerciales “manufacturados por compositores norteños” y aquellos “blues legítimos del pueblo”, o bien entre “blues castizos y aquellos manufacturados por compositores”. Esos textos de Oderigo, material de estu­dio y consulta ineludibles en conservatorios y secundarios, fueron los prime­ros pasos para la difusión de esta música en la Argentina.

En otro pasaje del libro dos músicos esenciales en el desarrollo del blues en la Argentina recuerdan su influencia. Uno es Osvaldo Ferrer, clarinetista, guitarrista y cantante de la Antigua Jazz Band quien reconoció que en la década del sesenta escuchaba Antología de la música negra por Radio Nacional, al igual que el guitarrista Claudio Gabis, miembro de Manal y pionero del rock nacional. “Yo me encerraba en mi cuarto y hacía que estudiaba, pero en realidad me quedaba escuchando la radio. Yo todavía no tocaba la guitarra pero estaba completamente fascinado con ese sonido. Por lo general, Oderigo pasaba jazz, cada tanto ponía blues pero más bien como un antecedente, una referencia, y no como un género en sí mismo”, contó. 

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Su legado quedó en manos de su sobrina. Alcia Dujovne Ortiz escribió en La Nación que “a la muerte de la viuda, me entero de que mi tío, sin duda recordando a la nena que subía a visitarlo y le escuchaba las ‘latas sobre negros’, me había legado su departamento, aún repleto de libros y de cuadros con morenos danzarines. Es un departamento típico de un intelectual de los años cuarenta, atestado de libros viejos y de bibliotecas de madera oscura, con puertas de vidrios sostenidos por maderitas cruzadas. Sacadas de sus estantes, las prolijas carpetas que contienen la veintena de libros terminados, listos para la publicación con índice numerado incluido (entre ellos, un voluminoso diccionario de palabras rioplatenses de origen africano), y las recopilaciones de artículos, publicados o no, llenan cuatro grandes cajas sobre las que me inclino entre dolida, admirativa y perpleja. No es necesario extenderse sobre esos sentimientos: la ingratitud de un país que deja morir a sus intelectuales en semejante soledad nos exime de comentarios”. 

Pero fue la doctora en Filosofía Dina Picotti quien se hizo cargo del legado y logró darle un nuevo impulso a su obra, especialmente lo que había estado investigando en los últimos años de su vida, relacionado con los africanismos. “Pudimos publicar en la Universidad de Tres de Febrero el diccionario que había reunido Néstor Ortiz Oderigo, que fue uno de los primeros africanistas argentinos, poco reconocido en el país. Lo pudimos hacer gracias a que su sobrina, Alicia Dujovne Ortiz, nos cedió la obra que había heredado. Esto fue al poco tiempo de que creamos la carrera de especialización en estudios afro americanos dentro de la Maestría de Diversidad Cultural de la universidad”, contó en una entrevista con Página 12 en 2013.

martes, 2 de noviembre de 2021

Flores para sí mismo

El denominador común de Viaje de Blues es la autorreferencialidad, algo que era esperable viniendo de Adrián Flores, pero también, y esto hay que decirlo, es un libro necesario para los amantes del blues, porque es la síntesis de la relación de un hombre que, a un costo alto, dejó todo de lado por la música que lo apasiona. En la vida de Adrián Flores, por lo que se desprende de estas páginas, no hay grises, es todo blanco o negro… y ya sabemos qué color elige él.

Viaje de Blues no tiene un hilo narrativo y carece de edición. Eso queda en evidencia con los múltiples saltos temporales y geográficos; y por temas a los que le falta desarrollo y quedan colgados. Pero de todas maneras resulta un libro ameno. Y ese es un gran mérito de Javier “Ciego” Goffman, que realizó una tarea titánica en captar la voz de Flores y plasmarla en papel. Al pasar las páginas, el lector no piensa en que lo escribió otro, sino que hasta puede percibir el vozarrón de Flores en cada una de las historias. Es Flores en todo su esplendor: dogmático, irascible e intolerante, pero también coherente consigo mismo, agradecido con sus amigos y muy comprometido con su causa.

Es cierto que todas las historias están repletas de subjetividades y es probable que otros protagonistas de esos hechos tengan recuerdos distintos, sin embargo, lo llamativo son los detalles que rescata, como por ejemplo que un músico tenía la camisa manchada o lo que decía otro cuando se quejaba de lo mal que se maneja en Sudamérica. Esos pequeños detalles engrandecen al libro.   

Años de Vendimia (1985)
En las primeras páginas, el relato se centra en los comienzos de Flores con la música: cómo un disco de Creedence Clearwater Revival le cambió la vida y luego uno de Elmore James lo zambulló en el mundo del blues. Reconoce la influencia de Max Hoeffner en ese proceso de descubrimiento y también destaca a la primera formación de Memphis la Blusera. También recuerda, desde su óptica, la formación de sus primeros grupos, Gris, Años de Vendimia, La Mississippi y Blind Lemon, en un período que abarcó desde fines de los setenta hasta comienzos de los noventa (algo que abordamos con Gabriel Grätzer en Bien al Sur-La historia del blues en la Argentina); bandas que, más allá del éxito posterior de La Mississippi, navegaron una época en la que el blues era muy de nicho.

Su vocabulario clásico, con palabras como “monigote”, “chingui chingui”, “turistas”, “salchicha”, "toca huevos" “pizzero”, “viudas de bogan” y “barbudos”, que utiliza en exceso en redes para descalificar, aquí aparece en cuenta gotas lo cual es otro mérito de Goffman, que no necesitó recurrir a esas ellas para darle forma a la voz del protagonista.

Adrián Flores y James Cotton (1994)
Flores expresa cierto altruismo con muchos de los bluesmen estadounidenses que trajo a Sudamérica y deja entrever que fueron más las veces que perdió dinero produciendo shows que las que ganó (“Empatar es ganar”, es una de sus máximas). No oculta cierto rencor con músicos como Buddy Guy u Otis Rush, que rechazaron sus propuestas, y también, aunque en menor medida, con John Primer, debido a ciertas desavenencias que tuvo a lo largo del camino. Muestra un desprecio manifiesto por la gente con la que, según él, tuvo disputas comerciales, aunque en la mayoría de los casos prefiere no mencionarlos por sus nombres y recurre a apodos como “Señor Pesto”, “Bordonaro” o “Rata Cagoso”, tal vez para evitar demandas legales. Al que también le pega sin pudor en varios pasajes del libro es a Pappo, pero en este caso no esconde su identidad.

Otra cosa que se desprende de la lectura es que a lo largo de los años hubo mucha improvisación de su parte en la organización de shows, especialmente por falta de previsión en aspectos contractuales y logísticos. Lo más llamativo es que revela que en algún momento le ofrecieron producir un show de John Fogerty en la Argentina y lo rechazó porque solo se quería dedicar a traer músicos negros de blues, algo que cumplió a rajatabla salvo por una producción que se atribuye de Bruce Ewan.

El libro viene acompañado por fotos, que lamentablemente no se aprecian porque la calidad de impresión no es la mejor, aunque son las mismas que publica desde siempre en su perfil de Facebook. 

Pero las anécdotas con los bluesmen, tanto en Buenos Aires como en Chicago o en Brasil, son muy interesantes. Logró retratar sus estilos de vida, especialmente en la ruta, pero la falta de hilo narrativo, que nos lleva de acá para allá, con saltos hacia adelante y vueltas atrás, por momentos desorienta. El problema más evidente de la falta de edición vuelve a aparecer sobre el final cuando por segunda vez relata la anécdota en la que “David Espectro”, como llama a Dave Specter, se olvidó de invitar a tocar a Lurrie Bell en un evento en Chicago.

Viaje de Blues es un libro que Flores pensó para reivindicarse a sí mismo, pero que Goffman logró volverlo más placentero con su pluma. Más allá de los conciertos que organizó, los discos que produjo y los programas de radio que condujo, lo más interesante está en sus historias con los músicos, eso que probablemente ningún otro argentino, vivió tanto como él.

miércoles, 20 de octubre de 2021

La pasión según los melómanos


Las disquerías son el paraíso y el infierno del melómano. Cualquier coleccionista de discos, ya sea de vinilos o de cds, atesora decenas de anécdotas, buenas y malas, de esos lugares. Algunos recuerdan momentos en enormes tiendas de cadenas internacionales y otros en pequeños sucuchos donde escasea el oxígeno, en la Argentina, Estados Unidos, Colombia o Europa. Algunos experimentan reacciones que van desde el sudor de manos, el latido de un ojo o hasta unas ganas incontrolables de ir al baño. Las bateas son el territorio ideal para los dedos entrenados del coleccionista, y el disquero, casi siempre, es un personaje esencial que no pasa desapercibido, ya sea por su buena onda o por su arrogancia. Y están los discos, en muchos casos tesoros escondidos. Encontrarlos es todo un desafío y pagarlos barato es casi una quimera. 

De eso se trata “Me cago en las disquerías”, el último libro de Gourmet Musical Ediciones, que compiló Sebastián Rubín, ex líder de la banda indie Grand Prix, y que cuenta con poco menos de una veintena de textos de diferentes autores, entre los que hay músicos y periodistas. Como en todos los libros que pasan bajo el ojo editor de Leandro Donozo, la música es la protagonista exclusiva. 

La primera historia es la del compilador. Rubín cuenta las peripecias que sufrió cuando era joven en las disquerías europeas: cuando ingresaba a una gran tienda se ponía nervioso y no podía controlar sus esfínteres. Y de ahí el nombre del libro… bien literal. En ese texto surge una definición que aplica a todos los coleccionistas: “Una de las cosas más estresantes de comprar discos es la certeza de que nunca podremos llevarnos todo lo que queremos. Los discos no son un vicio oneroso. Comprar discos no es caro. Pero comprar todos los discos que uno quiere es carísimo”. 

La disquería Minton's, Galería Apolo
El recuerdo de Alex Cooper de sus días en Londres a finales de los  ochenta y sus visitas a los puestos de usados de Camdem, su relación silenciosa y cómplice con London Girl es uno de los capítulos que antecede a las misteriosas canciones que aparecieron grabadas en un cassette pirata que Pablo Krantz compró en una disquería, y que se volvieron sus temas favoritos, aunque pasó 12 años sin saber qué grupo eran. “La hija del disquero” es uno de los textos más atrapantes donde María Zentner resume su historia familiar, la del fin de la dictadura y la consiguiente vuelta de la democracia. Su padre fue el dueño de la disquería Hamelin y de ahí ella heredó la pasión por la música, aunque con cierto desapego por los discos. 

Un quejoso e insufrible Germán Bordagaray nos relata cómo se robó discos o le cambiaba los precios para pagar menos en sus excursiones a disquerías de Turín, en Italia, práctica que, al parecer, ejerció en varias ciudades del mundo. Luego Giselle Hidalgo expone sus recuerdos cruzados entre una famosa disquería londinense y la nostalgia de una adolescencia en el barrio de Belgrano; aquél primer cd de Paul McCartney y esa joya inalcanzable de The Buzzcocks en vinilo, mientras se sentía como Liv Tyler en el video de Crazy de Aerosmith. 

Fernando Blanco rememora su experiencia trabajando en el local de una importante cadena de disquerías (¿Tower Records?). Cuál era el lugar que más le gustaba ocupar y el que menos, el perfil de sus compañeros, los almuerzos de media hora y los descansos de 15 minutos. De la caja a la sección de discos de música clásica, del sótano a la atención al público en el salón principal, a veces en horarios extraños para el comercio, y con francos lunes y martes, los peores que puede haber, pasando por la celosa requisa de los vigiladores que evitaban la sustracción (¿involuntaria?) de algún cd. Una crónica breve e intensa de fin de milenio. 

Amoeba Records, en Los Ángeles
El libro por momentos sobrevuela el relato fantástico como el de Daniel Flores y esa pequeña disquería de un pueblo patagónico que atesoraba la mejor colección de vinilos de punk y new wave del mundo. Un relato candente, apasionado y misterioso, con un final inesperado. Y entonces Roque Casciero entra a la mejor “disquería del mundo” en Los Ángeles y con las manos desbordadas de cd’s, que no sabe si podrá pagar, tiene un flash back de su adolescencia en el local de Audiocanje, en Junín, donde despertó su pasión por la música. Es así como llega a la conclusión que lo que no pudo conseguir en ese momento tampoco lo conseguirá ahora. “Entrar a una disquería es una trampa. La más deliciosa, aventurera y estimulante de las trampas. Y voy a persistir en caer en ella una y otra vez…”, sostiene.

El periodista Diego Miranda arranca su texto admitiendo su adicción por los vinilos y cuenta el particular método que ha desarrollado para conseguirlos debido a que las disquerías no son lo suyo. José Navarro nos deleita con una historia mínima de su pasado como vendedor en una pequeña disquería céntrica y ese cassette de The Cure que grabó para un desconocido que lo marcó para el resto de su vida. Pablo Manzotti nos traza una guía para recorrer disquerías en Nueva York mientras da respuesta a por qué sigue coleccionando vinilos. 

Sobre el final, Humprey Inzillo nos pide que nos abrochemos los cinturones para recrear sus viajes a Barranquilla, Bogotá, Río de Janeiro, Nueva York, Oslo y Madrid en los que florecen todo tipo de disquerías, de las imponentes y las pequeñas, rarezas discográficas, libros incunables, festivales, entrevistas, conferencias y coincidencias que llamarían la atención del mismísimo Paul Auster. Fernando Cárdenas, por su parte, omite las disquerías, pero no los discos: su hallazgo, el big bang de su vida con los vinilos fue en un armario de la casa de sus abuelos en Caballito. Y Alejandro Tolosona concluye con una carta de amor en clave musical. Amor por una mujer, pero también por los discos, los viajes, los recitales, las canciones y todo lo que gira alrededor de la vida de un melómano.

martes, 13 de abril de 2021

La gran guía del jazz de Carlos Sampayo


Un melómano obsesivo podría intentar armar un listado de los 100, 500 o 1.000 discos imprescindibles de la historia del estilo que sea. Hay álbumes que son indiscutibles, otros que son joyas ocultas u olvidadas y muchos pueden ser discutibles. Pero lo importante es el criterio selectivo con el que se recopilan y la justificación de por qué ese disco sí u otro no. Pero más importante aún es cómo presentar esa guía. Discografía personal del jazz (1920-2011), editado por Gourmet Musical, es el libro que cualquier amante del jazz hubiera querido escribir, pero que solo pudo hacerlo alguien con la pluma excelsa de Carlos Sampayo, un hombre que dedicó su vida a la literatura y al género de la música popular más innovador del siglo XX.

La historia del jazz es dinámica y cambiante. Tal como plantea el autor pasó de ser una música de moda y bailable hasta fines de los años cuarenta para convertirse en “música para ser escuchada”. Ese cambio coincide con la aparición de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, dos de los abanderados del be bop, estilo con el que jazz perdió su linealidad. “Desde entonces –sostiene Sampayo- el jazz evolucionó, protagonizó corrimientos laterales, involucionó, volvió a evolucionar y se nutrió de cuanto pudo, siempre que esos aportes estuvieran en consonancia con sus fundamentos y que no alteraran su papel de protagonista (...)”.

Antes de lanzarse en la descripción de cada álbum, con puntillosidad enciclopédica, Sampayo le dedica un par de páginas al arte de tapa. “Como medio de representación, la portada de los discos de jazz sintetiza forma y contenido y establece estados de ánimo, es la verdadera cara del contenido, lo que se ve antes de oír, mucho antes de escuchar. La belleza de estos objetos, que tiene su origen en la necesidad de vender, ha promovido un coleccionismo específico muy refinado, nunca desligado de la pasión por este género musical”.

Carlos Sampayo
Y entonces, en la página 21, el autor comienza con la reseña del primer disco, el del pianista James P. Johnson “From Ragtime to Jazz”, que contiene su obra desde 1921 hasta 1939 y de quien considera que tenía una “inexpugnable cualidad rítmica, notable en la colocación de la mano izquierda”. Luego, y en poco más de 300 páginas, se refiere a “cuatrocientos veinte nombres (…) donde se habla de aproximadamente novecientos discos”. Organizado de manera cronológica, con capítulos por décadas, se suceden obras de artistas fundamentales del jazz estadounidense como John Coltrane, Bill Evans, Miles Davis, Duke Ellington, Coleman Hawkins, Louis Armstrong, Chet Baker y Thelonius Monk. Pero también se aboca a músicos europeos como los italianos Enrico Rava y Massimo Urbani, el alemán André Previn o el sueco Jan Lundgren; o trabajos de artistas latinoamericanos como nuestros excepcionales Oscar Alemán y Lalo Schifrin, o el cubano Chico O’Farrill, entre otros.      

Uno tras otro se suceden discos trascendentales como “Blues and the Abstract Truth”, de Oliver Nelson, con obras desconocidas por el oyente medio como “The Final Sessions”, de Elmo Hope. Sampayo reivindica “Love Scenes” (Impulse! 1997) de Diana Krall, “un registro cautivador y sugerente”, según sus palabras; o nos presenta el tributo de Jim Snidero a Joe Henderson al que considera “un disco respetuoso de la fuente, llamativo y con bastantes momentos exaltantes”.

El viaje jazzístico no da tregua porque el libro es una invitación a escuchar y descubrir mucha más música. A nadie le sorprenderán las tres páginas que le dedica a la obra de Coltrane en Impulse! o la reseña de “Kind of Blue”, de Miles Davis, porque son discos obligados, tan necesarios como imprescindibles, pero entre líneas uno puede descubrir mucho más de lo que siempre se ve en la superficie con esta guía que tranquilamente puedo ubicarse junto a “The Rough Guide to Jazz” o “The History of Jazz”, de Ted Gioia, entre otros grandes libros del género.