jueves, 31 de mayo de 2018

El punto de inflexión


Hay discos que se revalorizan con el paso del tiempo. Que muestran que la apuesta de grabarlo por parte del artista valió la pena pese a ir en contra de las exigencias comerciales. Por eso se convierten en álbumes atemporales, en registros sonoros del ADN del músico. Hace diez años, el guitarrista y cantante José Luis Pardo juntó a un grupo de amigos, todos músicos de primer nivel, para grabar el disco que marcó un punto de inflexión en su vida: su despedida de Buenos Aires y el comienzo de una nueva etapa en Madrid. El repertorio que eligió fue la base de todo el blues que adquirió en los años previos.

Country & City blues es una obra fundamental que nunca debería dejar de escucharse. Como bien resume el título, el disco tiene su lado acústico en el que a Pardo lo acompañan Juan Codazzi en guitarra, Mariano Llopis en contrabajo, Machi Romanelli en piano y, eventualmente, Gustavo Lazo en armónica. En Stones in my passway, de Robert Johnson, y Fishin’ blues, de Henry Thomas, se da un mano a mano de guitarras entre Pardo y Codazzi, y en el primero sobresale una excepcional interpretación de slide. La banda se incorpora en el resto de los temas: Come on in my kitchen, I can’t be satisfied, Walking blues, You can love yourself y Miss Celie’s blues (Sister), una joya de Quincy Jones y Lionel Ritchie que Pardo rescató de la película El Color Púrpura, de Steven Spilberg. En estos temas Pardo logra captar la esencia del blues más puro del Mississippi y lo transmite con mucho sentimiento.

Para la parte eléctrica y más urbana del disco, el guitarrista recurrió a los Mojo Workers, la banda con la que estuvo trabajando antes de partir a España: Romanelli en teclados, Martín “Chipi” Cipolla en bajo y Gonzalo “Mono” Martino en batería. Aquí, Pardo pasa de la crudeza del Robert Nighthawk Stomp a una conmovedora versión de Hard times, de Ray Charles, con el saxo mágico de Giuseppe Puopolo dibujando unas notas coloridas; del shuffle endemoniado de One of these mornings al toque inconfundible de Albert King en I got the blues; Del soul de Memphis de Love and happiness al sonido clásico de Chicago de Got my mojo working. Y de una versión rabiosamente funky de Never make your move to son al blues de Texas de Don’t lose your cool.

En cada uno de los temas, Pardo muestra su exquisita técnica tanto con la acústica como con la eléctrica, su versatilidad a la hora de abordar distintos estilos de un género amplio y dinámico como el blues, y su gran registro vocal.

El disco se grabó en dos agotadoras sesiones en Rec Studio de Buenos Aires los días 3 y 8 de mayo de 2008 y se terminó de mezclar en Madrid en agosto de ese año. Desde que el álbum vio la luz, la carrera de Pardo fue siempre en ascenso, editó media docena de discos más, fundó la Escuela de Blues de Madrid y giró por todo el mundo al frente de su banda o acompañando a músicos consagrados como Kenny “Blues Boss” Wayne, Willie Back, Bob Margolin y Jimmy Burns, entre otros. Por eso, Country & City blues no sólo resumió el pasado de este gran guitarrista, sino que también lo proyectó a las grandes ligas del blues internacional.


lunes, 21 de mayo de 2018

Cinco momentos decisivos del blues de pre-guerra

1 - El encuentro

En algún momento de 1903, W.C. Handy estaba esperando el tren en la estación del pequeño poblado de Tutwiler, Mississippi, cuando escuchó a un vagabundo que cantaba “Goin’ where the southern cross the dog”, en referencia al ferrocarril del Delta conocido popularmente como 'Dog' o ‘Yellow dog’, mientras deslizaba un cuchillo sobre las cuerdas de su rústica guitarra. El sonido de ese hombre negro cautivó a Handy, quien se inspiró en ese encuentro para componer, tiempo después, su clásico Yellow dog blues y otros temas icónicos que lo convertirían en el “Padre del Blues”. En su autobiografía, Handy hace un relato detallado de ese momento, pero no brinda la identidad del músico ni precisa la fecha en que ocurrió ese encuentro. Según el investigador Jim O’Neal, el negro “flaco y ágil” que describe Handy podría ser Henry Sloan, quien es considerado el verdadero pionero del blues y maestro de Charley Patton. Otros historiadores como David Evans y Ted Gioia no descartan que está hipótesis sea correcta.

2 - La primera grabación

El primer blues que se grabó en la historia no surgió del rasgueo crudo de un guitarrista del Mississippi, sino de una cantante negra oriunda de Cincinnati, Ohio. En 1916, el diario afroamericano The Chicago Defender anticipó que los “race records” iban a tener buenas ventas debido a la cantidad de negros que estaban comprando fonógrafos. El 10 de agosto de 1920, la cantante de vaudeville Mamie Smith entró a los estudios de Okeh Records en Nueva York y grabó junto a los Jazz Hounds, bajo la supervisión del ingeniero de sonido Ralph Peer, el tema de Perry Bradford, Crazy blues. El disco de 78 rpm, que en su lado B llevaba el tema It’s right here for you, fue editado en noviembre de ese año y en los primeros seis meses vendió alrededor de un millón de copias, según los registros de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Mamie Smith se convirtió en una verdadera estrella y siguió activa durante toda la década aunque paulatinamente fue perdiendo terreno ante otras cantantes como Ma Rainey y Bessie Smith. A comienzos de la década del cuarenta tuvo un paso por el cine, pero el 16 de agosto de 1946 murió. Como un cruel giro del destino lo hizo sumida en la pobreza y el olvido.

3 - Las legendarias sesiones de Grafton

Uno de los músicos más emblemáticos del Delta del Mississippi, Son House, había pasado un par de años en la prisión de Parchman por matar a un hombre y cuando salió en libertad, a fines de 1929, un tribunal de Clarksdale, lo obligó a marcharse de la ciudad. Son House se fue a Lula, un pequeño poblado en el condado de Cahoma, entre las míticas rutas 49 y 61, donde conoció a Charley Patton. Ese encuentro fortuito lo llevó a dedicarse de lleno a la música y a grabar por primera vez. Por entonces, Patton era una figura importante del blues del Delta y cuando desde la discográfica Paramount le pidieron que recomendara a algún músico para grabar señaló a su nuevo amigo. Fue así como ambos bluesmen, junto con el legendario Willlie Brown y la pianista Louise Johnson, con quien Patton mantenía un affaire, viajaron más de mil kilómetros hacia el norte hasta Grafton, Wisconsin, donde estaba la fábrica de Paramount. El 28 de mayo de 1930, Son House grabó versiones extensas de Preachin’ the blues, My black mama y Dry spell blues, que la discográfica tuvo que editar en dos partes cada una. Willie Brown registró sus únicas dos canciones como solista, Future blues y M&O blues, Patton sumó más temas a sus registros (que habían comenzado un año antes) como Some summer day y Bird nest ground, y Louise Johnson dejó su sello en cuatro únicas canciones. Debido al crack financiero del año anterior y a los problemas que atravesaba Paramount, las ventas de esos discos de 78rpm fueron un fracaso comercial en su momento, pero con el tiempo se convirtieron en una de las obras más significativas del blues del Delta de preguerra.

4 - Las 29 melodías

Robert Johnson es el protagonista de la leyenda más famosa de la historia del blues, la del pacto con el Diablo en una encrucijada de caminos. Pero ese es un hecho incomprobable, un cuento fantástico que alimentó el mito del bluesman más famoso de la era de pre-guerra. Lo que sí es un hecho corroborado e irrefutable es que Johnson participó de dos sesiones de grabación. La primera se llevó a cabo los días 23, 26 y 27 de noviembre de 1936 en el Hotel Gunter de la ciudad de San Antonio. Allí, bajo la supervisión del productor inglés Don Law, grabó algunas de sus piezas más famosas: Sweet home Chicago, Dust my broom, Ramblin’ on my mind y Come on in my kitchen para la American Record Corporation. Meses después, el 19 y 20 de junio de 1937, Johnson volvió a Texas y en un edificio de almacenes ubicado en el 508 Park Avenue, en la ciudad de Dallas, grabó otros temas como Stones in my passway y Malted milk, y así completó las 29 melodías que se volvieron piezas fundamentales del cancionero tradicional del blues. Un año más tarde, el 16 de agosto de 1938, Johnson murió en circunstancias confusas en Greenwood, Mississippi.

5 - Guitarra eléctrica

No es fácil determinar quién fue el primero en grabar con guitarra eléctrica en la historia de la música contemporánea. Lo que sí está claro es que la electrificación tuvo como objeto principal que los músicos y bandas pudieran tocar ante una mayor cantidad de público. Según varios registros históricos, el primero en hacerlo fue el guitarrista de jazz Eddie Durham en 1935, durante unas sesiones para el sello Decca. La prueba de ello es el tema Hittin’ the bottle. Durham, que había creado su propio amplificador, fue el mentor de otros dos grandes guitarristas que se lucieron en aquellos años como guitarristas eléctricos: Charlie Christian (en la orquesta de Benny Goodman) y Floyd Smith. En el terreno del blues suele mencionarse a T-Bone Walker y Muddy Waters como los pioneros de la utilización de la guitarra eléctrica, uno en la Costa Oeste y el otro en Chicago. Pero ambos empezaron a hacerlo recién en la década del cuarenta. Todo indica que el primer solo de blues con una eléctrica lo registró ¡un músico blanco! George Barnes, quien con el tiempo se volvería un reconocido músico de jazz, hizo historia con apenas 16 años como guitarrista de Big Bill Broonzy en el tema It’s a low down dirty shame, grabado el 1º de marzo de 1938, en Chicago. De esa mítica sesión participaron el pianista Joshua Altheimer y probablemente el saxofonista Bill Osborn y el contrabajista Oliver Hudson. Y fue como se enchufó el blues.

martes, 15 de mayo de 2018

Dinastías

Lurrie Bell & The Bell Dynasty - Tribute To Carey Bell - En 1977, Delmark Records grabó por primera a Lurrie Bell acompañando a la banda de su padre en el disco Heartaches and pain. Trece años más tarde, el sello inglés JSP registró una sesión bien cruda en la que el legendario Carey Bell se mostraba no sólo junto a Lurrie, como en otros discos de Delmark, sino también acompañado por sus otros hijos. El álbum, llamado Dinasty, ponía de relieve un legado musical inalterable y un sonido 100% blues de Chicago. Ahora, Delmark cierra el círculo y reúne a los hijos del armoniquista para honrar la memoria de su padre. Tribute to Carey Bell no tiene grandes sorpresas ni busca innovar. Se trata de un disco intenso y apasionado en el que Lurrie Bell se erige como líder indiscutido del clan, con su voz rasposa y voraz y unos solos de guitarra lacerantes. Sus hermanos Tyson en bajo, James en batería y Steve en armónica lo siguen a puro ritmo y con mucha convicción. La banda se refuerza con Eddie Taylor Jr. en guitarra rítmica y el tecladista Sumito Ariyoshi. El disco cuenta con dos grandes invitados en armónica, dos maestros que están a la altura de la historia de Carey Bell: Billy Branch, un viejo compañero de ruta de Lurrie, y Charlie Musselwhite, un veterano de mil batallas bluseras. El repertorio incluye mayoría de temas que solía interpretar Carey Bell, algunos junto a Lurrie, y unas pocas nuevas composiciones como Carey Bell was a friend of mine. Las doce canciones resumen la tradición familiar, el espíritu del blues de Chicago y una apuesta al futuro manteniendo la esencia y el mensaje que su padre les legó.

Mud Morganfield - They call me Mud. El hijo de Muddy Waters sigue su carrera ascendente en el mundo del blues. Su nuevo álbum -editado por Severn Records- tiene un sonido más moderno que los anteriores con el que Mud parece querer desprenderse un poco del influjo de su padre. Si bien en líneas generales mantiene el sonido de Chicago, por momentos se anima a coquetear con otros estilos. La banda que lo acompaña está integrada por músicos con mucho prestigio como Billy Flyn (guitarra), Studebaker John (armónica), E.G McDanields (bajo) y Melvin “Pookie Stix” Carlisle (batería). Como en el disco de los Bell, aquí también toca el tecladista Sumito Ariyoshi y colabora el gran Billy Branch, que vuela con su armónica en Mud’s Groove. Además, hace su debut la hija de Mud -y nieta de Muddy, claro- Lashunda Williams, quien canta a dúo con su padre Who loves you. “Creo que es el mejor disco que grabé. Siento que con la variedad de material la gente va a conocer otro lado de mi música: soul, R&B, jazz y, por supuesto, blues”, dijo Mud en una entrevista a Blues Magazine. Otra de las novedades que tiene el álbum es que Mud toca el bajo en tres temas. El cambio estilístico es importante, pero no es total. La herencia de su padre también está presente, en temas con la impronta del south side de Chicago como Howling Wolf, con el slide punsante de Flynn y Can’t get no grindin’, donde sobresale el piano barrelhouse de Sumito. Mud Morganfield demuestra con este disco que, pese a su edad, 64 años, es un artista en constante crecimiento, que todavía tiene mucho más para dar y despeja las acusaciones de aquellos que dicen que es un mero imitador de su padre.

sábado, 5 de mayo de 2018

El sonido de la vieja escuela

Como Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Big Jon Atkinson tiene dos caras. Por un lado, es un tipo conflictivo que tuvo muchos problemas con la ley. Por el otro, es uno de los músicos de la nueva generación que mejor entiende la vieja de la escuela del blues. Desde su casa de Hayward, California, donde montó su estudio Bigtone, contribuye a que ese sonido análogo se mantenga vivo. En los últimos meses, se grabaron allí dos discos exquisitos que no deberíamos pasar por alto.

Kid Ramos - Old school. El ex guitarrista de los Fabulous Thunderbirds acaba de lanzar un nuevo álbum después de 17 años, período en el que, mientras estuvo bien de salud, siguió tocando en bares y festivales. Venció al cáncer y crió dos hijos, uno de ellos acaba de cumplir 17 años y participó en el disco. El álbum, que fue grabado en vivo en dos días con microfónos vintage y supervisado por Atkinson, tiene un repertorio que incluye temas propios, otros escritos por Ramos junto a Johnny Tucker y algunos covers. La banda que lo acompaña está conformada por Bob Welsh en teclados, Danny Michel en guitarra, Kedar Roy en bajo y Marty Dodson en batería. Johnny Ramos, de 17 años, canta con mucha soltura, pero con una voz que todavía no terminó de desarrollarse, All your love de Magic Sam y Anna de Arthur Alexander. Tucker le pone la voz a otros cuatro temas y Kim Wilson aporta la suya en la fabulosa High society de T-Bone Walker. Atkinson también canta en Weight on my shoulders y hasta Kid Ramos se anima en Mona Lisa. Pero lo que más se destaca en cada uno de los temas es la creatividad de Ramos con los solos. Sutil y apasionado. Versátil y majestuoso, es un verdadero as de las seis cuerdas tanto cuando encara un blues profundo como I can’t wait baby o cuando se deja llevar por la improvisación del jazz en Wes side, de Wes Montgomery.

Johnny Tucker - Seven day blues. Johnny Tucker se instaló en Los Ángeles en 1964 y desde entonces desarrolló una importante carrera musica en ese área de influencia, como baterista, cantante y compositor, aunque sin mucho reconocimiento más que el de sus pares. Tocó con Phillip Walker, Floyd Dixon, Johnny Otis, James Thomas, Johnny Copeland y Robert Cray hasta que, en 2006, decidió largar su carrera solista con la edición del disco Why you lookin’ at me? Ahora, doce años después, acaba de sacar su segundo álbum, que grabó en Bigtone y acompañado por músicos que son del círculo de Big Jon Atkinson. El voluminoso guitarrista integra la banda que completan Scott Smart en bajo, Troy Sandow en armónica y bajo, y Malachi Johnson y Marty Dodson alternan en batería. Kid Ramos hace una aparición estelar en Tell you all, Bob Corritore suma su armónica en cinco de las 15 canciones y Bob Welch aporta su calidad desde los teclados en Love and appreciation (To Georgia), en la que Tucker muestra que también es un extraordinario cantante de soul. El álbum es una buena muestra de toda la capacidad, la personalidad y experiencia de este cantante que eligió volver al ruedo con un puñado de jóvenes músicos que aspiran a seguir adelante con la música tocando como se hacía antes: todos juntos en un estudio, en vivo, sin overdubs, con equipos antiguos y mucha pasión.

El blues de la vieja escuela en todo su esplendor.