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miércoles, 23 de septiembre de 2026

John Coltrane, cien años del hombre que expandió los límites del jazz

A cien años del nacimiento de John Coltrane, su música conserva la fuerza exploratoria que lo convirtió en una de las figuras centrales del jazz del siglo XX. Saxofonista de técnica deslumbrante, compositor y líder de algunos de los grupos fundamentales de su tiempo, en apenas una década al frente de sus propias formaciones recorrió el hard bop, la improvisación modal y el free jazz, en una búsqueda que terminó por unir experimentación musical y espiritualidad. Murió en 1967, a los 40 años, cuando su obra todavía avanzaba hacia nuevos territorios.

Coltrane nació el 23 de septiembre de 1926 y creció en High Point, Carolina del Norte. La música apareció temprano en su vida: en 1939 ingresó a una banda comunitaria, donde tocó clarinete y corno alto, y luego adoptó el saxo alto en la escuela secundaria. Tras graduarse, en 1943 se instaló en Filadelfia, ciudad en la que profundizó su formación y comenzó a tocar en clubes. En 1945 fue reclutado por la Marina y destinado a Hawái. Allí realizó, el 13 de julio de 1946, su primera grabación conocida, una versión de Hot House, de Tadd Dameron.

De regreso en Filadelfia pasó por distintas orquestas y cambió el saxo alto por el tenor, instrumento que quedaría definitivamente asociado a su nombre. Tocó con King Kolax, Jimmy Heath y Dizzy Gillespie, con quien registró en 1951 su primer solo en disco. Los primeros años de la década también estuvieron atravesados por su adicción a la heroína, que afectó su carrera y llegó a costarle su puesto en la banda de Johnny Hodges.

El salto decisivo llegó en 1955, cuando Miles Davis lo incorporó a su quinteto junto con Red Garland, Paul Chambers y “Philly” Joe Jones. Con esa formación participó de una serie de grabaciones esenciales, entre ellas 'Round About Midnight, Cookin', Relaxin', Workin' y Steamin'. La relación con Davis atravesó interrupciones vinculadas con los problemas de adicción de Coltrane, hasta que en 1957 el saxofonista logró abandonar las drogas y comenzó a consolidar su propio camino. Ese año grabó su primer disco como líder, Coltrane, y poco después registró Blue Train. También se incorporó al cuarteto de Thelonious Monk, una experiencia clave para el desarrollo de su lenguaje.

Su forma de tocar se volvió cada vez más intensa y expansiva. El crítico Ira Gitler acuñó en 1958 la expresión “sheets of sound” para describir aquellas ráfagas de notas que Coltrane desplegaba sobre el saxo tenor. En 1959 volvió a dejar una marca junto a Miles Davis en Kind of Blue, álbum construido alrededor de la improvisación modal y convertido en una de las grabaciones más celebradas de la historia de la música.

Ese mismo año grabó Giant Steps, publicado en 1960 y compuesto íntegramente por piezas propias. El disco terminó de afirmar su condición de líder y abrió la etapa de mayor transformación de su música. En abril de 1960 dejó definitivamente el grupo de Davis y formó su propia banda. El piano quedó pronto en manos de McCoy Tyner y la batería pasó a Elvin Jones, mientras Coltrane incorporaba cada vez con mayor frecuencia el saxo soprano.

Con ese instrumento registró en octubre de 1960 My Favorite Things, la canción de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II que convirtió en una de sus piezas emblemáticas. El éxito de la grabación amplió su popularidad y acompañó su llegada a Impulse! Records, sello para el que desarrollaría la etapa más audaz de su carrera. Su música comenzó a ser definida como avant-garde, free o “The New Thing”, con improvisaciones extensas y estructuras cada vez más abiertas. En 1961 grabó Live at the Village Vanguard, donde la interpretación de 16 minutos de Chasin' the Trane condensó esa vocación exploratoria.

Durante los años siguientes amplió todavía más el alcance de su obra. Grabó Ballads, un álbum junto a Duke Ellington y otro con el cantante Johnny Hartman; publicó Impressions, Live at Birdland y Crescent y en 1965 llegó a A Love Supreme, uno de sus trabajos más reconocidos. El álbum integró de manera explícita su búsqueda espiritual con su exploración musical, obtuvo dos nominaciones al Grammy y se convirtió en su disco más vendido. 

Grabado durante dos días de diciembre de 1964 por el cuarteto clásico de Coltrane -con Elvin Jones, McCoy Tyner y Jimmy Garrison- A Love Supreme reunió sus innovaciones musicales con la profunda espiritualidad que marcaba su vida. La obra está dividida en cuatro partes -Acknowledgement, Resolution, Pursuance y Psalm- que trazan un recorrido desde el despertar espiritual hasta la iluminación. En apenas 33 minutos, Coltrane convirtió esa experiencia en una música intensa, emotiva y por momentos cercana a la plegaria.

También en 1965 apareció Ascension, otra muestra del rumbo cada vez más libre que había adoptado su música. Un año más tarde se editaron Kulu Se Mama y Meditations, sus últimas grabaciones publicadas durante su vida. Coltrane alcanzó a terminar y aprobar Expression apenas días antes de morir de cáncer de hígado, en julio de 1967. Tenía 40 años y había transcurrido apenas una década desde la aparición de su primer LP como líder. 

Su catálogo siguió creciendo mucho después de su muerte. Grabaciones en vivo, sesiones perdidas y material de archivo volvieron periódicamente a colocar su nombre en circulación: recibió un Grammy en 1981 por Bye Bye Blackbird y el premio a la trayectoria de la Academia en 1992. Décadas más tarde aparecieron registros como Both Directions at Once: The Lost Album, procedente de una sesión de 1963, y Blue World, grabado en 1964 entre las sesiones de Crescent y A Love Supreme.

El centenario encuentra así a Coltrane con una obra que todavía funciona como referencia para generaciones de músicos. Su legado reposa en sus discos y también en una concepción de la creación basada en la experimentación, el riesgo y una dedicación permanente al oficio. Su recorrido, desde las primeras bandas hasta los límites del free jazz, quedó condensado en poco más de dos décadas de actividad profesional que alcanzó para modificar el vocabulario del jazz.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Aerosmith antes de ser Aerosmith: las cintas que revelan el nacimiento de una leyenda


Mucho antes de los estadios, los millones de discos vendidos, los videos de MTV y las canciones que convertirían a Aerosmith en una de las bandas más populares del rock estadounidense, hubo una época en la que Steven Tyler, Joe Perry, Tom Hamilton, Joey Kramer y Brad Whitford eran apenas un grupo de jóvenes músicos tratando de encontrar su sonido. De ese momento casi doméstico, todavía sin contratos ni fama, quedaron unas cintas que durante décadas permanecieron olvidadas y que recién en 2022 fueron editadas bajo el título 1971: The Road Starts Hear.

Escucharlas hoy supone retroceder 55 años y entrar en una sala de ensayo de Boston donde Aerosmith todavía no era Aerosmith en el sentido que la historia le daría después a ese nombre. La banda se había formado alrededor de 1970, a partir del encuentro entre Tyler, Perry y Hamilton, con Joey Kramer en batería y, poco después, Brad Whitford ocupando el lugar de Ray Tabano como guitarrista. En esos primeros tiempos, el grupo funcionaba como una banda de bares, alimentada por el blues, el rock británico y la necesidad de tocar cada vez más fuerte y mejor.

Ese es precisamente el valor de The Road Starts Hear: documenta a una banda que todavía está tratando de convertirse en aquello que finalmente será. Las grabaciones fueron realizadas en octubre de 1971 con una grabadora Wollensak perteneciente a Joe Perry, durante ensayos en Boston. Mark Lehman, dueño de la camioneta que utilizaba la banda y uno de sus primeros roadies, estuvo detrás de esas tomas. La cinta terminó archivada durante décadas hasta ser recuperada de los llamados Vindaloo Vaults de Aerosmith.

El documento contiene siete canciones: Somebody, Reefer Head Woman, Walkin’ the Dog, Movin’ Out, Major Barbara, Dream On y Mama Kin. Varias de ellas terminarían formando parte del repertorio que Aerosmith llevaría al estudio para su primer álbum, publicado en 1973. 

Dream On, que sería uno de los grandes clásicos de Aerosmith, aparece aquí en un estado todavía embrionario, con otra versión de la segunda estrofa, mayor presencia del piano y un final que sería descartado para la grabación definitiva. La voz de Tyler también suena diferente: más cruda, menos controlada, lejos todavía del cantante que pocos años después desarrollaría una de las personalidades más reconocibles del hard rock.

Mama Kin permite escuchar otro proceso de transformación. El riff que luego se volvería inmediatamente reconocible aparece aquí ejecutado con una guitarra más limpia y con una impronta mucho más cercana al blues de los años 60. En Walkin’ the Dog, el clásico de Rufus Thomas que también versionaron en sus comienzos los Rolling Stones, la banda se mueve con una soltura casi de jam, mientras Reefer Head Woman exhibe con especial claridad el vínculo de Tyler y Perry con el blues. Esa canción sería grabada nuevamente en 1979 para Night in the Ruts. Major Barbara, por su parte, permanecería durante años fuera del repertorio de estudio y recién aparecería oficialmente en 1986, en Classics Live.

El sonido está lejos de ser perfecto. La grabación es turbia, irregular y por momentos desprolija. Pero justamente allí reside buena parte de su interés. No hay todavía una producción que acomode las guitarras, corrija los errores o transforme a Tyler en el showman que llegará después. Lo que aparece es una banda de blues-rock pesada, con influencias que van desde el blues estadounidense hasta Jeff Beck, The Yardbirds y Led Zeppelin. La revista Rolling Stone definió esas canciones como una suerte de “fósil” de Aerosmith.

La edición de 2022 comenzó como un lanzamiento limitado para el Record Store Day de 2021, en cassette y vinilo, y luego llegó al CD, al formato digital y nuevamente al vinilo. Aquella primera edición se agotó rápidamente y llegó incluso a las listas de Billboard, una respuesta significativa para un registro que llevaba medio siglo guardado y que, en términos estrictos, no era un nuevo álbum de la banda.

Más de medio siglo después, esas voces y esos instrumentos funcionan como una cápsula del tiempo. El debut de 1973 marcaría el comienzo discográfico de Aerosmith, pero estas cintas permiten retroceder todavía un paso más: hasta el momento en que la historia todavía no había comenzado oficialmente y la banda simplemente ensayaba, tocaba, se equivocaba y volvía a empezar. En ese sonido imperfecto, áspero y todavía en construcción aparece, quizás, la versión más genuina de Aerosmith: la de una banda que todavía no sabía que estaba a punto de convertirse en leyenda.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Cassandra Wilson, una voz que llevó el jazz más allá de sus fronteras


Cassandra Wilson, una de las voces más singulares y reconocidas del jazz estadounidense de las últimas décadas, murió el miércoles a los 70 años en su ciudad natal de Jackson, Mississippi, rodeada por familiares y amigos. La noticia fue comunicada por su representante de toda la vida, Robert Torre, quien la definió como una “artista de jazz legendaria”. No se informó la causa del fallecimiento y la familia pidió privacidad.

Cantante, compositora y productora, Wilson construyó una trayectoria de más de tres décadas a partir de una voz de contralto grave, expresiva y de enorme flexibilidad, pero también de una particular manera de entender el jazz: como un territorio abierto a fusionarse con el blues, el folk, el pop, el country y el rock.

Nacida en 1955 en Jackson, creció en una familia vinculada con la música y la educación. Su padre era profesor de música y contrabajista de jazz, mientras que su madre era maestra de escuela primaria. Comenzó a estudiar piano a los seis años y a los 12 incorporó la guitarra. Durante la adolescencia escribió sus primeras canciones, de orientación folk, tocó el clarinete y participó en distintas producciones teatrales.

Después de estudiar en Millsaps College y Jackson State University, donde se graduó en Comunicación, continuó desarrollándose como cantante en bandas locales, cafés y escenarios de su ciudad. En 1981, un trabajo en la televisión la llevó a Nueva Orleans, donde entró en contacto con figuras fundamentales del jazz de esa ciudad, entre ellas Ellis Marsalis, Earl Turbinton y Alvin Batiste.

Ese período resultó decisivo. Poco después se trasladó a Nueva York y se vinculó con el saxofonista Steve Coleman, convirtiéndose en una de las voces principales del M-Base Collective, un movimiento que buscaba renovar el lenguaje del jazz a partir de estructuras rítmicas y armónicas alejadas de las convenciones tradicionales.

Como solista debutó en 1986 con Point of View, un disco en el que ya aparecía acompañada por Coleman y otros músicos vinculados con aquella escena. Fue a comienzos de los noventa cuando encontró una identidad artística que la distinguiría definitivamente.

Con Blue Light 'Til Dawn (1993) se alejó de los formatos más convencionales del jazz vocal para abordar un repertorio acústico y marcado por el blues. Allí convivían composiciones propias con canciones de Robert Johnson, Van Morrison y Joni Mitchell. Dos años después llegó New Moon Daughter, una obra que le valió su primer Grammy, en 1997, al mejor álbum de interpretación vocal de jazz.

Su capacidad para transformar materiales ajenos se convirtió desde entonces en una de sus principales características. Wilson podía acercarse a los estándares clásicos con la misma naturalidad con la que reinterpretaba canciones de los Beatles, Hank Williams o Joni Mitchell. También exploró la obra de Miles Davis en Traveling Miles (1999) y participó en proyectos de colegas como Dave Holland, Bill Frisell y Wynton Marsalis.

Su colaboración con Marsalis tuvo además una dimensión especialmente significativa: Wilson participó en Blood on the Fields, la monumental obra que obtuvo el Pulitzer de Música en 1997.

Durante los años siguientes mantuvo esa vocación exploratoria. Belly of the Sun (2002) volvió a combinar composiciones propias con piezas de Robbie Robertson, Jimmy Webb y Antonio Carlos Jobim; Glamoured (2003) reforzó su faceta como compositora; y Thunderbird (2006) incorporó elementos del hip-hop y el sampling.

En 2008, con Loverly, regresó al repertorio de estándares y obtuvo su segundo Grammy, esta vez por mejor álbum de jazz vocal. Después llegaron Silver Pony (2010), Another Country (2012) y Coming Forth by Day (2015), un homenaje a Billie Holiday producido por Nick Launay, conocido por su trabajo con artistas del rock.

Reconocida también con un Django d'Or, un Edison Music Award y una distinción en el Mississippi Blues Trail, Cassandra Wilson dejó una obra difícil de encasillar. Su legado no se limita a la tradición del jazz vocal: fue, sobre todo, el de una artista que entendió la interpretación como una forma de reinvención permanente.

sábado, 25 de julio de 2026

Buddy Guy cumple 90 y el blues celebra a su último gran patriarca


Cuando Buddy Guy llegue a los 90 años el próximo 30 de julio, el blues celebrará mucho más que el cumpleaños de uno de sus guitarristas más influyentes: festejará la vigencia del último gran puente vivo entre la era dorada del género y el presente. A casi siete décadas de haber llegado a Chicago con una guitarra, un pasaje de ida y el sueño de tocar junto a sus ídolos, el músico estadounidense atraviesa un nuevo momento de popularidad impulsado por la película Sinners, administra personalmente su mítico club Buddy Guy's Legends y sigue su recorrida por los escenarios acompañado por invitados de lujo.

Lejos de pensar en el retiro, Buddy Guy convirtió su aniversario número 90 en una celebración itinerante. Aunque en 2023 anunció la gira Damn Right Farewell Tour, el supuesto adiós terminó extendiéndose por la enorme demanda del público. Los conciertos de este año mantienen intacta la energía de un artista que sigue sorprendiendo con una presencia escénica que desafía su edad y reúne a varias generaciones de fanáticos.

Su renovada exposición tiene mucho que ver con Sinners, la exitosa película de Ryan Coogler que combina blues y horror sobrenatural. Allí interpreta la versión anciana de Sammie Moore, un personaje cuya historia funciona como homenaje a las raíces del blues. El filme lo presentó ante un público mucho más joven, que comenzó a descubrir su figura tanto por la actuación como por una carrera que marcó profundamente la historia de la guitarra eléctrica. El propio Guy reconoce con humor que ahora, incluso en el supermercado, muchos lo saludan como "el hombre de Sinners".

Ese renovado interés coincidió con la aparición de Ain't Done with the Blues, su vigésimo álbum de estudio, un trabajo que reafirma un mensaje claro desde el propio título: todavía no terminó con el blues. El disco suma colaboraciones de figuras como Joe Walsh, Joe Bonamassa y Peter Frampton, una continuidad de una costumbre que en las últimas décadas también reunió junto a él a Mick Jagger, Keith Richards, Jeff Beck, Eric Clapton, Mark Knopfler, James Taylor y Mavis Staples, entre muchos otros.

Una vida dedicada al blues

Nacido como George Guy el 30 de julio de 1936 en Lettsworth, Luisiana, creció en una familia de campesinos que cultivaba algodón. Sus primeras notas salieron de una guitarra casera construida con alambre y latas antes de pasar a un instrumento acústico. Inspirado por T-Bone Walker, B.B. King, Lightnin' Hopkins y Guitar Slim, en 1957 tomó un tren hacia Chicago decidido a abrirse camino en la ciudad donde el blues había encontrado una nueva identidad.

Su irrupción no fue sencilla. Tras grabar para Cobra Records llegó a Chess Records, la discográfica de Muddy Waters y Howlin' Wolf, donde registró clásicos como First Time I Met the Blues y trabajó como sesionista para buena parte de las grandes figuras del sello. Sin embargo, la compañía nunca terminó de comprender el sonido explosivo y la expresividad de una guitarra que anticipaba buena parte del rock que vendría después. Durante años fue más admirado por sus colegas que por la industria, mientras músicos como Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jeff Beck o Stevie Ray Vaughan lo señalaban públicamente como una influencia decisiva.

La consagración comercial recién llegó en 1991 con Damn Right, I've Got the Blues, un álbum que ganó un Grammy y lo transformó definitivamente en una figura internacional. Desde entonces acumuló ocho premios Grammy, ingresó al Salón de la Fama del Rock & Roll, recibió la Medalla Nacional de las Artes, fue distinguido por el Kennedy Center y hasta compartió escenario con el entonces presidente Barack Obama durante una histórica interpretación de Sweet Home Chicago en la Casa Blanca.

Cuando no está de gira, su vida pasa por el Buddy Guy's Legends, el club que abrió en Chicago en 1989 y que continúa administrando personalmente. Allí suele ocupar una banqueta al final de la barra observando cada detalle del funcionamiento del local, firmando discos, saludando a los visitantes y, muchas veces sin previo aviso, subiéndose al escenario para tocar junto a la banda residente. Para muchos turistas, entrar al Legends significa también la posibilidad de encontrarse cara a cara con una leyenda viviente.

Las celebraciones por su cumpleaños suelen convertir el club en una verdadera peregrinación de seguidores. En su cumpleaños 89, rodeado por hijos y nietos, Guy recibió una torta de cumpleaños antes de volver a hacer lo que mejor sabe: tomar la guitarra, mezclarse entre el público y extender durante horas una actuación que parecía desafiar cualquier límite físico. "Soy el último viejo que todavía camina y toca blues", dijo en una entrevista a la Rolling Stone repetir, recordando la promesa que les hizo a Muddy Waters y Howlin' Wolf de mantener vivo el género.

Ahora con casi 90 años, Buddy Guy continúa honrando esa promesa. Mientras nuevas generaciones llegan hasta él gracias al cine y artistas contemporáneos como Christone "Kingfish" Ingram lo reconocen como el gran referente del blues moderno, el guitarrista sigue demostrando que su legado no pertenece únicamente al pasado. Todavía se escribe en presente, escenario tras escenario, con la misma intensidad que lo convirtió en una de las figuras más influyentes de la música popular del último siglo.

Buddy Guy se prepara para dar más de 20 shows en Estados Unidos de aquí al 1° de octubre cuando lo espera una gran celebración en el Radio City Music Hall de Nueva York en la que contará con la presencia de Eric Clapton, John Mayer, Robert Cray, Joe Bonamassa, Gary Clark Jr., Jimmie Vaughan, Steve Jordan, Billy Gibbons, Eric Gales y muchos más.

Buddy Guy en Argentina

El célebre guitarrista estuvo tres veces en la Argentina. La primera vez fue en noviembre de 1993. Se presentó en el Teatro Gran Rex acompañado por Scott Holt en guitarra, Greg Rzab en bajo y Ray "Killer" Allison en batería. El ex Manal Javier Martínez hizo las veces de telonero. Volvió al mismo escenario dos años más tarde, en diciembre de 1995, con dos shows explosivos que tuvieron en la previa al guitarrista Miguel Vilanova, conocido por entonces como Botafogo, abriendo el show. La última vez fue bastante tiempo después, en mayo de 2012, pero la locación no varió y se mantuvo en la sala de la Avenida Corrientes.

Además, fue uno de los artistas presentes en el escenario del mítico Madison Square Garden de Nueva York, aquella noche del 10 de agosto de 1993 cuando B.B. King invitó a tocar a Pappo, un momento histórico para el blues argentino.

martes, 23 de junio de 2026

Clive Davis, el abogado que cambió para siempre la industria de la música


La muerte de Clive Davis, ocurrida el lunes a los 94 años, puso fin a una de las carreras más influyentes en la historia de la industria musical. Durante más de seis décadas, el ejecutivo estadounidense fue el hombre detrás del despegue o la consolidación de artistas como Bob Dylan, Janis Joplin, Santana, Bruce Springsteen, Barry Manilow, Whitney Houston, Patti Smith, Alicia Keys, Paul Simon, Aretha Franklin y Kelly Clarkson, entre muchos otros.

Graduado en Derecho por la Universidad de Harvard, Davis nunca imaginó que su destino estaría en la música. En 1960 ingresó a Columbia Records como abogado especializado en contratos. Una de sus primeras tareas consistió en renegociar el contrato de Bob Dylan, cuya validez había expirado al cumplir el cantante la mayoría de edad. La habilidad con la que resolvió aquella negociación llamó la atención de la dirección de la compañía y marcó el comienzo de un ascenso meteórico.

Tras ocupar distintos cargos ejecutivos, en 1967 fue nombrado presidente de Columbia Records. Su llegada coincidió con la explosión del rock y, a diferencia de muchos ejecutivos de la vieja guardia, comprendió rápidamente que el futuro de la industria estaba cambiando. Una visita al Festival de Monterey ese mismo año fue decisiva: allí descubrió el potencial de Big Brother & the Holding Company, la banda de Janis Joplin, y poco después incorporó a Santana y Electric Flag. Más adelante llegarían Chicago, Billy Joel y Bruce Springsteen, entre otros nombres fundamentales del catálogo de la compañía.

Su carrera sufrió un duro golpe en 1973, cuando fue despedido de CBS tras una investigación por irregularidades financieras que derivó en una declaración de culpabilidad por evasión fiscal. Lejos de desaparecer, Davis convirtió el escándalo en una oportunidad para comenzar de nuevo.

Al frente de una nueva compañía, rebautizada como Arista Records, construyó otro imperio discográfico. El sello ganó prestigio con el lanzamiento de Horses, el álbum debut de Patti Smith, y posteriormente sumó a artistas como Grateful Dead. Durante las décadas de 1980 y 1990 su legendario "oído de oro" volvió a demostrar su eficacia con incorporaciones como Whitney Houston, Kenny G y Sarah McLachlan.

También impulsó el crecimiento de la música country con la creación de Arista Nashville, que reunió a figuras como Alan Jackson, Brooks & Dunn y Diamond Rio. Aunque reconocía que el rap no era un género que comprendiera del todo, supo rodearse de quienes sí lo hacían. Se asoció con L.A. Reid y Babyface para crear LaFace Records, sello que lanzó al estrellato a TLC, Toni Braxton, OutKast, Monica y P!nk. Poco después cerró un acuerdo con Sean "Puffy" Combs para desarrollar Bad Boy Records, hogar de artistas como The Notorious B.I.G., Faith Evans, Mase y 112.

En 1999 volvió a demostrar su capacidad para detectar oportunidades al fichar nuevamente a Santana. El álbum Supernatural se convirtió en un fenómeno mundial, ganó nueve premios Grammy y vendió más de 26 millones de copias.

A comienzos de la década de 2000 fue desplazado de la presidencia de Arista, pero una vez más respondió creando un nuevo sello, J Records, financiado por BMG. En muy poco tiempo incorporó a Alicia Keys, Luther Vandross, Busta Rhymes y Rod Stewart. En 2003 regresó al mando de Arista al ser designado presidente y director ejecutivo de RCA Music Group. Tras la fusión entre BMG y Sony, asumió como director creativo de Sony BMG y posteriormente de Sony Music.

Además de su trabajo como ejecutivo, Davis recibió cinco premios Grammy como productor gracias a álbumes como Supernatural de Santana, Breakaway de Kelly Clarkson y el debut homónimo de Jennifer Hudson. En 1997 obtuvo una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y en 2000 ingresó al Salón de la Fama del Rock and Roll. Tres años más tarde, publicó sus memorias, The Soundtrack of My Life, y cuatro años después su trayectoria fue retratada en el documental Clive Davis: The Soundtrack of Our Lives.

Respetado por su intuición para descubrir artistas y también cuestionado por su fuerte personalidad y algunas controversias empresariales, Clive Davis dejó una huella difícil de igualar. Pocos ejecutivos tuvieron una influencia tan decisiva sobre el sonido de la música popular de la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI.

domingo, 1 de marzo de 2026

John Hammond Jr., una vida dedicada al blues


El guitarrista y cantante estadounidense John Hammond Jr., una de las figuras centrales del revival del blues de los años sesenta y un nexo entre los clásicos del Delta y el público contemporáneo durante décadas, murió este sábado 28 de febrero a los 83 años, según confirmaron allegados a su entorno.

Nacido el 13 de noviembre de 1942 en Nueva York, Hammond fue hijo del legendario cazatalentos de Columbia Records, John Hammond Sr., aunque no creció junto a él tras la separación de sus padres. Su educación sentimental, más que doméstica, fue musical: descubrió la guitarra en la secundaria y quedó fascinado con la técnica del slide. Ver a Jimmy Reed en el Apollo Theater marcó un punto de no retorno.

En plena efervescencia del folk revival estadounidense, a comienzos de los años sesenta, Hammond abandonó una beca en Antioch College para dedicarse de lleno al blues. En 1962 ya era una presencia habitual del circuito de cafés y festivales de la Costa Este, donde interpretaba repertorio de maestros como Mississippi John Hurt, Rev. Gary Davis y Skip James, figuras redescubiertas por aquella primera gran “renovación” del género. Con apenas 20 años había sido entrevistado por The New York Times y ya era considerado un número artístico importante.

Su padre fue quien fichó a Bob Dylan para Columbia Records a comienzos de los sesenta, aunque siempre se dijo que fue él quien le recomendó al joven cantautor de Minnesota. Durante esos años, ambos músicos compartieron la escena folk neoyorquina.

Algunos críticos lo describieron como un “Robert Johnson blanco”, comparación que él nunca buscó pero que ilustra su intensidad interpretativa. Hammond construyó una identidad propia: solo en escena, guitarra acústica, armónica sujeta al cuello, voz áspera y expresiva, y una presencia sobria que devolvía a la vida canciones de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Sin embargo, también supo liderar formaciones eléctricas con solvencia y energía.

En 1966, cuando vivía en el Village neoyorquino, fue testigo de la llegada de un joven guitarrista llamado Jimi Hendrix en busca de oportunidades. Hammond lo ayudó a conseguir actuaciones en el Cafe Au Go Go. Allí sería descubierto por Chas Chandler, quien lo llevaría a Inglaterra y lo catapultaría a la fama. “La siguiente vez que lo vi, un año después, ya era una estrella en Europa”, recordaría Hammond décadas más tarde.

A lo largo de los años sesenta y setenta grabó y tocó con músicos como Robbie Robertson, Duane Allman, Dr. John, Charlie Musselwhite, Michael Bloomfield y David Bromberg, ampliando su paleta sonora sin abandonar la raíz.

Su discografía, que supera las dos docenas de álbumes, incluye registros fundamentales como I Can Tell —grabado con Bill Wyman—, Southern Fried (1968), Source Point (1970) y la serie de trabajos para Point Blank/Virgin en los años noventa, entre ellos Got Love If You Want It, Trouble No More —producido por J.J. Cale— y Found True Love. Ya en el nuevo milenio publicó discos como Wicked Grin, en el que versionó temas de su amigo Tom Waits,  Ready for Love (2002), producido por David Hidalgo, In Your Arms Again (2005), Push Comes to Shove (2007), el crudo Rough & Tough (2009) y el directo solista Timeless (2014).

Hammond nunca se presentó como compositor. Su misión fue otra: custodiar y revitalizar el cancionero clásico del blues. Con cada interpretación, invitaba al público a retroceder en el tiempo y descubrir a los autores originales. Esa tarea —más curatorial que autoral, pero no menos creativa— le valió el respeto de colegas y críticos.

Estuvo dos veces en la Argentina. La primera se presento como telonero del legendario Albert Collins en el Teatro Gran Rex, en los noventa, y la segunda fue con show propio en en el ND Ateneo en 2005.

Radicado en el norte de Nueva Jersey, continuó girando por Estados Unidos, Canadá y Europa hasta avanzada edad. En escena, ya fuera solo o con banda, conservaba la intensidad de sus comienzos. Su muerte cierra un capítulo esencial del blues moderno: el de un intérprete que entendió que la tradición no es un museo, sino un fuego que se mantiene encendido al pasarlo de mano en mano.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Steve Cropper, arquitecto del sonido Stax y guitarrista emblemático de los Blues Brothers


El guitarrista y productor estadounidense Steve Cropper, uno de los nombres más influyentes en la historia del soul y pieza decisiva del sonido Stax, murió a los 84 años, según confirmó su hijo Cameron. Músico de referencia mundial, creador de riffs inmortales, miembro clave de los Blues Brothers y protagonista de más de seis décadas de grabaciones históricas, Cropper dejó una huella imborrable en la música popular del siglo XX.

Nacido en Dora, Missouri, y criado desde niño en Memphis, Cropper descubrió allí el poder del gospel y, a los 14 años, comenzó un camino autodidacta que lo llevó a convertirse en el guitarrista soul más reconocido del mundo. Tras sus primeras experiencias con los Royal Spades, formó parte de la mutación que dio origen a los Mar-Keys, cuyo éxito Last Night de 1961 abrió las puertas del sello Satellite, que luego se transformaría en Stax Records.

En 1962, junto a Booker T. Jones, Al Jackson Jr. y Lewis Steinberg (más tarde reemplazado por Donald “Duck” Dunn), fundó Booker T. & the MG’s, la legendaria banda estable de Stax. Allí nació Green Onions, uno de los instrumentales más celebrados de todos los tiempos y emblema del soul sureño. Su estilo —cálido, preciso, económico, siempre al servicio de la canción— se convirtió en marca registrada. Entre estudio y escenarios, Cropper también asumió tareas de A&R y producción en Stax, convirtiéndose en una figura clave en la definición estética del sello.

Entre 1965 y 1969 vivió su etapa más prolífica: produjo más de un centenar de singles, tocó en decenas de álbumes y coescribió clásicos absolutos como In the Midnight Hour, Just One More Day, Comfort Me o See Saw. Su sociedad creativa con Otis Redding alcanzó un punto culminante con (Sittin’ On) The Dock of the Bay” escrita junto al cantante poco antes de su muerte y convertida luego en el primer número uno póstumo de la historia del pop estadounidense.

Tras dejar Stax en 1970, Cropper cofundó TMI Studios y amplió su radio de acción: colaboró con Ringo Starr, John Prine, Buddy Miles, Ramsey Lewis y José Feliciano, entre muchos otros. A mediados de los setenta se radicó en Los Ángeles, donde continuó produciendo y participando en sesiones de rock, soul y R&B. En ese periodo también tocó en el álbum Rock ’n’ Roll de John Lennon y se unió a la banda de Levon Helm.

Su popularidad se multiplicó en 1978 al integrarse al proyecto de los Blues Brothers, primero en Saturday Night Live y luego en discos y películas que recuperaron para el gran público la sonoridad clásica de Stax. El éxito global de la banda lo convirtió en una figura reconocible también fuera del ámbito estrictamente musical.

En los ochenta y noventa alternó giras, grabaciones junto a artistas tan diversos como Dolly Parton, B.B. King, Etta James, Ringo Starr o Buddy Guy, y reuniones ocasionales con Booker T. & the MG’s. En 1992 ingresó al Salón de la Fama del Rock & Roll, reconocimiento a una trayectoria fundamental en la música afroamericana y sus derivaciones.

Lejos de retirarse, Cropper sostuvo una actividad intensa en el nuevo siglo: participó en bandas sonoras, colaboró con Shemekia Copeland, Frank Black, Paul Simon y Dr. John, y emprendió proyectos personales. Entre ellos destacan Dedicated: A Salute to the 5 Royales (2011), homenaje a una de sus grandes influencias, y los trabajos junto a Felix Cavaliere, con quien grabó Nudge It Up a Notch (2008) y Midnight Flyer (2010).

Aún en sus últimos años mantuvo una sorprendente vitalidad creativa. En 2021 publicó Fire It Up, nominado al Grammy, y en 2024 lanzó Friendlytown, disco que reunió a invitados como Billy Gibbons y Brian May.

Con más de 3.500 créditos como compositor, productor o arreglador, Cropper participó en más de 400 grabaciones y moldeó el sonido de artistas esenciales como Sam & Dave, Carla Thomas, Eddie Floyd, Mavis Staples, Wilson Pickett y Otis Redding. Su influencia se extiende a generaciones de guitarristas que encontraron en su estilo sobrio, rítmico y profundamente emotivo un modelo de elegancia y eficacia.

La muerte de Steve Cropper marca el final de una era. Su obra —y su inconfundible toque de guitarra— seguirán resonando como parte esencial del ADN del soul y del rock estadounidense. Su legado, vasto y luminoso, permanecerá vivo en cada compás que ayudó a crear.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Neil Young cumple 80 años: una vida sin concesiones en constante evolución


Iconoclasta por naturaleza, Neil Young cumple este miércoles 80 años convertido en una figura única del rock mundial. En más de medio siglo de carrera, el canadiense recorrió una amplitud de estilos que pocos artistas exploraron con igual profundidad: del folk acústico a la electricidad abrasiva, del country melancólico al rock experimental, del blues y el rockabilly a la denuncia social y ambiental. Siempre distinto, siempre él mismo.

Nacido en Toronto en 1945 y criado en Winnipeg, Young empezó a tocar la guitarra en la adolescencia, alternando entre bandas de garaje y clubes de folk donde conoció a Joni Mitchell y Stephen Stills. En 1966 cruzó la frontera rumbo a Los Ángeles en su Pontiac fúnebre, acompañado por el bajista Bruce Palmer. Junto a Stills formaron Buffalo Springfield, una de las bandas pioneras del folk-rock californiano. Tras su disolución, Young comenzó una carrera solista que, desde el principio, mostró una voz inconfundible: aguda, quebrada, cargada de una franqueza que desarma.

En paralelo a su flamante carrera en solitario, a fines de los sesenta, se unió a Stills, David Crosby y Graham Nash para formar Crosby, Stills, Nash & Young, un supergrupo que encarnó el espíritu idealista y turbulento de su tiempo. Con ellos grabó Déjà Vu (1970), una de las cumbres del folk-rock estadounidense, y participó en el emblemático festival de Woodstock. Pero las tensiones internas, amplificadas por el ego y las drogas, provocaron rupturas recurrentes. Aun así, cada reunión posterior —como la gira de 1974 o el álbum American Dream (1988)— reavivó el magnetismo de esas cuatro voces que, juntas o enfrentadas, definieron una era.

En 1969 publicó Everybody Knows This Is Nowhere, su primer álbum con Crazy Horse, y al año siguiente After the Gold Rush, un clásico de la introspección folk. En 1971 alcanzó el número uno con Heart of Gold, incluido en Harvest, y reconoció luego que ese éxito “lo puso en el medio del camino”. Aburrido de esa comodidad, decidió desviarse y en los años siguientes produjo discos oscuros, dolidos y fundamentales como Tonight’s the Night (1975) y On the Beach (1974), impulsados por la muerte de su guitarrista Danny Whitten y su roadie Bruce Berry.

La década del setenta definió el molde de su obra: un vaivén entre la furia eléctrica y la ternura acústica, entre la denuncia política y la confesión personal. En los ochenta, ya en el sello Geffen, se permitió experimentos que confundieron a la crítica —el electrónico Trans (1982), el rockabilly de Everybody’s Rockin’ (1983), el country de Old Ways (1985)— pero que con el tiempo serían vistos como gestos de libertad artística.

Young fue capaz de reinventarse sin perder identidad. Con Freedom (1989) y Ragged Glory (1990), se convirtió en padrino del grunge y referente para bandas como Sonic Youth y Pearl Jam, con quienes colaboró en Mirror Ball (1995). En los 90 y los 2000 alternó introspección y militancia: Harvest Moon (1992) retomó su costado más luminoso, mientras Living with War (2006) denunció la invasión a Irak con una fuerte crítica al por entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush..

El nuevo milenio lo encontró más prolífico que nunca. Publicó álbumes conceptuales como Greendale (2003), se volcó a la experimentación sónica con Le Noise (2010) y lanzó su propio sistema de audio de alta fidelidad, Pono. A la vez, reabrió sus archivos con la monumental serie Archives, rescatando grabaciones inéditas y conciertos de distintas épocas.

En los últimos años, Young mantuvo su ritmo incansable: con Crazy Horse editó Barn (2021) y World Record (2022), y en 2025 volvió a las raíces con Talkin to the Trees, junto a una nueva formación, The Chrome Hearts. Paralelamente, su esposa y colaboradora Daryl Hannah filmó Coastal, un documental sobre su última gira solista, que se estrenó en abril de este año junto con un álbum homónimo.

Su discografía —más de 45 discos de estudio y una veintena en vivo— es un territorio en permanente movimiento, tan contradictorio como coherente. Young puede pasar de un susurro a un rugido en una misma canción, pero siempre con una honestidad que desarma y una energía que desmiente el paso del tiempo.

Fiel a sí mismo, Neil Young frustró a sellos discográficos, se le plantó a Spotify, desafió modas y decepcionó ocasionalmente a sus seguidores más ortodoxos, pero también supo mantener su música viva y su discurso relevante. “Viajar por el medio del camino se volvió aburrido”, escribió alguna vez. Ochenta años después, sigue transitando la cuneta: incómodo, libre, indómito.

viernes, 2 de mayo de 2025

Joe Louis Walker, una fuerza indomable del blues moderno


Joe Louis Walker
, el innovador guitarrista, vocalista y compositor, cuya fusión de géneros le dio un nuevo toque al blues moderno, murió como consecuencia de un paro cardíaco el 30 de abril por la noche a los 75 años. 

Con una carrera que abarcó más de seis décadas, el electrizante trabajo de guitarra de Walker, su candorosa voz y su composición reflexiva dejaron una huella imborrable en la escena del blues contemporáneo.

La producción musical de Walker abarcó todo el espectro de la música de raíces estadounidense, lo que le valió un lugar entre los bluesmen más venerados de su generación. Billboard describió una vez su estilo como “desbordando todos los mapas… blues crudo, góspel jubiloso, el estruendo roquero al estilo Rolling Stones y un R&B desgarrador”, y añadió: “La guitarra de Walker es impecable y feroz”.

Guitarrista brillantemente expresivo, vocalista conmovedor y compositor prolífico, Walker recorrió el mundo durante décadas, pisando los escenarios de festivales de renombre internacional como Glastonbury y Montreux. Sus actuaciones dinámicas llegaron a millones más a través de apariciones en televisión nacional en Late Night with Conan O'Brien, The Don Imus Show y el británico Later… with Jools Holland, consolidando así una fiel base de seguidores internacionales.

En noviembre de 2012, Walker se presentó en La Trastienda, en el marco del Buenos Aires Blues Festival. Tuvo una actuación descomunal acompañado por Nasta Súper, la banda liderada por Rafael Nasta. 

A lo largo de su carrera, Walker colaboró con íconos como Ike Turner, Bonnie Raitt, Taj Mahal y Steve Cropper; fue telonero de leyendas como Muddy Waters y Thelonious Monk; y contó entre sus amigos y contemporáneos a figuras como Freddie King y Mississippi Fred McDowell. También fue amigo cercano y excompañero de cuarto del virtuoso guitarrista Mike Bloomfield.

Su álbum debut de 1986, Cold Is the Night, lanzado por HighTone Records, marcó una llegada contundente y señaló la aparición de una nueva y poderosa voz en el blues. Lanzamientos posteriores en sellos como Verve, Alligator y Stony Plain consolidaron aún más su reputación como uno de los artistas de blues más destacados de su época. The New York Times lo elogió como “un cantante con una voz tipo Cadillac”, y señaló que sus solos “gimen con desesperación blusera”. Rolling Stone lo describió simplemente como “feroz”.

Walker fue incluido en el Salón de la Fama del Blues, nombrado USA Fellow por United States Artists y recibió múltiples premios W.C. Handy y Blues Music Awards. También fue reconocido con los prestigiosos Bammy Awards de San Francisco y recibió un premio a la trayectoria por parte de la Mississippi Valley Blues Society.

Ampliamente considerado como un “músico de músicos”, Walker se ganó su lugar en el panteón de los grandes cantantes y guitarristas de blues eléctrico junto a B.B. King, Buddy Guy y Robert Cray. Herbie Hancock lo calificó como “un tesoro nacional”. Chick Corea, con su característico ingenio, lo apodó “el Chick Corea del Blues”, mientras que Aretha Franklin lo honró de manera simple y definitiva como “el Bluesman”.

El legado de Walker perdura a través de su vasto catálogo de grabaciones, las generaciones de músicos que inspiró y los incontables fanáticos cuyas vidas fueron conmovidas por su música.

miércoles, 29 de enero de 2025

Federico Verteramo, una vida con el blues a cuestas

Federico Verteramo irrumpió en la escena del blues local en 2008 como guitarrista de una banda que dejó una huella pese a que duró poco. Los Huesos de Gato Negro grabaron un disco que nunca vio la luz, pero tres temas fueron incluidos en el compilado de Blues en Movimiento Vol. 1 en español. Por entonces, con apenas 16 años, el guitarrista llamaba la atención cada vez que se subía a un escenario. Otro músico que lo conocía bien decía de él: “Nosotros nos pasamos horas estudiando para poder hacer lo que a él le sale de manera natural”. Desde entonces corrió mucho blues bajo el puente, el niño prodigio peinó canas y, tras un par de giras por Europa antes de la pandemia, finalmente se radicó junto a su pareja, la tecladista Anita Fabiani, en el sur de Francia en 2022.

El guitarrista zurdo, que en sus inicios lo llamaban “Lefty”, acaba de sacar su tercer disco solista, el primero con mayoría de temas propios, y hace poco estuvo de visita en Buenos Aires para pasar las fiestas en familias y realizar un par de shows, uno en La Plata y el otro en CABA. En ese contexto, dialogó con Noticias Argentinas.

- ¿Cómo fue la decisión de irte a vivir a Francia y por qué?

- Entre 2014 y 2019, una vez por año, realicé giras poco más de un mes por diferentes países europeos. Fueron giras muy intensas, en camioneta, recorriendo miles de kilómetros y tocando casi todos los días, siempre blues. Esto lo hice durante las vacaciones de mi trabajo en relación de dependencia, combinando días sin goce de sueldo y cualquier otra opción que me permitiera alargar la estadía. En esos viajes conocí colegas, músicos de blues de diferentes países, muchos de los cuales vivían exclusivamente de tocar en vivo. Desde el principio vi que había una oportunidad y, a partir de 2015, empecé a prestar atención a las diferencias entre países, culturas y, lo más importante, a las estructuras del circuito para tocar en vivo. La combinación de todos estos factores me llevó a elegir Francia, el sur por su clima y su gente, la cercanía con España, y Toulouse por los colegas que ya había conocido y las oportunidades que ofrecía en particular. Si bien tomar la decisión de emigrar no fue nada fácil, y mucho menos concretarlo, tenía por primera vez la oportunidad de dedicarme exclusivamente a tocar en vivo y quería aprovecharla.

- Esos puentes que tendiste entonces te sirvieron para cuando te instalaste definitivamente…

- Sí, esto fue clave para que, al llegar a Toulouse en marzo de 2022, pudiera tener inmediatamente mi banda armada con músicos locales y una agenda de conciertos distribuida a lo largo del año. Por otro lado, durante esos años y dado que varios de mis bisabuelos eran de origen italiano, comencé a tramitar mi ciudadanía italiana, un proceso que me llevó cuatro años y que finalmente se concretó en 2019.  Desde ese momento, la idea de emigrar se volvió mucho más clara y definitiva. Como anécdota, en realidad mi pasaje era para abril de 2020, pero primero los vuelos cancelados y las fronteras cerradas por la pandemia, y luego la imposibilidad de concretar conciertos en ese período, hicieron que la mudanza se demorara dos años.


- ¿Con qué regularidad tocas, tanto en Toulouse como en el resto de las ciudades a las que vas?

- Al año en promedio realizo entre 70 y 80 shows, pero hay meses más intensos y agotadores, con hasta 15 conciertos, y otros en los que solo tengo tres. Estos shows se distribuyen entre conciertos de mi propia banda, otras formaciones estables en las que participo o giras específicas, como las que hice con artistas como (el cantante estadounidense) Tail Dragger en España en 2022 o (la armoniquista argentina) Ximena Monzón en 2023 y 2024, entre otros. La mayoría de los conciertos están distribuidos por toda Francia, y aproximadamente un 20% en otros países. Este último año hemos pasado por Austria, Alemania, Bélgica, Eslovaquia, República Checa y Países Bajos. Los viajes son parte importante del trabajo, ya que con Toulouse no alcanza para llenar la agenda o para darme la regularidad necesaria como para no necesitar salir. Creo que no hay ninguna ciudad en Europa que pueda ofrecer eso. Lo que sí cumple es con ser una ciudad de tamaño agradable para vivir, con aeropuerto y trenes y una oferta cultural interesante.

- ¿Sos tu propio agente? ¿Cómo arreglas los shows y las giras?

Sí, soy mi propio agente, y es la parte más tediosa del trabajo. Por supuesto, la independencia es algo positivo: me permite elegir los momentos más intensos de trabajo y también tomar decisiones artísticas y creativas. Sin embargo, también es una carga bastante grande que no se puede descuidar. No basta con componer un disco, grabarlo y publicarlo; hay que estar muy pendiente del calendario. En mi caso, esto implica contactar directamente a los programadores de salas de conciertos y festivales, hacerlo en el momento adecuado, ni demasiado tarde ni demasiado temprano, y lidiar con la frustración: no solo con el "no", que por supuesto es recurrente, sino aún más con la falta de respuesta. Hoy, después de tres años, por suerte el teléfono empieza a sonar también y en algunos casos, para países puntuales o regiones, cuento con agentes que se encargan de mover mis propuestas.

- ¿Podes vivir solo de la música o tenés que realizar alguna otra actividad?

- Me dedico exclusivamente a tocar en vivo, con un nivel de vida digno y estable. Debo decir que en esto influye favorablemente un sistema de estímulo, un apoyo estatal para todos los trabajadores del sector de espectáculos. Esta es una política pública francesa que lleva casi 100 años en funcionamiento y que permite, cumpliendo no pocos requisitos de formalidad que no son fáciles de alcanzar, garantizar un salario mínimo estipulado por ley. El estado está muy presente en todos los ámbitos y la cultura no es la excepción.

- ¿Cómo te recibieron los franceses siendo un argentino que toca música estadounidense?

- El recibimiento tengo que decir que fue espectacular… han sido cálidos, acogedores. Al principio lo viví con sorpresa, y hoy, al cabo de tres años, puedo confirmarlo. Desde el momento en que llegamos con Anita Fabiani, los colegas que fuimos conociendo se mostraban interesados en conocernos y saber de nosotros. Al compartir escenarios, las puertas y propuestas se multiplicaron y con el tiempo nos integraron de manera natural a su vida social, participando en reuniones, cumpleaños, y otros encuentros personales. Nunca percibí que alguien se sintiera amenazado por nuestra presencia, sino todo lo contrario, nos recibieron con los brazos abiertos y estoy muy agradecido. En cuanto a los programadores, si bien priorizan a los músicos de blues de Estados Unidos, venir de Argentina, en cierto modo, ha jugado a nuestro favor, despertando en ellos una curiosidad genuina y un sentido de lo "exótico".


- ¿Cómo fue el proceso de grabar tu nuevo disco, el primero en Europa?

En abril de 2023 comencé a escribir y trabajar en nuevas canciones, grabándolas solo en mi computadora. Cuando ya tenía 4 o 5 temas listos, en junio decidí comprometerme a hacer un disco y me forcé a reservar dos días de estudio en noviembre en Toulouse, además de asegurar la disponibilidad de los músicos (contrabajo, batería y piano/teclados) para esas fechas. Los meses fueron pasando, y la dinámica de conciertos y giras me bloqueaba la inspiración para nuevas composiciones. Se acercaba la fecha de grabación y por suerte la presión cumplió su rol y aparecieron las canciones que vinieron a completar el álbum, In My Own Time. En dos días lo grabamos en el Studio de la Manne de Toulouse, luego lo mezclamos en el Estudio Sureños en Argentina con Julio Fabiani, y finalmente lo editamos en marzo de 2024. En Francia, el disco fue muy bien recibido y reseñado en varios medios gráficos y radiales, coronando un año de trabajo muy lindo e importante a nivel simbólico. Creo en su importancia y pienso seguir haciendo discos y componiendo canciones.

- ¿Cómo encontraste la escena local ahora en tu visita a la Argentina?

- Creo que, sin importar a qué ciudad del mundo vayamos, si comparamos la escena del blues y la música en vivo de hace 10 o 15 años con la actual, es evidente que ha ido en baja: hay menos lugares para tocar, peores condiciones, menos agrupaciones activas y menos público. Buenos Aires no es la excepción. En mi caso, comparando con el período en el que estuve activo en la escena local (2007-2020), veo que hoy se están grabando y editando menos discos y hay menos formaciones estables tocando. Sin embargo, la identidad del blues en Argentina sigue siendo fuerte. A pesar de las dificultades, hay músicos que siguen apostando al género, y el público, aunque más reducido, mantiene un nivel de pasión y conocimiento que no es tan común en otros lugares.

miércoles, 1 de enero de 2025

El regreso del Rey, el día que Elvis Presley decidió quién quería ser

A finales de 1968, Elvis Presley llevaba siete años sin actuar en vivo. El ícono del rock & roll se había convertido en un producto prefabricado de Hollywood, sin rebeldía y sin emoción. Sus películas, que a comienzos de esa década habían sido exitosas, ahora se habían vuelto previsibles y aburridas, por no decir malas. Todo el mundo lo sabía. Él mismo lo sabía. Pero estaba atrapado en la telaraña comercial que había tejido su representante, el coronel Tom Parker. Entonces apareció una oportunidad: ambos acordaron grabar un especial de televisión navideño para la NBC, que sería dirigido y coproducido por Steve Binder, y eso fue el catalizador de un regreso.

Ese es el eje del documental El regreso del Rey - Declive y resurgimiento de Elvis Presley, que acaba de estrenar Netflix y cuenta con testimonios de Priscilla Presley, Bruce Springsteen, Conan O'Brien, Robbie Robertson y Billy Corgan, entre muchos otros.

El documental abarca los orígenes humildes de Elvis en Tupelo, Mississippi, su temprana pasión por la música negra -el blues y el góspel- y su irrupción en Memphis en 1954, el éxito absoluto en 1956 y el llamado a cumplir con el servicio militar en 1958, en el mejor momento de su carrera. A su regreso, Frank Sinatra le dio la bienvenida en su programa de tevé y lo devolvió al centro de la escena, pero ya no como el rebede que se había ido sino como parte de la maquinaria del show business. En 1961, brindó un concierto benéfico en Hawai que parecía marcar su vuelta a los escenarios, pero resultó ser el único. Entonces vinieron las películas y Elvis se alejó de lo que más amaba, tocar en vivo.

Pasaron siete largos años en los que el mundo cambió y la música también. Aparecieron los Beatles, los Rolling Stones y Bob Dylan, poco después Jimi Hendrix, Janis Joplin y The Doors. Elvis parecía cosa del pasado. Hasta ese 3 de diciembre de 1968.

El especial navideño de la NBC 

Steve Binder tenía bastante claro lo que quería de Elvis para ese retorno televisivo: quería producir un espectáculo excelente, con escenas dramáticas y temáticas vinculadas a las actuaciones de Elvis, algo que el Rey no le interesaba tanto. Pero pasó algo inesperado que provocó un volantazo de último momento. Binder presenció una zapada en el camarín de Elvis, con sus músicos, tocando los viejos temas que lo llevaron a la fama y algunos blues como Baby What You Want Me To Do. 

Entonces, Binder le propuso a Elvis realizar una sesión improvisada en vivo. Al coronel Parker no le gustó, pero Elvis, después de pensarlo bien, aceptó. A días de la grabación, invitó a dos de sus primeros compañeros de banda, Scotty Moore y D.J. Fontana, para unirse a él.

Aunque al principio se mostró muy nervioso e incluso hay testigos que dicen que no quiso salir a grabar, Elvis entregó una actuación memorable. Sus interpretaciones vocales fueron descomunales, y se mostró autocrítico y sarcástico sobre sus primeros días y su moribunda carrera cinematográfica. Con el correr de los minutos se fue desinhibiendo, todavía le quedaba vida y espíritu artístico.

Fue un momento triunfal en su carrera. En palabras de Bruce Springsteen: “Esa noche, Elvis llegó hasta donde el destino lo llevaba”. Para Billy Corgan “el especial de 1968 es la obra de un genio. Pero así fue Elvis siempre. Nadie tuvo la visión de aprovechar a Elvis como era. De haber sido más inteligentes o perspicaces, habrían hecho 50 más y hoy también hablaríamos de ellos. Así era Elvis siempre. No es que tuviera un buen día. Era su comportamiento de siempre”.  

El especial de la NBC duró hora y media, alcanzó picos de audiencia de hasta el 42% y prefiguró el resto de su carrera. Dramático, intenso, motivado y terrenal, con frecuencia conmovedor pero no sin una ocasional nota empalagosa, fue la apoteosis del rock, con la mezcla justa de soul, gospel, pop, blues y country. Esa noche del 3 de diciembre de 1968, finalmente Elvis decidió quién quería ser.

domingo, 10 de noviembre de 2024

Money Man, el joven músico que sorprende con el blues rural en el sur de Brasil

En el sur de Brasil, a miles de kilómetros de los campos de algodón del Mississippi, un joven de 27 años rompió el molde de la música imperante con un álbum acústico e intimista, en el que recrea versiones de los grandes maestros del blues como Robert Johnson, Muddy Waters y Big Joe Williams con una técnica exquisita y un feeling muy auténtico. En Porto Alegre y alrededores lo conocen como Money Man, un nombre artístico que adoptó tras un malentendido durante un show con el que dio un paso fundamental en su carrera.

La historia de Enzo Viero Baddo podría ser la de cualquier músico joven de veintipico queriendo lucirse con la guitarra con un sonido contemporáneo o abusando del autotune para viralizarse en las redes, pero él eligió recorrer el camino más largo y sinuoso, que muy pocas veces lleva al éxito comercial, pero que tiene el valioso objetivo de preservar la tradición de una música que nació hace más de un siglo en el sur de los Estados Unidos y que con los años se expandió por el mundo.

En su disco Alone With The Blues, Money Man interpreta con gran prestancia temas del cancionero de Robert Johnson como Kindhearted Woman Blues, Sweet Home Chicago y Ramblin’ On My Mind, así como otros standards del blues, en su mayoría de preguerra, como Country Blues, Good Morning Little Schoolgirl, Police Dog Blues, Make Me a Pallet on You Floor, Poor Black Mattie y Rag Mama Rag. Si algún desprevenido se pone a escucharlo sin saber quién es el intérprete lo que menos pensara que se trata de un joven brasileño de 27 años.

 

- ¿Cómo llegaste al blues?

 Mi familia siempre ha tenido una rica cultura musical y esto fue fundamental para mí para descubrir el blues. Tanto mi padre como mi madre escuchaban blues de vez en cuando. A mi madre le gustaba mucho poner un CD de Taj Mahal en el coche. A mi padre siempre le gustó mucho Eric Clapton y me hablaba del álbum que hizo interpretando canciones de Robert Johnson. Un día me regaló un disco de Muddy Waters, que tenía en su colección de CDs, que contenía sus primeras grabaciones en Chicago y quedé muy cautivado por la voz y la guitarra de Muddy y el piano de Sunnyland Slim. En ese momento ya sabía que algún día iba a tocar blues aunque primero comencé interpretando canciones de rock de grupos y solistas como Cream, Clapton, Jimi Hendrix, JJ Cale, Rolling Stones y Creedence, todos ellos muy influenciados por el blues.

- ¿Qué fue lo que te cautivó del blues?

Mis problemas emocionales derivados de cuestiones personales que ocurrieron en mi infancia y la consiguiente dificultad para adaptarme al entorno universitario en la primera etapa de mi vida fueron el punto de inflexión de mi gusto por la música, que tenía más que ver con lo que quería expresar. Antes de empezar a tocar la guitarra, tomé lecciones de percusión durante unos años con el maestro Fernando do Ó, un gran percusionista del sur de Brasil. Después siempre fui autodidacta con la guitarra y más tarde con el blues específicamente, al que me volqué de lleno cuando fui a la universidad entre 2015 y 2016. Siempre me ha gustado la música sin muchos efectos, en la que el artista tiene que tener interpretación, de una manera más orgánica y no tan digital. Así comencé una búsqueda de personas vinculadas al blues. Así fue como conocí a Adrián Flores (productor y baterista argentino radicado en Brasil). Él me abrió las puertas a otras personas vinculadas con el blues y también a discos, libros y referencias.


- Hubo otro músico argentino que te influenció…

Sí, Carlos Bada fue una gran inspiración y fuente de aprendizaje gracias a los videos que sube a YouTube, que son de las mayores enciclopedias visuales para entender cómo tocar country blues con la guitarra.

- ¿Esa fue la razón por la qué te especializaste en el blues rural?

Me especializo principalmente en el blues acústico, no necesariamente de antes de la Primera Guerra Mundial, aunque la mayor parte de la música que toco se grabó originalmente en la década del treinta. Y esta elección fue hecha por mi deseo de poder trabajar en esto solo, sin necesidad de una banda, ya que me resultaba costoso y difícil armar algo con otros músicos. Quería tocar en bares y festivales, quería poder hacer algo nuevo, diferente a lo que hacía la mayoría. Trabajar solo en mi mente representaba la idea más fácil de no tener que gastar en ensayos y costosos amplificadores y guitarras (que todavía estoy tratando de adquirir poco a poco), de poder realizar interpretaciones de una manera que sólo dependiera de mí. Entender la profundidad que ha tenido el blues me hizo querer entender su parte más basal y visceral, que encontré en esos artistas, pero también en las versiones de Chicago y otros estilos más urbanos del blues. Me gusta la música cruda en general. De todas maneras, también toqué en dúo con el bajista Filipe Siak, en el circuito de bares de Porto Alegre.    


- ¿Seguís en modo autodidacta o ahora estas estudiando?

Estoy estudiando por primera vez con el gran músico, guitarrista y profesor Nicola Spolidoro, quien toca en la banda Blues Combo de Ale Ravanello, una de las mejores bandas de blues de Brasil.

- Me imagino que un joven de Porto Alegre tocando blues rural debe ser una rareza, especialmente entre los jóvenes, ¿no?

En la ceremonia de egresados del instituto, en 2014, pedí que mi canción de fondo fuera Catfish Blues, en la versión de Jimi Hendrix. Recuerdo que había cierta extrañeza en general por parte de mis compañeros, pero en general a mis amigos más cercanos les gustaba.

- La escena del blues en Brasil está bien consolidada con festivales en varias ciudades y músicos de renombre internacional como Igor Prado, Nuno Mindelis, Solon Fishbone, pero todos ellos dedicados a diferentes estilos eléctricos. ¿Cómo fue recibida tu propuesta acústica en este contexto?

Todos los músicos y amantes del blues siempre han sido muy receptivos conmigo y con mi trabajo. Pero lo cierto es que nuestros festivales tienen mucho que evolucionar en cuanto a espacio para el blues acústico. Así y todo en los lugares que toqué mi trabajo fue muy bien recibido. Realmente el mayor problema es poder perforar las duras cáscaras de los núcleos que naturalmente se cierran en el entorno musical, ya que en realidad es un mercado pequeño y difícil, que naturalmente parece formar este tipo de barreras para el crecimiento de nuevos músicos con nuevas propuestas. De hecho, ahora estoy empezando a trabajar con una banda, Money Man & The Cash Makers, en la que tocamos principalmente Chicago blues.

- ¿Por qué elegiste el nombre artístico de Money Man?

La verdad es que fue una situación curiosa. Fue una broma que Freddie Dixon (uno de los hijos del legendario Willie Dixon) durante una gira que hizo por Brasil. Lo fui a ver al Recorder Pub a finales de 2022. Tocaba con músicos locales, entre ellos Adrián Flores. Cuando entré al bar con mi novia Victoria, Adrián me saludó con su habitual broma ‘¡qué onda monigote!’ a lo que Freddie entendió ‘Money Man’, el hombre del dinero. Yo me entré a reír porque le dije que justo si algo no tenía era dinero. Más tarde, durante el receso del show, yo estaba sin consumir nada y Freddie me lanzó: ‘¿No vas a comprar nada para ti y tu novia Money Man? ¡Tienes el dinero y lo estás escondiendo! ¡No hay manera de tener una novia hermosa sin tener dinero!’”.

- ¿Quiénes son los músicos que más te influenciaron?

Robert Johnson, Big Bill Broonzy, Muddy Waters y RL Burnside, aunque la lista es mucho más larga. Además hay muchos músicos contemporáneos, brasileños, latinoamericanos y estadounidenses, con los que hablo o sigo su trabajo y que me inspiran también. La verdad es que me gusta mucho lo que hacen los argentinos con el blues, con tanto respeto y estudio.

- Es decir, que la elección de los temas de tu disco podría considerarse un homenaje a los músicos que más te inspiraron.

Sí, mi intención era tener una ventana al country blues que mostrara los diversos estilos y posibilidades que se pueden encontrar en esta música, que es mucho más rico de lo que la gente imagina, con muchas más sutilezas, especias, detalles e influencias locales. Estudiar la historia del blues es en gran medida estudiar las raíces de la música occidental moderna y también los males sociales, la desigualdad, el racismo, todo más específicamente en el contexto de la sociedad norteamericana, pero sin olvidar las características globales que presenta el blues, que es además de un estilo musical, una cultura que se volvió global porque habla de los problemas, placeres y disgustos cotidianos, de la vida humana tal como es. El blues es la verdad, como dijo el gran Willie Dixon.

martes, 3 de septiembre de 2024

Freddie King, el coloso del blues

La historia del blues está plagada de grandes nombres que, a lo largo del siglo XX, dejaron su marca en la música popular. Desde aquellos próceres del blues rural como Charley Patton, Robert Johnson, Blind Lemon Jefferson y Son House hasta los grandes guitarristas eléctricos como B.B. King, Albert King, Buddy Guy, Otis Rush y T-Bone Walker, pasando por quienes encabezaron la transición del sonido rural y acústico al urbano y eléctrico como Big Bill Broonzy, Muddy Waters, Elmore James y Howlin' Wolf, contribuyeron para darle forma al género precursor del rock & roll. 

Pero esos músicos no fueron los únicos. Hubo muchos otros más y entre ellos aparece uno al que siempre ubican en la trilogía de los reyes, con B.B. y Albert, el gran Freddie King. El voluminoso guitarrista texano es una leyenda de un tiempo pasado, aunque generacionalmente todavía podría estar entre nosotros. Era apenas dos años mayor que Buddy Guy, quien hoy sigue activo. Su imponente legado musical solo es contrastable con el vació que dejó tras su temprana muerte. Hoy cumpliría 90 años.

De Texas a Chicago

Freddie King había nacido como Freddie Christian en Gilmer, Texas, el 3 de septiembre de 1934. Era hijo de J. T. Christian y Ella Mae (o May) King. A los seis años empezó a tocar la guitarra con su madre y un tío, Leon King. De joven compró una guitarra acústica Roger's con el dinero que había ganado recogiendo algodón.

Se mudó a Chicago con su familia en 1949 y A los 16 años se incorporó a la banda de un club de blues que incluía entre sus miembros a un joven Howlin' Wolf. Por entonces sus influencias, los que molderaron su estilo eran Lightnin' Hopkins, T-Bone Walker, B. B. King y Elmore James. 

En 1952, se casó con Jessie Burnett. Durante el día trabajaba en una fábrica de acero y daba espectáculos por la noche. Ese año, formó su propia banda, los Every Hour Blues Boys, que incluía a Eddie Taylor, Jimmy Rogers, Jimmy Lee Robinson y Sonny Scott. En 1953 grabó sus primeras canciones para el sello Parrot. Un par de años más tarde firmó con El-Bee Records donde también dejaría registro de lo que serían los cimientos de una notable carrera musical. 

Durante la década del cincuenta, King fue rechazado por Chess Records, la gran discográfica de blues de Chicago, pero eso no lo frenó y siguió tocando en clubes. Por esa época también trabajó con la Sonny Cooper Band y los Blues Cats de Earlee Payton. En 1960, firmó con King/Federal, un sello que contaba con grandes artistas como el pianista Sonny Thompson, que colaboró ​​con él en varias grabaciones de temas que pronto se convirtieron en clásicos: Hide Away, San-Ho-Zay, Have You ever Loved a Woman, The Stumble y Side Tracked.   

King realizó una gira por los Estados Unidos y actuó en salas de conciertos, clubes nocturnos y festivales de jazz y blues. Cansada de la brutal agenda de giras y grabaciones de su marido, Jessie, su esposa, y sus seis hijos se mudaron a Dallas en 1962. King dejó Chicago y se mudó con ellos en 1963. Allí trabajó en perfeccionar su propio estilo vocal conmovedor. En 1966 hizo una serie de apariciones en un programa semanal de televisión de rhythm and blues de Dallas cuya banda de la casa estaba liderada por Clarence "Gatemouth" Brown.

Reconocimiento internacional y banda multirracial

Firmó con Cotillion en 1968 y grabó dos álbumes, Freddie King is a Blues Master y My Feeling for the Blues. Ese mismo año realizó una gira por Inglaterra. En 1969 fue uno de los artistas principales del Texas International Pop Festival. Como muchos artistas de blues de finales de los sesenta y principios de los setenta, King tenía estrechos vínculos con el rock and roll. Músicos como Eric Clapton y Jeff Beck grabaron sus canciones, y King realizó giras con Clapton.

Freddie King fue uno de los primeros músicos de blues en tener una banda de acompañamiento multirracial en sus presentaciones, rompiendo barreras y estableciendo nuevos estándares.

En 1971 grabó el primer álbum importante en vivo jamás realizado en Austin, en Armadillo World Headquarters, conocido a veces como "la casa que Freddie King construyó". Tocaba regularmente en el club y volvía periódicamente para recaudar fondos. Sus grabaciones con Shelter Records, producidas por Leon Russell, le valieron el reconocimiento en todo el estado como un "bluesman de Texas de primera categoría". Esos discos fueron: Getting Ready (1971), Texas Cannonball (1972) y Woman Across The River (1973). Tras esa experiencia grabaría dos álbumes más para RSO producidos por Mike Vernon, Burglar (1974) y Larger Than Life (1975).

King murió el 28 de diciembre de 1976 como consecuencia de úlceras sangrantes y pancreatitis. Tenía 42 años. En 1982 fue incluido en el Salón de la Fama del Blues de la Blues Foundation. La gobernadora de Texas, Ann Richards, declaró el 3 de septiembre de 1993 como el "Día de Freddie King", y en 2003 la revista Rolling Stone lo situó en el puesto vigésimo quinto de su lista de los 100 mejores guitarristas de la historia. Sus potentes licks aún pueden oírse en la forma de tocar de Eric Clapton, Joe Bonamassa, Billy Gibbons y Mick Taylor, y otros que ya no están como Peter Green y Stevie Ray Vaughan. En 2012 fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll un detalle que no hizo otra cosa que ratificar su música trascendió las fronteras del blues .