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martes, 11 de mayo de 2021

Stax y el blues


La carrera de Albert King realmente despegó en 1966 cuando firmó para Stax, un hecho que coincide con el surgimiento del blues moderno. Si bien el guitarrista zurdo ya tenía varios singles grabados entre mediados de los cincuenta y comienzos de los sesenta para sellos como Parrot, Bobbin, King y Coun-Tree, de los cuales algunos alcanzaron un moderado éxito, fue su llegada a Soulsville lo que marcó ese quiebre en la historia. La pulsión que logró con Booker T & The MG’s le dio al blues un sonido completamente renovado e innovador. Mientras en Chicago, Chess Records trataba de salir a flote forzando a sus artistas a grabar discos de los que no estaban para nada de acuerdo, caso Muddy Waters y Howlin’ Wolf, buscando recuperar el impulso que habían tenido en los cincuenta, el productor Jim Stewart encontró el punto de equilibrio entre lo que la banda estable de Stax podía dar para que King se impusiera con su Gibson Flying V.

Fue así como entre marzo de 1966 y junio de 1967, Albert King junto a Booker T. Jones (hammond), Steve Cropper (guitarra), Donad “Duck” Dunn (bajo) y Al Jackson (batería) registraron casi una veintena de canciones de las cuales once serían incluidas en el álbum debut, Born Under a Bad Sign. Con el tiempo, temas como Oh, Pretty Woman, As The Years Go Passing By, Crosscut Saw y el que da nombre al disco se volvieron clásicos absolutos del repertorio de King y del género. El estilo dinámico del guitarrista y el funk recargado de la banda lograron algo que se volvería marca registrada y que en el futuro influiría a decenas de grandes músicos, entre ellos Stevie Ray Vaughan, Eric Clapton y Gary Moore. Albert King siguió en Stax siguió hasta 1974. En ese período grabó nueve discos más, de los cuales cuatro fueron en vivo y uno un tributo a Elvis Presley. Si bien algunos de esos álbumes son excelentes, como Live Wire/Blues Power o I’ll Play The Blues For You, King nunca pudo volver a repetir el éxito arrollador de Born Under a Bad Sign. Pero en la memoria colectiva también queda su mítica participación en el Festival Wattstax, en 1972, en el que interpretó cinco temas: Matchbox Blues, Got to be Some Changes Made, I'll Play the Blues For You, Killing Floor y Angel of Mercy.

Johnny Jenkins (guitarra) y Otis Redding detrás.
La relación de Stax, el sello que definió el estilo del southern soul, con el blues siempre fue, de alguna manera, sutil e intensa a la vez. Little Milton fue el otro gran bluesman que estuvo un tiempo como artista del sello: grabó un puñado de discos a mediados de los setenta, entre los que sobresalen Waiting for Little Milton y Walkin' the Back Streets. En esa línea podemos sumar al cantante Johnnie Taylor, quien permaneció como artista de la discográfica de Memphis entre 1968 y 1974, y registró algunas baladas bluseras diseminadas en sus discos. También se pueden encontrar algunos blues en grabaciones de Rufus Thomas y en la discografía de Otis Redding, el músico más importante de la historia de Stax. El vocalista, entre otros, registró Rock Me Baby (Otis Blue: Otis Redding Sings Soul/1965), Scratch My Back (The Soul Album/1966) y Hawg for You (Complete & Unbelievable: The Otis Redding Dictionary of Soul/1966). Pero lo más interesante es lo que unió a Redding con Stax y que mucho tiene que ver con el blues y, aunque parezca increíble, con los inicios de los Allman Brtothers: el guitarrista Johnny Jenkins.

En 1962, Jenkins editó el single instrumental Love twist que fue un éxito en Georgia y alrededores -vendió unas 25 mil copias, según un artículo de The Guardian- y a raíz de eso fue invitado a Memphis a tocar con Booker T & The MG’s. Jenkins tenía pánico a volar y además no tenía licencia de conducir así que le pidió a un joven Otis Redding, quien era el cantante de su banda Pinetroppers, que lo llevara en auto hasta a Memphis.

En el estudio de grabación de Stax, Jenkins completó antes de tiempo una sesión con Booker T que no prosperaría y fue entonces cuando Jim Stewart y Steve Cropper centraron su atención en Otis Redding. “Yo pensé que Otis Redding era el chofer de Johnny Jenkins. Lo estaba ayudando con los amplificadores y sus cosas… se sentó por ahí durante todo el día mientras nosotros tocábamos. En un momento, cuando ya habíamos terminado, me dijo que él no tocaba ningún instrumento y empezó a cantar These Arms of Mine y yo lo seguí con el piano y Johnny con la guitarra”, le contó Cropper al biógrafo Scott Freeman. Así cobró vida una de sus grandes composiciones del soul, These Arms of Mine, que fue editado por Volt -sello subsidiario de Stax- en 1964, con el tema Hey hey baby en el lado B.

Ese instante marcó el inicio de la exitosísima y breve carrera de Otis Redding. Agradecido, el cantante le ofreció a Jenkins que fuera el guitarrista de su banda, pero éste se negó porque por su miedo a volar no iba a poder cumplir con las giras. Irónicamente Otis Redding murió el 10 de diciembre de 1967 en un accidente aéreo. Mientras que Jenkins, de regreso en Georgia, fue el primer artista contratado por Capricorn Records, que luego pasaría a la historia por ser la discográfica que lanzó a los Allman Brothers.

Un álbum realmente sorprendente de Stax es el de Gus Cannon, Walk Right In. Cannon fue un músico clave en el desarrollo del blues a comienzos del siglo XX, cuyo legado más importante son las grabaciones para Paramount en la década del veinte junto a los Jug Stompers. En junio de 1963 se puso a la orden de Jim Stewart, por decirlo de alguna manera ya que la sesión es más bien espontánea, acompañándose por su banjo y respaldado por Will Shade en jug y Milton Roby en washboward para registrar una docena de temas tradicionales. Si bien el disco resultante tiene poco que ver con la línea musical de Stax, es una especie de tributo del sello a la música más primitiva de Memphis, su ciudad.

Pero si de rarezas hablamos es probable que no haya ninguna otra en el catálogo de Stax como el disco de John Lee Hooker, That’s where it’s at. Editado en 1969 contiene un puñado de canciones que el músico había grabado ocho años antes y que cinco de ellas habían sido editadas en 1966 en un compilado de varios artistas del sello Guest Star Records. Se trata de un Hooker clásico, con su boogie hipnótico, acompañándose con su guitarra y el foot stomping.

Más acá en el tiempo, tras el resurgimiento del sello gracias a que Concord compró Fantasy Records, que a fines de los setenta había adquirido parte del catálogo de Stax, volvieron a editar un disco de blues. Se trata de Get Up!, el trabajo que encararon a dúo Charlie Musselwhite y Ben Harper. Justo ellos dos que, casualmente se habían conocido gracias a John Lee Hooker, termina honrando al viejo blues en un sello que no solo le dio entidad al soul de Memphis, sino que resignificó para siempre la música afroamericana, la impronta sureña y la interrelación racial.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Ganjas del oficio

Willie Nelson
Willie Nelson

Suspiró. Aflojó su moño y cerró la puerta. Detrás quedaban decenas de personas enfervorizadas. Eran sus diez minutos de descanso. El callejón estaba a oscuras y solo se escuchaba un murmullo que provenía del club. Se apoyó contra un auto y prendió un porro. Tras una chupada amable de sus labios gordos el humo penetró en sus pulmones, y una sonrisa reconfiguró su cara. Satchmo le pasó el porro a Vic, quien dio un par de pitadas y se lo devolvió. Tenían unos minutos más para relajarse. No podían demorarse mucho, la gente estaba ansiosa. Pero Satchmo y su baterista no volverían a subir al escenario esa noche. 

Dos policías aparecieron en escena y, sin darles tiempo a deshacerse de la tuca que ardía entre sus dedos, los detuvieron gracias al “dato” que algún músico celoso del éxito ajeno les había pasado. Y así fue como Louis Armstrong, una leyenda del jazz y la música contemporánea, pasó nueve días en una celda de un presidio de Los Ángeles y después fue condenado a seis meses de prisión. Si bien su condena no fue efectiva, tuvo que padecer el acoso de la prensa sensacionalista, visitar juzgados, reunirse con abogados y muchas más complicaciones. Todo por una tuca. 

Eso ocurrió en 1931. Y en ese preciso instante se inauguró lo que sería una larga y desmedida persecución del gobierno de los Estados Unidos a los músicos fumadores de marihuana. En la década del treinta empezaron con los que tocaban jazz, la sensación en ese momento, y en los sesenta encontraron un nicho aún mayor: el del rock. Además, el poder de lobby estadounidense logró que esa cacería se extendiera también a otros países, especialmente Gran Bretaña.. 

Harry Anslinger
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX hubo varios tipos que pusieron el ojo sobre los músicos consumidores de marihuana (y de otras drogas), porque ellos estaban en el centro de la escena. Claro que el objetivo fue siempre el mismo: endurecer las leyes antidrogas y recaudar más fondos para la denominada War on drugs, en la que los músicos quedaron en el medio. La lista de represores de ese medio siglo podría resumirse así: Harry Anslinger fue comisionado de Drogas Narcóticas y en 1930 comenzó la campaña antimarihuana más cruda de la historia; Richard Nixon fundó la DEA; Ronald Reagan otorgó un fondo de 1,7 billones de dólares para la lucha contra las drogas y llenó las cárceles de negros y latinos adictos. 

El autor del libro Historia del Rock y las Drogas, Harry Shapiro, lo explica de esta manera: “Los músicos de rock y las estrellas del jazz de primera línea consideraban el hecho de ser detenidos por posesión de drogas como un gaje más del oficio. Aunque los tiempos han cambiado, el atropello sigue siendo el mismo. (…) Los músicos son buen material para la propaganda contra los consumidores”. 

Fue así que, como fichas de dominó, fueron cayendo uno a uno casi todos. Y eso que afuera de esta crónica quedan los detenidos con heroína, cocaína, anfetaminas, LSD o cualquier otra sustancia declarada ilegal. Entonces la lista sería interminable. 

Empecemos por los más famosos. John, Paul, George y Ringo, o los cuatro de Liverpool, o los fantastic four, cayeron varias veces por tenencia de marihuana. Su primer porro lo habían fumado en 1964 junto a Bob Dylan (“Sentíamos cierto orgullo por haber sido introducidos a la marihuana por Dylan”, dijo alguna vez McCartney), y sus problemas con la ley empezaron a partir de 1967, cuando el grupo comenzaba su proceso de separación. Lennon y Yoko Ono fueron detenidos en octubre de 1968 en el departamento de Ringo Starr luego de que la policía allanara el lugar y encontrara resina de cannabis. A Harrison le pasó algo similar unos meses después. Otro allanamiento. Y otro beatle preso. Porque en su casa habían encontrado poco más de medio kilo de la más verde marihuana. 

Paul ya había caído preso un par de veces por tenencia de marihuana –y zafó en 1975, la vez que detuvieron a su esposa Linda– cuando un nuevo escándalo mediático se le vino encima. El gobierno japonés le negaba la visa por sus antecedentes, pero como era la época en que McCartney triunfaba con los Wings y llenaba estadios en todo el mundo, los promotores presionaron a los incorruptibles funcionarios japoneses y lograron que autorizaran al ex beatle a entrar al país. Pero como si fuera una burla del destino, el 16 de enero de 1980, el día que Paul pisó suelo japonés, un par de aduaneros rabiosos le dieron vuelta el equipaje y encontraron 200 gramos. La aventura nipona terminó con Paul subiéndose a otro avión nueve días después. El título de todos los diarios fue: “Deportado”. 

Lennon estuvo a punto de ser deportado también, pero de los Estados Unidos. Esa historia comenzó en 1971, cuando el músico le cantaba al mundo Imagine instalado en un luminoso departamento de Nueva York. Hasta ese momento las autoridades estadounidenses veían su afincamiento con desdén, pero a partir de su participación en el concierto para exigir la liberación de John Sinclair decidieron perseguirlo hasta acabar con él. 

John Sinclair
Sinclair era un poeta radical, miembro de las Panteras Blancas y representante del grupo de rock duro MC5, que se había ganado varios enemigos en el gobierno por sus mensajes “antisistema”. Por eso, en cuánto pudieron, lo hicieron caer. A Sinclair lo detuvieron con dos porros y le dieron una de las condenas más excesivas por ese “delito” que se recuerden: diez años de prisión. Pero cuando cumplía su segundo año hubo una movida popular encabezada por jóvenes para liberarlo, una movida que explotó con el concierto a beneficio de Ann Arbour, una fiesta en la que Lennon, Stevie Wonder, Bob Seger, el saxofonista Archie Shepp y el poeta Allen Ginsberg supieron ponerle música y letra a ese reclamo masivo. La Corte Suprema de Michigan finalmente liberó a Sinclair. Fue un pequeño triunfo, pero el costo lo cargó Lennon sobre sus espaldas. Nixon, el FBI y el senador republicano Strom Thurmond, con ayuda del Servicio de Inmigración, buscaron por todos los medios que fuera deportado ya que, sostenían, su condena por drogas de 1968 en Inglaterra no lo hacía apto para permanecer en EE.UU. 

El músico Art Garfunkel (creador de Sound of Silence y Mrs Robinson junto a Paul Simon) se solidarizó con Lennon. Por entonces declaró a la prensa que si Lennon era deportado “yo me voy también, con mis músicos y con mi marihuana”. La batalla legal fue dura y larga, pero al final los abogados de Lennon ganaron. Pudieron hacerlo gracias a que en Inglaterra habían condenado al policía que lo había arrestado en 1968, Norman Pilcher, por “conspiración para alterar el curso de la justicia”. 

El viejo Art se mantuvo fiel a sus principios y gustos. En enero de 2004 lo detuvieron en el estado de Nueva York por tenencia de marihuana. Iba en su limusina a toda velocidad. Lo pararon y… adentro.

Pilcher, un sabueso antidrogas y antirock, había perseguido también a Eric Clapton, pero nunca pudo atraparlo. En 1967 allanó su estudio de grabación, pero no encontró nada. A Pilcher le hubiera gustado estar el 20 de marzo de 1968 en California, cuando Clapton fue detenido por la Policía de Los Ángeles. Se lo llevaron preso junto a Neil Young y otros dos miembros del grupo Buffalo Springfield porque estaban en un lugar en el que había olor a marihuana. Todos tuvieron que pagar una fianza. 

Mick Jagger y Keith Richards
Otro escándalo fue el que a fines de los sesentas protagonizó la Justicia británica con los Rolling Stones. La Policía y el periódico News of the World le habían tendido una trampa a Jagger y Richards. Allanaron la casa en la que ellos estaban con unos amigos, entre los que estaban George Harrison y Marianne Faithfull, y secuestraron marihuana y anfetaminas. Harrison y su mujer Patti (sí, la misma del affaire con Clapton) zafaron, pero los dos stones fueron detenidos, y tiempo después llegaron a juicio. Richards fue condenado a un año de prisión. Jagger, a tres meses. Fue un verdadero circo mediático, bien al estilo inglés, y los stones no estuvieron presos más que algunas pocas horas. Ese fue sólo un capítulo en la historia de los encuentros de la Policía y los Stones. Pilcher, el mismo Pilcher de Lennon y Clapton, había detenido dos veces a Brian Jones. Ron Wood y Bill Wyman también tuvieron unos cuantos problemas con la ley. 

Uno de los primeros en caer con porro en Inglaterra (podríamos decir que inauguró la saga persecutoria que vendría después con los músicos) fue Donovan. El cantante de Season of the Witch y Sunshine Superman fue apresado en julio de 1966 por tenencia de marihuana. Fue multado con 250 libras y reprendido por el juez con exagerado tono paternal: “Nos gustaría que tenga en cuenta que ejerce una gran influencia sobre los jóvenes y es su deber comportarse adecuadamente”. 

Inglaterra también fue complicada para los músicos estadounidenses. El caso más insólito fue el de Steve Miller y los miembros de su banda. Corría 1968 y estaban allí grabando el disco Children of the Future cuando recibieron una caja de bombones desde EE.UU. Pero como los bomboncitos estaban rellenos con macoña, todos fueron presos. Después los deportaron. 

Jerry Garcia
La lucha contra la marihuana y los músicos que la consumían (¿todos?) también se hizo insoportable a finales de los sesenta del otro lado del Atlántico, especialmente en San Francisco, a donde los jóvenes llegaban a raudales para vivir la experiencia de amor y paz. Y si los policías tenían que perseguir a alguien, obviamente iban a empezar por los Grateful Dead. La banda que mejor representó la contracultura hippie sufrió varios acosos policiales. Su casa de Haight y Ashbury en San Francisco, donde los Dead vivían en comunidad, fue escenario de un exagerado allanamiento policial en 1967. A Bob Weir y el tecladista Pigpen McKernan se los llevaron presos por estar fumando unos churros, pero la Diosa Fortuna acompañó a todos los demás: si los vigilantes hubiesen revisado la despensa de la cocina, seguro se los llevaban presos a todos. En marzo de 1973 el que cayó fue Jerry García por tenencia de marihuana, LSD y cocaína. Fue liberado tras pagar una fianza de 2.000 dólares.

Jimi Hendrix también pasó un mal momento cuando llegó a Toronto, Canadá, para dar una serie de conciertos. El 3 de mayo de 1969 no solo lo esperaban funcionarios de la Aduana, sino también agentes de la tradicional Policía Montada. Dieron vuelta su equipaje, hallaron hachís y heroína. Nueve meses después, como en un largo parto del que Hendrix quería escapar, el caso llegó a juicio. Fue declarado inocente porque el jurado no pudo probar que las drogas fueran suyas. Pero a todo el mundo le quedó la sensación de que Hendrix había caído en una trampa de su manager para tenerlo más controlado y que no se fuera con otro. 

Llegaron los setenta y Lennon no fue el único al que molestaron. Joe Cocker (que ya había sido deportado de Australia) fue detenido en Estados Unidos por tenencia de marihuana. La lista sigue: los músicos de country Willie Nelson y Roy Price también fueron presos por marihuana. En el caso de Nelson la Justicia desestimó luego los cargos en su contra porque el operativo policial que encontró marihuana en su coche había sido ilegal. David Lee Roth (ex cantante de Van Halen), el guitarrista Carlos Santana, el rapero Snoop Doggy Dog y el fallecido padrino del Soul, James Brown, fueron detenidos en los noventas por posesión de marihuana. En 2000 la que se ganó las tapas de todos los periódicos sensacionalistas fue Whitney Houston cuando la detuvieron antes de que subiera a un avión en Hawai con 15 gramos. 

Las drogas duras se llevaron a muchos músicos, pero otros con mucho esfuerzo pudieron dejar las anfetas, las jeringas y las esnifadas. Algunos todavía conservan el hábito de fumarse un porrito cada tanto como David Crosby (ex Byrds y Crosby, Stills, Nash & Young). Placer, claro, que los policías no iban a permitir. En 2004 lo detuvieron cuando el empleado del hotel descubrió que en su habitación Crosby había dejado una pistola y 30 gramos de marihuana. Avisó a los de azul y el músico de los bigotes prominentes terminó tras las rejas. 

El caso de George Michael es insólito. Parece que un día de 2006 se quedó dormido frente al volante de su auto y chocó contra algunos vehículos que estaban estacionados. Cuando la Policía llegó él seguía allí, inmóvil. Revisaron su auto y le encontraron una buena cantidad de porro y fue preso. Días después, un amigo suyo declaró a los medios que el cantante pop tenía un problema de adicción a la marihuana y que su consumo diario llegaba a los 20 porros. 

Las detenciones siguieron, pero con menor frecuencia. El de Amy Winehouse fue uno de los últimos arrestos que conmocionaron a la opinión pública. En 2007, de gira por Noruega, la cantante fue demorada por tener siete gramos. Tuvo que pagar una multa de 500 euros. 

Bob Marley
Claro que esto no podía terminar sin mencionar al máximo referente de la cultura canábica. Bob Marley fumaba tanto y desde siempre, que en cuanto llegó a Inglaterra en 1976 para grabar sus discos Exodus y Kaya los policías británicos discípulos de Pilcher se fijaron en él. Lo detuvieron y recibió una condena menor por posesión. Ganjas del oficio: sus hijos siguieron sus pasos. A Julian Ricardo Marley y Stephen Nesta Marley los detuvo la Florida Highway Patrol en plena autopista, y cuando les revisaron el coche encontraron ocho grandes porros. ¿Por qué esos policías motorizados iban a comprender que eso era parte de su cultura y su esencia?  

El Marley africano, Fela Kuti, creador del Afrobeat (fusión de funky, jazz y cantos tradicionales africanos) y líder político sensible a los derechos humanos que luchaba por un socialismo africano también fue detenido en Nigeria por marihuana. Su caso es emblemático porque estuvo teñido de malas intenciones políticas. Kuti estaba muy involucrado y era una molestia para al gobierno nigeriano de los setenta. A pesar de que era un confeso fumador, cuando la Policía lo detuvo no le encontró nada, pero le “plantaron” unos gramos y se lo llevaron a la cárcel. Pero demostró que no había consumido marihuana -cuando sí lo había hecho- luego de un análisis fecal. Claro, las heces que entregó no eran suyas, sino de otro preso a quien se las había comprado para “zafar”. Recuperó la libertad y escribió una de sus canciones más populares: Expensive Shit, (Mierda cara). 

Durante décadas se gastaron millones de dólares en una lucha infame, dinero público despilfarrado por policías, jueces, fiscales y gobernantes. Persecuciones estúpidas y procesos absurdos que terminaron en condenas absurdas. Canciones censuradas por sus letras “sugestivas” y campañas mediáticas contra músicos por su afición a fumar porros. Aquí en la Argentina, el caso más emblemático es el de Andrés Calamaro y su frase “Qué linda noche para fumar un porrito”, que derivó en un proceso extenso y sin sentido. 

La marihuana estuvo, está y seguirá estando en el rock, así como en el jazz, el reggae, el blues, el soul o el género que sea. Ya lo dijo Bob Dylan hace más de 50 años en Rainy day women #12&35: “Everybody must get stoned”.

sábado, 1 de febrero de 2020

Bandas de sonido

Hay canciones que cobran vida con una película. Otras reviven a partir de un film determinado. El cine y la música se complementan. Hay temas que acompañan escenas memorables, que tal vez con otra canción no lo serían tanto. Alguien se imagina a Dustin Hoffman en El Graduado sin Mrs. Robinson de fondo. O a Peter Fonda y Dennis Hooper andando en sus motos sobre una ruta desértica sin Born to be wild. La música muchas veces define a una película.

Aquí, cinco bandas de sonido definitivas:

FORREST GUMP (Robert Zemeckis / 1994). La música de esta maravillosa película protagonizada por Tom Hanks entrelaza la historia del entrañable Forrest con los grandes acontecimientos de los Estados Unidos, fundamentalmente en los sesenta. Todos los temas están ordenados cronológicamente: el álbum comienza con Elvis interpretando Hound dog, de 1956, y termina con Against the wind de Bob Seger, de 1980. Todas las canciones narran las aventuras del protagonista en paralelo al asesinato de Kennedy, la lucha por los derechos civiles, la guerra de Vietnam, el auge del hippismo, la llegada del hombre a la luna y la decadencia social de post guerra. El cancionero lo conforman Blowin' in the Wind (Dylan), Fortunate son (Creedence), California dreamin’ (The Mamas & The Papas), For what is worth (Buffalo Springfield), Sweet home Alabama (Lynyrd Skynyrd) y On the road again (Willie Nelson), por solo nombrar algunas. Un disco doble que no tiene desperdicio.

ALMOST FAMOUS (Cameron Crowe / 2000). Cuando era un adolescente, Cameron Crowe tuvo la oportunidad de trabajar para la revista Rolling Stone y cubrir giras de Led Zeppelin, Allman Brothers y los Eagles. En esta película, combinó sus memorias, la de un joven que descubre las maravillas del rock y el sexo, con algo de ficción que le da más flexibilidad a la narración. Así, el joven protagonista (Patrick Fugit) se involucra con groupies, guitarras distorsionadas, micros de larga distancia y entabla una relación muy cercana con la bella Penny Lane (Kate Hudson) y Russell Hammond (Billy Cudrup), el carismático líder del grupo (ficticio) Stillwater. La banda sonora es un decálogo del rock de los setenta: Every picture tells a story (Rod Stewart), One way out (Allman Brothers), Tiny dancer (Elton John), Simply man (Lynyrd Skynyrd) y I’m waiting for the man (Lou Reed).

PULP FICTION (Quentin Tarantino / 1994). La película fue un verdadero boom de taquilla a mediados de los noventa y, al día de hoy, es la obra mejor lograda de Tarantino. El guiión entrelaza tres historias relacionadas con el crimen organizado de Los Ángeles. Las características centrales son los diálogos estilizados, la combinación de humor y violencia, el relato no lineal y la música. Una escena memorable es la del baile de Vincent Vega (John Travolta) y Mia Wallace (Uma Thurman) al ritmo de You never can tell, de Chuck Berry. Otra particularidad en cuanto a la música es su variación estilística con clásicos como Let’s stay together (Al Green), Son of a preacherman (Dusty Sprinfield) y Lonesome town (Ricky Nelson) con una reversión magistral de Girl, you'll be a woman son, de Neil Diamond, por Urge Overkill, que Uma Thurman inmortalizó en una gran escena.

HIGH FIDELITY (Stephen Frears / 2000). La película está basada en la obra de Nick Hornby. Cuenta las desventuras amorosas de Rob Gordon (John Cusack), un ex DJ que trabaja en una disquería no muy lucrativa de Chicago. Lo acaba de dejar Laura (Iben Hjejle), su última novia, la que él creía que era la “elegida” y entonces empieza a repensar su vida amorosa desde que era pequeño. En ese viaje hacia el pasado, con tono de comedia romántica, la música se vuelve un eje central, ya que Rob era fan de grabar mix-tapes. La banda de sonido es una joya porque prescinde prácticamente de súper hits, a excepción de Let’s get it on, de Marvin Gaye, aquí cantada por Jack Black, pero cuenta con grandes canciones originales como Most of the time, de Bob Dylan; Oh! Sweet Nuthin', de The Velvet Underground; I believe, de Stevie Wonder; y la extraordinaria Dry the rain, de The Beta Band. También aparecen otros grandes artistas como The Kinks, John Wesley Harding y Love. La selección es un tanto ecléctica y ese es su punto más fuerte, el de saber amalgamar temas distintos para conformar un gran álbum.

MY BLUEBERRY NIGHTS (Kar-Wai Wong / 2007). La banda de sonido de este hermoso y melancólico road movie protagonizado por Jude Law y Norah Jones, con las participaciones de Rachel Weisz y Natalie Portman, es otro acabado ejemplo de cómo la música puede ser una gran protagonista de un filme. El primer tema es un clásico tema jazzeado de Norah Jones, con una melodía suave y exquisita en la que el piano se combina con absoluta naturalidad con el pesado sonido del contrabajo de Lee Alexander. El disco cuenta con dos temas de Cat Power, Living proof y The Greatest, está última como la canción insignia de la película. Además, hay tres composiciones instrumentales originales de Ry Cooder -Ely Nevada, Logn ride y Bus ride- y una más cantada por Mavis Staples, Eyes on the prize, que aportan el clima necesario. Y como si fuera poco también aparecen en el soundtrack Otis Redding, Ruth Brown, Cassandra Wilson versionando a Neil Young y nuestro Gustavo Santaolalla con la incidental Pájaros.

lunes, 21 de mayo de 2018

Cinco momentos decisivos del blues de pre-guerra

1 - El encuentro

En algún momento de 1903, W.C. Handy estaba esperando el tren en la estación del pequeño poblado de Tutwiler, Mississippi, cuando escuchó a un vagabundo que cantaba “Goin’ where the southern cross the dog”, en referencia al ferrocarril del Delta conocido popularmente como 'Dog' o ‘Yellow dog’, mientras deslizaba un cuchillo sobre las cuerdas de su rústica guitarra. El sonido de ese hombre negro cautivó a Handy, quien se inspiró en ese encuentro para componer, tiempo después, su clásico Yellow dog blues y otros temas icónicos que lo convertirían en el “Padre del Blues”. En su autobiografía, Handy hace un relato detallado de ese momento, pero no brinda la identidad del músico ni precisa la fecha en que ocurrió ese encuentro. Según el investigador Jim O’Neal, el negro “flaco y ágil” que describe Handy podría ser Henry Sloan, quien es considerado el verdadero pionero del blues y maestro de Charley Patton. Otros historiadores como David Evans y Ted Gioia no descartan que está hipótesis sea correcta.

2 - La primera grabación

El primer blues que se grabó en la historia no surgió del rasgueo crudo de un guitarrista del Mississippi, sino de una cantante negra oriunda de Cincinnati, Ohio. En 1916, el diario afroamericano The Chicago Defender anticipó que los “race records” iban a tener buenas ventas debido a la cantidad de negros que estaban comprando fonógrafos. El 10 de agosto de 1920, la cantante de vaudeville Mamie Smith entró a los estudios de Okeh Records en Nueva York y grabó junto a los Jazz Hounds, bajo la supervisión del ingeniero de sonido Ralph Peer, el tema de Perry Bradford, Crazy blues. El disco de 78 rpm, que en su lado B llevaba el tema It’s right here for you, fue editado en noviembre de ese año y en los primeros seis meses vendió alrededor de un millón de copias, según los registros de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Mamie Smith se convirtió en una verdadera estrella y siguió activa durante toda la década aunque paulatinamente fue perdiendo terreno ante otras cantantes como Ma Rainey y Bessie Smith. A comienzos de la década del cuarenta tuvo un paso por el cine, pero el 16 de agosto de 1946 murió. Como un cruel giro del destino lo hizo sumida en la pobreza y el olvido.

3 - Las legendarias sesiones de Grafton

Uno de los músicos más emblemáticos del Delta del Mississippi, Son House, había pasado un par de años en la prisión de Parchman por matar a un hombre y cuando salió en libertad, a fines de 1929, un tribunal de Clarksdale, lo obligó a marcharse de la ciudad. Son House se fue a Lula, un pequeño poblado en el condado de Cahoma, entre las míticas rutas 49 y 61, donde conoció a Charley Patton. Ese encuentro fortuito lo llevó a dedicarse de lleno a la música y a grabar por primera vez. Por entonces, Patton era una figura importante del blues del Delta y cuando desde la discográfica Paramount le pidieron que recomendara a algún músico para grabar señaló a su nuevo amigo. Fue así como ambos bluesmen, junto con el legendario Willlie Brown y la pianista Louise Johnson, con quien Patton mantenía un affaire, viajaron más de mil kilómetros hacia el norte hasta Grafton, Wisconsin, donde estaba la fábrica de Paramount. El 28 de mayo de 1930, Son House grabó versiones extensas de Preachin’ the blues, My black mama y Dry spell blues, que la discográfica tuvo que editar en dos partes cada una. Willie Brown registró sus únicas dos canciones como solista, Future blues y M&O blues, Patton sumó más temas a sus registros (que habían comenzado un año antes) como Some summer day y Bird nest ground, y Louise Johnson dejó su sello en cuatro únicas canciones. Debido al crack financiero del año anterior y a los problemas que atravesaba Paramount, las ventas de esos discos de 78rpm fueron un fracaso comercial en su momento, pero con el tiempo se convirtieron en una de las obras más significativas del blues del Delta de preguerra.

4 - Las 29 melodías

Robert Johnson es el protagonista de la leyenda más famosa de la historia del blues, la del pacto con el Diablo en una encrucijada de caminos. Pero ese es un hecho incomprobable, un cuento fantástico que alimentó el mito del bluesman más famoso de la era de pre-guerra. Lo que sí es un hecho corroborado e irrefutable es que Johnson participó de dos sesiones de grabación. La primera se llevó a cabo los días 23, 26 y 27 de noviembre de 1936 en el Hotel Gunter de la ciudad de San Antonio. Allí, bajo la supervisión del productor inglés Don Law, grabó algunas de sus piezas más famosas: Sweet home Chicago, Dust my broom, Ramblin’ on my mind y Come on in my kitchen para la American Record Corporation. Meses después, el 19 y 20 de junio de 1937, Johnson volvió a Texas y en un edificio de almacenes ubicado en el 508 Park Avenue, en la ciudad de Dallas, grabó otros temas como Stones in my passway y Malted milk, y así completó las 29 melodías que se volvieron piezas fundamentales del cancionero tradicional del blues. Un año más tarde, el 16 de agosto de 1938, Johnson murió en circunstancias confusas en Greenwood, Mississippi.

5 - Guitarra eléctrica

No es fácil determinar quién fue el primero en grabar con guitarra eléctrica en la historia de la música contemporánea. Lo que sí está claro es que la electrificación tuvo como objeto principal que los músicos y bandas pudieran tocar ante una mayor cantidad de público. Según varios registros históricos, el primero en hacerlo fue el guitarrista de jazz Eddie Durham en 1935, durante unas sesiones para el sello Decca. La prueba de ello es el tema Hittin’ the bottle. Durham, que había creado su propio amplificador, fue el mentor de otros dos grandes guitarristas que se lucieron en aquellos años con la eléctrica: Charlie Christian (en la orquesta de Benny Goodman) y Floyd Smith. En el terreno del blues suele mencionarse a T-Bone Walker y Muddy Waters como los pioneros de la utilización de la guitarra eléctrica, uno en la Costa Oeste y el otro en Chicago. Pero ambos empezaron a hacerlo recién en la década del cuarenta. Todo indica que el primer solo de blues con una eléctrica lo registró ¡un músico blanco! George Barnes, quien con el tiempo se volvería un reconocido músico de jazz, hizo historia con apenas 16 años como guitarrista de Big Bill Broonzy en el tema It’s a low down dirty shame, grabado el 1º de marzo de 1938, en Chicago. De esa mítica sesión participaron el pianista Joshua Altheimer y probablemente el saxofonista Bill Osborn y el contrabajista Oliver Hudson. Y así fue como se enchufó el blues.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Los hitos del blues local


En el libro Bien al sur - La historia del blues en la Argentina, con Gabriel Grätzer planteamos que el blues local se conforma de lo que denominamos blues en la Argentina y blues argentino. El primero es el que, a comienzos del siglo XX, surgió tímidamente entre las bandas de jazz de la época, que interpretaban algunos blues tradicionales en sus repertorios. Eso sentó las bases de lo que se consolidaría muchísimos años después, principalmente a partir de la década del noventa, con músicos y grupos que aprendieron con los discos de los grandes maestros del género. La otra corriente, la del blues argentino, nació al mismo tiempo que el rock nacional, a mediados de los sesenta, y sus músicos tuvieron como máximas influencias a los jóvenes bluseros ingleses. Es decir, los pioneros del rock argentinos se acercaron al blues a través de la versión británica a la que le imprimieron su propio sello componiendo en español. El blues en la Argentina y el blues argentino por momentos tomaron caminos separados y por otros se fusionaron, más allá de que algunos puristas consideren que el segundo no debe ser llamado blues. El blues local puede resumirse en una serie de hitos que son el núcleo de su historia:

- El 10 de junio de 1935, Paloma Efron, más conocida como Blackie, grabó junto a sus Boys el primer blues en la Argentina: el clásico St. James Infirmary (Odeon 194328).

- En 1939, Néstor Ortiz Oderigo escribió su primer libro, pero debido a la Segunda Guerra Mundial, la editorial Claridad lo editó recién en 1944. En Panorama de la música afroamericana dedicó un capítulo a cada una de las principales ramas del folclore de los Estados Unidos: work songs, negro spirituals y blues. Al año siguiente, Oderigo fue convocado a escribir una sección titulada “Notas sobre blues” en la revista Jazz Magazine.

- En 1954, en la película de Leopoldo Torre Nilsson, Días de odio, y en medio de una fuerte escena (para la época) dentro de un prostíbulo, aparecía Lois Blue ataviada de forma muy sensual, cantando Porque eres mi hombre, el primer blues interpretado en un film argentino.

- En 1965, Los Gatos Salvajes, la mítica banda de Litto Nebbia, lanzó su primer LP que incluyó la primera grabación de un blues eléctrico, Little red rooster, inspirada en la versión de los Rolling Stones y no en la original de Willie Dixon. En ese mismo álbum figura el que, según Claudio Kleiman, sería el primer blues escrito en español, aunque con elementos del doo wop: Necesito saber.

- En 1970, el sello Mandioca lanzó el primer álbum de Manal con clásicos inmortales como Jugo de tomate frío, Avenida Rivadavia y Una casa con diez pinos. Sin embargo, fue Avellaneda blues la que daría el impulso necesario al grupo, y el puntapié inicial del blues argentino.

- El 2 de julio de 1971, Osvaldo Ferrer grabó, acompañándose en guitarra, el Black Snake Blues, de Blind Lemon Jefferson. Este registro formó parte del Volumen II de la Antigua Jazz Band (Tonodisc LP 1022) y puede considerarse la primera grabación de country blues tradicional realizada en nuestro país.

- Ese mismo año, tras su paso por Los Abuelos de la Nada y Los Gatos, Pappo formó Pappo's Blues con David Lebón en bajo y Black Amaya en batería, y editó Volumen 1, que junto a Volumen 2, lanzado en 1972, iniciarían una saga de discos con los que Norberto Napolitano definió su sonido, una confluencia entre el blues y el hard rock, e hizo escuela.

- Más allá de que durante décadas, la Argentina recibió las visitas de grandes maestros del jazz como Louis Armstrong, Duke Ellington, Count Baise y Dizzy Gillespie, el primer bluesman de pura cepa en pisar suelo nacional fue B.B. King. En abril de 1980, el Rey del Blues dio dos conciertos en el estadio Obras y otro en el Hotel Bauen que fueron un fracaso comercial pero un gran hito para el blues local.

- En 1983, Memphis la Blusera lanzó su álbum debut, Alma bajo la lluvia, que reflejó una nueva forma de interpretar el blues en la Argentina. Por un lado combinaba letras propias en español, con una impronta tanguera, y por el otro una formación y un sonido típico de las grandes bandas de la región central y la costa oeste de los Estados Unidos.

- En noviembre de 1985, Daniel Grinbank organizó el festival Rock & Pop en el estadio de Vélez. En medio de un clima caldeado y una ensalada de artistas como INXS, Los Abuelos de la Nada y Charly García, se presentó el legendario bluesman británico John Mayall acompañado por dos tremendos violeros: Coco Montoya y Walter Trout. Fue la llegada del blues a un gran estadio porteño.

- En diciembre de 1991, B.B. King volvió al país -se presentó en el Luna Park y fue teloneado por Durazno de Gala- y esta vez conquistó al público porteño. Su presencia abrió la puerta a una década de grandes recitales de blues que tuvo como visitas ilustres a Albert King, Albert Collins, Taj Mahal, Buddy Guy, Jimmy Rogers, James Cotton, Honeboy Edwards y Magic Slim, entre otros.

- El 10 de agosto de 1993, meses después del lanzamiento de su disco emblemático Blues local y de haber tocado con B.B. King en el estadio Obras, durante la tercera visita del Rey a la Argentina, Pappo acarició el cielo con las manos: se fue de gira a los Estados Unidos y se presentó en el mítico Madison Square Garden de Nueva York en el Blues Summit de B.B. King junto a otras estrellas del firmamento blusero como Buddy Guy, Lonnie Brooks, Junior Wells y Koko Taylor. Luciendo un traje italiano, el Carpo deslumbró al público con sus solos.

El suceso del Samovar y el Blues Special Club, y el éxito comercial de La Mississippi y otras bandas en los noventa, la presentación de Grätzer y Memphis en el Teatro Colón, el show de Claudio Gabis en la Casa Rosada, la expansión federal del blues, las giras de artistas argentinos por el mundo, las muertes de Pappo y Adrián Otero, la creación de la Escuela de Blues, el auge de las jams y los festivales fueron otros acontecimientos que conforman la historia y la identidad del blues local.

viernes, 7 de diciembre de 2012

7 D

... del blues.

1) Delta del Mississippi. Es el lugar en el que empezó todo. Es el origen del blues, el vientre de esos cantos profundos y sonidos punzantes. Se le llama así a la zona que está en medio de dos ríos, el Mississippi y el Yazoo, ideal para el cultivo del algodón. De allí surgieron muchos de los próceres del género: Charley Patton, Robert Johnson, Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Son House, B.B. King, John Lee Hooker, Bo Diddley, Albert King y muchos más. Algunos fueron hijos de esclavos y todos sufrieron el rigor de la segregación racial y el trabajo forzado. Hoy, el Delta del Missisippi es el último bastión de la tradición del blues rural. Su época dorada terminó hace más de medio siglo, pero allí, en ciudades como Clarksdale, Indianola y Leland, todavía vibra el pulso del blues más profundo.

2) Willie Dixon. El padrino del blues nació en la ciudad de Vicksburg, a orillas del río Mississippi. Fue un gran cantante y un destacado contrabajista. Pero su fuerte, eso que lo hizo muy respetado y por lo que se ganó su apodo, fue el poder que tenía para escribir canciones. Compuso muchos de los clásicos más importantes de la historia. En los 50, fue vital en el desarrollo del blues moderno escribiendo canciones para el sello Chess, que grabaron Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Koko Taylor, Little Walter y Sonny Boy Williamson. Sus temas fueron también punta de lanza para bandas como Led Zeppelin y los Rolling Stones.

3) Dust my broom. El 23 de noviembre de 1936, Robert Johnson grabó en San Antonio, Texas, I believe I'll dust my broom, uno de los 29 temas que lo convertirían en leyenda. Se cree que Johnson se inspirió en dos canciones para componerla: I’ll believe i’ll make a change, de Leroy Carr, y en Sagefield woman blues, de Kokomo Arnold. Si bien el tema está asociado al slide, Johnson la grabó mediante la técnica del fingerpicking. En 1951, Elmore James la patentó a su manera: grabó con su banda una versión eléctrica y endemoniada utilizando el slide. Fue editado como single por el sello Trumpet y el crédito del tema quedó para el propio James. Se cree que fue por un error, por desconocimiento, de la productora Lillian Shedd McMurry. Con el tiempo se convirtió en uno de los clásicos más versionados de la historia.

4) Don't look back. Este disco de John Lee Hooker probablemente no esté en el podio de los mejores de su carrera, que son varios, pero ciertamente es un álbum auténtico con el toque mágico de la presencia de Van Morrison, no sólo como cantante, sino también como productor. El disco fue editado en 1997, cuatro años antes de su muerte, y tiene algunos temas nuevos; versiones de viejos clásicos, como Dimples o Blues before sunrise; y un cover hipnótico de Red house, de Jimi Hendrix, que es mortal. Un disco que le gusta a los viejos bluseros y que puede motivar a los nuevos oyentes a revolver la historia de unos bluesman más crudos y viscerales de la historia.

5) Delmark Records. Es uno de los sellos discográficos más importantes del género. Fue fundado en 1953 en St. Louis, Missouri, por Bob Koester, un coleccionista de discos nacido en Kansas y de padres alemanes. Empezó como sello especializado en jazz pero al tiempo descubrió la magia de los músicos de blues rural como Big Joe Williams y J.D. Short. En 1958, Koester dejó la esquina de Delmar & Olivier -de ahí viene el nombre del discográfica- y se instaló en Chicago. Allí empezó a grabar blues y Be bop. Por sus estudios pasaron Luther Allison, J.B. Hutto, Magic Sam y Jimmy Dawkins, así como también músicos de jazz como Sonny Stitt, Bud Powell y Donald Byrd. Hoy Delmark sigue editando discos excelentes y apostando a artistas de la talla de Eddie C. Campbell, Linsay Alexander y Quintus McCormick.

6) Dobro. Es un tipo de guitarra resonadora, cuyo nombre fue registrado como marca por Gibson, y que se utiliza mucho en el blues tradicional. Prima de la national steel guitar, tiene un diseño muy particular, que combina madera con un disco metálico. Al oscilar las cuerdas, se consigue un cambio de volumen en la caja de resonancia y una amplificación del sonido. La han usado en distintas épocas y no sólo músicos de blues: hay grabaciones memorables de Tampa Red y Blind Willie McTell, así como también de artistas contemporáneos como Taj Mahal, Roy Rogers y Chris Thomas King. Johnny Cash, Rory Gallagher, Mark Knopfler y los Lynyrd Skynyrd también tocaron mucho con ese tipo de guitarra.

7) Don Vilanova. Miguel Vilanova es uno de los popes del blues local. Empezó su carrera junto a Pappo’s Blues y luego emigró a España donde tocó con decenas de músicos. En los 90, integró Durazno de Gala, una de las bandas emblemáticas de la época y luego siguió su carrera solista. Miguel Vilanova se hizo conocido por su apodo de Botafogo, con el que grabó varios discos. Además de participar en grabaciones de decenas de artistas argentinos, fue telonero de B.B. King, Buddy Guy y Santana, entre otros. Entre fines de los 90 y comienzos del nuevo milenio, hizo una gira por EE.UU. y dos por Japón. Por cuestiones legales, en 2008 Botafogo anunció que cambiaba su nombre artístico a Don Vilanova, que sigue usando hasta hoy. Su imagen dentro del mundo del blues decayó en los últimos años producto de algunas declaraciones poco felices y por grabar discos que lo alejaron de la senda del blues más tradicional.

martes, 12 de junio de 2012

La escena del crimen

La crónica policial y la historia de la música contemporánea se entrelazan en este post.

Robert Johnson (1911-1938). Mucho se ha hablado de la vida de este bluesman del Mississippi. Con el tiempo, su historia fue adquiriendo detalles fantásticos, que si bien nadie se anima a confirmar, muy pocos los contradicen. El supuesto pacto con el Diablo en una encrucijada de caminos, las 29 canciones que compuso y grabó entre 1936 y 1937, y las únicas tres fotos suyas que existen son algunas de las cosas que alimentan su leyenda. Su misteriosa y temprana muerte, el 16 de agosto de 1938, inauguró la saga trágica de los 27 años. Según se pudo reconstruir, algunos días antes de esa fecha se presentó para tocar en un juke joint (bar característico del Mississippi) de Three Forks, a 20 kilómetros de la ciudad de Greenwood. Esa noche habría bebido moonshine (whisky clandestino) de un vaso que le dieron y poco después empezó a sentirse mal. Pasó varios días agonizando en una habitación alquilada hasta que murió. Las sospechas es que fue envenenado por un marido celoso, probablemente el dueño del antro en el que estaba tocando.

John Lee “Sonny Boy” Williamson (1914-1948). Uno de los máximos exponentes del blues de preguerra también murió de una manera brutal. Williamson fue un armonicista extraordinario, el maestro de los maestros, el pionero en hacer escuela con ese pequeño instrumento. Estaba en el apogeo de su carrera, su canción Shake that boogie era un éxito, cuando la muerte se interpuso en su camino. El 1º de junio de 1948 tocó en The Plantation Club, en la calle 31 y la avenida Giles, en la zona sur de Chicago. Era una noche calurosa y luego de una jornada agotadora, Williamson decidió volver caminando a su casa. En el trayecto fue víctima de un asalto. No hubo armas de fuego ni cuchillos. Simplemente Lo molieron a golpes. Sus últimas palabras fueron: “Señor ten piedad”. Sus restos descansan en Jackson, Tennessee, tal como él lo había pedido.

Sam Cooke (1931-1964).El 11 de diciembre de 1964, Sam Cooke estaba alojado en el Hacienda Motel, en Los Ángeles, y lo que pasó esa noche solamente lo sabe la mujer que lo mató: Bertha Franklin, la conserje. Ella confesó el crimen, pero dijo que fue en defensa propia. Según su relato, Cooke, que se había alojado poco antes con una mujer, apareció abruptamente en su oficina, semidesnudo y descontrolado. Empezaron a forcejear, ella alcanzó a tomar su arma y le disparó un tiro en el pecho. Como Cooke seguía en pie, Franklin tomó una escoba y le dio con el palo en la cabeza. Ese fue el final del cantante que había revolucionado a la música soul de comienzos de los sesenta con su encantadora voz. La noticia generó un cimbronazo en la comunidad negra en pleno auge de los derechos civiles. Los investigadores establecieron que Cooke se registró con una prostituta, que ésta le robó dinero y sus ropas, y que cuando salió a buscarla enfurecido se topó con Franklin quien se asustó y todo eso derivó en el trágico desenlace. La justicia de California cerró el caso y la mujer fue absuelta por tratarse de un caso de legítima defensa, aunque siempre quedaron dudas si todo no se trató de una emboscada.

Brian Jones (1942-1969). El 3 de julio de 1969, el cuerpo de Brian Jones, fundador de los Rolling Stones, apareció flotando en la pileta de la mansión de Sussex en la que se había recluido luego de dejar la banda, o mejor dicho, después de que Jagger y Richards lo echaran. Durante tres meses estuvo solo o acompañado por su novia sueca Anna Wohlin, a pura droga y alcohol. Así que la versión de que se había ahogado de forma accidental no sorprendió a nadie. Y esa hipótesis fue la que prevaleció durante varios años, aunque siempre hubo rumores de que algo más había pasado. En 1993, Frank Thorogood, un constructor que a fines de los 60 tuvo la tarea de refaccionar la mansión y también la de vigilarlo por pedido de su manager, confesó a un allegado que lo había matado. Varios años después se intentó reabrir el caso pero todo quedó en la nada, principalmente porque el hombre que había escuchado la supuesta confesión lo negó. Y además porque la policía, tal vez para cubrir algunos errores del pasado, optó por no profundizar la investigación.

Al Jackson Jr. (1935-1975). La música de Stax, el soul de Memphis, no sería lo mismo si no hubiera existido Al Jackson. Él fue el hombre que le dio el beat tan característico al sonido de Booker T & The MG’s, una de las mejores house-bands de la historia. Además de participar de grabaciones inolvidables como las de Green onions o Time is tight, tocó con casi todos los músicos que surgieron del corazón de Soulsville: Otis Redding, Wilson Pickett, Sam & Dave, Rufus Thomas, Eddie Floyd y William Bell. Tiempo después, en los primeros años 70, llegó a participar en sesiones de otros músicos como Eric Clapton, Freddie King y Shirley Brown. El 1º de octubre de 1975, Jackson vio por tevé junto a Eddie Floyd la pelea en la que Muhammad Ali venció a Joe Frazier en Manila, Filipinas. Luego volvió a su casa donde fue baleado por la espalda y murió. Su esposa alegó que habían entrado ladrones, pero a los investigadores les quedaron muchas dudas. El supuesto asesino fue el que por entonces era el novio de la cantante Denise LaSalle, quien murió meses después durante un tiroteo con la policía. El crimen de Al Jackson Jr. sigue siendo un “caso abierto”.

John Lennon (1940-1980). El crimen más famoso de la historia del rock sacudió al mundo el 8 de diciembre de 1980. Mark David Chapman ejecutó al ex Beatle de cuatro balazos calibre 38 por la espalda en la puerta del edificio Dakota, a metros del Central Park, en Nueva York. Lennon fue llevado de urgencia al Hospital Roosvelt pero los médicos no pudieron hacer nada. Murió a las 23.07, 17 minutos después de haber sido herido. Chapman estaba obsesionado con él y El Guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. Justamente cuando la policía llegó al lugar lo encontró leyendo ese libro. Ese día, Chapman llegó temprano a la puerta del Dakota, sobre la calle 72, conversó con algunos fans, el portero del edificio y hasta logró que Lennon le firmara una copia de su disco Double fantasy cuando salía con Yoko Ono. El asesino esperó. Merodeó durante toda la tarde hasta que la pareja volvió y concretó su plan criminal. Chapman fue condenado a perpetua, aunque el juez ordenó que fuera tratado psiquiátricamente. Hoy sigue preso en una cárcel de Nueva York. La justicia le rechazó seis pedidos de libertad condicional.

Felix Pappalardi (1939-1983). Su nombre está asociado a un hito de fines de los 60, Cream, el power trío que definió el sonido del rock psicodélico. Él fue el productor que acompañó a Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker en la grabación del álbum Disraeli gears. Pero también se lo reconoce por su trabajo como bajista en Mountain, la banda que encabezaba Leslie West y que a comienzos de los 70 revolucionó a todos con el tema Mississippi Queen. El 17 de abril de 1983, Pappalardi fue baleado por su esposa, Gail Collins, y murió. Hacía tiempo que el músico mantenía un romance con otra mujer y por eso al principio no había dudas sobre cuál había sido el motivo del crimen. Pero durante el juicio, la defensa de Collins logró imponer su hipótesis, que se había tratado de una muerte accidental cuando Pappalardi le enseñaba a su esposa cómo usar el arma. Por eso Collins fue condenada a cuatro años de prisión por homicidio culposo.

Marvin Gaye (1939-1984). Un día antes de su cumpleaños número 45, el ícono del soul Marvin Gaye discutió acaloradamente con su padre. La disputa acabó de la peor manera: con Marvin muerto de un disparo de un arma que él le había regalado a su padre cuatro meses antes. Algunas notas periodísticas de la época revelan que todo se trató de la crónica de una muerte anunciada. Marvin Gaye hacía rato que padecía una fuerte depresión y, por eso, a fines de 1983 se mudó con sus padres en busca de contención. Pero nada de eso sucedió y se involucró en un espiral de violencia que agudizó su condición psiquiátrica. Durante el juicio por homicidio, Marvin Sr. fue diagnosticado con un tumor cerebral, pero el debate siguió adelante. Finalmente fue condenado a cinco años de probation, ya que el jurado consideró que actuó en un estado de emoción violenta. La muerte de Marvin Gaye fue un duro golpe para sus fans, pero eso no impidió que hoy, a casi 30 años del hecho, su música esté más vigente que nunca.

Jaco Pastorius (1951-1987). La carrera de Jaco Pastorius fue meteórica y su final fue tan trágico como increíble. En la década del 70 se convirtió en uno de los bajistas más respetados del naciente jazz rock, con una técnica completamente innovadora. Se podría decir que fue el primer músico en llevar a ese instrumento al centro de la escena. Integró la poderosa banda Weather Report, editó algunos álbumes solistas y tocó en discos de Joni Mitchell, Blood Sweat and Tears y Bireli Lagrene. Pero a mediados de los 80 comenzó a sufrir serios trastornos psiquiátricos que se agudizaron por el consumo de drogas y alcohol. Luego de protagonizar varios incidentes públicos, Pastorius se convirtió en un paria para la industria de la música. En sus últimos años, pasó la mayor parte de su tiempo en edificios donde se consumía crack. En septiembre de 1987 fue detenido en Fort Lauderdale por robar un coche y cuando salió de la cárcel intentó sabotear un show de Santana, por una vieja rencilla con el bajista Alphonso Johnson. Pero un guardia de seguridad lo echó y le dio una paliza brutal. Pastorius agonizó durante diez días hasta que murió.

Peter Tosh (1944-1987). No fue el Rey del reggae simplemente porque existió Bob Marley. Pero sin duda fue un músico notable, un pionero del movimiento Rastafari y un exponente fiel del sonido más puro de Jamaica. Comenzó junto a los Wailers, pero en 1971 optó por seguir por su cuenta. Su carrera solista incluyó una gira con los Rolling Stones, un hit junto a Mick Jagger -Don't Look Back- y ocho discos. Pero además fue un activista en pos de la legalización de la marihuana, de hecho su primer y más emblemático álbum se llamó Leagalize it. Su muerte ocurrió el 11 de septiembre de 1987 en su casa de los suburbios de Kingston. Tosh había regresado hacía poco al país luego de ganar un premio Grammy por su disco No nuclear war y estaba reunido con algunos amigos cuando tres hombres armados irrumpieron en su casa. Uno de los delincuentes era conocido de Tosh y fue quien lo ejecutó de dos tiros en la cabeza. Durante el ataque otra persona murió y hubo cinco heridos. La hipótesis es que los asesinos buscaban un dinero que Tosh habría traído de su viaje. El asesino, Dennis ‘Leppo’ Lobban, se entregó y fue condenado a muerte, aunque las apelaciones lograron evitar la ejecución. Hoy sigue preso, mientras que nunca se supo quienes fueron sus cómplices. De todas maneras, aún hoy persisten las dudas de que ese haya sido el motivo del crimen.

BONUS: 2 Pac / Notorius BIG. El mundo del hip hop tiene algunos crímenes en su cuenta. Los más célebres fueron los de 2 Pac y Notorius BIG. Los dos fueron baleados: el primero en septiembre de 1996 y el otro seis meses más tarde. Ambos crímenes alimentaron la teoría de una guerra entre los representantes de la Costa Oeste contra los del Este, pero también sacaron a la luz contratos sucios, drogas y pandillas.

lunes, 26 de marzo de 2012

Blues a ciegas

La primera referencia histórica de un músico ciego es del siglo VI antes de Cristo en China. Desde entonces hay cientos de ejemplos para mencionar: los biwa hoshi japoneses del siglo XII; los kobzars ucranianos de principios del 1800; Turlough O'Carolan, referente de la música irlandesa que murió en 1738; o hasta los más recientes Stevie Wonder, Clarence Carter, los Blind Boys of Alabama, Andrea Bocelli, José Feliciano, Diane Schuur y Roland Kirk. Todos ellos desarrollaron un sentido absoluto y notable por la música. Pero este fenómeno se dio de una manera contundente en el mundo del blues. Esta es la lista de los diez músicos ciegos más influyentes del género.

Blind Lemon Jefferson (1893-1929). Son varios los pergaminos que tiene este músico nacido en el poblado texano de Couchman. Para empezar, fue uno de los guitarristas más influyentes del blues rural y hoy está considerado como el padre del blues de Texas. Durante la década del 20 fue uno de los músicos más populares y exitosos. En apenas tres años grabó unas cien canciones, algunas verdaderos clásicos del género como Matchbox blues y Black snake moan. Jefferson nació ciego y empezó a tocar la guitarra a los siete años. Su estilo es algo diferente al de los bluesmen del Mississippi, ya que estaba en parte influenciado por la música de los trabajadores mexicanos. Cuando tenía veintitantos se mudó a Dallas y allí conoció a Leadbelly con quien tocó durante un tiempo. Al día de hoy, su muerte sigue siendo un misterio: no hay certificado de defunción y las versiones de cómo murió son muchas, pero por suerte su legado atravesó el tiempo y eso lo hace inmortal.

Blind Blake (¿1890/97?-¿1933/37?). Está considerado el creador del Piedmont blues, estilo que se nutre del fingerpicking, la forma de tocar la guitarra sin púa y marcando el bajo con el pulgar, que se asemeja al sonido del piano ragtime. Pero poco se sabe de su vida. Arthur Blake (algunas fuentes señalan que se llamaba Arthur Phelps) nació en Jacksonville, Florida. Hay datos que indican que fue alrededor de 1890, según consta en los archivos de la discográfica Paramount, pero otras versiones señalan que fue en 1897. Nadie puede precisar de qué manera perdió la vista. Se dice que estuvo un tiempo en Chicago, durante la década del 20, y que su otra especialidad, además de la música eran las peleas. Dueño de una técnica fluida, precisa y melódica, y una asombrosa voz de barítono, Blake grabó 79 canciones durante la época de la Depresión, entre las que se cuentan su clásicos Diddy wa diddy y Georgia blues. Sobre su muerte también hay pocas certezas. Algunos aseguran que fue asesinado en Chicago en 1933 y otros que volvió a Jacksonville donde murió en 1937. Su vida es una gran incógnita, pero su música ha sido fuente de inspiración para miles de músicos durante más de 80 años.

Blind Willie Johnson (1902-1947). Pasó a la historia como un símbolo del blues y del góspel de comienzos de siglo XX. Willie Johnson fue un gran guitarrista, aunque será recordado siempre por su voz aguardentosa y salvaje. Al igual que Jefferson, nació una granja de Texas, pero perdió la vista cuando tenía siete años durante una pelea entre su padre y su madrastra. Ellos estaban discutiendo cuando la mujer le arrojó agua de lejía al hombre, que accidentalmente quemó los ojos del pequeño Willie. Con el tiempo empezó a tocar la guitarra. Para el slide no utilizaba un cuello de botella como muchos de sus contemporáneos, sino que deslizaba sobre las cuerdas una navaja de bolsillo. Así empezó a tocar en las esquinas, donde desarrolló una excelente técnica para tocar blues. Pero él no quería tocar la “música del Diablo” ya que era un muy creyente y por eso empezó a cantar góspel y spirituals, y se volvió pastor evangélico. En 1927 grabó seis canciones para el sello Columbia y en los siguientes dos años grabaría 24 temas más. Durante la década del 40 siguió tocando hasta que una neumonía acabo con su vida.

Blind Boy Fuller (1907-1941). Como la mayoría de sus contemporáneos fue un autodidacta. Pero él no nació en una granja texana, a orillas de Mississippi o en los pantanos de Louisiana. Su tierra natal fue Carolina del Norte, en la Costa Este de los Estados Unidos. Su verdadero nombre era Fulton Allen y, según la leyenda, quedó ciego luego de que su madrastra le quemara la cara con ácido cuando era niño. A mediados de la década del 30 tocaba en las calles de Durham cuando lo descubrió el caza talentos James Long y lo llevó a grabar a Nueva York. Así comenzó su época más fructífera: en los siguientes cinco años compuso el grueso de su material, entre los que se destaca el clásico Rag, mama ,rag. Fuller es uno de los músicos más reconocidos del Piedmont blues. Un disco fabuloso para conocer su música es el East Coast Piedmont style editado por el sello Columbia en 1991.

Blind Willie McTell (1901-1952). “Nadie puede cantar blues como Blind Willie McTell”, dice el estribillo de la canción que Bob Dylan le dedicó al guitarrista nacido en Thomson, Georgia. A diferencia de los músicos mencionados antes, McTell registró un período activo luego de la segunda guerra mundial. Es muy probable que por eso tenga una discografía más extensa que los demás. Si bien no está claro el motivo, McTell nació casi ciego y perdió la vista por completo siendo un niño. Hijo de padres músicos y con un parentesco con Tom Dorsey, McTell fue dueño un estilo sublime. Cuando tenía unos 25 años empezó a tocar la guitarra de doce cuerdas y fue entonces cuando desarrolló la técnica que lo haría famoso: combinó el finger-picking con el slide y así logró un sonido que parecía constituido por dos guitarras. A eso le sumó una forma exquisita de cantar, un tanto nasal y con algunos elementos de los cantantes hillbillys, de los Apalaches. A diferencia de muchos otros músicos de la época, McTell fue a escuelas para ciegos e integró las giras de distintos carnavales y shows medicinales, algo muy típico en los Estados Unidos de comienzos del siglo XX. Entró por primera vez a un estudio en 1927 y editó para el sello Victor una de sus canciones más memorables, Statestboro blues. En 1940, gracias a Alan Lomax, grabó para la Librería del Congreso y nueve años después dejó un nuevo testimonio musical para el sello Atlantic. En 1956 fue redescubierto y una vez más volvió a los estudios de grabación. Tres años más tarde murió como consecuencia de un derrame cerebral.

Rev. Gary Davis (1896-1972). Nació parcialmente ciego y con el tiempo perdió por completo la visión. Por ese motivo desarrolló un sentido agudo para la música. Aprendió a tocar la guitarra cuando tenía seis años y desde entonces no hizo otra cosa que mejorar y pulir su estilo. Fue un maestro del ragtime y fue un nexo entre la música de Blind Blake y Blind Boy Fuller. Si bien nació en Carolina del Sur, anduvo por todos lados. Durante la década del 30 grabó su costado más blusero, hasta que en 1937 se ordenó como ministro y empezó a tocar más que nada spirituals. En los 40 se mudó a Nueva York y se afianzó como músico en las esquinas de Harlem. En las dos décadas siguientes grabaría el grueso de su discografía para los sellos Stinson, Folkways, and Riverside. En la década del 60 fue redescubierto por el movimiento folk y cautivó a los jóvenes de esa generación con su solvencia para tocar la guitarra. Por aquellos años se dedicó a la enseñanza: entre sus alumnos más notables figuran Ry Cooder, David Bromberg y Jorma Kaukonen (ex Jefferson Airplane).

Ray Charles (1930-2004). Qué más se puede decir de Ray Charles a esta altura. Muy poco. Se sabe que su nombre se asocia tanto al blues como a muchos otros géneros. Ray Charles podría ser considerado como un cantante soul, un artista de R&B o un músico de jazz, que también se codeó con la música country y el pop. Lo cierto es que fue un personaje extraordinario que supo vivir de la música y que creo canciones - Crying time, Here we go again, I got a woman, What'd I say- que hoy son emblemas de la música popular estadounidense. Nació en una zona humilde de Albany, Georgia , y quedó ciego a los seis años por glaucoma. Así como Blind Willie McTell, fue a la escuela para ciegos, donde aprendió a leer, escribir y tocar varios instrumentos, aunque luego el piano sería su debilidad. Primero empezó imitando a Nat “King” Cole, pero con el tiempo alcanzó un estilo propio. En su carrera grabó decenas de discos y dio miles de shows alrededor del mundo. Murió como consecuencia de un cáncer de hígado. La película Ray, protagonizada por Jaime Foxx, es un buen retrato de su vida.

Sonny Terry (1911-1986). También surgido del riñón de Georgia, Sonny Terry se convirtió en uno de los armonicistas más importantes de la historia del blues. Lo que alcanzó con ese pequeño instrumento fue revolucionario. Influenciado por el sonido hillbilly creó un estilo personal y muy difícil de imitar llamado whoppin’, que consiste en entremezclar chillidos con el soplido de la armónica. Terry quedó ciego por un accidente cuando tenía 16 años y eso fue decisivo para que se dedicara a la música. Primero se mudó a Durham, NC, donde conoció a Blind Boy Fuller y empezó a tocar con él. A fines de la década del 30, viajó a Nueva York para grabar para el sello Vocalion y dos años más tarde volvió a la Gran Manzana para participar del legendario Spirituals to Swing Concert organizado por John Hammond. Cuando Fuller murió en 1941, Terry empezó a tocar con el guitarrista Brownie McGhee. Esa sociedad sería histórica. Juntos grabaron gran cantidad de álbumes para sellos tan prestigiosos como Folkways, Savoy y Fantasy. Y en los 60 se convirtieron en referentes ineludibles del movimiento folk. En los 70 tuvieron diferencias que los llevaron por caminos distintos. Poco después, Terry grabaría un disco memorable junto a Johnny Winter y Willie Dixon, para el sello Alligator. Murió por causas naturales a los 75 años.

Snooks Eaglin (1936-2008). Vivió y murió en Nueva Orleans, donde logró una gran reputación. Se destacó por su estilo particular para cantar, similar al de Ray Charles, y por su forma punzante y, en cierta medida, poco convencional para tocar la guitarra. Pero principalmente por el amplio repertorio que llevaba a cuestas con el que siempre sorprendía a sus audiencias. Eaglin, que perdió la vista afectado por el glaucoma, tuvo una primero etapa acústica y durante una época cargó con el apodo de “Little Ray Charles”. A fines de los 50 y comienzos de los 60 participó de sesiones acompañado solamente por sus guitarras de seis y doce cuerdas. That’s all right, de 1961, es un buen testimonio de su costado unplugged. Casi en paralelo, empezó a tocar con una banda y grabó para el sello Imperial. Eaglin no tuvo exposición a nivel nacional hasta mediados de los 80 cuando editó una serie de muy buenos discos para el sello Black Top. Pero su vida siempre siguió ligada a los bares de Nueva Orleans. Allí desplegó todo su talento hasta que tuvo que ser internado afectado por un cáncer de próstata.

Jeff Healey (1966-2008). El nombre de Healey se hizo conocido de forma masiva luego de la película El duro, de 1988, protagonizada por Patrick Swayze. Allí, Healey se interpretaba a sí mismo: un músico ciego que arriba del escenario le sacaba chispas a su guitarra, la cual apoyaba sobre sus muslos, y encendía a un público ávido de peleas. Pero más allá de esa aparición en la gran pantalla, Healey ya había juntado bastante experiencia en bares y festivales tocando ante audiencias exigentes. En el mundillo del blues ya era muy reconocido, especialmente por Stevie Ray Vaughan, con quien mantenía una relación de afecto y respeto profesional. Pero a partir de la película, el músico canadiense se hizo famoso en los EE.UU. y eso le permitió editar su disco See the Light, cargado de shuffle, wah wah, baladas y blues. El álbum tuvo una muy buena acogida, pero la consagración le llegó dos años después con Hell to play, con invitados de lujo como George Harrison, Jeff Lynne y Mark Knopfler. Healey, que había perdido la vista cuando tenía un año por un cáncer de retina, vivió siempre limitado por graves problemas de salud. En 2008, justo cuando su disco Mess of blues irrumpía en el mercado, murió por lo misma enfermedad que lo aquejó durante toda su vida.

BONUS TRACK:

Bryan Lee (1945). Pese a que nació en Two Rivers, Wisconsin, el “Braille Blues Daddy” es uno de los músicos más reconocidos de Nueva Orleans y es el único de esta lista que sigue vivo. Dueño de un sonido muy característico, Lee es uno de esos guitarristas que moldeó su estilo escuchando por radio a Muddy Waters, Elmore James y B.B. King, A los ocho años se quedó ciego y a los 15 empezó a tocar la guitarra con ganas. De a poco, se fue haciendo un lugar en las bandas de su región y durante los 70 mantuvo una amistad con Luther Allison. En 1981, Muddy Waters lo escuchó tocar durante un concierto en Milwaukee y quedó muy impresionado con él. “Bryan no dejes de hacer lo que haces, porque dentro de un tiempo serás una leyenda viva”, le dijo. Eso fue inspirador para él, pero no se fue a vivir a Chicago, sino que lo hizo mucho más al sur. Se radicó en Nueva Orleans en 1982 y con el tiempo se fue ganando un lugar de privilegio en la noche del French Quarter, especialmente en el Old Absinthe House Bar. En total grabó ocho discos de estudio, tres en vivo y tiene su Greatest Hits, todos para el sello Justin Time. Entre sus pergaminos también está ser el mentor de Kenny Wayne Shepherd. Pese a los avatares de la vida, la ceguera, delicados problemas de salud y el huracán Katrina, Lee no deja de hacer lo que más la gusta.