martes, 17 de julio de 2018

Un canto a su tierra y sus costumbres


Shemeika Copeland tiene una de las voces más intensas, expresivas y deslumbrantes de la escena actual. A 20 años de su debut discográfico, acaba de lanzar un nuevo álbum: America’s child es su obra más ambiciosa, en la que profundiza el camino que comenzó a trazar con Outskirts of love (2015), el de ablandar las rígidas fronteras del blues para expandirse al country, el rock y el soul, abrazando el estilo denominado americana, para cantarle a su tierra y sus costumbres.

America’s child es su sexto disco para el sello Alligator (el octavo de su carrera) y está cargado de energía, hermosas melodías y una producción sobresaliente a cargo de Will Kimbrough, quien también se encarga de las guitarras y teclados. El resto de la banda la completan el bajista Lex Price y el baterista Pete Abbott, y ocasionalmente se suma Al Perkins en pedal steel guitar. Y para darle el marco ideal a las canciones, el álbum fue grabado en Nashville, la capital de la música.

El disco cuenta con grandes invitados como el legendario John Prine, que suma su canto profundo en la poderosa Great rain. La dulce voz de Emmylou Harris contribuye en los coros de Americans y Ain’t got time for hate, mientras que la excepcional Rhiannon Giddens toca el banjo en la bucólica Smoked ham and peaches. La otra aparición estelar es la de Steve Cropper, el afamado guitarrista de Booker T & The MGs’, los Blues Brothers y la crema del soul de Memphis, quien aporta su experiencia y feeling -y un solo memorable- en la balada blusera Promised myself, que escribió el padre de Shemeika, el gran Johnny Copeland.

In the blood of the blues tiene la fuerza de un tornado y la voz de Shemeika arrasa con todo a su paso, sostenida por el coro y la guitarra filosa de Kimbrough. One I love tiene también un ritmo estremecedor y una melodía absorbente, mientras J.D. Wilkes se encarga de rellenar los espacios intermedios con su armónica diligente. Y ya cuando la evidencia de que America’s child es un disco extraordinario es más que suficiente, Shemeika se despacha con una imponente reversión blusera de I'm not like everybody else, el clásico de los Kinks de 1966. El álbum cierra con canción tradicional de cuna, minimalista y acústica, en la que se siente como si Shemeika te arropara y te diera el beso de las buenas noches.

Según Kimbrough, “Shemekia Copeland es la más auténtica. America’s Child va hacia lo más profundo y su voz -un tesoro nacional- lleva las canciones sin esfuerzo, más allá de que el tópico sea personal, espiritual, político o simplemente diversión estridente. Shemekia abre la boca y lo que sale es pura humanidad”.

America’s child no es un disco de blues. Es un álbum que cataliza un amplio espectro de estilos tradicionales, entre ellos el blues, y los relanza a la manera vocal de Shemeika, que con apenas 39 años ya ocupa un lugar entre las grandes vocalistas de la rica historia de la música norteamericana.

sábado, 7 de julio de 2018

Blues contra el desánimo


Blues en Movimiento es mucho más que una consigna o una organización. Es una forma de sentir y vivir el blues con mucha intensidad. Hace años que viene peleando con las armas que tiene a mano -sangre, pasión y paciencia- en una escena local difícil y en medio de una coyuntura cada vez más dura. Con todo, este colectivo blusero se las rebusca muy bien para salir adelante con las jams, los shows y ahora también con los festivales.

El viernes por la noche se llevó a cabo la primera fecha del Festival de Invierno de Blues en Movimiento y la coqueta sala de Lucille, sobre la calle Gorriti, en Palermo, se llenó de gente que fue a escuchar una exquisita y variada propuesta musical.

La velada comenzó con los Blues & Trouble, una banda que lleva unos cuantos años tocando blues, aunque con algunos cambios en su formación. De la mano del guitarrista Guillermo Fernández y el bajista Fabián Yajid, el grupo interpretó poco más de media docena de temas con el foco puesto, principalmente, en el sonido moderno de Texas. Comenzaron con Jungle, de Anson Funderburgh y Sam Myers, y luego siguieron con el clásico Rocket in my pocket; If you love me like you say, de Albert Collins; Why are the people like that; y I like it like that y Sugar coated love inspiradas en las versiones de Jimmie Vaughan y los Fabulous Thunbderbirds, en los que sobresalieron los solos del guitarrista Martín Munoa. El grupo, que lo completan la vocalista Noelia Ibarra y el baterista Fernando Vázquez, cerró su presentación a puro soul con To know you is to love you, de Stevie Wonder.

El segundo acto estuvo a cargo de Nacidos Bajo un Mal Signo, la banda de zona oeste que interpreta clásicos del blues con la mayor fidelidad posible y una marcada influencia del estilo de Memphis. Con una nutrida formación de ocho músicos, entre ellos los tres que se encargan de los caños, desplegaron un repertorio muy ameno con un sonido cuidado y mucha energía. Jorge Torroella sobresalió con sus solos y Rafael Purriños se comió el escenario con mucha personalidad y un gran registro vocal. La banda, que se sostiene por el buen pulso de Ariel Figueroa en bajo y Julián Ferela en batería, interpretó temas de Albert King, Otis Rush, Guitar Slim y B.B. King. Se notó que los Nacidos disfrutaron la oportunidad de tocar en Palermo y lograron una buena sinergia el público.

Nasta Babies o Easy Super

El cierre de la noche fue muy especial. Dos de las principales bandas contemporáneas de blues en español se fusionaron por primera y única vez. A la formación de Mauro Diana y Roberto Porzio le faltó el baterista Homero Tolosa -está en Rusia- y junto a Federico Verteramo se sumaron a Nasta Súper, que no tuvo entre sus filas al bajista Mauro Ceriello. Así, con tres guitarras, más los teclados de Walter Galeazzi, la prestancia de Gabriel Cabiaglia en batería y el bajo firme de los Easy Babies dieron un show muy ameno en el que Rafa Nasta y Mauro Diana alternaron en canto. Abrieron con Ironic twist y después alternaron temas de ambos. Los Easy Babies impusieron sus clásicos Que comentario te llegó, Conseguite otra mujer, Todo lo que tengo y Estamos haciendo las cosas bien, mientras que Nasta, que tocó una Gibson Les Paul para contrastar con la Strato de Verteramo y la can guitar de Porzio, pasó al frente con Nada me importa, Enemigo mío y Todo el día me pregunto, de Manal. Los guitarristas y Galeazzi se repartieron los solos equitativamente y la gente acompañó en coros en los temas de Easy Babies, como ya es habitual.

La noche del viernes ofreció un triple play de buen blues en un gran lugar y con mucho público, pese a que afuera la lluvia y el frío potenciaban el desánimo de vivir en esta Argentina desigual.

martes, 3 de julio de 2018

A los 71

Wilko Johnson - Blow your mind. La vida le dio una segunda oportunidad a Wilko Johnson y el ex guitarrista de Dr. Feelgood la está aprovechando. Tras superar un cáncer de páncreas se embarcó en la grabación del excelente álbum Going back home, junto a Roger Daltrey, y ahora, cuatro años después vuelve al ruedo con Blow your mind. La guitarra frenética de Wilko es el hilo conductor de este disco que se mece entre el rock and roll, el rockabilly, un blues enérgico y cierta nostalgia setentosa. Las doce canciones fueron escritas por él y algunas -como Marijuana y Take it easy- dan cuenta de todo lo que tuvo que pasar para dejar atrás a la enfermedad que lo tuvo que acariciando la muerte. La banda que lo acompaña es la misma de Going back home, pero sin Daltrey: Norman Watt Roy al bajo y Dylan Howe a la batería llevan adelante una candente sección rítmica, que potencia el sonido crudo y visceral del guitarrista. Steve Weston suma su armónica en algunos temas, como en el blues reflexivo Low down, donde también se destaca el aporte del tecladista Mick Talbot. El disco está cargado de vitalidad. La música muestra una vez más su poder de sanación. A punto de cumplir 71 años, Wilko Johnson suena tan fresco como en aquellos convulsionados años cuando Dr. Feelgood reinaba en Inglaterra.

Ry Cooder - Prodigal son. El consejo de su hijo Joachim fue el siguiente: “No te pongas muy pesado. Nadie quiere escuchar más canciones sobre política. Deja que descansen un poco”. Así fue como Ry Cooder dejó atrás las canciones de protesta de Election Special, su álbum de 2012, para volver a trabajar sobre un concepto musical que ya había explorado a comienzos de los setenta: reconvertir con su voz viejos temas gospel, folk y blues. Aquí, Ry Cooder toca guitarra, banjo, mandolina, bajo y teclados, mientras que su hijo se encarga de la percusión. De los once tracks que tiene el disco, tres son nuevas composiciones y el resto covers, entre ellos, Everybody ought to treat a stranger right y Nobody's fault but mine, ambas del legendario Blind Willie Johnson; Harbor of love, de Carter Stanley; I'll be rested when the roll is called, de Blind Roosevelt Graves. Prodigal son evoca sus años de juventud, la música que le marcó el camino. Pero ya no tiene más veintipico, ahora tiene 71 años, la voz curtida y una trayectoria impresionante sobre sus espaldas. Y, además, aborda su pasado musical junto a su hijo, quien también coproduce el álbum. Con este disco, Ry Cooder ratifica que es uno de los máximos guardianes de la tradición musical norteamericana. Y ese es un título honorifico que pesa.