jueves 5 de noviembre de 2009

Ellas

Este es un pequeño tributo a todas las mujeres que tanto le dieron a la música. La selección de títulos es arbitraria y responde a los diez discos que más me impactaron la primera vez que los escuché. Con esto no quiero decir que sean los diez mejores, pero sí que son muy buenos y recomendables.

Joni Mitchell Blue (1971). El título es muy adecuado y el arte de tapa es muy representativo. Blue es un disco triste, pero a la vez hermoso. Sus letras, entre lágrimas, son inspiradoras. La voz de Joni es profunda y melancólica. Sus registros, impecables. La soledad tiene aquí una digna inspiración poética. Las canciones son deliciosas y espléndidas como las tardes frescas al sol. La melodía de California se me pegó desde la primera vez que la oí, hace ya muchos años (gracias Lucio por la recomendación). Pero también están All I want y A case of you, dos himnos que definen el folk rock confesional. Si nunca lo escucharon, por favor no pierdan más tiempo.

Nina Simone The Great Nina Simone (1998). Fue el primer disco que tuve de ella. Alguien me la recomendó, fui a Musimundo y compré el primero que encontré. Empieza a puro swing con Love me or leave me, después baja un cambio con Mood Indigo, de Ellingnton, y así sigue con 16 canciones más, todas muy cool. La mayoría de los temas son de finales de los cincuenta; la voz de Nina es exquisita y su forma de tocar el piano es, como la definieron en All Music, la cruza perfecta entre Bach, Horace Silver y Bobby Timmons. Trato de no recomendar compilaciones porque siempre es mejor escuchar los discos tal como los grabaron los artistas y no como los armaron las discográficas. Pero en este caso hicieron un gran trabajo.

Janis Joplin – Pearl (1971). En la contratapa del disco dice: “Pearl es un verdadero clásico de una artista legendaria”. Suscribo a cada una de esas palabras. La verdad hoy no me acuerdo si fue el primer álbum que escuché de ella, porque teniendo apenas un puñado de discos oficiales, creo que los escuché casi todos al mismo tiempo. El impacto que me causó su música, su expresividad, sus aullidos desgarrados de dolor, soledad y Southern Comfort, es casi indescriptible. Acabo de poner Pearl en el equipo de audio. Hace mucho que no lo escuchaba. Ahora suena Cry baby y me vuelvo a maravillar con su conmovedora interpretación. Pearl se editó poco después de que Janis muriera (de hecho hay un tema instrumental, Buried alive in the blues, al que ella no llegó a ponerle la vos) y es uno de los mejores discos de la historia del rock.

Valerie Wellington – Millon Dollar $ecret (1984). Este disco se lo compré a Guillermo de Minton’s hace muchos años. Me lo llevé sin escucharlo, más que nada por los músicos que tocaban con ella: Magic Slim, John Primer, Sunnyland Slim, Billy Branch, Aaron Burton y otros. Para ese entonces ya escuchaba a Koko Taylor y Etta James, pero la sorpresa que me causó la voz de Wellington fue muy llamativa. Tenía una voz tan particular y cruda que estaba predestinada a cantar blues. En el librito del cd me enteré que ella había muerto un año antes, en 1993, y tal vez eso me sacudió un poco. Después con el tiempo, cuando escuchás blues, te acostumbras a descubrir músicos que ya están muertos. Definitivamente Millon Dollar $ecret tiene el alma del blues de Chicago.

Billie Holiday – Lady in Satin (1958). Ya sé que no es su mejor disco. Pero lo elijo por el topetazo fulminante que me causó la primera vez que lo escuché. El comienzo con I’m a fool to want you es tan demoledor como el efecto que hicieron la heroína y el alcohol en su cuerpo. Lady in Satin fue grabado un año antes de su muerte. A pesar de que tenía 42 años, su voz parecía la de una mujer mucho mayor. Los arreglos de la orquesta de Ray Ellis pueden ser un poco pastosos por momentos, pero el sentimiento de dolor y padecimiento que sale de la voz de Billie es de lo más auténtico que jamás se haya grabado.


Sheryl Crow - Tuesday Night Music Club (1993). La primera vez que escuché a Sheryl Crow fue en Houston, en 1994. Estaba parando en la casa de una amiga argentina que vivía allá y pasaron por MTV el video de All I wanna do. Me encantó. Yo en esa época estaba muy metido en el blues. Apenas tenía 20 años y estaba recorriendo Estados Unidos por primera vez siguiendo las raícesde la tradición blusera, así que su música fue inesperada y refrescante para mí. Bárbara, mi amiga, tenía el cd, lo puso y me gustó mucho más, porque no era un disco de una sola canción. Tal vez suene exagerado, pero creo que es uno de los mejores discos debuts de la década del noventa.

Aimee Mann – Magnolia (1999). La película es increíble. No sólo por la historia o las actuaciones, sino también por la música. banda de sonido es en un 90% de Aimee Mann salvo por un par de temas de Supertramp y uno de Gabrielle. Tiene dos de las canciones más fantásticas que haya escuchado jamás cantadas por una mujer: Save me y Wise up, esta última aparece en la película antes de la memorable escena de la lluvia de ranas. Hasta que se estrenó la película, yo no tenía idea quien era ella, pero desde entonces la tengo muy presente. Por suerte este año la vi en vivo en el Gran Rex y fue un placer infinito.

Sue Foley – Big City blues (1995). Conocí Austin en 1996. Fui a ver un par de shows de músicos locales y fui a visitar el mítico Antone’s, uno de los mejores antros de Texas para ir a escuchar blues. Allí descubrí a una cantante y guitarrista que me fascinó de entrada. Primero me entró por los ojos: una colorada preciosa que rompía con todos los estereotipos de las mujeres del blues. Después escuché dos de sus discos: Without a warning y éste. El primero es muy bueno, pero Big City blues es superlativo. Muy buenos temas propios (Big City blues y This time) y algunos covers bárbaros como If you gotta go y To be alone with you (ambos de Bob Dylan), Howling for my Darling (Howlin’ Wolf) y As long as I have you (Willie Dixon), redondean un album brillante.

Norah Jones – Come away with me (2002). La verdad que la aparición de Norah Jones fue luminosa. Más allá de la pomposa producción y del poder del marketing, ella es verdaderamente única y muy talentosa. Creció escuchando a Sarah Vaughan, Joni Mitchell, Bill Evans, Nina Simone, Cowboy Junkies, Etta James y Carole King y éste disco es como un tributo a sus influencias. Un homenaje moldeado por su dulzura y su naturalidad. Hay muchos que opinan que es muy comercial y bla bla, lo sé y no lo discuto, pero yo les recomendaría que dejen los prejuicios de lado, pongan el disco y descorchen un buen vino. Ya verán como las melodías seductoras de Norah acaban con todos esos pensamientos.

Rickie Lee Jones – Rickie Lee Jones (1979). Para el último de los diez discos dudé entre este y Tapestry, de Carole King. A Rickie Lee Jones la descubrí hace diez años más o menos con su disco Pop Pop. Pero no me enganché tanto con su música. Hace tres años revisaba la batea de ofertas de una disquería de Londres y encontré su primer disco a sólo 4.99 libras. Lo compré, lo escuché y me llevé una gran impresión. A veces uno tiene un primer encuentro que no es adecuado con un artista, tal vez el disco equivocado, o el momento erróneo. Lo que sea. Por suerte tuve mi segunda oportunidad con ella y no la desperdicié. Y hasta la pude ver en vivo. Una diosa.

martes 3 de noviembre de 2009

Dos reyes

Un poco más de blues. El otro día me metí en el perfil de Facebook de Bob Margolin, que lo tiene abierto para todo el mundo, y miré sus fotos. La historia del blues contemporáneo está resumida en las imágenes que subió. Esta es apenas una, que me encantó porque están los dos más grandes. Margolin tomó retrató a Johnny Winter y Muddy Waters adentro de una limusina el 19 de julio de 1979 yendo al festival de jazz en el Alexandra Palace, cerca de Londres. No logro darme cuenta si está tomando whisky en un copón o champagne con hielo.

sábado 31 de octubre de 2009

Nothin' but the blues

Anoche me subí a un convoy full of blues. En poco más de una hora y media tuve una descarga eléctrica con lo mejor de Chicago: Steady Rollin’ Bob Margolin, Willie “Big Eyes” Smith y Bob Stroger, más el bonus del tecladista Donny Nichilo. El escenario fue el Teatro ND Ateneo, que estuvo colmado de fanáticos de blues. Lamentablemente el más fanático de todos se sentó atrás mio: cada solo caliente de Margolin provocaba en este desquiciado aullidos dementes. Gritaba con voz rasposa “Oh yeah”, como si se creyera la reencarnación de Howlin’ Wolf.

Más allá de eso, que fue circunstancial, fue un gran recital. Willie Smith empezó cantando y tocó la armónica durante gran parte del show. Sólo los últimos tres o cuatro temas se sentó en la batrería, que hasta entonces había estado en manos del crédito local, Gonzalo Martino. Smith, Margolin y Nichilo se repartieron los solos, aunque el guitarrista se llevó los mayores aplausos, sobre todo cuando arremetió con el slide. Bob Stroger cantó a la mitad del show un par de temas e hizo un pequeño numerito bajando del escenario para arengar al público. Por momentos parecía un predicador evangélico vibrando con el impulso de la palabra de Dios. Margolin tomó la voz cantante para la última parte del show y soportó estoicamente el baile sexy de una morena que se subió a un costado del escenario.

Entre los temas sobresalieron Big Boss man, Long distance call, Hoodoo man, It hurts me too -con un solo de slide fantástico de Margolin- y Bad boy. Willie Smith es muy versátil con la armónica aunque no me gustó mucho su intento con la cromática. Y Bob Stroger, a pesar de no moverse mucho, tiene mucho swing. Cuando ya faltaba poco para terminar subió al escenario Marcos Lenn y cantó Key to the Highway. Comentario al margen: físicamente Lenn se parece mucho al Clapton de los setentas, al de la época del Rainbow Concert.

En el final la locomotora del blues aceleró su marcha con dos clásicos inoxidables como Got my mojo working y Hoochie Coochie man. A las 11 en punto todo había terminado, pero faltaba el bis. Se bajó el telón y cuando volvió a subir, media docena de músicos argentinos habían copado el escenario: estaban Daniel Raffo, Emilio Villanueva y algunos de los miembros de la Luka, entre otros. Junto a Margolin y compañía tocaron Sweet Home Chicago. El bis fue un tanto desprolijo y ese es mi único cuestionamiento al show. Yo entiendo que para los músicos argentinos es un orgullo subir a tocar con semejantes “nenes”, pero me parece que el público se merecía un tema más con Margolin, Stroger y Smith solos. A los demás los podemos ver cualquier fin de semana.

Anyways (suena mejor que de todas maneras)... fue una gran velada con el espíritu de Muddy Waters presente. El esfuerzo de Roger, el organizador, no fue en vano y los porteños tuvimos otro show de blues de jerarquía. Por suerte no fue el último. Ya vendrán varios más.


jueves 29 de octubre de 2009

Buenos Aires Blues & Roll

Tendremos un fin de año a pura música internacional en vivo. Mucho blues, bastante rock y una pizca de jazz.

1) Viernes 30 de octubre. Bob Margolin, Bob Stroger y Willie “Big Eye” Smith, en el teatro ND Ateneo. Los ex miembros de la banda de Muddy Waters se presentan por segunda vez en Buenos Aires: ya tocaron el sábado pasado en Mr. Jones.

2) Viernes 30 de octubre. El trompetista cubano Arturo Sandoval tocará en el Teatro Gran Rex.

3) Domingo 1 de noviembre. Faith No More, una de las mejores bandas de rock de los noventa, se presentará en el Pepsi Music, en el Club Ciudad de Buenos Aires.

4) Viernes 13 de noviembre. El corista de los Stones, Bernard Fowler, dará un show en Niceto Club. Presentará su último disco Friends with privileges.

5) Viernes 13 y sábado 14 de noviembre. Living Colour, otra vez a la Argentina y en La Trastienda. Va a presentar su nuevo disco: The Chair in the Doorway.

6) Miércoles 18 de noviembre. Jason Mraz, su onda cool y su I’m yours, por primera vez en la ciudad de la furia. ¿Dónde? En el Gran Rex. Si viene éste, ¿por qué no lo traen a Jack Johnson?

7) Martes 24 de noviembre. El legendario James Cotton tocará en el Teatro Gran Rex. Un día después lo hará en el Hotel Faena.

8) Viernes 27 de noviembre. El guitarrista Larry Coryell trae su jazz-fusion al auditorio Belgrano. Viene con dos ex miembros de Weather Report: Alphonse Mouzon y Victor Bailey.

9) Viernes 27 de noviembre. Viene The Killers. La banda de Las Vegas dará un único show en GEBA.

10) Sábado 28 de noviembre. El guitarrista gringo J.C. Smith se subirá al escenario de Mr. Jones, en Ramos Mejía.

11) Miércoles 2, viernes 4 y domingo 6 de diciembre. Para aquellos que están por rocker, los ¡celebramos! AC/DC en River. Excelente. Una semana antes, el 27 de noviembre, darán un único show en el estadio Morumbí de San Pablo.

12) Jueves 10 de diciembre. El baterista de B.B. King, Tony Coleman, y un tributo al rey del blues con una banda de músicos locales en el Teatro IFT.

Para diciembre hay más: Billy Branch, Jimmy Rip y la vuelta de la hija de John Lee Hooker, Zakiya Hooker. Para 2010 ya están confirmados los regresos de Coldplay y Franz Ferdinand.

lunes 26 de octubre de 2009

Actors Studio

El post anterior trataba sobre músicos que actuaron en películas. Ahora cruzo la vereda y analizo los discos que sacaron actores. Aquí una pequeña y arbitraria selección.

Steven Seagal & Thunderbox – Mojo Priest (2006). El rey de las patadas y la expresión inanimada toca la guitarra y canta blues. Sí, aunque parezca mentira. El disco tuvo críticas dispares, algunas muy duras, pero a mí me gustó. Obvio que hay cientos de discos de blues mejores, pero éste me pareció un buen intento por parte de Seagal. El actor de Alerta Máxima y Nico recurrió a la colaboración de algunos músicos conocidos como Bo Diddley, Robert Lockwood Jr., Ruth Brown, Hubert Sumlin y Bob Margolin (quien por estos días está de visita en la Argentina) para darle más esencia a su música. Vale la pena escucharlo.

The Blues Brothers - Briefcase Full of Blues (1978). Un par de años antes del lanzamiento de la película, los actores de Saturday Night Live, John Belushi y Dan Akyroyd, editaron bajo sus álter egos de Jake y Elwood Blues este disco fantástico, muy festivo y de puro soul. Los temas son todos clásicos: Hey Bartender, I Can't Turn You Loose, Messin’ with the kid y Flip, Flop & Fly. En su momento, antes de que se estrenara la película, a Belushi lo cuestionaron porque decían que quería imitar a Otis Redding. Cuando la verdad es que no era esa su intención. Con el tiempo lo que se le rescata a los Blues Brothers es el impulso que le dieron a los géneros de música negra en la década del ochenta.

William Shatner – Has been (2004). Tengo dos recuerdos puntuales de William Shatner: su papel del Capitán Kirk en la clásica Viaje a las Estrellas y su interpretación de un abogado desquiciado en Boston Legal, serie que miraba de costado mientras V almorzaba. Hoy Has been es un disco de culto. Rock and roll con una pizca de arreglos jazzeros y por momentos un sonido lounge. Shatner parece un crooner de la era espacial. La versión de Common People, de Pulp, es alucinante. El álbum fue producido por el multi-instrumentista Ben Folds y hay invitados de lujo como Aimee Mann, Henry Rollins y Joe Jackson. Una de las canciones, That’s me trying, fue compuesta por Folds y el escritor británico Nick Hornby.

Bruce Willis - The return of Bruno (1987). Este disco lo escuché en su momento y me pareció simpático. Nada más. Salió en la época en la que Willis era muy famoso por la seria Moonlighting y tuvo mucha prensa. Willis no está a la altura de los Blues Brothers, obvio, pero al menos la elección de los temas está bien y las interpretaciones Motown wanna be del pelado son aceptables. En 1989 editó otro álbum y desde entonces sólo se presentó en vivo, especialmente en las inauguraciones de los locales de la cadena Planet Hollywood. Cada tanto la versión de Under the boardwalk suena con el random de mi MP3.

Billy Bob Thorton - The Edge of the World (2003). Este muchacho estuvo en pareja con Angelina Jolie y tiene su banda de rock. Todo un crack. En total tiene cuatro discos editados y éste, The Edge of the World, es el segundo de esa lista. Su música tiene las raíces en el country del sur de los EE.UU. y sus letras son pequeñas historias personales, retratos de su mundo y trazos de sus vivencias. En Desperate one se da el lujo de tener como invitado a Warren Zevon, en una de sus últimas grabaciones. Otros músicos conocidos que tocan en el álbum son Daniel Lanois y Joe Walsh.

Juliette and The Licks – Four on the floor (2006). La sexy Juliette Lewis, la misma de Asesinos por naturaleza, Kalifornia, Cabo de Miedo y Días extraños, canta y lo hace bien. Inspirada en PJ Harvey, Lewis editó un par de discos con su banda Juliette and The Licks. En Four on the Floor cuenta con la colaboración de… Dave Grohl (Nirvana, Foo Fighters). Es un disco consistente, de puro rock and roll. Lewis canta bien, está buena y tiene carisma. Pero no inventó nada. Hace dos años tocó en vivo en Buenos Aires en el Palacio Barolo, en un show exclusivo para personajes vip.

Jim Belushi and The Sacred Hearts – 36-22-36 (1998). El hermano de John Belushi también es actor y amante de la música negra. Protagonizó algunas películas mediocres como K9 y Red Heat, con Arnold Schwarzenegger, y algunas series de tevé como Saturday Night Live y According to Jim. 36-22-36 fue editado por el sello House of Blues, de su amigo Dan Aykroyd, y contó con la colaboración de grandes músicos como Charlie Musselwhite, McCoy Tyner, Delbert McClinton y Huey Lewis. Los temas en su mayoría son clásicos del del blues como I just want to make love to you, Born in Chicago, Watch yourself. Después de esta experiencia Jim Belushi grabó con Aykroyd en un intento fallido por rescatar a los Blues Brothers.

Woody Allen and His New Orleans Jazz Band – Wild man blues (1998). El Gran Woody siempre un fan del jazz tradicional. Basta con escuchar las bandas de sonido de sus películas para comprobarlo. Desde hace muchos años, casi todos los lunes Woody Allen se presenta con su banda en el exclusivo Café Carlyle, de su amada Nueva York. Wild man blues es una gran película para ver neurosis en acción. En una entrevista que reprodujo el sitio Jazzeando, Allen contó: "No soy más que un clarinetista amateur. Si yo no fuese célebre, la gente no vendría a mis conciertos. Vienen más a verme que a escucharme (…) Aprendí a tocar el saxo soprano cuando tenía 13 o 14 años, pero después escogí el clarinete porque siempre he querido el jazz de New Orleans , especialmente a Sydney Bechet ".

Tenacious D – Tenacious D (2001). Los actores Jack Black (The School of Rock, Alta Fidelidad, King Kong) y Kyle Gass se hicieron famosos en EE.UU. en 1999 con una serie del mismo nombre que la banda en HBO, en la que Black y Gass se identificaban como “The D”, la mejor banda del mundo. Mezclando humor, country, folk y hard rock, Tenacious D editó el primero de sus dos discos con la colaboración de Dave Grohl (sí, otra vez) y Page McConnell (Phish). Su canción más famosa se llama Tribute. En algún punto, la creación de esta banda tiene alguna similitud con los Blues Brothers, pero la música no.

The Bacon Brothers - Live: The No Food Jokes Tour (2003). El híper famoso Kevin Bacon (Footloose, Apollo 13, The river wild, JFK) y su ignoto hermano, Michael, empezaron tocando en fiestas y eventos de caridad. En 1997 editaron su primer álbum y Live, el cuarto, representa lo mejor de la banda. Todos los temas que interpretan fueron compuestos por los hermanos salvo uno: Footloose (este tema para Bacon es como Satisfaction para los Stones). Su sonido es una combinación de música country y alternativa, que podríamos comparar con Wilco o los Jayhawks.

BONUS TRACK:

Scarlett Johansson - Anywhere I lay my head (2008). Este disco lo agrego a pedido del Beto Moreno, quien lo exigió con justa razón. Aunque yo quiero hacer mi descargo de por qué no lo incluí de entrada. Me pasan tres cosas: 1) Me gusta mucho la música de Tom Waits. 2) Me encanta ella. Mal. Me parece la mujer más hermosa sobre la tierra. 3) El disco me aburrió bastante. El 1 + 2 debería haber dado un 3 de locos, pero no. En este caso esa fórmula no funcionó. A ella prefiero verla en Match Point o recorriendo Barcelona y a él dentro de poco cuando presente su nuevo disco, Glitter and Doom Live.

viernes 23 de octubre de 2009

A la pantalla grande

Acá tenemos a diez músicos que en algún momento de sus vidas se volcaron al cine. En esta selección dejé afuera a los que en algunas películas se interpretaron a sí mismos o interpretaron papeles de músicos.

Bob Dylan – Pat Garrett & Billy the Kid (1973). En su biografía de Dylan, Howard Sounes cuenta: “Desde niño Bob había querido ser una estrella de cine. Había hecho sus pinitos en la desafortunada Eat the document, pero ahora se le presentó la oportunidad de aparecer en una gran producción de Hollywood”. La grabación no fue fácil: el director Sam Peckinpah tenía muchos problemas con el alcohol y, por consiguiente, con la gente que trabajaba para él. De todas maneras, la versión final dicen que fue brillante, pero como era muy extensa la MGM decidió acortarla sin el consentimiento del director y terminó siendo una película discreta. “La participación de Bob ya había sido exigua desde un principio. Ahora era tan intrascendente que podría considerarse irrelevante”, escribió Sounes. Pese a eso, el nombre de Dylan apareció tercero en los créditos y Kris Kristofferson, uno de los protagonistas, lo comparó a Bob con Chaplin.

Norah Jones – My blueberry nights (2008). Fue una de las mejores películas que vi el año pasado. Escrita y dirigida por Kar Wai Wong, es una historia de amor sin ningún cliché, pero también es una road movie muy musical. Norah Jones protagoniza la película junto a Jude Law con dos actrices secundarias de lujo, Rachel Weisz y Natalie Portman, más la aparición fugaz de Cat Power. La banda de sonido está a la altura de la película. Es un compilado con canciones que hablan de la soledad, la ruta, la tristeza, el amor y la memoria; desde Otis Redding y Ry Cooder hasta Amos Lee y Gustavo Santaolalla. La actuación de Norah Jones es de lujo; para comerla a besos. “How do you say goodbye to someone you can't imagine living without? I didn't say goodbye. I didn't say anything. I just walked away”.

Gregg Allman – Rush (1991). Gran película protagonizada por Jason Patrick y Jennifer Jason Leigh. Trata sobre policías de narcóticos infiltrados en el sórdido mundo de las drogas duras. Los protagonistas se mimetizan con yonkies, dealers, putas y matones. Gregg Allman (tecladista y cantante de los Allman Brothers, para quienes no lo conocen) es el malo de la historia. Está genial en el papel de Gaines, un mafioso intocable southern style. Si la película es buena, imaginen la música: Eric Clapton compuso la mayoría de las canciones, todas instrumentales salvo Tears in Heaven, por la que ganó un Grammy, y Help me up. También hay un blues ardiente entre Clapton y Buddy Guy.

Madonna – Body of evidence (1993). Claro que no es la única película que protagonizó Madonna (Evita, Dick Tracy, Buscando a Susan), pero definitivamente la más memorable, sobre todo para un hombre que la vio a los 20 años. El cuerpo del delito se estrenó un año después de Bajos instintos, con Sharon Stone, y la verdad que las dos películas supieron explotar muy bien las escenas eróticas que ellas protagonizaron. En El Cuerpo del delito hay dos escenas por las que Madonna merecería al menos algún premio o felicitación colectiva de todos los hombres del mundo: cuando muere el viejo en pleno acto sexual y cuando le derrama la cera caliente en el pecho al amigo Williem Dafoe.

Sting – Quadrophenia (1979). Fue la primera película en la que actuó el ex líder de The Police. Después vinieron más como Duna y Lunes tormentoso. Quadrophenia está basada en la ópera rock de The Who y cuenta la historia de Jimmy como excusa para retratar los enfrentamientos entre los Mods y los Rockers en el Swinging London de mediados de los sesenta. Sting tiene un papel secundario donde interpreta a Ace Face, el ídolo de Jimmy que no era más que el botones de un hotel. La música a está muy bien y para mí la película logra un buen clima. La ambientación sesentosa es muy acertada.

Willie Nelson - The Dukes of Hazzard (2005). La verdad que la película es bastante mala. Lo único bueno son las curvas de Jessica Simpson y la aparición del Gran Willie en el papel del tío Jesse. Después no hay mucho más para contar. Es un film para ver por cable, si lo enganchas haciendo zapping. Willie Nelson ya había actuado en otras películas y series durante los setenta y los ochenta. Pero yo lo tengo bien presente en Wag the dog (1997), con Dustin Hoffman y Robert De Niro, pero no lo elegí por esa película porque ahí interpreta a un músico que se parece mucho a él. Su representación del tío Jesse está bien, es divertida.

Mick Jagger – Freejack (1992). La verdad que la vi hace tanto tiempo que no me acuerdo bien de que iba así que tuve que navegar y leer un poco. Así y todo sigo sin acordarme. Lo único que recuerdo es que que fui al cine con ganas de ver a Jagger y también a Emilio Estévez (recuerden que por aquella época era un actor cotizado) en una buena película y salí un tanto decepcionado, como en el 80 por ciento de las películas de Hollywood muy promocionadas. Leyendo ahora sobre el argumento me causa gracia que la visión futurista de la película estaba ambientada en 2009. Mick Jagger tiene una actuación discreta en el papel de Víctor Vacendak, un cazador que tiene que dar en el futuro con el personaje de Estévez.

David Bowie - Basquiat (1996). Basquiat era un artista negro que en 1981 sorprendió al mundo del arte nada más y nada menos que en Nueva York. David Bowie (otro que actuó en muchas películas) interpreta aquí a Andy Warhol. La película, una de las favoritas de mi amigo Fede, tiene un reparto extraordinario: Jeffrey Wright está excelente como Basquiat y después acompañan muy bien Dennis Hopper, Gary Oldman, Christopher Walken y Benicio del Toro. La actuación de Bowie es magnífica. Como Hendrix, Cobain, Janis Joplin y Morrison, Basquiat murió a los 27 años de una sobredosis fulminante de heroína. Si hubiera sido músico seguramente hoy sería mucho más popular.

Harry Connick Jr. – Copycat (1995). A Harry Connick lo tenía como un pianista tranquilo y melodioso. La sorpresa que me llevé al verlo en papel de Daryll Lee Cullum en Copycat me estremeció. Es un violento y despiadado asesino serial al que le están copiando la forma de matar. Es un thriller interesante en el actúan Sigourney Weaver y Holly Hunter. Hay un par de escenas de Harry Connick que hielan la sangre.

Keith Richards - Pirates of the Caribbean: At world's end (2007). Esta es la única de todas las películas de este post que no vi. Pero los que sí lo hicieron me dijeron que Richards está diez puntos en el papel del Capitán Teague. Vi una escena en Youtube donde Richards se sienta y toca unos acordes en su guitarra y el director se encarga de mostrar su anillo-calavera que uno podría pensar que se lo puso para el papel pero que, en realidad, lo lleva desde hace muchos años. “No sólo se trata de vivir para siempre Jackie. El truco es vivir con uno mismo para siempre”.

BONUS TRACK:

Tom Waits - Short Cuts (1993). Me llamó Mariano un tanto indignado: "Falta Tom Waits", me dijo. Cuando tiene razón, tiene razón. Mis disculpas por haberlo omitido. En el caso de Waits hay al menos una docena de películas en las que actuó y una es mejor que la otra. Me vienen a la memoria The Outsiders, The Cotton Club, Drácula y Coffee and Cigarettes. Pero me quedo con su papel en el film Short Cuts (Ciudad de Angeles), de Robert Altman. Ahí interpreta a Earl Piggot, un chofer de limusinas, ahogado en problemas y alcohol. La película es excelente y el reparto es alucinante.

martes 20 de octubre de 2009

¿Para tomar o coleccionar?

El otro día vi esta foto de la agencia AP y me llamó la atención. Se trata de cuatro botellas de 1875 Armagnac Vieux, cubiertas de un hongo negro. La información además decía que iban a ser subastadas junto a otras 450.000 botellas de la bodega del legendario restaurante parisino Tour d'Argent. El motivo de la subasta es que el restaurante quiere reducir el stock de los vinos que tiene en abundancia para variar y modernizar su selección. Los precios estimados para la subasta, que se hará entre el 7 y 8 de diciembre, empiezan en 10 euros y ascienden hasta los 3 mil.

La foto me disparó una serie de preguntas. ¿Se puede tomar un vino de 1875? ¿Cómo estará el corcho? ¿Más que el vino lo que se cotiza es la botella? Entonces decidí consultar a dos especialistas que me dieron dos opiniones diferentes.

Andrés Rosberg, presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS), me respondió: “Si es Armagnac, es primo hermano del Cognac, ergo con una graduación cercana a los 40°. Y si tiene 40° el paso del tiempo no le hace nada, ya que no hay bacteria ni microorganismo que se la banque, con lo cual debería estar tomable. El corcho, sí, seguramente esté en malas condiciones, pero eso no es mayor problema”.

Por su parte, Daniel López Roca, director del sitio especializado Argentine Wines.com y creador del concurso Vino Sub30, me contestó lo siguiente: “Hay un viejo chiste sobre un pescador que llegó con su carga de atún al puerto y allí vendió todo a 10 pesos el kilo. El comerciante que lo compró puso la carga en un vagón de tren y partió hacia el centro del país. Llegando a una ciudad distante 100km del mar vendió todo el pescado a otro negociante a 20 pesos el kilo. Lo puso en un camión y partió hacia más adentro. A los 400 kilómetros llegó a un mercado y puso en venta su pescado, allí un hombre interesado le preguntó cuánto costaba, y él le dijo 40 pesos el kilo. El comprador dijo que estaba de acuerdo pero quería inspeccionar la mercadería. Al abrir el cargamento comprobó que los atunes estaban malolientes luego de tanto trajín. El comprador, molesto, le dijo que ese pescado no se podría comer. El vendedor le explicó que estaba en lo cierto, que había pescados para comer y pescados para vender, estos eran del segundo tipo”.

lunes 19 de octubre de 2009

Al vino

Por Jorge Luis Borges

En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
negro vino que alegras el corazón del hombre.

Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
desde el ritón del griego al cuerno del germano.

En la aurora ya estabas. A las generaciones
les diste en el camino tu fuego y tus leones.

Junto a aquel otro río de noches y de días
corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías,

vino que como un Eufrates patriarcal y profundo
vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.

En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
una roja metáfora de la sangre de Cristo.

En las arrebatadas estrofas del sulfí
eres la cimitarra, la rosa y el rubí.

Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.

Sésamo con el cual antiguas noches abro
y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.

Vino del mutuo amor o la roja pelea,
alguna vez te llamaré. Que así sea.

sábado 17 de octubre de 2009

Des Déesses

Dos momentos muy inspiradores. Carla Bruni tocando Nobody knows you when you're down and out y Feist con una gran versión de Gatekeeper. Suban el volumen y olvíden todo lo demás.




jueves 15 de octubre de 2009

A 15 años luz

Recuerdo que el cielo estaba limpio. Celeste, celeste. El clima estaba muy caluroso. Era pleno setiembre en California, los últimos días de un verano agobiante. El pronóstico en la tele confirmó lo que yo deseaba: ni ese día ni el siguiente iba a llover. Yo tenía 21 años y estaba a punto de presenciar mi primer festival de blues.

George nos pasó a buscar con su inmensa y negra camioneta Ford. Llegó un poco tarde, con una lata de Heineken abierta, sudada y aferrada a su mano derecha. Yo estaba nervioso por el retraso pero, como siempre, a Hueso le daba igual. Los tres llegamos poco después de las 11 de la mañana al campo de deportes de la Universidad de California, en Long Beach. El escenario estaba montado en medio de una cancha de fútbol americano. Primero me topé con muchas carpas donde vendían de todo: remeras, discos, hamburguesas, gaseosas, helados, cervezas, panchos, pizzas, etc. Consumo asegurado. Pero lo que más me sorprendió fue que en el campo no había apretujados junto al escenario. Estaban todos muy prolijamente ubicados, con sus sillas playeras, sus lonas y sus heladeritas de playa.

El show ya había empezado cuando entramos. Big Time Sarah estaba cantando sus blues de Chicago. Nos encontramos con unas amigas inglesas, George compró unas cervezas y después se perdió por ahí. El sol quemaba sin piedad. Hueso y yo terminamos nuestras cervezas y abandonamos el alcohol por el resto del día porque sino se nos iba a complicar. Entonces subió al escenario una anciana en silla de ruedas. Era Diamond Teeth Mary acompañada por Rock Bottom y Willie Lomax. Más blues.

Después hubo un desfile de bluesmen de antaño -Homesick James, Jesse Thomas y Jack Owens & Bud Spires- antes de que la electricidad de Jeff Healey copara el festival. Fue un show impactante, feroz y asombroso. Yo hasta ese momento sabía muy poco del canadiense, casi nada. Su forma de tocar, los temas elegidos (Roadhouse blues, Hideaway, While my guitar gently weeps), la potencia del trío dominaron todo. Tanto, que después a Robert Cray y su banda le costó mucho levantar a la gente y durante la hora que tocó no logró evitar que el campo se fuera vaciando de a poco. Eran las seis de la tarde, el primer día del festival terminaba y nosotros seguíamos sin noticias de George. Entonces lo vimos: estaba dormido junto a unos vagos que no conocía, pero que lo habían invitado a comer ensalada de fruta con vodka. Estaba out. Al final, la Ford la manejó Hueso.

Al día siguiente, el domingo, volvimos con Hueso al campo de deportes de Cal State University. George acusó una resaca abrumadora y se quedó en su casa. Por lo que nosotros le regalamos la entrada a alguien. Llegamos temprano. El día estaba radiante otra vez y a la hora señalada empezaron a tocar los Staple Singers. Una mañana de domingo a puro soul en vivo es algo que desearía volver a vivir. Después tocó Taj Mahal con su banda y cantó todos los temas que nos gustaban en aquella época: She caught the Katy, Leaving trunk, Corinna. Pero había más. Un tributo al sello Chess con esta lista de músicos que fueron entrando y saliendo del escenario durante una hora y media: Bo Diddley, Johnny Johnson, Hubert Sumlin, Billy Boy Arnold, Lowell Fulson, Sam Lay, Junior Wells y Dave Myers. Increíble.

A pesar de esa clase magistral de historia del blues moderno, todavía faltaba el Grand Finale. Entonces sí, ya con el sol corrido a un costado, sin tener la responsabilidad de buscar a George, compramos dos vasos de cerveza de ¿un litro? a seis dólares cada uno y nos dedicamos a beberlo escuchando al gran Buddy Guy, tocando como fiera suelta las cuerdas de su guitarra con lunares. Oh sí, el verdadero rey dio un show memorable, en el que presentó su disco Slippin’ in. Pasaron 15 años de aquél gran acontecimiento y escribirlo fue como volver a vivirlo. ¡Larga vida al viejo blues!

lunes 12 de octubre de 2009

Guiados

Por Ulises Beppo

Sería extremadamente poco original si dijera que el Guiado Sol 2004 que tomamos con Martín y Fero el viernes por la noches es "cosa seria". Pero en este caso sé que no tengo aspiraciones a ganar ningún premio, así que no me importa: El Guiado Sol 2004 es cosa seria.

Sobre todo porque ahora que no tomo vino tan seguido y "tan de arriba" como antes, no es habitual que me cruce con un assemblage; que no es sino una simpática palabrita en francés que suele utilizarse para decir que tal o cual vino es una mezcla de dos uvas, en este caso Cabernet Sauvignon y Syrah.

Pero volvamos al encuentro, al viernes a la noche. La noche estaba ciertamente en pañales, pero por alguna extraña sinrazón necesitaba que mi boca fuera un túnel inexplorado para este Guiado oscuro, pesado y robusto. Así que siendo poco cortés le pedí al anfitrión del encuentro que le diera marcha al vino. Así fue: volcamos el caldo dulcemente en un decanter; que no es sino otra simpática palabrita inglesa que suele referir a una especie de florero árabe del Siglo VI que en la actualidad se hace con cristal y suele utilizarse para que tal o cual vino de añosa procedencia descanse y libere sus aromas con un poco más de holgadez que en la botella.

Imaginen: la fuerza y la robustez que suele tener el cabernet había sido declarada apta por el enólogo de este Guiado Sol 2004 de bodega Chandon para mezclarse con la carnosidad que acostumbra tener el syrah. Digamos también que las vides de donde provienen estas uvas tienen más de un siglo de vida. Ahí sin dudas hay árboles que tienen experiencia, característica bien recibida por la bodega, que suma millones gracias al timing natural de la vid, ya acostumbrada a dar en tiempo y forma una uva sublime y perfecta, justa y precisa, tan sutil y fuerte a la vez. Se da entonces la paradoja de la naturaleza, donde el tiempo le hace al vino todo lo que no le hace al hombre. Y ahora estamos nosotros frente a las copas rebalsadas de oscuro sabor, prestos a vengarnos de semejante injusticia.

Como un cuento de principiante, llego al final sin sorpresa: al vino lo bebimos todo. Y sólo porque el anfitrión supo detenerme a tiempo, le dejamos al retrasado Fernando la porción que le correspondía antes de pasar a otra cosa, de menor calidad, de menor hidalguía. Fue una noche genial entre queso de cabra y vino delirante. Y fuimos nosotros, delirantes hombres sin destino, los que seguimos el camino de este vino que vino Guiado, y se fue perdido.

domingo 11 de octubre de 2009

La máquina del tiempo



Navegando por youtube me encontré con esta joyita de 1969. Tres cantantes muy populares de aquella época cantaron para la tevé el clásico de Bob Dylan, I shall be released. Estamos hablando de Mama Cass Elliot (The Mamas & The Papas), Mary Travers (Peter, Paul & Mary) y la formidable Joni Mitchell (¡que linda que estaba!). La versión que hacen es maravillosa, sobre todo por la dulzura de sus interpretaciones. Verlas vestidas así, con sus túnicas y ese fulgor que potencia el technicolor es asombroso. Jóvenes, radiantes, divertidas. Es un viaje corto, dos minutos y pico, al fin de una década, la mejor década de la historia del rock.

jueves 8 de octubre de 2009

La música del azar

Esta selección de tapas es un poco el reflejo de cómo en la música –al igual que en la literatura, el cine y otras artes- el concepto del azar es algo esencial. Para bien o para mal. La suerte, el destino, lo inesperado y la casualidad juegan, a veces, roles decisivos. Y las cartas son un símbolo. El juego y la magia se mezclan. Y en el póker se gana o se deja la vida. Aquí una pequeña exhibición de cómo la música lo muestra.

Kenny Rogers – The Gambler (1978). Con este disco Kenny Rogers se salvó. Bah, en realidad con el tema The Gambler. Porque después de eso, salvo por She believes in me que también fue un éxito, al disco no le sobra nada. La cuestión es que la canción The Gambler sonó y sigue sonando en todos lados; Hollywood la usó hasta el cansancio. Sin dudas para el barbado y campestre de Kenny fue una gran apuesta. Johnny Cash y otros habían grabado versiones de la misma canción antes y no tuvieron su éxito. La tapa es una parodia con el bueno de Kenny poniendo cara de que, con tal de ganar, está decidido a perderlo todo.

B.B. King – Deuces wild (1997). El rey del blues se rodeó de viejos amigos y notables figuras del mundo de la música para realizar este disco de duetos. Tal vez no sea su mejor trabajo, pero sin dudas es un álbum para tener porque no es fácil reunir en una sesión a Eric Clapton, los Rolling Stones, Van Morrison, Joe Cocker, Tracy Chapman, David Gilmour y Willie Nelson, entre otros. En la portada se lo ve a B.B. sonriendo como un verdadero rey de oro.

Otis Redding & Carla Thomas – King and Queen (1967). El gran Otis grabó este disco poco antes de morir. La compañía de Carla Thomas le dio una nueva frescura a su música. El álbum tiene grandes joyas del soul como Tramp, Knock on wood y Tell it like it is. De alguna manera, con este disco, el sello Stax siguió los pasos de Motown, que poco antes había editado a Marvin Gaye junto a Kim Weston. De hecho Otis y Carla interpretan una versión de un tema que ellos ya habían grabado: It takes two.

Phillip Walker – The Bottom of the top (1973). Este disco lo escuché por primera vez hace muchos años en la disquería Minton’s y me encantó. Recuerdo que en aquella época a mis amigos les hacía escuchar blues todo el tiempo y algunos me lo recriminaban. Hasta que les puse Hello my Darling de Phillip Walker y flashearon y con eso tuve mi tregua. Walker absorbió la música del golfo, ahí donde Texas y Louisiana se juntan, pero se radicó en Los Angeles y allí se consolidó como un gran guitarrista. Este disco es uno de los mejores que grabó. Aquí, se presenta como el Rey de corazones.

The Outlaws – Playin’ to win (1978). Sólo de casualidad esta tapa no entra en una selección de las peores de toda la historia. Para los que no conocen a esta banda, son originales de Florida y tocan rock sureño siguiendo los pasos de Lynyrd Skynyrd y Little Feat. Este disco marcó un quiebre en la música de los Outlaws, incorporaron sonidos pop y funky de la época pero sin dejar de lado el poderío de sus guitarras. Volviendo a la foto de tapa, qué les puedo decir… es malísima.

Dave Van Ronk – Gambler’s blues (1965). Van Ronk es un músico que me fascina. Lo descubrí hace unos años leyendo la biografía de Bob Dylan, donde se lo menciona como uno de sus máximas influencias. Dueño de una voz poderosa, Van Ronk encaminó su carrera interpretando folk y blues acústico, respetando las raíces. Este es un muy buen disco, muy pero muy difícil de conseguir, donde toca clásicos como Backwater blues, Careless love, John Henry y How long blues.

Chain – Two of a kind (1974). Chain es una de las bandas de blues australianas más populares. A lo largo de los años sufrió modificaciones y cambios profundos: en tres décadas pasaron más de cuarenta músicos. En este disco de mediados de los setenta la banda se reforzó con Mojo Buford y Pee Wee Madison, dos de los músicos que integraron la banda de Muddy Waters durante los sesenta. Blues del otro lado del mundo.

Lazy Poker – The Real Deal (2004). Hablando de blues de otras tierras, acá están los suizos de Lazy Poker. Al igual que los australianos, desde su formación, en 1975, tuvieron muchos cambios. A mediados de los noventa viajaron un par de veces a Chicago y grabaron con músicos como Steve Freund, Jimmy Johnson, Little Smokey Smothers y Maurice John Vaughn. En este disco, que en la portada presenta una escalera real, el mayor juego que se puede lograr en el póker, interpretan todos temas propios salvo uno: Ain’t no sunshine, el clásico de Bill Withers.

Varios artistas – Poker Lounge (2008). Este es un compiladri de cuatro discos, y cada uno de los cd’s tiene un eje. El disco dos, por ejemplo, se llama “Crooners & Divas” y hay temas de Louis Prima, Sammy Davis Jr., Ella Fitzgerald, Dean Martin, Frank Sinatra, Billie Holiday, Dinah Washington y Fred Astaire & Ginger Rodgers. El tres tiene como título “Jazz Standards” y hay canciones de Miles Davis, Django Reinhardt, Count Basie, Stan Getz y Art Tatum. Los otros dos son medio indescifrables. Igual, más allá de la seductora oferta de nombres, estos compilados no aportan mucho.

The Alan Parsons Project – The turn of a friendly card (1980). Me sacó el sombrero ante mi amigo (y excelente periodista) Carlos Galván. Me faltaba un disco para completar los diez y le fui a preguntar a él si recordaba alguno. No tardó un segundo en darme el dato. No me voy a extender mucho en este álbum porque la verdad escuché muy poco de Alan Parsons. Según All Music es uno de los mejores discos de la banda. Gracias Carlitos.

martes 6 de octubre de 2009

John Butler rocks!!!



Ahí esta John, el rasta, acariciando la guitarra y cantando este clásico de The Police y de los ochenta. Jason McGann en batería y Gavin Shoesmith en contrabajo conforman el John Butler Trio. Esta es una versión suave, condenadamente relajada y muy respetuosa de la original. Pero John Butler no sólo interpreta covers. Tiene un estilo propio. En algún punto podemos compararlo con Ben Harper. Los dos tienen las mismas fuentes: blues, reggae, folk, funky. Pero cada uno consiguió una identidad muy definida que los distingue. Claro que Butler es más joven y, a pesar de ser californiano, se crío en Australia y por ahí eso lo hace menos conocido. Así que los que no lo conocen, acá tienen un adelanto para entrar su maravilloso mundo. (Si les gusta, recomiendo que empiecen por el disco Grand National).

viernes 2 de octubre de 2009

Tarde de cuervos

Estábamos en un remís clavados en la 9 de julio a las cuatro de la tarde. Todavía quedaba un largo camino cargado de tránsito, barreras bajas y calles cortadas. Nuestro destino era Villa Ortúzar para una nota que no nos motivaba mucho; éramos una turbina de entusiasmo, diría HC. Todo pintaba bastante sombrío. Ojeaba las páginas del Gran Diario sin mucho interés, mientras charlaba con Martín Bonetto de música. Entonces él me preguntó: “¿Escuchaste el último de Black Crowes? Está buenísimo”. No, le respondí. Me dio su Ipod, me pasó los auriculares y me hizo escuchar el corte de difusión: I Ain't Hiding. Wow!!! Fue arrollador. Rock setentoso y muy funky, bien al estilo Stone de esa época. El auto siguió avanzando pero a mí ya no importaba mucho el destino. Estaba metido de lleno en la música de los Black Corwes. Esa misma noche bajé el disco, Before the frost. Es una presentación en vivo feroz. Del más puro rock and roll de guitarras en llamas a canciones acústicas que hurgan en las raíces de la tradición sureña. Es cierto que no está Marc Ford, pero Chris Robinson y Luther Dickinson están en una etapa de creatividad e interpretación insuperable. Como si fuera poco, además de Before the frost, editaron Until the freeze, el complemento ideal del primero, que sólo se consigue descargándolo de la web. Salvo por un cover de Stephen Stills, todos los temas son de la banda. A veces me pregunto por qué me sigue gustando tanto el rock and roll. Y la respuesta aparece cuando escucho discos como éste. El espíritu musical de los setenta sigue vivo y los Black Crowes también. Keep on rockin’…

martes 29 de septiembre de 2009

El peor de todos

Este es el peor disco que escuché en mi vida. Claro que me refiero a un disco que tiene como protagonistas a verdaderas leyendas rock. No voy a hablar de otro tipo de discos malos, que los hay y a montones. Voy a referirme a este álbum en particular, por lo que tardé en conseguirlo, por la expectativa que le había puesto y por la gran desilusión que me provocó escucharlo. En algún momento de 1993 alguien me comentó que había un disco en vivo en el que tocaban Jimi Hendrix, Jim Morrison, Johnny Winter y Buddy Miles. Me volví loco. “Lo quiero. Lo quiero ahora. Ya”, pensé. Pero no iba a ser tan fácil satisfacer mi ansiedad. En aquella época averiguar sobre un disco no era tan sencillo. Había que conseguir revistas especializadas o consultar los catálogos de discos que tenían en la disquerías. Con éste álbum en particular, además, estaba el problema de que había sido editado con distintos nombres y tapas. La cuestión es que después de mucho buscar y buscar lo encontré en el Tower Records de San Francisco, que estaba cerca del Fisherman’s Wharf. El álbum en cuestión era Woke up this morning and I found myself dead: Live in New York. Fui feliz. Lo pagué algo así como 12 o 13 dólares (una ganga en aquél momento).

Pero por entonces no tenía discman todavía, así que recién lo pude escuchar dos semanas después cuando volví a Buenos Aires. No lo podía creer. El sonido era tan malo que daba ganas de apretar el botón de stop y tirar el cd a la mierda. Además a la zapada, que incluía temas como Sunshine of your love y Red house, no le sobraba nada y Jim Morrison estaba completamente desquiciado. Decir que cantaba desafinado sería hablar bien de su performance: o estaba muy pasado de drogas y alcohol o ni siquiera era Jim Morrison. Está claro que se trata de un disco en vivo de Hendrix, que solía grabar sus shows cada vez que podía. Y todo parece indicar, escuchando las canciones, que Morrison y Winter estaban también ahí. Pero hace un tiempo encontré en Internet una entrevista a Johnny Winter en la que decía que jamás conoció a Jim Morrison y que no se explica cómo figuran ellos dos en los créditos de ese disco. Así que además de un disco malo, es también dudoso.

A los pocos meses me deshice del disco. Me daba bronca tenerlo. Por ahí leí que hay algunos que rescatan el valor histórico de la sesión. Y la verdad que no estoy de acuerdo. El disco es realmente malo. ¿Cuál es el peor disco que escuchaste vos?

lunes 28 de septiembre de 2009

Cuatro bares

Por René Roca

El dato me lo pasó un hombre antes de morir. Me entregó un cuaderno de tapas duras con sus hojas amarillentas como una enfermedad incurable. En él había un listado de cuatro antiguos bares porteños, muy distintos entre ellos pero tan siameses, a la vez, por el prodigio que contenían.
En las últimas hojas, con letras escritas durante la noche, secretamente, bajo la lluvia o parado contra el viento, el hombre explicaba la naturaleza de aquel libro.

"Estas palabras son el fruto de mi condena, hace años que busco, día tras día y solo encuentro espejismos y crueles laberintos. Persigo una historia real, aunque inasible. Existen cuatro bares en la ciudad de Buenos Aires, que por un capricho de Algo o Alguien, contienen cada uno una mesa en la que al visitante que se sienta frente a ella a beber, le es dable obtener la sabiduría y el conocimiento supremo en las más diversas artes. En uno de esos bares, en 1914, con tan solo quince años de edad, Jorge Luis Borges bebió entera una jarra de un vino agrietado y firme. Esa tarde salió tambaleando y sonriente, abrazado por el formidable destino de las letras".

"Un año más tarde, en otro de los remotos bares, un joven militar tomó junto a otros camaradas de armas una áspera pero efectiva ginebra. Al retirarse saludó a los mozos y les dejó una generosa propina. En la calle, el crudo invierno no pudo truncar su camino hacia sus tres períodos como Presidente de la Nación".

Ahora me encuentro sentado aquí, en una mesa que posiblemente sea mágica. Releo una y otra vez esta historia que se deshace entre mis manos, mientras bebo una copa de un intenso rubí.
¿Quién sabe?
Quizá mañana…

sábado 26 de septiembre de 2009

Harry Manx + Anders Osborne

Anders Osborne y Harry Manx son dos músicos, podríamos decir, de la nueva generación de bluseros. Pero no suenan para nada tradicionales. Los dos tienen en su música las raíces del blues, pero ambos lograron fusionar otros estilos y darle a sus sonidos un toque muy particular. Aquí me voy a referir a sus dos últimos discos. En el caso de Osborne, el álbum en cuestión es Coming down, de 2007. Esencialmente acústico, pero no realmente del todo, el disco está conformado por un buen número de canciones bien estructuradas, melodiosas y muy atractivas. Hay momentos en los que Osborne parece un joven Van Morrison y en otros sale a relucir su origen: la ciudad de Nueva Orleans. Todo el disco tiene un eje en común y es el desastre que causó el huracán Katrina. Spotlight, Back on Dumaine y Miss you when I'm gone son temas realmente excelentes. El otro, el de Harry Manx, se llama Bread and Buddha y fue editado este año. Ya hace varios meses que estoy detrás de su música y a medida que voy escuchando sus discos me sorprendo más. Aquí tenemos, tal vez, su álbum más sólido. Blues especiado con sonidos que llegan desde la India, Medio Oriente, Pittsburgh o Nebraska. Melodías intensas. Humo. Slide y raga hindú. Clima súper cool. Y una de las canciones más hermosas de los últimos tiempos: Dew on roses. Estos discos no sólo los van a disfrutar los que escuchan blues regularmente, sino todos aquellos que gustan de la buena música.



viernes 25 de septiembre de 2009

Volver



Hace un par de años Mariano me regaló el DVD de David Gilmour, In Concert. El show es esencialmente electroacústico. Anoche lo volví a ver y me volvió a romper la cabeza. Es excelente. La calidad del sonido es magnífica y las interpretaciones de Gilmour son deslumbrantes, como está versión de Coming back to life. Comienza con un mano a mano entre su guitarra y un coro exquisito y muy armónico, después va cambiando de matices y de tempos. Y el ex Pink Floyd lo corona con un solo memorable. Para disfrutarlo una y mil veces. Sin dudas Gilmour es uno de los pilares de la historia del rock. Si Waters llenó River... ¡alguien lo traiga por favor!

miércoles 23 de septiembre de 2009

Blues de luxe

Creo que fue en el 94 la primera vez que escuché un disco solista de Bob Margolin. Por ese entonces ya sabía que había tocado con Muddy Waters, pero no mucho más. Yo iba mucho a la disquería Minton’s y Guillermo, su dueño, una vez por semana traía unos cuantos discos nuevos. Mucho jazz y bastante blues. El disco de Margolin que trajo esa vez fue Down in the alley, del sello Alligator. Me encantó la foto de la tapa: el tipo posando con el slide y su Telecaster. Pero más me gustó su apodo: Steady Rollin’. Muy, muy blusero. Y lo compré. Cuando lo escuché después en casa, en mi viejo minicomponente JVC, me fascinó aún más. El disco empieza con un boogie tremendo, Boogie at midgnight, y el segundo tema es blues acústico muy profundo, Brown liquor. Y así sigue el resto del álbum: es un viaje imaginario, dinámico y alucinante de Mississippi a Chicago ida y vuelta. Desde entonces, se convirtió en uno de mis discos de blues favoritos.

Pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de verlo en vivo. De haberla tenido no la hubiera desaprovechado. Ahora, 15 años después de aquella tarde en la que Guillermo, después un par de cigarrillos y algún café, me vendió aquél disco, Margolin viene a la Argentina. Y no viene solo. Lo acompañan otros dos popes del blues y ex miembros también de la banda de Muddy: Bob Stroger y Willie “Big Eyes” Smith. Mientras escribo esto escucho Down in the alley de nuevo (hace mucho que no lo escuchaba) y miro la foto de la tapa del cd. También miro las fotos actuales de Margolin y se nota que estos 15 años pasaron para todos: tiene menos pelo más canoso y parece más relleno. Pero seguro que su forma de tocar y su voz se curtieron mucho más en este tiempo. En el 94 Margolin era un músico de la nueva generación que empezaba a consolidarse, un protegido de Muddy Waters que comenzaba a hacer su propio camino. Hoy es un verdadero grande. No se lo pierdan.

(Fechas: 24-10 Mr. Jones, Ramos Mejía // 30-10 ND Ateneo, Capital // 31-10 Willie Dixon, Rosario)

domingo 20 de septiembre de 2009

Novelas escritas con música

Estas cinco novelas tienen mucha música en sus páginas. Sus autores -dos gringos, un japonés, un inglés y un francés- escribieron historias con el blues, el rock, el pop y el jazz muy presentes en las vidas de los personajes. Cada uno de estos libros merece su banda de sonido. A leer…

Alta fidelidad – Nick Hornby (1995). Acá tenemos una joya de los noventa. Si les gustó la película que protagonizó John Cusack, realmente van a flashear con el libro. El personaje central es Rob Fleming, el dueño de una disquería de Londres al que su novia Laura lo acaba de abandonar. Rob y los empleados de su disquería se la pasan eligiendo rankings de canciones, discos, recitales, películas -los célebres top five- así como también grabando cassettes que se regalan entre ellos. La separación lleva a Rob a reflexionar sobre su vida y sus relaciones haciendo, por ejemplo el top five de sus rupturas. Genial. Entonces empieza a llamar a todas sus ex novias para tratar de entender por qué lo dejaron en su momento. Y reflexiona sobre las relaciones de pareja con un humor muy mordaz. La música brota en cada página. Este es el top five de los discos preferidos de Rob: 1) "Let's get It on" de Marvin Gaye; 2) "The house that Jack built" de Aretha Franklin; 3) "Back in the USA" de Chuck Berry; 4) "(White man) in Hammersmith Palais" de The Clash; 5) "Tired of being alone" de Al Green. Una escena que me encantó es cuando Rob está seleccionando algunos discos de su colección para que Laura se lleve. Entonces, entre los seleccionados, Laura encuentra unas compilaciones de blues y no las acepta. “¿Quién demonios son Little Walter y Junior Wells? Quiero mi disco de Sting”.

Tokio blues – Haruki Murakami (1987). El título original de esta novela es Norwegian Wood, por la canción de los Beatles. El personaje principal se llama Watanabe, de 37 años. Todo comienza cuando en un aeropuerto escucha ese tema y en su mente se dispara una ola de recuerdos de sus años de adolescencia y de su etapa de universitario, en los años sesenta. La historia se centra en los dos amores de Watanabe: Naoko y Midori. Es un relato nostálgico donde la sexualidad y la pérdida son los ejes principales. “El póster del iceberg permaneció durante un tiempo pegado en la pared, pero acabé sustituyéndolo por uno de Jim Morrison y otro de Miles Davis. De este modo, la habitación me pareció más mía. Me compré un equipo de música sencillo con los ahorros del trabajo de media jornada. Y así, por la noche, pude escuchar música mientras me tomaba una copa”. Si todavía no leyeron nada de él, éste es el indicado para empezar. Después les recomiendo Al sur de la frontera, al oeste del sol. Otro libro con mucha música.

Blues de los sueños rotos – Walter Mosley (1995). Esta es la historia de “Soupspoon” Wise (en la edición traducida al español de Anagrama es “Cuchara” Wise), un viejo blusero que está cerca de la muerte y muy solo en la inmensidad de Nueva York. Entonces la vida cruza en su camino a Kiki Waters una joven que lleva a cuestas una historia terrible y que lo ayuda, no sólo a mejorarse, sino a volver a tocar. Es que de chico “Soupspoon” acompañó en sus andanzas al célebre Robert “RL” Johnson. “RL no era un hombre real. Un hombre real nace, hace lo poco que puede y luego se muere. ¡Eso es todo! A un hombre real le recuerdas y puedes decir cómo vivió y cómo murió. Pero RL te engañaba. Tocaba la guitarra cuando no tenía que haber sido capaz de hacerlo, y nadie sabe cómo murió. Puede que fuera la pulmonía, puede que fuera un hombre celoso. Puede que Satán viniera y le hiciese ladrar como un perro antes de llevárselo a casa. Pero los pobres diablos que buscamos su historia estamos perdidos antes de empezar. Porque Robert Johnson nunca nació y no podía morir. Era Delta blues desde el fondo de su alma. Era el blues; lo es hoy”. Una gran historia para los amantes del blues.

El blues del Misisipi – Elmore Leonard (2002). Leonard es un maestro de la novela policial y de la ironía. Este libro (su título original es Tishomingo blues) trata sobre la vida de Dennis Lenaham, un especialista en saltos de trampolín que por cuestiones de trabajo viaja a la localidad de Tishomingo. Allí está a punto de realizar un salto cuando es testigo de un crimen y todo se complica. Dennis conoce a Robert Taylor un narco amante de los blues que se convertirá en un personaje singular y protagónico. La prosa de Leonard es afilada y dinámica, y todo el tiempo hace referencias al blues. Y aquí también aparece el fantasma de Robert Johnson. Robert Taylor le cuenta a Dennis: “Un día Son House le dijo (a Robert Johnson) que se olvidara de tocar, que no era lo bastante bueno. Según cuentan, Robert fue al cruce y se encontró con Satanás, que se le apareció como un negro gigantesco. Satánas le cogió la guitarra, se puso a tocarla y luego se la devolvió. A partir de ese momento Robert Johnson dejó a todo el mundo asombrado por su forma de tocar”. Este libro me sirvió para descubrir el disco de Marvin Pontiac.

Be-bop – Christian Gailly (1995). Ya me referí un poco a este libro en uno de los primeros post del blog, Frenesí parkeriano. Gailly representa a una serie de escritores que a mediados de los ochenta alteraron el panorama de la literatura francesa. Gailly tiene un estilo minimalista, irónico y en parte absurdo y melancólico. En Be-bop tenemos dos historias que se cruzan y uno de los personajes es un saxofonista de jazz. “Ah, Bud Powell, Kenny Clarke, Sonny Stitt. Vamos, ¿qué crees? En el 50 yo tenía cuarenta años, y treinta en el 40. Vaya que son raros estos jóvenes. No se imaginan, dice mirando a la anciana. Se sorprenden cuando uno se los dice (…) No es eso, dice Lorettu, pensaba en Sonny Stitt, la copia fiel de Parker, ustedes no entienden. Otra vez lo mismo, dice el anciano. Cree que no sé quién fue Sonny Stitt, pero Parker tocaba mejor, era Parker”. Gran libro.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Nina & The Cats



Quiero compartir con ustedes este video fabuloso que hicieron de My baby just cares for me, uno de los temas más lindos de Nina Simone, en 1987. El video fue dirigido por Peter Lord y realizado por los estudios de animación británicos Aardman (conocido por el empleo avanzado de las técnicas de claymation y stop-motion). El tema de la sacerdotisa es de la década del cincuenta. La letra es preciosa, su voz es conmovedora y tiene un swing abrazador. Aquí tenemos una gran combinación de talentos de distintas épocas; un mix simpático, revitalizante y súper cool.

lunes 14 de septiembre de 2009

Wine song 34


Y un día la encontré. BLUES & WINE resume el espíritu de este blog. La canción interpretada por Terry Evans dice algo así como que el blues y el vino van juntos como las lágrimas y el llanto. Evans es un cantante y guitarrista negro que comenzó cantando en los coros de las iglesias, que después integró el grupo The Knights. Luego se instaló en el sur de California y en los setenta formó un dúo con Bobby King. Tiempo después trabajó con Ry Cooder y cantó un tema para la banda de sonido de Crossroads. En 1993 comenzó su carrera solista con el lanzamiento de su primer disco: Blues for Thought. BLUES & WINE fue grabada para el disco Mississippi Magic, editado por el sello Audioquest en 2001, y fue compuesta por Jorge Calderón, bajo el seudónimo de J.C. Parsons.

viernes 11 de septiembre de 2009

Cerveja na praia


Ya sé que con esto no descubro América ni mucho menos. Pero es un hecho irrefutable: las playas brasileñas y el vino no tienen nada que ver. Pasé tres noches en Ilha Grande y comí genial. Unos pescados asados con toda la pompa de guarniciones: desde arroz y papas fritas, hasta puré, alcaparras, papa natural y aipim frito. Todo muy rico. En uno de los restaurantes me animé a pedir una copa de vino. Pero estuve rápido de reflejos y le pedí al mozo que me dejara ver qué vino era ya que no entendía la explicación que me daba. La cuestión es que era una damajuana de un vino brasileño que se llamaba Digao o algo por el estilo. Así que desistí y le pedí una cerveza. A mí la cerveza me encantaba. Lo digo en serio. La tomé con calor o frío, en vaso de plástico o chopp, sentado o de cabeza. Tomé mucha, hasta que el vino se cruzó en mi camino. Ahora estoy leyendo Alta Fidelidad de Nick Hornby y, en honor a él, acá va el top five de mis cervezas preferidas: 1) Pilsner Urquell, de Rep. Checa. 2) Indio, de México. 3) Stella Artois, de Bélgica, 4) Norteña, de Uruguay, 5) Carlsberg, de Dinamarca. La verdad que la cerveza brasileña no me mata. Menos que menos la Brahma. Me parece tan repugnante como la Quilmes. Pero acá hay otras opciones como la Antártica, por ejemplo. Así que el plan fue éste: una cerveja na praia después de cenar y en el MP3 Zeca Baleiro, Mart'nália, Elza Soares, Marisa Monte y también Jack Johnson. La cabeza tranquila, el corazón contento y los pies llenos de arena. Chill Brasil.

viernes 4 de septiembre de 2009

Arturito


Hay experiencias gastronómicas excepcionales, como la que tuve anoche en uno de los mejores restaurantes de San Pablo. Y lo último no es una afirmación mía, sino que es una opinión compartida entre el periodismo especializado y los paulistas que noche a noche llenan todas sus mesas. Arturito es el restaurante que Paola Carosella siempre quiso. La ambientación es maravillosa, la atención es excelente y la comida es un verdadero placer. Después de degustar algunas entradas -palmito machacado a la plancha, brusquetas de un paté histórico, y una especie de revuelto con rúcula, huevos de codorniz y algún otro manjar oculto- pasé al plato principal: un pulpo a la plancha con un acompañamiento de papás aplastadas. Quisiera poder escribir una oda al pulpo. Decirle con las palabras justas como disfruté cada bocado de sus nobles y carnosos tentáculos. El vino merece un capítulo aparte. Herencia Remondo, La Montesa, es un blend de Rioja conformado por tempranillo (40%), garnacha (35%), mazuelo (15%) y graciano (10%). Personas como Maxi y yo, que nos encanta el vino pero que tenemos un vocabulario súper limitado, lo describimos de la siguiente manera: "Qué lo parió". Los españoles si que saben de vinos. El domingo Arturito festeja su primer año y tengo la suerte de que voy a estar ahí para celebrarlo.

lunes 31 de agosto de 2009

Naked

Exponer un cuerpo desnudo siempre fue polémico. Ahora es habitual verlos en el cine, la tele, Internet o revistas, pero en los sesenta era bastante transgresor hacerlo. Los discos no estaban exentos y algunos músicos provocaron la ira de los conservadores: aquí un combo de tapas de cuatro décadas de rock. Espaldas, colas, pechos, cinturas… uncensored.

Blind Faith – Blind Faith (1969). Clapton y Steve Winwood armaron este grupo cuando acababan los sesenta. Es el único álbum de la banda y uno de los mejores, todavía, de la discografía de ambos. Los otros dos músicos que integraban la banda eran el baterista Ginger Baker y el bajista Rick Grech. La foto de tapa, hoy una de las imágenes más características del rock, tiene una adolescente desnuda sosteniendo un avioncito con sus manos. Si bien a algunas ediciones le cambiaron la tapa, por suerte la original pudo superar las controversias y el paso del tiempo. La portada fue creada por el fotógrafo Bob Seidemann, amigo personal de Clapton y conocido por sus fotos de Janis Joplin y los Grateful Dead.

Jimi Hendrix – Electric Ladyland (1968). Este es uno de los mejores discos de rock de la historia. Definitivamente uno de los más innovadores de la época, que contiene temas Voodoo Child, All along the watchtower y Crosstwon traffic. La tapa que vemos aquí fue la de la edición británica que generó mucho malestar. En realidad el arte de tapa original era el que después trascendió y la versión británica, si bien no fue censurada en todos lados, se dejó de lado porque, al parecer, no le gustaba al propio Hendrix.

Led Zeppelin – Houses of the Holy (1973). En la portada vemos niños desnudos subiendo una montaña. Según leí por ahí representan la expectativa por conseguir el disco. Houses of the Holy rompe un poco con el molde de los discos que venía haciendo la banda, para empezar es el primero que tiene nombre y no enumeración. La portada original se la habían encargado a Storm Thorgerson, que hizo muchas de las tapas de Pink Floyd, pero que evidentemente no tuvo suerte con Page, Plant y compañía. Les llevó una foto de una cancha de tenis de césped con una raqueta que a ninguno de los músicos le gustó. La que se ve aquí es obra de Aubrey Powell. Según me contó el Beto Moreno, el lugar que aparece en la tapa es la Calzada del Gigante (Giant's Causeway) en Irlanda, escenario de una de las más tradicionales leyendas célticas.

Eric Clapton – E.C. was here (1975). Este un disco en vivo que rescata temas de la extensa gira que hizo Clapton luego de recuperarse de su adicción a la heroína. Para esa época, Clapton había sacado dos discos más poperos y con este álbum ratificó porque siempre fue y será un hombre de blues. La tapa es muy sencilla y llamativa: la espalda denuda de una mujer con el nombre del disco escrito con lo que podría ser rush rojo.

Roger Waters - The pros and cons of hitch hiking (1984). Este es un disco conceptual brillante. Sin dudas, uno de los mejores que escuché. Casualmente aquí también toca Eric Clapton. La tapa es genial: vemos a una señorita de largas piernas que se funden en un par de tacos altos de color rojo. En su espalda lleva una mochila y hace dedo en una ruta solitaria. Una de las canciones 5.01 (The pros and cons of hitch hiking) tiene unos coros femeninos alucinantes y un estribillo híper pegadizo.

The Rolling Stones – Undercover (1983). La del ochenta fue una década errante para los Stones. Editaron un par de buenos discos y otros bastante pobres. Undercover se balancea en la mitad de los buenos y los malos. En la tapa hay un collage de figuras geométricas con símbolos de la banda, algunas forman como una especie de bikini sobre el cuerpo desnudo de una mujer. Es un disco que cuenta historias de violencia, perversiones, asesinos y caníbales. Y también se nota que Jagger y Richards estaban casi llegando al peor momento de su relación.

Red Hot Chili Peppers – Mother’s milk (1989). Este disco significó para los Peppers el salto a la Primera del rock. La mujer de la tapa es la modelo Alaine Dawn que le ganó el mano a mano a la que por entonces era la novia de Anthony Kiedis. Obviamente, la tapa generó controversias y muchas cadenas de disquerías se negaron a venderlo por lo que el sello EMI lanzó una portada alternativa. Kiedis se basó para hacer esta tapa en una vieja de foto de una de las bandas que más los influyó: Sly & the Family Stone.


Tom Waits – Small chnage (1976). Detrás de Tom Waits aparece una stripper semidesnuda. La foto es muy representativa del espíritu de la música de Waits de aquél entonces. Noche, tugurios, whisky, pianos, poesía, humo y jazz. La stripper es en realidad la actríz Cassandra Peterson, que luego se hizo conocida en los EE.UU. por su papel de Elvira, en el programa de tevé Mistress of the Dark. La foto es de del reconocido fotógrafo Bruce Weber que hizo campañas para Calvin Klein, Pirelli, Revlon, Versace y Ralph Lauren, y trabajó para las revistas Vogue, GQ, Vanity Fair, Life, Interview y Rolling Stone.

Daniel Lanois – For the beauty of Wynona (1993). Lanois es más conocido como productor por sus trabajos junto a U2, Peter Gabriel y Bob Dylan. Pero también tiene una carrera solista y éste es uno de sus mejores discos. En la portada vemos a una mujer con cara de pocos amigos, desnuda y empuñando un cuchillo. La foto la tomó el checo Jan Saudek, quien también trabajó con bandas como Soul Asylum y Beautiful South.

Ben Harper – Diamonds in the inside (2003). Una mujer desnuda arrodillada en medio de un camino polvoriento y desolado. Parece perdida y apesadumbrada. Aquí Ben Harper se desprende de su banda, los Innocent Criminals, y logra un disco bárbaro con su ya habitual mix de ritmos y estilos. Ya desde el primer tema, With my own to hands, un power reggae irresistible, Ben Harper deja en claro que cada uno de sus discos no es uno más del montón. La foto pertenece a Jon Shapiro.

BONUS TRACK:

John Lennon & Yoko Ono – Two virgins (1968). La foto se la sacaron ellos mismos con el autodisparador de la cámara. La contratapa es igual pero con ellos de espalda. El escenario es el departamento que Ringo Starr tenía en 34 Montagu Square, Marylebone, Londres. John y Yoko lo grabaron cuando la que por entonces era la esposa de Lennon, Cynthia, estaba de viaje. Este disco marcó el comienzo del romance entre John y Yoko y el final del matrimonio con Cynthia. Obviamente esta tapa fue censurada en muchos lugares y el disco, la verdad, es bastante malo.

sábado 29 de agosto de 2009

Recordando a Jerry



Hace 15 años vi a los Grateful Dead en el Sports Arena de Los Angeles. El recital fue como viajar al pasado en una máquina del tiempo: viejos hippies coloridos y arrugados, solos de guitarra lisérgicos y ese olor dulzón tan característico de la buena vibra. Todo el mundo muy contento y relajado. Fue una gran experiencia verlos en vivo. Ese mismo año recorrí Haight & Ashbury siguiendo los pasos de la banda. Incluso descubrí que la casa en la que habían vivido en comunidad también fue sede durante un tiempo de la Embajada Argentina. Un año después se murió Jerry García y los Dead dejaron de tocar con ese nombre. Grateful Dead fue una banda fiel a su estilo, a sus seguidores, a sus convicciones, a su música. Me acuerdo que yo andaba orgulloso con mi remera del oso de los Dead de acá para allá y también tenía otra con el esqueleto psicodélico tan característico de las tapas de algunos de sus discos. Tenía ganas de recordar al gran Jerry y subir esta versión de uno de los temas más increíbles de la banda.

viernes 28 de agosto de 2009

Hijos de Skip James



Dueño de un espíritu único y una voz suave, escalofriante y sentida, Skip James resume la historia de muchos otros hombres de blues: las penas de amor; la falta de trabajo o los trabajos duros y mal pagos; las carreteras; las ciudades; el alcohol; la vida errante. Su verdadero nombre era Nehemiah James (Bentonia, Mississippi, 9 de junio de 1902 - Filadelfia, Pensilvania, 3 de octubre de 1969) y fue uno de los más populares exponentes de la corriente del blues de Delta, que ejerció una poderosa influencia sobre toda una generación de bluesingers. Han tocado sus canciones desde Eric Clapton y Beck hasta Lucinda Williams y Jon Spencer Blues Explosion. Alguna vez Willie Dixon dijo algo así como "todos tenemos el blues, sólo que algunos no lo saben". Sí, todos somos hijos de Skip James.

jueves 27 de agosto de 2009

Oro puro

Hay momentos que quedan grabados por la intensidad de las risas y no se ahogan en el inmenso mar del tiempo. Quedan marcados por el sabor del vino y su suave bambolear en una copa mansa. Dorado fulgor. Puro almíbar alicorado que abraza la contundencia de un postre cargado de chocolate imperial y moras, arándanos y frambuesas de algún bosque patagónico. La música también queda flotando en el ambiente reducido de la memoria: un pianista de jazz, cubanos innovadores, un viejo blues de guitarra acústica y armónica chillona. Recuerdos de amigos, de vinos y de música que no se borran…
(Don Nicanor Tardío. Cepa: Chardonnay. Bodega Nieto Senetiner)

martes 25 de agosto de 2009

Era hora



Ahora, cuando parece que todo el mundo está loco. Cuando la tele convierte todo en un escándalo con rating. Cuando te venden que cualquier pibe te puede matar y en realidad lo que te mata es el miedo. Cuando la gente se irrita fácil y el estrés brota. Cuando muchas de las cosas que se ven (y que se oyen) son una mierda. Cuando nadie se pone de acuerdo y todos gritan, insultan, putean, niegan, protestan. Cuando la Justicia parece no dar en la tecla. Cuando los gases lacrimógenos dispersan el descontento. Y si, justo ahora, la Corte despenaliza la tenencia para consumo. Es probable que sea la decisión judicial más osada y progresista de nuestra historia. Es probable que el fallo tenga limitaciones y que se escuchen voces críticas, pero entre tanta mierda damos un paso enorme en la conformación de una sociedad mejor: los adictos ya no serán delincuentes y la Policía no tendrá la orden de avasallar nuestros derechos personalísimos. Ahora, todo puede empezar a cambiar.