martes, 31 de diciembre de 2013

Los diez mejores discos del año

(Al menos los mejores para mí).

Ben Harper & Charlie Musselwhite - Get up!

Joe Bonamassa - An acoustic evening at the Vienna Opera House

James Cotton - Cotton mouth man

Ronnie Earl and the Broadcasters - Just for today 


Laith Al Saadi - Real

North Mississippi Allstars - World boogie is coming

Pat Thomas - Beesteak blues

Finis Tasby & Kid Andersen - Snap your fingers

Tedeschi Trucks Band - Made up mind


MEJOR DISCO NACIONAL:
Blues en Movimiento Vol. 2 - Cinco guitarras de blues

Y estos dos discos son hallazgos extraordinarios que todavía no tuve tiempo de reseñar. El de Magic Sam, Live at the Avant Garde, fue grabado en vivo en 1968 y Delmark lo editó en noviembre. Tiene toda la fuerza y el espíritu del West Side con versiones tremendas de I need you so bad, You belong to me y All your love. La voz está un poco saturada pero el sonido de la guitarra es infernal. El de Neil Young, Live at the Cellar Door, corrió la misma suerte: es un show en vivo, personal y acústico, en la que el canadiense toca solo la guitarra y un poco el piano. Las versiones de Only love can break your heart, After the gold rush y Old man son exquisitas. Dos grabaciones que, como cápsulas del tiempo, nos regalan momentos mágicos que ocurrieron hace más de 40 años.  





                                    Feliz Año para todos!!!!

viernes, 27 de diciembre de 2013

Un año de grandes shows internacionales

El año blusero que se fue tuvo visitas internacionales de primer nivel. Como pasó en 2012, hubo para todos los gustos: desde el blues más crudo del Delta hasta el blues-rock más potente, pasando por el sonido de Chicago y algunas pinceladas souleras. El 2013 nos regaló grandes recitales, aunque hubo un par para el olvido.

Corey Harris (foto Néstor López)
El primer show internacional del año fue el Festival de Blues de Verano, organizado por Gondwana producciones, y estuvo enfocado en el country blues. El listado de artistas locales lo encabezaron Gabriel Grätzer, Goyo, Víctor Hamudis y la Tana Spinelli, mientras que las visitas tuvieron su particularidad. La sorpresa fue el francés Cisco Herzhaft , un hombre y su guitarra, de Bordeaux al Mississippi, y una nueva demostración de que el blues no tiene fronteras. Los colombianos The Big Bones también hicieron su debut sobre el escenario de La Trastienda y dejaron una buena imagen. La segunda fecha del festival tuvo al brasileño Jefferson Gonçalves, respaldado por la banda de Nico Smoljan, como telonero de una de las visitas más importantes del año: Corey Harris dio una verdadera lección de country blues: interpretó temas de Skip James, Son House, Charley Patton y Blind Blake. Su show fue la expresión más pura del blues de raíces.

Pocos días después, Adrián Flores trajo a Rip Lee Pryor y Dave Riley, quien suplió a último momento a Marquise Knox, que no pudo venir a la Argentina y Brasil por problemas de visado. Ambos convirtieron Mr. Jones en un verdadero juke joint del Mississippi. También tocaron en La Plata y en el Festival de Blues de Traslasierra.

Artur Menezes (foto Edy Rodríguez)
En febrero y abril hubo dos eventos denominados Blues Guitar Experience, que mezclaron a violeros locales con músicos de países limítrofes. Así, el brasileño Solon Fishbone, de notable técnica y gran espíritu, compartió el escenario de República de Acá con Max Hracek, Nicolás Yudchak y Roberto Porzio; mientras que su compatriota Artur Menezes y el chileno Felipe Ruf hicieron lo propio en el Teatro del Viejo Mercado junto a Ricky Muñoz, Matías Cipilliano, Daniel Raffo y Hracek. En medio de esos dos shows, el 6 de marzo y gracias al esfuerzo de la productora Mariela Bonzi, el cantante y armoniquista Tad Robinson desplegó su mix de soul y blues en Boris, acompañado por Darío Soto y su banda, Soulville, en el marco de una gira que también incluyó conciertos en un par de ciudades patagónicas.

Abril fue un mes que unió al futuro con el pasado. Gary Clark Jr. se presentó en el Teatro Vorterix y dio un recital potente en el que mostró todo su virtuosismo. Pocos días después asistimos a uno de los shows más vergonzosos que se puedan recordar. Lo de Chuck Berry en el Luna Park fue una verdadera estafa, no sólo para los que pagaron la entrada, sino para la memoria de uno de los pioneros del rock del rock and roll. El viejo Chuck no está para salir de gira, su mente y su físico no se lo permiten, pero un grupo de vividores, entre los que se encuentran sus hijos, lo someten al papelón en distintas partes del mundo por un puñado de dólares.

Por suerte, para sacar ese mal trago, dos semanas más tarde se concretó la tercera visita de Chris Cain. Otra vez el guitarrista californiano hizo estallar de júbilo a La Trastienda con su sensibilidad y talento. Ese fue el primer show organizado por Baires Blues, la productora de Mariano Cardozo que tuvo un año con mucho trabajo.

Lurrie Bell
En julio, y también en La Trastienda, se presentó por tercera vez el legendario James Cotton. Lo hizo con toda su banda –Tom Holland, Noel Neal, Jerry Porter y Darrell Nulisch- pero el recital no fue el deseado. Al viejo maestro se lo vio cansado y fastidioso. No se sintió cómodo con el sonido y menos con las armónicas que se había comprado ese día. Para muchos fue una desilusión, aunque otros rescataron al menos haberlo visto por primera vez y de cerca. Una semana después el blues de Chicago tuvo su gran revancha. Lurrie Bell hizo lo que mejor sabe hacer: prender fuego los lugares en los que toca. Enloqueció al público que una vez más copó La Trastienda para verlo. Esta vez con un plus: la presencia de Eddie Taylor Jr. como telonero y luego como partenaire.
Joe Bonamassa

A mediados de agosto hubo una confluencia de amantes del blues y del rock progresivo en el Luna Park, con la segunda visita de Joe Bonamassa. El tremendo guitarrista pasó del Teatro Coliseo en 2012 al mítico estadio céntrico sin escalas. Lo suyo fue arrollador y espectacular. Un show vibrante que nos dejó a todos en estado de shock.

Un mes después el blues más puro de Chicago regresó a La Trastienda. Esta vez el artista fue John Primer y la productora, MGB. Como suele hacerlo cada vez que viene, Primer dejó en claro que es uno de los músicos que mejor conserva la tradición, en su caso respetando el legado de sus mentores: Muddy Waters y Magic Slim. La misma productora tenía planeado traer a Eddie Shaw, pero finalmente la gira se canceló.

Claudio Gabis
En octubre y noviembre, Claudio Gabis (ex Manal) vino de España, donde está radicado desde hace décadas, para realizar el concierto más federal de toda su carrera. Se presentó en varias provincias y en Capital dio shows en el Colón y The Roxy, así como también algunas fechas en Mr. Jones. Hablando del bar de Ramos, en octubre y noviembre festejó su décimo aniversario y, además de Gabis, se presentaron artistas internacionales como J.C. Smith, Kenny Brown y el brasileño Big Chico. El cierre de la celebración fue a lo grande con el show de otros dos popes de Chicago: James Wheeler y Bob Stroger.

Eddy Clearwater
A fines de noviembre también se llevó a cabo la segunda edición del Buenos Aires Blues Festival, organizado por Baires Blues. Fueron dos noches a puro blues en La Trastienda. En la primera se lució el pianista Kenny “Blues Boss” Wayne y en la segunda otra leyenda de la Ciudad del Viento, el gran Eddy “The Chief” Clearwater, quien también dio una lección de blues del west side en el Maldito Blues Club de La Plata. Otro músico que tuvo su paso por suelo argentino, aunque no pisó la Capital, fue Vasti Jackson: se presentó en el Festival de Pergamino y dio un show en Salto. Por último, el armonicista español Quique Gómez vino junto al talentoso José Luis Pardo para una minigira patagónica.

Así se fue un gran año para el blues local. Decenas de músicos argentinos interactuaron con figuras internacionales y el público pudo disfrutar de una amplia gama de shows. Ojalá que 2014 tenga la misma intensidad. Por lo pronto, a mediados de marzo ya está confirmado el regreso de Jimmy Burns, que para empezar está demasiado bien.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Blues de un día complicado


Fue un día complicado. Calor, cortes de luz, rumores maliciosos y granizo, así que nada mejor que terminarlo escuchando un poco de blues. La cita fue en República de Acá, en Colegiales, y los anfitriones fueron seis guitarristas que, como ya he contado infinidad de veces en este blog, son el futuro del blues local.

Cinco de los seis protagonistas de la noche fueron los chicos de Blues en Movimiento, que hace poco lanzaron el gran disco “5 guitarras de Blues”. Mientras que el sexto fue José Luis Pardo, quien vino de visita desde Madrid. El show comenzó poco después de las 21.30. Mauro Diana y Homero Tolosa marcaron el ritmo para que Nicolás Yudchak y Federico Verteramo interpretaran Look at little sister -cantado por Guido Venegoni- y luego Blues after hours. Los hermanos Fabiani aparecieron en escena. Julio con su Fender y Anahí frente al hammond hicieron All your love, de Otis Rush. Después subió Nacho Ladisa para una versión de It’s my life. El cierre de los cinco guitarristas tuvo a Roberto Porzio en primera guitarra y a Ladisa en la rítmica para Bobby’s rock, de Elmore James, y Feel so bad.

No había mucha gente en el bar, más que nada eran amigos y familiares de Jofi Pardo, en su único show en Capital. El guitarrista subió al escenario acompañado por sus Mojo Workers, Machi Romanelli (teclados), Chipi Cipolla (bajo) y Gonzalo Martino (batería). Arrancaron con una furiosa versión de Love and happiness, de Al Green. Pardo la cantó con con voz rasposa y sus solos fueron aumentado en intensidad a medida que el tema cobraba vuelo. Después fue todo una celebración personal. Se dio gusto de invitar a su hermano Gustavo, de 19 años, y a su primo, ambos guitarristas que como él dijo son los “herederos” de su apellido. También subieron a escena Mauro Bonamico y Santiago Espósito, ambos de Vieja Estación, con quienes compartió una “loca temporada en México”. Y también tuvo su momento Román Mateo, otro guitarrista argentino radicado en España.

En Don’t burn down the bridge, de Albert King, Pardo alcanzó su pico máximo de la noche. Logró unos solos fulminantes y cambios de ritmo muy sutiles. Jugó mucho con las perillas y hasta tocó en volumen cero mostrando toda su capacidad. En los últimos años lo vi dos veces en vivo. En ambas ocasiones estuvo acompañando a grandes cantantes de Chicago como Tail Dragger y Willie Buck. En esos shows se mostró respetuoso de los artistas y se limitó a acompañarlos con su guitarra. Ayer, en cambio, estaba más desenfadado y relajado. No se ató a un estilo determinado y mostró una combinación de técnica, feeling y cierta arrogancia que lo destacan como uno de los mejores violeros de blues del país.

Afuera ya no había rumores, no llovía, el calor había cedido y la luz de la vía pública alumbraba el camino a casa. El blues y los seis guitarristas habían cumplido con su misión.

martes, 17 de diciembre de 2013

Más lanzamientos

Bryan Lee – Play one for me. El guitarrista ciego que hizo de Nueva Orleans su casa acaba de lanzar un nuevo disco. Y no se trata de un álbum más, sino que es su incursión más decidida en el soul y el R&B, aunque sin dejar de lado sus solos punzantes y su pasión por el blues. El primer tema, Aretha (Sing one for me) es elocuente, tiene una melodía agradable y ese groove tan característico de la música negra. Entre los covers se destacan It's too bad (Things are going so tough), de Freddie King, y When love begins (Friendship ends), de Bobby Womack. También hay una versión de Evil, de Howlin’ Wolf, tal vez el blues más contundente y directo de todo el disco. En ese y otros dos temas cuenta con el acompañamiento de Kim Wilson en armónica. Lee también refuerza su puesta en escena con la colaboración del guitarrista de Austin Johnny Moeller. Ambos logran una exquisita combinación de cuerdas que hacen las veces de colchón para que la voz de Lee suene aún más souleada. En el último track, inspirado en la letra de un tema de Buddy Guy, Lee anuncia que a los 68 años se siente joven y esa es la sensación que deja este gran disco.

Smokin’ Joe Kubek & B’Nois King – Road dog’s life. El dúo más caliente de Texas sigue en actividad y acaba de lanzar su segundo álbum para el sello Delta Groove (el primero fue el acústico Close to the bone del año pasado). Kubek y King se juntaron en 1987 y desde entonces se han hecho inseparables. Editaron 15 discos que definen el sonido del blues texano moderno. Desde aquél Steppin’ out Texas style de 1991 en adelante, ambos se han mantenido fieles a sus raíces y gustos, y eso se ve reflejado en cada nuevo trabajo. Aquí contaron con la participación de Kim Wilson en armónica y Kid Andersen en guitarra, más el trabajo en los controles de David Z, quien trabajó décadas junto a Prince. Road dog’s life tiene doce temas, diez son de su autoría y los dos covers son verdaderas sorpresas: uno es Don’t bother me, de George Harrison, y el otro es una extraordinaria interpretación de Play with fire, de los Stones. Kubek y King lograron una sinergia impresionante y ambos saben que sin el otro las cosas no serían igual, y por eso no reniegan de la vida en la ruta.

Leslie West – Still climbing. Hace dos años, el ex frontman de Mountain sufrió la amputación de una pierna. Eso, que para muchos sería algo devastador, él lo transformó en una fuente de inspiración. “Todo el mundo sufre caídas en la vida, pero cómo recuperarse dependen exclusivamente de uno mismo”, dijo el guitarrista a la revista Billboard. Con esa convicción terminó de grabar ese mismo año el disco Usual suspects. Y ahora acaba de lanzar este nuevo álbum que no es otra cosa que un blues rocker energizado, en el que toca a todo volumen las canciones que lo satisfacen. Al igual que en Usual suspects, West compuso varias de las canciones junto a su esposa Jenni. El disco se ve reforzado por un par de invitados. El más importante es el albino Johnny Wintre, con quien West intercambia solos en Busted, disgusted or dead. Otro es Jonny Lang, quien canta y aporta su guitarra en el clásico de Percy Sledge, When a man loves a woman. Mark Tremonti, de Creed, suma talento en el tema que abre el álbum, Dyin' since the day I was born y Dee Snider, de Twisted Sister, hace lo propio en Feelin’ good. Pese a quedar confinado a una silla de ruedas, West no se siente limitado porque sabe que con la música sigue en movimiento.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Un lujo de antaño


La historia le reservó un lugar de privilegio a Arthur Crudup por un hecho fortuito: uno de sus temas, That’s all right, fue grabado por Elvis Presley en su debut para Sun Records, en 1954. Ese hecho archiconocido por todos es prácticamente el paso fundamental del blues al rock. Pero detrás de la figura de “Big Boy”, como se lo conocía a Crudup, hay mucho más: fue un bluesman rudimentario que desarrolló un estilo muy personal, inigualable, e integró la primera avanzada de músicos del Mississippi que se instalaron en Chicago a fines de la década del 30.

Sus primeros meses en la gran ciudad fueron muy duros. Vivió en situación de calle y tocaba en las esquinas por monedas, hasta que lo descubrió Lester Melrose y lo llevó a tocar junto a sus figuras: Big Bill Broonzy, Lonnie Johnson y Tampa Red. En septiembre de 1941 ya había firmado contrato para el sello RCA/Victor. Durante más de diez años grabó una serie temas que se convirtieron en clásicos del blues, entre ellos That’s all right, acompañado por Ransom Knowling en bajo y Judge Riley en batería.

A partir de 1954 grabó para los sellos Ace, Checker, Trumpet, Bluebird y a mediados de los 60 firmó con Delmark, donde se reunió de nuevo con Knowling y hasta trabajó con Willie Dixon. Ahora, el legendario sello de Bob Koester acaba de lanzar un álbum “perdido”. Sunny road fue grabado el 10 de noviembre de 1969, cinco años antes de la muerte de Crudup. La particularidad de la sesión es que contó con la colaboración de Jimmy Dawkins, Willie "Big Eyes" Smith y Mark Thompson en bajo. Además, Crudup utilizó el Leslie Speaker que había usado Buddy Guy para la grabación de Hoodoo man blues junto a Junior Wells.

El álbum tiene nueve canciones, todas composiciones propias en las que el artista dio vuelo a todo el blues primario que llevaba adentro. Dawkins lo acompaña en la rítmica mientras que el traqueteo de Willie Smith resuena con un ritmo tenue entre las melodías sombrías de Crudup. El track nueve es un breve dialogo en el estudio entre Crudup y Koester. El productor le pide que para All I got is gone le imprima un poco de swing y el músico le responde que no sabe si puede tocar lo que le está pidiendo porque “sólo tengo blues en mi mente”. “No quiero presionarte”, le responde Koester y Crudup zanja la propuesta de la siguiente manera: “Ok, voy a hacer lo que me pides, pero estoy seguro que no va a funcionar”.

Sunny road es un lujo de esos que aparecen en cuentagotas, un disco breve y notable que capturó a un músico auténtico tocando sus blues con un sentimiento tan profundo como las aguas del Mississippi.

martes, 10 de diciembre de 2013

El blues de los colores primarios


La gacetilla de prensa define a Colores primarios como “un original viaje por la transversalidad ideológica y estética del blues”. Me gusta esa definición. Es suntuosa y cautivante. Pero a veces las palabras quedan pequeñas o inocuas ante la magia de la música. Leo Caruso logró un álbum de una profundidad exquisita con interpretaciones realmente superlativas.

Colores primarios empezó a gestarse en el desolador 2001 y está inspirado, según las palabras del autor, en la vida y la obra del artista Piet Mondrian. “El blues es un sistema (una geometría perfecta) de tres acordes básicos (tres colores) moviéndose en una estructura de doce compases. Y tiene un código universal, por el cual varios desconocidos entre sí pueden interpretarlo juntos, sin ensayo previo”, escribió Caruso.

El álbum está conformado por temas que se mecen entre el jazz y el blues de los 40 y los 50, pero también en versiones innovadoras de algunos clásicos del rock. Comienza con Baby, baby all the time, un tema de Bobby Troup que tocaron desde Nat King Cole y Oscar Peterson hasta Diana Krall y Shirley Horn. El piano de Caruso suena desenvuelto y relajado, y su voz austera acompaña con un notable sentimiento. Luego se sumerge en el maravilloso mundo de Gershwin para una fabulosa interpretación de Summertime, que comienza con un diálogo entre su piano y el contrabajo de Pablo Leone.

Blue and sentimental, de Count Basie, tiene el aporte de la deliciosa armónica de Matías Fernández y un ritmo que describe una noche cargada de soledad. The same blue rain es uno de los dos temas propios del disco –el otro es Perseguidor- en el que el pianista muestra toda su creatividad compositiva. Su pasión por los Beatles queda de manifiesto con los covers de a A hard day’s night, con el tinte blusero de su letra como él lo define, y For no one.

La versión de Avellaneda blues es extraordinaria. El trío se ve reforzado por la guitarra del 33,3% de Manal, Claudio Gabis, la voz de Alfredo Piro y el bandoneón de Luis Vázquez y logran confluir en el punto exacto en el que el blues se mimetiza con el tango. En sus palabras: “Resuena como un aguafuerte a dúo entre Quinquela Martín y Roberto Arlt”.

Además de los ya mencionados, el disco tiene otros invitados: Juan Cruz de Urquiza aporta su trompeta en dos temas y Daniel Raffo le suma guitarra de blues a Perseguidor, tema en el que, al igual que Evenin’, se suma una delicada sección de cuerdas. La rítmica que conforma el denominado Blues-Jazz trío Club Mondrian varía según el tema. Si bien Leone es el único dueño del contrabajo, la batería se la reparten entre Gabriel Cabiaglia, Pato Raffo y Demián González Premezzi.

Caruso resume con mucha personalidad las influencias de grandes maestros del piano. A sus dotes como intérprete le suma una capacidad distinguida como arreglador y es por eso que Colores primarios es uno de esos discos esenciales que no hay que dejar pasar. Se disfruta de principio a fin y deja con ganas de escuchar mucho más.


sábado, 7 de diciembre de 2013

Wine song 50


El saxo profundo de Eddie Shaw marca el camino de un slow blues cansino en medio de un clima espeso de juke joint. La letra dice algo así: La mujer que amo pasa su tiempo con la cabeza sumida en vino en un antro del West Side de Chicago que nunca cierra sus puertas. Es tan oscuro y funky que uno no puede ver ni siquiera su mano derecha y ella puede no darse cuenta que está besando a otro hombre. Shaw escribió WINE HEAD HOLE para el álbum In the land of the crossroads, grabado en Clarksdale, Mississippi, en 1992, y editado por el sello Rooster Blues. Lo acompañan Eddie “Vaan” Shaw Jr. en guitarra, Lafayette Gilbert en bajo y Robert Plunkett en batería. El vino y el blues, una combinación irresistible.

jueves, 5 de diciembre de 2013

El holandés


Hans van Lier es uno de esos tantos músicos europeos de blues de los que por acá no tenemos ni idea que existen. Nacido en la ciudad holandesa de Groningen, en 1961, Van Lier es un guitarrista lírico y efusivo al mismo tiempo, dueño de una sensibilidad especial para la melodía, que combina distintos estilos de blues. Sus principales influencias son Albert Collins, Buddy Guy, Elmore James, Luther 'Guitar' Johnson y Stevie Ray Vaughan.

Como muchos músicos del género, es un autodidacta que tomó por primera vez una guitarra eléctrica cuando tenía 14 años, y cuando descubrió la escala de blues orientó su música en esa dirección. Van Lier se hizo bien de abajo: fue violero de distintas cantantes locales, participó en concursos de guitarristas y recorrió infinidad de bares holandeses. Con el tiempo se expandió a países vecinos y eso lo llevó a participar en festivales. Hace unos años su carrera terminó de despegar cuando logró el ensamblaje de los Sidekicks una banda consistente que lo respalda con un preciso sentido del ritmo.

El flamante disco se llama tal como él y tiene su historia. Aquí no lo acompañan los Sidekicks porque fue grabado hace diez años, antes de la formación de la banda. En aquél entonces lo lanzó de manera independiente y sólo vieron la luz un número reducido de copias. Susan Tedeschi tuvo mucho que ver: vio a Van Lier en Europa y quedó muy impresionada con su estilo. Ella arregló para que él viajara a Minneapolis donde conoció a los Double Trouble, Chris Layton y Tommy Shannon, aunque finalmente los tres grabaron en un estudio de Austin Texas. El álbum se completó en Holanda, en su ciudad natal, donde se sumó el ex guitarrista de los Rolling Stones, Mick Taylor, para aportar su slide en algunas canciones. Van Lier alternó el canto con Magic Frankie, Marcel Kapteijn e Inki de Jonge. Otra media docena de músicos locales aportan sus dotes en teclados, armónica y rítmica. El sonido es bastante ecléctico. Hay blues de raíz texana, aproximaciones al estilo de Mississippi y algo de Chicago. La mayoría de los temas son propios y todos son cantados en inglés.

El holandés nos muestra, una vez más, la universalidad y el poder de penetración absoluto que tiene el blues en el mundo. No hay fronteras, ni razas, ni idiomas, ni coyunturas que lo limiten, porque el blues es puro sentimiento expresado en doce compases.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Death letter blues


Es, sin dudas, el blues más angustiante que jamás se haya escrito. Y la interpretación de su creador en 1965 alcanza un nivel de visceralidad absolutamente conmovedora. Los dedos largos de Son House golpeando las cuerdas y la caja de la National steel guitar, mientras escupe las palabras más crudas y sus ojos se funden en blanco, como en trance, capturan la esencia misma del blues primigenio. Según distintos registros históricos, el viejo predicador compuso la canción a fines de la década del 20 y como toda gran composición trascendió a su tiempo y también al género.

La letra habla de un hombre que recibe una carta por la mañana en la que le avisan que su amada acaba de morir. El hombre toma su valija y emprende un viaje que lo lleva a encontrarse con el cuerpo de su mujer sobre la fría mesa metálica de una morgue. “No sabía que la amaba tanto hasta que la vi tendida ahí”, canta con profundo dolor.

Alan Lomax
Death letter blues tomó su estructura de una canción anterior del guitarrista, My Black Mama, Part 2. Sin embargo, pese a que sus orígenes se remontan a los años de la Gran Depresión, el tema no fue grabado en sus sesiones para Paramount en la década del 30 ni para la Librería del Congreso, a través de Alan Lomax, entre 1941 y 1942. Luego de su encuentro con Lomax pasaron 12 oscuros años en los que no se supo mucho de Son House. Cierto es que abandonó el Mississippi y se fue al norte, a Rochester, Nueva York. Allí fue redescubierto en 1964 y, como muchos de sus contemporáneos, volvió a grabar.

Fue así como el 12 de abril 1965 ingresó a los estudios de Columbia Records, en Manhattan, y bajo la supervisión de John Hammond grabó más de una docena de canciones y algunas versiones alternativas. Las sesiones se extendieron hasta el 14 de abril y en algunos temas contó con la colaboración de Al Wilson, de Canned Heat, en armónica o guitarra. Además de Death letter interpretó un verdadero decálogo del blues del Mississippi: John the Revelator, Preachin’ blues, Pony blues, Motherless children, Grinnin’ in your face y Levee camp moan, entre otras.

En 1992 Columbia lanzó un cd doble bajo el nombre de Father of the Delta blues: The complete 1965 sessions, en el que figuran dos versiones de Death letter, una de 7:19 y la otra de casi seis minutos, que tiene un arranque en falso en el que Son House se confunde de canción. En las dos toca la National steel guitar y desliza el slide con el mismo sentimiento de desolación. Más allá de ser un clásico del blues, en los últimos 40 años el tema fue versionado por gran cantidad de artistas que no están vinculados al género directamente como los White Stripes, Cassandra Wilson, los Grateful Dead, John Mellencamp, Gov’t Mule, James Blood Ulmer y la banda punk canadiense Eamon McGrath & The Wild Dogs.




martes, 26 de noviembre de 2013

El blues desde acá

Estos tres discos de producción nacional independiente fueron grabados en los últimos años y demuestran el crecimiento del blues en la Argentina, y los distintos abordajes y miradas del género que realizan los artistas.

Tana Spinelli – Brave (2011). La música de la Tana Spinelli no está vinculada a ninguna moda pasajera, sino que está inspirada en un sentimiento profundo que la remonta a una etapa embrionaria del blues. Con un estilo simple y directo, reproduce viejos clásicos del género que, en la mayoría de los casos, fueron compuestos antes de la Segunda Guerra Mundial. Brave fue producido por Horacio Cuadrelli, quien también aporta su armónica en un par de temas. El repertorio tiene composiciones de Skip James (Illinois blues), Ma Rainey (Daddy goodbye blues), Memphis Minnie (Conjur man), Odetta (Oh my babe) y Robert Johnson (Love in vain), que la Tana canta una pasión conmovedora. Pero además hay un puñado de temas que fueron compuestos por ella y que demuestran su vocación por el sonido de antaño, minimalista y puro. Un ejemplo de eso son Lullaby to my daughter y la canción que da nombre al álbum. Otras dos interpretaciones más que interesantes son la de Crawling kingsnake -en la que canta a dúo con Lorenzo Thompson- y Ain’t no sunshine, de Bill Withers, el único tema en el que se apoya en una base eléctrica. A pocas semanas del lanzamiento de su segundo disco, este un buen momento para repasar este, en el que ella desnuda su alma a puro blues.

Jorge Senno – En el Cosmos no hay error (2011). En este disco, el tercero de su carrera, Senno combina su notable técnica con el slide, tanto en guitarras resonadoras, eléctricas o lap steel, con su pasión y conocimiento por el blues de raíz porteña surgido en los albores del rock nacional. El álbum abre con una majestuosa interpretación del lap steel en Baguala sin límites y luego se sumerge en canciones que mezclan el influjo y la lírica de Manal con arreglos inspirados en distintas épocas de la historia del blues. British blues es un claro ejemplo de eso. Quiero decirte es una balada con mucho slide, una especie de reconversión campestre y más poética de Desconfío. En No me puedo levantar resaltan los coros vigorosos de Claudia Puyó y la armónica serpenteante de Franco Capriati. 5rrespondencia es un instrumental santanesco en el que cuenta con el respaldo del hammond de Ciro Fogliatta. Perfumes clandestinos, en la que la voz está a cargo de Claudia Puyó, destella una hermosa y muy pegadiza melodía. En el Cosmos no hay error sorprende con un arranque feroz, muy al estilo Canned Heat, en el que Carburo le imprime una voz decidida por sobre la fusión de la guitarra punzante de Senno, los teclados de Fogliatta y la rítmica precisa de Freddy Prochnik y Damián “Hueso” Casanova. Para el final se reserva un funky, Vi al mago, con el saxo expeditivo de Eduardo Introcaso, y un blues de guitarra sangrante, Demabulando por Rosario. En el Cosmos… es un gran disco que muestra todo el talento de un artista en perpetuo crecimiento.

The Black Cat Bone – Jammin’ (2012). El album fue grabado de una sola toma en estudios El Abridor. El quinteto que se terminó de consolidar a partir de 2010 es descendiente directo de los Young Blues Brothers, la banda que Blind Willy Iglesia y Walter De León formaron en 1989. En todos estos años fueron modificando la formación pero el sentimiento siempre fue el mismo. No hay otra cosa para ellos que el blues eléctrico, especialmente el de Chicago. Blind Willy canta y es la primera guitarra mientras que Deleón se ocupa del bajo. La banda se completa con Gustavo Lazo en armónica, Nicolás “El Indio” Sartoris en guitarra y Ariel Olmedo Prida en batería. El track list está conformado por todos clásicos. Sobresalen los estandartes de Muddy Waters, Manish boy y Hoochie Coochie man, así como All your love, de Otis Rush; Key to the highway, de Big Bill Broonzy; Messin’ with the kid, de Junior Wells; y The thrill is gone, de B.B. King. Jammin’ no es otra cosa que un grupo de amigos tocando con respeto y amor esos viejos temas que todos los amantes del blues disfrutamos desde siempre.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Encrucijada de guitarras


¿Es posible reunir en un mismo escenario a los Allman Brothers, Keith Richards, B.B. King, Buddy Guy, Jimmie Vaughan y Jeff Beck? Sí, es posible y Eric Clapton lo hizo. Ocurrió el 12 y 13 de abril de este año en el Madison Square Garden, en Nueva York, para una nueva edición del Festival Crossroads, la gran celebración de la guitarra.

Clapton fundó el Crossroads Centre en 1997. Se trata de una clínica de rehabilitación para músicos con problemas de adicción a las drogas y el alcohol, que funciona en la isla caribeña de Antigua. En 2004, para recaudar fondos, se le ocurrió organizar este festival benéfico que está a un paso de convertirse en un clásico. Por ahora hubo cuatro. El segundo se hizo en 2007 y el tercero en 2010. Como en los anteriores, ahora acaba de salir el cd doble y dvd con lo mejor del evento.

Entre los dos discos hay más de 40 canciones que tienen al blues, el rock, el country y el jazz, en ese orden, como protagonistas excluyentes. Repasemos: el disco abre con un solitario Eric Clapton interpretando Tears in Heaven. Luego empiezan a subir sus amigos: primero su ladero Andy Fairweather Low, para una versión de Spider jiving, dedicada a la memoria de Carl Radle; y más tarde Vince Gill con quien hace Lay down Sally.

Clapton deja el escenario para que Booker T. Jones y sus teclados hagan las veces de anfitriones de otros guitarristas como Steve Crooper, Matt “Guitar” Murphy, Keb’ Mo y Albert Lee, quienes suman talento en Born under a bad sign y Green onions. Luego aparece Robert Cray acompañado por B.B. King, Jimmie Vaughan y Clapton para Every day I have the blues.

Sonny Landreth, Gary Clark Jr. y Doyle Bramhall II aportan lo suyo antes de un breve set de inclinación jazzera protagonizado por Earl Klugh y Kurt Rosenwinkel. Gary Clark Jr. vuelve a la tarima principal para mostrar su costado más blusero con Next door neighbor blues. Aparece John Mayer haciendo un tema propio, Queen of California, y luego junto a Keith Urbnan un cover de los Beatles, Don’t let me down. Buddy Guy le muestra al pequeño Quinn Sullivan toda su maestría blusera en Damn right, I’ve got the blues. El disco uno termina con los Allman Brothers y Clapton haciendo Why does love got to be so bad y después, solos, los músicos sureños estremecen con una épica versión de Whipping post.

En el disco dos se juntan los maestros del slide Sonny Landreth y Derek Trucks y regalan un poco de Nueva Orleans con Congo Square. Robert Cray acompaña a Los Lobos en I got to let you know y Beth Hart canta con pasión Goin’ down con la guitarra encendida de Jeff Beck como telón de fondo. Gary Clark vuelve a tener una aparición rutilante, y Taj Mahal y Keb’ Mo llevan las aguas fangosas del Delta del Mississippi al centro de Nueva York con Walking blues y Driving duck blues. Pero lo mejor llega cuando Gregg Allman, Warren Haynes y Derek Trucks, solos con sus guitarras, versionan a Neil Young con una sensacional The needle and the damage done y luego arremeten con Midnight rider.

El final es muy intenso y a todo Clapton. Toca junto a Keith Richards Key to the highway y con Robbie Robertson, I shall be released. Como no podía dejar de lado su historia con Cream descolla con Crossroads y Sunshine of your love. El álbum no tiene desperdicio: la combinación de músicos, la elección de los temas, la calidad del sonido y la pasión en vivo que cada uno de los participantes lo hacen esencial. Además, entre canción y canción, hay breves comentarios de los protagonistas en los que expresan sus emociones y sensaciones de semejante gala histórica.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La zurda mágica


Hubo un momento que será imposible olvidar. Promediaba el show cuando Eddy Clearwater empezó a tocar Come up the hard way, un blues lento que editó en su disco West Side Strut. Sentado en una silla alta entonó los primeros versos del tema, mientras Pato Raffo y Mariano D’Andrea marcaban el ritmo con absoluto control y Juan Codazzi rellenaba los contornos con unos acordes sutiles. The Chief entró en un trance absoluto y se llevó a los músicos con él. El espíritu del West Side de Chicago se adueñó de La Trastienda. Un espeso halo cubrió su silueta espigada a la par de los solos más profundos que un bluesman pueda alcanzar. Eso habrá durado entre ocho y diez minutos, pero el clima de hipnosis generalizado era tal que Clearwater decidió estirarlo y casi no se notó cuando, con el mismo sentimiento, la zurda mágica pasó a tocar Driftin’ blues.

Esa escena resume uno de los shows de blues más vibrantes que hayamos visto en Buenos Aires. Ese momento quedó marcado por la técnica y el sentimiento del artista, y la sinergia espectacular que logró con la banda. Fue el cierre ideal para el segundo Festival de Blues de Buenos Aires.

Eddy Clearwater dejó en claro porque le dicen “El Jefe” desde que pisó el escenario. Como en todos sus shows apareció con el tocado indio mientras la banda interpretaba una marcha cherokee. El blues no tardó en aparecer. Todavía luciendo las plumas empezó a cantar Messin’ with the kid y aprovechó el solo de Codazzi para conectar su Gibson 335. A partir de ese momento todo sería blues a gran escala en tres direcciones: el sonido limpio del lado oeste como en Easy is my style; el funk abrasivo de All your love; o el rock and roll más clásico de To old to get married.

Nico Smoljan aportó su armónica en dos temas y sobresalió especialmente en Walking trhu the park. Sobre el final subió a escena Kenny “Blues Boss” Wayne, quien decidió postergar su regreso a Estados Unidos por un día para poder tocar junto a Clearwater. Empezaron con un boogie -el piano no pedía otra cosa, claro- y luego siguieron al ritmo del rockabilly para pasar a Midnight Groove, una canción que The Chief grabó en 2003. Ya eran casi las 3 de la mañana y los músicos lejos de sentirse presionados por la mirada intimidante de uno de los dueños de La Trastienda siguieron zapando a lo grande. Clearwater se divirtió mucho con el sonido del teclado de Wayne, que puso un efecto vocal muy funky. Ambos se despidieron y, pese a la hora, el productor y responsable del festival, Mariano Cardozo, preguntó: “¿Quieren una más?”. A la respuesta obvia del público siguió una larga afinación de Eddy Clearwater que terminó con el sello de Chuck Berry: Sweet little rock & roller.

La noche del sábado había comenzado con el show de Embajador del blues argentino, Gabriel Grätzer, quien se sobrepuso a un virus a último momento y se brindó como siempre lo hace. Sus presentaciones son como libros abiertos de la historia del blues. Acompañado por los Big Tequilas –Fernando Zof y Diego García Montiveros- tocó Black rat swing, de Memphis Minnie; y dos clásicos que editó en su disco El blues lleva tiempo: Rag mama rag y Highway 49. Terminó su presentación con una exquisita versión de John Henry.

Entre Grätzer y el maestro del blues de Chicago se presentó la banda pampeana Yergue la oreja, que ya tiene dos discos editados: Intentando blues (2005) y Las cosas planeadas (2011). Sonaron bien, muy parejos, aunque me pareció que un poco contenidos. La combinación de guitarras de Luis Arriaga y Mauricio Flores se mece entre las apariciones rutilantes de la armónica de Diego Murgia, aunque falta un poco de intensidad vocal. Tocaron todos temas propios y se fueron con la sensación de que muy pronto volverán para lucirse en Buenos Aires.

Así se terminó un fin de semana con el más puro blues, ese que trajeron los viejos lobos del blues, que se mezcló con el talento creciente y la pasión de los músicos locales. El blues tuvo una nueva fiesta y, por supuesto, no será la última.

sábado, 16 de noviembre de 2013

El desembarco de la patronal del blues


La patronal del blues desembarcó con Kenny “Blues Boss” Wayne. Anoche inauguró la segunda edición del Festival de Blues de Buenos Aires a puro boogie woogie y dejó el escenario caliente para que hoy lo termine de incendiar el gran Eddy “The Chief” Clearwarter, con su zurda endemoniada.

Los encargados de inaugurar el festival fueron los muchachos de 50 Negras. Para ellos significó su debut en un lugar importante como La Trastienda, ante una buena cantidad de público, y realmente se lucieron. Más allá de algún desacople casi imperceptible al principio, en Dirty girl (tema de Bill Willis, que Jimmie Vaughan grabó para su disco Do you get the blues?) y en Long distance call, luego fue todo en ascenso. La rítmica -a cargo de Rodrigo Benbassat y Daniel Carboni- sonó concisa y con fuerza, el cantante Benjamín Aquino le aportó toda su pasión y buen registro vocal, con la solvencia de Andrés Fraga en armónica. Tito Maza derramó tanto boogie que intuyo debe haber sorprendido a Kenny Wayne, que lo escuchaba detrás de escena. Párrafo aparte merecen los guitarristas: Mariano Bisbal y Brian Figueroa tienen estilos diferentes que se conjugan a la perfección sobre el escenario. Así lo hicieron en Rock this house, Going to Mississippi y, especialmente, en Messin’ with the kid, en la que cambiaron los tiempos y le arrancaron al público una tremenda ovación. Los ganadores del Segundo Concurso de Bandas de Blues demostraron que se lo están tomando en muy serio, que están ensayando, esforzándose y que vislumbran para sí mismos un gran futuro.

Luego fue el turno de Alambre González y su selección de músicos. Respaldado por Pato Raffo y Mauro Ceriello, más el aporte de Jorge Simonian en armónica, Silvio Marzolini en teclados y Pablo Martinotti en guitarra, dio rienda suelta a toda su experiencia arriba de un escenario al que ya subió infinidad de veces. Empezó con El Rey y luego hizo subir a un par de cantantes invitadas, porque, como él mismo explicó, “estoy cansado del olor a bolas”. Claudia Leibovich entonó una delicada versión de I’d rather be blind y luego Antonella Giunta le imprimió mucho funk con The blues is my business y Night in Tunisia, inspirada en la versión de Chaka Khan. Para el cierre hubo duelo de guitarras entre la Strato de Alambre y la Telecaster de Pablo Martinotti en un blues lento y un boogie instrumental.

A la 1 de la mañana se corrió el telón y el fulgor centelleante del sacó amarillo de Kenny “Blues Boss” Wayne captó la atención de todos. El primer tema fue Tanqueray, del legendario Johnnie Johsnon, justamente el último pianista de blues que vino a la Argentina. Acompañado por los Easy Babies Roberto Porzio y Mauro Diana, más Gabriel Cabiaglia en batería, Wayne tocó boogie y blues, aromatizado por el espíritu de Nueva Orleans.

Kenny Wayne nació hace 68 años en el noroeste de los Estados Unidos, en Spokane, estado de Washington. Vivió en San Francisco y Los Ángeles, y un breve período en Nueva Orleans, que le bastó para moldear su estilo inspirado en dos grandes pianistas como Professor Longhair y Fats Domino. Pero ellos no fueron sus únicas influencias: Ray Charles, Charles Brown y Floy Dixon también lo marcaron a fuego. Un poco de todo eso se vio y se escuchó anoche.

Con una mano derecha alocada y un swing vibrante, Blues Boss dejó sentadas sus bases con algunos temas propios como Searching for my baby, que lo editó en su disco de 2011, An old rock and roll y clásicos como You dont’ know me, de Ray Charles. En el medio le cedió varios solos a Roberto Porzio, quien no lo desaprovechó y mostró porque es uno de los guitarristas de blues con más prestigio. Para terminar eligió Sweet Home Chicago, en el que invitó a escena a Alambre, con quien tuvo un mano a mano brutal.

Para los bises reapareció solo. Primero tocó Kansas City, luego un tema de Fats Domino y cerró con Wonderful world, del maestro Louis Armstrong. Así se fue la primera noche del Festival de Blues, con un pianista de primera haciendo de las suyas, como hacía 15 años que no pasaba en esta ciudad, desde ese memorable show de Johnnie Johnson, que abrió para Bo Diddley, en el Gran Rex.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Volver al juke joint


Charlie Musselwhite recorrió un largo camino. En enero cumplirá 70 años, de los cuales más de 50 los lleva dedicados a la música. Nació en las entrañas del Mississippi y tiene el raro privilegio de ser uno de los pocos músicos blancos de esa región que trascendió en el mundo del blues. Con el tiempo se convirtió en un eslabón de la música de raíces, el sonido de Chicago y la generación de jóvenes bluseros estadounidenses de los 60, que encabezó con Johnny Winter, Paul Butterfield, Mike Bloomfield y John Hammond. Hoy es uno de los armonicistas más codiciados y, pese al largo recorrido, cada vez que sopla su armónica sigue innovando.

Este año está resultando muy provechoso para su carrera. En enero lanzó un disco notable junto a Ben Harper, que va camino a ser uno de los mejores de 2013. Grabado en el mítico sello Stax, combina country blues, baladas y elementos del blues moderno. Ahora, con Juke joint chapel, editado por un pequeño sello independiente, Musselwhite lleva sus instintos musicales a lo más primario: el contacto directo con el público, cara a cara, en un reducto de Mississippi donde todo huele a alcohol y sudor.

El álbum fue grabado en agosto de 2012 en el Juke Joint Chapel, Shack Up Inn, sobre la Highway 49, en Clarksdale, Mississippi, a pocos metros de donde la leyenda dice que Robert Johnson celebró su pacto con el Diablo hace más de 80 años. Acompañado por Matt Stubbs en guitarra, Mike Phillips en bajo y June Core en batería, el cantante y armonicista recrea algunos viejos clásicos y temas de su propia autoría.

Al calor de un público enfervorizado, Musselwhite comienza con Bad boy, de Magic Slim, y desde ahí hasta el final no da respiro, alternando solos de armónica con los punteos de Stubbs. Los puntos más altos del disco son la rendición a Shakey Jake Harris en Roll your money maker; la interpretación de su himno confesional, Blues overtook me; o Feel it in your heart, que compuso en 1997 para su disco Rough news, y en la que se destaca un contagioso ritmo sincopado de la batería.

“El blues sonó esa noche como el que yo escuchaba cuando era joven. Muchos piensan que el blues es triste, pero creo que después de escuchar estas canciones pueden cambiar de parecer”, dijo en una entrevista al sitio American Blues Scene. Y así fue, un Musselwhite crudo, enérgico y visceral un día volvió al juke joint para dar cuenta de que su origen sigue intacto, pese al largo camino que lleva transitado.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Lo que ordena la guitarra


"Cuando inclino la cabeza para esconder una lágrima, estoy viviendo y muriendo lo que ordena la guitarra", Atahualpa Yupanqui.

Fue una noche de devoción por las seis cuerdas. Una noche de blues puro y auténtico. Pero más que nada fue una noche de amor por la música y respeto entre los protagonistas. Cinco guitarristas de primer nivel mostraron lo suyo sin egos ni competencias absurdas.

La presentación del disco Blues en Movimiento Vol. 2 fue un éxito y los cinco violeros coparon el escenario elevado de Makena, en pleno Palermo. El encargado de abrir el show, pasadas las 22, fue Nacho Ladisa. Respaldado por Anahí Fabiani en teclados, Roberto Porzio en guitarra rítmica, Mauro Diana en bajo y Gabriel Cabiaglia en batería; Ladisa mostró su estilo vintage, inspirado en los maestros de los 50 y los 60, primero con una Epiphone Casino y luego con una Fender Stratocaster. Tocó It’s my life, de Bobby “Blue” Bland, Motorhead baby, de Johnny “Guitar” Watson, y You belong to me, de Magic Sam.

En segundo lugar apareció el multifacético Julio Fabiani. Lejos del frenesí de Támesis o del dulce soul de Florencia Andrada, se avocó al blues eléctrico más apasionado. Empuñando una Stratocaster abrió con Frosty, un instrumental de Albert Collins, y cantó Yours truly, el clásico de Dave Bartholomew, y All your love, otra del gran Magic Sam. Su hermana Anahí siguió en escena y la rítmica cambió por Mauro Bonamico en bajo y Homero Tolosa en batería.

Luego vendrían dos de las máximas promesas de la guitarra blusera. Esos chicos que, según sus propios compañeros, tienen un don innato y apenas pasaron los 20 años. Uno, Nicolás Yudchak, más tirado al sonido de los Allman Brothers y Freddie King. El otro, Federico Verteramo, con vocación por el estilo más clásico de Chicago. El primero comenzó con un instrumental, Zan ho say, y siguió con Look at little sister y Pack it up. En las últimas dos contó con la participación de Gina Valente en voz, mientras que la rítmica siguió a cargo de los mismos que acompañaron a Julio Fabiani, más el aporte de Nandu en teclados.

El zurdo Verteramo tiene un talento sobrenatural que contrasta con su timidez arriba del escenario. Con su Stratocaster blanca encaró una versión instrumental de Blues after hours, de Pee Wee Crayton y, ya con Darío Soto como cantante, desgarró las seis cuerdas con Mary Ann, de Ray Charles, y You don’t konw, de B.B. King.

La “eminencia”, como le gritaron a Roberto Porzio cuando subió a escena, fue el último de los cinco violeros en mostrar lo suyo. La sección rítmica de Nasta Súper, Mauro Ceriello y Gabriel Cabiaglia, más Anahí Fabiani, tuvieron la tarea de respaldarlo. Solo con su Epiphone Riviera hizo la intro de Devil got my woman, de Skip James. Sacó el slide y atacó los acordes de Bobby’s rock, de Elmore James, ya con la banda sonando a full. Cantó con exquisito registro The things that I used to do y, con Florencia Andrada y Gina Valente en coros, se zambulló en el maravilloso mundo de Otis Rush con I feel so bad.

El epílogo tuvo a los cinco juntos. Cada uno aportando lo suyo y apoyando a los demás. Esfuerzo, compañerismo y talento mancomunado. Tocaron Wham!, de Lonnie Mack, y finalizaron con un punteo cada uno, separado por el estruendo de la batería de Cabiaglia. Las guitarras de blues del futuro ya están aquí.