martes, 27 de noviembre de 2012

Junior Watson, maestro de la diversidad


En la vida hay momentos superlativos y muchas veces la música es responsable de ellos. Anoche, en la primera jornada del Buenos Aires Blues Festival, vivimos algo así. Junior Watson mostró que con talento y pasión se puede deslumbrar a un público ávido de blues tocando otros ritmos. De principio a fin, fue una noche fabulosa. La organización estuvo diez puntos, todo empezó con puntualidad y las bandas que precedieron al guitarrista californiano lo hicieron de manera extraordinaria.

Las Hoochies
La apertura estuvo a cargo de Las Hoochies, un grupo integrado por cuatro mujeres que tiene mucho más futuro que historia. Sin dudas se lucen arriba del escenario: son bellas, tienen actitud y tocan blues sin tapujos. Interpretaron media docena de canciones, entre temas propios y tres covers: The thrill is gone, Honey hush y una versión con el bajo bien al frente de I just want to make love to you. Vanesa Harbek estaba en llamas y las otras tres Hoochies estuvieron a la altura de las circunstancias. Fue un gran debut para ellas en el escenario de La Trastienda.

Easy Babies
Después aparecieron los Easy Babies. La banda encabezada por Mauro Diana y Roberto Porzio hizo lo que mejor sabe hacer: animar a la gente con ese blues distintivo que según ellos paga mal (pero rinde bien). Acompañados por Homero Tolosa en batería, Federico Verteramo en guitarra y Machi Romanelli en teclados tocaron temas de su disco de 2010. Conseguite otra mujer, que de acuerdo con Mauro Diana “es más fácil cantar el coro que conseguir realmente una”, fue uno de los mejores momentos, por la onda de ellos arriba del escenario y por el slide afilado de Roberto Porzio. El otro fue el final bien arriba con (Estamos) Haciendo las cosas bien. La banda mostró la solidez de siempre, aunque esta vez tuvo como plus del virtuosismo del zurdo Verteramo, el swing de los teclados de Romanelli y, en un par de canciones, la armónica enérgica del patagónico Damián Duflós.

Cool Groove
El blues tuvo su descanso cuando una decena de músicos vestidos de negro y con corbata subieron al escenario. Los Cool Groove blandieron sin pudor su propuesta de funky instrumental. Una sección de caños feroz sacudió el ambiente por sobre la base contagiosa del hammond de Walter Galeazzi. La sorpresa llegó cuando invitaron a la cantante Antonella Volpentesta que se animó a dos clásicos del soul de los 60: What’s going on, de Marvin Gaye, e If you want me to stay, de Sly & The Family Stone. Pese a que algunos tenían reparos por la presencia de esta banda, quedó claro que la buena música supera a los prejuicios.

Igor Prado
A las 22 aparecieron en escena el guitarrista brasileño Igor Prado junto al histórico tecladista Patán Vidal, y una de las mejores secciones rítmicas bluseras del país: Mariano D’andrea y Pato Raffo. Empezaron con un shuffle con sonido retro, en el que Prado sacó unos solos enloquecidos que acompañó con movimientos muy marcados de su cuerpo. Derspués cambió la guitarra de caja por una Fender Stratocaster rosa para una versión sublime de Drive it home, de Snooks Eaglin. Y luego se deshizo en elogios para presentar a uno de sus maestros y máximas influencias, el señor Junior Watson.

Desde el instante en que Watson tomó su guitarra Spaguetti Western todo lo que nosotros sabíamos de blues quedó a un lado. Él no vino a tocar lo que no está acostumbrado a hacer, que es lo que la gente acá más quiere -Chicago blues-, sino que vino a ganarse al público con lo que hace habitualmente. “Estoy contento de estar en la Argentina. Esta es la tierra de dos de los guitarristas que más admiro: Oscar Alemán y Gonzalo Vergara”, dijo para empezar y robarse los primeros aplausos. Empezó con Wolfpack, un tema que suele tocar en vivo, y después sorprendió: “Hoy tengo ganas de ritmo latino”. Entonces empezó a tocar una versión instrumental y suave de Garota de Ipanema. Pero no terminó ahí: fascinó con un cha cha cha y con Cuban getaway -de Ike Turner- en el que, entre corte y corte, exclamaba “¡Qué rico!” o “¡Mi vida loca!”.

Junior Watson
“Me gustaría cantar como Elvis Presley, pero eso es algo que no va a pasar en esta vida”, anunció antes de sacar de su guitarra los primeros acordes de One night with you. Se entendió tan bien con la banda, que hasta pareció que no era la primera vez que tocaban juntos. El blues estuvo presente, claro, con Pleasure is all mine y Dragnet blues, de su flamante álbum Jumpin’ wit Junior. Para terminar invitó a Igor Prado para una versión instrumental de un tema inspirado en James Brown. Watson, el hombre de la barba más prominente luego de los ZZ Top, dejó el escenario por unos segundos y volvió para un bis tan brutal que nos dejó a todos sin aliento. “Esta es la música que yo escuchaba cuando era chico, mucho antes de descubrir el blues y del surgimiento de los Beatles”. Su guitarra disparó fuego con un medley de surf rock inflamable que incluyó extractos de temas de Dick Dale, Link Wray y The Ventures, entre otros.

La diversidad fue la clave de la noche. Junior Watson rompió el molde y eso algo que las mentes obtusas no saben valorar. Allá ellos, ojalá haya más noches superlativas como esta.

9 comentarios:

Maximiliano Hracek dijo...


muy buena

Roberto Porzio dijo...

hace honor a la verdad martin .las palabras justas.

Gabriel Grätzer dijo...

Excelente Martín! una noche para abrir cabezas. El Blues es la raíz pero Watson mostró (y además explicó) los muy diversos y enriquecedores caminos en los que el Blues
puede derivar.

MC dijo...

Muy buen reporte Martin , que noche memorable, todo estuvo muy bien, las bandas apertura y demas, pero lo de Junior Watson supero todas las espectativas. La banda que lo acompaño fue excelente.
Muchas gracias por el Reporte y apoyar todos los eventos de Blues.

Damián Martín Duflòs dijo...


Buenisimo!

natalia nardiello dijo...

buenisimo!

JessMoodz dijo...

Fue una gran noche, gracias por la musica en todas sus formas!

Mariano Agustin D'andrea dijo...


Excelente como siempre! el poder de la sintesis!

Nico Smoljan dijo...


un show para recordarlo por años... increible en todos los sentidos... buenisima la reseña martin!