lunes, 19 de noviembre de 2012

Englishman in Mississippi

En el blues, como en otros pocos géneros musicales, se ha dado un fenómeno tan interesante. Muchos artistas, diferentes entre sí, han decidido sumar esfuerzos para grabar discos juntos o han aceptado la participación de alguna leyenda o joven promesa para revalorizar su música. Algunos tuvieron resultados formidables, otros apenas consiguieron discretos momentos y el resto expuso el fiasco de la confrontación de egos. Hay decenas de ejemplos de duetos, tríos y bandas ensambladas desde los años 50 hasta hoy. Pienso en John Hammond, Mike Bloomfield y Dr. John; en Muddy Waters, Bo Diddley y Howlin’ Wolf juntos o por separado, respaldados por bandas de jóvenes músicos ingleses de fines de los 60; en B.B. King y Eric Clapton paseando en un Cadillac; en Kenny Neal, Tab Benoit y Debbie Davis; en Dr. John y los Black Keys; en el súper Harpattack; o el power trío BBM, integrado por Gary Moore, Jack Bruce y Ginger Baker. Algunos de esos discos son muy buenos, otros no tanto. Pero más allá de los distintos resultados, las experiencias se siguen multiplicando. El lanzamiento más reciente en ese sentido es el de Candy store kid, que reúne a un excelente cantante y guitarrista inglés con la crema de la crema de la nueva sangre del blues del norte de Mississippi.

Aunque suene novedoso, el flamante álbum de Ian Siegal & The Mississippi Mudbloods no lo es tanto: es la continuación de The skinny, el disco que el británico de la voz aguardentosa grabó el año pasado junto a The Youngest Sons, que no es otra cosa que la misma banda pero con un nombre diferente. Encabezada por los hermanos Dickinson, Cody y Luther -integrantes de North Mississippi Allstars e hijos del legendario Jim Dickinson-, lograron fusionar el boogie efervescente de su tierra con la pasión y versatilidad que Siegal aportó desde el otro lado del océano. El resultado es un blues rockeado, con guitarras calientes y mucha energía, sobre composiciones propias, lo cual le da un valor agregado. Más allá de que la descripción no parezca muy original, lo que ellos han logrado con este segundo trabajo conjunto sí lo es.

Luther Dickinson, Alvin Hart, Cody Dickinson e Ian Siegal
Aquí se suman otros músicos reconocidos de la zona, todos herederos del sonido de Junior Kimbrough y R.L. Burnside. Se trata de Alvin “Youngblood” Hart, Lightinin’ Malcom y Garry Burnside. Todos se juntaron en los estudios Zebra de Cody Dickinson para unas sesiones que luego fueron procesadas por el ingeniero Kevin Houston bajo la estricta supervisión del productor Richard Pavitt.

El disco tiene momentos extraordinarios como el comienzo a capella de Earlie Grace Jnr., con el hombre rugiendo desde sus vísceras; o la guitarra con wah wah funky de Green power; o el slide vigoroso de Hard press, que es como si Duane Allman hiciera un punteo sobre un bit setentoso y paradójicamente actual. Pero para cuando uno llegue a esos temas ya estará completamente absorto en la música de Candy store kid. Porque ya desde la primera canción, el cover de Duke Bardwell, Bayou country, Siegal deja en claro que consiguió lo que buscaba: empaparse del sonido del norte de Mississippi, ese que está a mitad de camino entre el neón de Memphis y su historia de blues, soul y rock and roll, y el recuerdo crudo de los viejos bluesmen del Delta. Candy store kid es un disco orgánico y vital, de esos que pretenden darle nuevos aires al blues sin perder su esencia.