lunes, 28 de noviembre de 2011

El que sabe, sabe

Por Mariano Valdivieso

No es mi intención que este texto sea algo parecido a un tratado de medicina, pero créase o no ciertas personas traen en su ADN algún tipo de código de buen gusto. Ustedes dirán; che, no, pará... qué el buen gusto es un invento del capitalismo y la modernidad. Pues no. Un estudio -de dudosa procedencia- asegura que una de cada 250 millones de personas cae en este mundo con una genética especial. Así que para mí, Bluesman es de esos tipos. No es índigo, no es albino ni ventrílocuo. Tampoco erudito ni médium, pero tiene buen gusto. Bluesman me trajo un vino francés de Francia. Se pasó, la verdad. No tenía obligación, vieron, pero él tiene BG (buen gusto). En la etiqueta, el Bourdeaux dice Mouton Cadet (2008). Típica botella bordelesa, el contenido es sorprendente para bien y para mal.
Hablemos del vino:
- Color tipo cereza pero a trasluz parece más oscuro. Brillante.
- En copa, cuando agité el vino, la lágrima tardó en caer, densa, pesada. Típico francés.
- En nariz, con buena intensidad.
- Y justamente por la intensidad de la nariz fue que pensé que se venía algo medio alcohólico. Pero no! Oh, sorpresa! El brebaje era suave, frutal, equilibrado. En una palabra: sólido
Me lo tomé, me lo tomé todo. Lo disfruté como quien manotea el bidón de agua en el entretiempo de un partido de casados contra solteros. Después, miré una película o hice zapping. Y así quedé.
Mi amigo Bluesman seguramente me entendería.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Blues sin fronteras

No importa el idioma, no importa el país, no importa la religión. El blues está presente en cada rincón del planeta.

Rudy Rotta - Me, my music and my life. Rotta es un guitarrista italiano, nacido en Verona, que se formó musicalmente en Suiza, triunfó en su país, expandió su música al resto de Europa y pudo desembarcar con relativo éxito en los Estados Unidos. Allí compartió escenarios con Luther Allison, Al Green, Taj Mahal, Etta James, los Fabulous Thunderbirds y Brian Setzer. Su primer álbum, Reason to live, fue editado en 1990 y ahora acaba de salir a la venta este disco doble que recopila lo mejor de sus más de 20 años de carrera. Entre los temas elegidos para este compilado hay algunos que fueron compuestos por él -con versiones en italiano y en inglés- y otros clásicos del blues y del rock. Además hay una lista de invitados de lujo: Peter Green suma su voz gastada y su guitarra para una sutil interpretación de Black magic woman. El difunto Carey Bell aporta su armónica en So di blues y Mama save the children. Rotta y John Mayall, en armónica, arremeten con un cover de My babe, de Little Walter. Pero eso no es todo: los solos de la guitarra de Robben Ford acribillan en una notable St. James Infirmary y en It’s all over now baby blue, de Bob Dylan. Brian Auger, el último de los invitados, le aporta un toque jazzístico en Truth. El resto de las canciones –entre las que hay tres covers de los Beatles- tienen a Rotta y su Fender como protagonistas excluyentes.

Vidar Busk & his True Believers - Stompin' our feet with joy. Después de Kid Andersen, Busk es el otro gran héroe de la guitarra de blues de Noruega. Busk no es un tipo que pase desapercibido, luce sobretodos y trajes de colores. estrafalarios y un peinado que combina el jopo de los años cincuenta con una cresta punk. Más allá de su look, Busk es un cultor del blues clásico, ese que los gringos denominan red hot, y el del swing. Stompin’ out feet with joy fue grabado en 1997 y reeditado hace unos meses: es un combo de blues de Texas, boogie, shuffle, jump blues en el que Busk y su banda descargan un arsenal de yeites y solos formidables. Busk nació en la ciudad de Langesund y a los 15 años se fue a vivir a los Estados Unidos. Su inglés es perfecto, eso es evidente cuando canta, y se nota que su estilo ha sido moldeado en los mejores bares de blues de Alabama, Georgia y South Carolina. En los noventa volvió a Noruega y desde entonces es uno de los máximos exponentes del blues europeo. Stompin' our feet ... tiene 14 temas y la reedición incluye cuatro bonus. Una de las canciones, The ballad of Vidar Busk, es una crónica autobiográfica de sus peripecias en el mundo del blues.

Yuichiro Oda – East blues. Oda nació en Japón, en la ciudad de Kagoshima, y a los diez años empezó a tocar la guitarra. Su formación estuvo relacionado más que nada con la música clásica y el jazz. De hecho, el jazz marcaría sus comienzos como músico profesional y sus primeros discos. Oda tocó con músicos de las bandas de Sarah Vaughan y Tom Waits, y su primer álbum se lo produjo nada más y nada menos que George Duke. A fines de los noventa, durante una gira por los Estados Unidos, tocó con Larry Carlton y Ernie Watts. Ahora acaba de lanzar este álbum de blues y guitarras afiladas, en las que además de ser el compositor de todos los temas, canta con una fuerza desgarradora. Los arreglos de algunos temas incluyen coros femeninos y por momentos la aparición de un piano que rellena la armonía en segundo plano. Pero también hay otros, como Test of life, que tienen una inclinación un poco más pop por el efecto de la sección de vientos y los teclados. El track que da nombre al disco es un instrumental furioso en el que los solos de Oda surcan el aire como balas de punta hueca. Y Desert blues es un acústico con slide que ubica a Oda en el porche de una casa del Mississippi. Así como una oda es una composición poética de tono elevado, este Oda es un guitarrista al que hay que escucharlo con el volumen al máximo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Éxtasis

Se corrió el telón y los cuatro músicos empezaron con una descarga energética de blues, shuflle y otras yerbas que tuvo su pico de máxima intensidad sobre el final, cuando los cuatro se pusieron de espaldas al público: el bajista y el guitarrista cargaron sus instrumentos sobre los hombros mientras el batero golpeaba los tambores casi como si mirara por un espejo retrovisor. Debajo del escenario la gente estaba encendida. Fue todo tan intenso que ahora, varias horas después del show, sigo como percutido por uno de los mejores recitales de blues que vi en mi vida.

El frenesí musical fue in crescendo, al igual que el entusiasmo del público. La Trastienda estaba colmada, había muchos armonicistas que fueron a ver al ídolo, pero había otros que estaban por el combo completo. Ya de por sí la presencia de Rick Estrin era todo un acontecimiento. Pero que lo haya hecho junto a los Nightcats, mucho más. No por nada fueron nominados para los Blues Awards como la mejor banda del año. Lo excepcional de la noche de ayer estuvo más allá de las canciones. No tocaron clásicos del blues sino que se ciñeron a temas de su flamante álbum, Twisted, y otros de la extensa discografía de la banda, de cuando se llamaba Little Charlie & The Nightcats. Lo cierto es que los cuatro músicos tienen una serie de trucos y arreglos que los explotan a cada instante, combinando todo con una interacción corporal fabulosa.

El show empezó con una bienvenida de armónicas sudamericanas. Nico Smoljan y su banda tocaron dos temas, invitaron al brasileño Flavio Guimaraes a escena y luego a Mariano Massolo y Natacha Seara. Cuatro armónicas soplando en homenaje a quien estaba por venir, el heredero de Sonny Boy Williamson, el gran Rick Estrin.

Los Nightcats sonaron compactos. Lorenzo Farrell alternó entre los teclados, el bajo eléctrico y el contrabajo. Tiene un tempo fabuloso y un ritmo natural para llevar a la banda a trances demoníacos. J. Hansen es una verdadera bestia. Creo que al segundo tema ya tenía toda la camisa empapada. Golpea y golpea con rigor. Entre los dos se entienden a la perfección. No hubo ni una falla, ni un traspié. Pasión y precisión en su medida justa. Todo perfecto.

Kid Andersen merece un párrafo aparte. El guitarrista noruego tiene 31 años y en su curriculum figura que tocó con Charlie Musselwhite y Elvin Bishop. Estoy seguro que dentro de unos años va a estar entre los más grandes del blues. Toca lo que quiere y como quiere: blues de Chicago, Texas style, West Coast, jump blues, rock. Es un tipo corpulento y ayer, al verlo con su Epiphone –que compró un día antes por 600 dólares aquí en Buenos Aires-, me hizo acordar a Freddie King. En la mitad del show, Estrin dejó el escenario y Kid quedó al frente de la banda: se despachó con instrumental épico en el que hubo acordes de Paint black, de los Stones, y ciertas referencias tácitas a violeros como Dick Dale y Link Wray, que finalizó con un duelo entre su guitarra y el teclado de Farrell.

Otro duelo tremendo fue el que tuvieron Kid y Estrin al final, luego de que el segundo hiciera su clásica imitación de Sonny Boy, sosteniendo la armónica sólo con su boca. Kid no se quedó atrás e hizo un punteo con los dientes para después ejecutar el estribillo de Don’t cry for me Argentina mezclado con Baby please don’t go. En ese momento el público ya estaba muyen llamas. La comunicación entre el cantante y la gente tuvo momentos de fluidez. Si bien Estrin al principio dijo sólo “Uola”, luego se animó a algunas palabras más, aunque siempre en inglés. Cuando presentó su tema My next ex wife le pidió a los divorciados que levantaran una mano. “Vamos, vamos, no hay que tener vergüenza de sus fracasos”, alentó entre risas a los que la levantaban tímidamente.

Fue un show impresionante. Éxtasis puro. Lo bueno del blues es que no hace falta consumir una pastillita sintética para poder dejarse llevar por la música. Aquí todo fluye por vía sanguínea. Estrin y compañía hicieron una transfusión espontánea que nos dejó a todos culo para arriba.

jueves, 17 de noviembre de 2011

La última aventura de la Reina

Lo malo: este es el último disco de Etta James. Debido a una prolongada y gravísima enfermedad, la cantante anunció que con The Dreamer se retira del mundo de la música. Lo bueno: es un álbum fabuloso y con un sonido vintage, en el que ella no parece haber perdido el don del canto que la hizo una estrella en la década del cincuenta.

The dreamer comienza con Groove me, de King Floyd, con guitarras funky y una sección de vientos que acompañan el balanceo rítmico de una Etta encendida. Champagne & wine es uno de los dos covers que hace de Otis Redding. El otro es Cigarettes & Coffee. En ambos, se nota que ella los canta con una naturalidad asombrosa. La melodía fluye y su voz es poderosa y sutil a la vez. Algo similar pasa cuando canta Dreamer, de Bobby “Blue” Bland o In the evening, de Ray Charles. Esa combinación de blues y soul es el traje que mejor le queda.

Su interpretación de Misty blue, de Bob Montgomery, recuerda mucho a la pasión desmedida que ella le ponía al cantar I’d rather go blind (Recuerden la interpretación en vivo junto a Dr. John ¡Memorable!). También es muy emotiva Let me down easy, de Little Milton. Etta canta blues como pocas y ese, por ser el track que cierra el álbum, el último de su vida, tiene una significación especial. A otro artista al que le reversiona dos canciones es a Johnny “Guitar” Watson: Too tired tiene el espíritu texano intacto y That's the chance you take revive el recuerdo de Percy Mayfield y los años dorados. Es rara la versión de Welcome to the jungle, de los Guns N’ Roses, bah en realidad lo raro es que haya elegido ese tema para que integre el álbum. Está como descolgado. Algo parecido pasa con Boondocks, del grupo de country contemporáneo Little Big Town. Ambos suenan forzados.

La banda no tiene nombres rutilantes, pero todos son músicos híper profesionales que se amoldan al juego que plantea Etta. Entre ellos están dos de sus hijos, Sametto y Donto, que además de tocar el bajo y la batería, coproducen el disco junto al guitarrista Josh Sklair. También se destaca el otro violero, Leo Nocentelli, que fue uno de los miembros originales de los Meters, y el trompetista Lee Thornburg, ex Tower of Power y Supertramp.

Su última aventura discográfica se suma a una larga lista de álbumes que en los últimos 50 años escribieron páginas importantes de la historia musical y que influenciaron a toda una generación de cantantes que hoy no pueden ignorar que ella fue (y será) la Reina del blues y el soul.


lunes, 14 de noviembre de 2011

La leyenda de Austin

Su álbum Bird nest on the ground está guardado en mi discoteca entre In the beginning, de Stevie Ray Vaughan, y Welcome, el trabajo debut de su hijo Doyle Bramhall II. Lo saco de su reposo y lo empiezo a escuchar. Me conmueve el soul de I can see clearly now, la potencia rockera de She’s gone y la pasión blusera de I’m in the mood. Es un disco fabuloso, de esos a los que es imposible olvidar. Doyle Bramhall lo empezó a grabar en 1980, pero recién logró editarlo en 1994, gracias al esfuerzo del sello discográfico Antone’s. Esas once canciones resumen y definen el blues de la ciudad texana de Austin, la Capital de la Música, como le gusta llamarla a sus habitantes. Doyle Bramhall, en batería y voz, está secundado por una legión de músicos impresionante: Stevie Ray incendia su guitarra en Too sorry y después aparecen Jimmie Vaughan, los Double Trouble, Smokin’ Joe Kubek, los Memphis Horns, Robin Syler y un muy joven Doyle Bramhall II.

Podría decirse que Doyle Bramhall descubrió a SRV, aunque no sería la forma correcta de expresarlo. Creo que mejor es decir que fue quien le dio una gran oportunidad. Lo sumó a su banda, los Nightcrawlers, cuando él apenas era un jovencito. Y luego compuso algunas de las canciones que hicieron de Stevie una leyenda: Dirty pool, The house is rockin’, Looking out the window y Life by the drop. Pero lo más sorprendente de todo es como Bramhall influyó en la forma de cantar de SVR. En Bird nest on the ground todo eso queda de manifiesto.

El legado de Doyle Bramhall va más allá de SRV. Doyle Bramhall II es hoy un referente ineludible de la guitarra eléctrica y del blues rock, que ha llegado a tocar en las bandas de Eric Clapton y Roger Waters.

El domingo, el corazón de Doyle padre dijo basta. Tenía 62 años. Una verdadera pena: se acaba de ir otro grande del blues. Además de Bird… dejó otros dos discos muy buenos: Fitchburg Street (2003) y Is it news (2007), así como también su participación en Family Style, de los hermanos Vaughan y algunas otras colaboraciones. Termino de escribir estas líneas mientras suena el último tema del disco, Take your time, son. Padre e hijo zapan con ganas junto a Jimmie Vaughan. El blues fluye con naturalidad, como fluyó durante toda su vida.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Malbec para todos

El otro día, acompañando unas pastas secas, bebí por primera vez el Monte Cinco malbec. Me resultó exquisito, con mucho cuerpo y la presencia de la madera destacándose con soberbia. Luego leí que fue premiado varias veces en distintos concursos alrededor del planeta. El vino, perteneciente a la bodega de Arturo Bertona, es de la región de Luján de Cuyo, una de las mejores zonas vitivinícolas del mundo. La amplitud térmica, la tierra, y la mano mendocina son los tres factores fundamentales para que allí surjan vinos con estirpe, de esos que saben conquistar paladares.

El próximo número de la prestigiosa revista Wine Spectator estará dedicado casi exclusivamente al malbec. En la tapa anuncia: “Una uva olvidada, un suceso fenomenal “. Claro que el fenómeno no es nuevo. En los últimos años, especialmente después de la crisis de 2001 y gracias a las políticas del gobierno nacional, los bodegueros argentinos comenzaron a profesionalizar y masificar su pasión por los caldos. El resultado se ve cada día en la mesa de los argentinos y en los restaurantes. Y ya no es un secreto que se bebe malbec en otras partes del mundo. La mística mendocina ya llegó a Rusia, China, Noruega, Inglaterra y decenas de países en los cinco continentes.

El vino es la bebida nacional. El malbec, su emblema.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Lanzamientos de noviembre

Jon Lord Blues Project – Live 2011. Tal vez muchos asocien su nombre a la época dorada de Deep Purple. Un tecladista fabuloso, con una formación clásica muy definida, que le aportó al rock de los setentas una nueva perspectiva. Desde hace unos años, Lord puso el foco en el blues. Primero en el disco que grabó junto a los Hoochie Coochie Men y ahora con el lanzamiento de su álbum en vivo. Miller Anderson (guitarra), Colin Hodgkinson (bajo) y Pete York (bacteria) acompañan al tecladista que en algunos temas suma la colaboración de Zoot Money y la cantante Maggie Bell. El álbum comienza con Back in the chicken shack y desde ese preciso instante, el Hammond de Lord hace un alegato rítmico que anticipa todo lo bueno por venir. La selección de canciones es muy interesante: Wishing well (Free), Walkin’ blues (Robert Johnson), Respect yourself (The Staple Singers), I’m a man (Steve Winwood) y una genial version de Way down in the hole, de Tom Waits.

Shane Dwight - A hundred white lies. Tal vez no sea un nombre muy conocido por estos pagos, pero pese a ser un músico de la nueva generación, Dwight ya lleva diez años presentándose en vivo en festivales y abriendo shows para fenómenos como BB King, Johnny Winter, Jimmie Vaughan y Los Lobos. A hundred White lies es el octavo disco de este californiano de treinta y pico que creció escuchando a Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Hank Williams y Willie Nelson. La revista Blues Revue lo calificó como “Un músico talentoso y compositor impresionante” y The San Francisco Chronicle como “una verdadera sensación”. Su último disco está inspirado en el dolor que le causó el divorcio de su esposa. Once de los doce tracks fueron compuestos por él, quien se rodeó en el estudio de grabación de los Dick 50, la banda estable de Delbert McClinton, y la cantante Bekka Bramlett, hija de Delaney & Bonnie, quien aportó todo su soul a los coros.

Buddy Whittington - Six string svengali. Whittington es un guitarrista notable que tuvimos la posibilidad de disfrutar en vivo las dos veces que John Mayall vino a la Argentina. Además de ser el violero de los Bluesbreakers desde hace más de 15 años, también tiene su propia banda. Ahora acaba de lanzar su segundo disco (el primero fue en 2008) en el que ratifica una vez más que es un artista completísimo. Además de tocar la guitarra con una destreza increíble, canta realmente bien y compone sus propias canciones. Su estilo tiene un anclaje muy definido en el sonido texano. Junto a Mayall, Whittington está en el lugar que hace décadas ocuparon Eric Clapton, Peter Green, Mick Taylor y Coco Montoya. Y eso no es poca cosa. Six string svengali es un álbum soberbio que es imposible no disfrutar, especialmente para los que tienen debilidad por las guitarras.

martes, 8 de noviembre de 2011

Rock and roll, amor y paz

(Fotos Télam)

Ringo Starr es uno de los tipos más afortunados del mundo. Siendo un músico del montón llegó a integrar la banda más enorme de la historia del rock. Sus dotes con la batería no se comparan con la de sus contemporáneos John Bonham, Keith Moon, Mick Fleetwood o Charlie Watts, y apenas es un cantante discreto que ni siquiera baila bien. Pero el tipo siempre tuvo algo, que en su momento conquistó a John, Paul y George, y que ahora sigue emocionando a sus fans. Es alegre, muy carismático y sabe cargar con respeto una mochila muy enorme. Todo eso quedó ayer de manifiesto en el Luna Park. Durante casi dos horas, Ringo Starr regaló rock and roll, amor y paz.

Ringo presentó un combo de rocanroles y memorabilia con éxitos de los sesentas, setentas y ochentas. El show empezó minutos después de las 21 y la banda abrió con dos temas compuestos por Ringo y uno por el legendario Carl Perkins: I don´t come easy, Choose love y al clásico Honey don’t. Recién entonces, Ringo retrocedió y se sentó para aporrear su batería y darle lugar al resto de los músicos, que no por nada conforman la All Star Band. El que más se destacó fue el guitarrista Rick Derringer. Tal vez muchos no sepan que ese hombre pequeño, que vestía un traje plateado y que en su mano derecha tiene un tatuaje inflamable, fue un verdadero súper rocker. Anoche, Derringer tocó sus dos máximos hits: Hang on Sloopy –tema con el que en 1965 desplazó a Yesterday del tope de los charts- y Rock and roll hoochie koo. Sus solos feroces fueron esenciales durante toda la noche, sobre todo para contrarrestar cierto desequilibrio popero.

Otro monstruo de los setentas que tuvo una notable actuación fue Edgar Winter. El hermano del tornado texano Johhny Winter ya había estado en Buenos Aires al frente de su banda durante los noventas. Esta vez, Derringer lo presentó como uno de los músicos “precursores de la música electrónica” y Winter cantó Free ride y después, en el único momento en que Ringo dejó el escenario, su magnífico electrofunkymadness, Frankenstein. Durante el resto del show alternó los teclados, el saxo, la percusión y los coros. Los ochentas estuvieron representados por Wally Palmar y el bajista Richard Page. Palmar, el único que se dirigió al público en español, estuvo a cargo de la guitarra rítmica y también tuvo sus momentos con la armónica. El ex líder de The Romantics cantó dos canciones emblemáticas de la banda: Talking in your sleep y What I like about you. Page mantuvo el ritmo con vigor y constancia. Cuando tuvo que liderar al grupo interpretó dos éxitos de Mr. Mister: Broken wings y Kyrie. Completaron la formación el baterista Gregg Bissonette, el percusionista Mark Rivera y el tecladista Gary Wright, quien cantó una melosa y cursi versión de The dream weaver, dedicada a George Harrison, y luego aburrió con Love is alive y el sonido de su sintetizador.

Ringo cantó algunos de sus hits como solista: Photograph, Back off Boogaloo, Boys y The other side of Liverpool, y también algún que otro cover como Act naturally, tema que primero grabó Buck Owens y luego reversionaron los Beatles. Recién a la hora de show, le dio a la gente lo que esperaba. Los acordes de Yellow submarine empezaron a brotar desde el escenario, la platea se llenó de globos amarillos y la fiebre beatle hizo arder al Luna Park. Antes había tocado I wanna be your man. Sobre el final, Ringo anunció que a continuación seguiría "con la madre de todas las canciones". With a Little help from my friends fue un delirio y luego, a modo de bis, Give peace a chance. Ringo la pasó genial. Fue ovacionado desde que pisó el escenario hasta varios minutos después finalizado el recital.

Es probable que muchos se hayan ido esperando que cantara más temas de Lennon y McCartney. Pero eso no es lo que Ringo suele hacer. Los que fueron a pasarla bien, sin exigencias, salieron felices. Ringo les dio lo que sabe dar: buena onda y rock and roll.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Wine song 46

Jeff Beck, Peter Green, Jimmy Page, Eric Clapton y Robin Trower son algunos de los guitarristas ingleses más destacados de la historia del blues y del rock. Pero hay otros tipos, que sin tanto cartel se han hecho una carrera importante. Ese es el caso de Snowy White, un violero exquisito cuyas mayores influencias son Buddy Guy, BB King y Otis Rush. White es muy amigo de Roger Waters, tocó con él en el célebre concierto de The Wall en Berlín y es muy probable que venga a la Argentina cuando el ex Pink Floyd derribe el muro en el estadio de River. El año pasado fue editado In Our Time... Live, un disco en vivo en el que White incluyó una nueva canción dedicada al vino. El RED WINE BLUES lo ayuda a atravesar el día y olvidar el dolor de que “ella” esté tan lejos. Un blues profundo, con un excelente solo de guitarra y una gran verdad: el vino.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Stray Cat madness

La música de los Stray Cats está asociada a la rebeldía juvenil de los ochenta. Rockabilly, desparpajo y MTV fueron sus puntales. Pero los tipos crecieron y cada uno siguió su camino. Los referentes del grupo, Brian Setzer y Lee Rocker, se dedicaron a sus carreras solistas: el primero como un guitar hero retro style y el segundo con un trío de blues contemporáneo. Ahora, los dos acaban de lanzar nuevos discos.

Brian Setzer - Setzer goes Instru-Mental. Este es el primer álbum instrumental de su carrera. Aquí, Setzer se consagra como un guitarrista extraordinario y un cultor de la música de raíces. Seis de los once temas son de su autoría. El resto son covers de antaño ejecutados con la impronta de los años cincuenta, una época que le fascina desde hace mucho tiempo y que ya ha dejado plasmado en discos anteriores. El álbum abre con una notable versión de Blue Moon of Kentucky, de Bill Monroe pero con la imborrable marca que Elvis Presley le dejó al tema. Luego sigue con el standard de jazz Cherokee y después con Be-Bop-A-Lula, el clásico inmortal de Gene Vincent, que fue compuesto en 1956. Earl's Breakdown, el cuarto track, es un buen acercamiento de Setzer al bluegrass, donde demuestra que puede trasladar su virtuosismo al banjo. Con Lonesome road, la canción escrita por Gene Austin en 1927, Setzer se suma a una larga y ecléctica lista de músicos que la tocaron a lo largo de un siglo: Bing Crosby, Sister Rosetta Tharpe, Pat Boone, Bob Dylan, Earl Hines y Snooks Eaglin, entre tantos otros. Setzer goes Instru-Mental es un album que los guitarristas sabrán valorar y los oyentes disfrutar a pleno.

Lee Rocker – The Cover Sessions. No es el tipo de disco que uno podía esperar de Lee Rocker. El título del EP es elocuente, pero la selección de canciones es llamativa. Lee Rocker contó en una entrevista que en los últimos tiempos empezó a coleccionar todo tipo de instrumentos acústicos –guitarras, banjos, ukeleles, arpas, harmónicas, acordeones- y de percusión, y que finalmente decidió encerrarse en un estudio con todos sus nuevos “chiches” a tocar viejos hits que solía escuchar por la radio. Es por eso que las seis canciones del EP son todos éxitos que, tamizados por Lee Rocker, suenan un poco más country que rockabilly. Come together, de los Beatles; Ramblin’ man, de los Allman Brothers; y Honky cat, de Elton John, tienen mucha onda. City of New Orleans, de Steve Goodman y popularizada por Arlo Guthrie, es fiel a la original y su melodía queda rondando cabezas. Come dancing me pareció una fallida aproximación al original de los Kinks y Drivin’ my life away es apenas discreta. De todas maneras, es un álbum corto y entretenido. La definición perfecta de The Cover Sessions la leí en www.covermesongs.com : “A veces un disco que te hace sentir bien, también te puede hacer olvidar que no estás escuchando nada nuevo”.