jueves, 31 de enero de 2013

Lanzamientos de enero: nuevos blues

The Delta Saints – Death letter jubilee. Luego de dos EP’s que tuvieron relativo éxito –no tanto como el de Gary Clark Jr., claro- y gracias a la plataforma Kickstarter, para nuevos emprendimientos, los Delta Saints comenzaron a difundir su música a gran escala. Ahora, el lanzamiento del flamante álbum materializa el esfuerzo que esta banda formada en Nashville realizó durante los últimos dos años. Su música tiene elementos del blues rural mezclado con bayou rock, southern soul y una clara influencia de poderosas bandas como los Black Crowes o los Black Keys. Dos guitarras, armónica, bajo y batería es la base de este grupo que, como ellos mismos dicen, tienen mucho del Delta pero muy poco de santos. La mayoría de los temas fueron compuestos por ellos y uno de los fuertes está en la combinación bestial de la voz de Ben Ringel y la armónica profusa de Greg Hommert, así como también en la frenética guitarra de Dylan Fitch que se contrapone con el sonido más tradicional de la dobro de Ringel. The Delta Saints son una apuesta a futuro con un presente muy sólido. En Europa ya los han empezado a disfrutar en 2011 y ahora van por más.

Erja Lyytinen - Forbidden fruit. En Finlandia, su tierra natal, la llaman “La Reina del slide”. Erja Lyytinen tiene 36 años y acaba de lanzar su quinto álbum, el que promete ser la llave que le abrirá las puertas del resto del mundo. Más allá de ser dueña de una belleza natural, Erja es un muy buena cantante y guitarrista. Forbidden fruit, editado por Ruf Records, es el primer disco suyo que escucho y me dejó una buena sensación. Si bien el primer tema, Joyful misery, está pensado para sonar en las radios y tiene más de éxito pop que de blues, a partir del segundo track, Hold on together, Erja demuestra porque es considerada una de las máximas promesas europeas del blues. Es muy probable que a los puristas del blues y a los que están acostumbrados al sonido clásico este disco no les interese en absoluto, pero sin embargo muestra como una joven finlandesa puede absorber la esencia del género y darle su propia forma para que nuevos oyentes entren al mundo del blues. Entre un puñado de temas propios, con su slide quemando las cuerdas de su guitarra, se cuelan sentidas versiones de Death letter, de Son House, y Things about coming my way, de Tampa Red.

domingo, 27 de enero de 2013

Mundo armónica

Little Walter
Para la Real Academia Española no existen. No figuran ni como armoniquistas ni armonicistas. Pero ellos están ahí, desde siempre, soplando con fruición ese pequeño instrumento tan intenso y amoldable a distintos estilos como el blues, el jazz, el folk, el rock o el tango.

La idea de esta encuesta –entre 15 armonicistas locales- es para conocer cuáles son sus influencias, quiénes son los músicos actuales a los que más escuchan y cuál es, según su opinión, el disco supremo de la armónica blusera.

Big Walter Horton
El máximo exponente de la armónica de todos los tiempos, para más de la mitad de los consultados fue Little Walter. Ocho de los 15 lo eligieron sin dudar. Me pareció muy atinada la explicación que me dio Damián Martín Duflós: “Little Walter fue el más grande intérprete de la armónica de blues de todos los tiempos y, según Ry Cooder, el músico de blues más completo y revolucionario de la historia”. Marion Walter Jacobs vivió rápido y murió a los 38 años, pero dejó un legado indiscutible. Sus grabaciones para el legendario sello Chess así lo certifican. El podio se completó con: Walter Horton, tres votos; Howard Levy, dos; y Sonny Boy Williamson (Rice Miller) y James Cotton, uno cada uno.

Harp Attack!
Con relación al disco por excelencia de la armónica blusera, cinco eligieron Harpattack, el álbum que Billy Branch, Carey Bell, James Cotton y Junior Wells grabaron para el sello Alligator en 1990. Acompañados por Michaeal Coleman (guitarra), Lucky Peterson (teclados), Johnny B. Gayden (bajo) y Ray “Killer” Allison (batería) los cuatro ases de la armónica dejaron once canciones para la posteridad. Down home blues es un himno de la armónica, donde los cuatro soplan lo mejor que tienen. Los otros diez músicos se inclinaron por otras preferencias. Dos eligieron discos de Little Walter: uno Blues with a feeling y el otro Confessin’ the blues. Un voto tuvo el impresionante LP que Walter Horton grabó con Carey Bell; y otros dos eligieron los discos de James Cotton Deep in the blues y Live At The Electric Lady.

Kim Wilson
Pero los músicos locales no se quedan sólo con las glorias del pasado. Cada uno de los 15 consultados votó a tres armonicistas actuales y el que ganó con nueve menciones fue el ex Fabulous Thunderbirds, Kim Wilson, quien hace dos años estuvo en Buenos Aires y nos regaló un show memorable en La Trastienda. En segundo lugar quedó el legendario James Cotton con ocho votos y tercero el maestro Rick Estrin, con siete. Este último también cautivó al público en La Trastienda acompañado por los poderosos Nightcats. Luego hubo muchos más votados: Mark Ford, hermano de Robben Ford, fue elegido por tres músicos, y con dos votos quedaron Billy Branch, Howard Levy y Carlos del Junco. En tanto, Stevie Wonder, Adam Gussow, Jason Ricci, Mark Hummel, Charlie Musselwhite, Rod Piazza y Billy Boy Arnold fueron votados apenas una vez.

Votaron: Adrián Jiménez, Nico Smoljan, Jorge Simonian, Damián Martín Duflòs, Walter Gandini, Alejandro Narvaja, Gustavo Lazo, Ximena Monzón, Alejandro Alvarez, Ariel Federico, Agustín Coppola, Huguis López, Darío Soto, César Valdomir y Mariano Cabrera.

miércoles, 23 de enero de 2013

All aboard!!!

El fuego sagrado del blues quema todo a su paso. Más o menos eso es lo que pasa con los once temas de este disco de Bernard Allison y Cedric Burnside, ambos herederos del blues más puro. El primero, con su guitarra como arma, revive la tradición del West Side de Chicago con furia rockera. El segundo, aporreando la batería o rasgando las seis cuerdas, lleva en la sangre lo más auténtico del Mississippi.

Bernard Allison es el hijo del gran Luther Allison. A mediados de los 90, comenzó a consolidar su carrera solista bajo el influjo de su padre, claro, pero también con su propio esfuerzo y talento. De todas maneras, su música nunca pretendió alinearse en el sonido clásico, sino que más bien desarrolló un estilo más frenético y eléctrico al que le estampó su propia marca. En el caso de Cedric Burnside, nieto de R.L. Burnside, su distintivo es el sonido crudo y visceral, raw como se dice en inglés, que aprendió no sólo de su abuelo, sino de otros músicos como Junior Kimbrough, John Lee Hooker y Lightinin’ Hopkins.

Ambos se sumaron a este proyecto con un fin: reivindicar la música de sus ancestros con la mirada puesta en el futuro. Por eso, este expreso a toda máquina recorre distintos estilos -blues, funk y rock and roll- en un viaje imaginario por las rutas de la música de raíces. El álbum no da respiro. Desde el comienzo, con la poderosa Backtrack y Do you know what I think?, hasta el final, con el cover inflamable de Going down -el tema de Don Nix que popularizó Freddie King-, Allison y Burnside prenden fuego todo a su paso en compañía de Trenton Ayers (guitarra), Erick Ballard (batería) y Vic Jackson (bajo).

Por supuesto que hay un tema que se llama Fire it up, que sintetiza el frenesí incendiario de estos muchachos. Pero también se toman un respiro con Minnissippi blues, un acústico soberbio y apasionado que muestra la capacidad que tienen tanto de ir hacia adelante como de mirar hacia atrás. Encaran otros dos covers con mucha decisión y estilo. Uno es Hidden charms, del gran Willie Dixon, con un poco de sabor a Nueva Orleans, gracias a la combinación del sonido acordeón con la tabla de lavar la ropa. El otro: Natbush City limits, ese himno de Ike & Tina Turner, tiene un ritmo más cansino que la original pero no por eso menos vigorosa.

Express es un disco contundente que pretende abordar al género desde los márgenes para darle una vuelta de tuerca a lo que hacían sus padres y abuelos, pero respetando el sentido más puro de la tradición musical.

domingo, 20 de enero de 2013

Guitarristas de guitarristas

Robert Cray
La idea de esta encuesta era saber a quiénes están escuchando hoy los guitarristas del blues local. Me limité a preguntarles sobre músicos contemporáneos que estén en actividad. No quise ahondar en sus influencias ya que es obvio que la mayoría respondería los clásicos: B.B. King, Albert King, T-Bone Walker, Freddie King, Buddy Guy, Magic Sam, entre otros. Cada uno de los 20 encuestados votó a tres de los máximos exponentes actuales del instrumento según su consideración.

El elegido de los violeros argentinos fue Robert Cray con siete votos. El músico nacido en Columbus, Georgia, es dueño de un estilo muy personal que demostró aquí durante sus dos visitas en los 90 y se ve que dejó una muy buena imagen. Pese a que sigue manteniendo un aspecto jovial, este año cumplirá 60. Los puristas podrán decir que su música se nutre más del soul que del blues auténtico, pero sin dudas es un bluesman de pura cepa. Su tremendo álbum del año pasado, Nothing but love, así lo demuestra.

Ronnie Earl
En segundo lugar, con seis votos, quedó uno de los guitarristas más exquisitos de las últimas décadas. Ronnie Earl tiene una técnica formidable y es capaz de tocar tanto West Coast, Chicago, jump blues, country blues y otros estilos casi sin despeinarse. Lamentablemente al ex violero de Roomful of Blues no le gusta viajar y padece una depresión crónica, y eso hace que sea muy difícil verlo en vivo. Lo bueno es que ha grabado decenas de discos solista para escuchar uno tras otro, así como también muchos junto a varios músicos de fuste como Pinetop Perkins, Irma Thomas y Jimmy Rogers.

Lurrie Bell
El tercer puesto fue para un visitante ilustre de la Argetina. Lurrie Bell, el hijo del legendario Carey Bell, terminó con cinco votos. Estuvo en el país en cuatro ocasiones y próximamente volverá por más. Además de ser un guitarrista notable, tiene una energía y un carisma magistral arriba del escenario y así se ganó la admiración de una gran cantidad de músicos y fans locales.

Jimmie Vaughan
La encuesta siguió con estos elegidos: Duke Robillard y Jimmie Vaughan con cuatro menciones cada uno. Otro ex guitarrista de los Fabulous Thunderbirds, Kid Ramos, fue votado tres veces. Y luego hubo varios que sumaron dos sufragios: John Primer, Junior Watson, John Mayer, Lucky Peterson, Derek Trucks y Robben Ford. Entre los que fueron elegidos sólo una vez se destacan Kid Andersen, Chris Cain, Joe Bonamassa y Gary Clark Jr, entre otros. Muy pocos señalaron a guitarristas argentinos. Daniel Raffo, Alambre González, Roberto Porzio, Rafael Nasta y Luis Salinas fueron los únicos mencionados.

Votaron: Julio Fabiani, Federico Verteramo, Juan Manuel Torres, Roberto Porzio, Maximiliano Hracek, Vanesa Harbek, Nacho Ladisa, Rafo Grin, Fernando Gabriel Heller, José Luis Pardo, Marcos Lenn, Goyo Echegoyen, Guillermo Fernández, Yalo López, Matías Cipilliano, Nicolás Yudchak, Toto Palacio, Iván Gómez Singh, Ricardo Daniel Muñoz y Sol Bassa.

jueves, 17 de enero de 2013

Treme, la vida continúa

Antoine Batiste (Wendell Price)
Promedia la tercer temporada de Treme y las vidas de los protagonistas siguen ondulando entre los problemas de vivir en una ciudad que está tratando de resurgir tras la devastación del huracán Katrina. La abogada Tony Bernette no descansa en su ardua lucha contra los abusos policiales. El gran jefe Albert Lambreaux tiene que afrontar problemas de salud y su hijo, el trompetista Delmond, sigue su proceso de redescubrimiento de la música de sus ancestros. Davis McAlary, el personaje que interpreta Steve Zahn, sueña con hacer la primera ópera enteramente dedicada a la música de Nueva Orleans, mientras que su novia, Annie Talarico, acaba de firmar su primer contrato discográfico.

LaDonna Williams (Khandi Alexander)
La chef Janette Desautel recibe una jugosa oferta para dejar su trabajo en Nueva York y volver a Nueva Orleans para administrar su propio restaurante. Al principio se rehúsa pero finalmente acepta. LaDonna Williams todavía tiene que afrontar el doloroso proceso penal contra los violadores que la sometieron tiempo atrás, pero eso la hace más fuerte. Continúa distanciada de su marido y de sus hijos, pese a que quiere estar con ellos, sólo porque no aguanta ni un segundo más a la esposa de su cuñado. El teniente Terry Colson trabaja contra su voluntad en Homicidios, extraña a sus hijos, pero por ahora no puede cambiar.

Antoine Batiste, el extraordinario personaje de Wendell Price, sigue con sus mañas. Ahora enseña música en un colegio secundario pero no se resigna a tocar su trombón en las noches de la gran ciudad. Y Sonny, que había dejado Nueva Orleans para alejarse de las drogas, se recupera en un pueblo pesquero y vive un romance con una chica oriental que tiene un padre muy sobreprotector que no los deja solos ni un minuto.

Annie Talarico (Lucia Micarelli)
En el medio, la corrupción más inescrupulosa que se extiende como un cáncer en el proceso de reconstrucción de la ciudad. Pero también, como en las otras dos temporadas, está la música. Un bálsamo ante tanta miseria. Así, puede aparecer el legendario Clarence "Frogman" Henry tocando el piano en la casa de Davis. Little Freddie King interpretando su clásico Bad chicken en un bar o Guitar Lightinin’ Lee con su banda haciendo en vivo Natural born lover. Pero lo mejor, al menos en los primeros capítulos de esta tercera temporada, es la aparición de Tab Benoit, Anders Osborne y Big Cheaf Monk Bordeaux tocando en vivo We make a good gumbo en el mítico Howlin’ Wolf.

Y eso es Treme: realismo puro sin héroes ni villanos desalmados, sólo personas tratando de sobrevivir en un mundo que se les volvió muy difícil y en donde la música hace que todo sea menos duro.

Tab Benoit y Anders Osborne

Treme S01
Treme S02


sábado, 12 de enero de 2013

Futuro clásico

Ben Harper y Charlie Musselwhite tienen mucho en común. Los dos se cruzaron por primera vez en 1997 durante unas sesiones de grabación con John Lee Hooker en California. Desde entonces, mantienen una relación de amistad y compromiso profesional que los llevo a trabajar juntos en algunas oportunidades. A lo largo de los años, ambos también mostraron que son músicos a los que no les gusta encasillarse. En el caso de Harper, grabó discos eléctricos, acústicos, junto a los Blind Boys of Alabama y Rickie Lee Jones. Mientras que Musselwhite combinó el blues en todas sus versiones con elementos del jazz y el tex-mex, y grabó con Mavis Staples y el cubano Elíades Ochoa, entre otros.

Este trabajo conjunto, grabado para el mítico sello Stax, era algo que ambos tenían que hacer. ¡Y por suerte lo hicieron! El álbum comienza con un blues profundo, Don’t think twice, inspirado en Blind Lemon Jefferson, con Harper cantando y tocando la guitarra acústica y Musselwhite soplando una armónica cromática entre irrupciones eléctricas ejecutadas por el resto de la banda: Jason Mozersky (guitarra), Jesse Ingalls (bajo) y Jordan Richardson (batería). Luego siguen con I'm in I'm out and I'm gone, con una estructura más similar a los blues de Chicago, pero con la voz de Harper entregando su espíritu más souleado. Harper dijo durante una entrevista que el solo de Musselwhite en ese tema “es uno de los mejores de la historia”.

We can't end this way es una celebración de blues acústico y góspel, en el que a Harper vocaliza con el acompañamiento de un coro femenino y una guitarra con slide al mejor estilo de Sweet Virginia de los Stones. I don’t believe a word you say, el corte de difusion, está más cerca de lo que Harper suele hacer con su banda Relentless 7, un blues rock poderoso que va al frente como un motor fuera de borda. You found another lover (I lost another friend) es una conmovedora historia de un amor perdido, con una hermosa melodía, en la que Harper canta de manera suave recostado en cada acorde de su guitarra acústica y la armónica de Musselwhite vibrando con una emoción desbordante.

I ride at dawn es una especie de himno de batalla, dedicado a la memoria de un soldado fallecido. “El verdadero blues tiene muerte”, resume Musselwhite sobre esta canción de desesperanza en tiempos violentos. En Blood side up la banda suena enérgica, el solo de guitarra es engreído y prepotente, y Musselwhite da una lección de cómo hacer sonar la armónica con vigor por encima de una andanada eléctrica. Get up!, el tema que da nombre al disco, comienza con el bajo tronando un groove aplastante. Harper se suma en voz y Musselwhite dibuja una notas intermitentes que derivan en una especie de zapada frenética.

She got kick tiene el espíritu de Nueva Orleans, con el clásico ritmo de Professor Longhair, aunque aquí no hay ningún piano que lo celebre, sino más bien una guitarra encendida. Es el único tema en el que la armónica suena muy atrás y casi no se la percibe. El álbum termina con un slow blues, de melodía similar a It hurts me too, bien abajo, casi arrastrado. “Ha sido un día duro y largo, luego de una noche dura y larga / de un año largo, de una vida dura”, canta Harper como si fuera un bluesman del Mississippi. Así se van, ellos dos, honrando al viejo blues con una sinergia fabulosa. Get up! tiene magia y no será olvidado, por el contrario, tiene destino de clásico.


jueves, 10 de enero de 2013

El primero de 2013

Así como lo hizo su padre hace dos años con el lanzamiento de Low country blues, Devon Allman editó su álbum en los primeros días de enero. El primer disco de 2013 nos trae un puñado de nuevas canciones que combinan lo más profundo de la música de raíces, arreglos muy bien trabajados y un sonido muy actual.

Turquoise es el primer trabajo solista de Devon Allman. Atrás quedó -por ahora- su emblemática banda Honeytribe, con la que grabó dos discos de space-blues. El año pasado fue muy intenso para Devon: combinó el lanzamiento del álbum debut de Royal Southern Brotherhood, el súper grupo que integra junto a Cyril Neville y Mike Zito, con la extensa gira de presentación de la banda y la producción de Turquoise. De todas maneras, ambos proyectos no están musicalmente muy alejados. Tienen la misma receta: southern soul, rock y una pizca de blues.

Producido por Devon y Jim Gaines, el álbum tiene once temas: ocho fueron compuestos por el propio Allman, dos junto a su “hermano” Mike Zito y uno, Stop draggin’ my heart around, es un cover de Tom Petty, en el que Devon canta a dúo con Samantha Fish. El álbum comienza con When I left home, un tema que resume sus últimos 20 años de vida, desde que se fue de su casa cuando tenía 17, y el título está inspirado en la biografía de Buddy Guy que, según explicó, leía mientras escribía la canción. Se trata de una hermosa melodía serpenteada por los solos de guitarra con slide del magistral Luther Dickinson (Black Crowes, North Mississippi All-stars).

El resto del disco tiene melodías exquisitas, en las que Devon canta con pasión y combina su habilidad con la guitarra eléctrica con algunos retazos acústicos. La banda la completan el poderoso Yonrico Scott en batería (también miembro de RSB), y Myles Weeks en bajo. En cuatro temas se suma el tecladista Rick Steff para aportarle el groove de su hammond B3.

Hace varios años que Devon Allman está buscando su propio espacio. Honeytribe fue el primer paso. RSB fue su segundo peladaño y Turquoise parece que será su salto definitivo. Carga con un apellido enorme y él sabe la responsabilidad que tiene. Pero de seguir así será el primer Allman que brille por fuera de la historia de la mítica banda.

lunes, 7 de enero de 2013

Con la épica del rock sureño

El rock & roll es dinámico y cambiante. Elvis, Hendrix, los Beatles, los Stones, Zeppelin, Pink Floyd y Creedence son apenas algunos nombres que hicieron del rock una fuerza superior en todo el mundo. Ese dinamismo, con el correr de las décadas, llevó al género a sufrir mutaciones, fusiones y desviaciones. En algunos casos esos cambios fueron reveladores y en otros verdaderos engendros. La discusión, desde hace muchos años, es si el rock & roll ha muerto o no. La innovación no siempre es evolución. También se avanza mirando hacia atrás, reescribiendo viejos sonidos con una mirada propia y una impronta actual.

Bandas como los Black Crowes, Howlin’ Rain, Blues Traveler, Black Country Communion o Royal Southern Brotherhood son algunas de las que enarbolan la bandera del rock clásico actual con garra y talento. Aquí en la Argentina no es fácil encontrar grupos que tengan una oferta diferenciadora. Pero sí está Támesis. El sábado a la noche tocaron en The Roxy, en Palermo, y mostraron solidez, entusiasmo y un gran carisma.

Támesis cuida cada detalle. La onda de los músicos está muy inspirada en los 70. El guitarrista Brian Figueroa parece Rod Stewart durante su época con los Faces y el otro violero, Julio Fabiani, con sus pantalones Oxford, recuerda a Jeff Beck en la tapa del disco Blow by blow. El cantante Guido Venegon no se queda atrás. De melena prominente y movimientos agitados, conjuga su propia voz con las de sus máximos referentes: Robert Plant y Chris Robinson.

Comenzaron con Post crucifixión, el tema de Spinetta de su época de Pescado Rabioso, con las dos guitarras alternando una furia demoledora. En apenas tres o cuatro minutos captaron la atención de todos y entonces se mandaron con la canción que da nombre a su álbum de 2011: Aprendiendo a volar es una exquisita composición que tiene la épica de las jams sureñas. Larry Normal, quien cubrió el lugar de Diego Gerez, se ocupó de las entradas del piano con mucha soltura. Si este tema tuviera letra en inglés tranquilamente podría estar en un disco de los Black Crowes o de Lynyrd Skynyrd. Siguieron con más temas propios de su primer trabajo: Canción para las batallas, Equivocado, Sigo vivo y Desperté, con Homero Tolosa marcando las pulsaciones desde la batería, Sacha Snitcosfky llevando el ritmo con el bajo sin vacilar, y Florencia Andrada y Stefania Conti conjugando armonías vocales por detrás del canto magno de Venegoni. También anticiparon un par de canciones de su próximo disco que saldrá en marzo, con el saxo de Mauro Chapa como refuerzo melódico.

Además de sus canciones hicieron otros tres covers. Una versión inmaculada de Whipping post, de los Allman Brothers, con Julio Fabiani y su slide afilado rindiendo un respetuoso tributo al gran Duane Allman; una interpretación rara y un poco frenética de Adónde está la libertad, de Pappo, que Venegoni se encargó de aclarar: “Puristas abstenerse”; y para cerrar Ramble on, de Zeppelin, con el cantante ratificando toda su admiración por Plant. Támesis sonó bárbaro y dejó en claro que es una banda contundente. Rockea, rockea y rockea mirando hacia atrás con mucho futuro por delante.




sábado, 5 de enero de 2013

El último de 2012

“It’s time for the legend himself, it’s time for the multi Grammy award winner, for the Rock and Roll Hall of famer, the baddest motherfucker in town, ladies and gentlemen ¡Buddy Guy!”. Esa es la fervorosa introducción de Tom Marker para que el guitarrista nacido en Louisiana hace 76 años despliegue toda su magia en el escenario de su club de Chicago, el Buddy Guy’s Legend. El flamante disco en vivo es un regalo de Navidad: salió a la venta el 18 de diciembre y es una síntesis de los shows que Buddy Guy viene dando alrededor del mundo en la última década.

Si bien el concierto fue grabado en 2010, tiene una gran vigencia. Es potente, aguerrido y pasional, aunque no hay grandes sorpresas. Las canciones son, en su mayoría, las que los fanáticos de Buddy Guy esperaban que estén y su interpretación es tan visceral como la que dio en mayo del año pasado en el Teatro Gran Rex. Luego de la presentación, Buddy Guy hace estallar al público con Best damn fool y enseguida arremete con el blues más blusero de toda la historia: Manish boy. La banda que lo acompaña es la misma con la que vino a Buenos Aires: Ric Hall, en guitarra, Orlando Wright en bajo, Marty Sammon en teclados, y Tim Austin en batería. Todos ellos ya son como una extensión de su jefe y lo siguen en cada uno de los trucos que ejecuta. Después del clásico de Muddy Waters encadenan una versión funky y demoledora de I just want to make love to you para pasar sin respiro a Chicken heads, de Bobby Rush.

Buddy Guy en el Gran Rex (2012)
Recién al cuarto tema, la banda baja la intensidad para Skin deep, la balada que Buddy Guy compuso para el disco homónimo de 2008. El descanso melódico dura cinco minutos. Entonces un riff feroz precede el comienzo de uno de sus mayores éxitos: Damn right I've got the blues. Y aquí Buddy Guy canta con tanto feeling que es imposible abstraerse a su clamor. La parte del álbum dedicada al show en vivo, que dura 34 minutos, termina con el ilusionista haciendo sus ya clásicas imitaciones de John Lee Hooker, Jimi Hendrix y el Eric Clapton de la época de Cream.

Para terminar hay tres temas nuevos que fueron grabados en estudio con la colaboración de otros músicos: el guitarrista David Grissom; el ex tecladista de Stevie Ray Vaughan, Reese Wynans, que se luce con el Hammond B-3; los bajistas Michael Rhodes y Tommy Macdonald; y el baterista Tom Hambridge. Polka dot love es un slow blues en el que hay un excelente intercambio de solos entre Buddy Guy y David Grissom. En Coming for you se suman los Memphis Horns para un explosivo funky blues. El álbum termina con una nueva versión de Country boy, de Muddy Waters, que contrasta –especialmente- con el track anterior, yendo bien a las fuentes con una muy buena aparición en piano de Marty Sammon.

Live at Legends captura la fuerza en vivo de uno de los músicos más feroces y talentosos, y a su vez es un anticipo de que en breve, seguramente, tendremos un nuevo álbum de estudio de este legendario bluesman.

miércoles, 2 de enero de 2013

El Rey de Nelson Street

Era una noche cálida de octubre de 1994 y en el club BLUES, sobre North Halsted, todavía quedaban algunas mesas libres. Tocaba Willie Kent junto a su banda, The Gents, y había tanto blues en el ambiente como humo de cigarrillo. Entonces entró al local un negro flaco y menudo, de unos cincuenta y tantos años, altanero y engreído. Era imposible no mirarlo: sus dientes brillaban en la oscuridad, sus ojos saltones eran como imanes, llevaba un traje rojo, camisa amarilla y sus dedos estaban repletos de anillos. Saludó a todos con un leve movimiento de cejas y le estrechó la mano al barman. Willie Kent seguía tocando y cuando notó su presencia le dio la bienvenida con un gesto silencioso.

Yo estaba sentado a unos metros del escenario. Había llegado esa mañana en tren a Chicago y conseguí lugar en un hostel que estaba a unas pocas cuadras del Lincoln Park. Así que todo lo que sucedió esa noche me quedó bien grabado. No tengo fotos de esa velada porque todavía faltaban algunos años para el boom de las camaritas digitales.

El tipo tenía pinta de bluesman, también de cafiolo. Tal vez era las dos cosas. Se sentó en la barra y le sirvieron un whisky que empezó a beber con ganas. Yo seguía escuchando a Willie Kent mientras lo miraba de reojo preguntándome quién sería ese enigmático personaje. El propio Willie Kent finalmente presentó al desconocido. “¡Booba Barnes, ladies and gentlemen!”. Barnes se despegó de la barra y fue hacia el escenario, le dio la mano a Willie Kent y empezaron a sonar los primeros acordes de Rocking daddy. El tipo me sorprendió con una voz grave y profunda, similar a la de Howlin’ Wolf. Era mi primera noche de blues auténtico en Chicago y estaba teniendo como bonus una dosis extra del blues más crudo del Mississippi. Barnes cantó una más, Spoonful, y se bajó del escenario para dejarle su lugar a la cantante Bonnie Lee. Me acerqué a él, le di la mano y le pregunté si tenía algún disco a la venta. Me dijo que no llevaba ninguno con él y volvió a su lugar en la barra.

Al día siguiente fui decidido a Tower Records. Y allí me compré The Heartbroken man, el único disco que editó en su vida. El booklet del cd traía algo de información sobre su historia. Su nombre de pila era Roosevelt y “Booba” apenas su apodo. Había nacido en Longwood, una comunidad rural de Mississippi, al sur de Greenville, en 1936. Desde muy chico empezó a soplar la armónica y después aprendió a tocar la guitarra. Se hizo habitué de Nelson Street, donde compartió noches de blues con tipos como Smokey Wilson, Willie Love y Little Milton. Este último no lo llamaba “Booba” sino que prefería decirle “Little Wolf”.

En 1964, siguió la ruta de muchos de sus contemporáneos. Se fue al norte, a Chicago, en busca de una vida mejor. Allí conoció a Little Walter, quien bromeaba y les decía a todos que “Booba” era su hijo. Pero Barnes no se adaptó a la gran ciudad y en 1971 decidió volver a Greenville. Allí se autoproclamó el Rey de Nelson Street gracias a su carisma y a la buena relación con otros popes locales como T-Model Ford, Frank Frost y John Price. Delante de su casa, en una vieja mueblería del 928 de Nelson Street, Barnes erigió su castillo: el Playboy Club, un verdadero juke joint con el que consolidó su reinado y definió su estilo. En 1990, editó The Heartbroken man para el sello Rooster. El álbum -grabado entre Holly Springs y Memphis- contó con la colaboración de T-Model Ford y realmente capturó el espíritu de su música en vivo en el Playboy Club. El sitio All Music lo definió como “instant modern classic” y así Barnes demostró que era mucho más que un imitador de Howlin’ Wolf.

Para el sello Rooster fue una apuesta importante grabar a un artista que no era de Chicago. Por eso Barnes regresó a la ciudad del viento para darse a conocer. Empezó a tener apariciones junto a su banda, The Playboys, y como invitado de otros músicos. Así fue como lo descubrí yo esa noche de octubre de 1994. Un año y medio después, el 2 de abril de 1996, un cáncer letal acabó con su vida muy lejos de su casa de Greenville. Murió en Chicago cuando el crudo frío del invierno comenzaba a ceder. Pese a que sólo dejó un disco editado y un puñado de canciones sueltas, su figura perdurará siempre entre los amantes del blues más puro y descarnado del Mississippi.