domingo, 12 de agosto de 2012

Luther's blues, la trilogía

Una de las cosas que me gustan del blues es que más allá de los referentes –Muddy Waters, Buddy Guy, B.B. King, Robert Johnson, T-Bone Walker, Albert King, Son House- hay cientos de músicos más que se destacan –o destacaron- por peso propio y gran talento. Muchos de ellos dejaron su huella y otros siguen llevando el blues a los costados más recónditos del mundo. Aquí tres ejemplos de grandes guitarristas, representativos del sonido del West Side de Chicago, que sólo hay que escucharlos una vez para seguir haciéndolo por el resto de la vida.

Luther Tucker (1936-1993). La guitarra mágica de Luther Tucker aparece en decenas de grabaciones de blues desde los 60 hasta fines de los 80, secundando a músicos como Otis Rush, Robben Ford, Jimmy Rogers, Snooky Pryor, Muddy Waters, John Lee Hooker y Elvin Bishop. Pero sin dudas, sus trabajos más importantes fueron junto a dos tremendos armonicistas: durante los 50 fue uno de los guitarristas detrás de Little Walter, en las legendarias grabaciones para el sello Chess, una era dorada para el blues eléctrico. Tiempo después se sumó a la banda de James Cotton. Un gran disco de esa época es el que grabaron en vivo en Antone’s, en 1987. Tucker había nacido en Memphis, pero de muy chico se fue a vivir a Chicago. Allí empezó a tocar una rústica guitarra que le había fabricado su padre, al tiempo que escuchaba a músicos como Big Bill Broonzy, que anticipaban la revolución musical que estaba por venir. Otro de sus mentores fue Robert Lockwood jr., quien dedicó tiempo y esfuerzo en ensañarle algunos de los secretos de la guitarra eléctrica. A mediados de los 70, Tucker se fue a vivir a San Francisco, donde formó su propia banda. Recién en 1990 pudo grabar su primer disco solista: el sello texano Antone’s editó Sad hours, un álbum de once temas clásicos en los que dejó demostrado que no sólo era un gran acompañante, sino también era un frontman sensacional. Tres años después, luego de su muerte, el sello Blue Rock it, lanzó un disco póstumo junto a la Ford Blues Band.

Luther Allison (1939-1997). Nació en una granja de Arkansas, donde sus padres se ganaban la vida juntando algodón. Tuvo 14 hermanos y desde muy chico se inclinó por la música. Como muchos de sus contemporáneos, en la adolescencia se la pasaba escuchando a B.B. King en el King Biscuit Show, que se transmitía por la radio WDIA de Memphis, mientras tocaba el órgano y cantaba en la Iglesia. Tiempo después, su familia se mudó al West Side de Chicago, y eso selló su destino, aunque hubo una posible desviación hacia otro rubro que no prosperó. En la escuela era un gran jugador de béisbol y fue tentado para seguir adelante con el deporte. Pero sus trasnochadas en los clubes de blues pesaron mucho más. Su primer trabajo importante lo tuvo como bajista de Jimmy Dawkins. Eso le sirvió para ir ganando experiencia y empezar a codearse con los reyes del lugar, Freddie King, Magic Sam y Otis Rush. Pero su virtuosismo sería opacado por la deslumbrante aparición de Buddy Guy, un guitarrista que había dejado su Louisiana natal para instalarse en Chicago. Su debut discográfico sucedió en 1969, cuando grabó Love me mama para el sello Delmark. Eso captó la atención del poderoso Motown, que se hizo de sus servicios, a pesar de que su extenso catálogo sólo incluía músicos de soul y R&B. Si bien los dos discos que grabó para Motown no se vendieron bien (¡qué tremendo es Bad news is coming!), pudo viajar alrededor del mundo con sus blues. A mediados de los 70, se radicó en París y durante años recorrió Europa decenas de veces y grabó para varios sellos, especialmente el francés Black & Blue. Durante ese período, en su país se olvidaron de él. Aunque tuvo su revancha en 1995 cuando firmó para el poderoso sello Alligator. Grabó tres discos, el último –Reckless- en el mismo año en que murió (en 1999 fue editado un cuarto álbum en vivo). Allison realmente se distinguió por una forma exquisita de tocar la guitarra, con ribetes jazzeros, y una potencia vocal demoledora. Hoy, su legado sigue vigente en las manos de su hijo Bernard.


Luther “Guitar Jr.” Johnson (1939). Es el único de esta trilogía que sigue vivo. Nació en Itta Bena, Mississippi, el mismo pueblo que dio a luz al rey del blues, B.B. King. Y también integra otra trilogía de menor cartel, que es la que forma con otros dos Luther Johnson, el que apodaban “Snake” y al que llamaban “Houserocker”. Pero lo elegí a él para acompañar a Tucker y Allison porque su forma de tocar y su trayectoria, de alguna medida se emparenta más con los últimos dos. Él también se crío con esa combinación de blues y góspel, que tanto marcó a los músicos de los últimos 60 años. La música que los llamaba y los atraía –la del Diablo- y la música que les imponían su familia y la Iglesia –la de Dios-. Se mudó a Chicago a comienzos de los 50, donde desarrolló un estilo bien anclado en el sonido de la ciudad. En los 60, durante dos años integró la banda del notable Magic Sam y tempo después se sumó como guitarrista de Muddy Waters. En 1976, cuando estaba de gira por Europa con el padre del blues de Chicago, el sello Black & Blue –el mismo para el que grababa Luther Allison- lo convocó al estudio junto a los otros músicos de la banda (Bob Margolin, Pinetop Perkins, Calvin Jones, Willie Smith y Jerry Portnoy). Así se grabó su debut, Luther’s blues, que años más tarde fue reeditado por la compañía Evidence. En los años siguientes lanzó siete álbumes más para los sellos Bullseye yTelarc. Country sugar papa (1994) y Slammin' on the West Side (1996) son sus mejores trabajos. Si bien hace once años que no entra a un estudio, Luther sigue tocando en vivo, como lo hizo siempre. Como lo hará hasta el día de su muerte.

2 comentarios:

Tonysoulman dijo...

Conocía la trilogía de los King, pero no la de los Luther. Entre ellos solo conozco a Allison. Buen post!

Tonysoulman dijo...

Conocía la trilogía de los King, pero no la de los Luther. Entre ellos solo conozco a Allison. Buen post!