viernes, 21 de junio de 2013

El misterioso Blues Boy Rawlins

William Clarke, Blues Boy Rawlins y Shakey Jake
La historia del blues está plagada de leyendas. La más conocida, claro, es la del pacto que Robert Johnson hizo con el Diablo. Pero también abundan relatos de peleas, crímenes, cárceles, venganzas y hasta robos de identidades, que involucran a músicos tan célebres como Sonny Boy Williamson, Leadbelly, Robert Pete Williams o Hound Dog Taylor. Pero también hay otras historias menos conocidas, que cayeron en el olvido. El otro día escribí sobre Jimmy Reeves Jr., el imitador de Jimmy Reed que editó un disco producido por Willie Dixon y que después se lo tragó el paso del tiempo. Hoy, el protagonista es Blues Boy Rawlins.

Hace un par de semanas, navegando por la web, me topé con su enigmático disco de 1978. No tenía idea de quién era él y lo que me cautivó fue la portada en sepia: se ve a un guitarrista negro y desalineado sentado sobre una banqueta con sus pies apoyados en cajas de cerveza Budweiser, mientras una mujer le lustra los zapatos. A su alrededor hay cuatro hombres con atuendos setentosos sonriendo para la cámara y varias botellas, de champange y licor, dispersas por el piso. El nombre del artista figura en grandes letras y debajo el título del álbum, A-K-A “Sweet lovin’ daddy”, que a su vez es el apodo del protagonista.

La contratapa da un poco más de información: el disco fue grabado en Los Angeles, California, fue editado por el sello Good Time Records y la producción estuvo a cargo del legendario armonicista Shakey Jake. Y aporta un dato revelador y poco frecuente en los discos: que Rawlins nació en la conmemoración del Día de la Independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio de 1948. Sólo eso.

El álbum tiene siete temas originales. Abre con I got a woman shining my shoes, que en la portada lo definen como “hit” y sigue otros blues crudos de guitarra acústica y armónica. La voz de Rawlins es áspera y la música suena visceral y descarnada. No se trata de un disco de blues rural, sino más bien de una aproximación acústica al estilo de Chicago.

Luego de escucharlo con detenimiento unas cuantas veces empecé a buscar datos del músico. En los libros de blues que tengo no encontré nada y en la web la primera referencia que leí de él fue en el portal sundayblues.org. Allí se lo menciona primero como “el misterioso” Blues Boy Rawlins y después explica que el disco fue el único que grabó y que Shakey Jake lo acompañó en armónica, algo que no detalla la contratapa. El otro dato interesante es que Rawlins solía tocar en las calles de Los Angeles y que hay una foto suya –la que encabeza este post-, que pertenece a la colección de Bob Corritore, en la que se lo ve sosteniendo con fuerza una botella junto a Shakey Jake y William Clarke.

Y no encontré nada más. Seguramente Juan Urbano López tenga en su colección de revistas Living Blues y Blues Unlimited algún que otro dato extra de este guitarrista olvidado del que sólo se conocen esas siete canciones, pero que al verlo en las fotos hace presuponer que su final debe haber estado relacionado con el alcohol.


2 comentarios:

Juan Urbano López dijo...


Uh, no lo registro y esa tapa es impresionante! No hay datos en los índices, pero voy a buscar directamente en la Blues Unlimited a ver si hay alguna crítica o algo. Seguramente el domingo tenga novedades. Y gracias por mencionarme! Abrazo!

Nuñez Presedo dijo...

Interesante historia!!