jueves, 15 de marzo de 2012

Retrato de una época

El disco de John Mayall que acaba de ver la luz, Big man blues, fue grabado hace 30 años en Los Angeles. Aquí no está ninguno de los grandes guitarristas que integraron los Bluesbreakers: Eric Clapton, Peter Green, Mick Taylor, Walter Trout o Buddy Whittington. La banda está integrada por músicos que no quedaron en la historia grande de los soldados de Mayall: James Quill Smith (guitarra), Kevin Mc Cormick (bajo), Soko Richardson (batería), Maggie Parker (percusión) y Christiaan Mostert (saxo y flauta). Así y todo, Big man blues viene a reivindicar esa época un tanto olvidada del padre del blues inglés.

Este disco, que originalmente se iba a llamar Road show blues, y que está compuesto por siete temas de estudio y dos en vivo –Baby, what you want me to do y Mexico City-, encuentra a Mayall en completo dominio de la escena, manejando los hilos de una banda que suena compacta porque ya hacía más de un año que venían tocando juntos. Al álbum hay que escucharlo sin prejuicios y menos intentar compararlo con los discos de los sesentas. Hay que entenderlo dentro de la época en el que fue grabado. La banda suena muy aceitada y efusivamente enérgica. Mayall se destaca por su fiereza vocal y su voluntad incansable con la armónica, aunque, como también es su costumbre, alterna la guitarra y los teclados.

Los mejores temas de Big man blues, el tercer y último disco grabado para el sello londinense DJM Records, son John Lee Hooker boogie, donde Mayall relata la historia del músico nacido en Clarksdale y que se convirtió en uno de los emblemas de la historia del blues. La armónica de Mayall suena formidable y se balancea por encima del sonido del piano y los licks de la guitarra de Quill Smith. Y en Mama talk to your daugther, de J.B. Lenoir, la voz de Mayall alcanza unos registros fabulosos, con los coros que hacen su esposa Maggie y los otros músicos.

El álbum dura 38 minutos y eso hace que sea un poco más aceptable. Tal vez, si fuera más extenso, con el correr de los minutos iría decayendo el interés. Por un lado es un disco que a los fanáticos de Mayall les servirá para completar su colección, ya que es un retrato de una época. Los que nunca lo escucharon por favor no empiecen con este disco, vayan directamente a los primeras grabaciones que hicieron historia.