martes, 18 de enero de 2011

Southern man plays the blues

El contrabajista da dos golpes a las cuerdas y el descenso de Gregg Allman al blues más profundo ha comenzado. Floating bridge, de Sleepy John Estes, es el primer tema de Low country blues, el flamante disco del legendario músico sureño. Luego, el hammond da inicio a una animada versión de Little by little, aunque es recién en el tercer tema es cuando el álbum se vuelve extraordinario. Su interpretación de Devil got my woman es tan profunda y atrapante como la original de Skip James. El espíritu de Muddy Waters se hace presente con una exquisita versión de I can’t be satisfied, que da pie a uno de los mejores momentos del disco: las estrofas de Blind man, de Bobby “Blue” Bland, en la voz souleada y centelleante de Gregg Allman. Imaginen como suena lo que sigue después: Please accept my love, de B.B. King, My love is your love, de Magic Sam, y la magistral Checking on my baby, de Otis Rush, entre otros. Este es tal vez el mejor disco de la carrera solista de Gregg Allman. Mucho tiene que ver en eso la producción de T-Bone Burnett, quien en los últimos años produjo grandes discos de músicos y bandas tan diversos como Natalie Merchant, Counting Crows, Cassandra Wilson, Roy Orbison, Los Lobos, Elvis Costello y las obras maestras de Robert Plant junto a Alison Krauss, y de Elton John con Leon Russell. Los temas de Low country blues son en su mayoría blues oscuros rescatados por Allman de viejos discos. Hay un solo tema propio: Just another ride, que compuso para la ocasión junto a Warren Haynes. La banda está reforzada con la guitarra de Doyle Bramhall II, el slide de Colin Linden, los teclados de Dr.John y, en cinco tracks, aparecen los vientos, que acompañan sutilmente sin romper el espíritu down home que sobrevuela a casi todas las canciones. El disco fue grabado a fines de 2009. Entre entonces y hoy que ve la luz, Allman fue sometido a un transplante de hígado al tiempo que siguió preparando material para su próximo álbum con los Allman Brothers. Pasaron 14 años para que el barón de Georgia, el verdadero southern man volviera a un estudio de grabación como solista. El resultado es, como dicen los gringos, un clásico instantáneo.

1 comentario:

Pablo Fernando Piñeiro dijo...

buen disco