martes, 11 de agosto de 2015

El regreso a casa


Los Allman Brothers tienen infinidad de discos en vivo, al menos una decena fueron editados oficialmente y muchos más forman parte de una selecta colección de bootlegs. Tal vez, aquellos que no siguen tan de cerca a la banda los encontrarán repetitivos o abrumadores. Pero los verdaderos fanáticos saben apreciarlos muy bien. Cada show de los Allman Brothers tuvo su particularidad, su momento único e irrepetible. Cada concierto fue un pequeño hito. Este álbum doble –acompañado por un DVD- que acaba de editar el sello Rounder, captura al viejo Gregg al frente de su propia banda en una performance memorable, potenciada por una exquisita elección de temas, una notable selección de músicos, y un sonido limpio y envolvente.

Si At Fillmore East, de 1971, representa el momento supremo de la banda, su consagración como íconos del rock sureño en medio de un estallido creativo e interpretativo; Back to Macon, GA, marca la coronación de Gregg Allman arriba de un escenario.

El show fue grabado el 14 de enero del año pasado en el Grand Opera House de la ciudad en la que los Allman Brothers sentaron las bases del género a fines de los 60, y un par de meses antes de la despedida de la banda en el Beacon Theatre de Nueva York. Aquí, Gregg Allman estuvo acompañado por Scott Sharrard (voz y guitarra), Ben Stivers (teclados) Ron Johnson (bajo), Marc Quiñones (percusión) y Steve Potts (batería), más una sección de caños comandada por el saxofonista Jay Collins, y el aporte extraordinario de su hijo Devon en guitarra.

A diferencia de los shows de los Allman, de versiones épicas y extensas improvisaciones capaces de abrir surcos en las melodías, aquí las canciones tienen un groove relajado y los solos fluyen sin escaparse de la estructura melódica.

La primera parte está más volcada al cancionero solista de Gregg Allman, más allá de que abre con el clásico Statesboro blues. Si bien el slide de Devon marca el inicio como en la versión original, la voz de su padre tiene un registro más souleado, elevado por una descarga brutal de los vientos. Sitvers se luce con un solo de piano y también presentan sus credenciales Collins y Sharrard. Luego siguen con una animada I’m no angel y después con Queen of hearts, la balada blusera -al mejor estilo Gary Moore- que Gregg grabó en su álbum Laid back de 1973. Aquí, otra vez, brillan los caños con una intensidad superlativa y el cantante se luce con una interpretación sobrenatural. Acto seguido, se zambulle en lo más profundo del blues, como ya lo hizo hace cuatro años con el disco Low country blues. El tema elegido es I can’t be satisfied, con Devon agitando el slide en honor a su tío y a Muddy Waters.



Gregg toma la guitarra acústica y vuelve sobre su disco Laid back con These days, otra balada, aunque folkie esta vez, que escribió Jackson Browne. Entonces retoma el repertorio de los Allman Brothers con el clásico Ain't wastin' time no more, un vuelo rítmico atrapante en el que otra vez su canto sutil se combina con el saxo de Collins y la guitarra de Sharrard. El piano marca un quiebre en el inicio del siguiente tema. Un viejo blues de Ray Charles, Brightest smile in town, que suena cargado de emoción. Y cuando uno queda como atrapado por ese ritmo suave y cansino, la banda arremete sin aviso con Hot lanta, un himno instrumental de los 70. A su término, las voces se elevan con un “Yeah, yeaaaaaahhhh” estilo Memphis en I’ve found a love, de Wilson Pickett.

El disco dos empieza con Don't keep me wonderin’, otra típica aventura de los Allman en vivo, y Before the bullets fly, escrita por Warren Haynes, en la que Sharrard le imprime mucho estilo Albert King a sus punteos. La parte final tiene una seguidilla Allman –Melissa, Midnight rider, Whipping post y One way out- interrumpidos por Love like kerosene, un tema muy rockeado de Sharrard que se acopla muy bien entre tantos clásicos. En todos esos temas proliferan los solos de hammond a cargo de Gregg Allman, las guitarras y el saxo de Collins. Las canciones no superan los seis minutos, salvo por One way out que dura poco más de 11. Eso permitió que en los dos discos incluyan 16 tracks, algo que hubiese resultado imposible con los Allman Brothers. El DVD tiene dos bonus: Stormy monday y Floating bridge.

Gregg Allman fue el arquitecto de un estilo que a fines de los 60 revolucionó la música popular y sirvió como respuesta de los jóvenes estadounidenses ante la invasión británica. Y lo hizo con lo que tenía a mano, lo más profundo de sus raíces musicales: el blues, el country y el jazz. Hoy es una leyenda viva y este álbum doble no sólo marca su regreso a su casa sino la confirmación de que está más vigente que nunca.

2 comentarios:

Luther Blues dijo...

el viejo lobo !

Guillermo Blues dijo...

Se viene la juntada con Dicky Betts.. Gregg habría insinuado volver a reunirse con su viejo compañero de ruta quien a su vez hizo estas declaraciones..
"I have no Problem with Gregg, never have," Betts Said in a statement to Sarasota, Fla.'s Herald-Tribune. "Sure, it would be fun to play with him again. We'll see Where it goes. "