sábado, 18 de octubre de 2014

Un poco más de blues


Un disco en vivo de Gary Clark Jr. no puede fallar. Es sabido que arriba del escenario el tipo es un fenómeno. Así lo demostró en el Teatro Vorterix en abril de 2013. Tiene una técnica voraz con la guitarra y realmente canta muy bien, aunque a priori eso quede en segundo plano por sus punteos y riffs híper intensos. Sin embargo, desde su deslumbrante EP The Bright Lights de 2011, parece haberse estancado en su faceta de compositor. En Black and blu jugó sobre la base de los temas del EP y en el resto de las canciones no logró dar una forma definida a esa fusión de blues y R&B que tanto anticipó. El año pasado, iTunes editó una presentación suya en directo bastante consistente. Tal vez por eso Warner decidió lanzar de manera oficial este disco doble en vivo para mantener al músico en la cresta de la ola y darle un poco más de tiempo con sus nuevas composiciones.

Con todo, Live tiene un sonido extraordinario y Clark se arrima bastante más al blues. Comienza con una hendrixiana interpretación de Catfish blues y el resto del repertorio se nutre de las canciones que viene tocando desde Bright lights: la feroz Numb empieza con un solo de slide visceral y deriva en un blues distorsionado y bien denso; la melodiosa Things are changin´, en la que muestra su lado más soulero; y la rockeada Travis County, en línea directa con lo que solía hacer el viejo Chuck Berry. El blues más tradicional, donde menos usa los pedales y la palanca, aparece con Three O’Clock blues, de B.B. King. En If trouble was Money, de Albert Collins, mete bastante más furia como para anticipar el cover de Jimi Hendrix que le sigue: Third stone from the sun.

Párrafo aparte merece la poderosa Bright lights, que la banda –King Zapata, Johnny Bradley, Johnny Radelat- ya ejecuta casi por inercia con un temple formidable.

La sorpresa mayor está al final. Acompañándose solo por su guitarra, interpreta el clásico inoxidable de Leroy Carr, When the sun goes down. Ese momento, que dura casi seis minutos, y en el que además mete un solo de armónica muy sentido, Clark impone su blues, despojado del frenesí eléctrico. Es cierto que todavía tiene mucho para dar. Su futuro es un océano enorme. Sería interesante que logre imponer sus condiciones artísticas y que no deje que los ejecutivos de una multinacional delineen su carrera. De ser así, tendremos al gran bluesman de la próxima generación.