viernes, 17 de julio de 2009

Johnny y yo

Todos tenemos ese músico que está por encima de todos los demás. Hay razones más poderosas y profundas que el simple gusto musical para explicar por qué él y no otro. Yo empecé escuchando rock: The Police, Creedence, Bruce Springsteen y los Stones. Hasta que un día no determinado de 1990 me prestaron un cassette de B.B. King y me volqué al blues. Poco después llegué al limbo cuando escuché por primera vez a Johnny Winter. Me cautivó el sonido de su guitarra, la potencia y el tono rasposo de su voz, los temas que tocaba y, claro, su apariencia. Más blanco que cualquiera, pero respetado a muerte por los músicos negros que llevaban décadas tocando la música de la que él se nutría. Sus tatuajes, sus sombreros, sus guitarras. Sus discos, excelentes todos. Esta es una pequeña historia. La de Johnny Winter y yo.

La primera vez que lo escuché fue en un cassette TDK de 60 minutos que me prestó Juanchi, el hermano de un amigo, a fines de 1991. En la cinta estaba grabado el disco de Winter con Sonny Terry y Wille Dixon. Excelente álbum, que de tanto en tanto escucho. El albino no canta pero la banda suena del carajo. Una tremenda sesión. El solo de Winter en el comienzo de Whoee, Whoee es memorable. En el lado B, había tres temas más de Winter de otros discos: Bonie Moronie, Mean town blues y Dallas. Me pegó fuerte.


Pocos meses después cambié el equipo de audio Philips e incorporé el disco compacto a mi vida con un flamante minicomponente JVC. El primer día que lo conecté, fui decidido al viejo Musimundo de Cabildo, al lado del desaparecido cine Atlas. Llevaba 40 pesos. Todavía era la época que las bateas estaban repletas de cassettes. Pero en el medio, dividiendo el local en dos, estaban los exhibidores con unos pocos cd’s. Cada uno costaba 18 pesos. Ese día me compré mis dos primeros discos: uno de B.B. King y Serious Business, de Winter.

Tuve tres remeras de Winter, bah una todavía lo conservo aunque no la uso. La primera me la hice yo en Taller 4 con una remera Hering blanca y la foto del albino de la contratapa de Let me in. La segunda, con la misma técnica, me la regaló mi amigo Brutus. Aunque el estampado no era solo una foto, sino que tenía un collage muy loco, como los que él suele hacer para decorar sus guitarras. La tercera me la compré la primera vez que lo vi en vivo. Hoy está gastada y la uso poco. Pero es una de esas cosas que quiero conservar.


La primera vez que lo vi en vivo fue una gélida noche de enero de 1996 en Nueva York. Tocó en un boliche que se llamaba Tramps, y los soportes fueron Debbie Davies y Bill Perry. Alto impacto fue para mí tenerlo a unos pocos metros. Se lo veía frágil, extremadamente flaco. Pero tocaba como siempre. Fui con Emiliano. A él le gustaba el blues… un poco, pero escuchaba otras cosas, Sonic Youth, Led Zeppelin, Lou Reed. Pero esa noche la música de Winter lo enloqueció. Ver al albino en vivo fue extraordinario, terminé de comprender todo lo que su música significaba para mí. Esta foto es una de las tres que le saque esa noche con mi vieja cámara pocket.

Cinco años después, en marzo de 2001, lo volví a ver en la misma ciudad. Casi como un guiño del destino, tocó en el B.B. King’s Blues Club, ahí en Times Square. Me costó 20 dólares la entrada. Me ubiqué a un costado de la barra, tomé dos cervezas y comí unas brochetes de cangrejo. Esa vez no lo vi muy bien. Tocaba más lento y lo hizo apenas durante 50 minutos. Pero igual fue genial. Me fui muy feliz, era el primer día de mis vacaciones y ya había visto al albino.

En 2004 tuvimos el chasco de su visita frustrada. Iba a tocar el 16 y 17 de agosto en el Teatro Gran Rex, para presentar su disco, “I’m a Bluesman”. Compré tres entradas para ir con Fer y Juanchi, pero después se postergó para setiembre y finalmente se suspendió. Hubo muchos rumores sobre la cancelación, todos relacionados con su salud. Y pensé que se me había escapado la oportunidad de verlo por última vez.

Pero tuve revancha. Ocurrió en 2007, en Londres. Días antes vi a Bob Dylan, John Butler y Ike Turner en París. Y Winter en el Astoria, en Charing Cross Road, fue el cierre fantástico de ese viaje por Europa. Vero quería caminar por el Soho, mirar vidrieras, y yo entré a ver al albino. Me encontré con un anciano, con barba, prácticamente ciego, muy débil. Lo acompañaron hasta una silla que estaba en medio del escenario. Se sentó y se encendió. Empezó a brotar el más puro blues de sus entrañas, tanto que nos volvió locos atodos los que estábamos ahí. Gracias maestro. Hoy sigo deseando un cuarto show.












(Fotos: 1- Johnny Winter en los setentas / 2- Tapa del disco Serious Business / 3- Winter en vivo en Tramps, NY, 1996 / 4- En e
n vivo en el Astoria, Londres, 2007)

1 comentario:

Maga Zulú dijo...

Hola Sassone, estaba "curioseando" tu blog, buscando algún escrito que me inspire a escribir sobre el blues, su resurgimiento (en mi tierra por lo menos, etc. Llegué hasta acá, y no pude evitar echar un par de lágrimas en esta crónica. Muy, muy emocionante. La subjetividad desde donde escribís me conmueve profundamente. Espero que puedas verlo pronto al albino. Un saludo.