sábado, 6 de agosto de 2011

Notodden Blues Festival: día 2


El segundo día del festival fue muy intenso. En apenas 12 horas vi a Tony Joe White, Beth Hart, Black Country Communion, el legendario Eric Burdon y a la nueva tropa de Trampled Under Foot.¡Impresionante!

Pocas veces en mi vida me tocó una jornada con tanta música de primer nivel y tan variada, dando saltos entre la historia del rock y el futuro más inmediato. Todo empezó a las 12 del mediodía con el show de Little Andrew, un guitarrista noruego que toca puro shuffle texano. Su banda suena compacta y entretenida. Todos están lookeados como si fueran la reencarnación de los Fabulous Thunderbirds. De allí me fui a la biblioteca de Notodden, donde había unas charlas de blues con algunos de los protagonistas del festival. Entrevistados por Art Tipaldi, escuché responder sobre sus vida y su música a la dulce Beth Hart y a dos tipos que vienen bluseando desde hace décadas: Lil' Ed Williams y Steve Cropper. Luego se imrpovisó una conferencia de prensa.

Cuando salí de la biblioteca la lluvia caía a raudales y sólo aflojaría por momentos, por lo que el resto de los shows tuvieron ese condimento especial. Luego de un breve descanso, sobre las cinco de la tarde, me encontré con la figura emblemática de Tony Joe White. Él, con su Fender Stratocaster y su armónica, más el acompañamiento de un baterista, desplegó todo el rigor del pantano en un escenario que fue armado para la ocasión, como si fuera el porche de una casa del Louisiana. La voz de White es profunda, cavernosa e hipnótica y el sonido de su guitarra es sucio y aguerrido. Tocó muchos temas de su último disco -The Shine (2010)- pero también otros temas como Undercover agent for the blues y Roosevelt and Ira Lee. Por supuesto que no defraudó al público y cerró con su clásico Polk Salad Annie y toda la furia del wah wah de su guitarra.

Salí corriendo de allí y a toda velocidad me fui hasta el escenario principal del festival, el Brygga. Cuando llegué, Beth Hart ya había comenzado con su mix de rock, soul y blues. Yo no conocía mucho a esta cantante estadounidense, apenas pude escuchar antes de viajar algunas canciones de su último álbum. Pero me llevé una gran impresión. Tiene el carisma de una gran estrella de rock y una sencillez fabulosa. Alternando entre el piano y la guitarra acústica cantó unas diez canciones propias y cerró con una sublime versión de A change is gonna come, de Sam Cooke.

Y por si la gente quería rock and roll, a las ocho en punto aparecieron ellos: Black Country Communion, el súper grupo zeppelinesco formado por Joe Bonamassa, Glenn Hughes, Jason Bonham y Derek Sherinian. Fue demoledor. La garúa, que hasta ese momento permanecía inalterable, se transformó en densas gotas, pero eso no impidió que la gente enloqueciera con la potencia de BCC. Es que la fórmula de la banda es tremenda. Ver a Glenn Hughes en acción es rock. Creo que después de Keith Richards y Angus Young es el músico con más actitud rockera del mundo. Y lo de Bonamassa, a esta altura, roza lo sobrenatural. ¡Qué guitarrista magnífico! Durante una hora y media tocaron canciones de sus dos discos. El único tema outsider fue The ballad of John Henry, de Bonamassa solista, en el que atacó con el slide como si fuera una sevillana afilada. Definitivamente, BCC está marcando el nuevo camino del rock and roll.

Y a correr de nuevo. Tenía 15 minutos para atravesar unas diez cuadras y lo pude hacer a tiempo. Es que en otro escenario, esta vez techado, se presentaba nada más y nada menos que el mítico Eric Burdon. El ex líder de los Animals era alguien a quien yo deseaba ver en vivo desde hacía muchísimo tiempo. Fue el tipo que encontró muerto a Jimi Hendrix y uno de los que "peleó" mano a mano con los Stones en los sesentas. Y tocó casi todos sus hits. Empezó con When I was young y luego siguió con Don't let me be misunderstood, San Franciscan nights e It's my life. También cantó varios blues: Before you accuse me, Boom boom y Crawalin' kignsnake, en los que dejó salir con toda la fuerza al hombre negro que está atrapado en él. Dejó lo que todos esperaban para el final. Con House of the rising sun hizo cantar a todo el mundo. Apoyado en una banda conformada por músicos texanos, Burdon realmente logró teletransportar a todos a lo más profundo de la década del sesenta.

El cierre, ya pasadas las 12 de la noche y cuando el cansancio era una realidad inevitable, fue con la banda de los hermanos Nick, Kris y Danielle Schnebelen, Trampled Under Foot. Nick ganó hace un par de años el premio Albert King al mejor nuevo talento del blues. La banda suena muy poderosa y tiene un futuro fabuloso. Realmente fue una jornada de blues y rock inolvidable e inconmparable, uno de esos instantes mágicos que hacen que la vida sea increíble.