martes, 2 de agosto de 2011

En el camino

Dejé atrás Estocolmo en un flamante micro de larga distancia que atravesó rutas impecables por las que apenas pasan autos. Campos verdes y pinos, leves colinas y pequeños lagos conformaron el paisaje durante gran parte del viaje. Voy rumbo a la ciudad de Notodden, en Noruega, a uno de los festivales de blues más importantes de Europa. Pero antes decidí hacer una parada en la ciudad sueca de Kalstad, uno de esos paraísos que parace que sólo existen en el cine o la televisión. Si bien no tiene grandes atractivos turísticos para los extranjeros que visitan Europa, es un sitio bendecido por la naturaleza y el clima (estoy hablando del verano, supongo que el invierno debe ser duro). Un hermoso e irregular lago baña sus márgenes y hace que todo en Karlstad gire a su alrededor. Mucho verde, pequeñas playas y aire limpio. Mientras el sol abraza cada rincón de la ciudad, en el centro se erige un pequeño escenario en el que una banda (familiar) rockea a más no poder. Tienen más ganas que destreza, pero eso no importa. Suenan canciones de Creedence y clásicos del rock. La gente los escucha con atención. Yo hago lo mismo. Un alto en el camino que no olvidaré jamás