viernes, 17 de marzo de 2017

Hill colombian blues


Carlos Elliot Jr. está vestido igual que en la tapa de su disco Del Otún & el Mississippi, el último que editó. Lleva camisa a cuadros, la misma remera negra por debajo, el sombrero que lo caracteriza, pantalón de jean y botas de gamuza. Camina por entre las mesas y se sienta a charlar con todos los que fueron hasta el Balcón de Blues para ver su debut porteño. Es un tipo agradable, conversador y se muestra muy agradecido. El show empieza poco después de las 23, la Telecaster roja cuelga de sus hombros mientras sopla un pífano y el baterista Eduardo Oviedo, colombiano como él, marca el ritmo de un blues hipóntico con el que el que invocan a los espíritus del Hill country blues.

Toma la guitarra y larga los primeros acordes de Dance with me. El repiqueteo de la batería es incesante, no hay respiro. Elliot Jr. hace la rítmica, lanza unos riffs serpenteantes y cuela unos solos furtivos. Son dos pero suenan como si fueran cinco. “Y ahora vamos a tocar un tema dedicado a una vieja mula de mi tierra”. La zona es Pereira, epicentro del eje cafetero, la perla del Otún. La mula es Katrina. El ritmo es desenfrenado y seductor.

Entonces empiezan a desfilar los amigos: Rubén Vaneske –ex armoniquista de La Mississippi y productor del show- sube con su washboard y su armónica, y también lo hacen sus ex compañeros de la banda, los saxofonistas Eduardo Introcaso y Zeta Yeyati. Carlos Elliot Jr. anuncia el siguiente tema, Shake your body on the dance floor, y la música toma un camino insondable: el Hill country blues se pierde en un alocado frenesí de jazz avant garde, que se agudiza con Love you with all my heart. Y mientras los saxos deambulan por el éter de la improvisación, el guitarrista camina entre las mesas, se sube a una banqueta, luego a la barra y sigue tocando como si solo estuviera haciendo la mímica de lo que está sonando. El cierre de la primera parte encuentra otra vez solos a los músicos colombianos interpretando Got this feeling con un espíritu más souleado.

El intervalo, que anunció de “cinco, o diez, o quince minutos”, dura casi media hora. El hechicero colombiano vuelve a escena con su baterista y Héctor Bracamonte, el Bracagol del blues, en segunda guitarra, lugar que luego ocupará el zurdo Hernán Tamanini. Y Carlos Elliot Jr. vuelve a caminar entre las mesas, pero esta vez va más allá, cruza la puerta y sale a la calle. El semáforo de Lavalle y Mario Bravo está en rojo, no pasan autos y en el cruce de ambas arterias el tipo se acuesta sobre el asfalto y sigue tocando como si fuera algo normal.

En nuestro país no hay casi exponentes del sonido del Hill country blues, tal vez los más destacados, por no decir los únicos, son los cordobeses de Alligator's Sons, así que la presentación de Carlos Elliot Jr. es de un valor doble: un músico colombiano tocando el estilo del norte del Mississippi en la Argentina. Una muestra más de que el blues sigue derribando fronteras.