viernes, 3 de junio de 2016

A corazón abierto


Wee Willie Walker es un cirujano que te opera a corazón abierto. Su instrumental quirúrgico es su poderosa voz. Es así como está leyenda del soul te llega hasta al alma. No lleva delantal blanco, sino que viste un traje en tonos dorados, con un llamativo chaleco brillante. Es un hombre pequeño. No se mueve mucho. Sólo sus manos acompañan la belleza de su canto. A su lado está el anestesista, Igor Prado. Un zurdo que toca una guitarra para diestros, es decir, usa las cuerdas invertidas, así como lo hacía el gran Albert King. Prado marca los tiempos, los cortes y hace unos solos demenciales.

Walker y Prado, de lugares tan distintos como Memphis y San Pablo, se amalgaman sobre el escenario. Esparcen su química a la sección rítmica, que muestra una solvencia sorprendente para no haber realizado ningún ensayo. Machi Romanelli en teclados, Gabriel Cabiaglia en batería y Esteban Freytes en bajo completan el equipo médico, son los que llevan el ritmo y mantienen vivo el pulso con un groove infernal.

El comienzo es todo de Igor. Primero con un swamp blues, con la guitarra con mucho reverb, y después con un blues lento implacable. Igor hace unos solos feroces y presenta a la banda, cada uno muestra lo suyo antes de que Walker aparezca en escena. Y entonces Igor le da la bienvenida: "Desde Memphis...". Y el cirujano entra caminando despacio. Eleva una mano y recibe una ovación. "Me traje el sombrero equivocado, aquí hace un frío del demonio", bromea. Igor arremete con unos riffs funky y Walker entona Breakin' up somebody's home. Termina la canción y le acercan un coñac. Tal vez no sea la marca importada que suele beber pero no importa. Da unos sorbos para mantener la garganta lubricada y se zambulle en el blues con I'd rather drink muddy water.

Homenajea B.B. King con The thrill is gone y más tarde canta una versión ralentizada de Down home blues. Pero lo mejor de su repertorio llega cuando se vuelca sobre el cancionero clásico del soul. Es emocionante la versión de When something is wrong with my baby, de Sam & Dave, e invita a bailar con el groove abrasivo de Let's stay together, de Al Green. El momento supremo de la noche llega con A change is gonna come, de Sam Cooke, en la que Walker alcanza unos registros extraordinarios y su voz envuelve a cada uno de los presentes en el Roxy de Palermo. Es uno de esos instantes en los que el tiempo se detiene y solo la música fluye.

Igor lo respalda y se encarga de la dirección musical. La banda lo sigue al pie en todo momento y el guitarrista tiene sus momentos de gloria. Se le rompe una cuerda en uno de sus solos y eso no se convierte en un problema, sino en una atracción. Con esa cuerda rota le da a la otra y su solo se torna aún más magnífico. También es generoso y le da el pase a Machi Romanelli para que este le de a las teclas con fruición

Walker, el cirujano del soul, dejó nuestros corazones palpitando con intensidad. La magia del viejo soul sigue intacta.