miércoles, 6 de enero de 2016

La leyenda de la frontera

La muerte, tarde o temprano, alcanza a todos. Y los bluseros no son la excepción. A veces da la sensación de que los bluesmen que se van dejan un vacío difícil de llenar. El último veterano en subirse al tren con destino incierto fue el gran Long John Hunter, heredero de una dinastía de grandes guitarristas texanos, quien desde su trinchera fronteriza, ahí donde Estados Unidos y México se funden entre cactus, tierra seca y animales carroñeros, creó su propia leyenda. Hunter tenía 84 años y ocho discos editados como solista y uno junto a Phillip Walker y Lonnie Brooks.

John Thurman Hunter Jr. era oriundo de Lousiana pero se crío en Beaumont,Texas, donde se formó musicalmente. Como muchos de los músicos de blues, empezó a tocar la guitarra luego de ver en vivo a B.B. King. En 1954, editó su primer single para un pequeño sello de Houston con el tema She used to be my woman en el lado A y Crazy baby, en el B. En 1957, se fue a vivir a El Paso y allí consolidó su carrera. Se volvió un referente absoluto del blues en esa región polvorienta en la que el Río Bravo da un poco de respiro. Entre 1961 y 1963, lanzó un par de singles - El Paso rock, Midnight stroll y Border town blues- que no trascendieron más allá de su zona de influencia.

Tras décadas animando furiosamente la escena local, de lunes a lunes, tanto en El Paso como en la vecina Ciudad Juárez, a mediados de los noventa captó la atención de Alligator Records. Así fue como Bruce Iglauer firmó contrato con él y grabaron Border town legend (1996), Swinging from the Rafters (1997) y Ride with me (1998), con los que tuvo difusión a lo largo y ancho de los Estados Unidos y también a nivel internacional. La frutilla del postre con Alligator fue el lanzamiento, en 1999, de Lone star shootout, junto a Brooks y Walker, con el que la compañía discográfica buscó un éxito similar al que había tenido en 1985 con Showdown, que reunió a Albert Collins, Johnny Copeland y Robert Cray.

El éxito de los noventa le permitió una vida más holgada y muchas giras, aunque en cuanto a discos ya no tuvo el mismo marketing de los años de Alligator. En 2003, grabó One foot in Texas juntó a su hermano Tom Hunter, y seis años después lanzó Looking for a party, ambos para sellos locales.

La muerte lo encontró el lunes durmiendo en su casa de Phoenix. Quedan sus discos y el recuerdo de quienes lo vieron en vivo en algún festival o en el Lobby Bar, colgándose de la viga del techo y tocando con una mano su Fender Stratocaster. Que en paz descanse, maestro.