martes, 13 de mayo de 2014

Súper festival


El nombre de este festival molestó a los puristas. Best of Blues suena pretencioso y engañosamente definitorio, más teniendo en cuenta que, salvo Buddy Guy y tal vez Ana Popovic, los demás no son artistas que los bluseros cataloguen como tales. Así que en eso hay que darle la razón a aquellos que defienden la tradición contra toda lógica evolutiva. Al margen del nombre, el festival auspiciado por Samsung Galaxy, que se realizó el fin de semana en San Pablo, Brasil, fue espectacular. Claro que no fue un show para todos. Las entradas eran muy caras y los lugares limitados. Así y todo durante dos de las tres jornadas estuvo prácticamente lleno. Se hizo en el Golden Hall del World Trade Center paulista, a metros del hediondo río Pinheiros, un salón multiespacio para unas mil personas ubicado en un quinto piso, por lo que el público tuvo que hacer cola para poder subir en ascensor.

El viernes, la apertura estuvo a cargo de la serbia Ana Popovic, una de las guitarristas más calientes de la nueva generación. Apareció en escena con un vestido ajustado mientras la banda -John Williams (bajo), Stéphane Avellaneda (batería) y Steve Malinowski (hammond)- marcaba el ritmo de un shuffle instrumental. Ella tomó una strato, pisó los pedales y arrancó con Can you stand the heat, pero los graves estaban muy arriba y no se escuchó mucho su guitarra. Ese problema siguió durante gran parte del show hasta que lograron corregirlo. El primer tema que sonó bien fue Navajo moon, un blues lento de casi diez minutos, con tintes de balada jazzeada, dedicado a Stevie Ray Vaughan. Pero ya no quedaba mucho más. Cerró con Can you see me, de Jimi Hendrix, donde se pudo apreciar en toda su dimensión su talento con las seis cuerdas, aunque lo llamativo fue el solo del bajista que incluyó hasta un punteo con la boca.

Veinte minutos después apareció en escena Jonny Lang con su banda, conformada por una segunda guitarra, teclados, bajo y batería. Abrió a toda máquina con Blew up (The house) y Freight train. Bajó un cambio con un slow blues, A quitter never wins, y luego volvió a subir con Turn around, en el que hizo un scat fabuloso. En vivo, Lang es potente y aguerrido, poco tiene que ver con sus discos de estudio, especialmente los últimos en los que se acerca más al sonido de Maroon 5 que al de un blues rocker. Delante del público sus punteos son asesinos y su voz grave suena con muy potente y muestra un gran registro para los agudos. También tocó la balada Red light y el clásico de Stevie Wonder, Living for the City. Terminó con Rack em up, de su álbum debut Lie to me, y Angel of mercy. Pero lo mejor de esa noche estaba por venir.

Marty Sammon comenzó a desplegar la lírica de su hammond, mientras Orlando Wright y Tim Austin apuntalaban el ritmo. Buddy Guy saludó y se metió de lleno en Damn right I’ve got the blues. De entrada nomás, mostró su amplia gama de trucos y enajenó al público que se fue en masa hacia adelante. Hilvanó blues de Chicago con mucha garra: Hoochie coochie man, She’s nineteen years old y Close to you, que incluyó un solo vibrante del otro guitarrista, Ric Hall. Buddy estaba encendido y como siempre bajó a tocar entre la gente y se quejó porque alguien le volcó un vaso de cerveza encima. Para cuando empezó con Someone else is steppin' in todo el mundo estaba en llamas. ¡Y faltaba la mitad! En Five long years, además de todas sus muecas, hizo un tremendo duelo con Sammon. Fever y una versión funky de I just want to make love to you precedieron a sus clásicas imitaciones, que incluyeron a John Lee Hooker, Albert King, Ray Charles, Marvin Gaye, Eric Clapton y Jimi Hendrix. Hasta ahí el show fue bastante parecido al que dio en Buenos Aires hace dos años. La diferencia estuvo en que esta vez invitó al escenario a dos de sus hijos. “Y pensar que cuando era chico no escuchaba blues”, dijo sobre Greg, quien con la guitarra a lunares de su padre hizo un solo en Feels like rain primero y otro en Little by little, mientras cantaba su hermana, Carlise. El gran Buddy se despidió con Meet me in Chicago, de su último disco, en medio de una explosión de júbilo envolvente.

El sábado arrancó con la presentación de la cantante local Céu, que fusiona MPB, bossa y soul con bases electrónicas. Apenas escuché un par de temas suyos mientras me acomodaba para lo que vendría después. A las 21, una decena de músicos coparon el escenario y dieron pie a la presentación de Joss Stone. La rubia inglesa lucía el pelo suelto y un vestido blanco angelical. Entró sonriendo y fue ovacionada por el público. Empezó a cantar a capella The chokin’ kind y segundos después se sumó su banda. Promediaba el segundo tema, You had me / Super duper love, y los de seguridad hacían un esfuerzo enorme para tratar que la gente se quedara en sus lugares y no se les desmadrara el evento como la noche anterior con Buddy Guy. Pero ella hizo una seña con la mano para que todos se acercaran a bailar y los patovicas perdieron el control y no tuvieron más remedio que resignarse. Stone es hermosa, canta bárbaro, baila muy bien y tiene mucha onda. Su repertorio, tanto en sus discos como en vivo, tiene una orientación más pop, pero cuando canta soul clásico, como en su álbum debut, es fantástica.

El gran final vino de la mano de uno de los mejores guitarristas de la historia del rock. La presentación de Jeff Beck fue imponente, no sólo por lo que hizo con la guitarra, sino por la solidez y la prestancia de su banda, en particular de la bajista australiana Tal Wilkenfeld, de apenas 27 años. El primer tema fue Morning dew, cantado con mucho vigor por Jimmy Hall, vocalista de la banda Wet Willie. El repertorio alternó instrumentales como Stratus o Freeway jam, con clásicos cantados por Hall: I ain't Superstitious, A change is gonna come, Rollin’ & tumblin’ y un medley de Jimi Hendrix que incluyó Little wing, Foxy lady y Manic depression. La técnica de Beck es asombrosa, su pulgar aventurero saca las notas más fabulosas, mientras Wilkenfeld y el baterista Vinnie Colaiuta lo llevan como un auto deportivo a toda velocidad por una autopista desierta. Joss Stone subió para I put a spell on you y luego la bajista mostró que también es una gran cantante en You shook me. Para terminar, Beck fulminó con su demencial versión de A day in the life, de los Beatles. Dejaron el escenario en medio de una locura colectiva y volvieron para un bis, que no podía ser otro que Wild thing.

No pude quedarme al último día del show, que tuvo como plato principal a Trombone Shorty, pero lo que vi me alcanzó para satisfacer el alma, más allá de las discusiones por el nombre, fue un súper festival… la música está por encima de cualquier encasillamiento y eso es lo que importa.

10 comentarios:

Ramiro Colombatti dijo...


Buenisimo!

Igor Prado dijo...

Cool Man!

Nacho Jeannot dijo...

jeff beck rules

Vera Nesis dijo...


muy buena

Juan Urbano López dijo...


Muy buena cobertura, Martin. El festival del año pasado fue más bluesero (Buddy, Taj Mahal, Dr. John, Shemekia Copeland, John Mayall). Como reflexión me queda que estamos a años luz de los festivales brasileros.

Lau Lagna-Fietta dijo...

Muy bueno ! Felicitaciones

Rafael Nasta dijo...

Buena Martin!!!

Waz blues dijo...

Leida.. que suerte! gracias

María Heer dijo...

gracias martin!

Ramiro Colombatti dijo...


buenisimo!