jueves, 18 de octubre de 2012

Los discípulos de Dizzy

Si hay algo que en Nueva York está vivo es el jazz. Hay varios lugares para ir a escuchar a los mejores músicos de la actualiadad: los históricos Birdland y Village Vanguard, el Iridium en Times Square, el Jazz Standard o el célebre Lincoln Center. Pero sin dudas, uno de los clubs más famosos e importantes es el Blue Note. Está ubicado sobre la calle 3, en el West Village, en una zona de Manhattan en la que hay más bares y restaurantes que rascacielos.

Paquito D'Rivera
Hasta allí fui el martes a la noche para escuchar a una banda que se formó después del 6 de enero de 1993, el día en que murió el gran trompetista Dizzy Gillespie, el 6 de enero de 1993. La formación –que lleva el nombre de Dizzy Gillespie Alumni All-Stars- es variable: en versiones anteriores tuvo entre sus filas a James Moody, Roy Hargrove y Wille Jones, entre otros. Ahora los maestros de ceremonias son el pianista Cyrus Chestnut y el saxofonista cubano Paquito D’Rivera, junto a el bajista y director musical John Lee, el trompetista Terrell Stafford, el trombonista Steve Davis y el baterista Lewis Nash. A ellos se les suma el joven guitarrista israelí Yotam Silberstein.

Qué se puede decir de Gillespie que no se haya dicho hasta ahora. Fue el creador del bebop junto a Charlie Parker y si no hubiera sido por Miles Davis seguramente hubiera pasado a la historia como el mejor trompetista de todas las épocas. Pero su influencia es innegable en todos los trompetistas de jazz de los últimos 50 años: desde el propio Miles hasta Lee Morgan, Arturo Sandoval y Clifford Brown.

La ambientación del Blue Note es exquisita y el sonido roza la perfección. Y más en este caso cuando todos los que están arriba del escenario son súper profesionales. Siempre pensé que los músicos de jazz se comunican con un lenguaje propio. Escriben y leen en un idioma cifrado que muy pocos mortales pueden entender. Es apasionante verlos improvisar arriba del escenario. El show del martes a la noche tuvo esos condimentos, con la música de Gillespie como eje central.

Además de clásicos como Salt peanuts y A night in Tunisia, la banda tocó una composición de D’Rivera llamada Remenbering Dizzy que el músico la explicó de la siguiente manera: “Seré breve porque sólo hablo cien palabras en inglés. Este bossa nova lo escribí en 1993, poco después de su muerte”. Fue emocionante ver a un puñado de viejos alumnos rindiendo un sentido homenaje a su mentor, en el corazón del jazz moderno, donde late desde hace varias décadas y donde seguramente nunca dejará de hacerlo.