miércoles, 25 de noviembre de 2009

Superharp

Foto: Dave Glackin

Pasaron 17 años desde la primera vez que lo vi aquella noche de diciembre de 1992 en el Gran Rex. Ese día tocó con Larry McCray, Hubert Sumlin y Pappo, estaba más flaco y cantaba con su voz ronca tan particular. Ahora se presentó con otros músicos, está más gordo y más viejo, y ya no puede cantar por un cáncer que tuvo en la garganta. Pero hay algo que se mantiene inquebrantable a pesar del paso del tiempo: su forma de tocar la armónica.

El blues ha dado grandes armoniquistas. Pero definitivamente hay cinco que están por encima de todos los demás: Sonny Boy Williamson (II), Little Walter, Walter Horton, Sonny Terry y él, James Cotton. Lo de anoche fue un convoy a toda máquina. Puro blues con un Cotton no muy activo, pero sí muy dedicado e inspirado, que dio lugar a que sus guitarristas se lucieran. Slam Allen no sólo demostró que es un excelente violero, inspirado en B.B. King y Buddy Guy, sino que también hizo frente a gran parte del show cantando con mucho soul y sosteniendo unas notas increíbles. Tom Holland, más Chicago style, mató con un solo de slide en That’s Alright, de Jimmy Rogers, al igual que el bajista Noel Neal en la versión funky de Let the good times roll.

La banda tocó unos veinte minutos sin Cotton. Cuando éste entró caminando lentamente, acompañado por un asistente, la gente lo ovacionó de pie. Se sentó en la silla de la que no se movería en casi toda la noche y empezó a jugar con su armónica. Agudos, graves, agudos, graves. Después se largó con todo su sonido marca registrada. Está claro que por su edad y su salud no puede tocar más de una hora, pero en el tiempo que lo hizo demostró porque en algún momento lo apodaron Superharp.

(Este es mi paréntesis dedicado a los imbéciles. Anoche tenía a uno ubicado a un a par de butacas que no paraba de gritar “Ohhhh yeaaah”, “Wuuuujjjuuuu” y aplaudía solo y desacompasado. Un verdadero estúpido que no hizo caso a la decena de veces que le pidieron que se pusiera las pilas. Pero bueno es algo con lo que parece que hay lidiar. En el recital de Bob Margolin me había tocado otro salame atrás)

Para cuando tocaron Baby you don’t have to go, Cotton estaba tan arriba que creo que fue el momento musical de la noche. El climax absoluto del show. “Me siento bien. Es un orgullo estar acá”, dijo en inglés y con una voz apagada y maltrecha. Luego recordó a Muddy Waters y todo el teatro cantó junto con la banda Got my mojo working. Hubo un bis muy corto pero con un buen shuffle instrumental, óptimo para el momento.

El teatro estaba bien nutrido. Había muchos músicos, especialmente armoniquistas –por ahí vi a Nicolás Smoljan y Natacha Seará-, porque como señalé al principio, Cotton es uno de los cinco mejores armoniquistas de la historia. Es una leyenda. Y es el único que está vivo. Como dijo Mariano cuando el show había terminado y nos íbamos caminando por Corrientes: “Tiene todo lo que un blusero viejo tiene que tener”.

9 comentarios:

roger dijo...

Hola Martin
Fue un gran show,COTON TOCO MAS DE LO QUE ESPERABA,Y LA BANDA ESTUVO MUY A LA ALTURA.
VENITE POR MR JONES EL SABADO A VER A J C SMITH
UN GRAN ABRAZO
ROGER

Jorge dijo...

Fue un show increíble!!! Es el más grande de todos!!! Gracias James!!!

Ulises Beppo dijo...

notable actuación y notable respuesta de la gente, a veces pasa que el feedback no llega desde la platea. éste claramente no fue el caso y todos estuvimos escuchando las notas altas y graves de esa armónica hasta bien entrada la madrugada de hoy...

Maxi Díaz dijo...

Ya lo leí, muy bueno.

Veronica Ocvirk dijo...

Qué buena crónica, me hiciste reír mucho con lo del imbécil que te tocó al lado. Creo que Capusotto & Saborido deberían inspirarse en vos para un personaje... algo así como un malhumorado que les tira bronca a los que corean, ¡o el dj mala onda que se enoja si le piden hits!!!

Va con cariño igual ;) y volvé a tocar la armónica!!! Qué gran instrumento, qué increíble la gente que le puede sacar tanta potencia a una cosa aparentemente tan chiquita e insignificante, no? Y su sonido es sublime, poderoso, algo capaz de transportarnos en un santiamén.

Besos!!

v

Ale dijo...

Yo me fui con una sensación rara, hora y 20 de recital no es algo que esperaba. Pero sí sabía que Cotton no iba a ser el de siempre, se notó que puso el alma en cada nota y hasta quiso hablar, sabiendo que su voz hay que cuidarla.

La banda, qué decir... IMPRESIONANTE. Son tremendos músicos, un gran aval y tranquilidad para Cotton con gente así a su lado.

La anécdota del foco que se rompió y cayó fue extraña, aunque el violero la piloteó bien yo me quedé malhumorado, le podría haber caído a cualquiera de ellos en la cabeza.

En fin, una leyenda viva que tenía que ver, sobre todo porque empecé a tocar la armónica hace ya unos años gracias a él, cuando escuché Deep in the Blues.

Abrazo!

Martín Sassone dijo...

Alejandro, eEs cierto lo del foco. Justo en ese momento estaba anotando algo y no lo vi, por eso no lo pusé en la crónica.

Con respecto a la hora y veinte de show, que te puedo decir. Es eso o nada. De todas maneras ya la mayoría de los shows duran entre eso y dos horas no más.

Mariano Cardozo dijo...

Martin, realmente fue una noche memorable, ver una banda tan perfecta y coodinada en funcion de James Cotton, fue un placer, muy bueno tu comentario, como siempre. Te felicito.

Mile, Marce y Jorge dijo...

Yo no puedo hablar con objetividad... para mí siempre será el más grande!! El show del Gran Rex estuvo genial, considerando que ya es un hombre grande y su estado de salud no es el mejor. Es más!!! Me gustó tanto que fui al Faena Hotel!!! Y VI EL SHOW SENTADO AL LADO DE LA BANDA!!!
Mi estado de ánimo es comparable al de un un futbolista aficionado que lo tuvo a Maradona haciendo jueguitos al lado suyo... Todavía no pongo los pies sobre la tierra.