sábado, 14 de marzo de 2026

Un viaje al corazón del rock sureño en el Abasto


El Conventillo Cultural Abasto se transformó el viernes por la noche en una pequeña estación del sur profundo de Estados Unidos. Allí, una banda liderada por el guitarrista y cantante Juan Manuel Rodríguez Silva ofreció un tributo a The Allman Brothers Band que combinó virtuosismo, conocimiento del repertorio y un respeto absoluto por una de las tradiciones más ricas del rock.

Acompañado por Demian Núñez en guitarra, Lucho Herlein en teclados, Sebastián Heudtlass en bajo y Federico Renati en batería —con la participación especial de Franco Martino en guitarra—, el grupo desplegó un nivel de ensamble que sorprendió desde el primer momento. Aunque la banda ya había realizado tributos a George Harrison y Derek and the Dominos, la naturalidad con la que se movieron en este repertorio hizo pensar que tocan estas canciones a diario.

El concierto comenzó con Hot Lanta, un instrumental para entrar en calor, y siguió con Statesboro Blues, donde Núñez desató un brutal slide que encendió al público. Luego llegaron Trouble No More, con su esencia blusera y ejecución frenética, y una extensa y demoledora versión de In Memory of Elizabeth Reed. Allí apareció en plenitud el espíritu del grupo homenajeado: una compleja arquitectura rítmica en la que las guitarras se entrelazaron con el Hammond para recrear el clima hipnótico del rock sureño, con solos largos y texturas cambiantes.

En el tramo central del show el clima se volvió más íntimo. Rodríguez Silva invitó al escenario a Franco Martino y juntos ofrecieron un set electroacústico y minimalista con Midnight Rider y Blue Sky. Las dos guitarras fluyeron sincronizadas, sosteniendo melodías limpias y armonías vocales delicadas que aportaron un respiro antes de volver a la intensidad eléctrica.

El resto de la banda regresó para otro instrumental de peso, Jessica, y luego para un cierre con tres guitarras que encontró su punto alto en Ramblin’ Man. Tras la salida de Martino, el grupo se zambulló en la épica de Whipping Post, ejecutada con una energía casi cinematográfica, como si el mismísimo William Wallace hubiese lanzado un grito de batalla antes del ataque final. El remate llegó con You Don’t Love Me, con el guitarrista zurdo Juan Cruz Posadas, que había sido telonero del show con su trío, como invitado especial.

Más allá del entusiasmo del público, la noche dejó una sensación poco frecuente: la de haber presenciado algo casi inédito en la escena local. No abundan antecedentes de tributos dedicados exclusivamente a The Allman Brothers Band en Buenos Aires. En los años setenta, grupos como Stubeaker y Carolina habían tomado su influencia; poco después fueron los Dulces 16 de la mano de Conejo Jolivet; más tarde Víctor Hamudis y Yalo López mantuvieron viva esa tradición, pero siempre enfocados en canciones propias. En tiempos más recientes, el grupo Támesis versionó algunas de sus canciones y el guitarrista Nico Bereciartua —hoy integrante de The Black Crowes— también se declaró devoto de los músicos de Macon.

Pero lo ocurrido en el Abasto fue algo más que una cita nostálgica. Durante dos horas, el legado del rock sureño volvió a respirar con fuerza propia. Y lo hizo con la convicción de quienes saben que, cuando las guitarras dialogan de esa manera, la historia sigue viva

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