sábado, 4 de mayo de 2013

Hasta los huesos

Cuando tenía nueve años, Cedell Davis comenzó a sentirse muy enfermo. El diagnóstico fue contundente: poliomielitis. Corría 1937 y por aquél entonces sobrevivir a esa enfermedad era una hazaña… o un milagro. El pequeño Cedell cumplió diez años con gran parte de su cuerpo paralizado, pero esquivó a la muerte. La enfermedad lo cambió para siempre: atrofió severamente su mano izquierda y dejó algunas secuelas en la derecha.

Eran tiempos duros en los Estados Unidos. El país todavía sentía los estragos de la Gran Depresión y los negros del sur vivían sometidos por la segregación racial. Cedell era de una familia pobre de Helena, Arkansas, y una salida era la música. Su mano izquierda no le permitía tocar la guitarra como es debido y por eso desarrolló un estilo rústico y muy personal. Dio vuelta la guitarra, como si fuese zurdo, y se valió de un cuchillo, de esos que se usan para untar manteca, a modo de slide. Así logró un sonido único: presionando las cuerdas con el mango de metal consiguió una plasticidad tonal que por momentos parece estar desafinando, aunque en realidad lo que hace es obtener un tono alternativo. Empezó con esa técnica en la guitarra acústica y después la llevó a la eléctrica.

Cedell Davis había empezado a tocar la guitarra y el diddley-bow (instrumento rudimentario de una cuerda) desde muy chico, durante su estancia en Tunica, Mississippi. Más allá de su forma de tocar, que fue perfeccionando con el tiempo, cantaba con una pasión desmedida. Las venas del cuello se le hinchaban tanto que parecían estar a punto de estallar. Sus ojos sanguinolentos dejaban al descubierto todo su sufrimiento, que emanaba de manera cruda desde sus entrañas, o tal vez más adentro, desde la médula misma.

Robert Nighthawk
Durante la década del 40 hizo presentaciones regulares en juke joints de su ciudad natal y alrededores, donde las figuras destacadas eran Sonny Boy Williamson y Roosevelt Sykes. A comienzos de los 50 trabó amistad con el legendario Robert Nighthawk, a quien acompañó durante buena parte de esa década por clubs del Delta del Mississippi, especialmente en Clarksdale. En 1957, cuando apenas tenía 30 años, se mudó a St. Louis y volvió a sufrir un nuevo embate. Estaba tocando en una taberna junto a Nighthawk y Sam Carr cuando se desató una violenta pelea entre el público. La policía irrumpió en el lugar y se produjo una estampida. Cedell Davis cayó al piso y fue pisoteado por la masa. Sobrevivió una vez más, pero sufrió múltiples fracturas en sus piernas y quedó postrado en una silla de ruedas de por vida.

Desde entonces, las letras de sus canciones relatan historias y el drama que le tocó vivir. Son el universo absoluto del blues.

En 1961, volvió a Arkansas y se instaló en Pine Bluff, donde vive hoy en día. Pese a sus limitaciones físicas, siguió tocando todo lo que pudo. Recién a finales de los 70, algunas de sus canciones fueron incluidas en un álbum recopilación titulado Keep it to yourself: Arkansas blues, que fue editado por Rooster Blues Records en 1983. Davis se hizo amigo por aquél entonces del escritor Robert Palmer, autor del libro Deep Blues. En 1993, Palmer fue el productor del tremendo disco de Cedell, Feel like doin’ something wrong, el primero de tres álbumes que grabó para el sello Fat Possum.

A partir de su trabajo con el sello radicado en Oxford, Mississippi, Cedell Davis se volvió en un ícono del sur profundo. Participó de varios festivales, especialmente el de Helena, y siguió grabando. Uno de sus discos, Lightning struck the pine, editado por el sello Fast Horse, contó con la participación de músicos de bandas de rock como REM y Screaming Trees. En 2001, Buddy Guy grabó un tema suyo, She got the Devil in her, para su álbum Sweet Tea.

Cedell tocó la guitarra hasta 2012, cuando sufrió un derrame que le inmovilizó el lado derecho del cuerpo. Pese a ello, se presentó un par de veces en vivo sólo para cantar sus blues. Hoy tal vez esté transitando su último trecho de vida. Son pocos los discos que deja, pero ahí están, al alcance de quien quiera escucharlos. También se lo puede ver en toda su dimensión en You see me laughin’, un documental sobre la historia de Fat Possum. La esencia misma del blues está en su música, cruda y descarnada, tal como debe ser.

5 comentarios:

Mississippi Danny dijo...


Excelente Martin! cuando se habla sobre la raiz salen excelentes reportes como este. gracias.

Mariano Cardozo dijo...


Muy buen reporte Martin, felicitaciones. Un abrazo. MC

Mississippi Danny dijo...


te dejo * * * * * estrellas.

Juju Estrin dijo...


cuando se hablal de la música que se siente salen buenos reportes!

Mariano Agustin D'andrea dijo...

Muy bueno!