martes, 25 de octubre de 2011

Fiel a su estilo


No hay otro artista como Tom Waits. La combinación de su voz corroída por el whisky con esos ritmos que fusionan jazz, blues, rockabilly, rock y folk le dan una impronta única a su música. Su nuevo álbum, el primero de estudio en siete años, es una suerte de road trip en el que suenan canciones cortas y punzantes, fiel a su estilo y trayectoria. Una vez más, Waits comparte cartel en la creación de las canciones y en la producción junto a su musa, su esposa Kathleen Brennan. Aquí también suma la colaboración de otros grandes músicos que conforman un combo bien ecléctico: Keith Richards, Marc Ribot, Charlie Musselwhite, David Hidalgo (Los Lobos), Augie Meyers, Flea (Red Hot Chili Peppers) y un par de miembros de la Preservation Jazz Hall Orchestra, un clásico de Nueva Orleans.


La percusión una vez más es protagonista en un disco de Tom Waits, aquí los golpes acompasados se cuelan entre las notas sugestivas de cada una de los temas, de la mano de su hijo Casey. Las letras de las canciones son el otro fuerte de este inmenso álbum: desde el primer track, Chicago, en el que Waits recuerda el aluvión migratorio desde el campo a la gran ciudad en la década del cuarenta, hasta Kiss en el que el humo de los bares se cuela entre las palabras que buscan una rima forzosa.

La participación de Keith Richards es alucinante. Suma su guitarra en Satisfied, un tema que tiene un ritmo de blues frenético, en el que Waits degenera en un shouter feroz y canta con cierta ironía: Dije que voy a tener satisfacción / que voy a estar satisfecho / antes de que me vaya / Ahora, señor Jagger y Señor Richards me rascaré donde me pique. Last leaf, con Richards secundando el canto de Waits, es una balada tan cruda como alucinante. Get lost es otra de las joyas del disco, un sonido rockabilly como si los Stray Cats se hubieran trasegado botellas de bourbon antes de empezar a tocar.

La música de Tom Waits es difícil de digerir para los que no están acostumbrados a su presencia escénica, a ciertas extravaganzas y a la brutalidad de su sonido. Bad as me, así como fue Mule Variations (1999), no es tan experimental como, por ejemplo, Blood money (2002), pero es un álbum un poco más abarcador, en el que Waits no pierde un ápice de fidelidad a su estilo, ese que supo cultivar durante las últimas cuatro décadas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

el mejor de todos!!!

Lautaro

Anónimo dijo...

"No hay otro artista como Tom Waits." Gran verdad y gran comienzo de nota, compañero. Ya me pongo a buscar este álbum...

Mariano P.