Raymond Hill estuvo ahí cuando nació el rock & roll. Era uno de los saxofonistas de los Kings of Rhythm, la banda de Ike Turner que, a comienzos de 1951 –algunos dicen el 3 de marzo y otros el 5-, grabó en Sun Records, el legendario estudio de Sam Phillips en Memphis, el tema Rocket 88, considerado por muchos la piedra basal de la música que conquistó la segunda mitad del siglo XX. La canción quedó registrada a nombre de Jackie Brenston and his Delta Cats, porque Brenston fue el cantante, mientras que Turner tocó el piano. Pero la participación de Hill también resultó trascendental por un solo muy intenso que comienza luego de la arenga del vocalista: "Blow your horn Raymond".
Raymond Earl Hill había nacido el 29 de abril de 1933 en Clarksdale, Mississippi. Sus padres regenteaban un conocido juke joint de Lyon, una pequeña localidad en las afueras de la ciudad, y allí, en la década del cuarenta, el pequeño Raymond creció escuchando a músicos como Sonny Boy Williamson y Robert Nighthawk. En ese mismo lugar empezó a tocar el saxofón y tiempo después conoció a Turner, otro oriundo de Clarksdale, con quien formó la mítica banda.
Tras unos años tocando en el Delta de Mississippi y alrededores les llegó la oportunidad de ir a Memphis y no la desaprovecharon. Rocket 88 llegó inmediatamente al puesto número 1 de los charts. Pero las regalías no fueron las suficientes para los músicos ante el éxito rotundo de la canción. Hill renunció a la banda y, en 1952, grabó cinco temas para Phillips que no fueron editados. Entonces se abocó a trabajar como músico de sesión. Ese año grabó con Clayton Love para el sello Aladdin y con Little Junior Parker para Sun Records, aportando su saxo en Mistery train. En 1954, acompañó a Billy "The Kid" Emerson (Sun Records) y Jesse Knight (Checker) y finalmente grabó dos temas más como solista para Phillips que sí fueron editados en un single de 78 rpm (The Snuggle y Bourbon Street Jump). Ambos tracks fueron reeditados en la década del setenta junto a los cuatro que no habían visto la luz (Long gone Raymond, My baby left me, Somebody's been carryin' your rollin' on y I’m back pretty baby) en una compilación del sello inglés Charly R&B sobre la historia de Sun Records. La única de sus grabaciones de 1952 que no había sido editada, Sittin' on top of the world, finalmente lo hizo en 1985 en un compilado que se llamó Memphis blues-Unissued tracks from de 1950's.
A mediados de los cincuenta emigró a Chicago donde participó de las sesiones de Dennis Binder para Modern Records y también volvió a colaborar con Parker. En 1956 se fue a St. Louis y se reincorporó a los Kings of Rhythm de Ike Turner con los que participó de las grabaciones para Federal junto a Jackie Brenston y Billy Gaytes, unas joyas perdidas del rhythm and blues que recién fueron editadas por Charly R&B en 1991.
En 1957, Raymond Hill comenzó una relación con una de las coristas de la banda, Anna Mae Bullock, que pronto sería mucho más conocida por su nombre artístico: Tina Turner. El romance entre la joven Tina y Hill fue efímero y no tan apasionado, según se desprende de varias biografías, pero ella quedó embarazada de su primer hijo, Craig. La pareja se separó cuando Hill se fracturó una pierna y decidió volver a Clarksdale antes de que naciera el niño. Poco tiempo después ella comenzaría una relación con Ike Turner y esa es una historia conocida.
En la década del sesenta, Hill salió de gira con Albert King y poco más se recuerda de él. Se cree que se retiró de la música durante años hasta que el musicólogo David Evans lo grabó en 1979 para el primer single de su sello High Water. Hill registró un blues bien crudo, Going down, con su hijo Andrew Hill en guitarra que en el lado B llevó un tema cantado por su esposa, Lillie Hill. Ese mismo sello después grabaría a grandes figuras del hill country blues como Jesse Mae Hemphill, Junior Kimbrough y R.L. Burnside, entre otros.
Raymond Hill murió de un ataque cardíaco el 16 de abril de 1996, pocos días antes de cumplir 63 años, en su Clarksdale natal. Su historia, como la de muchos de sus contemporáneos, se perdió con el paso del tiempo, pero su solo de saxo en el amanecer del rock and roll seguirá sonando por siempre.































Super Blues. El primer intento de Leonard Chess para mejorar sus finanzas fue juntar a tres de sus máximas figuras en un solo disco. Es por eso que, en 1967, creó Super Blues, que tenía como protagonistas a Muddy Waters, Bo Diddley y Little Walter. Fue editado por la firma subsidiaria Checker Records y la selección de temas era un combo de lo mejor de cada uno de ellos: Long distance call, I just want to make love to you, I’m a man, Who do you love?, Juke y My babe. Pese a que la banda fue reforzada con Otis Spann y Buddy Guy, el estado de Little Walter fue un problema: ya estaba muy enfermo –de hecho moriría un año después-, casi no podía tocar su armónica y su voz parecía oxidada, fuera de registro. De todas maneras, Muddy y Bo Diddley pusieron mucho de sí mismos para lograr un álbum decente. Claro que queda empañado si se lo compara con los que ellos mismos habían grabado diez años antes y con los que grabarían tiempo después. Lo que se puede rescatar de Super Blues es cierto espíritu festivo y el dueto de voces de estos grandes del blues, que no es poco.
The Super Super Blues Band. Seis meses después de Super Blues, Leonard Chess decidió juntar el agua con el aceite en materia de personalidades. Pensó que sería una buena idea reunir a Howlin’ Wolf con Muddy Waters y Bo Diddley. La relación entre Muddy y Wolf siempre había sido muy tirante y competitiva. Los dos se venían disputando el cetro del rey del blues de Chicago y en este disco sus diferencias quedaron de manifiesto. El álbum tiene ocho canciones en las que Wolf y Muddy luchan por sobresalir. Buddy Guy y Otis Spann también son de la partida y aquí además se suma Hubert Sumlin. Pero semejante lista de nombres no llega a la altura de lo esperado. Para empezar hay en casi todos los temas unos coros femeninos bastante molestos, Bo Diddley le da un efecto wah wah innecesario a su guitarra y Wolf interrumpe a Muddy cada vez que puede con alguna interjección. Pero los coleccionistas saben valorar que se trata de un documento histórico, que por más que musicalmente no sea de lo mejor, logró reunir a dos de los más grandes de la historia del blues de Chicago en un mismo estudio.
Electric Mud. En la película Godfathers and sons, de la serie de blues producida por Martin Scorsese, Marshall Chess reúne 30 años después a la banda que tocó con Muddy Waters en 1968 (Phil Upchurch, Pete Cosey y Charles Stepney, entre otros), para hacer una versión de Mannish boy junto a músicos de otra generación, entre los que están los raperos Chuck D (Public Enemy) y Common. En la película, Marshall Chess confiesa que cuando salió Electric Mud fue muy criticado: “Dijeron que era el peor disco de blues de la historia, pero ni siquiera lo habíamos hecho queriendo que sea un disco de blues”. Chuck D y los otros músicos llegan a la conclusión de que el álbum resultó un puente generacional, especialmente entre los jóvenes negros que se criaron escuchando hip hop. “Así descubrí el blues”, asegura el célebre rapero. Lo cierto es que Electric Mud no suena como ningún otro disco de Muddy, salvo por After the rain que se editó al año siguiente. Suena avant garde, funky, psicodélico, hipnótico. Muddy reinterpreta algunos de sus viejos temas –Hoochie Coochie man, Mannish boy y I just want to make love to you- y canta por primera vez Let’s spend together, de los Rolling Stones, y una extraña canción llamada Herbert Harper's Free Press News, que terminó inspirando al mismísimo Jimi Hendrix. En su momento, el álbum ni siquiera le gustó a Muddy y supongo que menos le habrá gustado el peinado de la sesión de fotos. Pero el tiempo lo revalorizó, lo convirtió en un álbum esencial de cualquier discografía.
The Howlin' Wolf Album. Si a Muddy Waters no le gustó Electric Mud, ni hablar de lo que pensó Howlin’ Wolf acerca del disco que le hicieron grabar a él con la misma banda. La leyenda de la portada del disco es elocuente. “¿Por qué no agarran todos los wah wah y la otra mierda y la tiran al lago?”, le preguntó Wolf durante un receso de la grabación al guitarrista Pete Cosey, quien años después terminaría tocando junto a Miles Davis. Musicalmente es muy parecido a Electric Mud. La diferencia está en que Muddy le puso onda y garra al disco, por más que no estuviera cómodo con la situación. En cambio, Wolf no pudo disimular su fastidio y eso se nota. Hace poco fue reeditado en cd y es una buena oportunidad para escucharlo con atención, analizar el contexto en el que se grabó y disfrutarlo en lugar de juzgarlo.


