miércoles, 23 de septiembre de 2026

John Coltrane, cien años del hombre que expandió los límites del jazz

A cien años del nacimiento de John Coltrane, su música conserva la fuerza exploratoria que lo convirtió en una de las figuras centrales del jazz del siglo XX. Saxofonista de técnica deslumbrante, compositor y líder de algunos de los grupos fundamentales de su tiempo, en apenas una década al frente de sus propias formaciones recorrió el hard bop, la improvisación modal y el free jazz, en una búsqueda que terminó por unir experimentación musical y espiritualidad. Murió en 1967, a los 40 años, cuando su obra todavía avanzaba hacia nuevos territorios.

Coltrane nació el 23 de septiembre de 1926 y creció en High Point, Carolina del Norte. La música apareció temprano en su vida: en 1939 ingresó a una banda comunitaria, donde tocó clarinete y corno alto, y luego adoptó el saxo alto en la escuela secundaria. Tras graduarse, en 1943 se instaló en Filadelfia, ciudad en la que profundizó su formación y comenzó a tocar en clubes. En 1945 fue reclutado por la Marina y destinado a Hawái. Allí realizó, el 13 de julio de 1946, su primera grabación conocida, una versión de Hot House, de Tadd Dameron.

De regreso en Filadelfia pasó por distintas orquestas y cambió el saxo alto por el tenor, instrumento que quedaría definitivamente asociado a su nombre. Tocó con King Kolax, Jimmy Heath y Dizzy Gillespie, con quien registró en 1951 su primer solo en disco. Los primeros años de la década también estuvieron atravesados por su adicción a la heroína, que afectó su carrera y llegó a costarle su puesto en la banda de Johnny Hodges.

El salto decisivo llegó en 1955, cuando Miles Davis lo incorporó a su quinteto junto con Red Garland, Paul Chambers y “Philly” Joe Jones. Con esa formación participó de una serie de grabaciones esenciales, entre ellas 'Round About Midnight, Cookin', Relaxin', Workin' y Steamin'. La relación con Davis atravesó interrupciones vinculadas con los problemas de adicción de Coltrane, hasta que en 1957 el saxofonista logró abandonar las drogas y comenzó a consolidar su propio camino. Ese año grabó su primer disco como líder, Coltrane, y poco después registró Blue Train. También se incorporó al cuarteto de Thelonious Monk, una experiencia clave para el desarrollo de su lenguaje.

Su forma de tocar se volvió cada vez más intensa y expansiva. El crítico Ira Gitler acuñó en 1958 la expresión “sheets of sound” para describir aquellas ráfagas de notas que Coltrane desplegaba sobre el saxo tenor. En 1959 volvió a dejar una marca junto a Miles Davis en Kind of Blue, álbum construido alrededor de la improvisación modal y convertido en una de las grabaciones más celebradas de la historia de la música.

Ese mismo año grabó Giant Steps, publicado en 1960 y compuesto íntegramente por piezas propias. El disco terminó de afirmar su condición de líder y abrió la etapa de mayor transformación de su música. En abril de 1960 dejó definitivamente el grupo de Davis y formó su propia banda. El piano quedó pronto en manos de McCoy Tyner y la batería pasó a Elvin Jones, mientras Coltrane incorporaba cada vez con mayor frecuencia el saxo soprano.

Con ese instrumento registró en octubre de 1960 My Favorite Things, la canción de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II que convirtió en una de sus piezas emblemáticas. El éxito de la grabación amplió su popularidad y acompañó su llegada a Impulse! Records, sello para el que desarrollaría la etapa más audaz de su carrera. Su música comenzó a ser definida como avant-garde, free o “The New Thing”, con improvisaciones extensas y estructuras cada vez más abiertas. En 1961 grabó Live at the Village Vanguard, donde la interpretación de 16 minutos de Chasin' the Trane condensó esa vocación exploratoria.

Durante los años siguientes amplió todavía más el alcance de su obra. Grabó Ballads, un álbum junto a Duke Ellington y otro con el cantante Johnny Hartman; publicó Impressions, Live at Birdland y Crescent y en 1965 llegó a A Love Supreme, uno de sus trabajos más reconocidos. El álbum integró de manera explícita su búsqueda espiritual con su exploración musical, obtuvo dos nominaciones al Grammy y se convirtió en su disco más vendido. 

Grabado durante dos días de diciembre de 1964 por el cuarteto clásico de Coltrane -con Elvin Jones, McCoy Tyner y Jimmy Garrison- A Love Supreme reunió sus innovaciones musicales con la profunda espiritualidad que marcaba su vida. La obra está dividida en cuatro partes -Acknowledgement, Resolution, Pursuance y Psalm- que trazan un recorrido desde el despertar espiritual hasta la iluminación. En apenas 33 minutos, Coltrane convirtió esa experiencia en una música intensa, emotiva y por momentos cercana a la plegaria.

También en 1965 apareció Ascension, otra muestra del rumbo cada vez más libre que había adoptado su música. Un año más tarde se editaron Kulu Se Mama y Meditations, sus últimas grabaciones publicadas durante su vida. Coltrane alcanzó a terminar y aprobar Expression apenas días antes de morir de cáncer de hígado, en julio de 1967. Tenía 40 años y había transcurrido apenas una década desde la aparición de su primer LP como líder. 

Su catálogo siguió creciendo mucho después de su muerte. Grabaciones en vivo, sesiones perdidas y material de archivo volvieron periódicamente a colocar su nombre en circulación: recibió un Grammy en 1981 por Bye Bye Blackbird y el premio a la trayectoria de la Academia en 1992. Décadas más tarde aparecieron registros como Both Directions at Once: The Lost Album, procedente de una sesión de 1963, y Blue World, grabado en 1964 entre las sesiones de Crescent y A Love Supreme.

El centenario encuentra así a Coltrane con una obra que todavía funciona como referencia para generaciones de músicos. Su legado reposa en sus discos y también en una concepción de la creación basada en la experimentación, el riesgo y una dedicación permanente al oficio. Su recorrido, desde las primeras bandas hasta los límites del free jazz, quedó condensado en poco más de dos décadas de actividad profesional que alcanzó para modificar el vocabulario del jazz.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Aerosmith antes de ser Aerosmith: las cintas que revelan el nacimiento de una leyenda


Mucho antes de los estadios, los millones de discos vendidos, los videos de MTV y las canciones que convertirían a Aerosmith en una de las bandas más populares del rock estadounidense, hubo una época en la que Steven Tyler, Joe Perry, Tom Hamilton, Joey Kramer y Brad Whitford eran apenas un grupo de jóvenes músicos tratando de encontrar su sonido. De ese momento casi doméstico, todavía sin contratos ni fama, quedaron unas cintas que durante décadas permanecieron olvidadas y que recién en 2022 fueron editadas bajo el título 1971: The Road Starts Hear.

Escucharlas hoy supone retroceder 55 años y entrar en una sala de ensayo de Boston donde Aerosmith todavía no era Aerosmith en el sentido que la historia le daría después a ese nombre. La banda se había formado alrededor de 1970, a partir del encuentro entre Tyler, Perry y Hamilton, con Joey Kramer en batería y, poco después, Brad Whitford ocupando el lugar de Ray Tabano como guitarrista. En esos primeros tiempos, el grupo funcionaba como una banda de bares, alimentada por el blues, el rock británico y la necesidad de tocar cada vez más fuerte y mejor.

Ese es precisamente el valor de The Road Starts Hear: documenta a una banda que todavía está tratando de convertirse en aquello que finalmente será. Las grabaciones fueron realizadas en octubre de 1971 con una grabadora Wollensak perteneciente a Joe Perry, durante ensayos en Boston. Mark Lehman, dueño de la camioneta que utilizaba la banda y uno de sus primeros roadies, estuvo detrás de esas tomas. La cinta terminó archivada durante décadas hasta ser recuperada de los llamados Vindaloo Vaults de Aerosmith.

El documento contiene siete canciones: Somebody, Reefer Head Woman, Walkin’ the Dog, Movin’ Out, Major Barbara, Dream On y Mama Kin. Varias de ellas terminarían formando parte del repertorio que Aerosmith llevaría al estudio para su primer álbum, publicado en 1973. 

Dream On, que sería uno de los grandes clásicos de Aerosmith, aparece aquí en un estado todavía embrionario, con otra versión de la segunda estrofa, mayor presencia del piano y un final que sería descartado para la grabación definitiva. La voz de Tyler también suena diferente: más cruda, menos controlada, lejos todavía del cantante que pocos años después desarrollaría una de las personalidades más reconocibles del hard rock.

Mama Kin permite escuchar otro proceso de transformación. El riff que luego se volvería inmediatamente reconocible aparece aquí ejecutado con una guitarra más limpia y con una impronta mucho más cercana al blues de los años 60. En Walkin’ the Dog, el clásico de Rufus Thomas que también versionaron en sus comienzos los Rolling Stones, la banda se mueve con una soltura casi de jam, mientras Reefer Head Woman exhibe con especial claridad el vínculo de Tyler y Perry con el blues. Esa canción sería grabada nuevamente en 1979 para Night in the Ruts. Major Barbara, por su parte, permanecería durante años fuera del repertorio de estudio y recién aparecería oficialmente en 1986, en Classics Live.

El sonido está lejos de ser perfecto. La grabación es turbia, irregular y por momentos desprolija. Pero justamente allí reside buena parte de su interés. No hay todavía una producción que acomode las guitarras, corrija los errores o transforme a Tyler en el showman que llegará después. Lo que aparece es una banda de blues-rock pesada, con influencias que van desde el blues estadounidense hasta Jeff Beck, The Yardbirds y Led Zeppelin. La revista Rolling Stone definió esas canciones como una suerte de “fósil” de Aerosmith.

La edición de 2022 comenzó como un lanzamiento limitado para el Record Store Day de 2021, en cassette y vinilo, y luego llegó al CD, al formato digital y nuevamente al vinilo. Aquella primera edición se agotó rápidamente y llegó incluso a las listas de Billboard, una respuesta significativa para un registro que llevaba medio siglo guardado y que, en términos estrictos, no era un nuevo álbum de la banda.

Más de medio siglo después, esas voces y esos instrumentos funcionan como una cápsula del tiempo. El debut de 1973 marcaría el comienzo discográfico de Aerosmith, pero estas cintas permiten retroceder todavía un paso más: hasta el momento en que la historia todavía no había comenzado oficialmente y la banda simplemente ensayaba, tocaba, se equivocaba y volvía a empezar. En ese sonido imperfecto, áspero y todavía en construcción aparece, quizás, la versión más genuina de Aerosmith: la de una banda que todavía no sabía que estaba a punto de convertirse en leyenda.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Cassandra Wilson, una voz que llevó el jazz más allá de sus fronteras


Cassandra Wilson, una de las voces más singulares y reconocidas del jazz estadounidense de las últimas décadas, murió el miércoles a los 70 años en su ciudad natal de Jackson, Mississippi, rodeada por familiares y amigos. La noticia fue comunicada por su representante de toda la vida, Robert Torre, quien la definió como una “artista de jazz legendaria”. No se informó la causa del fallecimiento y la familia pidió privacidad.

Cantante, compositora y productora, Wilson construyó una trayectoria de más de tres décadas a partir de una voz de contralto grave, expresiva y de enorme flexibilidad, pero también de una particular manera de entender el jazz: como un territorio abierto a fusionarse con el blues, el folk, el pop, el country y el rock.

Nacida en 1955 en Jackson, creció en una familia vinculada con la música y la educación. Su padre era profesor de música y contrabajista de jazz, mientras que su madre era maestra de escuela primaria. Comenzó a estudiar piano a los seis años y a los 12 incorporó la guitarra. Durante la adolescencia escribió sus primeras canciones, de orientación folk, tocó el clarinete y participó en distintas producciones teatrales.

Después de estudiar en Millsaps College y Jackson State University, donde se graduó en Comunicación, continuó desarrollándose como cantante en bandas locales, cafés y escenarios de su ciudad. En 1981, un trabajo en la televisión la llevó a Nueva Orleans, donde entró en contacto con figuras fundamentales del jazz de esa ciudad, entre ellas Ellis Marsalis, Earl Turbinton y Alvin Batiste.

Ese período resultó decisivo. Poco después se trasladó a Nueva York y se vinculó con el saxofonista Steve Coleman, convirtiéndose en una de las voces principales del M-Base Collective, un movimiento que buscaba renovar el lenguaje del jazz a partir de estructuras rítmicas y armónicas alejadas de las convenciones tradicionales.

Como solista debutó en 1986 con Point of View, un disco en el que ya aparecía acompañada por Coleman y otros músicos vinculados con aquella escena. Fue a comienzos de los noventa cuando encontró una identidad artística que la distinguiría definitivamente.

Con Blue Light 'Til Dawn (1993) se alejó de los formatos más convencionales del jazz vocal para abordar un repertorio acústico y marcado por el blues. Allí convivían composiciones propias con canciones de Robert Johnson, Van Morrison y Joni Mitchell. Dos años después llegó New Moon Daughter, una obra que le valió su primer Grammy, en 1997, al mejor álbum de interpretación vocal de jazz.

Su capacidad para transformar materiales ajenos se convirtió desde entonces en una de sus principales características. Wilson podía acercarse a los estándares clásicos con la misma naturalidad con la que reinterpretaba canciones de los Beatles, Hank Williams o Joni Mitchell. También exploró la obra de Miles Davis en Traveling Miles (1999) y participó en proyectos de colegas como Dave Holland, Bill Frisell y Wynton Marsalis.

Su colaboración con Marsalis tuvo además una dimensión especialmente significativa: Wilson participó en Blood on the Fields, la monumental obra que obtuvo el Pulitzer de Música en 1997.

Durante los años siguientes mantuvo esa vocación exploratoria. Belly of the Sun (2002) volvió a combinar composiciones propias con piezas de Robbie Robertson, Jimmy Webb y Antonio Carlos Jobim; Glamoured (2003) reforzó su faceta como compositora; y Thunderbird (2006) incorporó elementos del hip-hop y el sampling.

En 2008, con Loverly, regresó al repertorio de estándares y obtuvo su segundo Grammy, esta vez por mejor álbum de jazz vocal. Después llegaron Silver Pony (2010), Another Country (2012) y Coming Forth by Day (2015), un homenaje a Billie Holiday producido por Nick Launay, conocido por su trabajo con artistas del rock.

Reconocida también con un Django d'Or, un Edison Music Award y una distinción en el Mississippi Blues Trail, Cassandra Wilson dejó una obra difícil de encasillar. Su legado no se limita a la tradición del jazz vocal: fue, sobre todo, el de una artista que entendió la interpretación como una forma de reinvención permanente.