sábado, 29 de agosto de 2026

Gonzalo Bergara, un relato de blues construido nota por nota


Gonzalo Bergara
es de esos guitarristas que no necesitan demasiadas apariciones para dejar en claro de qué son capaces. Su regreso con el trío que integran su hermano Maxi Bergara en batería y Mariano D’Andrea en bajo, diez años después de la edición de Zalo’s Blues, permitió comprobarlo otra vez. El viernes por la noche, en Antiguas Lunas, el grupo ofreció un show sólido, preciso y sin concesiones, sostenido por un repertorio con el blues, el swing y el rock como protagonistas.

Con su Strato y una pedalera que tuvo un papel decisivo en la construcción del sonido, Bergara desplegó un repertorio en el que la técnica nunca quedó separada de la música. Sus solos no fueron demostraciones aisladas de destreza, sino pequeños relatos construidos con corcheas, negras y fusas, con pausas, desplazamientos y cambios de intensidad. El tono, uno de sus rasgos distintivos, es parte esencial de esa identidad que fue reconocida por guitarristas como Charlie Baty, Junior Watson y J.P. Soars.

La formación noventosa de Bergara apareció con claridad en No More, un shuffle que remite al lenguaje de los Fabulous Thunderbirds, y en Drinking, un rock & roll en el que su voz alcanzó la crudeza que el tema pedía. En Singing My Song apareció una impronta hendrixiana y una interpretación vocal intensa, con reminiscencias de JJ Grey.

El swing instrumental de Drawback fue uno de los momentos de mayor precisión, al igual que su particular versión de Mary Had a Little Lamb, rebautizada Mary Had a Schizophrenic Lamb por el yeite tocado al revés. Allí Bergara llevó la guitarra hacia zonas de gran complejidad sin perder de vista la estructura de las canciones ni el pulso del trío.

La noche tuvo además un episodio inesperado. En medio de un blues lento y profundo, cuando había llevado la interpretación hasta un punto de máxima tensión, Bergara rompió una cuerda. Mientras su hermano y D’Andrea mantuvieron el pulso de la música, el guitarrista la cambió y, en ese momento, su mujer y su pequeño hijo se acercaron al escenario para despedirse. Bergara aprovechó la situación para bromear y convirtió el pequeño contratiempo en un momento de complicidad con el público, que respondió con risas y aplausos. Para el cierre presentó una versión sietemesina de Tired, una canción de su próximo disco.

Entre los asistentes estuvieron músicos como Hugo Mangeri, Pato Raffo, César Valdomir y Juancho Hernández. Su presencia aportó otra lectura a una noche en la que Bergara volvió a mostrar por qué su guitarra despierta atención entre sus pares: no sólo por lo que puede tocar, sino por la manera en que consigue convertir cada frase en parte de un discurso propio.

sábado, 8 de agosto de 2026

Fernando Goin, una celebración de la música sin artificios

Fotos Alan Distefano.

En tiempos en los que la velocidad, lo efímero y las imágenes cuidadosamente impostadas se  imponen sobre el contenido, escuchar a Fernando Goin es casi un acto de resistencia. El guitarrista, cantante, compositor y coleccionista de discos ofreció el jueves por la noche, en un Thelonious colmado, un show que fue mucho más que un repaso por el cancionero tradicional estadounidense: fue un viaje hacia el las raíces del rock and roll.

Acompañado por Santiago "Rulo" García en guitarra con slide, y Mauro Bonamico en contrabajo, Goin construyó durante una hora y media un paisaje sonoro donde el country, el blues y el folk convivieron con absoluta naturalidad. El recorrido comenzó con Ma Rainey, la composición de Memphis Minnie dedicada a la legendaria "madre del blues", para continuar con una sutil versión de I Can't Get You Off My Mind, de Hank Williams. El trío siguió con Will the Circle Be Unbroken, el himno cristiano compuesto en 1907 que décadas después popularizó The Carter Family, una interpretación cargada de emoción y respeto por la tradición.

Uno de los momentos más inspirados de la noche llegó con On the Sunny Side of the Street. Sobre la melodía inmortalizada por Louis Armstrong, Goin y sus músicos imprimieron un elegante aire jazzero. Luego llegaron Truckin' My Blues Away, de Blind Boy Fuller, y el clásico Rollin' and Tumblin', que tiñeron la sala de blues rural y prepararon el terreno para la aparición de la armoniquista Ximena Monzón. La invitada desplegó toda su sensibilidad en Trouble in Mind y Little Black Train, aportando una sonoridad que enriqueció aún más el repertorio.

La segunda mitad del concierto retrocedió todavía más en el tiempo. Goin visitó el universo de Jimmie Rodgers con Miss the Mississippi and You y Peach Pickin' Time in Georgia, recreando con notable exactitud el inconfundible Blue Yodel que convirtió al músico estadounidense en el padre de la música country.

Entre clásicos de un mundo que ya no existe, como Blue Moon, Milk Cow Blues y Big Bill Blues, también hubo espacio para uno de los compositores que más marcaron su carrera: Bob Dylan. Del autor de Blowin' in the Wind, a quien Goin ya había homenajeado con un álbum completo de versiones, sonaron Leavin' the Blues, I'll Be Your Baby Tonight y Don't Think Twice, It's All Right, interpretadas con la sobriedad y el respeto que caracterizan su manera de abordar el repertorio ajeno.

Para los bises volvió a sumarse Ximena Monzón en Kansas City, antes de un cierre a puro blues con Moanin' the Blues, que encontró a Goin cantando con la misma pasión con la que transita este repertorio desde hace décadas.

El show confirmó el sólido funcionamiento del trío, que prometió más presentaciones de aquí a fin de año. El trabajo de Rulo García, alternando la guitarra con slide y el dobro, aporta ese inconfundible color sonoro asociado al country y al blues del sur de Estados Unidos, mientras que Bonamico sostiene cada canción con un contrabajo preciso, de pulso firme y siempre al servicio del ritmo.

Goin lleva años defendiendo una tradición musical que considera fundacional, esa música que, como dijo, "nos dio el rumbo". Un rumbo que lo llevo a estudiar y versionar a los grandes maestros del blues y el country, y también a desarrollar una obra propia profundamente atravesada por esas influencias. Lo de Thelonious fue una celebración de la música hecha sin artificios. Orgánica, honesta y tocada con las manos, con el corazón y con un profundo apego por una tradición que tiene a Fernando Goin a uno de sus intérpretes más auténticos.