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| Fotos Alan Distefano. |
En tiempos en los que la velocidad, lo efímero y las imágenes cuidadosamente impostadas se imponen sobre el contenido, escuchar a Fernando Goin es casi un acto de resistencia. El guitarrista, cantante, compositor y coleccionista de discos ofreció el jueves por la noche, en un Thelonious colmado, un show que fue mucho más que un repaso por el cancionero tradicional estadounidense: fue un viaje hacia el las raíces del rock and roll.
Acompañado por Santiago "Rulo" García en guitarra
con slide, y Mauro Bonamico en contrabajo, Goin construyó durante una hora y
media un paisaje sonoro donde el country, el blues y el folk convivieron con
absoluta naturalidad. El recorrido comenzó con Ma Rainey, la composición de Memphis Minnie dedicada a la
legendaria "madre del blues", para continuar con una sutil versión de
I Can't Get You Off My Mind, de Hank
Williams. El trío siguió con Will the
Circle Be Unbroken, el himno cristiano compuesto en 1907 que décadas
después popularizó The Carter Family, una interpretación cargada de emoción y
respeto por la tradición.
La segunda mitad del concierto retrocedió todavía más en el
tiempo. Goin visitó el universo de Jimmie Rodgers con Miss the Mississippi and You y Peach
Pickin' Time in Georgia, recreando con notable exactitud el inconfundible
Blue Yodel que convirtió al músico estadounidense en el padre de la música
country.
Entre clásicos de un mundo que ya no existe, como Blue Moon, Milk Cow Blues y Big Bill Blues, también hubo espacio
para uno de los compositores que más marcaron su carrera: Bob Dylan. Del autor
de Blowin' in the Wind, a quien Goin
ya había homenajeado con un álbum completo de versiones, sonaron Leavin' the Blues, I'll Be Your Baby Tonight
y Don't Think Twice, It's All Right,
interpretadas con la sobriedad y el respeto que caracterizan su manera de
abordar el repertorio ajeno.
Para los bises volvió a sumarse Ximena Monzón en Kansas City, antes de un cierre a puro
blues con Moanin' the Blues, que
encontró a Goin cantando con la misma pasión con la que transita este
repertorio desde hace décadas.
Goin lleva años defendiendo una tradición musical que
considera fundacional, esa música que, como dijo, "nos dio el rumbo".
Un rumbo que lo llevo a estudiar y versionar a los grandes maestros del blues y
el country, y también a desarrollar una obra propia profundamente atravesada
por esas influencias. Lo de Thelonious fue una celebración de la música hecha
sin artificios. Orgánica, honesta y tocada con las manos, con el corazón y con
un profundo apego por una tradición que tiene a Fernando Goin a uno de sus
intérpretes más auténticos.



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