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miércoles, 17 de abril de 2013

El gran malbec argentino



El malbec es originario del sur de Francia, pero encontró su suelo y su clima ideal en la Argentina, al pie de la cordillera de Los Andes, lo que la hace nuestra uva insignia. En los últimos diez años, creció exponencialmente la producción y la comercialización y eso hizo que, además de tener excelentes vinos, tengamos enólogos y bodegueros de prestigio internacional. Hoy hay vinos argentinos en las cartas de los principales restaurantes del mundo y en las góndolas de los supermercados de los cinco continentes.

Que el malbec haya dejado de ser una simple uva francesa de gran inserción en el nuevo mundo para pasar a ser el vino emblema argentino, lejos está de ser una novedad. Lo que sí es noticia es lo que nuestro país piensa hacer con el capital ganado. La efectiva fórmula marketinera de ‘El día de...’ se acopla y funciona como el combustible del proyecto económico y productivo. Repasemos: estadísticamente, el malbec equivale al 50 % de las exportaciones de vino argentino embotellado. El Plan Estratégico de Wines of Argentina proyecta para 2020 un porcentaje aún más ambicioso (70%). Por eso hoy, el malbec tuvo su día en el país y en otras 40 capitales del mundo (desde San Pablo hasta Shangai). El plan está en marcha y, al igual que el vino, cada día que pasa se pone mejor.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El enólogo


Por Mariano Valdivieso

No era luz lo que iluminaba su fino rostro contra el vidrio. Era el reflejo de la noche, que tenue y difusa se perdía inevitable entre la madrugada del domingo y la mañana del lunes. Implacable, el reloj transitaba el camino del tiempo sin que nadie pudiera alcanzarlo. Tuvo frío pero no se agitó: sacó lentamente su mano del bolsillo de la campera y se subió aún más el cierre. Tuvo que estirar su cabeza para asegurarse de que estaba libre de movimiento. Después, una especie de dulce brisa agitó la soledad de la calle; hojas como delatoras se movieron al sentirla pasar. Huele a lluvia; la calle, y una nube profusamente rosa se iluminó al pasar. La calle olía a lluvia; y la noche, pensó, huele a sangre. Sin quererlo, sonrió. De repente, como si alguien hubiera accionado un botón equivocado, su mente se abrió. La represa de sus recuerdos ya no pudo contener el autismo de la memoria. Ahora ya no sólo sonreía, también lloraba y gemía, gritaba y susurraba, cantaba y enmudecía. Su primer pensamiento, lo paralizó.

“Cuando lo probé, sentí que el tiempo entraba en mi boca. Como cuando estás de vacaciones y te llevan a esos manantiales milenarios. Aunque que quieras evitarlo, al tomar esa agua prístina, el tiempo está en tu boca. No sé cómo, pero saboreas la edad de la tierra. Con esto me pasó igual. Eso al principio; claro, porque apenas decodificaste eso te sobreviene el sabor del merlot. Delicado y sutil, la cosa varía de lo dulce a lo especiado sin que uno se dé cuenta. Apenas tragas, no es fuerte; viste, es más como ese tipo de cinta que usan en los aeropuertos para llevar y traer las valijas: siempre iguales, siempre previsibles. Tomar semejante brebaje, y descubrir que está picado es como esperar la valija... sin éxito. No era éste el caso, afortunadamente. Y su redondez fue tan contundente que para intentar repasar el sabor la mejor opción sin dudas era tomar otro sorbo, en vez de quedarte con la estela gutural. Ese merlot tenía seis años, y uno entero se la pasó reposando en roble francés y americano recién estrenado. “De primer uso”, le dicen. Yo prefiero recién estrenado porque le da un toque... hollywoodense. Lo bebí todo, aquel vino, aunque siendo de Mendoza, no fue hasta tiempo después que entendí que era especialmente original del Valle de Uco, en Tunuyán. Una opción es guardarlo mucho tiempo. Pero si no pueden evitarlo, recomiendo fuertemente llevarlo a un decantador, dejarlo unos minutos ahí antes de intentar asesinarlo... Porque si hay algo que no muere son los vinos como éste”.

Otra brisa, ésta ciertamente más fuerte y ruidosa, lo despertó del flash. Su emoción había quedado demasiado expuesta, y por eso se mordió el labio inferior, a modo de reproche. Después tragó saliva. Tragó la espesa y dulce saliva, hasta que parpadeando habló: “Callejón del crimen, qué buen vino por Dios...” Cristian Caccamo caminó unos cuantos pasos hasta que el tenue y siempre difuso reflejo de la luna rápidamente dejó de verlo para nunca más aparecer.

martes, 23 de octubre de 2012

Trasandinos

En los últimos meses vinieron a Buenos Aires un par de amigos chilenos. Y como son buenos amigos me trajeron un tinto cada uno. El primero fue Fucho Cornejo, editor del sitio www.2120.cl, quien vino en un viaje relámpago para ver a Buddy Guy en el Gran Rex. Me regaló un Quintay pinot noir 2010, que guardé con esmero hasta que hace pocas semanas decidí descorcharlo. Las notas de cata decían: “Rojo cereza. Aromas dulces de cereza y frambuesa, ciruelas negras maduras, vainilla fresca. Boca intensa, fresca, con nota floral y buena fruta roja madura”. El tiempo pasa y me sigo preguntando cuánto de chamuyo hay en todas esas descripciones. Mi olfato sigue siendo tan precario como antes y el sabor lo mido desde una perspectiva que es imposible describir. Lo cierto es que el vino estaba muy bueno. Era un pinot a la altura de lo esperado.

En septiembre el que llegó a Buenos Aires fue un personaje entrañable, al que conozco desde hace más de 15 años y con el que, pese a la distancia, supimos apuntalar una gran amistad. Oscar Olarán, reconocido piscolero y animador de eventos, trajo un Casa Rivas carménère, la uva insignia de los hermanos chilenos. El vino, que es uno de los recomendados de la prestigiosa revista Decanter, cumplió con todas las expectativas: voluptuoso, potente y rico. Y así como vinieron se fueron: los amigos volvieron a Santiago y el vino pasó de las copas a mi boca y de allí al infinito.

miércoles, 11 de julio de 2012

Pecados capitales

El frío estanca, domina las sensaciones, adormece. Por estos pagos no estamos tan acostumbrados a las bajas temperaturas. Menos de diez grados se sienten como cientos de dardos filosos pinchándonos la cara. Los labios se agrietan, las narices se ponen coloradas, la piel se reseca y las manos quedan tiesas. Como escribió un colega ayer: “La tarde se puso ideal para al menos tres pecados capitales, los mejores. Por orden alfabético: gula, lujuria y pereza”. Se puede disentir sobre cuál es el mejor, pero difícilmente se podría cambiar uno de esos pecados por alguno de los otros cuatro. Una hermosa mujer, un ambiente cálido y un buen plato de comidas suman para pecar sin culpa. Y nada mejor que un vino para que todo sea mucho más impune. Quieto calza a la perfección. Es un blend (50% cabernet franc, 30% malbec, 20% cabernet sauvignon) delicado, con un leve aroma a madera, que muestra sin pudor sus tonos oscuros con reflejos púrpuras. Es perfecto para cuando la tarde se tiñe de noche y se puede pecar acaloradamente.

viernes, 29 de junio de 2012

Pinoteando

En los últimos años hubo un boom de pinot noir en la Argentina. Como ya expliqué en otros post, el efecto Entre copas, por la película que protagonizó Paul Giamatti, generó que el pinot se convirtiera en la uva top del mercado vitivinícola estadounidense y también en algunos países europeos. Y aquí pasó algo similar. El pinot desplazó casi por completo del mercado al merlot. Recuerdo que me lo había anticipado hace un par de años el sommelier Daniel López Roca: “El merlot no se lo van a vender a nadie”, me dijo. Hoy en las vinerías, hay botellas de pinot de casi todas las grandes bodegas y de otras más pequeñas también. El fin de semana probé el Unoaked cosecha 2010 de Nieto Senetiner, un vino fresco, delicado en boca y muy equilibrado. Según explica en la contraetiqueta, el enólogo de la bodega decidió no pasar el vino por madera para “potenciar sus bondades”. Y la verdad hay que decirla: es un vino exquisito. Esta vez fue compañero de unos capeletis caseros con manteca y salvia al ritmo del blues.

lunes, 30 de enero de 2012

Señor Malbec

Hace unos años conducía un programa de radio junto a Mariano Valdivieso y Maxi García Solla. Uno de los momentos más aburridos de El Descorche –primero por Radio Eter y luego por La Isla- era la entrevista de rigor al dueño o gerente de marketing de alguna bodega mendocina, salteña o riojana. Claro que esto lo teníamos que hacer para poder degustar vinos gratis. Y bueno, la tarea del periodista es a veces así. Lo cierto es que los tipos con los que hablábamos obviamente se la pasaban enumerando las bondades de sus vinos y eso resultaba un bodrio. Todavía recuerdo las caras de fastidio de Maxi, como cierta humareda salía desde sus fosas nasales. Para molestarlos un poco, sin quedar agresivos, al final de la entrevista les pedíamos que recomendaran un vino de otra bodega. Al principio se mostraban incómodos. No están acostumbrados a hablar de la competencia. Pero después se animaban. Lo llamativo fue que casi el 80 por ciento de los que respondieron eligieron los vinos de Alta Vista, especialmente los malbec. Desde entonces comencé a prestarle más atención a los vinos de esa bodega. Y siempre que los bebí se amoldaron a cualquier tipo de comida. Ya sean los de la línea Classic o los Premiun. La otra noche descorché un malbec 2009 que estaba exquisito. Un vino con cuerpo y mucho vigor. Un señor malbec. Los años pasan y Alta Vista sigue produciendo vinos de excelente calidad.

lunes, 16 de enero de 2012

Vinho verde

Estamos en la playa. Brasil. Lluvia, calor, borrachudos. Samba y buena onda. La cena será un pollo bastante hormonal que se está asando en la parrilla. Y no queremos acompañarlo con las cervezas livianas y sin carácter que los amigos brasileños trasiegan día tras día. Ni Antartica, ni Skol, ni Bohemia. Menos que menos, Brahama. En el súper las opciones no son muchas. La góndola de vinos apenas tiene unas pocas botellas. Maxi sugiere el vino verde portugués Casal García. Cuarenta reales parece un precio alto, pero apostamos a un sabor diferente.

En el portal Directo al paladar encontré esta descripción. “Los vinos verdes portugueses (vinho verde) deben su nombre más al color del paisaje donde se cultivan los viñedos, que al color ambarino de estos vinos blancos frescos y ligeros, los más populares de Portugal, como este Casal Garcia que nos ocupa. Se producen en el Minho, en el noroeste de Portugal, en una zona rica en lluvias y con unas condiciones naturales ideales. De contenidos en alcohol entre 8,5 a 11,5 grados y abundante anhídrido carbónico, que les proporciona mucha aguja. Son vinos semisecos, a veces marcadamente ácidos, y no muy maduros, cuyas vides se han cultivado en una de las zonas más pobladas del país”.

El vino y el pollo se llevaron de fiesta. El primero se acabó. Ni una gota quedó en las copas. Del ave sobrevivió una pechuga que tendrá destino de almuerzo al día siguiente. Un maridaje ideal.

martes, 27 de diciembre de 2011

El vino del año

Una noche, a comienzos de este mes, fui a cenar a Doppio Zero, un restaurante del Bajo Belgrano en el que se comen las mejores pastas de Buenos Aires. Antes de pedirme unos orechietti con reducción de cordero elegí el vino. La carta, muy amplia, me llevó a pedir un Felino cabernet sauvignon. Pero el dueño del restaurante, un flaco muy atento que recorre todas las mesas y no deja detalle librado al azar, me dijo: “Por el mismo precio te recomiendo uno que no tengo en la carta que es una delicia”. Lo dijo tan convencido que no me quedó otra que aceptar. Así, llegó a la mesa una botella de Palo Borracho, un cabernet fabuloso de Ernesto Catena. Uno de esos vinos que es difícil conseguir y que es muy grato disfrutar. El dueño del restaurante me contó que lo probó en una degustación y que cuando quiso adquirir unas cajas le dijeron que Frappé había comprado toda la partida. Así que, me explicó, no tuvo más remedio que comprarle unas cajas a la vinería. La cuestión es que el vino, en la temperatura justa, me pareció exquisito. Intenso, frutado, fresco. Fue de lo mejor que probé en el año.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El que sabe, sabe

Por Mariano Valdivieso

No es mi intención que este texto sea algo parecido a un tratado de medicina, pero créase o no ciertas personas traen en su ADN algún tipo de código de buen gusto. Ustedes dirán; che, no, pará... qué el buen gusto es un invento del capitalismo y la modernidad. Pues no. Un estudio -de dudosa procedencia- asegura que una de cada 250 millones de personas cae en este mundo con una genética especial. Así que para mí, Bluesman es de esos tipos. No es índigo, no es albino ni ventrílocuo. Tampoco erudito ni médium, pero tiene buen gusto. Bluesman me trajo un vino francés de Francia. Se pasó, la verdad. No tenía obligación, vieron, pero él tiene BG (buen gusto). En la etiqueta, el Bourdeaux dice Mouton Cadet (2008). Típica botella bordelesa, el contenido es sorprendente para bien y para mal.
Hablemos del vino:
- Color tipo cereza pero a trasluz parece más oscuro. Brillante.
- En copa, cuando agité el vino, la lágrima tardó en caer, densa, pesada. Típico francés.
- En nariz, con buena intensidad.
- Y justamente por la intensidad de la nariz fue que pensé que se venía algo medio alcohólico. Pero no! Oh, sorpresa! El brebaje era suave, frutal, equilibrado. En una palabra: sólido
Me lo tomé, me lo tomé todo. Lo disfruté como quien manotea el bidón de agua en el entretiempo de un partido de casados contra solteros. Después, miré una película o hice zapping. Y así quedé.
Mi amigo Bluesman seguramente me entendería.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Malbec para todos

El otro día, acompañando unas pastas secas, bebí por primera vez el Monte Cinco malbec. Me resultó exquisito, con mucho cuerpo y la presencia de la madera destacándose con soberbia. Luego leí que fue premiado varias veces en distintos concursos alrededor del planeta. El vino, perteneciente a la bodega de Arturo Bertona, es de la región de Luján de Cuyo, una de las mejores zonas vitivinícolas del mundo. La amplitud térmica, la tierra, y la mano mendocina son los tres factores fundamentales para que allí surjan vinos con estirpe, de esos que saben conquistar paladares.

El próximo número de la prestigiosa revista Wine Spectator estará dedicado casi exclusivamente al malbec. En la tapa anuncia: “Una uva olvidada, un suceso fenomenal “. Claro que el fenómeno no es nuevo. En los últimos años, especialmente después de la crisis de 2001 y gracias a las políticas del gobierno nacional, los bodegueros argentinos comenzaron a profesionalizar y masificar su pasión por los caldos. El resultado se ve cada día en la mesa de los argentinos y en los restaurantes. Y ya no es un secreto que se bebe malbec en otras partes del mundo. La mística mendocina ya llegó a Rusia, China, Noruega, Inglaterra y decenas de países en los cinco continentes.

El vino es la bebida nacional. El malbec, su emblema.

lunes, 10 de octubre de 2011

Grateful Wine

California es una de las regiones productoras de vino más importante del mundo. Y también fue la tierra en la que, a mediados de los sesenta, nació una de las bandas más grandes de la historia del rock: los Grateful Dead. Hoy, en honor a Jerry Garcia y sus muchachos, la empresa Wines that Rock acaba de lanzar un blend creado por el enólogo Mark Beaman. Las notas de cata de esta cosecha 2009 dicen que se trata de un vino que conjuga cerezas negras, tocino, vainilla y caramelo. El secreto de este caldo, que reposó 20 meses en barricas de roble, es el terroir -la zona de Mendocino county- y la combinación de cuatro uvas: syrah, petite syrah, zinfandel y grenache. El precio por botella ronda los 20 dólares, según figura en varias páginas de Internet. Wines that Rock ya lanzó otros productos al mercado: el Rolling Stones Forty Licks merlot; el Pink Floyd’s Dark Side of the Moon cabernet sauvignon; el Woodstock chardonnay y el blend The Police's Synchronicity. Ahora es tiempo de descorchar mientras escuchamos Workingman´s Dead, American Beauty o Anthem of the Sun. Un lujo.

viernes, 22 de julio de 2011

Nobile di Montepulciano

Guardé esta botella durante más de un año. Mi idea era descorcharla en una ocasión especial. Y qué más especial que la llegada de un amigo que vive lejos y al que veo pocas veces al año. El viernes pasado, cuando el día había cedido paso a la noche, saqué a la botella del rincón en el que reposaba y la descorché. Para no perder esa costumbre que teníamos, de la época en la que conducíamos el programa de radio El Descorche, acompañamos el vino con un exquisito queso de cabra que potenció todos los sabores. La Braccesca, Vino Nobile di Montepulciano, cosecha 2006, cumplió con todas las expectativas. “Mirá el color teja”, dijo Maxi mientras agitaba la copa y olía el aroma frutal que emanaba el caldo. Cuando ya nos habíamos acabado la mitad de la botella –aunque todavía quedaba la otra mitad optimista- llegaron las empanadas. Fue un gran reencuentro, noble, con un vino italiano delicioso del corazón de la región de la Toscana, uno de los suelos más generosos del mundo.

jueves, 30 de junio de 2011

De vino y blues

Una noche de otoño, húmeda y desabrida, decidí poner fin a las dudas sobre qué hacer y elegí quedarme en casa. El plan surgió al instante: escuchar una pila de discos y degustar un buen vino. Así fue como en el equipo empezó a sonar White African, de Otis Taylor, al tiempo que el sacacorchos penetraba la botella de Escudo Rojo, que había comprado unos meses antes en el free shop de San Pablo por apenas 20 dólares. Elaborado por la bodega Barón Philippe de Rothschild, en la zona de Maipo, Chile, Escudo Rojo cosecha 2008 es un blend de cuatro cepas: Cabernet Sauvignon, Carmenere, Syrah y Cabernet Franc. Empecé a degustarlo y pronto quedé prendado de sus aromas y su sabor. Lo acompañé con un queso de cabra que potenció todas sus virtudes. La seguidilla de discos siguió con Dislocation blues (Chris Whitley & Jeff Lang), Five long years (Eddie Boyd) y Searching for simplicity (Gregg Allman). El contenido de la botella fue bajando como cuando la marea se aleja de la costa. Recordar el aroma de los frutos rojos saliendo de la copa con discreción o el sabor contenido por la madera deambulando en mi boca son apenas dos momentos de una gran noche solitaria de vino y blues.

viernes, 27 de mayo de 2011

Del riñón de La Pampa

En la región del Alto Valle del Río Colorado, en la localidad pampeana de 25 de Mayo, hay una porción de tierra desértica de 140 hectáreas que produce unos vinos exquisitos. A quién se le hubiera ocurrido pensar hace unos años que de ese riñón de la provincia de La Pampa, casi en el límite con Neuquén, podrían reverdecer viñedos. La amplitud térmica juega un rol central para que se den variedades muy interesantes como Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah, Merlot, Chardonnay, Sauvignon Blanc y, especialmente, el Cabernet Franc, que de todos los que probé fue el que más me gustó. El 25/5, el vino económico de Bodega del Desierto, es un lujo a un precio más que razonable. Tal vez no sea tan sencillo conseguirlo: hay que buscarlo en vinerías o pedirlo en unos pocos restaurantes. Asi que si alguna vez lo ven en un exhibidor o en una carta no lo duden: pruébenlo.

domingo, 17 de abril de 2011

Trilogía

El verano se fue muy rápido, aunque el calor pretendió quedarse un poco más. En estos meses de mangas cortas, aire acondicionado y sudor inevitable descubrí el sabor exquisito de tres vinos blancos de lujo. Aunque tal vez, pensándolo mejor, “lujo” no es la palabra adecuada. Porque estos tres caldos son muy accesibles -ninguna botella supera los 50 pesos- y no hace falta tener un paladar preparado para disfrutarlos. Admito que durante muchos años me resistí a los vinos blancos, un poco porque la oferta era siempre la misma -80 por ciento Chardonnay y el resto Sauvignon Blanc- y otro poco porque el tinto es muy rico para dejar de beberlo. Pero el tiempo va cambiando pensamientos, alterando sentimientos y modificando gustos. Así que este último verano se produjo un cambio sutil en mis hábitos de consumo que fueron regados de oro líquido. El Escorihuela Gascón Viognier se consigue en cualquier lado, su precio ronda los 30 mangos (50 en un restaurante) y es de lo más rico y fresco que se pueda beber. El Ricardo Santos Semillón es un poco más caro y para conseguirlo hay que ir un poco más allá del chino de la esquina, pero cada sorbo justifica los pesos invertidos. El Alto Uxmal Pinot grigio apareció ya sobre el final de la temporada –al menos fue cuando yo lo descubrí-, creo que lo pagué algo así como veintipico y se sumó con mucho ímpetu a esta selección, a esta trilogía de inmensa frescura dorada.

viernes, 11 de marzo de 2011

Nacional y Popular

Acaba de salir un vino auténticamente peronista. Es una creación del artista Helmut Ditsch y el enólogo Gerardo Cacace. Se trata de un tinto de corte conformado por malbec, cabernet sauvignon, sangiovese y syrah. Viene con tapa a rosca y saldrá unos 20 pesos. Supongo que habrá mucha gente que tratará de conseguirlo a toda costa y otros que preferirán quedarse en sus casas con sus bananas.

Ante semejante acontecimiento peronístico se me ocurrió preguntarle a mi amigo René Roca, pejotista de la primera hora, su opinión:

“Es la hora de los pueblos, dijo el General. Y vaya que lo es cuando irrumpe en escena un vino de las características de ‘El justicialista’, un Nacional y Popular (podría llamarse así la cepa) con la calidad de nuestras vides y el talento de los hacedores argentinos. Es la hora de los pueblos cuando se arrima, semejante artista, a compartir sus musas con la masa. Es la hora de los pueblos cuando nuestra bebida nacional está etiquetada con la imagen de ese varón argentino y la inigualable dama de la patria”.

sábado, 26 de febrero de 2011

De madera

Era una noche para disfrutar solo, con un buen vino y la música fluyendo sin parar. Así como la madera que reviste los parlantes le da al sonido una calidad mayor, lo mismo pasa con determinados vinos que reposaron en barricas. Esto no quiere decir que todos los vinos que se añejan en madera sean mejores. No. Pero en el caso de este blend de Finca La Escondida 2006, el sabor y el aroma del roble hacen que este caldo de la zona mendocina de Maipú sea una exquisitez para los sentidos. Se trata de un vino con 15 meses de guarda en barrica, en el que las tres uvas que lo conforman –cabernet, syrah y merlot- lograron una fusión muy profunda, como el color que se ve en la copa. Están presentes los frutos rojos y algunas especias que no podría detallar. Entre sorbo y sorbo sonó Low country blues, de Gregg Allman; Slim’s shout, de Sunnyland Slim; y So many miles, de Chris Cain. En noches así, solitarias, el vino y la música son compañeros invalorables. Este pequeño post está destinado a preservar ese momento, inolvidable.

sábado, 15 de enero de 2011

Noche tánica

Hace casi un año, para mi último cumpleaños, un amigo me regaló esta botella de Adagio Esspresivo de la bodega uruguaya Toscanini. Durante este tiempo reposo junto a otros vinos hasta que anoche la saqué de su sopor y la sometí a un descorche doloso. Era un tannat cosecha 2004 que estaba en su punto justo. Potente, por momentos aterciopelado, abarcador y sutil acompañó una cena de fiambres y quesos. Mientras el vino fluía, dejando los sedimentos arrinconados en un sector de la botella, desde los parlantes la música sonaba con continuidad y perfume de mujer: Melody Gardot, Corinne Bailey Rae y Sandi Thom. Afuera, el calor había cedido un poco, gracias a una brisa austera que hacía fuerza por atravesar la noche. El vino marcó sus tiempos, fue el hilo conductor que empezó decantando su personalidad en una copa, siguió expandiendo aromas con cada movimiento circular hasta que finalmente la última gota dijo adiós.

martes, 2 de noviembre de 2010

La bebida nacional

Ayer el vino iba a ser declarado bebida nacional. Así lo decidió hace unas semanas la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. El acto que se iba a realizar en la Casa de Gobierno, con la firma del decreto, se postergó debido al duelo por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner. De todas maneras, es cuestión de días para que eso se formalice. A partir del año 2002, cuando la Argentina empezó a salir de la crisis, y más aún con las políticas implementadas por el Gobierno nacional desde 2003, la industria vitivinícola tuvo un florecimiento impresionante. Crecieron las exportaciones y el consumo interno. Nacieron nuevas bodegas y se generaron miles puestos de trabajo. El malbec se consolidó como la uva insignia de nuestro país y hoy es, sin dudas, nuestro embajador en el mundo. Además se empezaron a producir con mayor intensidad otro tipo de uvas que no tenían arraigo en nuestro suelo y que también se transformaron en vinos exquisitos. Hoy, en supermercados y vinerías, hay infinidad de opciones de precios y para todos los gustos. El vino llega a todos, se consume en todos lados sin distinción de clase. Era hora que semejante esfuerzo mancomunado tuviera su reconocimiento institucional.

lunes, 4 de octubre de 2010

El efecto Entre Copas

Hace un par de sábados miraba con atención la góndola de los vinos de un hipermercado y me encontré con que había una docena de pinot noir distintos. De ahí me fui a una conocida vinería y me encontré frente a una decena de botellas más. Compré algunas para probar, porque realmente el pinot es una uva muy interesante (por ahora no pienso en cambiarle el nombre al blog por Pinot & Blues) que va bien con lo que sea. Es un vino súper amable para tomarlo durante una charla o hasta en una sobremesa. Es delicado y no abruma. Y se puede paladear con gusto.

Consulté a un especialista para saber el por qué de este nuevo boom de pinot noir en Argentina. La respuesta de Daniel López Roca (creador de Argentine Wines) fue sencilla y razonable: “Claramente se debe al aumento del consumo en EE.UU. a partir de la película Entre Copas (Sideways / 2004)”. Y eso no es una apreciación de Daniel, sino que está fundamentado en un paper de Steven Cuellar, de la Universidad de Sonoma titulado The Sideways Effect: A Test for Changes in the Demand for Merlot and Pinot Noir Wines (El efecto Entre Copas: una prueba del cambio en la demanda de vinos merlot y pinot noir). Ahora, esto que pasa en EE UU desde hace unos años, está empezando a verse acá con fuerza. Le pregunté además si como efecto colateral también está en retroceso el consumo de merlot. “Cayó estrepitosamente en el mundo, se está recuperando afuera, pero acá no hay a quién vendérselo”, explicó.

Ya que este verano habrá una amplia variedad de pinot para elegir le pedí a Daniel que recomendara algunos: “Los que más me gustan son Chacra 32, Chacra 55 y Barda. En cuanto a vinos más accesibles están Fond de Cave Reserva, Marcus Gran Reserva y Barrel Fermented de Schroeder; otros: Finca Roja, Saurus Patagonia Select, Fin del Mundo Pinot Reserva, Primus Pinot Noir, y varios más. No recuerdo haber tomado uno que no me gustase”.