Los Rolling Stones llevan más de cuatro décadas sobreviviendo a un rumor que se repite con obstinación: el del final inminente. Desde las tensas sesiones de Dirty Work en los ochenta hasta la muerte de Charlie Watts en 2021, cada crisis pareció ofrecer una excusa perfecta para decretar el cierre de una historia que, a pesar de los años y los momentos vividos, sigue escribiéndose. Foreign Tongues, lanzado este viernes, vuelve a demostrar que el grupo más longevo del rock todavía encuentra motivos para entrar al estudio.
El disco llega tres años después de Hackney Diamonds, el trabajo que quebró casi dos décadas sin material original y que devolvió a la banda al centro de la escena. Aquel álbum funcionó como una reafirmación de vigencia y ahora Foreign Tongues deja en claro que la banda ya no necesita demostrar nada. En este disco suena más relajada, más espontánea y más cercana a sí misma.
Grabado en pocas semanas junto al productor Andrew Watt, el álbum apuesta por una dinámica casi de banda tocando en vivo. Mick Jagger cuenta las entradas en varias canciones, Keith Richards y Ronnie Wood recuperan ese viejo diálogo de guitarras que desde Some Girls forma parte del ADN stone, mientras Steve Jordan, reemplazante de Watts, reproduce con sorprendente naturalidad el pulso que durante seis décadas sostuvo el baterista fallecido. Darryl Jones completa una base sólida y Steve Winwood aporta teclados que refuerzan el costado soul del repertorio.
Aunque el listado de invitados incluye nombres tan llamativos como Paul McCartney, Robert Smith, Bruno Mars, Benmont Tench y Chad Smith, ninguno altera el equilibrio. Todos aparecen con discreción, dejando que el protagonismo permanezca donde corresponde. Incluso la participación póstuma de Charlie Watts en Hit Me in the Head evita convertirse en un recurso nostálgico: simplemente recuerda cómo sonaban los Stones cuando el motor original seguía en marcha.
Musicalmente, Foreign Tongues evita cualquier intento de aggiornarse mediante artificios. Hay rock de guitarras, rhythm and blues, country, soul y referencias permanentes a Chuck Berry, Muddy Waters y el blues eléctrico que dio origen a la banda. También aparecen una versión de You Know I'm No Good, de Amy Winehouse, y un cierre acústico con Beautiful Delilah, de Berry, interpretado únicamente por Jagger y Richards, como si durante unos minutos regresaran a aquellos adolescentes que compartían discos en la estación de Dartford.
Las nuevas composiciones tampoco esquivan el presente. Divine Intervention ironiza sobre el clima apocalíptico del mundo contemporáneo; Covered in You apunta contra los autoritarismos y los magnates tecnológicos; Ringing Hollow observa con desencanto un Estados Unidos distante del sueño que alguna vez fascinó a la banda. Sin transformarse en un manifiesto político, Jagger vuelve a demostrar que el comentario social sigue siendo una herramienta natural dentro de su escritura.
A sus casi 83 años, el cantante conserva una voz sorprendentemente firme y una capacidad intacta para alternar cinismo, humor y vulnerabilidad. Richards, por su parte, firma la emotiva Some of Us, una balada nacida de una idea que arrastraba desde los años 80 y que termina funcionando como uno de los momentos más sinceros del álbum.
Nadie espera que Foreign Tongues compita con la secuencia irrepetible que va de Beggars Banquet a Exile on Main St.. Ni siquiera los propios stones parecen interesados en esa comparación. Lo que consiguen aquí es algo menos grandilocuente pero quizá más difícil: sonar convencidos de seguir siendo una banda y no una institución dedicada a administrar su propio legado.
Queda la incógnita de si habrá otra gira o incluso otro disco. A esta altura, hacer pronósticos con los Rolling Stones parece un ejercicio condenado al fracaso. Cada vez que el calendario invita a pensar en una despedida, ellos responden con otra colección de canciones.