Mucho antes de los estadios, los millones de discos vendidos, los videos de MTV y las canciones que convertirían a Aerosmith en una de las bandas más populares del rock estadounidense, hubo una época en la que Steven Tyler, Joe Perry, Tom Hamilton, Joey Kramer y Brad Whitford eran apenas un grupo de jóvenes músicos tratando de encontrar su sonido. De ese momento casi doméstico, todavía sin contratos ni fama, quedaron unas cintas que durante décadas permanecieron olvidadas y que recién en 2022 fueron editadas bajo el título 1971: The Road Starts Hear.
Escucharlas hoy supone retroceder 55 años y entrar en una sala de ensayo de Boston donde Aerosmith todavía no era Aerosmith en el sentido que la historia le daría después a ese nombre. La banda se había formado alrededor de 1970, a partir del encuentro entre Tyler, Perry y Hamilton, con Joey Kramer en batería y, poco después, Brad Whitford ocupando el lugar de Ray Tabano como guitarrista. En esos primeros tiempos, el grupo funcionaba como una banda de bares, alimentada por el blues, el rock británico y la necesidad de tocar cada vez más fuerte y mejor.
Ese es precisamente el valor de The Road Starts Hear: documenta a una banda que todavía está tratando de convertirse en aquello que finalmente será. Las grabaciones fueron realizadas en octubre de 1971 con una grabadora Wollensak perteneciente a Joe Perry, durante ensayos en Boston. Mark Lehman, dueño de la camioneta que utilizaba la banda y uno de sus primeros roadies, estuvo detrás de esas tomas. La cinta terminó archivada durante décadas hasta ser recuperada de los llamados Vindaloo Vaults de Aerosmith.
El documento contiene siete canciones: Somebody, Reefer Head Woman, Walkin’ the Dog, Movin’ Out, Major Barbara, Dream On y Mama Kin. Varias de ellas terminarían formando parte del repertorio que Aerosmith llevaría al estudio para su primer álbum, publicado en 1973.
Dream On, que sería uno de los grandes clásicos de Aerosmith, aparece aquí en un estado todavía embrionario, con otra versión de la segunda estrofa, mayor presencia del piano y un final que sería descartado para la grabación definitiva. La voz de Tyler también suena diferente: más cruda, menos controlada, lejos todavía del cantante que pocos años después desarrollaría una de las personalidades más reconocibles del hard rock.
Mama Kin permite escuchar otro proceso de transformación. El riff que luego se volvería inmediatamente reconocible aparece aquí ejecutado con una guitarra más limpia y con una impronta mucho más cercana al blues de los años 60. En Walkin’ the Dog, el clásico de Rufus Thomas que también versionaron en sus comienzos los Rolling Stones, la banda se mueve con una soltura casi de jam, mientras Reefer Head Woman exhibe con especial claridad el vínculo de Tyler y Perry con el blues. Esa canción sería grabada nuevamente en 1979 para Night in the Ruts. Major Barbara, por su parte, permanecería durante años fuera del repertorio de estudio y recién aparecería oficialmente en 1986, en Classics Live.El sonido está lejos de ser perfecto. La grabación es turbia, irregular y por momentos desprolija. Pero justamente allí reside buena parte de su interés. No hay todavía una producción que acomode las guitarras, corrija los errores o transforme a Tyler en el showman que llegará después. Lo que aparece es una banda de blues-rock pesada, con influencias que van desde el blues estadounidense hasta Jeff Beck, The Yardbirds y Led Zeppelin. La revista Rolling Stone definió esas canciones como una suerte de “fósil” de Aerosmith.
La edición de 2022 comenzó como un lanzamiento limitado para el Record Store Day de 2021, en cassette y vinilo, y luego llegó al CD, al formato digital y nuevamente al vinilo. Aquella primera edición se agotó rápidamente y llegó incluso a las listas de Billboard, una respuesta significativa para un registro que llevaba medio siglo guardado y que, en términos estrictos, no era un nuevo álbum de la banda.
Más de medio siglo después, esas voces y esos instrumentos funcionan como una cápsula del tiempo. El debut de 1973 marcaría el comienzo discográfico de Aerosmith, pero estas cintas permiten retroceder todavía un paso más: hasta el momento en que la historia todavía no había comenzado oficialmente y la banda simplemente ensayaba, tocaba, se equivocaba y volvía a empezar. En ese sonido imperfecto, áspero y todavía en construcción aparece, quizás, la versión más genuina de Aerosmith: la de una banda que todavía no sabía que estaba a punto de convertirse en leyenda.
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