martes, 31 de agosto de 2010

Pinot, místico y elegante

Dicen que el pinot noir de Oregon es uno de los mejores del mundo. No puedo asegurarlo porque nunca lo probé. Sí degusté un par de pinot californianos, de Sonoma Valley, que me parecieron exquisitos. Es una uva con mística, elegante, que va muy bien con distintos tipos de comidas. El pinot es originario de Borgoña, Francia. Es una de las cepas que integran la mezcla de la mayoría de las champañas y también se la considera una de las variedades más selectas a nivel mundial para la elaboración de vinos varietales. Ya lo dijo Miles, el personaje que interpreta Paul Giamatti en Entre Copas: “Su sabor es de los más atormentandos y brillantes, sutiles y emocionantes, y antiguos sobre el planeta". Desde hace unos años, en la Argentina se está produciendo pinot: tanto en el Valle de Uco, en Mendoza, como en algunas regiones de la Patagonia. El otro día bebí con placer y esmero esta botella de Doña Paula, hermosa y cautivante, de aromas silvestres y en boca, fresco y frutado, con un bouquet sensacional. Muy recomendable.

viernes, 27 de agosto de 2010

SRV, dos décadas después

Stevie Ray Vaughan fue un revolucionario. Murió exactamente hace 20 años cuando el helicóptero en el que viajaba se desplomó en Wisconsin, en medio de una tormenta. SRV tenía apenas 35 años y en menos de una década ya se había consolidado como un guitarrista fantástico, capaz de acaparar la atención de músicos como David Bowie, Eric Clapton, Buddy Guy. En 1990 ya era el guitarrista de guitarristas.

SRV fue de lo mejor que nos dejó los ochenta, una década de recuerdos borrosos y fotos que más de uno quisiera quemar. Hoy, SRV sigue siendo influyente en la mayoría de los músicos que tocan blues y otros ritmos; sus discos se siguen vendiendo y descargando muchísimo; su figura y su mito siguen creciendo; y su espíritu sigue alrededor nuestro.

martes, 24 de agosto de 2010

Lanzamientos de agosto

Gov't Mule – Mulennium. Este álbum triple en vivo fue grabado en Atlanta la noche del 31 de diciembre de 1999. Los Mule, con un magnífico Warren Haynes a la cabeza, recibieron el nuevo milenio con un recital explosivo y memorable para los que estuvieron esa noche allí. El trío, nacido del riñón de los Allman Brothers, siempre se caracterizó por su forma visceral de llevar el blues a nuevas dimensiones. Este álbum es una reivindicación de su estilo único. Mulennium está dividido en tres partes. En la primera, hay seis temas de la banda y cuando se acerca la medianoche se zarpan con versiones de King Crimson, The Who y Led Zeppelín. El segundo disco, en los primeros minutos del año 2000, tiene una cara más blusera con la participación del legendario Little Milton. El último es un festival de covers: Power of soul, de Hendrix; Helter skelter, de los Beatles; Thirty days in the hole, de Humble Pie; Out of the rain, de Tony Joe White; I shall be released, de Bob Dylan; y Simple man, de Lynyrd Skynyrd. La última parte con Audley Freed, guitarrista de los Black Crowes, como invitado. De lo mejor de la banda.

Duke Robillard - Passport to the blues. Este es el primer disco en diez años en el que Robillard incluye todos temas propios, a excepción de uno: un cover de Tom Waits. Las canciones son un mix de blues de Chicago, swing, un toque de jazz, shuffle texano y boogie. La guitarra suena exquisita y su voz rasposa. Alternan solos de armónica, una sección de caños y un piano sutil. Robillard lleva muchos años en el ruedo. Fundó Roomful of Blues, editó decenas de discos y tocó con Bob Dylan, los Fabulous Thunderbirds, Herb Ellis, J. Geils y Waits. Todo eso lo hace hoy uno de los guitarristas más versátiles aunque con un fuerte apego a la tradición. En su paso por Buenos Aires dejó demostrado que lo que habíamos escuchado en sus cd’s no era una mentira. Hoy, con Passport to the blues, nos invita a viajar por distintas épocas y estilos de la música que ama.

Dr. John – Tribal. La primera vez que escuché a Dr. John quedé completamente hipnotizado por su voz. Hoy, casi veinte años después, cada vez que pongo unos sus discos me vuelve a pasar lo mismo. Es un cantante extraordinario y conmovedor, ya sea entonando un blues, un canto indígena, un funk o un R&B. Dr. John es Nueva Orleans y la herida de Katrina lo marcó a fuego. Sus últimos álbumes estuvieron inspirados en la tragedia y sus consecuencias. Pero aquí, en Tribal, Mac Rebennack no deja del todo las letras comprometidas pero se concentra más en su historia musical, su arraigo y su mito. Por momentos suena al Night Tripper de los setenta. Escarba entre las raíces de los ritmos de su tierra: When I'm right, I'm wrong, Pontah o el tema que da nombre al disco. En Manoovas, llueven collares de colores desde los balcones de una casa de Bourbon Street. La guitarra de Derek Trucks hace surcos entre la voz de Dr. John. Gran disco.

The Black Crowes – Croweology. Los Black Crowes son puro rock clásico sin parches ni parafernalia. Creo que ninguna otra banda tiene un sonido tan personal y setentoso como el de ellos. Con este álbum doble en vivo, en el que celebran su vigésimo aniversario, lo dejan bien en claro. Croweology es esencialmente acústico, mucho más relajado y suave que los anteriores discos de la banda. Como dice la reseña de Allmusic.com: “Se trata de veteranos experimentados que siguen buscando nuevas formas de tocar las mismas viejas canciones”. En She talks to angels o Wiser time la soulful voz de Chris Robinson se desliza melodiosa. En Remedy, los solos de Luther Dickinson y los coros acercan al sonido más típico de la banda. Good Friday se parece más a un blues tocado por Pink Floyd y Downtown money waster tiene violín, banjo, slide, armónica y mucho Mississippi. Todas las canciones están geniales. Los fanáticos de la banda van a flashear. Pero a los que no hayan escuchado tanto a los Crowes tal vez el disco les resulte un poco largo.

Los Lobos - Tin can trust. Hace treinta años que tocan juntos y son la expresión cultural del Este de Los Angeles, esa convergencia de espíritu latino con el sentimiento impostado de gringo wanna be. Su música es un verdadero arco iris de ritmos: rock, tex-mex, blues, country, rancheras, funky, canciones mexicanas y ritmos latinos. Este álbum es la voz del hombre desesperado, arrasado por una económica impiadosa y avasallado por la realidad del desencanto del sueño americano. César Rosas y David Hidalgo están hermanados desde siempre y con cada disco reafirman que son una sociedad invulnerable. Diez de los once temas de Tin can trust son propios y hay un cover de Grateful Dead: West L.A. Fadeaway. El bonus del disco es la participación en guitarra y coros de Susan Tedeschi.

viernes, 20 de agosto de 2010

Blues local (primera parte)

Tres bluesmen argentinos responden cinco preguntas que nos permitirán conocer cómo llegaron al blues, cuáles son sus discos favoritos y sus mejores experiencias arriba de un escenario.
1)¿Cómo empezaste a escuchar blues?
2)¿Cuál fue el primer disco de blues que compraste?
3)¿Cuáles consideras que son los tres mejores discos de la historia del blues?
4)¿Cuál fue tu mejor experiencia arriba de un escenario?
5)¿Quién es el músico argentino que mejor nos representa a nivel internacional?

Martín Luka (guitarrista y cantante)

1) Mis primeros blues los escuché de la mano de los Rolling Stones. Hace muchos años yo tenia pelo y flequillo stone. Me mataba con Little red rooster.
2) El primer disco de blues que compré (en realidad un cassette) fue Manal, de Manal, donde estaba Avellaneda blues, un tema muy especial para mí.
3) No sé si serán los mejores de la historia, pero son los que más me gustan: Born under a bad sign, de Albert King; The London Howlin’ Wolf Sessions; de Howlin’ Wolf; y cualquiera de Freddie King o de T-Bone Walter.
4) Menciono tres: cuando canté Desconfío ante dos mil personas en el primer homenaje a Pappo. Otra fue abrir el show de la Chicago All Star en el ND Ateneo, y el abrazo que me dio Bob Margolin cuando bajaba para los camarines.
Me felicitó y halagó mi voz y manera de tocar. Y la última fue la semana pasada: toqué con Javier Martínez, un gran culpable de mis blues.
5) José Luís Pardo está haciendo una carrera bárbara. Y después los grandes de siempre: el Bota y Javier Martínez y, por supuesto, el recuerdo de Pappo.

Marcos Lenn (cantante y guitarrista)

1) Empecé a escuchar blues de chico. Creo que a los diez años. Primero Manal y Pappo. También me gustaba mucho el swing.
2) El primer disco fue el Soul to soul, de Stevie Ray Vaughan & Double Trouble.
3) Considero que hay muchos imprescindibles y que seria injusto nombrar sólo tres.
4) Mi mejor experiencia fue haber tocado con Mud Morganfield (hijo,ja!) en La Trastienda y los dos shows con la banda de Muddy Waters en el ND Ateneo y en el Willie Dixon, de Rosario. Inolvidables shows por la humildad de esa gente!
5) De lo que hay en la actualidad no se si a alguno le pondría el mote de "representante internacional", porque la gente no se entera o se sabe muy poco sobre los que tocan afuera (hablando del blues obviamente). Lo sabemos nosotros, que estamos en el ámbito o porque son amigos. Desagraciadamente esas cosas no se hacen masivas, y al no haber difusión es como que no sirve. Igual, uno podría ser Luis Salinas... pero toca un poco de todo.

Nicolás Smoljan (armonicista y cantante)

1) Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años, durante unas vacaciones una prima me hizo escuchar un cassette de Muddy Waters en vivo, no recuerdo cuál era, pero seguramente haya sido el Muddy Mississippi Waters Live. Nunca había escuchado nada parecido hasta ese momento y a partir de ahí empecé a tratar de conseguir discos de blues, cosa que era muy difícil hace casi 20 años atrás en Argentina y mucho peor aún en Neuquén donde yo vivía. Cuando alguno de mis amigos conseguía un álbum nos juntábamos a escucharlo y a prestarle mucha atención. Era todo un acontecimiento. Por suerte ahora es muy fácil conseguir música de cualquier estilo y entonces tengo más de 100GB de discos de blues en MP3.
2) El primer disco que compré fue Take me back, de James Cotton. Tuve suerte: hoy sigue siendo uno de mis discos preferidos.
3) Se me hace muy complicado seleccionar los tres mejores discos de la historia del blues, pero creo que podría ser cualquier cd del sello Chess, de los años cincuenta: Little Walter, Sonny Boy Williamson II o Muddy Waters.
4) Creo que la mejor experiencia que tuve arriba de un escenario fue la posibilidad de tocar al lado de músicos a los que he admirado durante gran parte de mi vida y que aún sigo admirando como Bob Stroger, James Wheeler, Lurrie Bell, Rick Estrin o Duke Robillard por nombrar algunos. Eso ha sido lo más parecido al paraíso que conocí hasta ahora.
5) Para mi Daniel Raffo y Matías Cipiliano son probablemente los músicos más representativos dentro del estilo.

martes, 17 de agosto de 2010

Wine song 39



En la reedición del brillante Exile on Main Street, uno de los discos seminales de la década del setenta, se rescata una vieja wine song, que durante muchos años circuló entre las grabaciones piratas de los Rolling Stones. PASS THE WINE (SOPHIA LOREN) es un shuffle que parece balancearse entre Spill the wine, de War, y Oye como va, de Santana. Se destacan los coros gospel, la guitarra con slide y un entusiasta solo de armónica de Mick Jagger. El tema tiene un clima festivo y la letra habla de que, pese a determinados inconvenientes que se dan en la vida, se puede vivir bien: I’m glad to be alive and kicking / I’m glad to hear my heart’s still ticking / So pass me the wine, baby, and let’s make some love.





viernes, 13 de agosto de 2010

The real deal


Hay un momento en el que cierro los ojos. Siento como la vibración del bajo hace temblar el piso. Huelo el dulce aroma del alcohol en el aire. Una voz cavernosa y profunda aúlla blues desde el núcleo mismo del alma. Imagino que estoy en un pequeño y concurrido bar de Chicago. Afuera hace tanto frío como podría hacerlo cualquier noche sin nieve en la Ciudad del Viento. La música no engaña. Es blues crudo, zapado, puro. Abro los ojos y vuelvo a ver a Lurrie Bell desatando torrentes de electricidad desde las seis cuerdas. Canta y toca como si tuviera el corazón en carne viva y, sin embargo, está feliz. Ya lo dijo él: su vida fue muy dura y el blues es su salvación.

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La semana pasada Lurrie Bell se presentó en varios programas de radio tocando la guitarra acústica. Antes de empezar el show le pregunté a Mariano Cardozo, el productor, si iba a tocar un set unplugged y me respondió: “No. Pura electricidad. Lurrie está en llamas”. Mariano tenía razón.
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Lurrie tocó diez temas en una hora y media: desde Don’t you lie to me y Honey bee hasta Got my mojo working y Messin’ with the kid. Fue un show muy intenso, con solos prolongados de Lurrie y con lugar para los punteos rockeados y con wa-wa del violero Max Valdeneu y el swing incipiente del tecladista Guillermo Raíces. La sección rítmica estuvo a cargo del “Bohemio” Rubinsztein y Gabriel Cabiaglia. Rubén Gaitán sopló su armónica en la segunda mitad del show, y Rafael Nasta y Pato Raffo subieron al escenario para el lascivo She’s nineteen years old.

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La Trastienda estaba a full. Entre el público había muchos músicos: Don Vilanova, Emilio Villanueva, Mauro Diana, Martín Luka, Nicolás Smoljan, Huguis López, entre otros. Eso habla de la importancia en el mundo del blues de este gran guitarrista, fiel representante de la tradición. Lurrie Bell es el nexo directo entre la nueva generación blusera y los grandes maestros del blues moderno como Muddy Waters, Otis Rush, Eddie Taylor y Magic Sam. Como dicen los gringos, el tipo es The real deal…

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En un momento, Lurrie se convirtió en Albert King. Alucinante versión de Crosscut saw. Su voz, sus solos… era todo Albert.

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Lurrie parece un tipo sencillo. Tiene una sonrisa amplia y afectuosa y habla muy fuerte. Cuando terminó el show se sentó a firmar autógrafos y sacarse fotos con la gente. Lo hizo durante casi una hora. Sin apuro ni cara de fastidio. El tipo acababa de descargar su vida en el escenario y siguió contentando al público. Un grande.

martes, 10 de agosto de 2010

“El blues es mi salvación y mi refugio”

(Nota publicada en el diario Tiempo Argentino)

Lurrie Bell se crió en las entrañas de Chicago. Aprendió todo de su padre, el maestro de la armónica Carey Bell. De niño escuchó a los grandes maestros del blues escribiendo la historia moderna del género: Muddy Waters, Albert King, T-Bone Walter, Willie Dixon. Él los vio a todos, a muchos, incluso, en el living de su casa. Bell es hoy un gran guitarrista, uno de los más dignos representantes de la escena blusera actual. Combina técnica, sentimiento y un pasado complicado y todo eso lo demuestra arriba del escenario, el lugar donde asegura que se siente más cómodo y puede dar lo mejor. “Para eso vivo”, dice.

“El blues es mi vida… desde que nací lo escucho, lo siento y lo toco. Una vez que entras al blues… no se sale más. Es mi conexión, mi salvación y mi refugio”, explica a Tiempo Argentino. Lurrie es un tipo apegado al legado familiar. Aún hoy sigue escuchando los discos de su padre, de Albert King y de Eddie Taylor.

Tuvo una vida errante, vagó por las calles, perdido, sin otro rumbo que el de la muerte trágica. Pero conoció a una mujer que, según su relato lo salvó. Así recompuso su vida y su carrera. Logró editar siete discos solista, cinco de ellos para el prestigioso sello Delmark. Antes ya había grabado con la banda de su padre y con los Sons of Blues, el grupo que formó junto a Billy Branch y el hijo de Willie Dixon a mediados de los ochenta, que sacudió los escenarios de Chicago durante un tiempo.

Hace tres años murieron su pareja y su padre. Asimiló esos duros golpes con más música, más trabajo y mayor dedicación.
A los 51 años, Bell es una eminencia. El jueves se presentará en vivo en La Trastienda. Según sus palabras, el show será tan Chicago como pueda. Estará acompañado por el guitarrista argentino radicado en los EE UU Max Valdeneu y La Argentina Blues Band, todos músicos profesionales que están acostumbrados a tocar con las grandes figuras que vienen del norte.

La promesa de un show caliente, profundo y bien eléctrico, ya está hecha: “Siempre lo doy todo. En la Argentina también. El blues se toca con el alma y eso es lo que acá van a ver”, augura el guitarrista.
Jueves a las 21, La Trastienda. Banda soporte: Los Chevy Rockets

miércoles, 4 de agosto de 2010

Un poeta fuera de su época


(Este texto lo publiqué hace más de un año en el blog Casi en Libertad)

Un poeta del siglo XIX fuera de su época. Un romántico, melancólico y depresivo. La guitarra. Siempre había una guitarra cerca de él y hojas de papel esparcidas en su antiguo escritorio victoriano. En ellas garabateaba frases otoñales y su pluma paría las más sutiles palabras. Es curioso que a Nick Drake no se lo ubique en el mismo lugar que a Kurt Cobain, Hendrix, Janis Joplin, Brian Jones o Jim Morrison. Todos tienen en común que murieron a los 27. Nick Drake ni siquiera llegó a esa edad. Murió de una sobredosis de pastillas antidepresivas poco antes de cumplirlos.

Las letras de sus canciones fueron siempre un abanico lírico. Apenas editó tres discos oficiales: Five Leaves Left (1969), Bryter Layetr (1970) y Pink Moon (1972). Lo descubrió Joe Boyd, el mismo tipo que llevó de gira a Muddy Waters a Gran Bretaña, que produjo el primer single de Pink Floyd y le dio color y forma a la psicodelia inglesa de los sesenta.

El trabajo de su padre hizo que Nick Drake naciera muy lejos de Inglaterra, en Birmania, unos años después del final de la Segunda Guerra Mundial. Durante los sesenta estudió literatura inglesa en Cambridge y extendió su pasión por la música perfeccionándose con la guitarra, el piano, el saxo y el clarinete. Pero las letras le brotaban. Si hasta tenía nombre de poeta. Leía a William Blake y a Henry Vaughan. Escuchaba a Bob Dylan, Josh White, Leonard Cohen y Fairport Convention.

La muerte le llegó muy rápido, pero él la esperaba. Ya en su primer disco, Five Leaves Left, la canción Fruit Tree dice: “La fama no es sino un árbol frutal / tan enfermizo que nunca florece / hasta que su tronco está en el suelo (…) / Seguro en tu lugar bajo tierra / entonces sabrán lo valioso que eras”. Drake era depresivo y sufría insomnio y abruptas crisis nerviosas. Luego de su muerte la Justicia falló que se había suicidado, pero su familia considera que fue un accidente. Lo cierto es que Drake estaba más en otro mundo que en éste.

Hoy es un artista de culto, un personaje que trascendió a su muerte y que se mantiene lejos del circuito comercial. Su vida se resume en sus discos y sus canciones. Y también en sus seguidores: R.E.M, John Martyn, The Cure, Peter Weller, Elliot Smith y hasta Norah Jones, que versionó uno de sus temas, Day is done. La magia de Nick Drake vive cada vez que alguien escucha uno de sus álbumes.

sábado, 31 de julio de 2010

Solo con mis discos

Música y vino, como siempre. Un Salentein Malbec, cosecha 2007, y un puñado de discos: Otis Rush, Rolling Stones, George Thorogood, los Fabulous Thunderbirds, Ryan Bingham y Lurrie Bell. La noche está helada, se puede sentir el frío apenas con tocar los vidrios de las ventanas. El calor de cada copa fluye por la sangre con la velocidad que provoca una autopista desierta. Las canciones van llenando el ambiente. El humo de la vela gana los rincones de la casa. Thorogood toca As the years go passing by. Los Rolling arremeten con Shake your hips. Otis Rush me estremece con All your love. Los Thunderbirds galopan por Texas con She’s tuff y Bingham se presenta con That's how strong my love is. Quiero más. Subo el volumen y Let’s talk about love, de Lurrie Bell, me devuelve todo el blues. Dentro de un rato voy a escuchar el nuevo disco de Jimmie Vaughan, algo de Johnny Cash y posiblemente a Shakey Jake Harris. Random. Mientras, la botella se consume, el ánimo se relaja y las horas pasan. Refugiado en sabores y sonidos, alternando estados de ánimo, una vez más dejo que el sábado se extinga…

jueves, 29 de julio de 2010

TV Music Show


Later with… Jools Holland debe estar entre los tres mejores programas de música de la historia de la tevé. Media docena de bandas o músicos en vivo por show. Pocas palabras y mucho rock and roll para todos los gustos. Jools Holland es un buen conductor pero además es un gran pianista que se da el gusto de tocar con sus invitados. Later with… va a cumplir 18 años en el aire y tiene con que vanagloriarse: por allí pasaron músicos tan diversos como Rickie Lee Jones, Franz Ferdinand, The Who, Radiohead, Manu Chao, Al Green, Swing, Buddy Guy, Van Morrison o Steve Winwood por solo nombrar a unos pocos de una lista interminable. Acá les dejo dos videos impresionantes de ese show. Joe Bonamassa junto a Jools Holland y Johnny Cash tocando Folsom Prision Blues.






lunes, 26 de julio de 2010

El blues de los White Stripes

La primera vez que escuché a los White Stripes no me impactaron demasiado, salvo por el tema Seven Nation Army, del disco Elephant. El resto me pareció muy básico. Debo admitir que algún prejuicio me traicionó en ese momento. Tiempo después volví a escucharlos y realmente entendí qué buscaba Jack White con ese formato y ese estilo: un rock and roll minimalista y potente en el que él podía expresar de manera libre su pasión por el blues.

Hace pocos días me di un gusto enorme: vi la película It might get loud, de Davis Guggenheim. En ella, Jimmy Page, The Edge y Jack White cuentan sus vivencias con la música y las guitarras. Luego se juntan a intercambiar puntos de vista y a tocar (una hermosa versión de The Weight, de The Band). Jack White explica que el rojo, el negro y el blanco, y el dibujo del caramelo en la batería de Meg son todas distracciones para ocultar lo que hacen: tocar como Son House. “Estamos flotando alrededor de la estructura del blues”, admite. “Cuando escuché Grinnin’ in your face supe que era lo que quería hacer con mi vida. Aún hoy me sigue pareciendo la mejor canción del mundo”.

Guitarra y batería es la fórmula de los "hermanos" White. El sonido es un combo feroz de garage rock, punk y blues. Música sencilla de las entrañas de la ciudad de Detroit. Comprendo a los puristas del blues que los castigan o desprecian, pero su música no está destinada a ellos. Es para ese pequeño y desmembrado grupo de jóvenes oyentes que no se conforman con la oferta actual de máquinas, efectos y melodías pasajeras. Los White Stripes ofrecen un camino diferente para llegar a la verdad. Hay varios blues en sus discos: Stop breaking down, de Robert Johnson y el tradicional St. James Infirmary blues, en el álbum debut de 1999. En De Stijl, de 2000, interpretan Death letter, de Son House, y Your southern can is mine, de Blind Willie Mc Tell. En los restantes discos hay varios blues de Jack White.

Más allá de sus proyectos paralelos, The Raconteurs -donde el blues no parece tener tanto espacio- y The Death Weather, o sus colaboraciones con los Rolling Stones, la cantante country Loretta Lynn o Alicia Keys en la última película de 007, Jack grabó para la banda de sonido de la película Cold Mountain un par de temas y una muy buena versión de Sitting on top of the World.

Con todo, la música de los White Stripes es una fusión de Son House, Jon Spencer, The Stooges, Led Zeppelín, Robert Johnson, R.L. Burnside y los New York Dolls. Con una década en el ruedo se han convertido también en influencia de muchas otras bandas que siguen ese concepto de blues crudo, amplificado y absorbente: The Black Keys, Holly Golightly and The Brokeoffs e incluso The Coral, por nombrar sólo a algunos.

Los géneros musicales van tomando distintas direcciones. La música es dinámica y muchas variables influyen en su desarrollo y estructura, más en estos tiempos híper globalizados. Así como la migración de los negros del Mississippi alteró el la esencia acústica del blues, estas nuevas bandas hacen algo parecido. En el caso de los White Stripes, ya lo dijo Jack: detrás de todo está el blues.

 

jueves, 22 de julio de 2010

Lanzamientos de julio

Jimmy Thackery – Live in Detroit. Vaya si pasaron algunos años desde la primera vez que escuché a Jimmy Thackery. Era 1992 y en una cueva de discos de Belgrano conseguí su primer álbum solista, Empty Arms Motel. Thackery, que venía de tocar con los Nighthawks, me causó una gran impresión, con una potencia vocal arrolladora y una versatilidad con la viola que hasta ese momento apenas había escuchado en tipos como Hendrix, Vaughan y Johnny Winter. Su nuevo disco en vivo es en gran medida instrumental, tiene diez temas –hay covers de Albert Collins y Memhis Slim- y mucha zapada. Amigos de la guitarra: acá tienen a un verdadero gladiador de las seis cuerdas.

Sandi Thom - Merchants and Thieves. Hace un par de años apareció por Internet cantando una balada neofolkie en la que decía que le gustaría ser una punk rocker con flores en su cabeza. De la nada, el tema llegó a número uno y Sandi se hizo popular con una linda melodía, fresca y auspiciosa. Pero vaya uno a saber qué le pasó por la cabeza y el espíritu a esta joven escocesa en estos años: de repente se despachó con un enorme disco de blues, que cuenta con la colaboración del genial Joe Bonamssa en dos versiones distintas del tema This ol’ world. Una voz nueva en el mundillo del blues. Para tener en cuenta.

Sheryl Crow - 100 Miles From Memphis. Este disco aporta muchas novedades a la música de Sheryl Crow. No es aburrido como los últimos, suena muy funky y la producción y participación del guitarrista Doyle Bramhall II le aportan mucha más sensatez musical y estética. En el primer tema, Our love is fading, Sheryl parece Morcheeba. Después sigue en clave de reggae con Eye to eye, con Keith Richards como invitado en primera guitarra, y luego una versión muy souleada de Sign your name, de Terence Trent D’Arby, junto a Justin Timberlake. Long road home es un tema súper cool para disfrutar arriba del auto. El resto del álbum es tan bueno como los primeros temas. Tanto soul hay en su camino a Memphis que cierra con el clásico los Jackson 5, I want you back.

Herbie Hancock – The Imagine Project. H H es uno de los fundadores del jazz moderno, integró la banda de Miles Davis en un período revolucionario y tuvo una carrera solista envidiable. Hancock, al igual que Davis, siempre buscó hacer algo distinto mirando hacia adelante. Un par de años atrás fue alabado y premiado por el disco River: The Joni letters, un tributo a Joni Mitchell. Ahora sorprendió con un disco de muy buenos covers junto a invitados muy diversos. El álbum es mucho más que jazz. Es un arcoiris de sonidos, una fusión que engloba rock, folk y distintos ritmos del mundo. Pink, Seal, India Arie y Jeff Beck lo acompañan al pianista en una versión groovie de Imagine. Susan Tedeschi y Derek Trucks se lucen en Space Captain. Otros invitados son Los Lobos, John Legend, Dave Matthews, Wayne Shorter, Juanes y Chaka Khan. Muy bueno.

Mark May Band – In Texas Live. Mark May nació en Ohio pero tiene temple texano. Musicalmente es un hijo directo de la escena blusera de Houston. Es un gran guitarrista de esos que tocan rápido y potente y que sacuden todo con cada punteo. Un gran disco en vivo que refleja toda la fiereza de este virtuoso. In Texas Live tiene diez temas, entre los que hay algunas canciones propias y covers de Neil Young (Ohio), Dickey Betts (In memory of Elizabeth Reed) y Albert Collins (Lights are on but nowbody’s home). Blues que rockea, texas style.

jueves, 15 de julio de 2010

De la barrica

Después de una semana ajetreada, no hay nada mejor que sentarse con algún amigo y revolver un gran copón repleto de vino. Así lo hicimos hace un par de jueves con René Roca. Tomamos un Martín Koch cabernet sauvignon 2004 con trece meses en barrica. La verdad no podría decir con qué comida acompañarlo. Pero entiendo que no va a quedar mal con ninguna (salvo que coman alcauciles). Es un vino untuoso, distinto, que vale la pena probar para salir un poco del molde de las marcas tradicionales. Esta botella llegó a mis manos a modo de agradecimiento, por unas entradas que regalé para el show que Madeleine Peyroux dio en el Gran Rex. Y fue justo: me perdí un gran recital, pero tomé un muy buen vino.

sábado, 10 de julio de 2010

Blues from Texas

El último disco de Jimmie Vaughan es fantástico. Blues de Texas en su máxima expresión. Un sonido impecable y una estética ideal. Hacía nueve años que no sacaba un disco solista y ahora entiendo por qué: se nota que estuvo trabajándolo mucho. Plays Blues, Ballads & Favorites tiene todo lo que un álbum del género tiene que tener. Swing, boggie, shuffle, solos de guitarra, armonías vocales, armónica, buenos caños. Los temas son en su mayoría clásicos. Vaughan interpreta versiones de Jimmy Reed, Roy Milton, Guitar Junior, Little Richard y Willie Nelson, entre otros. Lou Ann Barton y Bill Willis acompañan a Jimmie en un par de temas. El resto de la banda son todos seleccionados de lujo: Derek O’Brien, Ronnie James, Kaz Kasenoff, Grez Picollo, Billy Pitman y George Rains. En todas sus facetas, el hermano de SVR siempre dejó su sello: tanto con los Thunderbirds, junto a su Stevie en Family Style, o con Omar Kent Dykes. Y ahora lo mismo en este nuevo regreso. Plays Blues, Ballads & Favorites es un disco que no va a pasar desapercibido. Ya es uno de los mejores álbums del año. En diciembre sabremos si fue el mejor.

jueves, 8 de julio de 2010

Retratos de Nueva Orleans

Acabo de terminar de ver una gran serie. Una de esas obras de arte memorables que muy cada tanto nos da la tevé. Hay tres razones por las cuales Treme es excelente. La primera: es obra de David Simon, creador de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos. La segunda razón es por la magnífica realización: elección de los personajes, actuaciones, ambientación, guión. La tercera, y fundamental, es la música. Amigos, Nueva Orleans es un lugar donde la cultura es una mixtura muy colorida y está tan arraigada como las raíces de un árbol a la tierra. Hay jazz, cajun, blues, zydeco, R&B, funky. En Treme, la música es la receta para todo. Allá todo tiene ritmo, hasta la muerte. Allá se llora bailando.

Treme cuenta la historia de una ciudad arrasada por el huracán Katrina. Muestra la desidia del gobierno para reconstruirla y los protoganistas son un grupo de personas que, a pesar de todo, trata de salir adelante. No esperen disparos ni efectos especiales. Treme es un documento periodístico profundo, una recreación de lo que sucedió en esa ciudad después de Katrina. El huracán desnudó la miseria institucional de ese país durante la administración de Jorge W. Arbusto. Promesas incumplidas, decisiones absurdas, corrupción, violencia policial y desesperanza fueron algunas de las consecuencias.

Treme tiene muchas voces. Sus protagonistas en algún punto se cruzan, así como pasaba en The Wire. Es genial Antoine Batiste (Wendell Pierce, que hizo de Bunk en el policial de Baltimore), un músico profesional muy apegado a la tradición que trata de sobrevivir tocando donde sea. Después está Janette, cocinera muy reconocida por sus pares, que tuvo que cerrar su restaurante porque no podía afrontar los gastos. Ella tiene una historia con Davis (Steve Zahn), un disc jockey, músico y pro legalize que ama la cultura de Nueva Orleans y hace de todo por defenderla.

John Goodman interpreta a un escritor que está casado con una abogada. Ambos deben luchar contra el sistema para que éste no acabe con lo que queda de la ciudad e incluso de sus vidas. Albert Lambreaux es un jefe indio Mardi Gras muy testarudo, que dará todo por conseguir que la gente desalojada vuelva a sus casas y por mantener vivos sus antiguos rituales. Y está su hijo, Delmond, que es un músico profesional de jazz que triunfa en Nueva York y que reniega de sus raíces.

También está la parejita de músicos callejeros, cuyos caminos se están separando. Y Ladonna, la ex mujer de Antoine, que tiene la posibilidad de irse a otra ciudad a vivir como una reina y se queda en Nueva Orleans para averiguar qué pasó con la vida de su hermano y cuidar a su madre.

Treme, que es el nombre de la zona más musical de Nueva Orleans, tenía que tener algo más. Y eso es el desfile de grandes músicos que interpretan un pequeño rol y dejan su sello en la serie: Dr. John, Coco Robicheaux, Allen Toussaint, Elvis Costello, Steve Earle, McCoy Tyner, Terence Blanchard, Cassandra Wilson, Ivan Neville, Art Neville, John Mooney, Irma Thomas, Lloyd Price, John Boutté y Clarence “Frogman” Henry.

Son apenas diez capítulos grandiosos que hacen reflexionar y emocionar, siempre al ritmo de la buena música. Señor Simon, muchas gracias por Treme.

domingo, 4 de julio de 2010

48 horas en NY

Jueves. 19hs. Camino apurado por la calle Waters en dirección a Battery Park. Es verano en Nueva York y el calor se siente. El sol va cayendo lentamente y una agradable brisa que viene del río Hudson da un respiro. Busco el Wagner Park, pero no lo encuentro. Estoy llegando tarde y voy un poco deshorientado. Entonces escucho la señal. Casi imperceptible, el sonido de un hammond surge como una brújula. Apuro el paso y la música comienza a fluir con mayor intensidad. Entonces la voz de John Hammond es inconfundible. El blues del Delta domina el sur de Manhattan. Me encuentro a unas trescientas personas sentadas en el pasto disfrutando de un show gratuito. El legendario John Hammond y su banda -Bruce Katz, Marty Ballou y Neil Gouvin- derrochan doce compases con la estatua de la Libertad de fondo. Me acomodo cerca del escenario mientras tocan Come in my kitchen, de Robert Jonhson. La guitarra dobro suena metálica, fantástica. El contrabajo de Gouvin es mortal. Hay más blues: Howlin’ for my darling, Evil, entre otros clásicos del género y algunos temas propios. Una hora después me voy feliz con mi tercer encuentro con Hammond. El primero fue en los noventa cuando tocó en el Gran Rex; hace unos años lo volví a ver en el ND Ateneo; y ahora este concierto gratuito de Nueva York, con el plus de verlo con su banda. La tradición del Delta sigue viva.



Viernes 18.45hs. Williamsburg Waterfront está en Brooklyn y tiene una sensacional vista panorámica de Manhattan. Para llegar apenas tuve que tomar la línea L del subte desde Union Square y luego caminar cinco cuadras. Tardé diez minutos. Me encuentro con una fauna interesante. Gente de treinta y pico, tatuada luciendo sus remeras de Faith No More, Sonic Youth y Alice in Chains. Paraíso alternativo. La vibra del hard rock comienza a palpitarse. El sol está terrible. Mucho más intenso que el día anterior. Arde. Aquí, la brisa no corre o, al menos, no se siente. La gente está dispersa, en su mayoría haciendo cola para comprar alcohol. Sube un muñeco al escenario. Es un comediante, que con el correr de los minutos se vuelve insoportable. Los gringos no se amontonan junto al escenario y aprovecho para acercarme lo más que puedo. Por fin el señor de lo chistes malos se va y deja su lugar a Razhel, un negro corpulento y maestro del beat box, que hace vibrar literalmente todo con su punchi punchi. Ya son casi las nueve y la gente está impaciente. Es que hace más de diez años que Faith No More no se presenta en Nueva York y para esta raza de hardrockers el Second Coming Tour es todo un acontecimiento. Mike Patton entra caminando apoyándose en un bastón, pero a juzgar por lo que se verá luego es un chanza, un guiño a su público. “Estamos todos más viejos”, dice. Pero durante hora y media tocan todo lo que tienen que tocar y esa vejez aparente, camuflada con trajes de colores pastel, se disipa. Abren con Reunited y la lista de canciones que le siguen incluye: Land of sunshine, Evidence, Last cup of sorrow, Easy, Ashes to ashes, King for a day, Epic y Just a man. El segundo tema que tocan es Out of nowhere. Yo estoy parado muy cerca del escenario. Tan acostumbrado a ver otro tipo de shows que me olvidé del pogo. Así que cuando empiezan salgo despedido hacia un costado. Mi tobillo maltrecho no lo resiste. Gente grande, parece mentira, ja! En definitiva, que gran banda Faith No More, buenos soldados del rock and roll.

48 horas en Nueva York.

domingo, 27 de junio de 2010

Wine song 38

Una balada desesperada llena de soledad y desamparo. Un amor que no está, mañanas frías y un deseo de compartir que no se puede concretar. Y el vino glorioso matinal, que no es bebido por la gente buena, es un bálsamo cuando uno no encuentra el camino a casa y no tiene a dónde ir. Lanegan, que hace poco tocó en Buenos Aires, se crío musicalmente en los noventa en el estado de Washington, donde está Seattle. Compartió grabaciones con Kurt Cobain, fue miembro de Screaming Trees y colaboró con Queens of The Stone Age, Mad Season. MORNING GLORY WINE fue editada en su último disco, Bubblegum, de 2004.










miércoles, 23 de junio de 2010

Mirá quién canta blues


Nunca me gustó demasiado. Su voz chillona me ponía un poco nervioso y su look extremadamente ochentoso no me mataba en absoluto. En su momento, Girls Just Want to Have Fun me pareció apenas simpática y a Time After Time recién la empecé a disfrutar con la versión de Miles Davis. Pero hay que decirlo: está mujer de peinados coloridos es un icono de la cultura pop. 

Hoy 23 de junio, un día después de su cumpleaños 57, me senté a escuchar su nuevo disco. Memphis Blues puede ser un buen intento de Cyndi Lauper por darle un nuevo rumbo a su carrera o apenas un cambio pasajero y marketinero. Algunos pueden pensar que es una movida comercial, tal vez… pero también puede ser el álbum de una mujer a la que le llegó la hora del blues. Yo sé que hay grandes cantantes que no tienen la repercusión que va a tener este disco y eso puede fastidiar a más de uno. Lo cierto es que muchos seguiremos escuchando a Etta James, Shemeika Copeland, Madeleine Peyroux, Shirley King o Sue Foley. 

De todas maneras, es posible que el álbum de Cyndi Lauper abra las puertas del blues a otros... o tal vez no y solo los disfruten, en otro plano, sus seguidores. Es un álbum desparejo y levemente agradable si uno deja los prejuicios de lado. Ella canta muy bien algunos temas y en otros su voz parece apagada o en segundo plano. Los temas son todos clásicos -Just Your Fool, How Blue Can You Get?, Early in the Mrning, Rollin' & Tumblin'- y hay grandes invitados: B.B. King y Allen Toussaint, Ann Peebels, Charlie Musselwhite y Jonny Lang. 

Veremos que le depara el tiempo a este disco. Lo más probable que nada. Los que escuchan blues posiblemente no le den play ni una sola vez y los fanáticos de ella seguirán girando alrededor de sus canciones de los ochenta. 


martes, 22 de junio de 2010

Música por el mundo

La Gibson de Russell Malone. Jazz Standard, Nueva York. Diciembre de 2008.

Ike Turner. Le Méridien Etoile, París. Abril de 2007.

Discos usados. Mercado de pulgas de la Praça Benedito Calixto, San Pablo. Setiembre de 2009.

Holly Golightly & The Brokeoffs. Rhiz Bar, Viena. Abril de 2008.

Local de venta de ropa. Portobello Road, Londres. Abril de 2010.

Michael Hill. Terra Blues. Nueva York. Abril de 2010.

Banda callejera de jazz tradicional. Puente de Carlos, Praga. Abril de 2008.

Homenaje a Lennon. Matthew Street, Liverpool. Abril de 2010.

Músico callejero. Greenwich, Londres. Abril de 2010.

Imitador de Jimi Hendrix. Estación de subte Canal Street, Nueva York. Diciembre de 2009.

(Fotos: Martín Sassone)

sábado, 19 de junio de 2010

Back in the seventies

Los setenta vuelven con todo. Aquí tres discos recientemente editados. Tres blues-rockers, cuarenta años más viejos, pero con el mismo espíritu de siempre. The old cowboys ride again…

Rick Derringer - The three Kings of the blues. Rick Derringer siempre estuvo en segundo plano. En los setenta cobró algo de notoriedad como el guitarrista de Edgar Winter y también por integrar la banda de Johnny Winter. Siempre fue un animal rabioso de las seis cuerdas y ahora, a esa ductilidad, le sumó años de experiencia. Su últimio disco es una especie de homenaje a Albert, Freddie y B.B. King que incluye una selección de temas que no necesariamente responden a los tres grandes. Es un muy buen disco en el que Derringer no se tira atrás. La guitarra es la protagonista absoluta de este álbum compuesto de once canciones, entre las que se destacan Just a little bit, Key to the highway, Killing floor y Love her with a feeling.

Steve Miller – Bingo!. Pasaron 17 años desde el último álbum de estudio del cowboy del espacio y ahora volvió con un gran disco, en el que retorna a sus bases bluseras más profundas. Steve Miller fue uno de los grandes protagonistas de la década del setenta. Empezó con un sonido más blusero y luego fue mutando hacia un pop híbrido. Pero ahora, curtido, vuelve a las raíces. Hay dos invitados de lujo: Joe Satriani y Norton Buffalo, éste último participó de la grabación de Bingo! poco antes de morir. Miller se despacha con temas de Jimmie Vaughan (Hey yeah y Don’t cha now), Lowell Fulson (Tramp), All your love (Otis Rush), Rock me baby (B.B. King) y Who’s been talkin’ (Howlin Wolf), entre otros clásicos del género.

Foghat – Last train home. Es cierto que sólo queda un miembro original de la banda, el baterista Roger Earl, y que los buenos tiempos quedaron atrás con la partida de Rod Price y, más tarde, con la muerte de “Lonesome” Dave Peverett. Pero Earl y el grupo la siguieron peleando y –casi- nunca dejaron de presentarse en vivo. Tocan blues y rock and roll con mucha fuerza y firmeza. Suenan bien. Los dos covers de Elmore James, It hurts me too y Shake your Money maker, son de lo mejor del disco junto a Lousiana blues. El trabajo de Bryan Bassett en guitarra, especialmente con el slide, es excelente. El sonido del álbum –el primero de estudio en siete años- no es novedoso pero sí está cargado de la energía del rock arena y eso es mucho decir. Los dos últimos temas tienen un bonus de lujo: la participación del legendario Eddie Kirkland.