miércoles, 13 de julio de 2011

Espíritu sureño

No hay otro lugar en el mundo en el que Gregg Allman se sienta más cómodo que arriba de un escenario. Ya sea con los Allman Brothers o al frente de su propia banda, cada uno de sus recitales se convierten en piezas de colección: el viejo Gregg cuenta con su propio equipo de grabación y todos los shows que da quedan bien resguardados. Ahora, Jazz Fest Live 2011, su último capricho discográfico, fue editado en cd.

Grabado el 6 de mayo en Nueva Orleans, en uno de los festivales más importantes y tradicionales de los Estados Unidos, y con una banda conformada por músicos de primer nivel -Scott Sherrard (guitarra), Bruce Katz (teclados), Jay Collins (saxo), Jerry Jermott (bajo), Steve Potts (batería), Floyd Miles (percusión), Ian Smith (trompeta) y Derek Houston (saxo)- el disco es una buena combinación de lo mejor de Gregg como solista y como líder de la gran banda de rock sureño.

El show empieza con una poderosa versión de Don’t keep me wonderin’, tema que los Allman grabaron en 1970 para el disco Idlewild South. Los teclados de Gregg y Bruce Katz se entrelazan para que el slide de Sherrard le de la impronta sureña que supo inaugurar Duane Allman y que continuaron Dickey Betts, Warren Haynes y Derek Trucks. El segundo tema es una exquisita versión de I’m no angel, que Gregg grabó para su disco solista de 1986. Luego se zambulle en el blues profundo con Tears, tears, tears, de Amos Milburn. Pocos cantan tan bien los blues como Gregg Allman. Sigue con otra canción de su último disco de estudio: Just another rider es la esencia pura de los Allman y la interpretación en vivo es más funky que la del álbum Low country blues. Después viene el momento del bluesman de la Florida Floyd Miles, quien canta una de sus composiciones: Going back to Daytona. El blues sigue muy presente porque después la banda se despacha con I can´t be satisfied, de Muddy Waters, en el que una vez más el slide de Sherrard envuelve toda la estructura de la canción

Cuando promedia el show, una hermosa versión de Dreams anticipa que la segunda mitad estará dedicada casi en su totalidad a la música de los Allman. Hace un impasse con Before the bullets fly, de su etapa solista, donde el saxo de Jay Collins cobra protagonismo. Y entonces se viene la trilogía de éxitos que llevó a su apellido a lo más alto de la historia del rock: Melissa, Whiping post y Midnight rider. Antes de los bises, Gregg Allman presenta a su banda y cierra con Sweet feelin’, de Clarence Carter, y la legendaria Statesboro blues. Algunos podrán pensar que este es un disco más, pero lo que destila el viejo Gregg aquí es su vida misma, esa que el año pasado estuvo al borde de decir adiós y que ahora fluye con total naturalidad en el lugar que mejor le sienta: el escenario.


domingo, 10 de julio de 2011

El poder de Zora

(Foto: Néstor López)

En la Argentina no hay nadie que cante blues como Zora Young. Ninguna mujer. Y menos un hombre. Ella lleva el blues en los genes y su registro vocal es tan poderoso que no se lo podría contener ni con una orden judicial. Zora nació en West Point, Mississippi, así que es casi seguro que haya escuchado sus primeros blues cuando ni siquiera sabía hablar. Todo eso se notó arriba del escenario de La Trastienda. El sábado a la noche, en plena veda electoral y con dos candidatos a jefe de Gobierno en la sala, la voluptuosa y carismática Zora inundó de blues la Ciudad.

La música tiene esas cosas: por un lado están los virtuosos, fríos y analíticos, capaces de tocar las notas más espectaculares. Y por el otro lado están los músicos pasionales, que ponen el alma, la sangre y las tripas en lo que hacen. Zora es de esta clase de intérpretes: ella canta desde sus entrañas con una fuerza demoledora. Es la hererdera de Koko Taylor y Valerie Wellington y su figura hoy es solamente comparable con las de otras cantantes como Shemeika Copeland y Sista Monica.

El repertorio tuvo sus sorpresas. Más allá de las canciones esperables –Sweet Home Chicago, Rock me o Let the good times roll - Zora interpretó una muy buena versión de Natbush City limits, de Ike & Tina, con unos coros femeninos que le realzaron su costado más soul. Pero lo mejor fue cuando cantó Summertime. Está muy bueno cuando los artistas sorprenden al público con alguna canción que nadie espera.

La banda que la acompañó comenzó con algunas dudas pero con el correr de los temas se fue acomodando. Todos los que estuvieron arriba del escenario ya tienen sobrada experiencia tocando con figuras extranjeras. Roberto Porzio pasó del slide en Dust my broom a los punteos al mejor estilo B.B. King en The thrill is gone. Matías Cipilliano, en la otra guitarra, también tuvo varios solos encendidos. Por ahí el que estuvo más contenido fue el tecladista Nicolás Raffetta, no tuvo muchos solos pero sí acompañó bien haciendo un colchón melódico. Eduardo Muñoz, en bajo, y Patricio Raffo, en batería, fueron los encargados de que el ritmo se mantuviera en movimiento. También estuvo presente Nicolás Smoljan, uno de los mejores armoniquistas del país a la hora de interpretar el sonido de Chicago.

El show de Zora fue el final del Festival de Invierno Ciudad Blues, que durante los últimos tres sábados reunió en La Trastienda a La Mississippi, Blues & Trouble, Daniel Raffo, los Easy Babies, La Vieja Ruta y La Luka Blues Band. Una muy buena iniciativa de las chicas de Gondwana Producciones que en un año ya trajeron a Shirley King, Nina Van Horn y ahora a Zora.

El final encontró a la cantante agotada, tal vez por la apretada agenda que está llevando en Buenos Aires, pero Zora, que tiene unos 63 años impecables, sacó fuerza de muy adentro, y cantó, como si fuera el comienzo del show, Messin’ with the kid y Key to the highway. Se fue en medio de la ovación de un público que de poco va comprendiendo la importancia y la necesidad que hay de que sigan viniendo este tipo de músicos de primera línea.

jueves, 7 de julio de 2011

Blues que viene del norte

Publicada en Tiempo Argentino
Zora Young
Los últimos dos años fueron muy buenos para los bluseros
argentinos. Una buena cantidad de músicos gringos vinieron a tocar a Buenos Aires y otras ciudades del interior como Neuquén, La Plata o Venado Tuerto. Pero este año promete ser el mejor de la década. En los primeros seis meses tocaron aquí reconocidos músicos como Chris Cain, Kim Wilson, Eddie Shaw y Nina Van Horn. Ahora, para el último semestre se espera un verdadero aluvión de figuras internacionales de primer nivel. Este sábado, culmina el Festival de Invierno Buenos Aires Ciudad Blues, que en las últimas dos semanas reunió en La Trastienda muy buenas bandas locales de blues. Y el cierre es a lo grande: en el mismo escenario se presentará la cantante de Chicago Zora Young. Pariente del legendario Howlin’ Wolf y una de las principales figuras femeninas de la escena blusera, Young es una artista muy carismática que promete un show muy caliente. Un día después hará lo mismo en el Teatro Ideal de Venado Tuerto.

Rick Estrin
Baires Blues Producciones acaba de cerrar un acuerdo con Delta Airlines, una de las compañías aéreas más importantes del mundo, para realizar una serie de shows en Capital. El escenario será también La Trastienda y la primera figura que se presentará en el marco de las “Delta Blues Nights”, el 27 de agosto, será el guitarrista Slam Allen, quien ya vino a la Argentina hace dos años como integrante de la banda de James Cotton. Allen, que estará secundado por Nasta Súper Blues Band, es un violero fabuloso y versátil, que toca desde Muddy Waters y Jimi Hendrix hasta Otis Redding y Prince. En octubre volverá al país Lurrie Bell, la sangre misma del blues de Chicago, quien también tocará en La Trastienda aunque la fecha exacta todavía no está confirmada. El 17 de noviembre, el ciclo “Delta Blues Nights” cerrará el 2011 con otra visita de lujo: Rick Estrin & The Nightcats (Sí, con toda la banda).

Kirk Fletcher
El guitarrista de Chicago Vernon Harrington, anunciado como “El elegido de Willie Dixon” dará un show el 21 de julio en La Trastienda y un día después en el bar Mr. Jones, en Ramos Mejía. En agosto, el sábado 20 más precisamente, está confirmado otro violero: J.C. Smith viene a la Argentina por segunda vez a presentar su flamante DVD. También tocará en Mr. Jones. Uno de los shows más esperados será el que reunirá a dos magos de la guitarra como Kirk Fletcher y Tom Principato el 14 de septiembre en el escenario de La Trastienda. Ambos también darán conciertos por separado en Mr. Jones y en el interior.

John Primer
Para los últimos dos meses ya están confirmados algunos viejos conocidos: John Primer y Bob Stroger. Todo esto sin contar, además, la rutilante visita de Eric Clapton (14 de octubre en River), quien más allá de ser una mega estrella de rock es en el fondo un hombre de blues. Amigos bluseros, vayan marcando en el calendario y juntando unos pesos porque la segunda mitad del año viene cargada de doce compases.

BONUS TRACKS: Hay rumores de que también viene Duke Robillard y ya están confirmados Rick Derringer y Edgar Winter: integran la banda que tocará con Ringo Starr el 7 de noviembre en el Luna Park.

lunes, 4 de julio de 2011

Una celebración con amigos

Tommy Castro es un guitarrista notable, uno de los más fieles exponentes del legado de Albert King, de esa fusión de blues y soul que comenzó a cobrar forma en la década del sesenta. Hace 16 años editó su primer álbum para el sello Blind Pig. Exception to the rule fue el comienzo de una carrera exitosa que tuvo su base en la ciudad de San Francisco y que luego se extendió a todos los Estados Unidos, Europa y otros continentes. Hoy, su nombre es sinónimo de los altos estándares del blues y su guitarra es una de las más poderosas.

Ahora, y a modo de celebración, Castro acaba de lanzar un disco fabuloso, donde predomina un espíritu de zapada, donde toda su historia se ve condensada en doce canciones y un puñado de amigos de jerarquía. Legendary Rhythm & Blues Revue: Live! fue grabado en vivo en octubre del año pasado y acaba de ver la luz. Como en su último álbum de estudio, Hard Believer (2009), sigue vigente la sociedad con el sello Alligator. La portada de Legendary… es bien retro, como esos afiches de conciertos de los sesenta. Se ve la figura de Castro intentando un punteo en su Stratocaster y el resto de las figuras que conforman el disco. En los dos primeros temas, Wake up call y Gotta serve somebody (de Bob Dylan) Castro encara con convicción a la audiencia rodeado sólo por los miembros de su banda: Keith Crossan (saxo), Tom Poole (trompeta), Tony Stead (teclados), Scot Sutherland (bajo) y Ronnie Smith (batería).

Recién en e tercer tema aparece el primer invitado. Michael Burks suma su voz y aporta sus solos feroces en la extensa Voodoo spell. Luego sube al escenario Joe Louis Walker, quien hace poco lanzó un disco de similares características a éste, para interpretar una enérgica versión de It’s a shame. La potente voz de Sista Monica es el primer toque femenino del álbum: canta, sin guardarse nada, Nevers say never, que empieza de manera cancina y termina muy arriba. En My next ex wife, Rick Estrin, de los Nightcats, no sólo suma su armónica sino que también aporta una buena dosis de humor. La guitarra se ve reforzada a su vez con la participación del violero noruego Chris “Kid” Andersen. El tema siguiente es una de las mayores sorpresas del disco: el trío Trampled Underfoot se presenta con una arrolladora interpretación de su tema Fog.

Castro arremete con uno de sus clásicos, Painkiller, antes de invitar al escenario a otra dama: Janiva Magness canta una versión muy convincente de Think, de James Brown, con los vientos de Keith Crossan y Tom Poole marcando la superficie imaginaria del territorio del soul. Sigue en esa senda ya que el siguiente invitado es Theodis Ealey con quien alcanzan uno de los momentos más alegres y vivaces del show con This time I Know. En el final entrega sus mejores blues. Debbie Davies, dueña de una voz potente y una estilo para tocar la guitarra que aprendió directamente de Albert Collins, es la encargada de comandar All I found, un slow blues en el que sus solos disputan un duelo profundo con Castro. Todo termina con Serves me right to suffer con la guitarra de Castro enloquecida y la banda llevando el boogie a su máxima expresión.

sábado, 2 de julio de 2011

Algunos lanzamientos más del primer semestre

Too Slim & the Taildraggers – Shiver. Pese a que la banda se formó hace 25 años y que ya editó más de una docena de discos su nombre sigue siendo desconocido para muchos seguidores del blues. Liderada por el cantante, guitarrista y maestro del slide Tim "Too Slim" Langford, nativo de la ciudad de Spokane, en el estado de Washington, el grupo tiene un sonido en el que se pueden palpar las influencias de Elmore James, Duane Allman y Johnny Winter. Shiver es un álbum muy interesante, que tiene doce canciones compuestas por Langford, y cuenta con invitados como el saxofonista Mark "Kaz" Kazanoff, el armonicista Curtis Salgado y la cantante Duffy Bishop. Este parece ser el disco más sólido y consistente de los Taildraggers, posiblemente el que los coloque definitivamente en el lugar que se merecen.


Madeleine Peyroux -Standing on the Rooftop. Sutil. Melancólico.Delicado. Elegante. Todos esos adjetivos son adecuados para describir el último disco de Madeleine Peyroux. Con una banda muy particular, que incluye a músicos como el guitarrista Marc Ribot y al baterista de The Cult Charlie Drayton, más la colaboración del pianista y arreglador Allen Toussaint, el álbum tiene un sonido cálido que se balancea entre el jazz contemporáneo y el rock indie. La mayoría de los temas fueron compuestos por Peyroux junto a la violinista Jenny Scheinman, aunque en uno, The kind you can’t affort, la cantante que se formó musicalmente en París comparte crédito con el ex bajista de los Rolling Stones, Bill Wyman. Además hay muy buenos covers como Martha my dear (The Beatles), I threw it all away (Bob Dylan) y Love in vain (Robert Johnson).

Dave Alvin – Eleven Eleven. El primer tema del disco, Harlam County line, me llamó la atención: me pareció estar escuchando a Tony Joe White y su groove pantanoso. Esa percepción se mantuvo en varias canciones más. Pero su música está lejos de los terrenos mohosos de Louisiana. Nacido en California en 1955, Dave Alvin desarrolló un estilo que mezcló el blues, con el folk y una pizca de country. Tocó junto a Little Milton y Ramblin’ Jack Elliott y una de sus canciones, Long white Cadillac, fue un éxito cuando la grabó Dwight Yoakam en 1989. En Eleven Eleven, Alvin interpreta once canciones, ¡claro!, que son como crónicas de la América profunda. En Johnny Ace is dead indaga en los sórdidos acontecimientos que rondaron la muerte del pianista en 1954. En temas como Run Cornejo run, Manzanita y No worries mija fluye la influencia hispana que abarca el sur de California. Eleven Eleven es un gran álbum que termina de confirmar que Alvin es uno de los más fieles exponentes de la música folclórica estadounidense.

Varios Artistas – Rave on Buddy Holly. Se trata de una revisión del catálogo de Buddy Holly, uno de los artistas más influyentes de la historia del rock. El disco tiene 19 covers interpretados por artistas tan diversos como Paul McCartney y Cee Lo Green. Algunas versiones son fabulosas, porque no son copias fieles del original y porque el artista o la banda en cuestión logran imprimirle su sello personal. Por ejemplo: Dearest, por The Black Keys; Everyday, por Fiona Apple y John Brion; Peggy Sue, por Lou Reed; Maybe baby, por Justin Townes Earle; y That’ll be the day, por Modest Mouse. Pero después hay otras que podrían directamente haberlas obviado como I'm gonna love you too, por Jenny O., o la versión extra lavada de Raining in my heart, de Graham Nash. De todos modos, es un buen disco que cumple con dos objetivos: reivindicar las melodías de uno de los pioneros del rock and roll y darle un halo de atemporalidad a esas canciones que ya cumplieron más de 50 años.

Grayson Capps - The Lost Cause Minstrels. A Grayson Capps lo descubrí hace pocos meses cuando escuché su disco de 2006, Wail & Ride, gracias al blog de Rafa´s Rock & Soul. Capps es un artista que combina sus raíces sureñas, el blues de Nueva Orleans, el roots rock y una fuerte influencia de Tom Waits. Ahora salió su nuevo trabajo, The Lost Cause Minstrels, en el que se consolida como un artista puro y un cantante formidable. Pero más allá de ser un gran intérprete, Capps es un compositor avezado: de las once canciones nueve fueron escritas por él. Las dos restantes son covers de Taj Mahal (Annie’s lover) y Richard Brown (Jane’s Alley blues). El espíritu de este disco es itinerante y deja en claro que Capps es un hombre que conoce la ruta y que supo llenarse de todo lo que fue escuchando en el transcurso de sus 46 años de vida.

jueves, 30 de junio de 2011

De vino y blues

Una noche de otoño, húmeda y desabrida, decidí poner fin a las dudas sobre qué hacer y elegí quedarme en casa. El plan surgió al instante: escuchar una pila de discos y degustar un buen vino. Así fue como en el equipo empezó a sonar White African, de Otis Taylor, al tiempo que el sacacorchos penetraba la botella de Escudo Rojo, que había comprado unos meses antes en el free shop de San Pablo por apenas 20 dólares. Elaborado por la bodega Barón Philippe de Rothschild, en la zona de Maipo, Chile, Escudo Rojo cosecha 2008 es un blend de cuatro cepas: Cabernet Sauvignon, Carmenere, Syrah y Cabernet Franc. Empecé a degustarlo y pronto quedé prendado de sus aromas y su sabor. Lo acompañé con un queso de cabra que potenció todas sus virtudes. La seguidilla de discos siguió con Dislocation blues (Chris Whitley & Jeff Lang), Five long years (Eddie Boyd) y Searching for simplicity (Gregg Allman). El contenido de la botella fue bajando como cuando la marea se aleja de la costa. Recordar el aroma de los frutos rojos saliendo de la copa con discreción o el sabor contenido por la madera deambulando en mi boca son apenas dos momentos de una gran noche solitaria de vino y blues.

martes, 28 de junio de 2011

Power blusero

Todo empieza con el baterista marcando el ritmo, golpe y golpe. Se suma el bajo con un groove asesino. Enseguida aparece la guitarra bien funky. La canción, el clásico de Ten Years After, I’m going home, cobra forma cuando la voz canta las primeras estrofas. Así abrió Jeff Healey el show que dio en la Taberna Gorssman, un célebre club de Toronto, en 1994, y que ahora, más de tres lustros más tarde finalmente fue editado en cd. Healey fue un verdadero ejemplo: logró que sus limitaciones, su ceguera y su enfermedad, se convirtieran en su fuerte. Desarrolló un estilo muy personal para tocar que lo posicionó entre los mejores del género durante los noventa. Todo eso está plasmado en este disco.

Una de las grandes cosas de este show fue que Healey dejó lado su faceta más comercial: no interpretó Angel eyes o I think I love you too much y se dedicó a homenajear a sus ídolos, una constante en su carrera. Luego del comienzo arrollador de I’m going home, el álbum sigue con una tremenda versión de Killing floor, de Howlin’ Wolf, y enseguida baja la velocidad para interpretar As the years go passing by, dedicada a Albert King. Luego se despacha con Ain't that just like a woman, un clásico que tocaron desde B.B. King y Clarence “Gatemouth” Brown hasta Louis Jordan y Chuck Berry. El álbum sigue con una poderosa entrega de Yer blues, de los Beatles, que un año más tarde incluiría en su disco Cover to cover. Vuelve sobre el cauce del blues de Chicago y Chess Records con otro cover de un tema de Howlin Wolf: Who’s been talking. Ahí suma la experiencia de Michael Pickett, un armonicista que compartió escenarios y estudios con músicos como John Lee Hooker, Bo Diddley, Koko Taylor y John Hammond.

La parte final no da respiro. En un solo tema homenajea en simultáneo a dos figuras clave de la historia del blues y el rock: Robert Johnson y Eric Clapton. Esa interpretación de Crossroads resume de alguna manera el espíritu de la música de Jeff Healey. Aquí, además de la armónica de Pickett, se suma una segunda guitarra, la de Pat Rush. Luego sigue con Dust my broom y el final, abrumador y desbordante, es otro tributo compartido a dos de sus máximas influencias: Hendrix y Bob Dylan. Once minutos de pura adrenalina es lo que dura All along the watchtower.

A más de tres años de su muerte, por suerte todavía hay más música para escuchar de este canadiense fantástico que transformó sus impedimentos en virtudes. Live at Grossman’s es un disco en vivo fabuloso, que capta el power blusero de un guitarrista que supo hacerse un lugar en el mundo.

viernes, 24 de junio de 2011

Un verdadero tesoro

Bendito sea el día en que se abrieron los archivos de Neil Young. El sello Reprise acaba de editar la novena entrega: A treasure es un disco que recopila la gira posterior al lanzamiento del álbum Old ways. El contexto: la del ochenta no fue la década de Neil Young. Su música estuvo plagada de contradicciones y experimentaciones que lo condujeron a un fracaso tras otro. Editó los peores álbumes de su carrera, Re-ac-tor y Trans, y luego lanzó Everybody’s rocking, que pese a su sonido rockeado y contagioso, estuvo lejos de lo que se esperaba de él. Luego lanzaría otros dos discos muy polémicos: Landing on water y Life. Pero en el medio de toda esa música confusa, desorientada, apareció Old ways, una brisa bucólica y agradable que vio la luz en 1985.

Old ways tampoco está entre los mejores discos de su carrera, pero es una aproximación a la música country más profunda, que Nel Young realmente siente, y en la que tiempo después volvería a incursionar con otros discos. A treasure rescata una serie de conciertos en los que Young tocó junto a los International Harvesters, un compendio de luminarias de la música country como el guitarrista Ben Keith, los pianistas Hargus “Pig” Robbins y Spooner Oldham y el violinista Rufus Thibodeaux.

El resultado de esos shows tardó más de 20 años en ver la luz, pero aquí está, condensado en un disco bárbaro, que parece escapar a la coyuntura de la época. A treasure tiene doce canciones muy interesantes y amplias. Las mejores, para mí, son Soul of a woman, un blues muy poderoso, y Grey riders, que tiene la impronta de los Crazy Horse. Pero el resto de los temas está muy bien: reversiona dos canciones de Re-ac-tor (Motor City y Southern Pacific), interpreta un clásico de Buffalo Springfield (Flying on the ground is wrong) y hace un cover de una joya de la música country (It might have been).

Un Neil Young auténtico, impredecible y sorprendente arremete una vez más, esta vez con un verdadero tesoro, como tantos otros que ya editó en los últimos años y como muchos más que, supongo, debe tener ahí guardados en el inmenso arcón musical de su historia aguardando el momento oportuno de salir a la luz.


martes, 21 de junio de 2011

Hobo blues

Hace diez años murió John Lee Hooker, una de las figuras centrales de la historia del blues. Tenía 83 años cuando la muerte lo sorprendió mientras dormía en su casa de Los Altos, en California. Su legado musical es uno de los más trascendentes y contundentes del género: Hooker grabó cientos de sesiones que quedaron plasmadas en distintas compilaciones y ediciones que hoy se consiguen desde Oslo hasta Ciudad del Cabo y desde Moscú hasta Montevideo.

John Lee Hooker había nacido en Clarksdale, Mississippi, el 22 de agosto de 1917. Aprendió los blues escuchando a Charley Patton, Blind Lemon Jefferson y otros músicos de la época. Pero después recorrió un camino diferente al del resto de sus contemporáneos. Mientras Muddy Waters y Howlin’ Wolf, por nombrar sólo a dos, se fueron hacia Chicago, Hooker -un vagabundo errante por naturaleza- fue probando suerte en ciudades en las que no logró hacer pie, como Memphis y Cincinnati, hasta que llegó a la fría y gris Detroit. Allí, en la Motor City, encontró su lugar en el mundo y desarrolló un estilo muy personal para interpretar los blues.

Su boogie hipnótico y su forma tan particular de cantar lo convirtieron en un músico inigualable. Entre fines de los cuarenta y comienzos de los sesenta grabó gran parte de su mejor material (escuchen sino sus discos de Chess o Vee Jay) que influyó directamente sobre músicos y bandas de la talla de Bob Dylan, Canned Heat, los Animals, Bonnie Raitt, los Rolling Stones y Santana.

En los noventa, cuando ya su figura había alcanzado la cima y él ya estaba radicado en California, editó una serie de discos en los que se dio el gusto de tocar con estrellas rutilantes como Keith Richards, Johnny Winter, Van Morrison, Jeff Beck, Albert Collins y Robert Cray. Pasaron diez años desde su muerte y la amenaza del olvido, en su caso, es algo que no preocupa. El tiempo se encargó de revalorizar su música, sus canciones y su estilo, ese que supo moldear durante medio siglo y que ya alcanzó el status de eterno.


sábado, 18 de junio de 2011

Las melodías de Big John

Desde el primer tema queda claro que la música del nuevo disco de John Popper no permite un encasillamiento pero sí una comparación. El voluptuoso armonicista lleva su sonido a los márgenes del rock, el blues y el pop. Como solista, Popper no es tan audaz como al frente de los Blues Travelers. Aquí no hay tanto jam, sino que prevalecen las melodías. Su armónica está más contenida, pero eso no la hace menos efectiva. La música de los Duskray Troubadours es un guiño a una de las bandas más impresionantes que hayan rodado por el mundo del rock: The Band.

El primer tema es fabuloso. Love has made it so tiene una melodía encantadora, la voz de Popper se balancea entre las guitarras de Jono Manson, Kevin Trainor y Aaron Beavers, sostenida por un coro apenas perceptible que le vierte una naturalidad asombrosa a su registro vocal. Luego sigue con otra hermosa canción: A lot like you es bien acústica y tiene un ritmo más pausado. La armónica se despierta con unos solos sugestivos y atrapantes. Todo sigue con un blues cansino, Bereft, donde Popper demuestra porque sigue siendo un revolucionario de ese pequeño instrumento.

Los puristas del blues probablemente no se detengan a escuchar a John Popper, aunque deberían hacerlo. En la década del cincuenta Little Walter demostró que los límites de la armónica eran mucho más flexibles de lo que parecía hasta ese momento. Décadas después, con otra coyuntura, Popper le dio una nueva dimensión al instrumento. En este nuevo disco no avanza más allá con la experimentación sino que adapta sus soplidos a lo que las canciones le demandan. Make it better y Something sweet son dos temas alucinantes, especialmente el último, que tiene un groove relajado y sensual. Champipple es una especie de incursión campestre, donde prevalece la guitarra acústica, con una melodía alegre y altamente adictiva. Don’t tread on me tiene un magnetismo formidable y realmente parece que fue compuesta por Levon Helm y Robbie Robertson, aunque lleva la firma de Manson, Popper, Trainor.

Este es el tercer disco solista de Popper y poco tiene que ver con los anteriores: Zygote (1999) y The John Popper Project (2006). La marca aquí está centrada en la armonía, en dejar como legado un puñado de canciones geniales. Ya tendrá más tiempo Popper para darle rienda suelta a su armónica como anticipa en el último tema, Leave it up to fate, y como lo hizo siempre. Ahora es tiempo de escuchar a un hombre que se quiere consolidar también como un gran cantante y compositor. Y ciertamente lo es.

lunes, 13 de junio de 2011

Wine song 44

Nick Moss nació en Chicago hace casi 40 años y hoy es uno de los guitarristas de la nueva generación que respetan con la sangre la tradición de la ciudad. Para llegar al lugar en el que está ahora -es un número fijo en el Buddy Guy’s Legend- recorrió un camino que comenzó como bajista de Buddy Scott, luego de Jimmy Dawkins y después de la Legendary Blues Band. Allí hizo el switch a la guitarra y pasó a la banda de Jimmy Rogers. En 2001 editó su primer disco solista junto a los Flip Tops, y desde entonces sacó ocho discos más, dos en vivo. En uno de ellos, Live at Chan’s, de 2006, incluyó WINE-O-BABY BOOGIE del legendario Big Joe Turner.


viernes, 10 de junio de 2011

Aluvión de lanzamientos (parte II)

Black Country Communion - Black Country Communion 2. La banda conformada por Joe Bonamassa, Glenn Hughes, Jason Bonham y Derek Sherinian acaba de sacar la secuela de su primer disco. Aquí, el súper grupo ratifica su compromiso con el rock and roll atemporal, que va desde la vertiginosidad de Led Zeppelin hasta la magia noventosa de Soundgarden. La guitarra de Bonamassa, menos blusera que en sus discos solista pero tan efectiva como siempre, es lo mejor del combo. Cada rasgueo, cada solo, cada yeite se amoldan muy bien a la potencia vocal del ex bajista de Deep Purple. El disco, cuyo arte de tapa refleja la zona industrial de Inglaterra donde este proyecto se originó, tiene once temas cuyos créditos corresponden a los cuatro músicos, aunque hay tres que sólo fueron compuestos por Hughes. El primer tema, The outsider, es un buen indicador para establecer que es lo que sigue después: rock and roll sin miramientos y bien arriba. Como debe ser. El primer disco fue fabuloso por la novedad de la propuesta y la calidad de las interpretaciones. Si bien este álbum ya no cuenta con el factor sorpresa del anterior, es una pieza musical sólida que no se aparta de su rumbo.

Tedeschi Trucks Band – Revelator. Cuando dos personas aman la música y se aman entre ellos pueden lograr un álbum tan fantástico como Revelator. Derek Trucks, guitarrista de los Allman Brothers y frontman de su propia banda, decidió darle rienda suelta a un proyecto que elaboró con su esposa Susan Tedeschi, una formidable guitarrista y cantante, que hace años viene demostrando que es una figura importante dentro del mundo del blues. Con una formación que se parece a un equipo de fútbol, los once músicos que conforman la banda logran un sonido con mucho soul donde el blues, el gospel, el funk y el rock sureño se fusionan de una manera orgánica. La voz de Tedeschi y la guitarra de su marido son los puntales de este súper grupo que también cuenta con el bajista de los Allman, Oteil Burbridge, y otros músicos de primera línea. Además es loable destacar que cada una de las canciones están trabajadas con mucho esmero, lo que implica que más allá de ser excelentes músicos, Tedeschi y Trucks son grandes compositores y productores muy profesionales.

Willie Nelson & Wynton Marsalis featuring Norah Jones – Here we go again (Celebrating the genius of Ray Charles). Esta es una sociedad que dio sus frutos. Luego del excelente disco de 2008, Two men with the blues, ahora van por más con este tributo a Ray Charles, para el que sumaron nada más y nada menos que a Norah Jones. El viejo Willie y el músico que osó desafiar a Miles Davis lograron amalgamar una vez más sus estilos, ésta vez trabajando las canciones de una de las figuras centrales de la historia de la música. Ray Charles fue un músico que estuvo por encima de los estilos: jazz, soul, country, blues. Todo eso era Ray Charles y todo eso es lo que hay en este homenaje agradable, entretenido y amable.

martes, 7 de junio de 2011

Aluvión de lanzamientos (parte I)

Ben Harper - Give till it's gone. Una vez más Ben Harper logra una mixture exquisita de estilos. En apenas once canciones lía funk, rock, blues, folk, soul, psicodelia y una pizca de reggae. El disco es un poco menos furioso que su predecesor de estudio, White lies for dark times, pero tiene el espíritu libre que caracteriza a la música de Harper. Hay un par de sorpresas: Ringo Starr suma su experiencia en la batería en dos temas que co escribió junto a Harper (Spilling faith y Get there from here) y Jackson Brownie aporta sus armonías vocales en Pray that our love sees the dawn. Harper además rinde una especie de tributo a Neil Young con Rock and rol is free. Con este nuevo disco Ben Harper confirma varias cosas: que es un excelente compositor, que no se lo puede encasillar en ningún género y que, pese a su gran momento, sigue teniendo una proyección a futuro muy auspiciosa.

Ray Manzarek & Roy Rogers – Translucent blues. El sonido del teclado de Ray Manzarek tiene una mística especial que ha vencido al paso del tiempo. Día tras día, miles de chicos siguen descubriendo la música de los Doors, que todavía se presenta como un símbolo del encantamiento entre el rock, la poseía y la vida al límite. Claro que lo de Manzarek terminó siendo muy diferente a lo de Jim Morrison. Al segundo se lo consumió la época, las drogas, la fama y su propia personalidad. Manzarek, por el contrario, eligió el camino largo, y a 40 años de la muerte de Morrison sigue tocando con la misma pasión que antes. Como lo hizo en 2008 con Ballads before the rain, volvió a asociarse con el maestro del slide Roy Rogers, sólo que esta vez para el sello Blind Pig. Más allá de que lleve la palabra blues en el título, el concepto de Translucent es mucho más amplio: es una especie de adaptación moderna de los Doors, donde el sonido del teclado y la guitarra se combinan de manera muy natural, al igual que las voces de ambos protagonistas.

Samantha Fish, Cassie Taylor & Dani Wilde. Girls with guitars. Ruf Records reunió a tres chicas jóvenes, que representan la nueva sangre del blues para lanzar un álbum explosivo. La guitarrista inglesa Dani Wilde, la rubia de Kansas Samantha Fish y la hija de Otis Taylor, Cassie, combinaron sus talentos y el resultado es un disco de blues rock aguerrido y con mucha vitalidad. Las tres están tratando de ganarse un lugar en la escena musical y este trabajo seguramente les abrirá varias puertas. El disco tiene doce temas. Diez son composiciones de las chicas y hay dos covers: Bitch, de los Rolling Stones, y Jet airliner, de Steve Miller. Girls with guitars es una descarga eléctrica que sólo se desenchufa cuando Dani Wilde interpreta Reason to stay con una dobro. Las chicas tienen el blues y con este disco lo demuestran.

Jackson Taylor & The Sinners – Let the bad times roll. Llegué a este disco gracias al blog Rockland. Coincido en un 100 por ciento con las palabras de su autor: “Este disco que nos ocupa hoy le encantará a todo amante de sonidos country-rock con un toque canalla, al estilo de Steve Earle en sus primeras obras con The Dukes, por citar una referencia conocida, aunque me imagino que la principal influencia de Taylor es el legendario Waylon Jennings (…)Un disco que sería una perfecta banda sonora para transportarte a esas largas e interminables carreteras polvorientas del medio oeste americano (…)”. Y creo que es así como el amigo lo reseña: un forajido que lleva un tatuaje de Elvis en uno de sus brazos y que de su guitarra emana unos solos profundos que tienen sus raíces en lo más profundo del corazón de Nashville.

Raphael Saadiq – Stone rollin’. Basta escuchar el tema que da nombre al disco para darse cuenta de que Raphael Saadiq es un soulman de pura cepa. Su música conjuga el legado de Sly & The Family Stone, los Ohio Players y Earth, Wind & Fire. Saadiq nació en Oakland, California, en 1966. A fines de los ochenta, junto a su hermano y su primo, formó el grupo de R&B y neo soul Tony! Toni! Toné, que fue muy popular en la Costa Oeste. A fines de los noventa se sumó al súper grupo de hip hop y urban soul, Lucy Pearl, y en 2003 una de sus canciones grabadas por D’Angelo ganó un grammy. Su carrera solista, que comenzó en 2002, despegó definitivamente en 2008 cuando firmó para el sello Columbia y grabó The way I see it. Con Stone rollin’ se consolida como uno de los máximos exponentes de la nueva oleada del soul.

domingo, 5 de junio de 2011

Levon Helm en el Ryman

Levon Helm ya tiene su propio Last Waltz. Ramble at The Ryman es un álbum monumental. Una presentación en vivo memorable, con una selección de temas exquisita y algunos invitados que realmente logran una sinergia fabulosa con el anfitrión. Música de raíces, mucho sentimiento y unas armonías vocales emocionantes son los condimentos de este disco. Fue grabado en noviembre de 2008 en el auditorio Ryman, en la ciudad de Nashville, la capital de la música country. Así como lo hace cada semana cerca de Woodstock, el lugar en el que vive desde hace décadas, hizo su ramble show en el Ryman con amigos y un público fervoroso. Todo empieza con una versión muy alegre de Ophelia, el tema que The Band grabó en 1975 para el disco Northern lights-Southern cross, para pasar a Back to Memphis, de Chuck Berry, y luego a Fannie Mae, de Buster Brown. El ritmo y la algarabía no decaen. Levon Helm, al frente de su batería y cantando en un muy buen registro, se despacha con una versión de Baby scratch my back, de Slim Harpo, con el acompañamiento de Little Sammy Davis en armónica.

Luego sube al escenario Sheryl Crow. “Es un honor”, dice ella antes de emprender con la letra de Evangeline, una versión muy campestre que en The Last Waltz interpretó Emmylou Harris. Promedia el disco y una brisa bucólica envuelve el ambiente: Buddy Miller le pone voz a su tema Wide river to cross, con el acompañamiento de la mandolina de Sam Bush. Cada uno de los invitados se adapta perfectamente a la banda que lidera el multiinstrumentista Larry Campbell. Deep Elem blues y Anna Lee abren el camino a una versión sensacional, que parece extraída del corazón de Nueva Orleans, de otro clásico de The Band: Rag mama rag. En Time out for the blues, la banda vierte puro rock and roll con un solo de guitarra rockabillesco, un piano que suda boogie-woogie, un saxo desatado y la melodiosa voz de la hija de Levon, Amy. Para el final se guarda tres exitazos de The Band. Primero una versión muy souleada de The shape I’m in sacude toda la estantería. Después, una guitarra rabiosa da los primeros acordes de Chest Fever. Seis minutos más tarde, Levon Helm cierra diciendo: “Siempre es grandioso tocar en el Ryman”. Invita al escenario al legendario John Hiatt y suman sus voces para cantar una de las mejores canciones de la historia del rock: The Weight. Ramble… es un álbum festivo en donde Levon Helm celebra estar vivo luego de haberle ganado una batalla al cáncer. Y lo hace como él sabe: arriba de un escenario tocando su música.

domingo, 29 de mayo de 2011

Celebration

Elvin Bishop lleva más de 40 años en la ruta. Recorrió cientos de caminos. De norte a sur y de este a oeste. No debe haber una sola ciudad en los Estados Unidos en la que no se haya presentado en vivo. La senda del blues también lo llevó a Europa. Ahora, a poco de cumplir 70 años, acaba de editar un nuevo álbum. Pero esta vez no lo hizo en un estudio, ni el escenario de un bar o un teatro, sino que le sacó blues a su Gibson mientras fluía bajo sus pies el agua del mar Caribe.

Este es el segundo disco que se edita en el año en vivo en el Legendary Rhythm & Blues Cruise. El anterior, de Joe Louis Walker, contó con una selección de de invitados como Johnny Winter y Kenny Neal. En éste, en cambio, no hay desfile de músicos sino que se trata de una banda muy sólida encabezada por John Nemeth, el guitarrista noruego Kid Andersen, Finis Tasby, Bob Welsh y Terry Hanck.

Todo el disco tiene un espíritu de celebración en el que Bishop vuelca todas sus influencias. El R&B se mezcla con el blues de Chicago y con un boogie de raíces. Por momentos la guitarra con slide captura la escena. La armónica de Nemeth y el saxo Hanck alternan entre un tema y otro al igual que las voces. Los coros por momentos le vuelvan una dosis de gospel al show.

La selección de canciones es un lujo. Hay varios clásicos como The night time is the right time, It hurts me too, Dyin' flu o la fabulosa River’s invitation, de Percy Mayfield. Y por supuesto hay una nueva versión de Fooled around and fell in love, el tema que llevó a Bishop al tope de los ránkings a mediados de los setenta. Esta vez el cantante no es Mickey Thomas como en aquella oportunidad, pero John Nemeth hace un muy buen trabajo.

Bishop es un pedazo de historia viva. Es uno de los pocos sobrevivientes de la legendaria Paul Butterfield Blues Band y su sociedad junto a Little Smokey Smothers todavía perdura en el recuerdo de quienes disfrutaron sus discos. Todo eso está reflejado en Raisin’ Hell Revue, un disco auténtico en el que no hay glamour ni carteles de neón. Se trata de música fluyendo con naturalidad en un clima de puro festejo.


viernes, 27 de mayo de 2011

Del riñón de La Pampa

En la región del Alto Valle del Río Colorado, en la localidad pampeana de 25 de Mayo, hay una porción de tierra desértica de 140 hectáreas que produce unos vinos exquisitos. A quién se le hubiera ocurrido pensar hace unos años que de ese riñón de la provincia de La Pampa, casi en el límite con Neuquén, podrían reverdecer viñedos. La amplitud térmica juega un rol central para que se den variedades muy interesantes como Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah, Merlot, Chardonnay, Sauvignon Blanc y, especialmente, el Cabernet Franc, que de todos los que probé fue el que más me gustó. El 25/5, el vino económico de Bodega del Desierto, es un lujo a un precio más que razonable. Tal vez no sea tan sencillo conseguirlo: hay que buscarlo en vinerías o pedirlo en unos pocos restaurantes. Asi que si alguna vez lo ven en un exhibidor o en una carta no lo duden: pruébenlo.

martes, 24 de mayo de 2011

Bob Dylan, 70

"Bob Dylan es uno de esos personajes que sólo aparecen una vez cada 300 o 400 años".
(Leonard Cohen)


Hoy Dylan cumple 70 años. En estos días se publicaron cientos de notas sobre su figura desde todos los ángulos posibles: su música, su rol en los sesenta, sus incursiones en el cine, sus amores y divorcios, su cambiante relación con las religiones, su intrincada personalidad, el Nobel que nunca le dieron, etc. Supongo que muchos de sus admiradores deben tener a mano decenas de anécdotas relacionadas con el viejo Bob. Estas son las mías:

1) La primera vez que lo vi en vivo fue en 1998 cuando se presentó como telonero de los Rolling Stones en River. Por entonces yo no estaba tan metido en su nueva música y, si bien había escuchado mucho sus discos de los sesenta, no disfruté tanto el show. Tal vez porque estaba en la popular y se veía y escuchaba mal o porque me traicionaba la ansiedad por ver a Jagger y compañía. Pasaron los años y mi interés por su música y su historia creció en forma desmedida. Y Dylan no desapareció, sino que se convirtió en el trovador de los tiempos modernos y en el guardián de la tradición musical más profunda. En abril de 2007 lo volví a ver en vivo. Fue en el Palais Omnisport de París y esa vez si que lo disfruté mucho. El contexto, ya de por sí era muy alentador y su show fue muy intenso, similar al que dio un año después en Vélez. Esa noche fresca, a pocos metros del Sena, me encontré con un Dylan parco, auténtico y genial. Presentó sus nuevas canciones y, a su forma, se burló del público y del tiempo: las reinterpretó a todas y algunos ni se dieron cuenta que estaba tocando It ain't me babe, Like a rolling stone o All along the watchtower. Mercy, Bob.

2) Dylan editó más de cuarenta álbumes oficiales y las discográficas lanzaron al mercado más del doble de compilaciones. Es difícil enumerar cuántas canciones compuso Dylan en medio siglo de carrera. Lo cierto es que debe haber unas 20 o 25 que tranquilamente podrían estar entre las 100 mejores de la historia del rock. Me preguntaron muchas veces cuál es para mí el mejor disco de Dylan. Antes de responder siempre hurgo en mi cabeza en busca de un par de razones para no elegir Highway 61 revisted, pero no las encuentro. Con ese disco hizo su primera reconversión: dejó el folk acústico por el rock bien eléctrico. Además es un álbum que tiene canciones alucinantes como Like a rolling stone, Desolation row, Just like Tom Thumb's blues y Ballad of a thin man, y el guitarrista es nada más y nada menos que Mike Bloomfield. Pero a la hora de elegir cuál de sus canciones es mi favorita, mi respuesta varía según el momento que yo esté atravesando: puede ser Don't think twice, is all right, One more cup of coffee o Gotta serve somebody. Hoy me quedo con Changing of the guards.

3) Esta es una anécdota gloriosa que me contó mi amigo Horacio Aizpeolea, un fanático absoluto de Dylan. Cuando el viejo Bob vino en 1998, Horacio era redactor de Información General de Clarín y José Aleman, su jefe, lo mandó a cubrir la llegada al aeropuerto de Ezeiza. Lo que apenas iba a ser una foto epígrafe se convirtió en una cabeza de página porque Dylan en vez de esperar que fueran a buscarlo los organizadores, paró un taxi y se fue al hotel. La curiosidad periodística picó a Horacio como nunca antes le había sucedido y luego de algunas averiguaciones encontró al taxista. Consiguió data de primera mano para su crónica, pero lo mejor de todo fue que también se quedó con un souvenir invalorable: las cinco colillas de cigarrillos Merit que Dylan había fumado arriba del taxi.

"Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo. Bob Dylan nunca piensa sobre Bob Dylan. Yo no pienso en mí mismo como Bob Dylan. Es como dijo Rimbaud: Yo soy el otro."

viernes, 20 de mayo de 2011

El maravilloso mundo de Jack

El que está arriba del escenario, frente a una multitud, no es un rock star. Podría serlo, pero no lo es. Está vestido con un buzo con capucha, remera y jeans. Se lo ve tranquilo. Relajado. Canta y toca la guitarra con mucha naturalidad. Sus melodías son dulces y sencillas. Es imposible no dejarse llevar por cada una de ellas. Jack Johnson por fin está en la Argentina y empieza a transmitir su buena vibra desde el primer acorde.

Es una noche cálida, sin brisa, pese a que estamos más cerca del invierno que del recuerdo del verano. Apenas unas finas nubes cubren el cielo y una luna enorme y amarillenta se posa sobre nosotros. La música fluye en el predio del club GEBA. Jack comienza con You and your heart, el tema que abre su último álbum, To the sea, y sigue con If I had eyes, de su disco anterior, Sleep through the static. La gente parece en trance. Un ritmo tenue hace balancear las cabezas de un lado a otro.

Jack se apoya en una banda muy sólida: Zach Gill, o la versión surfer del “Flaco” Schiavi, es el sostén del combo musical. Sus teclados y sus coros son esenciales para refrendar la onda cool de las melodías de Jack. Merlo, en bajo, marca los tiempos y lleva un groove fabuloso. Adam Topol, más que golpear, acaricia la batería con suavidad.

Recién cuando termina de tocar el quinto tema -Sitting, waiting, wishing- Jack se dirige al público. “Lo siento pero mi español es muy poco”, dice y luego anuncia en inglés que el día anterior fue su cumpleaños y también el de Zach. Recibe un regalo de un grupo de chicas histéricas que se agolpan frente al escenario. La música continúa con un hit detrás de otro. Parece mentira cuántas melodías pegadizas tiene bajo la manga. Upside down, Inaudible melodies y Flake son algunas de las que interpreta en la primera mitad. Unas con la guitarra acústica, otras con la eléctrica.

Después sigue con Red wine, mistakes, mythology y en el último verso cuela el estribillo del clásico de Neil Diamond, que popularizó UB40, Red, red wine. Luego arranca bien abajo. Apenas se escuchan los rasgueos de su guitarra y la letra de Bubble toes se oye más por el público que por él. Algo pasa cuando empieza a cantar Wasting time. Se olvida la letra y se lo toma con tranquilidad. Se ríe y dice que se distrajo con algo. No queda claro con qué. Eso mismo volverá a pasar más adelante con la letra de Same girl. A pocos les importa. Es parte de la sencillez con la que vive y toca. En el final de ese tema homenajea a los Ramones con una versión playera, como no podía ser de otra manera, de I wanna be your boyfriend.

A un costado del escenario, un nene de unos seis o siete años baila todas las canciones. ¿Será su hijo? Zach Gill entona un par de estrofas y sorprende con una voz alucinante. Merlo rapea el final de Staple it together, que comienza con un efecto wah wah de la guitarra y sigue con un solo bluseado. Para Banana pancakes, Jack se arma de un ukelele y le imprime una onda más alegre a la interpretación.

Llega el momento de los bises. Jack sale solo con su guitarra acústica y toca cuatro temas. Para terminar llama a sus músicos y cierran con una versión mellow de Better togerther. El recital de Jack Johnson era como me lo había imaginado. Es algo así como ir a tomar algo a la casa de un buen amigo, descansar en la playa con el mar acariciando los pies o fumarse uno hasta que la sonrisa florezca sin disimulo. Así es el maravilloso mundo de Jack.

TRACK LIST:
1) You and your heart 2) If I had eyes 3) Hope 4) Taylor 5) Sitting, waiting, wishing 6) Go on 7) Upside down 8) The horizon has been defeated 9) Inaudible Melodies 10) Flake 11) Red wine, mistakes, mythology / Red, red wine 12) Bubble toes 13) From the clouds 14) Wasting time 15) Breakdown 16) Banana pancakes 17) Same girl / I wanna be your boyfriend 18) Staple it together 19) Good people 20) At or with me BISES: 21) Do you remember 22) Angel 23) Times like these 24) Gone 25) Better together.

lunes, 16 de mayo de 2011

El espíritu de Chicago

El blues de Chicago está asociado a la guitarra eléctrica y la armónica. El saxo no es uno de esos instrumentos habituales en las bandas de la ciudad. Pero siempre está la excepción que rompe la regla. Ese es el caso de Eddie Shaw, un tipo que lleva tocando más de 40 años y que lo hizo junto a los más grandes del género. Dejó la banda de Muddy Waters para irse a la de Howlin’ Wolf y compartió escenarios con Magic Sam, Freddie King y Otis Rush, entre otros. Cuando Wolf murió, en 1976, él se hizo cargo de la banda y desde entonces nunca dejó de tocar.

Su presentación del sábado en Mr. Jones trasladó el espíritu de Chicago a Ramos Mejía. No voy a entrar en comparaciones sobre si estuvo mejor o peor que otros shows porque la verdad eso no conduce a nada. Fue un buen recital. Entretenido y auténtico. La banda –encabezada por Juan Urbano López y Walter Loscocco- se mantuvo siempre en un segundo plano, más allá de algún solo de guitarra aislado. La prioridad fue la voz wolfesca de Shaw, quien realmente canta blues desde sus entrañas.

La selección de temas fue un compendio de gemas del género. Empezó con Big boss man y terminó con Sweet home Chicago, a la que le mechó el estribillo de The blues is alright. En el medio rindió homenaje a Muddy Waters, Sonny Boy Williamson y, por supuesto, a Howlin’ Wolf con interpretaciones muy sentidas de Little red rooster, Shake it for me y Howlin’ for my baby.

Shaw sostuvo su saxo más de lo que lo tocó, aunque en Goin’ down slow sopló un par de notas muy conmovedoras. Durante las casi dos horas en las que estuvo frente a unas 60 o 70 personas se mostró simpático, especialmente a la hora de hablar de las argentinas. “Les digo una cosa: tienen mujeres muy bonitas aquí. Me estoy volviendo viejo pero no ciego”, bromeó el hombre que hace poco cumplió 74 años.

Fue una noche de buen blues, un viaje imaginario a un bar de Chicago, humoso y estridente, en el que el artista, sus músicos y el público disfrutaron de la noche por igual.

sábado, 14 de mayo de 2011

Revival

Foto: Diego Paruelo / Tiempo Argentino

Hace muchos años, cuando tenía 13 o 14, escuché por primera vez la canción Bad moon rising. Por aquél entonces no tenía mucha idea de música y su ritmo y melodía me llegaron hasta los huesos. En aquél momento, no entendí la dimensión de ese simple acontecimiento. Ahora, un par de décadas después, comprendo que fue el disparador de todo lo que vendría en mi mundo musical. Ese tema me llevó de Creedence a los Stones, de Hendrix a Johnny Winter, de B.B. King a Mike Bloomfield, etc. Fue la llave de entrada a un mundo fabuloso e inagotable, de rock y blues, de leyendas y guitarras. De discos inmortales y anécdotas entrañables.

Lo que viví en el Luna Park el viernes a la noche fue un revival de mi génesis rockera. John Fogerty es un mito viviente. Él fue Creedence. La voz, la guitarra, los temas. Y su show representó todo eso.

Empuñando una dorada y reluciente Gibson Les Paul disparó los acordes de Hey tonight. Después siguió con Green river y el solo pantanoso del final arrimó el fango de Lousiana a Buenos Aires. Pese a que cambió de viola una docena de veces, el sonido de su guitarra predominó en todo momento. Su forma enérgica de cantar, su otra virtud, no se aplacó ni por un instante. En total tocó 26 canciones y apenas recurrió a un par de temas de sus discos solistas. Sorprendió con Pretty woman, de Roy Orbison, y Summertime blues, de Eddie Cochran, y luego se dedicó a repasar todos su hits (los que compusó él y los que reinterpretó con Creedence): Lodi, Travelin’ band, Cotton fields, Lookin’ out my back door, Down on the corner, I heard it through the grapevine, Born on the bayou, Long as I can see the light y Have you ever seen the rain?, que se la dedicó a su hija.

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando empezó a cantar a capella Midnight special. Por ahí , muchos no lo sepan pero esa canción tiene casi un siglo. Fue compuesta alrededor de 1923 y Leadbelly recién grabó su versión, la que se popularizó, en 1934. Hay sonidos que superan el paso del tiempo y perduran a las modas y la demanda del mercado. Y con Midnight special, Fogerty demostró que ese tipo de inmortalidad es posible. Otro punto alto del show fue la cruda y visceral interpretación blusera de The night time is the right time.

Promediaba el show cuando pasó algo poco usual. Invitó al escenario a un chico, de nombre Lucas, que había ganado no sé qué concurso. Lo cierto es que Fogerty dijo que se había conmovido con la historia del flaco, que parece que vendió su guitarra para comprar una entrada para el show. ¿Qué hizo Fogerty? Le regaló una de las suyas.

El final fue sensacional, como no podía ser de otra manera. La seguidilla de temas incluyó The old man down the road –con cinco guitarras sonando todas juntas-, Bad moon rising y Fortunate son. La locura de la gente fue tal que Fogerty hizo dos temas -Rockin’ all over the world y Proud Mary-, se fue y tuvo que volver para hacer uno más. Respondió al Ohhh ohhhh profundo del público con mucho más rock and roll: Good Golly Miss Molly.

Me fui extasiado del Luna Park, con la sensación de haber flotado en el pasado, de haber hecho un recorrido en reversa hacia la época en que gastaba las cintas de los cassettes. Estas canciones llevan más de 40 años sonando y no hay nada que las detenga, por el contrario, siguen sacudiendo y emocionando. Son el rock and roll en estado puro.

martes, 10 de mayo de 2011

Tributo a Robert Johnson

Big Head Todd The Monsters - Big Head Blues Club / 100 years of Robert Johnson. Este disco acaba de ser editado y es un fiel reflejo de la trascendencia histórica de las canciones de RJ, que suenan tan fantásticas hoy como lo hacían en la década del treinta. El trío rockero de Colorado sacó a relucir su costado más blusero para ejecutar con solvencia diez legendarias piezas musicales. Y para ello logró sumar al proyecto a músicos de primera línea. El rey B.B. King aporta su voz y los solos irresistibles de Lucille en Crossroads blues, mientras que Charlie Musselwhite sopla su armónica en Come on in my kitchen y la versión hipnótica de Last fair deal gone done. Pero hay más: a sus 97 años “Honeboy” Edwards hace dos apariciones espectrales en If I had posession over judgement day y Sweet Home Chicago. También participan del disco el viejo Hubert Sumlin, y nuevos exponentes del género como Ruthie Foster, Lightin’ Malcom y Cedric Burnside.

Robert Lockwood Jr. – Plays Robert & Robert. Un hombre puede exhalar su alma aullando blues mientras rasga una guitarra de doce cuerdas y eso es lo que se escucha en este álbum. Robert Lockwood Jr. no fue un músico cualquiera, fue uno de los últimos eslabones con el RJ real, el de carne y hueso, y no sólo su leyenda. Según cuenta la historia, Lockwood aprendió a tocar la guitarra de primera mano, ya que cuando era adolescente su madre mantuvo una relación amorosa con RJ. El joven Lockwood encontró en él al padre y mentor que anhelaba y con el tiempo se convirtió en su más fiel discípulo. Plays Robert & Robert -grabado en 1982 y editado en cd once años después por el sello Evidence- tiene seis temas de RJ, cinco suyos y uno de Ma Rainey, y es una obra fundamental en la discografía de cualquier blusero.

Eric Clapton – Me and Mr. Johnson. Que Clapton haya dedicado en 2004 este disco a la figura de RJ fue un gran aporte al blues por varios motivos: 1) permitió que muchísima gente de distintas partes del mundo, especialmente jóvenes, conocieran la leyenda de RJ y fueran a comprar sus discos o bajar su música; 2) finalmente, después de diez años, Clapton volvió a editar un disco 100 por ciento blusero; 3) sus interpretaciones de temas como When you got a good friend, Stop breakin’ down o Come on in my kitchen son fabulosas; 4) reunió una banda de lujo encabezada por Doyle Bramhall II, Billy Preston, Jerry Portnoy y el baterista Jim Keltner; 5) dio pie a una secuela ese mismo año –Sessions for Robert J.- con más covers y un dvd en el que se lo ve a él tocando en el mismo edificio de Dallas en el que RJ grabó en 1937.

Peter Green with Nigel Watson Splinter Group – Hot foot powder. La vida de Peter Green es para una película. Creó Fleetwood Mac -uno de los grupos más importantes de la historia del rock-, se convirtió en uno de los mejores guitarristas ingleses de los sesenta y dejó la banda porque no podía asimilar el éxito como casi todos sus pares. Luego tuvo una vida errante, de vagabundo y loco. Durante mucho tiempo poco se supo de él: padeció muchos vaivenes emocionales y grabó algunos discos bastante malos. A fines de los noventa decidió reconvertirse junto al Splinter Group y para eso eligió la música de RJ. En 1998 vio la luz The Robert Johnson Songbook, que no resultó ser un gran álbum, debido a que su voz estaba arruinada y el esfuerzo vocal de Nigel Watson y Paul Rodgers no alcanzó para compensar. Dos años más tarde lo intentó de nuevo: para Hot foot powder utilizó otras 13 canciones de RJ e invitó a maestros como Otis Rush, Dr. John, Buddy Guy, Hubert Sumlin y “Honeyboy” Edwards que le terminaron dando al disco lo que le faltó a su antecesor.

The Kingfish - The Robert Johnson Project. Este disco fue editado el año pasado y es un tributo a RJ muy decente. La banda de San Francisco, que supo tener entre sus filas a Bob Weir, intentó imprimirle cierto toque personal a cada una de las 14 canciones que conforman el track list. En algunos temas lo lograron con creces: la exquisita zapada con cierto espíritu de jazz latino en If I had possession over judgement day; el sonido funky del piano en Phonograph blues; el fabuloso ritmo sensual del contrabajo en Me and the Devil blues; y el arrebato rockero de Traveling riverside blues, son algunos de los picos del disco. Claro que por momentos tiene sus altibajos, pero en líneas generales se trata de muy buena música interpretada de una manera personal e innovadora.

domingo, 8 de mayo de 2011

Un siglo

Hace 100 años nacía Robert Johnson, el hombre que con su guitarra y su mito cambió definitivamente la historia del blues.

Según la leyenda, Robert Johnson era un músico mediocre y errante que luego de una larga ausencia reapareció tocando su guitarra de una manera magistral e innovadora para la época. Los rumores del momento hablaban de un pacto con el mismísimo Satanás en una encrucijada de caminos, fábula que fue alimentada en parte por las oscuras letras de sus canciones y por su temprana muerte, en 1938 y bajo misteriosas circunstancias.

La música de Robert Johnson es el núcleo central del rock and roll, es la verdadera semilla, el inicio mismo de todo. Canciones como Sweet Home Chicago, Come on in my kitchen, Love in vain, Traveling riverside blues, Stop breaking down, Crossroad blues, Ramblin’ on my mind y Dust my broom inspiraron a la crema de la crema del rock. Los Stones, Eric Clapton, Led Zeppelin, Allman Brothers, Steve Miller y Grateful Dead, por solo nombrar a algunos, grabaron versiones de sus temas y siempre destacaron su influencia. “Robert Johnson es para mí el más importante músico de blues que jamás haya existido. Era verdadero, absoluto y jamás encontré a alguien que llegara tan adentro con su música”, dijo Clapton. “Su música fue como un cometa o un meteorito que llegó a mi vida como un boom”, comentó Keith Richards.

En lo personal recuerdo aquellas noches de comienzos de los noventa, en las que le daba vuelta una y otra vez a los cassettes del sello Columbia en mi viejo equipo Philips. Horas y horas escuchando esas canciones y sus versiones alternativas, que fueron grabadas en dos sesiones entre 1936 y 1937. Yo todavía no había cumplido los 20 años y la figura de Robert Johnson ya me había absorbido. Aquellos eran días en los que no existía Internet y la única forma de conocer más sobre su historia era buceando en bibliografía que no era fácil conseguir.

La vigencia de Robert Johnson hoy sigue intacta en los que lo escuchamos desde hace mucho y en los que empiezan a descubrir su música, un siglo después de su nacimiento.

jueves, 5 de mayo de 2011

Dr. House's blues

Antes que nada quiero aclarar que nunca vi la serie Doctor House. Así que esta reseña no está condicionada por mi simpatía o bronca hacia el protagonista. Mi relación con Hugh Laurie empezó en el mismo instante en que escuché el primer tema del disco Let them talk. Todo comienza con Laurie al piano interpretando la melodía de St. James Infirmary. Con cada acorde la canción va ganando en intensidad. Hasta que un remolino eléctrico de la guitarra da paso al contrabajo y el tema despega: Laurie empieza a cantar con una voz muy personal. Me llevé una grata sorpresa.

El segundo tema es You don't know my mind, de Tampa Red, en el que Laurie se apoya en los coros de la distinguida dama de Nueva Orleans, Irma Thomas, quien también canta junto a él en John Henry. El álbum sigue como una especie de recorrido místico por la orilla del Mississippi, el French Quarter y la calle Bourbon. Otros dos invitados de lujo son Dr. John y Tom Jones. Con el primero Laurie canta a dúo una exquisita versión de After you’ve gone. Mientras que con el cantante galés se despachan con Baby, please make a change. Let them talk también cuenta con la participación del legendario Allen Toussaint, quien se encarga de los arreglos de viento.

En cuanto terminé de escuchar el disco entré a youtube para ver si había algo de Laurie tocando en vivo. Encontré una presentación en vivo reciente en un estudio de tevé europeo y también un reportaje que le hizo Jools Holland en su programa, antes de que ambos se echaran un boogie a cuatro manos en el piano. En un momento Holland puso un video de Otis Spann, Ain’ nobody business, y en el momento que el viejo bluesman canta el estribillo, el camarógrafo poncha a Laurie que hace una mueca tan sincera y conmovida por la música que me hizo dar cuenta como el tipo realmente siente el blues.

Laurie es un actor inglés que apenas pasó los 50 años. En varias entrevistas se encargó de aclarar, en tono de broma, que él no nació en Alabama pero que eso no le impidió desarrollar una pasión absoluta por el blues más tradicional del sur de los Estados Unidos. Está claro que con este disco Laurie no busca rédito comercial: Let them talk no va a engrosar su cuenta bancaria, pero seguramente lo va a posicionar como un músico talentoso con mucho sentimiento. Una bocanada de aire fresco para la música de la vieja escuela.

martes, 3 de mayo de 2011

Poción mágica

Tab Benoit recorrió un largo camino y nunca torció el rumbo. Desde su primer disco, Nice & warm (1992), hasta hoy, su música representa el sonido de su tierra, los pantanos de Louisiana, y el legado de los músicos que admiró cuando era chico: Albert King, Albert Collins y Jimi Hendrix. El sello Telarc Blues acaba de lanzar un nuevo álbum del músico nacido en Baton Rouge. Medicine es un compendio de once canciones muy sólido, en el que se destacan siete composiciones de Benoit junto al itinerante Anders Osborne.

La formula de esta poción es más o menos la misma que siempre: blues, soul, rock y cajun. Pero ahora, la voz de Benoit suena mucho más segura, perfectamente ensamblada a cada uno de los temas que interpreta. El disco fue grabado en los estudios Dockside, fue producido por Benoit y Osborne, quienes contaron con la colaboración de David Z. a la hora de la ingeniería de sonido. Desde el primer minuto hasta el último, Medicine tiene ese dejo fangoso de Louisiana. Diez de las canciones son bien eléctricas, pero hay un momento acústico fantástico en el que Benoit interpreta Long lonely Bayou junto al violinista Michael Doucet.

La banda merece un párrafo aparte. Benoit reunió a músicos que conocen el pantano como pocos: el hijo de Aaron Neville, Ivan, está a cargo de los teclados Hammond; Brady Blade lleva la rítmica desde su batería; y Core y Duplechin se encarga del bajo. Y cuenta con la segunda guitarra a cargo de Osborne, quien, según dijo, utilizó para estas sesiones la Lucille original de B.B. King.

Además de los temas compuestos por Benoit-Osborne, el resto de las canciones pertenecen a artistas como Johnny Otis y Junior “Guitar” Watson (Broke and lonely), al ya mencionado Michael Doucet (Can’t you see) y a John Magnie y Tommy Malone (Next to me).

Medicine es uno de los mejores discos de Benoit. Y parte de eso se debe a la espontaneidad del momento de la grabación. El músico contó en una entrevista: “La magia aparece cuando menos lo espera. La mayor parte del material del álbum es en vivo, y en su mayoría son primeras tomas. Cuando tocábamos tratamos de no estructurar las cosas. Estábamos abiertos al momento”.