miércoles, 23 de agosto de 2023
Pronounced 'Lĕh-'nérd 'Skin-'nérd, el legendario debut discográfico de Lynyrd Skynyrd
sábado, 1 de julio de 2023
Del blues al góspel, la transformación de Georgia Tom
En los anales de la música afroamericana resplandece la figura polifacética de Georgia Tom, un virtuoso artista que surcó el tortuoso camino desde las profundidades del blues hasta las alturas celestiales del góspel. Su metamorfosis estilística, llevada a cabo en pleno apogeo de su éxito, fue radical, pero su genialidad interpretativa y su destreza compositiva dejaron una huella imborrable en ambos géneros.
Nacido como Thomas A. Dorsey el 1° de julio de 1899 en la pequeña localidad de Villa Rica, Georgia, este prodigio musical creció en la ciudad de Atlanta bajo la tutela de un pastor bautista, cuyos genes musicales parecían fluir con fervor desde su infancia. Dorsey se impregnó de una amplia variedad de estilos musicales, desde el blues y el jazz hasta el vodevil y los himnos religiosos, e incluso las canciones hillbilly. Sin embargo, fueron el blues y el ragtime los que encendieron su pasión musical desde temprana edad, llevándolo a presentarse como Georgia Tom desde adolescencia.
En 1918, se mudó a la bulliciosa ciudad de Chicago, donde comenzó a actuar junto a destacados músicos de jazz de la época, formando su propia banda, los Wildcats, y emprendiendo giras junto a la emperatriz del blues clásico, Ma Rainey. No obstante, fueron las partituras de canciones las que se convirtieron en su principal fuente de ingresos. En 1924 grabó varios discos para la compañía Paramount Records, dejando una impronta en la historia musical.
Hacia 1928, en compañía de Tampa Red, Georgia Tom forjó un grupo que alcanzaría el éxito arrollador con su grabación Tight Like That, vendiendo la asombrosa cifra de siete millones de copias. Sin embargo, en 1932, la vida de Georgia Tom experimentó una transformación trascendental y dolorosa tras la muerte de su esposa durante el parto de su primer hijo. Fue entonces cuando su espíritu inquieto encontró refugio en las catedrales sonoras de la devoción y la fe.
Inmerso en una búsqueda espiritual profunda en la década del treinta, cambió su nombre artístico por el de Rev. Thomas A. Dorsey y dirigió su talento hacia la creación de música sagrada. Junto a la destacada cantante Mahalia Jackson se convirtió en un artífice del góspel, componiendo melodías que fusionaban los lamentos del blues con los cimientos de la fe. Sus canciones, impregnadas de una espiritualidad profunda, se alzaron como monumentos sagrados en el paisaje sonoro, siendo Take My Hand, Precious Lord un himno imperecedero inspirado en la muerte de su esposa.Dorsey murió en Chicago el 23 de enero de 1993 y su legado, esa amalgama única de blues y góspel, trascendió las barreras del tiempo y espacio. Su música se convirtió en un faro de esperanza en medio de la complejidad de la experiencia afroamericana, un testimonio de resiliencia y transformación.
viernes, 12 de mayo de 2023
Minton's, un lugar en el mundo
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| El viejo local de Minton's de Galería Río de la Plata |
Me gustaría tener una foto de aquella época. Una imagen que recupere el momento en el que empecé a ser feliz rodeado de discos. Pero no eran tiempos de celulares todavía y tampoco era de andar con una cámara encima. Mi aventura en esa pequeña disquería de Belgrano transcurrió entre el 93 y el 97. Para el transeúnte ocasional era un comercio más de discos, pero para mí era un santuario, un club de amigos y una casa de estudios a la vez. En Minton’s escuchaba y aprendía. Me relajaba. La pasaba bien y gastaba bastante plata, no porque los discos fueran caros, sino porque compraba muchos. Ese pequeño local de la planta alta de la Galería Río de la Plata, sobre Avenida Cabildo, al lado del primer McDonald’s, fue para mí una usina inagotable de música.
Era la época del boom del cd y sobre Cabildo estaba lleno de disquerías. Pero Minton’s ofrecía algo distinto. Vendía exclusivamente discos de jazz y blues, y el disquero era una especie de gurú para la mayoría de los que fuimos clientes. Minton’s existe y se volvió un sitio de referencia para el jazz porteño por su dueño, Guillermo Hernández. Ese mismo local con los mismos discos, pero sin Guille, no hubiera sido lo mismo. El tipo le imprimió su magia, compartió su conocimiento y a muchos nos abrió las puertas a una nueva etapa sensorial.
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| Guillermo Hernández y Adrián Iaies en los 90. |
Si empatizabas con Guille entrabas al círculo de confianza
de Minton’s. Pasabas a la categoría de “lleválo, si no te gusta me lo traes de
vuelta”. No era la relación de un comerciante con el cliente, sino del gurú con
sus seguidores. Y lo más probable es que el que se llevara tal o cual disco no
lo devolviera, y regresara con el dinero para pagarlo, porque Guille sabía la
música que le gustaba a cada uno de sus habitúes. Ahora, si no le caías bien,
él se iba a encargar de hacértelo notar.
Le debo haber comprado más de 300 discos en esos años. Pero me quedaron algunos que no supe apreciar en su momento y ahora me arrepiento. Había uno de Juke Boy Bonner del sello Arhoolie que lo tuvo durante años y nadie se lo compraba. Por entonces me resultaba un blues muy rústico, complicado de digerir. Hoy me encantaría tenerlo, pero es muy difícil de conseguir.
Pasé horas en el localcito de Guille. Con el tiempo empecé a ir en horarios determinados porque a última hora siempre caía la cofradía del jazz y no quedaba mucho espacio para el blues. No es que no me gustara el jazz, de hecho ahí también compré mis primeros discos de Miles, Coltrane (“A vos que te gusta el blues te va a encantar Lush Life”), Bill Evans, Oliver Nelson, Joe Pass y Thelonius Monk, artistas que empecé a disfrutar mucho tiempo después. Yo estaba metido en otra cosa. Estoy seguro de que Guille disfrutaba esos momentos de blues a media tarde, cuando recién abría. Una tarde cualquiera en Minton´s escuchábamos a Lonnie Johnson, Charles Brown y Big Joe Turner. Al día siguiente sonaban Jimmy Whiterspoon, Duke Robillard y Ronnie Earl. Así pasábamos las horas. Un disco atrás de otro y el cenicero lleno de colillas.Las clases magistrales de Guille no solo abarcaban artistas
y estilos, sino también sellos. Entre sus preferidos de blues, creo recordar,
estaban los discos de Arhoolie, la serie Original Blues Classics de
Prestige/Bluesville y los de Charly R&B. Pero también traía muchos de
Evidence, Wolf, Columbia, Chess, Testament, Blind Pig y, desde ya, Alligator.
Los jueves era el día clave. Llegaban los encargos que
Guille hacía a Estados Unidos. Recuerdo que tenía el catálogo Penguin de discos
que era como una guía telefónica. Ahí buscábamos los artistas y títulos
disponibles y él los pedía a una distribuidora. Los cd’s llegaban en una caja
de cartón rectangular. Venían sueltos sin sus cajas de acrílico, que Guille las
compraba aparte en Buenos Aires. Armarlas también era parte de la tarea en
Minton’s
A comienzos del 97, Guille me pidió si podía y quería
atender el local los sábados de 10 a 13. Por su puesto que le dije que sí. Eso
duró unos meses y fue una experiencia bárbara. Me tocó atender a Petinatto y a
muchos otros que se volvieron reconocidos coleccionistas de jazz. Llegaba al
local, me pedía un café y me ponía a escuchar música en soledad hasta que
entraba alguien en busca de un pedido o a revisar las bateas.
A mitad de ese año me fui unos cuantos meses a estudiar a
México y no volví más a Minton’s. Comencé a trabajar en Clarín y ya no contaba
con las tardes libres. Al tiempo Guille cerró y se fue a España. Después de
2001 volvió a abrir pero en un local de Avenida Corrientes. Fui una vez sola
para saludarlo y conocer el nuevo refugio del jazz porteño. Fue una charla
genial como las de siempre y para honrar la historia le pedí que me recomendara
un disco. Me ofreció Gerry Mulligan y Paul Desmond Quartet. Y se lo compré.
Al haber dejado de ir hace tiempo no llegué a ser parte de
la cofradía de Minton’s, que todavía se mantiene en pie y por estos días celebra
junto a Guille los 30 años del local. La mía es una historia íntima y quiero
conservarla así. Eso sí, me gustaría tener esa foto. La imagino medio opaca,
conmigo acodado en el mostrador, atento, y Guille con un cd en la mano con ese
gesto que siempre hacía cuando le gustaba lo que escuchaba, una onomatopeya que
sonaba algo así como “uhhhjuuujuuu”. No la tengo ni la tendré, pero si conservo
los discos y el recuerdo que hay en cada uno de ellos. Y eso es para siempre.
domingo, 30 de abril de 2023
Muddy Waters, del sonido crudo del Mississippi al blues eléctrico de Chicago
El éxito de Muddy Waters en Chicago comenzó con una mentira. En septiembre de 1947, el músico repartía persianas venecianas para la empresa Westerngrade cuando un amigo suyo le avisó que el pianista Sunnyland Slim quería contratarlo para las sesiones que tenía previstas con el flamante sello Aristocrat. Según el libro Chicago Blues, de Mike Rowe, Muddy, que por entonces tenía 34 años y llevaba poco más de tres en esa ciudad, esperaba ansioso su oportunidad. Sin dudarlo llamó a su jefe y le dijo que necesitaba el resto del día libre porque su primo había sido asesinado en un callejón. Así fue como el futuro padre del blues de Chicago accedió al estudio de grabación junto al reputado pianista y grabaron el sencillo que llevaría el tema Gypsy Woman en el lado A y Little Anna Mae en el B.
Esa sesión no era la primera de la que participaba Muddy
Waters en Chicago. En 1946 había grabado Mean
Red Spider como miembro de la banda de James "Sweet Lucy" Carter
y otro puñado de temas para Homer Harris y James “Beale” Clark para el sello
Columbia. Además arrastraba la experiencia rudimentaria, pero de un valor
histórico inconmensurable, de las grabaciones del más puro Delta blues en la
plantación Stovall y Clarksdale, en Mississippi, para Alan Lomax a comienzos de
esa década.
Pero esa aparición junto a Sunnyland Slim fue decisiva para
su carrera. Marcó el inicio de su relación comercial con los hermanos Phil y
Leonard Chess, que pronto le cambiarían el nombre a Aristocrat por el de Chess
Records, que se volvería la gran usina de blues eléctrico de Chicago de la
década del cincuenta. En esos años dorados, el sello contó con Muddy Waters
como músico insignia, pero también tuvo entre sus filas a otros popes del
género como Howlin’ Wolf, Willie Dixon, Little Walter, Bo Diddley, Chuck Berry,
Sonny Boy Williamson II y Buddy Guy, entre otros.
En ese período de poco más 15 años, desde 1948 hasta 1963,
Muddy Waters grabó un catálogo formidable que incluye clásicos como I Can't Be Satisfied, I Feel Like Going
Home, Rollin' And Tumblin', Rollin' Stone, Walking Blues, Long Distance Call,
Blow Wind Blow, Hoochie Cooche Man, I Just Want To Make Love To You, I'm Ready,
Manish Boy, Forty Days & Forty Nights, Got My Mojo Working y Rock Me, entre muchos otros. Chess
también lanzó los LP’s The Best of Muddy
Waters, Muddy Waters Sings Big Bill Broonzy, Folk Singer y At Newport, este último uno de los
discos en vivo más trascendentes de la historia del blues.
A comienzos de los setenta, Muddy Waters empezó a compartir
escenarios y estudios de grabación con músicos blancos. Como fruto de esa
experiencia surgieron los álbumes Fathers
& Sons con Mike Bloomfield y Paul Butterfield; The London Sessions con Steve Winwood, Rory Gallagher y Rick Grech;
y el Woodstock Album junto a miembros
de The Band. Fue un momento de profundos cambios y transición. En 1975, en
medio de una demanda por la falta de pago de regalías, llegó a su fin su
relación con Chess, que ya no pertenecía a los hermanos.
Pronto vendría la etapa de la reivindicación. Llegó de la
mano de Johnny Winter, el guitarrista texano que había dejado atrás su adicción
a la heroína y el Arena rock para volver a las fuentes del blues. El albino
sumó a Muddy Waters como invitado en su álbum Nothin’ But The Blues y luego le produjo sus últimos cuatro discos,
tres de estudio y uno en vivo, para el sello Blue Sky Records, subsidiario de
Columbia: Hard Again (1977), I’m Ready (1978), Muddy Mississippi Waters Live (1979) y I’m a King Bee (1981). Una de las últimas apariciones de Muddy
Waters en público fue en el Checkerboard Lounge de Chicago, que quedó
inmortalizada en video porque compartió escenario con los Rolling Stones como
invitados y donde Mick Jagger siempre será recordado por el jogging rojo de
dudoso gusto.
Muddy Waters murió el 30 de abril de 1983, hace hoy 40 años,
de un ataque al corazón, aunque su salud se había deteriorado a lo largo del
último año. Según algunas reseñas tenía 68 años y otras 70. Si bien el día de
su cumpleaños nunca estuvo en discusión, el 4 de abril, el año sigue siendo una
incógnita. El legado de McKinley Morganfield, su verdadero nombre, es enorme.
No solo por lo que estableció al blues de Chicago como estilo musical, sino por
lo que representó para aquellas bandas de rock surgidas en los años sesenta y
setenta que tomaron su música y la reformularon hasta alcanzar el estrellato.
Muddy Waters marcó un antes y un después en la historia de la música popular. Y
todos le deben algo a él.
domingo, 16 de abril de 2023
Mucho antes del surgimiento del jazz, Frank Johnson tocaba la música más candente de EEUU
Artículo traducido de la Smithsonian Magazine
jueves, 13 de abril de 2023
Let’s Dance, el disco con el que David Bowie conoció el éxito comercial y la masividad
viernes, 31 de marzo de 2023
Las memorias de Vitico, un viaje al núcleo del rock & roll
La vida de Vitico probablemente sea una de las más apasionantes de los músicos del rock local. Y su autobiografía, Vitico - El canciller (Planeta / 2023) así lo refleja. Sus páginas nos llevan a los inicios del rock nacional, donde “el cajetilla de Recoleta” se convirtió en un Mod. Su paso por el Di Tella, su relación con Billy Bond y la Pesada del Rock & Roll, sus primeras bandas, el momento en que conoció a Pappo, su gran amigo de la vida, sus raíces vascas y cómo nació su amor por el bajo son algunas de las primeras historias que relata.
viernes, 17 de marzo de 2023
The Black Crowes y la vigencia del viejo rock & roll
jueves, 9 de marzo de 2023
Closing Time, retrato de noches solitarias
Closing Time anunció discretamente la llegada de un compositor talentoso cuya timidez, humor irónico de bar y melancolía lo hicieron destacar entre prácticamente todos sus pares. Con los años vendrían decenas de discos más, entre los que se destacan Small Change (1976), Rain Dogs (1985), Bone Machine (1992), Mule Variations (1999) y Bad as Me (2011), su hasta ahora último álbum de estudio. Una particularidad es que Waits siempre adaptó su sonido a las distintas épocas, manteniendo su espíritu, llevando su aguardentosa voz hasta los límites y experimentando con distintos sonidos para lograr un efecto provocador.
martes, 28 de febrero de 2023
Stax Records y su ejército sureño del ritmo
En la historia de Stax no todos fueron momentos de gloria: la tragedia pegó dos veces: la temprana muerte de Otis Redding y parte de la banda The Bar-Keys en un accidente aéreo fue un golpe durísimo, en especial porque el cantante estaba en su mejor momento tras su rutilante aparición en el Monterey Pop Festival; y el crimen del dueño del ritmo, el baterista Al Jackson Jr., ocurrido en 1975, coincidió con la bancarrota y cierre de la discográfica.
sábado, 14 de enero de 2023
Esperando a un amigo
Su primera experiencia importante fue la participación en la
grabación del álbum Blues en Movimiento Vol I en español. Allí registraron tres
temas cuando todavía no tenían baterista y recurrieron a los servicios de
Gabriel Cabiaglia y Homero Tolosa para la sesión. El disco, Mala suerte amigo, apareció un año
después ya con Tavo Doreste en piano en lugar de Ros. Pero el grupo pronto se
disolvió porque los músicos no pudieron sostenerlo en medio de otros proyectos.
El último show que dieron fue en Tabaco, a fines de 2012, y luego Guido Venegoni
puso su alma y energía en Tamesis, Fede Verteramo se sumó a Easy Babies,
Costales armó su propia banda y Christian Morana se incorporó a El Club del
Jump. Pero siempre siguieron conectados entre ellos.
El show comenzó minutos antes de las 12 de la noche y casi
como una maldición vudú lo primero que se escuchó fue el sonido inequívoco de
un cable roto. Mientras lanzaban los primeros acordes de No va más, Morana apuró el cambio con un cable que le cedió Costales. Superado ese
inconveniente, el blues comenzó a fluir como si nunca hubieran dejado de tocar
juntos.
Guido Venegoni es un showman que no esconde nada. Cuando
arranca con sus registros agudos parece que va a hacer estallar la cristalería,
pero en algún punto logra un equilibrio y armoniza con un estilo muy personal.
Baila y arenga constantemente al público. Es incansable. El campeonato del
mundo logrado por la Selección argentina nos tiene todavía bien arriba y Guido, claro está, no es francés. En un momento comenzó a cantar a capella Muchachos y el público
lo siguió con ganas.
Cuando grabaron el álbum una década atrás, Fede Verteramo
era una promesa de la guitarra de blues en la Argentina. Hoy es un guitarrista
de nivel internacional. Se tomó muy en serio su trabajo, pulió su estilo con
mucha vocación y sentimiento y hasta logró un dominio magnético del slide. Jorge
Costales es otro elemento clave de la banda, aporta un swing contagioso cuando
tiene que solear con su armónica y luego se mantiene rellenando espacios, con
pinceladas rítmicas, y siempre bien ubicado. Eso ocurre también con Tavo
Doreste, tanto con el sonido del piano como con el hammond. Los dos juegan un
rol decisivo en la banda y se complementan a la perfección con una sección
rítmica que vuela, presidente, con Morana al bajo y Germán Pedraza en
la batería.
Promediando el show, Doreste le dejó su lugar a Gonzalo Ros, quien se subió para tocar los tres temas que habían grabado para el compilado de Blues en Movimiento: Decime algo, Son momentos y Todo va a estar bien. Una hora y media después, con el público pidiendo más, Los Huesos comenzaron a despedirse con Es mejor así y No lo ves querida. El recital llegaba a su fin, pero la historia sigue escribiéndose. La amistad que los une también.
¿Qué es un hueso de gato negro?
Un hueso de gato negro es un tipo de amuleto de la suerte
que se utiliza en la tradición mágica del vudú. Se cree que asegura una
variedad de efectos positivos, como la invisibilidad, la buena suerte, la protección
contra la magia maligna, el renacimiento después de la muerte y el éxito
romántico. Es una creencia que está muy arraigada en la cultura afroamericana
del sur de los Estados Unidos y, por ende, en el blues.
jueves, 12 de enero de 2023
La verdad según Jeff Beck
En 1967, Jeff Beck abandonó The Yardbirds después de haber tocado en casi todos los hits de la banda y dejó a Jimmy Page como guitarrista líder. En cuestión de meses Page tomó el control los New Yardbirds, grupo que pronto se convertiría en Led Zeppelin. De esa manera, un tanto azarosa, la partida de Beck fue una de las semillas del surgimiento del hard rock y el heavy metal.
La carrera solista de Beck, que por entonces contaba 23
abriles, había comenzado a gestarse un año antes con la grabación de Beck’s Bolero, con Page en guitarra de
doce cuerdas y una rítmica conformada por John Paul Jones en bajo y Keith Moon
en batería, quien por entonces evaluaba dejar a los Who, algo que finalmente no
sucedió.
Jeff Beck sintió que era su momento. Comenzaba una
revolución interna que la plasmaría en su sonido, cargado de distorsión y
lirismo, pero todavía faltaba para su etapa instrumental. Como cantar no era lo
suyo, para formar su propia banda, recurrió a un joven que tenía destino de
estrella. Rod Stewart cantaba en los grupos Steampacket y Shotgun Express, pero
la posibilidad de ser el vocalista principal de un grupo formado por un ex
Yardbird fue mucho más tentadora.
La formación se completó con un joven Ron Wood en bajo y Aynsley
Dunbar en batería. Mickey Most, un importante productor de la época, que había
alcanzado hits con The Animals, y Donovan, sugirió que como líder del grupo que
llevaría su nombre, Beck debía cantar. Claro que él sabía de sus limitaciones,
pero intentó hacerlo de todas maneras. El resultado fue el single Hi Ho Silver Lining, de un éxito
moderado y fugaz. Luego grabó dos temas por insistencia de Most: Tallyman y el instrumental Love is Blue. Mientras tanto, Rod
Stewart era el vocalista de una banda en la que no cantaba en el estudio de
grabación. La situación no era sostenible en el tiempo.
Beck abrió el álbum de una manera audaz, con su viejo éxito
de los Yardbirds, Shapes of Things,
reconstruyendo deliberadamente la canción desde cero para que suene más cercana
al blues de Chicago, que también lo motoriza en las demoledoras versiones de I Ain’t Superstitous y You Shook Me, ambos temas compuestos
por Willie Dixon. El segundo, casualmente, sería versionado por Jimmy Page en
el primer álbum de Led Zeppelin.
Con Ol' Man River,
de Jerome Kern, también se sumergió en un blues eléctrico lento, mientras que sondeó
territorio folk con una versión de guitarra acústica en solitario de Greensleeves, que fue pensada como
relleno, pero al público le encantó. Beck's Bolero –en los créditos Keith Moon
figura como “You Know Who”- y el conmovedor Blues Deluxe son las otras gemas
del álbum, que además incluye dos canciones escritas por él con el seudónimo de
J.Rod, Le Me Love You y Rock My Plimsoll, y Morning Dew.
Most fue el productor del disco que se grabó en apenas cinco
días en los estudios Abbey Road de Londres. El álbum salió a la venta en 1968 y
tuvo poco impacto en Reino Unido, pero trepó en los charts estadounidenses y se
mantuvo en el puesto 15 durante ocho semanas. Las cartas estaban echadas y la
banda estaba en llamas… en todo sentido. Pronto volvieron a los estudios para
grabar su secuela, que se tituló Beck-Ola, ahora con Tony Newman en batería y
con Hopkins al piano en todas las canciones. Pero antes de que el álbum saliera
al mercado la relación de Beck con Rod Stewart y Ron Wood se había resentido al
punto de no retorno, y estos dos pegaron el portazo para sumarse a The Faces.
El guitarrista seguiría adelante con el Jeff Beck Group,
pero comenzaría la transición a la fusión con el jazz, primero con el disco Rough and Ready (1971) y luego con Jeff Beck Group (1972), aunque con un
impasse para grabar Beck, Bogert &
Appice (1973), el álbum del fugaz power trío que armó junto al bajista Tim Bogert
y el baterista Carmine Appice, antes de alcanzar el pináculo del rock
instrumental con su álbum Blow by Blow
(1975).
Si bien nadie discute su lugar en el olimpo de los guitar héroes, y el reconocimiento del
mundo del rock tras su muerte, este martes 10 de enero, así lo demuestra, a
veces pagó caro el precio de una personalidad compleja o el de su búsqueda
experimental muchas veces alejada de las exigencias comerciales. Con todo, ese Truth de 1968, un disco que grabó en una
época de formación y descubrimiento musical, contribuyó de una manera decisiva
en el advenimiento del rock. Y eso es algo que la historia no podrá borrar jamás.
jueves, 5 de enero de 2023
Greetings From Asbury Park, NJ, la primera postal sonora de Bruce Springsteen
El lanzamiento del primer álbum de Bruce Springsteen es el
punto de partida simbólico de una carrera que lleva más de cincuenta años. Simbólico
porque el Jefe no agarró la guitarra de un día para el otro y grabó un disco,
sino que llevaba un buen tiempo en la ruta, peleándola a diario. En su
adolescencia integró el grupo The Castles y luego el trío Earth hasta que, a
fines de los sesenta, conoció a Steve
Van Zandt y Danny Federici con quienes formó Child, que luego renombraron como
Steel Mill, la verdadera génesis de Bruce Springsteen & The E Street Band.
De a poco se volvió una banda de culto en Asbury Park, Nueva Jersey, hasta que
pegaron el gran salto. Ese período de formación, que abarcó buena parte de la
década del sesenta, incluyó viajes, shows y discos de otros artistas que fueron
moldeando sus gustos musicales.
A mediados de 1972, con apenas 22 años, a Springsteen se le
presentó una gran oportunidad. Mike Appel había asumido la responsabilidad de
ser su representante le consiguió una audición con John Hammond, nada más y
nada menos que el célebre productor de Columbia Records que había fichado a Bob
Dylan y descubierto a Billie Holiday y Aretha Frankllin. Springsteen recuerda
en su autobiografía Born to Run que en su primer encuentro con Hammond, “Mike
le dijo que yo era el segundo advenimiento de Jesús, Mahoma y Buda, y que me
había llevado allí para comprobar si su descubrimiento de Dylan había sido
chiripa o si de verdad tenía oído. Me pareció un modo interesante de
presentarnos y congraciarnos con el hombre en cuyas manos estaba nuestro futuro”.
La grabación de Greetings From Asbury Park, NJ,se llevó a cabo en el 914 Sound Studios de Nueva York, en medio de un ambiente
tenso por una disputa entre Mike Appel y el ingeniero de sonido. Hammond y
Davis lo habían fichado como músico folk, porque buscaban al “nuevo Dylan”, pero
Springsteen quería también grabar con una banda. Logró convencer a Appel y
reunió a sus músicos, aunque en este caso quedó afuera Van Zandt porque
decidieron finalmente no incorporar guitarra eléctrica. “Grabamos todo el disco
en tres semanas. La mayoría de las canciones eran autobiografías deformadas.
Growin’ Up, Does This Bus Stop, For You, Lost in the Flood y Saint in the City
germinaron a partir de personas, lugares, garitos e incidentes que yo había
visto o vivido. Las escribí de forma impresionista, cambiando los nombres para
proteger a los implicados. Y trabajé para encontrar algo que se identificase
conmigo”, cuenta en su libro.
“Cuando al final entregamos, Clive
Davis nos lo devolvió diciendo que no había hits, ‘nada que pueda sonar en la
radio’. Me fui a la playa y escribí Spirit in the Night, volví a casa, machaqué
mi diccionario de rimas y compuse Blinded by the Light, dos de los mejores
temas del disco. Logré dar con Clarence Clemmons (…) y usé su fantástico
saxofón en estos últimos dos cortes. Qué gran diferencia con el resto. Aquella
era la versión más lograda del sonido que tenía en mi mente para mi primer
álbum. La pre-E Street Band dio lo mejor de sí para lograr un sonido digno de
estudio y las palabras fluyeron como una súbita tormenta, chocando las unas con
las otras sin concesiones”, sostiene Springsteen.














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