viernes, 26 de marzo de 2010

La despedida del Rey

(Foto: Silvia Passarello)

Cuando terminó el show, el hombre que tenía sentado a mí lado me preguntó qué me había parecido. La verdad es que no supe que responder. Dudé. Era un tipo de unos 40 años que estaba con su hijo, un nene de 10 o 12. Era la primera que vez que ellos asistían a un concierto de B.B. King y como me vio a mí con el anotador, dedujo que yo era periodista. El hombre, que tenía una remera de House of Blues de San Diego, mostraba las mismas dudas que yo pero no estaba seguro que su opinión fuera válida. Pensé la respuesta unos segundos y apenas pude balbucear un “estuvo bueno”. “Un poco corto. Me parece que habló mucho”, agregué.

Intercambié algunas frases más con mi circunstancial vecino y salí del Luna Park con una andanada de ideas acerca de la hora y media que acababa de dejar atrás. Estuve a unos 30 metros del legendario Rey del Blues. Y sin embargo me sentía raro. Qué pasó ahí adentro. El Luna estaba repleto, había clima de fiesta. En el escenario estaba B.B. King y su banda, pero…

En ese mismo escenario lo vi por primera vez. El 17 de diciembre de 1991. De hecho fue mi primer recital. Recuerdo que aquella noche calurosa salí con la sensación de que el blues había llegado a mi vida para quedarse. Aquél recital fue como si alguien hubiera clavado un cuchillo de blues bien adentro de mis entrañas. A partir de ese momento empecé a escuchar con pasión todos sus discos. Empecé a consumir blues como loco. Después vi tres recitales más: el 31 de octubre de 1992 en Obras (donde comenzó su amistad con Pappo), el 10 de diciembre de 1993 en el Gran Rex y el 9 de diciembre de 1998 también en el mismo teatro de la avenida Corrientes. De cada uno de esos shows salí extasiado porque B.B. y Lucille habían hecho de las suyas.

Pasaron 12 años desde ese último recital. B.B. King tenía 72 años y todavía aguantaba parado todo el show. Ahora la cosa cambió. Le cuesta caminar y también le cuesta tocar. No quiero decir que toque mal. Por Dios, no. Toca poco, aunque esos punteos siguen siendo maravillosos. Esto no es una crítica. Sería una falta de respeto total que un ser insignificante como yo critique nada más y nada menos que al Rey del Blues. Es simplemente una reseña de lo que me tocó vivir la noche del jueves en el Luna Park.

B.B. dialogó mucho con la gente. Recordó a Pappo. Bromeó con sus músicos. Habló del amor, de las mujeres, de la paz en el mundo y de lo mucho que le gusta la Argentina. No quiero exagerar pero casi un cuarto del show fue hablado.

En total, B.B. tocó once canciones: I need you so, Let the good times roll, Key to the highway, Bluesman, Every day I have the blues, See that my grave is kept clean, When loves come to town, You are my sunshine, Rock me baby, The thrill is gone y When the Saints go marching in. En Key to the highway y The thrill is gone escuchamos los mejores solos de Lucille. No me gustó la versión acelerada de When loves come to town. La banda sonó formidable como siempre, sobre todo con la destreza y los golpes del gran Tony Coleman.

La voz de B.B. está intacta y cuando canta realmente estremece. También es muy emocionante escucharlo hablar del amor que tiene por vivir y seguir tocando. Si bien B.B. dijo que le gustaría volver porque ama la Argentina, coincido con lo que escribió Marcos Mayer en Clarín: fue un concierto con gusto a despedida: ¡Hasta siempre, Maestro!

martes, 23 de marzo de 2010

Diez años

Descorchar una botella a veces puede ser un viaje en el tiempo. Hace diez años yo intentaba dejar de fumar por primera vez (la tercera fue finalmente la vencida), habíamos superado sin problemas el bluff del Y2K, De la Rúa todavía no había convocado a Cavallo para tratar de salvar lo insalvable y las Torres Gemelas todavía estaban erguidas en el corazón de Manhattan. De ese año es el Villa Seca de Manuel López López que tomé este fin de semana, un exquisito vino de corte 70% malbec, 25% cabernet sauvignon y 5% merlot de las zonas de Luján de Cuyo y Maipú, en Mendoza. La contraetiqueta de este caldo cosecha 2000 aclaraba que se trataba de un vino sin filtrar y aconsejaba decantarlo. Así lo hice. No voy a usar palabras rimbombantes para describirlo porque eso no es lo mío. Simplemente voy a decir que beberlo fue una experiencia muy interesante, ni hablar cuando a la fiesta de sabores se sumó el queso de cabra con orégano. En todos estos años a mí me pasaron un montón de cosas, mientras que el Villa Seca no tuvo mucha actividad: dos años en pequeños tanques de acero inoxidable y el resto quieto, adentro de la botella. Y este fin de semana, descorche de por medio, toda su quietud y pasividad de esta década se alteró al caer en el decantador y luego pasar a las copas. La concentración alcohólica poco a poco se fue disipando y el vino en todos sus sentidos llegó al punto de equilibrio que alguien soñó diez años atrás.

sábado, 20 de marzo de 2010

Crazy Heart


Por René Roca

Anoche vi Crazy Heart, la película con la que Jeff Bridges ganó un Oscar. Él está bien, hace una actuación bastante aceptable, aunque me dio la impresión de que es un borrachín de base y que simplemente se maquilló para el papel. En fin, la película no dice mucho, es una historia tranquila de un hombre que trata de salir adelante y recomponer una vida semi miserable (me gustó más El Luchador, de Micky Rourke). Pero el asunto acá no es hacer una crítica cinéfila, oficio que desconozco, sino contarles que lo único que me provocó este film fue unas irrefrenables ganas de beber whisky.

Apenas puse stop, me abalancé sobre la alacena a la búsqueda de algún dorado elixir o un bourbon lija gargantas (pretendía cantar un amargo blues a la luna después del tercer vaso). Pero nada. Mi bar es patético: un fernet Vittone, un gin Hiram Walker y un ron en el que flotan cosas (en una época lo usaba para flambear panqueques, pero ya ha perdido toda combustión). Busqué otras opciones y abrí las puertas debajo de la bacha de la cocina, y ahí, muy oculta, pero asomándose para que yo la picara en el juego de la escondida, una delgada botella de vodka Orloff. Estaba llena. Esa torpeza solo podría ocurrir si alguien, que no era yo, la hubiera olvidado el día de mi cumpleaños. La emoción de haberla encontrado fue suficiente como para pre embriagarme sin siquiera desenroscar la tapa. Casi automáticamente, saqué de la heladera tres enormes pomelos a punto de pudrirse (digo a punto por lo optimista que estaba en ese momento). Enrosqué con ganas sus mitades en la juguera y obtuve medio vaso de los grandes. Eché tres piedras y lo anegué de vodka, lo que me obligó a tomar el primer sorbo sin levantarlo.

En el patio había colocado la notebook sobre la mesa, el trago infernal y un disco de Dr. John. Encendí un tremendo Montecristo y, mientras se maridaba con el ruso sabor, me olvidé de Bad Blake (el personaje de Jeff Bridges) y me acordé de Ben Sanderson (Nicolas Cage) en Adios a Las Vegas.

jueves, 18 de marzo de 2010

Superband


Antes de fin de año verá la luz el disco de un nuevo súper grupo. Anoten estos nombres: Joe Bonamassa, Glenn Hughes, Jason Bonham y Derek Sherinian. Cuatro por cuatro, puro rock and roll. Por ahora todo indica que la banda se llamara Black Country, que es el nombre de la zona industrial de Inglaterra donde nacieron Hughes y Bonham. Aunque el nombre podría cambiar debido a que habría otra banda que se llama igual.

Para entender la importancia de este súper grupo tenemos que repasar los curriculums de cada uno de los músicos. Sobre Bonamassa, el nuevo Rey del Blues, ya me referí en el post anterior en la reseña de su último disco solista. Hughes, en tanto, es un veterano del rock: en los setenta fue el bajista de Deep Purple; años después integró la formación ochentosa de Black Sabbath y en los noventa grabó dos discos de blues para el proyecto L.A. Blues Authority, de Blues Bureau International. Jason Bonham carga con un apellido pesado en la historia del rock. Su padre fue el baterista de Led Zeppelin y él siguió sus pasos: tocó en un par de reencuentros de Zeppelin y luego participó de distintos proyectos personales y con otras bandas. El último componente de este súper grupo es el tecladista Derek Sherinian, un virtuoso que tocó con Dream Theater, House of the Lords y Alice Cooper. A esos nombres hay que sumarle el del productor Kevin Shirley, quien trabajó con bandas como Zeppelin, The Black Crowes, Journey, Iron Maiden, Rush y Aerosmith.

Bonamassa anticipó al sitio Dinosaur Rock Guitar de qué se trata este súper grupo: “Todo ha funcionado muy bien de principio a fin. Vamos a terminar el disco en pocos meses, pase lo que pase, todos están comprometidos a ello, y veremos cómo va. No será Zeppelin II, Burn de Deep Purple o lo que sea que escojan de Dream Theater, o cualquier disco mío. No será eso, va a tener su propia entidad. Es rock muy heavy. No será hecho con guitarras limpias, ni con muchos teclados. Es realmente orgánico y representa la aportación de todos. Son canciones muy emocionantes y lo mejor es que va a ser un disco totalmente original con la excepción de, quizá, un par de cosas que hagamos por diversión. Tendrá su propia identidad y es algo de lo que estamos orgullosos”.

(Foto: Bonamassa y Hughes durante una zapada el año pasado en The House Of Blues, en Hollywood, California.)

lunes, 15 de marzo de 2010

Lo nuevo de Joe Bonamassa


Sigo a Joe Bonamassa desde que mi amigo Chris me mandó en 2003 el cd Blues Deluxe. Hace unos años, 2006 tal vez, escribí para La Casa del Blues que Bonamassa estaba transitando su camino hacia la cima del blues. Creo que finalmente lo consiguió. Su álbum del año pasado, The Ballad of John Henry, fue deslumbrante. Y eso que todos sus discos anteriores fueron muy buenos. Bonamassa es un músico que está permanentemente en alza, con lo cual no le resulta nada difícil superarse a sí mismo. A los 8 años, siendo un freaky de la guitarra, abrió un show para B.B. King. Hoy, 25 años después, B.B. es el único invitado de su álbum. Juntos interpretan una maravillosa versión del clásico de Willie Nelson, Night Life. Ese tema es casi un acto simbólico: el rey habilitando la corona a su sucesor.

En este disco Bonamassa deja por momentos de lado a fiereza rockera de discos anteriores y agrega otro tipo de sonidos. Hay un par de temas acústicos y en algunas canciones se mezcla el ambiente natural que rodeó a la grabación de este disco, en los estudios Black Rock, en Santorini, Grecia. Pero lo más trascendente es que Bonamassa muestra la fuerte influencia que recibió del blues y el folk británico de los sesenta con unos solos que rememoran a Jimmy Page en su mejor momento. Además de Night Life, hay varios covers más, todos muy interesantes: I know a place (John Hiatt), Three times a fool (Otis Rush), Bird on a wire (Leonard Cohen), Baby you gotta change your mind (Blind Boy Fuller) y una nueva versión de Spanish Boots, de la época en que Jeff Beck compartía el súper grupo junto a Rod Stewart y Ron Wood.

Joe Bonamassa ya es el Nuevo Rey del Blues. Y no lo digo sólo yo. Lo aseguran medios especializados como la revista Guitarist, Gibson.com y Billboard.


jueves, 11 de marzo de 2010

Un año de Malbec & Blues

Hace un año nació este blog. Su concepción fue fruto de mi pasión por la música y el vino, la insatisfacción de ganarme la vida escribiendo sobre otras cosas y la necesidad de que lo primero supere a lo segundo. La idea del blog no fue mía. De hecho, hasta entonces yo apenas había visitado unos pocos blogs, todos muy específicos. Pero Juani Sixto, con quien compartíamos las tardes dentro de la asfixiante redacción del Gran Diario Argentino (ya ni tan grande, ni tan diario) me dijo: “Loco, por qué no armas un blog. Es fácil, es rápido, es tuyo”.

Y así empezamos. Eso habrá sido el 8 o 9 de marzo. Durante dos días me estuvo explicando el funcionamiento de Blogger y me ayudó a encontrar la estética adecuada. El 11 subí el primer post, Frenesí Parkeriano. Para ese entonces estaba leyendo En el Camino, de Kerouac, y los planetas se me alinearon en la línea cósmica de Charlie Parker. Malbec & Blues nació también en honor a El Descorche, un programa de radio que combinaba vinos y música que hice durante tres años con Mariano Valdivieso y Maxi García Solla.

El blog me permitió escribir sobre música y vinos. Subir fotos y canciones. Recomendar libros, discos y buenos caldos. Conté con la colaboración de dos amantes de la escritura: el eterno seductor de René Roca y el taciturno Brutus D.K. También aportó su pluma cargada de lalalismo poético Mariano Valdivieso, quien cuando se lo propone encuentra buenas palabras para describir un vino. No me quiero olvidar de Roberto Monsalvo, que siempre me brinda su apoyo, este año desde la bodega Dante Robino. Otro que está siempre dispuesto a aportar su cuota de sapiencia es Daniel López Roca, a quien molesté más de una vez con preguntas vía Facebook. Y por último también quería darle las gracias a Mariano Cardozo, productor y músico de blues, que publicó el aviso del blog en el programa del show de Tony Coleman y además porque se la juega trayendo al país buenos músicos, al igual que Roger de Mr. Jones. Pero fundamentalmente el blog se lo debo a los lectores.

A un año de mi primer post, cuando muchos me decían que en pocos meses me iba a aburrir y lo iba a dejar, reafirmo mis ganas de seguir escribiendo sobre los temas que me gustan sin tener que consultarle nada a nadie, sin tener que pedir permiso. ¡Salud & keep on rocking!

martes, 9 de marzo de 2010

The Joker

No voy a hablar del Guasón o de la actuación de Heath Ledger en la última Batman. Me voy a referir a una de las mejores canciones de la década del setenta. Un clásico del rock que fue compuesto en 1973 y que 17 años después tuvo un revival en las listas de charts gracias a un comercial de jeans. Estoy hablando de The Joker, el tema de Steve Miller que dejó una melodía memorable y ese “silbido” de la guitarra, hecho con el slide, luego de la frase "Some people call me Maurice" y durante otros momentos del tema.

La carrera de Steve Miller podría dividirse en tres etapas: el blues-rocker de San Francisco de los años sesenta; la estrella pop de los setenta y comienzos de los ochenta; y el músico del recuerdo de las últimas dos décadas. Más allá de eso, siempre fue un excelente guitarrista, un gran performer y un compositor formidable. Gracias a su padre, desde pequeño se codeó con la –buena- música y conoció a tipos como Les Paul, T-Bone Walker y Mingus. El blues estuvo muy presente en su música, incluso durante su etapa más melódica y comercial. De hecho, en el álbum The Joker hay un par de blues: Come on in my kitcken y The lovin’ cup.

Ya dijimos que corría 1973 y Steve Miller entraba en una etapa de éxito comercial y ciertamente la canción The Joker ayudó para eso. Todo el disco es relajado y buena onda. El tema destila una vibra alucinante, súper cool. Recuerdo la primera vez que la escuché, a comienzos de los noventa, como me fascinó y lo prendido que quedé de la melodía.

La letra de The Joker tiene varias referencias a canciones anteriores de Miller como Gangster of Love y Enter Maurice, así como también al tema de The Clovers , Lovey Dovey, de 1954. Lo curioso es que en una de las frases Miller impuso un neologismo que se volvió una referencia de la cultura pop: Pompatus ('Cause I speak of the pompatus of love). Miller instaló la idea de que él creó la palabra, aunque en realidad la tomó prestada y la modificó un poco. También en 1954, el grupo The Medallions se refirió a “the puppetutes of love”. Pompatus no sólo dio lugar a diferentes interpretaciones, sino también a una película, a varios gags de tevé –incluido uno en los Simpsons-, a citas en libros y aun juego radial que proponía un disc jockey y se volvió popular.

A pesar de haber sido un verdadero éxito, The Joker no fue muy versionada. El cover que más me gusta es el de K.D. Lang. También hay versiones de Fat Boy Slim, Smashing Pumpkins y String Cheese Incident.

En 1990, The Joker tuvo un resurgimiento gracias a una publicidad de Levi´s y se convirtió en un éxito en Europa y Oceanía. Hoy es un tema que tranquilamente puede integrar la banda de sonido la vida de cualquiera que haya crecido escuchando rock. Porque por más que ahora no te acuerdes de la melodía, en cuanto la escuches te va a disparar un recuerdo y vas a empezar a tararearla como si nunca hubieras dejado de escucharla. Esa, tal vez, es la broma de The Joker.

sábado, 6 de marzo de 2010

Valleys of Neptune

Es tiempo de volver al pasado para entender la música del futuro. Es un hecho que 1968 fue el año en que Jimi Hendrix llegó a picos creativos inimaginables hasta entonces con la grabación de Electric Ladyland, uno de los discos más complejos y revolucionarios de la historia del rock. Electric Ladyland es a Hendrix lo que Sgt. Pepper a los Beatles, Disraeli Gears a Cream, o The Dark Side of the Moon a Pink Floyd. La relación tumultuosa y conflictiva con la Experience, su banda, se potenció poco después de su lanzamiento y eso derivó en la separación del grupo. Pero entre febrero y mayo de 1969 Hendrix, Noel Redding y Mitch Mitchell grabaron un puñado de canciones pensando en una secuela de Electric Ladyland que nunca se concretó. Por la separación del grupo ese material durmió en viejas cintas durante casi 40 años. Ahora esas canciones verán la luz. Se editarán la semana que viene bajo el nombre de Valleys of Neptune. Un Hendrix auténtico interpretando nuevas versiones de algunos viejos clásicos: Fire, Red House, Stone Free; y también algunos temas inéditos. La sorpresa es la propia Valleys of Neptune, grabada en The Record Plant, de Nueva York, con Mitchell y Billy Cox en el bajo. Este "nuevo" álbum fue producido por Eddie Kramer (ingeniero de sonido de Electric Ladyland) junto a la hermana de Hendrix, Janie, y John McDermott. Las canciones de Valleys of Neptune tienen cuatro décadas pero al escucharlas parece como que fueron grabadas ahora. El pasado se mezcla con el futuro como en la serie LOST, donde los protagonistas van y vienen en el tiempo, entre flashes perturbadores.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Pura intensidad

Por Mariano Valdivieso

Con los pies ateridos por haber caminado sobre piedras durante varias horas, volvimos a Cafayate después de un día de excursión por los Valles Calchaquíes. La fecha no la recuerdo bien, pero era algún día de un caluroso marzo. Nos encantaba la sensación de “lo ajeno” que estábamos viviendo. No era una cuestión material, era más bien espiritual: entre el exceso de ella por arroparse demasiado y mi utopía por 'ir liviano', nos divertía la empatía de la ambigüedad. Así por ejemplo en las calles soleadas el abrigo era carga, y en la sombra una envidia.

Esa duplicidad se iba a repetir de principio a fin, desde el primer sorbo hasta el último trago. Y en mi humilde vocación por dedicarle atención a los vinos salteños, advertí que en realidad compiten por afirmar una y otra vez mi teoría. Estos vinos generalmente son robustos pero elegantes, maduros pero frescos, potentes pero jugosos, con una entrada en boca refrescante pero con un final voluminoso… Bueno, hay muchos ejemplos, pero éste no es mi blog.

El hecho es que cuando Martín descorchó el Amauta II, cosecha 2006, 60% Cabernet y 40% Merlot, la teoría se comprobó. Un vino de altura que respeta la intensidad que el jugo de estas uvas condensa durante la cosecha. Al igual que nosotros, cuando el sol las apunta, ellas sólo pueden hacer más y más jugo para tolerar esos rayos. Pero de noche la cosa es distinta: el frío las hace encogerse y entonces todo ese néctar se impregna, como un sello, y las mejores propiedades de la fruta terminan ahí mismo: en su copa.

Así que ya sabe, mire esa copa, mírela bien, porque ha de ser el primero, o el segundo, o el tercero, o hasta tal vez el último sorbo que está por entrar en su organismo. ¿Y que tal si fuera un Amauta II? ¿Y qué si fuera realmente una botella de las sólo 15 mil que se produjeron en la Bodega El Porvenir de los Andes? ¿Y qué si lo fuera? Aproveche, no lo dude, beba: mi teoría sólo corre el riesgo de ser rebatida, descalificada, anulada, eliminada, oprimida. La verdad… No lo sé. No sé si acaso me importa. Porque creo que lo único que vale es averiguarlo.

domingo, 28 de febrero de 2010

BLUES 2010

Parece que va a ser un año movido, con mucha música nueva. Aquí una breve selección de cinco nuevos discos que fueron editados en los dos primeros meses del año.

The Holmes Brothers – Feed my soul. Es una de las bandas más versátiles de los Estados Unidos. Combinan el góspel con armonías de R&B, mucho soul y un profundo sentimiento blusero. Este nuevo álbum está conformado por un puñado de canciones melódicas y emocionantes como Pledging my love, pero también tiene swing (Rounding Third) y se despachan con un buen cover de los Beatles: I’ll be back. Este disco es uno de los mejores de la banda. Tiene mucha fuerza y reboza optimismo. Lo grabaron luego de que Wendell Holmes lograra superar su batalla contra el cáncer. Es un álbum para escuchar tranquilo, relajado y apreciar las armonías vocales de estos verdaderos monstruos de la música de raíces.

T-Model Ford – Ladies Man. Como dirían los gringos, T-Model Ford is the real deal. Un hombre surgido de las entrañas del Mississippi hace unos 90 años y que mantiene la tradición del blues del Delta con dientes apretados. T-Model tuvo un éxito relativo (y compartido junto a Junior Kimbrough y R.L. Burnside) hace unos años con sus discos para el sello Fat Possum. Ahora T-Model grabó Ladies Man en una sola sesión en vivo y sin overdubs, luego de haber sufrido problemas cardíacos que lo obligan a vivir con un marcapasos. Ladies man es un álbum esencialmente acústico, donde T-Model deja de lado la potencia de sus grabaciones anteriores. Aquí estamos en presencia de un hombre sentado en el porche de su casa, tocando su guitarra acompañado por algunos amigos. Un hombre que sabe que está cerca de la muerte, como están todos sus contemporáneos, pero que quiere seguir disfrutando mientras pueda del inmenso placer que le da el Jack Daniels, las mujeres y, por supuesto, el blues.

Craig Erickson – New Earth Blues. Ericksson es uno de los violeros más calientes que surgió durante la década del noventa. Se hizo conocido gracias al sello Blues Bureau con un par de discos propios y en tributos a Albert King y Stevie Ray Vaughan. Tiene un sonido muy particular, un hard rocking blues que por momentos suena a Robin Trower; pero en su forma de tocar y de cantar tiene un sello distintivo, muy personal. New Earth Blues está compuesto por trece canciones profundas y eléctricas. Si nunca lo escuchaste es una buena opción empezar y después bucear hacia atrás: te vas a encontrar con muy buenos discos donde la guitarra siempre es protagonista.

Popa Chubby - The Fight Is On. Desde hace más de diez años Popa Chubby es uno de los máximos exponentes de la escena neoyorquina. Con su cuerpo intimidante, su guitarra power y su voz desgarrada logró forjarse un lugar respetado entre bluesmen y rockers en la ciudad del mundo con mayor cantidad de shows musicales por día. The Fight is On pretende ser un disco épico. Es cierto, se aleja un poco del blues, pero no de las raíces del rock. Popa Chubby ya editó más de 20 discos, éste último es el noveno para el sello Blind Pig. Guitarras calientes no van a faltar y se van a encontrar con una fusión del rock arena de los setentas, sonido urbano y una selección de buenas canciones que pintan de cuerpo entero lo que él pretende transmitir: un bluesman balanceándose entre ZZ Top y Motorhead. Puristas del blues, abstenerse.

Shakura S'Aida – Brown Sugar. Shakura nació en Nueva York, creció en Suiza y desde hace varios años se instaló en Toronto, Canadá, donde encontró su lugar en el mundo. Shakura es una verdadera blueswoman. El año pasado volvió a la ruta y los aviones y dio shows en una docena de países. Así, su nombre comenzó a trascender. Brown Sugar fue grabado en Tennessee y producido por el mítico Jim Gaines, el mismo que trabajó con Stevie Ray Vaughan, Santana y Huey Lewis. Shakura es una cantante extraordinaria que se recuesta en una muy buena banda comandada por otra mujer: su guitarrista y cocompositora Donna Grantis. No dejen de escucharlo.

viernes, 26 de febrero de 2010

American VI: Ain't No Grave

El 26 de febrero Johnny Cash hubiera cumplido 78 años. Ese día, American Recordings editó el sexto disco de la saga del Hombre de Negro, producidos por el magnífico Rick Rubin. Durante las sesiones de Ain’t No Grave, en 2003, murió June Carter, la mujer de su vida, y a Johnny apenas le quedaban tres meses de vida. Estaba perdiendo la batalla contra el Parkinson y la muerte de su esposa fue decisiva para él. Si bien eso hizo mella en su salud, lo inspiró para grabar diez canciones profundas y conmovedoras. American VI no es un compilado más ni un disco oportunista. Es la obra magistral de un artista superlativo que está jugando el tiempo de descuento. Un regalo que recibimos a más de seis años de su muerte. En total el álbum dura 32 minutos. Las tres canciones que más me gustaron y emocionaron son Redemption Day, de Sheryl Crow; For the Good Times, de Kris Kristofferson; y Can't Help But Wonder Where I'm Bound, de Tom Paxton. Aunque las otras siete también son maravillosas, basta escuchar el último track: Aloha Oe. La serie American Recordings de Johnny Cash está sin duda entre lo mejor de su discografía, pero hasta me animaría a decir que es un decálogo de la música estadounidense contemporánea.

domingo, 14 de febrero de 2010

Love hurts

Las grandes parejas del rock no se caracterizan por relaciones largas, duraderas, aunque hay excepciones. La mayoría tuvo períodos de esplendor, mucho show off, sobreexposición mediática, infidelidades y escándalos. En el Día de los Enamordados, un repaso por esos romances que empezaron apasionadamente y terminaron como muchas veces terminan: a los ponchazos. Claro, como señalé antes, siempre hay excepciones a la regla.

Mick Jagger & Marianne Faithful. “Me acosté con tres de los Rolling Stones y finalmente elegí al cantante”. Esa frase se la atribuyen a Marianne Faithful que durante los sesenta fue una de las musas inspiradoras del Swinging London. En 1964 ella tuvo su primer éxito musical como solista con un tema de Jagger & Richards, As tears go by. Un tiempo después dejó a su marido, John Dunber, por Mick. La pareja se volvió muy hip. Eran los chicos de moda. Vinieron las drogas, los escándalos, la inspiración musical y el éxito siguió creciendo. La pareja terminó en 1970, tan mal que hasta fueron a los tribunales por la autoría del tema Sister Morphine.

George Harrison & Pattie Boyd. Acá tendríamos que agregar al amigo Eric Clapton. Esta es una de los triangulos de amor, amistad e infidelidad más conocido de la historia del rock. Harrison se casó con la modelo Pattie Boyd el 21 de enero de 1966. Se habían conocido poco antes durante el rodaje de la película A Hard Day's Night. George le habría dedicado la canción "Something", aunque mucho después dijo haberla compuesto pensando en la música de Ray Charles. A finales de los sesenta, Eric Clapton se enamoró de Pattie, dejando patente su amor en la canción "Layla". Poco tiempo después, Pattie Boyd abandonó a Harrison para casarse con Clapton; sin embargo, ambos músicos siguieron manteniendo una fuerte amistad; de hecho en el casamiento de Eric con Pattie, en 1979, George tocó con Paul McCartney y Ringo Starr.

Brian Jones & Anita Pallenberg. Hablando de amores, infidelidades y Swinging London. Bienvenidos al mundo de los Stones. En los sesenta Anita era una de las mujeres más bellas y cosmopolitas: hija de un artista italiano y de una secretaria alemana, manejó estos idiomas con fluidez desde pequeña. Vivió en Londres, Alemania y en Nueva York, donde se enroló en el Living Theater y en la Factoría de Andy Warhol. Su romance con Brian Jones fue muy publicitado (salieron entre 1966 y 1967). Abuso de drogas duras, sadomasoquismo y violencia. Todo terminó durante un viaje a Marruecos cuando ella abandonó a Brian por Keith Richadrs. “Hicimos el amor en el asiento trasero del coche”, dijo Keith después. Jones murió ahogado en una pileta poco meses más tarde y Anita y Keith siguieron juntos hasta 1980. Ellos tuvieron un hijo.

John Lennon & Yoko Ono. Seguimos en Inglaterra y en los sesenta. John Lennon dejó a su mujer Cynthia, madre de Julian, casi de un día para el otro por esta japonesita, artista conceptual, a la cual le atribuyen todos los males de los Beatles. Yoko influenció a Lennon tanto en su música, como en su personalidad. Vaya a saber uno qué clase de embrujo utilizó la feroz Yoko. Lo cierto es que, pese a algún que otro altibajo, la pareja fue muy unida. Reclamaron juntos en camas de hoteles por la paz en el mundo, grabaron discos, tuvieron un hijo –Sean- y ella fue testigo del último suspiro de John, aquella noche fría de diciembre del 80 cuando Mark David Chapman lo ejecutó a metros del Central Park, en Nueva York.

Ike & Tina Turner. La historia del tormentoso romance entre Ike y Tina fue retratada en la película What’s Love Got To Do With It, de 1993, protagonizada por Angela Bassett y Laurence Fishburne. Ike, uno de los fundadores del Rock & Roll, descubrió a una joven Tina en 1957 y la sumó como cantante a su banda. Ike convirtió a Tina en una estrella, pero según la versión de ella, con el tiempo él se volvió celoso y abusivo. Tina escribió un libro, en el que luego se basó la película. Allí contaba como Ike la sometió a malos tratos e incluso como una vez hasta la violó. Ike, por supuesto, niega esa versión. Claro que a él le costó mucho dinero, estuvo preso y fue marginado del show business, a pesar de que en los últimos años de su vida se reencontró con los viejos blues. Ella en cambio tuvo una carrera muy exitosa. A pesar de todo, Tina eligió seguir con su apellido de casada.

Tom Waits & Rickie Lee Jones. Se conocieron en el Troubador de Los Angeles, en 1977, durante una actuación de ella. Su romance coincidió con el lanzamiento de su primer álbum homónimo, que fue muy exitoso y que hoy es una joya del rock. Para ese momento Waits era más popular que Rickie Lee. Ya había editado un puñado de buenos discos y su voz cavernosa se hacía cada vez más popular. Giraba por Estados Unidos y el mundo. En 1978 Waits editó su disco Blue Valentine y en el arte de tapa hay fotos suyas con Rickie Lee. A medidados del 79 se mudaron juntos y se convirtieron en la pareja más hipster del momento en L.A. Ellos estaban siempre con un amigo, inseparable, Chuck E. Weiss, que fue muy importante en la relación y en sus carreras musicales. Pero poco después la pareja se terminó. Aparentemente el motivo fue la adicción de Rickie Lee a las drogas. Waits no pudo lidiar con eso, con cierto desencanto profesional y se fue a Nueva York donde conoció a su actual esposa y musa, Kathleen Brennan.

Johnny Cash & June Carter. Johnny y June están enterrados el uno al lado del otro en el cementerio Hendersonville Memory Gardens, en Hendersonville, Tennessee. Los dos murieron en 2004, con menos de cuatro meses de diferencia. Su amor fue largo y sacrificado, pero juntos aguantaron hasta el final. Y muerto uno, el otro se dejó ir. Hay una escena conmovedora en el video de Hurt, en el que a Johnny se lo ve sufriendo, muy enfermo. Y ella, que aparece en el video fugazmente, lo mira con dolor y compasión. Joaquín Phoenix y Reese Witherspoon los interpretaron en la película I Walk the The Line (Johnny & June, acá en BA). La pareja se había conocido en los cincuenta, cuando ambos estaban casados. Recién ellos se contrajeron enlace en el 68, luego de que él le pidiera matrimonio en un estadio, una vez que Cash pudo dejar su adicción a las anfetaminas gracias a la ayuda de June.

Bob Dylan & Joan Baez. La relación de Dylan con Joan Baez fue muy particular. Cuando se conocieron en 1962 ella era una artista conocida y él vagaba por Nueva York en busca de una oportunidad que le llegaría casi de inmediato de la mano del productor John Hammond. Lo cierto es que ella fue introduciendo a Dylan en el mundillo folk. Los unía la canción de protesta y el movimiento por los derechos civiles. Dylan empezó a salir con Baez poco después de terminar su relación con Suze Rotolo (la chica a la que abraza en la tapa del disco The Freewheelin'). El romance duró dos años y terminó en 1965. Ese año fue clave para Dylan, luego de conocer a los Beatles, electrificó su sonido. Se ganó amores y odios, dejó de ser un activista y todo eso repercutió en su relación: rompió con Baez y ella declaró más de una vez que se sintió usada por el viejo Bob. Dylan conoció poco después a Sara Lownds con quien tuvo varios hijos. A mediados de los setenta Baez y Dylan se reencontraron para la gira Rolling Thunder Revue. Compartieron escenario y tal vez algo más. Lo cierto que ese encuentro fugaz terminó con el matrimonio de Bob con Sarah.

Kurt Cobain & Courtney Love. Si hubo un final trágico fue éste. Pobre Kurt. La desolación de los noventa, el futuro sombrío, la oscuridad de sus pensamientos seguramente se vieron potenciados por la joyita que eligió como mujer: la implacable y ambiciosa Courtney Love. Ellos se conocieron a comienzos de los noventa, se casaron el 24 de febrero de 1992 y el 18 de agosto de ese año nació la primera y única hija de la pareja, Frances Bean Cobain. Siempre se dijo que Love se aprovechó del éxito de Kurt con Nirvana. Hay especulaciones de que las mejores canciones de Hole (el grupo de ella) fueron escritas por Cobain. Oficialmente, Kurt se suicidó de un disparo el 5 de abril de 1994. Pero hay muchas dudas y varias teorías. Algunas apuntan a que Love lo mandó a matar. Si así lo hizo, el suyo fue un crimen perfecto.

Elvis Costello & Diana Krall. Esta es una pareja reciente y es la esperanza de que existe el amor en el rock. Se conocieron en 2002 durante la entrega de los premios Grammy y se casaron en diciembre de 2003. El 6 de diciembre de 2006 en Nueva York tuvieron sus primeros hijos, los gemelos Dexter Henry Lorcan y Frank Harlan James. A simple vista parece una pareja feliz. Diana, la reina del jazz comercial, definió a su marido y la relación de pareja durante una entrevista a El Tiempo de Bogotá: “El no ejerce influencia alguna sobre mi música, pero sí me inspira constantemente. Los dos somos adictos a lo que hacemos, así que no nos podemos ver mucho. El también está de gira y yo ando en lo mío, así que hemos decidido ir cada uno por lo suyo, tratando de disfrutar al máximo cada minuto".

viernes, 12 de febrero de 2010

Valdivieso x Valdivieso


Por Mariano Valdivieso

Miré el color a través de la copa y no pude distinguir la sobriedad que estaba por probar. No pude, es verdad, y no fue una limitación por falta de conocimiento, sino más bien por la luz suave que ahora merodea en la cocina-living-comedor de Arcos. De modo tal que lo que vino después fue pura sorpresa. Un Cabernet Franc chileno con una entrada en boca absolutamente frutal (frambuesa, guinda, jalea de cereza...) y un final robusto pero delicado en el paladar. Poca carga tánica, pero mucha pasión. Y en la pasión intenté detenerme ¿Qué elemento hace factible que un sorbo de tinto enrede y enjuague la boca con alcohol y pasión, las dos cosas a la vez? Tuve que ir muy atrás en el tiempo para elaborar esta teoría. A ver: la uva Cabernet Franc es pariente cercana del Cabernet Sauvignon; de ahí la potencia, la robustez y la firmeza. Pero a la vez, la Cabernet Franc es una uva bastante especial y quisquillosa. Debe protegerse del sol más que ninguna otra uva, por eso es apta en climas más vale fríos que calurosos. Si no se trata bien, con dulzura y pasión, se quema. Pero quise ir más atrás en el tiempo y encontré algo más: esta uva, originaria de Burdeos, tiene a un maléfico mecenas: el cardenal Richelieu. Hombre que vivió entre los siglos 15 y 16 y que además de haber sido un déspota tuvo la brillante idea de plantar una viña en el Loire, en 1631. Trescientos y pico de años después, la bodega Valdivieso nos regala este caldo espectacular. Alcohol y pasión, entonces. Un maridaje ideal para un vino espectacular.

martes, 9 de febrero de 2010

El Show Creativo del Rock

Cada tanto las estrellas de la música aparecen en la pantalla chica anunciando algún producto. Esta es la primera entrega de una serie de comerciales protagonizados por algunos de los mejores músicos de la historia del rock. Aquí tenemos a Miles Davis en un anuncio de Honda; Eric Clapton en una publicidad de cervezas Michelob; Ringo Starr en un comercial de Pizza Hut; Bob Dylan junto a una hermosa modelo en un anuncio de la marca de ropa interior Victoria's Secret; y por último U2 en una propaganda de BlackBerry.









martes, 2 de febrero de 2010

Chile y el buen vivir

No les voy a hablar de Víctor Jara, Los Tres o Violeta Parra. Porque en el reproductor de MP3 llevo lo mismo de siempre, lo que me gusta: Buddy Guy, Harry Manx, Earl Hooker, Los Beatles, Neil Young, Johnny Cash. Voy a hablar de la comida chilena y de sus ricos vinos y cervezas, porque tengo la panza llena y feliz...

Por la tarde, una hora después de haber llegado a Santiago, Oscar y Carola -dos anfitriones de lujo- me agasajaron en su hermosa casa de Ñuñoa con una selección de frutos secos, aceiutnas negras y degustación de cervezas artesanales del sur de Chile. Por la noche fuimos a un restaurante peruano/chileno y cené unos chicharrones de mariscos, primero, y un arroz con mariscos, cilantro y pimientos norteños, después. Si bien evité el pisco sour del comienzo, no le dije que “no” al Carménère que eligió el amigo Oscar.

Al mediodía siguiente apareció la reina de este lado de la cordillera: se llama Palta y es cremosa y suave. Rellena con atún y huevo, sobre un colchón de rodajas de tomates, con un toque de aceite de oliva, fue algo fresco y sublime. A la noche, y luego de una obra de teatro al aire libre que se extendió más de lo que pensábamos, hicimos una picada de quesos, sabrosa y variada, con un Marqués de Casa Concha que aportó Oscar y un Salentein Malbec que le regalé yo.

El domingo me vine para Algarrobo, sobre la costa del Pacífico y al sur de Valparaíso. Y aquí empezó un verdadero raid marisqueril comandado por las Machas a la parmesana. También probé los Locos y el Congrio a la mantequilla. Puta, huevón… estaba exquisito. Todavía me quedan un par de días más. Tengo en mente el Pastel de Jaiva, los Ostiones y otras delicias.

Como siempre pasa cuando uno viaja (o mejor dicho cuando yo viajo) los intestinos piden a veces un respiro. Por suerte aquí pedir pollo con arroz blanco no es nada exótico. Hoy al mediodía almorcé una pechuguita carnosa, con una costra de sal gruesa y orégano para relamerse. Esto sigue. Habrá más tintos y cervezas, más frutos de mar en este paraíso vecino del buen vivir.



/////Random rockero del MP3: 1- For no one (The Beatles); 2- Still the same (Rod Stewart); 3- My wife (The Who); 4- On and on and on (Wilco); 5- Dr. Robert (The Beatles); 6 - The world suicide (Ben Harper); 7- Cold roses (Ryan Adams); 8- Hate Christmas (The Resentments); 9- I feel a change comin' (Bob Dylan); 10- The last place that love lives (The Black Crowes)/////

jueves, 28 de enero de 2010

Un símbolo de paz

La influencia de John Lennon en la historia del rock es indiscutible. Pero su imagen trascendió al mundo de la música y es un símbolo de paz alrededor del planeta. Hay monumentos, murales, calles y aeropuertos en distintas ciudades dedicadas a él. Este es mi homenaje, no sólo a Lennon, sino a aquellos que hacen lo imposible para mantener su espíritu con vida.

Mosaico en el Central Park, Nueva York, EE.UU.

Monumento en el Parque Mirador Bertoloto, Lima, Perú.

Aeropuerto de Liverpool, Inglaterra.

Mural en el Parque John Lennon, Municipio de La Perla, Perú.

Monumento ubicado en los jardines de Méndez Núñez, La Coruña, España.

Mural dedicado a Lennon y su canción Imagine, Praga, República Checa.

Estatua de bronce, La Habana, Cuba.

Calle John Lennon, Mérida, España.

Memorial de Lennon, Hamburgo, Alemania.

Bancos con dedicatoria, Edimburgo, Escocia.


Torre luminosa, obra de Yoko Ono, brilla en la isla de Videy, Islandia.


Estatua de Lennon en la entrada a The Cavern, Liverpool, Inglaterra.

sábado, 23 de enero de 2010

La Carretera

Hace dos años leí La Carretera, de Cormac McCarthy, un libro que me impactó muchísimo. Es la historia de un hombre y su hijo que atraviesan un país devastado por lo que pudo haber sido un holocausto nuclear o algún desastre natural. El libro no da muchos datos al respecto de qué pasó y eso contribuye a entrar en la historia que propone el autor. Cómo seríamos capaces los seres humanos de sobrevivir en un mundo que muere día a día, sin poder cubrir nuestras necesidades mínimas, sin información, sin poder confiar en nadie, en nada.

Cada día es más gris y desolado que el anterior. Las pocas personas que se cruzan en la carretera son caníbales o almas desesperadas. No hay ley. No hay comida. No hay agua. El sol ya no brilla. Lo único que existe es muerte. El hambre, el frío, el miedo, los robos, la soledad, la desesperación son los ingredientes de esta novela. El padre le explica a su hijo cómo tiene que apretar el gatillo para quitarse la vida ante una situación límite. Una lata de Coca Cola, hallada en una vieja máquina expendedora, es todo un trofeo. Hay que sobrevivir con lo que uno tiene a mano.

La narración es exquisita: “Una tierra destripada y erosionada y árida. Huesos de seres muertos desparramados en los aguazales. Basurales de desperdicios anónimos. En los campos casas de labor con la pintura agrietada y las tablas de las paredes ahuecadas y sueltas de sus tachuelas. Todo ello desprovisto de sombras y de características. La carretera descendía a través de una selva de kudzu muerto”.

Ahora acabo de ver la película. Y me impactó tanto como el libro. Creo que es una de las pocas películas que reproduce al detalle la obra del autor. Viggo Mortensen es el protagonista y su interpretación está para un premio grande. Kodi Smit-McPhee es el hijo. Por lo que leí apenas tiene un par de papeles en la tevé y su actuación también es sensacional. El elenco se completa con apariciones fugaces de Robert Duvall, Guy Pierce, Charlize Theron y Michael K. Williams (Omar Little, de la serie The Wire).

Si están por ver la película les recomiendo que lean antes el libro. Es corto y muy atrapante. Pese a la desolación y la muerte, la historia tiene una pequeña luz de esperanza: el camino hacia el sur tiene un sentido. Hay una búsqueda de un lugar mejor. De tratar de alcanzar paz y bienestar. “Cuando sueñes con un mundo que nunca existió o con un mundo que nunca existirá y estés contento otra vez entonces te habrás rendido. ¿Lo entiendes? Y no puedes rendirte. Yo no lo permitiré”. Eso sí, si no están de buen ánimo déjenlo para más adelante.

miércoles, 20 de enero de 2010

El vino antisocial

Existen vinos buenos, malos, caros y baratos. Hay vinos tintos, blancos y rosados. Algunos son dulces y otros no. Hay vinos de guarda. Están los que pasan meses en una barrica y los que van del tanque de acero inoxidable directamente a la botella. Hay vinos frescos, untuosos, frutales. Están los reforzados. Los alicorados y los ice wine. Pueden venir en tetra-brick o en distintos tipos de botellas. Con tapa a rosca o corcho. Hay vinos argentinos, chilenos, franceses, italianos, australianos, californianos, españoles, sudafricanos. Y ahora, para la sorpresa de todos, hay un vino antisocial.

Sí. Vino antisocial. Iba a decir “lo que faltaba”, pero tampoco es nuevo, sino que es del siglo XIX. Navegando por Internet me topé con un artículo del diario español ABC. Y como muchas de las cosas antisociales de este mundo (los Sex Pistols, los Piratas, Margaret Thachter), surgió en Gran Bretaña. Se llama Buckfast y es un vino tónico con 15 por ciento de graduación alcohólica, dulzón y con mucha cafeína. A pesar de que lo elaboran monjes benedictinos, del sudoeste de Inglaterra, se convirtió en la bebida de los pendencieros y vagos, aquellos que atentan contra el orden preestablecido, sostienen los ingleses.

La botella vale 5,45 libras (casi 9 dólares) y los jóvenes ingleses que la consumen lo llaman Buckie o Commotion Lotion. Para los conservadores y aquellos que tienen un buen nivel de vida, el Buckfast es “insignia de orgullo entre quienes están implicados en conductas antisociales”.

Según ABC, Escocia es donde más se consume. Y la Policía sostiene que uno de cada diez delitos cometidos en los últimos tres años fueron protagonizados por personas que acababan de beber Buckie. Además la botella fue utilizada como arma en 114 ocasiones. “Expertos aseguran que cada botella contiene tanta cafeína como ocho latas de Coca-Cola, lo que en casos extremos de jóvenes que llegan a beber dos botellas al día genera una conducta de gran ansiedad y agresividad”, explica el artículo.

En Facebook hay decenas de grupos de fans de Buckie. La empresa que lo distribuye en Gran Bretaña advierte que “quienes se emborrachan con Buckfast simultáneamente beben otras bebidas alcohólicas” y que “de su falta de sentido común no son responsables los monjes”. Me pregunto cuál será nuestra bebida antisocial. ¿El vino de tetra? ¿La Quilmes (o Tres de Febrero, Ingeniero White, General Pico o como quieran llamarla)? ¿Criadores? ¿La Bols? ¿El Mezcladito? Quién sabe…

sábado, 16 de enero de 2010

El lado oscuro

Calvin Russell representa el lado oscuro de la música texana. Con una fuerte dosis de blues regado de bourbon, los surcos de su cara son como las páginas del libro que cuentan la historia de su sinuosa vida. Pese a que nació y se crió en Austin y su música representa lo más autentico de esa región, en Estados Unidos es muy poco conocido. Se instaló en Suiza hace muchos años, se casó con una suiza y allí tiene hasta un bar.

Russell pasó mucho tiempo en prisión. Primero en reformatorios juveniles, luego en una cárcel mexicana y después en precintos estatales. Durmió en la calle y se codeó con la sordidez y la muerte. Sus letras narran como su vida caminó al filo del abismo. A mediados de los ochenta tuvo su gran oportunidad y firmó contrato con el sello francés New Rose Records y entonces empezó a editar discos y hacer giras por Europa. La salvación le llegó desde el otro lado del Atlántico.


Yo lo descubrí casi de casualidad haciendo zapping una noche. Estaban dando un concierto de él en Film & Arts creo. Quedé atrapado. A partir de ese momento, hace más de dos años, empecé a indagar en su música y me encontré con un artista magnifico y muy interesante. En septiembre del año pasado editó su disco Dawg Eat Dawg, un álbum crudo, directo y perturbador. Calvin Russell es el lado oscuro, es la calle y la ruta, es la vida mirando de cerca a la muerte. Es rock and roll sucio. Es un Keith Richards que nunca conoció a los Stones. Como dice el sitio All Music: “Clavin Russell is the real deal”.




domingo, 10 de enero de 2010

Cd's

Que lindo era comprar cd’s. Ir a la disquería y salir con dos o tres en una bolsita. Llegar a casa y escucharlos uno por uno durante un par de horas. Todo eso quedó atrás, lamentablemente tan atrás que ahora comprar un disco compacto es un acontecimiento singular.

El jueves estaba caminando por Cabildo y entré en una galería. Me detuve un segundo frente a la vidriera de una disquería y vi que tenía el disco en vivo que sacó Van Morrison el año pasado: Astral Weeks, Live at the Hollywood Bowl. Me tenté y me lo llevé por 39 pesos. Llegué a mi casa, lo puse en el equipo y refresqué aquella vieja sensación que el tiempo y la tecnología arrasaron. Y por un momento me olvidé de esas palabras que hace una década no significaban absolutamente nada para mí: mp3, download, rapidshare, I Pod.

Me acuerdo perfectamente los dos primeros cd’s que compré. Fue en el 92 en el viejo Musimundo que estaba al lado del cine Atlas, en Cabildo. Me llevé uno de Johnny Winter y otro de B.B. King. Después tuve mis días de disquería Suite, donde te regalaban uno cuando comprabas cinco. Pero mi lugar, la cueva a la que me gustaba ir, estaba en la galería Río de la Plata. Se llamaba Minton’s y ahí pasé de cliente a empleado de los sábados. De tanto ir y tanto gastar trabé una buena amistad con Guillermo, su dueño. Si bien no me pagaba en efectivo, lo hacía con discos y eso para mí, en aquél momento, era más que todo. Allí pasé horas y horas. Escuché de todo y conocí gente muy grosa como el Nano Herrera, Adrián Iaies y Petinatto, entre otros. Y por sobre todas las cosas aprendí mucho de blues y de jazz gracias a Guillermo. Extraño aquellas tardes de puchos, café y buena música.

La primera vez que estuve en Los Angeles fue en enero del 94. Tower Records todavía no había desembarcado en la Argentina, así que no tienen idea la emoción que tuve al entrar al inmenso local que estaba sobre Wilshire, cerca de UCLA. Me invadió la ansiedad cuando ví la batea de discos de blues y creo que tuve una especie de colapso: llegué a la caja registradora con las manos repletas de cd’s. La cuenta superaba los 300 dólares y obviamente tuve que descartar allí mismo varios para poder llevarme algunos. Qué tiempos aquellos.

Tower Records ya no existe desde hace un tiempo. El año pasado cerró la Virgin de Times Square, en Nueva York, y eso fue todo un símbolo del ocaso. No resistió ni en el corazón de la Capital del consumo. Ya había tenido un pantallazo de lo que vendría hace un par de años en Europa cuando me costó trabajo encontrar disquerías. A Musimundo acá parece que le queda poco tiempo y por ahora resiste gracias a la venta de artículos de electrónica. Pero es palpable que cada vez cierran más locales. Supongo (espero) que subsistirán las pequeñas cuevas especializadas, donde comprar discos representa mucho más que el simple acto de elegirlo y pagar.

Yo convivo con unos dos mil disquitos, prolijamente guardados y ordenados según el género. Mi cuñado, muy tecnológico él, cada vez que viene se sorprende de verlos. Dice que mi casa es muy vintage. Cada uno de mis discos tiene su historia. La de la grabación y el artista por un lado, y la mía por el otro. Recuerdo cómo conseguí cada uno de ellos. Si lo compré y dónde o quién me lo regaló. Ahí están, en sus torres, velando por mí y esperando que les toque el día de volver a salir de sus cajas, para sonar en el equipo con la misma fidelidad de siempre. Ahora subo el volumen y Van Morrison canta Sweet Thing, mi primer cd de 2010.