domingo, 30 de enero de 2011

Nina y compañía

1) Nina Van Horn es un personaje sensacional. Arriba del escenario no para ni un minuto. Se sacude, se mueve, se agita. Canta, claro. A veces desafina pero es parte de su estilo furioso de interpretar los blues. Creo que si Janis Joplin no hubiera muerto a comienzos de los setenta hoy sería una mujer como Nina. Si hay algo que no se le puede discutir a ella es que tiene mucha personalidad.

2) La banda que la acompañó el viernes en La Trastienda estuvo realmente muy bien: Roberto Porzio, quien cada día me convence más, alternó altos solos con Matías Cipillano. El mejor momento de ese duelo ocurrió durante la versión de Muddy Waters blues, de Paul Rodgers. El resto, Eduardo Muñoz (bajo), Walter Galeazzi (teclados) y Víctor Hamudis (batería), acompañó con soltura y buen pie. En un par de temas sumó su armónica el lungo (en experiencia) Adrián Jiménez.

3) Nina habló mucho. Antes de cada tema se permitió hacer una introducción. Lo hizo en español, con un acento levemente italiano, y siempre con una broma dea remate. “Nací en Francia, pero pasé parte de mi vida en Texas, Lo sé, nadie es perfecto. Al menos ahora no está tan mal visto decir que uno sea de Texas”, dijo en clara referencia al estado de origen del peor presidente de la historia de los Estados Unidos: Jorge Caminante Arbusto.

4) Le dedicó un tema a Bruce Willis: “Cuando no está salvando el mundo está tocando blues”, ironizó y la banda lanzó los primeros acordes de Here comes trouble again.

5) El resto de los temas que tocó Nina fueron un mix muy interesante: Houn dog -de Big Mama Thorton-, Down in the alley, Stormy Monday y un par que fueron compuestos por ella: Goodbye New Orleans y Feelings for sale.

6) La Trastienda no estaba repleta pero sí fue una buena cantidad de gente. Hay que tener en cuenta la fecha y que se trató del primero de tres shows del Festival de Verano de Blues. La organización estuvo excelente. Además de la de Nina hubo otras tres presentaciones que fueron subiendo en intensidad progresivamente. Gran esfuerzo de Luciana y Lorena, de Gondwana Producciones.

7) Antes que Nina se subió al escenario Nico Smoljan con sus Shakedancers: Porzio y Cipilliano le sacaron mucho blues a sus guitarras, junto a Pato Raffo, esta vez tocando el bajo, y Pablo Gutiérrez, en batería. Con un par de cantantes invitados despacharon su tradicional combo clásico que incluyó temas como Baby what you want me to do y Things that I used to do.

8) El escenario ya estaba caliente. El periodista Claudio Kleiman junto a la Banda de Sonido desplegaron power blues rockero con un invitado de lujo: Ciro Fogliatta tocó los teclados en un par de temas. Cerraron con una muy buena versión, bastante psicodélica, de El viejo, de Pappo.

9) Debo admitir que de la uruguaya Virginia Martínez apenas escuché el final de su presentación: estaba entonando una canción souleada, que ahora no recuerdo cuál era, pero me pareció que estaba muy bien para abrir el festival y que la gente la disfrutó mucho.

10) Este fue el comienzo, la primera piedra de un año blusero que será tan movido como importante. Ya hay algunos artistas internacionales confirmados –Chris Cain, Kim Wilson, Billy Flyn- y otros en danza. Así que reserven julioargentinorocas porque van a ser necesarios.

viernes, 28 de enero de 2011

Le blues

No hay muchas referencias sobre la cantante francesa Nina Van Horn en la web, sobre todo en inglés y español. En el sitio Allmusic.com sólo aparecen dos de sus discos, pero sin ninguna reseña. En Wikipedia la Nina Van Horn que figura es la del personaje de la serie Just shoot me. La Nina blusera tiene su propia página y su sitio en MySpace. En ambos no hay muchas datos sobre su pasado musical, pero sí varios “recortes” de prensa. Ha tocado en festivales por Europa, Cánada, Estados Unidos y también llevó sus blues a destinos tan lejanos como India y Africa. Mientras escribo estas líneas y palpito el recital de mañana en La Trastienda escucho por primera vez uno de sus discos: Hell of a woman, que resulta ser su último trabajo.

Suena bien, con una base acústica, y un sonido que intenta emular a las grandes cantantes de vaudeville. En algunos temas la acompaña un piano y en otros la guitarra. Por momentos aparece una armónica (emulando el sonido de Sonny Terry). El disco sigue y sigue, como un viaje en el tiempo, buceando en los años de la preguerra y en mujeres como Bessie Smith, Victoria Spivey y Memphis Minnie. La voz de Nina no suena forzada, realmente parece la de una mujer negra atrapada en el cuerpo de una europea de cincuenta y tantos, aunque por momentos, parece un poco chillona. De todas maneras, se planta bastante bien en su versión de Strange fruit, de Billie Holiday, con el acompañamiento de una trompeta con sordina que le da un matiz nocturno y sórdido.

En estos días Nina tuvo charlas telefónicas con algunos medios y contó que, si bien le gustaría venir con su banda, “siento que es interesante ir a descubrir a los músicos argentinos”. Esos músicos ya de por sí son una garantía de buen show: Matías Cipiliano (guitarra), Roberto Porzio (guitarra), Victor Hamudis (batería), Eduardo Muñoz (bajo) y Walter Galeazzi (teclados). En una entrevista que dio a Marcelo Fernández Bitar, del diario Tiempo Argentino, Van Horn contó que para su show de La Trastienda se centrará en las canciones de sus discos anteriores, que el recital estará más orientado al blues-rock, y que dejará para más adelante este año, los temas de su Hell of woman, ya que le gustaría venir a presentar el disco junto a su banda. Para Nina Van Horn, el show de mañana será clave para intentar cautivar al público porteño. Para los porteños será clave para conocer a una artista con muy poca promoción aquí y, de paso, escuchar a una blueswoman de otra latitud. “El blues es un estado de la mente y no una cuestión de países. Si uno siente el blues, lo puede tocar”, dijo.



martes, 25 de enero de 2011

Black Dub

Este es uno de esos discos cuyo lanzamiento a fines del año pasado pasó desapercibido por no tratarse de un producto comercial. Hace unas semanas me llevé una grata sorpresa cuando empecé a escuchar esta maravilla del genial Daniel Lanois. Las canciones de Black Dub son una verdadera mixtura de estilos: se balancean entre el rock, el soul, el funk de Nueva Orleans, cierta psicodélia postmoderna, un pop gótico entreverado y destellos de reggae y blues, donde la guitarra eléctrica es protagonista absoluta. Como en todo lo que hace Lanois, aquí también sobresale una atmósfera de nocturnidad pertubardora, melancólica y sensual. Pero este no es uno más de sus discos solista, sino que es un proyecto artístico muy ambicioso en el que Lanois -quien produjo a U2, Bob Dylan y el último álbum de Neil Young- reunió al bajista Daryl Jonson, al baterista de Louisiana Brian Blade -quien tocó con Joshua Redman, Kenny Garrett y Joni Mitchell- y a la cantante y multiinstrumentista Trixie Whitley, hija del fallecido Chris Whitley. Más allá de que la banda suena fenomenal, la voz de contralto de Trixie es realmente lo que se destaca. Ni hablar cuando su canto se fusiona con los coros de Lanois, como por ejemplo en Nomad. La banda se formó a fines de 2009 y empezó a tocar en vivo en distintas salas de los EEUU. En paralelo comenzó la grabación del disco, que sufrió una demora forzada luego de que Lanois sufriera un accidente de tránsito a mediados del año pasado. Black Dub es un disco alucinante, cinco estrellas, que no hay que dejar de escuchar.

sábado, 22 de enero de 2011

Wine song 43

Matt Costa es uno de los mejores exponentes del rock indie. Es un artista joven que se crió con el sol del Pacífico ardiendo sobre su piel, en una zona de California donde es más frecuente terminar arriba de una tabla de surf o de un skate que con una guitarra acústica entre las manos. Su primer disco, que produjo de manera independiente junto a Tom Dumont –guitarrista de No Doubt-, captó la atención de Jack Johnson, quien sumó a Costa a su sello Brushfire Records. Ese primer álbum, Songs we sing, tiene como bonus track esta versión de WHISKEY AND WINE. La melodía es festiva y un toque retro para el estilo de Costa. La letra trata de un hombre que vuelve a caer en los influjos del alcohol y todo lo bueno y lo malo que eso puede representar en apenas 12 horas. En una noche y la mañana siguiente. Oh whiskey and wine / You’ve messed up my mind / Whiskey and wine / You’ve got me this time.


martes, 18 de enero de 2011

Southern man plays the blues

El contrabajista da dos golpes a las cuerdas y el descenso de Gregg Allman al blues más profundo ha comenzado. Floating bridge, de Sleepy John Estes, es el primer tema de Low country blues, el flamante disco del legendario músico sureño. Luego, el hammond da inicio a una animada versión de Little by little, aunque es recién en el tercer tema es cuando el álbum se vuelve extraordinario. Su interpretación de Devil got my woman es tan profunda y atrapante como la original de Skip James.

El espíritu de Muddy Waters se hace presente con una exquisita versión de I can’t be satisfied, que da pie a uno de los mejores momentos del disco: las estrofas de Blind man, de Bobby “Blue” Bland, en la voz souleada y centelleante de Gregg Allman. Imaginen como suena lo que sigue después: Please accept my love, de B.B. King, My love is your love, de Magic Sam, y la magistral Checking on my baby, de Otis Rush, entre otros. Este es tal vez el mejor disco de la carrera solista de Gregg Allman.

Mucho tiene que ver en eso la producción de T-Bone Burnett, quien en los últimos años produjo grandes discos de músicos y bandas tan diversos como Natalie Merchant, Counting Crows, Cassandra Wilson, Roy Orbison, Los Lobos, Elvis Costello y las obras maestras de Robert Plant junto a Alison Krauss, y de Elton John con Leon Russell. Los temas de Low country blues son en su mayoría blues oscuros rescatados por Allman de viejos discos. Hay un solo tema propio: Just another ride, que compuso para la ocasión junto a Warren Haynes.

La banda está reforzada con la guitarra de Doyle Bramhall II, el slide de Colin Linden, los teclados de Dr.John y, en cinco tracks, aparecen los vientos, que acompañan sutilmente sin romper el espíritu down home que sobrevuela a casi todas las canciones. El disco fue grabado a fines de 2009. Entre entonces y hoy que ve la luz, Allman fue sometido a un transplante de hígado al tiempo que siguió preparando material para su próximo álbum con los Allman Brothers.

Pasaron 14 años para que el barón de Georgia, el verdadero southern man volviera a un estudio de grabación como solista. El resultado es, como dicen los gringos, un clásico instantáneo.

sábado, 15 de enero de 2011

Noche tánica

Hace casi un año, para mi último cumpleaños, un amigo me regaló esta botella de Adagio Esspresivo de la bodega uruguaya Toscanini. Durante este tiempo reposo junto a otros vinos hasta que anoche la saqué de su sopor y la sometí a un descorche doloso. Era un tannat cosecha 2004 que estaba en su punto justo. Potente, por momentos aterciopelado, abarcador y sutil acompañó una cena de fiambres y quesos. Mientras el vino fluía, dejando los sedimentos arrinconados en un sector de la botella, desde los parlantes la música sonaba con continuidad y perfume de mujer: Melody Gardot, Corinne Bailey Rae y Sandi Thom. Afuera, el calor había cedido un poco, gracias a una brisa austera que hacía fuerza por atravesar la noche. El vino marcó sus tiempos, fue el hilo conductor que empezó decantando su personalidad en una copa, siguió expandiendo aromas con cada movimiento circular hasta que finalmente la última gota dijo adiós.

miércoles, 12 de enero de 2011

Cuentas pendientes

Estos son algunos de los mejores discos del año pasado cuyas reseñas se me habían traspapelado.

Lucky Peterson – You can always turn around. Hace varios años Lucky Peterson apareció en la escena blusera. A comienzos de los setenta irrumpió como un niño prodigio, versátil con varios instrumentos, que se crió escuchando grandes músicos en el bar de su padre en Buffalo, y que finalmente tuvo el impulso de un prócer como Willie Dixcon. Desde entonces Lucky forjó una carrera excepcional, aunque con algunos altibajos. A fines del año pasado editó este disco magistral, en el que se luce con el piano, la guitarra acústica y la eléctrica, y en el que su poderío vocal alcanza rangos de excelencia. You can always turn around tiene la esencia de Chicago y sus temas son joyas del género como I believe I’ll dust my broom, Statesboro blues, Think y Why are people like that.

Jim Lauderdale - Patchwork river. Me costó mucho conseguir éste álbum y desde que lo tengo lo escuché una y otra vez. Me resultó difícil dejarlo afuera de la lista de los diez mejores del año, así que podría ser el bonus track de esa selección. Es música pura, orgánica, surgida de los campos, de las raíces más profundas de la cultura norteamericana. Lauderdale es un verdadero fenómeno, a pesar de que no es un artista masivo. Su primer álbum lo editó en 1991 y desde entonces grabó casi un disco por año. También colaboró con músicos de la talla de Lucinda Williams, Dwight Yoakam, Solomon Burke y Elvis Costello. Patchwork river es, tal vez, su mejor trabajo. Las canciones tienen el sello de Robert Hunter, letrista de los Grateful Dead, lo que le da a Patchwork river el espíritu renovado de Workingman’s dead.

Nick Curran - Reform school girl. Bienvenidos al nuevo mundo del viejo rock and roll. Si Nick Curran hubiera nacido en los cincuenta hoy sería una leyenda. Pero su tiempo es otro y lo que él hace hoy es una especie de revisionismo histórico de lo que Little Richard o Eddie Cochran hicieron en su tiempo. Pero las influencias de Curran no se limitan al r&r clásico: también se nutre de la música de T-Bone Walker, Johnny “Guitar” Watson y Earl Hooker. Para quienes no lo conocen, Curran alternó su carrera solista con otros proyectos: integró una de las formaciones de los Fabulous Thunderbirds, junto a Kim Wilson, y tuvo una banda pseudo punk llamada Degüello. Reform school girl es un álbum crudo, chirriante, potente y furioso. Rock and roll en estado puro.

viernes, 7 de enero de 2011

La leyenda de Fillmore Slim

El año pasado me topé con el disco The Legend of Fillmore Slim. Me llamó la atención la foto de la tapa. Un hombre negro, alto y un tanto desgarbado, sosteniendo una guitarra Flying V, enfundado en un saco cruzado, de un azul llamativo. El gorro gris y los anteojos negros que llevaba no permitían ver bien las facciones de su rostro. ¿Quién era ese misterioso ser que decía ser una leyenda? Al escuchar el disco, me encontré con un cantante y guitarrista discreto, con más pasión que talento. La banda lo acompañaba con soltura. La mayoría de las letras de las canciones eran autorreferenciales: destilaban noche, tugurios, alcohol y clandestinidad. Después busqué en Youtube algunos videos de este hombre. En cada uno de ellos aparecía con un traje polémico cantando con una voz que se perdía en el sonido ambiente de algún festival aire libre. Los videos no me impresionaron tanto. Para completar el círculo googlie su nombre y terminé de entender: Fillmore Slim es una especie de Snoop Doggy Dog del blues.

Su verdadero nombre es Clarence Sims. Nació en Nueva Orleans allá por 1935 y en los sesenta se instaló en San Francisco. Allí, con la cárcel de Alcatraz y el Golden Gate como testigos, desarrolló una carrera regenteando mujeres y también cantando blues. Fillmore Slim se convirtió en un verdadero cafiolo, un pimp a la vieja usanza. Tuvo bajo su ala a miles prostitutas y el dinero que ganó lo invirtió en autos caros, trajes coloridos, zapatos de cocodrilo y alhajas. Esos años de su vida quedaron reflejados en el documental American Pimp.

En 1980 fue detenido por intentar comprar un pasaporte falso para viajar a Francia y pasó cinco años preso. Cuando salió se instaló en Oakland y se dedicó de lleno a la música. Su carrera se fue extendiendo de a poco a lo largo de EE.UU., siempre alimentada por sus andanzas. Desde entonces editó cinco discos: Born to sing the blues (1985), Other side of the road (2000), Funky mama’s house (2004), The game (2004) y The Legend of Fillmore Slim (2009). En cada uno de ellos están bien patentes sus influencias: T-Bone Walker, Johnny "Guitar" Watson, Elmore James y Freddie King.

Su apodo proviene de su época dorada, en la que ganaba fortunas con las mujeres y había logrado una buena reputación tocando en el Fillmore Theatre, donde fue telonero de B.B. King y Dinah Washington, entre otros. Tiempo antes, en 1955, cuando era conocido como Clarence “Guitar” Sims, en su paso por Los Angeles, mantuvo una relación con Etta James, antes de que ella se hiciera famosa.

"El blues es juntar algodón, trabajar en los campos, vivir en la calle, y ustedes saben que yo hice todas esas cosas", dijo una vez. Las leyendas se construyen con el tiempo y si hay algo que Fillmore Slim supo hacer fue alimentar la suya. Bienvenidos a su mundo.

domingo, 2 de enero de 2011

Mr. Cain

Foto by Traso

Chris Cain es uno de esos guitarristas a los que se llega luego de haber escuchado a muchos otros. No es un músico que aparezca entre los recomendados para empezar a bucear en el blues. Sin embargo, es un gran violero, dueño de un estilo muy personal, que fue moldeado bajo el influjo de Albert King, B.B., Larry Carlton y los maestros de la Costa Oeste, especialmente los que hicieron escuela en el área de San Francisco. Resulta que este buen señor, nacido en la ciudad californiana de San José en 1955, está por venir a la Argentina: desembarcará con su sonido souleado el 19 de marzo en La Trastienda y nosotros tendremos la suerte de presenciar a un artista que nada tiene que envidiarle a Robben Ford, Tommy Castro o Coco Montoya.

Estaba tratando de acordarme cuándo fue la primera vez que escuché a Cain. Creo que era el 95 o 96 y a la disquería Minton’s llegó Somewhere along the way, del sello Blind Pig. Con Guillermo lo escuchamos con atención y placer. Tenía un sonido fresco, más suelto de lo que estábamos acostumbrados a oír por entonces. Había pinceladas jazzísticas en su forma de tocar y su voz era tan suave y natural que atrapaba sin rodeos. Dos años después, de viaje por el norte, me compré Unscheduled flight, su quinto disco, ya para el sello Blue Rock’it. Ese álbum fue la confirmación de que él se convertía en un referente para mí.

En total, Cain tiene ocho discos. Dicen que el mejor es el primero que grabó para Blind Pig, Cuttin’ loose, en 1990. Yo eso no podría afirmarlo. A veces uno se encariña no con lo mejor sino con lo que más le gustó. Ahora, Cain acaba de editar su último trabajo, hace poco, en diciembre. Se llama So many miles. El título tiene sentido. Porque si hay algo que Cain hizo en estos años fue recorrer caminos. Ha tocado en todos lados, de costa a costa en Estados Unidos y muchos países de Europa. Así, fue alimentando su prestigio, al que además le sumó premios: cuatro excelentísimos W.C. Handy. Este hombre, que en marzo animará almas ansiosas de blues, tiene su espacio bien ganado. Chris Cain no es un músico más. Es un abanderado del blues moderno.


lunes, 27 de diciembre de 2010

Los diez mejores discos del año

Fue un año con muchos lanzamientos interesantes, otros sorpresivos y algunos olvidables. Acá les dejo los que a mi criterio fueron los diez mejores álbumes de 2010.










viernes, 24 de diciembre de 2010

El blues de la Navidad

No soy muy amigo de este tipo de discos oportunistas y comerciales, aunque reconozco que hay algunos que están muy buenos. Acá les dejo tres para que escuchen esta noche mientras cenan, discuten, ríen, lloran, recuerdan, putean y se abrazan con sus familiares. ¡Feliz Navidad!

Varios Artistas - The Alligator Records Christmas collection (1992). Casi todos los mejores músicos del sello discográfico participaron de este compilado. Las canciones tienen la particularidad de que, salvo The little drummer boy y Silent night, todas fueron compuestas para esta ocasión. De la mano del productor Bruce Iglauer se lucen Kenny Neal, Charles Brown, Koko Taylor, Son Seals, Lonnie Brooks, Charlie Musselwhite, Katie Webster, Clarence “Gatemouth” Brown, Tinsley Ellis y Little Charlie & The Nightcats, entre otros. Este es el disco navideño blusero por excelencia.

Bob Dylan – Christmas in the heart (2009). Dylan sorprendió a todos el año pasado con Christmas in the heart. Yo tuve mis prejuicios cuando me enteré que estaba por sacar un álbum navideño. Cuando lo escuché me gustó, pero tampoco es que me voló la cabeza. De hecho creo que no lo volví a escuchar en todo el año, pero ahora que suena de nuevo en mi equipo me parece mejor de lo que lo recordaba. En el fondo es lo que a Dylan le gusta: escarbar en la música tradicional norteamericana, rescatar canciones olvidadas e imprimirles su sello.

Elvis Presley - Elvis' Christmas album (1957). Editado por el sello RCA, fue el primer disco temático de Elvis. Pese a que fue grabado hace más de cincuenta años sigue siendo uno de los mejores álbumes navideños de la historia del rock. Los temas elegidos por Elvis son Blue Christmas, Santa bring my baby back to me, White Christmas y I'll be home for Christmas, entre otros clásicos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Recordando al Rey Albert

Albert King integra el podio de los grandes de las seis cuerdas del blues junto a los otros dos King –B.B. y Freddie- Buddy Guy, T-Bone Walker, Otis Rush y Magic Sam, y para muchos incluso fue el más grande de todos. Hoy, a 18 años de su muerte, es una buena oportunidad para recordarlo.

Lo primero que supe de Albert King fue en 1990. Como muchos, supongo, de entrada pensé que tenía alguna relación de parentesco con B.B. King. Pero esa duda la evacué al conseguir una de esas extensas y pesadas enciclopedias de blues. Para entonces ya había escuchado una y otra vez los dos primeros discos suyos que me había comprado: el compilado King of the blues guitar (Atlantic) y Albert King live (Charly Blues Masterworks). En febrero o marzo de 1992 me enteré que Albert King venía a la Argentina y, sin dudarlo, compré la entrada. El 8 de mayo de ese año asistí con mucha expectativa al Gran Rex para ver a una leyenda viva. Hasta ese momento yo apenas había visto un solo recital de blues (B.B. King en el Luna Park) pero ya estaba completamente perdido entre los doce compases.

Esa noche fui con un par de amigos. Habíamos comprado cinco asientos en la fila dos del súper pullman. Primero disfrutamos con el blues acústico de Taj Mahal y luego subió al escenario el Gran Albert. Ahora los detalles de aquella noche mágica son un tanto difusos. Pero recuerdo que quedamos fascinados con su sonido y con sus solos tan personales. Algunas de las canciones que tocó fueron The sky is crying, I wonder why, Stormy monday, Kansas City, I’ll play the blues for you y Born under a bad sign. Fue una noche memorable, la llave a muchas más noches de blues.

Su muerte ocurrió pocos meses después de su visita: tuvo un infarto a los 69 años. Cuando su corazón estalló, él todavía seguía activo, tocando regularmente en distintas partes del mundo. Su deceso no detuvo su fama, una fama que no es la de una celebrity, sino que se sostiene por el prestigio obtenido durante su carrera. Albert King influyó a músicos revolucionarios de la historia del rock como Hendrix, Clapton y Stevie Ray Vaughan e infinidad de guitarristas alrededor del globo. En la Argentina hoy hay muchos músicos que se inspiran en sus canciones y en su forma de tocar y que lo celebran semana a semana tocando en vivo.

Su historia fue como la de muchos otros músicos de su generación. Albert Nelson nació el 25 de abril de 1923 en Indianola, un pequeño poblado de Mississippi, el mismo en el que nació B.B. dos años más tarde. De chico recogió algodón en Arkansas y se formó musicalmente escuchando a viejos maestros como Jimmy Reed y Lonnie Johnson. Su particularidad fue que desarrolló un estilo muy personal para tocar la guitarra. Como era zurdo y aprendió con una guitarra para diestros y entonces comenzó a tocar con las cuerdas invertidas, algo que nunca más modificó. Albert King tuvo su periodo errante, emigró hacia el norte y tuvo su etapa de éxito. Estuvo en Indiana, St. Louis y Memphis. Grabó para distintos sellos discográficos, pero seguramente sus trabajos más trascendentes son los que hizo para Stax. Junto a su guitarra “Lucy”, una formidable Gibson Flying V, acercó el blues al soul y al funky, logrando una fusión que ha perdurado en el tiempo, y que cautivó también a un público muy rockero. Sus mejores discos de esa época son Years gone by (1969), el tributo a Elvis Presley (1970) y I’ll play the blues for you (1974). Durante los ochenta anunció que se retiraba de la música, pero eso duró poco y enseguida volvió al ruedo, básicamente a las giras.

Como figura en el sitio All Music: “Sin Albert King, la guitarra moderna no sonaría como lo hace”.


domingo, 19 de diciembre de 2010

Guitarra vas a llorar

Tres lanzamientos discográficos con la viola como protagonista excluyente.

Robin Trower – The playful heart. Este es el sonido moderno de la vieja guitarra. Creo que algo así tocaría Jimi Hendrix si estuviera vivo. Robin Trower es un violero fantástico, que siempre estuvo un paso delante de sus contemporáneos. Desde la época de Procol Harum hasta sus discos de blues espacial, el tipo siempre mostró un sello distintivo. Con The Playful heart, Trower vuelve a instalar una atmósfera psicodélica, con largos solos introspectivos, por momentos más bluseados y a veces no tanto. La rítmica suena siempre atrevida y funky. La voz de Trower está bien, aunque está claro que su energía y sus canciones se brindan por completo a la guitarra. Escuchen el tema Find me, es una buena referencia del álbum: genera un placer hipnótico difícil de esquivar. Todas las demás canciones tienen el mismo espíritu. Nos elevan, después nos bajan, en algún momento nos nivelan para luego volvernos a subir. Robin Trower es un artista superlativo.

Dave Specter – Spectified. Dave Specter es uno de los guitarristas más respetados del mundo blusero. Nacido y criado en Chicago, Specter desarrolló un estilo muy cuidado y sutil, bien al estilo del West Side. Pero además de Magic Sam, en su forma de tocar fluyen T-Bone Walker y Kenny Burrell, Spectified es un disco instrumental con permanentes guiños al jazz, donde los largos solos de guitarra a veces se ven interrumpidos por la aparición distintiva de un hammond, la calidez de un piano o la tromba de la sección de vientos. Spectified es una demostración de lo versátil que Specter es para tocas: pasa por el suffle, el swing, el jump blues, el sonido del Delta, los ritmos latinos, siempre con una técnica muy prolija y una ejecución muy sentida..

Larry Miller - Unfinished Business. Si el estilo de Robin Trower es más profundo y psicodélico, y el de Dave Specter es más clásico y sutil, el de Larry Miller es crudo y furioso. Larry Miller podría haber nacido en el sur de los EE.UU. pero es inglés. En una de sus canciones se define: “No soy del Mississippi pero soy un bluesman”. Es agresivo para tocar y entusiasta para cantar. Al escucharlo se notan sus influencias: Rory Gallagher, Snowy White, Foghat y Gary Moore. Unfinished Business es su sexto álbum. Su escencia es el blues rock, las baladas y algunas intromisiones acústicas. Este es uno de esos músicos que estaría muy bueno verlo en vivo en un bar.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Comer y beber en Mendoza

Mendoza es un a porción de tierra bendecida por la naturaleza. El clima, el suelo y la gente son los tres factores que permiten que allí se elaboren algunos de los mejores vinos del mundo. Pero más allá del vino, consagrado desde hace poco como la bebida nacional, la comida también es fundamental: ya sean platos rústicos y artesanales o preparaciones gourmet.
Estos últimos cuatro días estuve en el sur de la provincia, gracias a una invitación de prensa de Las Leñas. Con otros periodistas vivimos la experiencia del valle, nos mimetizamos con la montaña (o al menos lo intentamos) e hicimos un montón de actividades: rapel, cabalgata, tirolesa, mountain bike, lonning y hasta nos metimos en una pileta climatizada, pese a que el clima estaba fresco. Todo eso estuvo muy bien acompañado por un menú cuidadosamente elegido por Gonzalo y Pomelo, en donde el fuego de leña fue protagonista absoluto. La primera noche, como bienvenida, cenamos pollo al disco con papas. Al mediodía siguiente, en medio de un viento que volaba hasta las ideas, almorzamos lomo a la parrilla –delicioso, tierno y exquisito- con un risotto con corazones de alcaucil al disco. Por la noche nos esperaba una trucha asada con vegetales salteados y flan casero con dulce de leche de postre. Al otro día el almuerzo fue un gran asado: lo único que no comí fue el chorizo, una bomba de tiempo a la cual aprendí a decirle que no. Pero después probé todo: morcilla, mollejas y chinchus. Una mención aparte merece ese costillar sabroso y tierno que comenzó erguido frente al fuego y terminó desgranado en docenas de costillas roídas por dientes afilados. La cena despedida se presentó con un chivito exquisito con batatas fritas bien crocantes. El vino siempre fue Santa Julia Reserva. A veces malbec, otras tempranillo. Ideal.
El sábado dejamos Las Leñas y, camino al aeropuerto de Mendoza, hicimos una parada más que interesante en la champañera Bianchi, en San Rafael. Recorrimos la bodega, nos explicaron el proceso de producción de los vinos espumantes a través del método champenoise y al final hicimos una degustación de ese blend de chardonnay y pinot noir, que seguramente copará las mesas de muchos argentinos dentro de pocos días, con las celebraciones de Navidad y Año Nuevo. Para terminar nos prepararon una mesa de ahumados: queso, ciervo y aceitunas, todo regado por un malbec portentoso de Famiglia Bianchi.
Mendoza es una provincia que todos deberían visitar. Su gente, su tierra, su comida y sus vinos son la garantía de que la estadía será de lo más placentera.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

¡Hasta siempre!

Tengo algún vago recuerdo de aquél día. La noticia creo que llegó por la radio y la cara desencajada de mi vieja en la cocina es lo primero que me viene a la mente de la muerte de John Lennon. Lo siguiente que me acuerdo es lo que vi por tevé. Yo estaba sentado en la alfombra verde con los ojos clavados en el televisor color marca Zenith, que hacia apenas un año que estaba en casa. Se trataba de una vigilia en el Central Park. Los que estaban allí tenían mucho frío y lloraban. A mi me faltaban dos meses para cumplir ocho años y ese fue el primer acontecimiento noticioso del que tengo algún recuerdo concreto. Con los años volví a ver esas imágenes conmovedoras, al tiempo que fui escuchando sus discos, tanto de los Beatles como los de sus años como solista. Me animo a decir que Lennon fue uno de los cinco o diez personajes más influyentes del siglo XX. Fue un Quijote moderno, que en vez de empuñar un lanzón rasgaba una guitarra. Sus canciones derribaron molinos de hipocresía y se convirtieron en himnos mundiales de la paz, mucho antes de que el mundo se globalizara plenamente. John Lennon fue como el Che Guevara, como Martin Luther King, como Gandhi, como José Martí, como Rodolfo Walsh. Hoy a 30 años de su muerte, su espíritu sigue intacto y el valor de su mensaje no caducó.


Post anterior: Un símbolo de paz

martes, 7 de diciembre de 2010

Bad to the bone

En el verano de 1982 un blues con un riff muy pegadizo y una letra básica y desafiante irrumpió en los hogares estadounidenses a través de la pantalla chica. Era el amanecer de MTV y la industria musical estaba comenzando a invertir en videos musicales. George Thorogood, el chico malo de Delaware, lanzaba su disco debut para el sello Capitol y Bad to the bone se convertiría en su pasaporte hacia el éxito.

On the day I was born, the nurses all gathered 'round
And they gazed in wide wonder, at the joy they had found
The head nurse spoke up, and she said leave this one alone
She could tell right away, that I was bad to the bone

El día en que nací, todas las enfermeras se reunieron
Y miraron con asombro, lo que habían encontrado
La enfermera jefa habló y dijo “dejen a éste solo”
Ella se dio cuenta de inmediato, que yo era malo hasta el hueso
(En español se entiende más como "malo hasta la médula").


El video, en el que Thorogood disputa una intensa partida de pool con Bo Diddley –sí, el mismísimo Bo Diddley- fue sólo el comienzo del derrotero de la canción por el mundo audiovisual. En estos treinta años fue utilizada en infinidad de películas -desde Terminator 2 hasta Christine, de John Carpenter- y programas de tevé como Casado con hijos y División Miami. También musicalizó comerciales: el más reciente es el de Wrangler, de 2008. Ahora vuelve al cine una vez más en la película animada Megamind.

Bad to the bone fue la llave del revival blusero de los ochenta. Luego Stevie Ray Vaughan y el sello Alligator hicieron el resto. Los puristas del blues muchas veces no tienen a Thorogood en consideración y desprecian la canción. Pero lo cierto es que el muchacho de la boca grande y paletas sobresalientes siempre se mantuvo fiel a la música de sus raíces. Bad to the bone surgió del riñón de grandes clásicos del blues: tiene un poco de Manish boy, una pizca de I’m a man y algo de No money down. La guitarra furiosa, la voz rasposa y el saxo, que le da cierto contrapeso a semejante rabia, son el sello distintivo del tema.

El álbum, que llevaba el nombre de la canción, se convirtió en disco de oro y estuvo un año en la cima de los charts. Pero eso es anecdótico. Lo importante es que trascendió a su década con un fuego que nunca se apaga.



jueves, 2 de diciembre de 2010

Revisionismo histórico

Elton John & Leon Russell – The Union. La idea de este disco surgió hace dos años durante una entrevista para tevé que Elvis Costello le hizo a Elton John. Durante el reportaje, el pianista inglés recordó a uno de sus ídolos de la juventud: Leon Russell. A partir de ese momento, Elton sintió la necesidad de devolverle a Leon todo lo que él le había regalado con su música. Luego de un par de charlas telefónicas los dos pianistas se pusieron de acuerdo y comenzaron a construir The Union. El disco fue editado hace poco y es realmente extraordinario. Las canciones se balancean entre las baladas rockeras, el R&B, el soul y el country, y la sinergia que hay entre ambos pianistas es asombrosa. Pero detrás de la idea y la realización hay un sinfín de nombres que jerarquizan el álbum aún más. Por ejemplo: la producción quedó en manos de T-Bone Burnett, un tipo que sabe muy bien lo que hace. La banda fue conformada por una docena de músicos entre los que se encuentran los guitarristas Doyle Bramhall II y Marc Ribot, el bajista Don Was y el baterista Jim Keltner. Pero hay más: Booker T. Jones aporta el sonido de su hammond, Robert Randolph tiene un par de intervenciones con su pedal steel guitar, y Neil Young y Brian Wilson suman sus voces en algunos coros. Además, varios de los temas fueron compuestos por Elton John junto a su inoxidable socio, Bernie Taupin. Las imágenes de The Union también son importantes. La foto de la tapa fue tomada por la célebre Annie Leibovitz (histórica fotográfa de la revista Rolling Stone) y Cameron Crowe, director de la película Casi Famosos, filmó todo para un documental que se lanzará dentro de poco. En síntesis, The Union es una obra monumental, que rescató a Leon Russell del olvido y le devolvió a su público lo mejor que él tenía para dar: su música.

Ray Davies – See my friends. La primera vez que escuché a The Kinks fue hace 20 años. Por entonces cursaba quinto año y Ernesto Castrillón –profesor de Historia, hincha de Racing y gran tipo- me abrió las puertas a la magia de Ray Davies. Desde entonces, tengo mis épocas. Por momentos vuelvo a los Kinks de los setenta; a veces me sumerjo con sus canciones de los sesenta; y últimamente me estaba matando con los discos solista de master Ray: Other people’s lives y Workingman’s Café. Ahora, el sello Decca acaba de editar See my friends, un tributo en vida en el que él es el anfitrión. Las canciones elegidas son todos hits de los Kinks. Algunas versiones están mejor que otras, pero en líneas generales es un buen disco. El tema inicial, Better things, tiene el espíritu que todo el álbum debería tener: una interpretación tan buena como la original, pero con una esencia nueva. En este caso lo que sobresale es la combinación de las voces de Davies y Bruce Springsteen. Si bien Bon Jovi no es alguien que a mí me guste mucho, logra imponer su estilo en Celluloid heroe. La versión de You really got me de Metallica está muy buena, pero de ninguna manera no supera a la de Van Halen. Davies y Jackson Browne suenan muy amenos y relajados en Waterloo sunset y Paloma Faith le mete mucha garra a Lola. Las otras canciones están bien. Probablemente no aporten mucho más a los que escuchan a los Kinks desde hace mucho, pero tendrán sentido sí sirven para acercar a los jóvenes a la música de los Kinks. Así las cosas, Ray Davies está de vuelta. Viejas canciones, nuevos amigos y la misma onda de siempre.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Wine song 42

La guitarra de Mel Brown planea con total libertad: un sonido jazzero acompaña el suave shuffle instrumental, en el que intercambia solos con el ex violero de James Harman, el italiano Enrico Crivellaro. RED WINE AND MOONSHINE, editado en el disco póstumo de Brown, es un resumen de cómo la música y el alcohol son eternos compañeros del hombre, tanto como la comida y el sueño, el amor y la pasión, el sufrimiento y la tristeza.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Blues del pantano

Kenny Neal venía de dar dos conciertos explosivos en el Backstage Experience de Santiago de Chile y en el Club de Jazz de Venado Tuerto. Para su escala porteña lo esperaba un teatro con capacidad para más de mil personas como es el Coliseo. Si bien no estuvo lleno, eso no fue ningún impedimento para que el hijo del célebre Raful Neal desplegara su blues pantanoso de Louisiana y la gente flasheara con él.

Sus zapatos, el pantalón y la camisa eran tan blancos como una hoja de papel y hacían juego con su sombrero panamá. Kenny Neal es todo un bluesman no sólo por su vestimenta, sino por legado familiar, su versatilidad musical, su talento como compositor y su gracia como showman. Durante el recital, que duró noventa minutos, alternó entre la armónica y la Telecaster manteniendo siempre la tesitura en el canto. Por momentos no hubo guitarras en escena. Es que Neal prefiere una formación sin guitarrista rítmico. Por eso, esta vez, La Argentina Blues Band tuvo dos tecladistas: Machi Romanelli, que varió entre el sonido del piano y los vientos, y Walter Galeazzi, que hizo un colchón rítmico con el hammond. A ellos los acompañaron Gustavo Rubinsztein (bajo) y Gabriel Cabiaglia (batería).

El guitarrista Roberto Porzio fue invitado por Kenny Neal –“El tocó con mi padre”, anunció en un inglés muy claro- para un pequeño homenaje a Muddy Waters y Howlin’ Wolf en el que hicieron un medley con Hoochie Coochie man, Little red rooster, Spoonful y Got my mojo working. Salió Porzio y subió al escenario Juan Codazzi para tocar That’s all right. Cuando los violeros estuvieron en escena no hubo duelo de guitarras y Kenny Neal se dedicó a soplar su armónica.

Como es habitual en sus conciertos, Kenny Neal no se olvidó de sus influencias más directas como Slim Harpo y Jimmy Reed. Su armónica sobrevoló con estridencia el pantano y las luces de Nueva Orleans. Además, de los clásicos del género, también interpretó algunos temas de sus últimos discos como Blues, leave me alone y Hooked on your love. El cierre, por ejemplo, se lo dedicó a su tierra e hizo un mix con Jambalaya y When the saints go marchin’ in.

Un momento extraño fue cuando subió al escenario King George, un músico que habría tocado con Ike Turner, Jimi Hendrix y Buddy Guy y que ya vino varias veces a Buenos Aires. King George sopló una corneta que no se escuchaba y cantó con voz débil las estrofas de The Thrill is gone mientras Kenny Neal rendía tributo a Albert King con Born under a bad sign. Hasta pareció como que a Kenny no le gustó que subiera, porque apenas lo miró y cuando se fue mencionó su nombre sin mucho entusiasmo.

Una nueva noche cargada de blues sacudió a Buenos Aires. No fue la primera y tampoco será la última. Hay un grupo de productores que está haciendo un esfuerzo enorme para traer a estas figuras, que son la esencia del género, que vienen y se mezclan con los músicos argentinos, y que nos regalan el blues que llevan en la sangre. Y de eso se trata todo: transmitir, compartir y vivir el blues. Eso pasó anoche. Eso seguirá pasando.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Más lanzamientos

Mel Brown – Love, lost and found. Mel Brown fue un guitarrista excepcional que dedicó su vida al blues y tocó con muchos de los grandes. En los cincuenta lo hizo con Sonny Boy Williamson. Luego se sumó a la banda de Johnny Otis y más tarde a la de Etta James. Durante unas sesiones con T-Bone Walter impresionó a los directivos de la discográfica y, en 1967, editó su primer disco solista. Desde entonces su carrera siguió creciendo hasta su muerte, ocurrida el año pasado. Ahora, el sello Electro-Fi Records acaba de lanzar su álbum póstumo, todas grabaciones realizadas entre 1999 y 2009, con la participación de Snooky Pryor y Sam Myers. Un álbum magistral que revaloriza a lo más tradicional del género.

Norah Jones – … Featuring Norah Jones. Ella grabó con tantos músicos que por qué no armar un compilado con esas participaciones. Blue Note y Emi Records no tardaron mucho en lanzar este disco que seguramente será un éxito de ventas. Primero porque los fans de Norah Jones tienen música fresca para disfrutar, más allá de que muchos temas ya aparecen en los discos originales en los que la invitaron a participar. Segundo porque éste álbum demuestra que Norah tiene una versatilidad muy amplia para cantar con músicos de diversos estilos y géneros como el jazz, el country, el soul, el folk, la música indie, el hip hop y el rock. Los duetos más interesantes son los que mantuvo con Willie Nelson, Ray Charles, Foo Fighters, Outkast, Herbie Hancock y Ryan Adams.

Devon Allman’s Honeytribe – Space age blues. El hijo de Gregg Allman sigue la tradición familiar. El rock, el blues y hasta el funky se hacen presentes en su combo musical, que algunos han llamado: "Darth Vader meets B.B. King". Las raíces son muy fuertes en el estilo de Devon Allman: se nota que creció con la música de los setenta sobre sus hombros. Más allá de alguna similitud en la forma de cantar con su padre, su estilo para tocar la guitarra no está inspirado del todo en el de su célebre tío, Duane. Space age blues tiene muy buenas canciones, solos muy interesantes y una sorpresa llamativa: Huey Lewis toca la armónica. Y lo hace muy bien. Space age blues es un disco para disfrutar una nueva forma de interpretar el blues.

Kid Rock – Born free. Con este disco, Kid Rock consolidó su aspiración de convertirse en el nuevo Bob Seger. Born free es puro rock and roll, que suda country desde el mismo núcleo orgánico de su canciones. Eso es lo que buscó el productor del álbum, el célebre Rick Rubin: ubicar definitivamente a Kid Rock en el lugar que él quería ocupar. Rubin es el mismo que trabajó con los Beastie Boys, Chili Peppers, Tom Petty y Neil Diamond, y que además produjo a Johnny Cash en ese legado histórico que son las American recordings. Aquí, rodeó a Kid Rock de una banda encabezada por el guitarrista de Los Lobos, David Hidalgo, y otros músicos como Matt Sweeny, Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) y Benmont Tench (Heartbreakers). A ellos se les sumaron invitados como Sheryl Crow, Zac Brown y Martina McBride. Ahh, claro y también Bob Seger: el padrino de la cosa no podía estar ausente de esta especie de tributo a su nombre.

Huey Lewis and the News - Soulsville. Y hablando de Huey Lewis, además de su participación en el disco de Devon Allman, acaba de editar un nuevo álbum de estudio, el noveno de su carrera. Es un homenaje al soul de Stax. Soulsville fue el barrio de Memphis donde el sello discográfico se instaló y revolucionó la música negra de fines de los sesenta. Se trata de un álbum muy cool, con mucho groove, aunque un tanto más “limpio” de lo que solía pretender Stax de sus grabaciones. Al margen de ese detalle, estamos ante una celebración de un ritmo urbano, atrapante y eterno, que muy pocos artistas hoy pueden reivindicar con tanta autoridad.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Lanzamientos de octubre y noviembre

Ray Charles – Rare Genius / The undiscovered masters. Hay que agradecerle al señor John Burk, productor del disco Genius loves company, por haber hallado este material inédito de Ray Charles. Son canciones que fueron grabadas entre 1970 y 1990. En algunos casos, apenas eran demos de las canciones a los que Burk completó con muy buenos músicos actuales. El álbum se balancea entre el soul, el blues y el R&B con unas secciones de viento exquisitas. Lo mejor de este hallazgo, sin dudas, es el tema a dúo que interpreta junto a Johnny Cash: una hermosa versión de Why me Lord, de Kris Kristofferson.

Varios artistas – Treme (soundtrack). Si la serie -que tenía a la música como protagonista absoluta- fue increíble, la banda de sonido no podía ser menos. El álbum tiene 19 temas que conforman, en gran medida, un mosaico de la música actual de Nueva Orleans. Y están casi todos: Dr. John toca una gran versión de Indian red; Irma Thomas & Allen Toussaint emocionan con una Time is on my side fabulosa; la Soul Rebels Brass Band junto a John Mooney interpretan una versión festiva de Drinka little poison (4 U die); y Trombone Shorty & James Andres sacuden sus vientos con Ooh Poo Pah Doo. Un disco formidable.

Chris Duarte – Infinite energy. Tal vez el disco esté demasiado producido. Me gusta más cuando la música de Chris Duarte fluye con más espontaneidad y fiereza. Sin duda sus dos mejores discos siguen siendo los primeros: Texas Sugar, Strat magik (1994) y Tailspin headwhack (1997). De todas maneras, Infinite energy tiene lo suyo: grandes solos de guitarra que se encuadran en la tradición de Austin post Vaughan, que músicos como Duarte, Smokin’ Joe Kubek y Charlie Sexton, entre otros, supieron enhebrar.

Axel Zwingenberger – The magic of boogie woogie. La aclaración es importante: este disco es sólo para fanáticos del piano. Quien no esté acostumbrado a escuchar este tipo de álbumes, The magic of boogie woogie tal vez le parezca un poco repetitivo. Hecha la aclaración, el álbum es una buena muestra del talento de este pianista alemán que se dedica a estudiar a los grandes maestros del género (Albert Ammons, Meade "Lux" Lewis y Pete Jonson) y mantener vivo el estilo. Aquí, Zwingenberger está acompañado por una sección rítmica de lujo: el contrabajista Dave Green y Charlie Watts, de los Stones, en batería.

Lee Ritenour – 6 string theory. Ritenour es un conocido guitarrista de estudio, que se hizo famoso en los setenta cuando tocaba con el brasileño Sergio Mendes. Su música siempre fue un combo de pop, Brasil y jazz. Ahora, acaba de cumplir 50 años y para celebrarlos invitó a una decena de guitarristas de primer nivel para zapar con él, Así, 6 string theory se convirtió en un homenaje a la guitarra. Lo mejor del disco es la versión del tema de Tracy Chapman, Give me one reason, que interpreta junto a Joe Bonamassa y Robert Cray. Los otros invitados del álbum son: B.B. King, Keb’ Mo’, Pat Martino, Slash, George Benson, Jonny Lang, Neal Schon y John Scofield, entre otros.

Leonard Cohen – Songs from the road. Durante muchos años, Cohen estuvo alejado de los escenarios y su regreso ahora quedó plasmado en dos discos: el año pasado con el formidable Live in London y este año con Songs from the road. Si bien ambos álbumes son muy similares –hasta en la elección de los temas- son una buena excusa para escuchar y disfrutar de una de las voces más apasionantes y poderosas de la historia del rock. Las canciones de Songs from the road fueron grabadas entre 2008 y el año pasado en conciertos realizados en Israel, Escocia, Inglaterra, Suecia, Finlandia, Alemania y EE.UU.

Justin Townes Earle - Harlem River blues. El hijo de Steve Earle -a quien su padre le puso de segundo nombre el de su mentor, Townes Van Zandt- acaba de editar su tercer disco para el sello Bloodshot. Una obra sensacional que no desentona para nada con sus trabajos anteriores. El country alternativo, el rockabilly y el blues se fusionan para conformar el sonido de JTE, una música de raíces donde los coros femeninos, las sesiones de viento y la instrumentación esencialmente acústica reviven la música de sus antecesores: Cisco Houston, Eddie Hinton, Woody Guthrie y Waylon Jennings.

Cassandra Wilson – Silver pony. Ella tiene una de las voces más poderosas e innovadoras del jazz contemporáneo. Logró absorber, procesar y recrear distintos estilos de la música tradicional negra y ponerle su sello indeleble. Las canciones de este disco, por ejemplo, explican bien esa fusión: Blackbird, de los Beatles; If it’s magic, de Stevie Wonder; Saddle up my pony, del delta bluesman Charley Patton; Lover come back to me, que cantaba Billie Holliday; además de media docena de temas propios muy sólidos y bien producidos.

Tony Joe White – The shine. Este disco se lo recomiendo solamente a los que son muy fanáticos de TJW. De lo contrario, si nunca lo escuchaste, te sugiero que empieces por su disco Black and white (1969) o algún Greatest hits. Si ya lo conocés y no te gusta tanto su estilo, The shine no va a hacer nada para que cambies de opinión. Ahora, si te gusta su groove pantanoso y te seduce con su cadencia rítmica, con este álbum vas a poder disfrutar: parece que fue grabado en el living de su casa. Música en estado puro.

Neil Diamond – Dreams. El viejo Neil acaba de lanzar un álbum acústico, simple y melancólico. Es un disco ideal para escuchar su magnífica voz en todo su esplendor, aunque la elección de los temas, en su mayoría covers, es poco original, Son canciones muy melosas, medio bajón. Eso hace que por momentos Dreams se ponga bastante aburrido, sobre todo cuando interpreta Love song, Yesterday o Feels like home. Pero salvan al disco las versiones de Ain’t no sunshine, Blackbird y la extraordinaria Hallelujah.