miércoles, 30 de marzo de 2011

El viejo Hubert

La fugaz aparición de Hubert Sumlin en el concierto de los Allman Brothers me llenó de emoción. Hubert es uno de los primeros músicos de blues que fue a la Argentina cuando el boom de los noventa hizo que estrellas como Albert King, Albert Collins, Taj Mahal, Robert Cray, B.B. King y James Cotton llenaran de blues los escenarios del Gran Rex, el Opera y Obras. En la Boca estaban -y todavía está- el Samobar de Rasputín y el Blues Special Club. Allí también se realizaban varios recitales y uno de los músicos que se presentó en algunas ocasiones fue Hubert Sumlin, quien incluso llegó a grabar un par de discos en vivo. Muchos de los que hoy tenemos treintaytantos vimos como el blues de Chicago se decodificaba en nuestras almas porteñas gracias a los solos de Hubert y como el influjo de la música de Howlin' Wolf penetraba los rincones nuestra existencia.

Durante su aparición en el show de los Allman Brothers vi que el viejo Hubert cargaba a cuestas con un tubo de oxígeno. Su asistente lo acompañó hasta una silla, donde se sentó y tocó los temas Smokestack lightning y Key to the highway, aunque no cantó ninguno de los dos. Fue ovacionado por la gente y también por Warren Haynes y Derek Trucks.

La noche siguiente, la del domingo 27, fui hasta el Iridium Jazz Club, sobre Broadway, en pleno Times Square, para verlo junto a su banda. A las ocho en punto, cinco músicos -todos ellos blancos y ninguno conocido- comenzaron un set que duró unos 20 minutos en los que tocaron temas tradicionales del Delta y de Nueva Orleans. Incluso en un momento dudé si había entrado el día indicado. Pero luego el cantante, quien también tocaba la armónica y la guitarra, y cuyo nombre no recuerdo, presentó al maestro. La escena se repitió: su asistente ayudó a Hubert a subir al escenario y a que se sentara en una silla.

Durante una hora tocó su clásico repertorio: la mayoría de los temas que cantaba Howlin' Wolf. Sus punteos siguen siendo exquisitos, aunque se nota que le falta fuerza y que se cansa enseguida. Es admirable que un tipo a los 79 años y con evidentes problemas de salud siga en la ruta. El público, que no era mucho, lo aplaudió con afecto y él devolvió ese cariño con sus mejores blues.

Al cabo de esa hora se fue por donde había entrado, la banda tocó unos minutos más y luego se fueron. Eran las 21.30. Pagué mi cuenta, 14 dólares por dos cervezas Amstel, y salí. En la escalera de entrada al Iridium ya se había formado una nueva fila de personas. Hubert volvería a tocar un segundo showa partir de las diez. Es que Hubert es así: lleva el blues tan adentro que va a tocar hasta morir.

lunes, 28 de marzo de 2011

Allman Brothers & friends @ The Beacon


Mike tiene más de 60 años, el pelo canoso y la barba a tono prolijamente recortada."Ya los vi en vivo 118 veces. La primera fue en 1972, pero te puedo asegurar que el show de hoy fue de los mejores", me dice en perfecto inglés y sin que yo le pregunte nada. Recién acaba de terminar el show de los Allman Brothers, es mi primera vez, y las palabras de Mike, mientras caminamos hacia la salida, reafirman que lo que acabo de vivir no fue un sueño.

Nueva York es un freezer pese a que ya llegó la primavera. Cerca de las siete y media tomé el subway hasta la estación de la calle 72 y luego caminé por Broadway tres cuadras hasta el Beacon Theatre tiritando como loco pero muy entusiasmado. De lejos vi el fulgor del neón del teatro que anunciaba lo que yo esperaba. Faltaban minutos para las ocho y el lugar estaba a pleno. Tipos como Mike se reproducían en cada centímetro del hall de entrada.

Me senté en un asiento de la fila 21 y contemplé durante unos minutos el estilo art decó del Beacon. En eso apareció una mujer en el escenario y anunció que el show que estábamos a punto de ver iba a ser histórico. Era el recital 200 de los Allman en ese teatro y el número 13 de este año. Las luces ya no volvieron y entonces vi como las siluetas de Gregg Allman, Derek Trucks, Warren Haynes, Jaimoe y los otros miembros de la banda tomaban posición. Todavía estoy buscando las palabras para describir la sensación que experimenté cuando escuché los primeros acordes de Hot 'Lanta. El sonido de las guitarras de Derek Trucks y Warren Haynes comenzó a surcar el colchón rítmico de los teclados de Gregg Allman, la base del bajista Oteil Burbridge y la triple percusión a cargo de Jaimoe, Butch Trucks y Marc Quinones.

Una pantalla gigante proyectaba imágenes psicodélicas que dibujaban figuras estrambóticas mientras los músicos se despachaban Ain't Waisting Time no More y luego uno de sus mejores temas, Midnight Rider. Después siguieron con Every Hungry Woman y Kind of Bird, donde el show cobró la forma de jam típica de los Allman: Warren Haynes y Derek Trucks comenzaron a sacar furia eléctrica de sus guitarras en un duelo a 110w. Pero todavía faltaba mucho. Y faltaba lo mejor. Como es costumbre con los Allman, en el Beacon siempre hay invitados.

Así fue que Warren Haynes anunció al legendario bluesman Hubert Sumlin, histórico ladero de Howlin' Wolf, quien subió al escenario acompañado por el armonicista Hook Herrera y el tecladista Bruce Katz para hacer un set bien bien blusero que comenzó con Smokestack Lightning, cantada por Warren Haynes, y siguió con la maravillosa Key to the Highway, en la voz de Gregg Allman. Hubert Sumlin, acompañado por un tubo de oxigeno, tocó sentado pero metió un par de solos con su sello característico. 

Ni bien ellos tres salieron del escenario vi asomar una figura que me resultó muy familiar. Una contextura física importante, un traje colorido, una boina y un bastón. "Ladys and gentelmen, Dr. John", anunció Warren Haynes. La emoción me invadió cuando lo escuché cantar las primeras estrofas de I Walk on Guilded Splinters. Terminó ese tema y Dr. John dejó los teclados, agarró una guitarra y entonó Let the Good Times Roll. Lo último del cantante de Nueva Orleans en el escenario fue Right Place, Wrong Time, tema para el que subieron Susan Tedeschi y Nigel Hall para hacer los coros. Fue un momento muy intenso, superador. Los Allman y Dr. John en un mismo escenario. ¡De no creer!

Los músicos dejaron el escenario y se encendieron las luces, pero todavía faltaba la segunda parte del show. En el intervalo pasaron un video de Hubert Sumlin tocando junto a Memphis Slim y Wille Dixon. Veinte minutos después volvieron a aparecer los Allman en escena para hacer un largo jam que incluyó apenas un puñado de temas: Dreams, Black Hearted Woman y Who's Been Talking, otra vez con la armónica de Hook Herrera y los teclados de Bruce Katz. El ultimo invitado de la noche fue el guitarrista David Grissom, con quien tocaron el clásico de Bob Dylan It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry y luego One Way Out. El final estaba cerca y lo que faltaba era todavía más y mejor. Para ese momento el show ya llevaba casi tres horas pero eso no le importó a nadie: Jessica, Mountain Jam y Little Martha fue el cierre perfecto, sin contar el bis con Whipping Post y una maravillosa interpretación vocal de Gregg Allman.

En el hall del teatro se forma una larga cola porque por la módica suma de 25 te podes llevar el cd triple recién quemado del show que acaba de terminar. No lo dudo, me sumo y me llevó el souvenir de la historial. Son las 12 de la noche cuando salgo del teatro. Atrás queda Mike y la música de los Allman, el southern rock que ellos crearon y que ahora mantienen vivo con shows como éste. El frío no afloja pero por alguna razón eso ya no me importa. Acabo de ver uno de los mejores recitales de mi vida y eso vale todo.

martes, 22 de marzo de 2011

In Memoriam

El otro día escribí sobre la muerte de Big Jack Jonson y recordé a los bluseros que fallecieron en el último año. Ahora se fue un verdadero ícono que deja al blues –y a la música en general- de luto. Pinetop Perkins tenía 97 años, de los cuales imagino que habrá tocado ochenta por lo menos. Cuántos golpes le habrá dado a las teclas de los pianos que tuvo entre sus manos. Cuántos blues habrá cantado hasta sentir que el alma se le escapaba por la boca. Me queda la espina de no haberlo podido ver en vivo, pero la profunda satisfacción de haber escuchado sus discos muchísimas veces.

Le pedí al músico y productor Mariano Cardozo que escribiera unas palabras sobre Pinetop, a quien no sólo vio en vivo sino que también conoció en persona.

“Recuerdo mi primer contacto con Pinetop Perkins. Fue en el Chicago Blues Festival de 2009. En el Front Porche Stage se presentaba toda la banda de Muddy Waters junto a Mud y Big Bill Morganfield. Pinetop se encontraba sentado a la sombra, debajo de un árbol, con un elegante traje verde. Llevaba sombrero y apoyaba su frágil humanidad en un bastón, el cual en su parte superior tenia la forma de un piano. En un momento, Mud Morganfield me presentó primero a su madre y luego a Pinetop. Fue un momento muy especial: Pinetop me transmitió una paz interior increíble. Vi a una persona muy dulce y educada. Nos saludó de muy buena manera a mi y a mis compadres Gustavo Rubinsztein y Juan Codazzi. Nos quedamos hablando con él un buen rato de música y distintas anécdotas. Luego, toda la banda de Muddy Waters subió al escenario y empezaron a tocar sus blues. Es un recuerdo imborrable, del histórico pianista de Muddy Waters....una verdadera leyenda”.

Foto: Mariano Cardozo, Mud Morganfield y Pinetop Perkins

domingo, 20 de marzo de 2011

The Cain Show

Rafael Nasta abre el show. Un shuffle de Jimmie Vaughan y un slow blues. Aprovecha y se luce lo más que puede. Sabe, y lo anuncia, que lo que viene, es decir Chris Cain, es “de otro planeta”. Cain aparece en escena y lo que es de otro planeta es el jardinero que lleva puesto. El tipo deja en claro de entrada que la apariencia es algo que no le importa en absoluto. Entonces balbucea unas palabras en inglés a los músicos y las cuerdas de su contorneada y reluciente Gibson -Custom 50th Anniversary 1960- descargan toda su ebullición sanguínea con Good evening baby. A partir de ese instante ya nadie tendrá dudas: Cain es un fenómeno total.

Chris Cain tiene una dulzura y un feeling asombroso. De repente se despacha con un solo abrumador en My nest is still warm, da dos pasos hacia atrás y contempla como la gente lo aplaude. Abraza su Gibson y se emociona. La besa. Está muy enamorado de su guitarra. La acomoda de vuelta en su posición y saca un par de punteos asesinos más. Esa secuencia se repetirá media docena de veces. Sigue tocando, la mayoría temas de sus discos. Eso es un gran acierto de la productora que lo trajo: cuántas veces escuchamos Got my mojo workin’ o Rock me baby. Cain interpreta canciones que muchos no conocen o que escucharon alguna vez pero no recuerdan sus nombres. Y qué importa. Mucho mejor, siempre es bueno escuchar nuevos y buenos temas. El tipo cantando tiene cosas de B.B. King. Tocando se nota que Albert King es su máxima influencia. Y al piano resultó ser una combinación de Ray Charles y Roosvelt Sykes. Cain es todo eso y mucho más.

Tal como canta Buddy Guy, Chris Cain tiene el blues de la cabeza hasta los zapatos. El tipo disfruta de los solos de Nasta. Bromea. Deja su guitarra en el piso y hace como que se va del escenario. Regresa y le da un beso a Nasta, toma la Gibson y vuelve a volar cabezas sin reparos. Y cómo canta, por favor, su voz es tan honda y punzante que es imposible abstraerse. En la Argentina no hay un solo cantante como él.

El final es bárbaro. Primero Blues Power, de Albert King, en el que hay un cambio de bajista: “Bohemio” Rubinsztein reemplaza a Mauro Cerielo. Luego siguen con una versión fabulosa de Kansas City. Los músicos dejan sus instrumentos y saludan. Cain hace lo mismo y cuando todo indica que el show ha terminado, el tipo toma su guitarra y solo frente al mundo arremete con un viejo tema de su disco Cuttin’ loose, I’m going through a love detox. La gente está como loca y lo celebra.

Una de las mejores cosas del recital de La Trastienda es que queda demostrado que hay público para escuchar otro tipo de blues además del de Chicago. No me mal interpreten: está buenísimo que traigan músicos de la Ciudad del Viento, pero está mucho mejor que traigan a tipos como Cain, de la Costa Oeste u otras regiones, que son realmente admirables. Otro punto sobresaliente es el rol de la banda. A veces, los productores juntan buenos músicos para acompañar al capo que viene de afuera pero los resultados son dispares: sobran ganas y respeto pero falta práctica y experiencia. El acierto, esta vez, fue que Nasta Super es una banda amalgamada, con Gabriel Cabiaglia en batería y Cerielo en bajo, más el aporte de Walter Galeazzi en teclados. Se fue una gran noche de blues, reveladora en muchos aspectos, auspiciosa de cara al futuro, en el que Cain se ganó las almas de todos los que pisamos La Trastienda.


viernes, 18 de marzo de 2011

Con una ayudita de mis amigos

Estos tres discos fueron editados el año pasado y tienen una particularidad en común: una lista de invitados que conforman una verdadera enciclopedia del blues moderno y que se suman a una tradición inaugurada en los noventa por B.B. King, con su Blues Summit, y John Lee Hooker, con Mr. Lucky.

Bob Corritore & Friends – Harmonica blues. Bob Corritore podría ser elegido como el mejor amigo del blues. A los 12 años escuchó a Muddy Waters por la radio y desde entonces el blues se apropió de su vida. Con el tiempo se convirtió en uno de los coleccionistas de discos más importantes de Chicago y en un interesantísimo armonicista. Durante más de tres décadas, se codeó con los popes del blues, cultivó amistades de lujo, produjo discos de Pinetop Perkins y R.L Burnside y tocó en las bandas de Willie Dixon y Otis Rush. Harmonica blues es un discazo que recopila lo mejor de Corritore. Basta con leer la lista de músicos que lo acompañan: Koko Taylor, Louisiana Red, Robert Lockwood, Jr., Eddy Clearwater, Pinetop Perkins, "Honeyboy" Edwards, Little Milton, Bob Margolin y Kid Ramos. Para ser el único disco solista que tiene editado, no está nada mal ¿no?

Joe Louis Walker’s Blues Conspiracy – Live on the Legendary Rhythm & Blues Cruise. Podría decir que el segundo tema justifica todo el disco: Walker y Johnny Winter interpretan Ain’t that cold. La viola del albino suena extremadamente voraz junto a la voz curtida del anfitrión. Pero lo bueno es que el disco tiene mucho más. Para empezar es una grabación en vivo, en el mítico crucero, en donde ciertas imperfecciones –como algunos acoples- le dan al disco una transparencia que a veces muchos músicos prefieren tapar en la post producción. Aquí son el sello distintivo de un show espontáneo, brutal y conmovedor. La lista de músicos está conformada por una selección de guitarristas extraordinarios como ser Duke Robillard, Tab Benoit, Tommy Castro, Kenny Neal, Kirk Fletcher; y otros músicos de primera línea como Mike Finnigan, Mitch Woods, Watermelon Slim y Nick Moss. A los 61 años, Walker ya es uno de los miembros de la guardia imperial del blues.

Tim Woods – The blues sessions. Hace unos días estaba navegando en busca de data del recientemente fallecido Big Jack Johnson y me encontré con este álbum del sello Earwig. Yo no conocía a Woods y me sorprendió que un músico relativamente oscuro en la escena blusera contara con la colaboración de Big Jack, “Honeboy” Edwards, John Primer, Bob Stroger y Allen Batts en su álbum debut. Leyendo un poco más comprendí que Woods es, pese a que hace 25 años que viene tocando en bares y festivales, la apuesta a futuro del sello. Cuando escuché el disco finalmente comprendí porque esos músicos decidieron colaborar con él y porqué Earwig pone sus fichas allí. Woods es un gran cantante y un violero que se balancea entre el sonido clásico de Chicago y las raíces del Delta. Otro nombre que garantiza larga vida al viejo y querido blues.

martes, 15 de marzo de 2011

Big Jack Johnson q.e.p.d

Big Jack Johnson pertenecía a esa raza de músicos sureños apegada a su tierra, el Mississippi profundo, que cargan de por vida con el bagaje de la tradición. Aprendió los blues gracias a su padre y la magia de B.B. King, y consolidó su estilo junto a sus brothers Frank Frost y Sam Carr. El trío definió el sonido moderno del blues del Mississippi. Como los Jelly Roll Kings grabaron en 1979 Rockin’ the juke joint down, uno de los discos emblemáticos de esa época. Ese fue el debut discográfico de Big Jack, quien con el tiempo editó más álbumes para el sello Earwig y también para M.C. Records. Lo último que grabó fue el año pasado como invitado en el álbum debut de Tim Woods, The blues sessions, aunque hay versiones que habría dejado un disco póstumo.

Big Jack Johnson se fue ayer a los 70 años. Todavía no está claro el motivo de su muerte, pero los pocos artículos que encontré en la web hablan de que estaba muy enfermo. Murió en Memphis, sin seguro médico y sin dinero para su funeral, que ahora se está tratando de recaudar con la venta de algunos cd's. Es triste cuando tipos grosos como éste, que venimos escuchando desde hace mucho tiempo –en mi caso 20 años-, nos dejan. Hace poco murieron Phillip Walker, "Little Smokey" Smothers, Gary Moore, Eddie Kirkland y Johnny Nitro, y hay muchos, como Otis Rush, que están muy enfermos y ya no pueden tocar. Pero es cierto que el blues no va a morir nunca, porque la música trasciende al tiempo, a las penurias y día a día surgen en distintas partes del mundo músicos y entusiastas que levantan la bandera del género con pasión.


viernes, 11 de marzo de 2011

Nacional y Popular

Acaba de salir un vino auténticamente peronista. Es una creación del artista Helmut Ditsch y el enólogo Gerardo Cacace. Se trata de un tinto de corte conformado por malbec, cabernet sauvignon, sangiovese y syrah. Viene con tapa a rosca y saldrá unos 20 pesos. Supongo que habrá mucha gente que tratará de conseguirlo a toda costa y otros que preferirán quedarse en sus casas con sus bananas.

Ante semejante acontecimiento peronístico se me ocurrió preguntarle a mi amigo René Roca, pejotista de la primera hora, su opinión:

Es la hora de los pueblos, dijo el General. Y vaya que lo es cuando irrumpe en escena un vino de las características de ‘El justicialista’, un Nacional y Popular (podría llamarse así la cepa) con la calidad de nuestras vides y el talento de los hacedores argentinos. Es la hora de los pueblos cuando se arrima, semejante artista, a compartir sus musas con la masa. Es la hora de los pueblos cuando nuestra bebida nacional está etiquetada con la imagen de ese varón argentino y la inigualable dama de la patria”.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Lady Day

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer y me puse a pensar en todas esas mujeres que han llenado mi alma de música. Cuando era chico, la primera cantante que me volvió loco fue Janis Joplin. Luego, a medida que me fui metiendo en el mundo del blues y el rock, fui descubriendo a diosas como Koko Taylor, Etta James, Bessie Smith, Joni Mitchell y Rickie Lee Jones. El blues dio paso al jazz y así llegué a Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Dinah Washington. Pero entre todas ellas, rondando desde hacia tiempo, estaba la magia de Billie Holiday. Sin dudas, sus canciones y su forma visceral de interpretarlas cambiaron el rumbo de la música popular estadounidense. Dueña de una voz formidable, única, Billie sufrió la vida como pocos (abusos, maltratos, droga y alcohol en exceso) y en cada una de sus interpretaciones dejó traslucir el dolor que llevaba en sus entrañas. Estos cinco discos son apenas una aproximación a su obra y al legado de la cantante más impresionante del siglo XX, quien en breve pasará a formar parte del Salón de la Fama de la Mujer de Estados Unidos.

Billie Holiday – Lady in Satin (1958). Ya hice una reseña de este álbum en un post de noviembre de 2009, sobre mis diez discos preferidos de mujeres. Entonces escribí: “Ya sé que no es su mejor disco. Pero lo elijo por el topetazo fulminante que me causó la primera vez que lo escuché. El comienzo con I’m a fool to want you es tan demoledor como el efecto que hicieron la heroína y el alcohol en su cuerpo. Lady in Satin fue grabado un año antes de su muerte. A pesar de que tenía 42 años, su voz parecía la de una mujer mucho mayor. Los arreglos de la orquesta de Ray Ellis pueden ser un poco pastosos por momentos, pero el sentimiento de dolor y padecimiento que sale de la voz de Billie es de lo más auténtico que jamás se haya grabado”.

Billie Holiday – Billie’s blues (1988). Este compilado del sello Blue Note fue el primer disco de ella que tuve en mis manos. El álbum abarca tres períodos. Los primeros diez temas son parte de un concierto que la cantante dio en enero de 1954 en Alemania junto a músicos de la talla de Buddy DeFranco, Carl Drinkland y Sonny Clark. Después sigue con cuatro canciones grabadas en Nueva York para el sello Aladdin y cierra con una versión tempranera de Trav’lin’light grabada en 1942 en Los Angeles para el sello Capitol. Imprescindible para empezar a descubrir su música

Billie HolidaySongs for distingué lovers (1957). Este disco fue editado por el sello Polygram originalmente con seis canciones: Day in day out, A foggy bay, Stars fell on Alabama, One for my baby, Just one of those things y I didn't know what time it was. Varios años después salió una edición con doce canciones y luego otra con 18. Al igual que en Ladyin Satin, la voz de Billie es oscura y denota la pesadilla que estaba viviendo. Pero lo asombroso es que interpreta cada uno de los temas con un feeling imposible de superar. La banda que la acompaña es un verdadero lujo: Ben Webster (saxo tenor), Harry “Sweets” Edison (trompeta), Barney Kessel (guitarra), Jimmy Rowles (piano), Red Mitchell (bajo) y Alvin Stoller (piano). Son canciones para escuchar hasta morir.

Dee Dee Bridgewater - Eleanora Fagan (1915-1959) / To Billie with love from DDB (2010). Dee Dee tiene 60 años y nació en Memphis. Como muchos músicos de color que no encontraron su lugar en los Estados Unidos y tuvieron que emigrar a Europa, ella logró consolidar su carrera en Francia. Su primer disco solista lo grabó en 1974 (Afro Blue) y desde entonces lleva editados unos 15. El último, del año pasado, es un fabuloso tributo a Billie Holiday (cuyo verdadero nombre era Eleanora Fagan). Basta escuchar el primer tema, Lady sings the blues, para darse cuenta que estamos en presencia de algo más que un tributo. Dee Dee le impone su propio estilo a las canciones devolviendo de alguna manera todo lo que aprendió de Billie. La acompañan James Carter (saxo y clarinete), Edzel Gómez (piano) Cristian McBride (bajo) y Lewis Nash (batería). Brillante.

Billie Holiday – Remixed & reimagined (2007). Este disco no es para puristas. El sello Columbia reunió a una serie de músicos, rappers y disc jockeys para abordar desde una perspectiva más moderna la música de Billie Holiday. El resultado es dispar. Hay algunos temas que están realmente buenos, que tienen mucho groove, pero hay otros en donde se pierde la esencia de Lady Day. De todas maneras, es un buen álbum para que las nuevas generaciones lleguen a ella y también para escuchar en una fiesta o en una reunión con amigos. En cierta medida es una demostración de que, más allá de los arreglos o el coqueteo electrónico, su música es universal y eterna.

lunes, 7 de marzo de 2011

British invasion

Adele – 21. Algunos dicen que esta joven inglesa es la “nueva Amy Winehouse”. Creo que esas comparaciones son siempre odiosas. Adele es Adele. Si bien es cierto que tiene un tono de voz similar al de Amy, el resto de su producción, puesta en escena y hasta su aspecto están en las antípodas. Su caso es muy particular: desde la época de los Beatles ningún artista había logrado tener dos discos en el top five británico. Es decir, sus trabajos 19 y 21 se regodean en el chart y Adele no para de sumar seguidores. Más allá de esta cuestión híper comercial estamos en presencia de una gran cantante y compositora, que supo absorber lo mejor de divas como Dusty Springfield, Carole King, Lisa Stanfield y Etta James. 21 es un gran álbum en el que se destacan dos canciones extraordinarias: Someone like you y Rolling in the deep.

Beady Eye - Different gear, still speeding. Luego de la pelea entre los hermanos Noel y Liam Gallagher en 2009, que terminó con la partida del primero de Oasis, el segundo decidió seguir adelante junto a Gem Archer, Andy Bell y Chris Sharrock. Si bien es cierto que en algún momento pensaron seguir enrolados bajo el nombre que los hizo tan famosos, luego optaron por llamarse Beady Eye. Según Liam, el nombre lo eligieron porque es “fucking cool”. Obviamente este disco podría ser un nuevo álbum de Oasis, aunque tiene un sonido bastante más retro, ya que Noel era quien estaba más volcado a la música moderna. Aquí tenemos buen rock and roll, con guitarras furiosas y con algún guiño al blues en el que sobrevuela una armónica chillona. En Different gear, still speeding quedan bien patentes las influencias beatle y stone de Liam.

Radiohead - The King of Limbs. Mi relación con Radiohead es muy particular. Los amantes de la banda seguramente no van a estar de acuerdo conmigo: creo que sus discos de los noventa, The Bends y Ok Computer, son insuperables y todo lo que hicieron desde entonces está dentro de un espiral creativo y experimental bastante elitista. Es difícil que alguien que escucha blues disfrute de algunos de sus últimos trabajos, incluso de su ópera maestra Kid A, el álbum con el que abrieron la década pasada. La fusión de texturas y sonidos, y su perpetua búsqueda de lo nuevo están dirigidas a un público fiel que ya tiene el oído acostumbrado a su música. En definitiva, para los bluseros y los rockers este disco puede servir como una “cortina”, para escuchar algo distinto cuando pinte. Pero si eso ni siquiera les interesa, no pierdan el tiempo: ninguna de las ocho canciones los va a conmover.

viernes, 4 de marzo de 2011

El otro lado del mundo del vino

En los últimos años, a la par del crecimiento de la industria vitivinícola, se editaron gran cantidad de libros dedicados al vino. Algunos fueron oportunistas y otros muy interesantes. Pero pocos fueron reveladores. El libro de la periodista mendocina Natalia Páez entra en la última categoría. Mitos y leyendas del vino argentino cuenta historias añejas sobre fantasmas, pequeños emprendedores y oscuros bodegueros. Además, en sus páginas ventila anécdotas que van de San Martín a Eva Perón y también desmenuza la relación entre el vino y dos pasiones argentinas como son el tango y el fútbol. Este libro está lejos de esas publicaciones aburridas que describen los aromas y colores de los caldos. Aquí hay anécdotas y relatos jugosos y novedosos escritos con una prosa impecable. (Editorial Aguilar – 69 pesos).

miércoles, 2 de marzo de 2011

Lanzamientos de febrero

North Mississippi Allstars - Keys to the Kingdom. Acá tenemos a una de las bandas más innovadoras de los últimos años, un power trio feroz que supo combinar el poderío del rock con las raíces más profundas del Mississippi, algo así como una cruza perfecta entre los Black Crowes y R.L Burnside. Y la comparación no es caprichosa. Luther Dickinson (violero de los Black Crowes), su hermano Cody y el bajista Chris Chew aporrean los doce compases como si dejaran la vida en cada tema. Este último disco es bastante más melodioso que los anteriores. Está inspirado en la muerte de Jim Dickinson, el padre de los hermanos, célebre músico y productor que trabajó con Bob Dylan, los Rolling Stones y Primal Scream, entre otros. El álbum tiene muy buenas canciones (un cover de Dylan formidable) y algunos invitados de lujo: Ry Cooder, Mavis Staples, Alvin “Youngblood” Hart y el pianista Spooner Oldham. Imperdible.

Roomful of Blues - Hook, line and sinker. Si bien es cierto que los músicos que hicieron grande a esta banda –Ronnie Earl, Sugar Ray Norcia, Duke Robillard, Ron Levy, Curtis Salgado- ya no están, los que se calzan hoy el overol del jump blues forman un equipo muy sólido que suena como si todo el pasado del grupo hubiera quedado condensado en ellos. Este disco, el número 15 de la banda, es realmente excepcional: el cantante Phil Pemberton, el guitarrista Chris Vachon y el saxofonista Rich Lataille -el único miembro original que queda- son los pilares de la magia festiva de los Roomful. Hook, line and sinker es un gran disco: fue creado para pasarla bien y está inspirado en temas de Floyd Dixon, Earl King, Clarence “Gatemouth” Brown, Amos Milburn y Leiber & Stoller.

Jeff Beck - Rock 'n' roll party (Honouring Les Paul). No esperen de este disco una nueva faceta experimental de Jeff Beck. Por el contrario, tenemos al guitarrista repasando temas de los cuarenta y cincuenta, algo así como lo hizo en 1993 con Crazy legs. Este álbum, grabado en vivo junto a la banda de Imelda May un año después de la muerte del patriarca de la guitarra eléctrica, se balancea entre el rockabilly, el jazz y el jump blues. Rock ‘n’ roll party es muy pilas y entretenido. La guitarra de Jeff Beck se luce junto a las voces de May y Darrell Higham. Además, hay un par de invitados que le dan un plus extra al disco: Brian Setzer, Gary “U.S.” Bond y Trombone Shorty.

sábado, 26 de febrero de 2011

De madera

Era una noche para disfrutar solo, con un buen vino y la música fluyendo sin parar. Así como la madera que reviste los parlantes le da al sonido una calidad mayor, lo mismo pasa con determinados vinos que reposaron en barricas. Esto no quiere decir que todos los vinos que se añejan en madera sean mejores. No. Pero en el caso de este blend de Finca La Escondida 2006, el sabor y el aroma del roble hacen que este caldo de la zona mendocina de Maipú sea una exquisitez para los sentidos. Se trata de un vino con 15 meses de guarda en barrica, en el que las tres uvas que lo conforman –cabernet, syrah y merlot- lograron una fusión muy profunda, como el color que se ve en la copa. Están presentes los frutos rojos y algunas especias que no podría detallar. Entre sorbo y sorbo sonó Low country blues, de Gregg Allman; Slim’s shout, de Sunnyland Slim; y So many miles, de Chris Cain. En noches así, solitarias, el vino y la música son compañeros invalorables. Este pequeño post está destinado a preservar ese momento, inolvidable.

jueves, 24 de febrero de 2011

Juliet, naked

Nick Hornby escribe con música. En cada uno de sus libros hay decenas de referencias al rock and roll. Alta fidelidad es, tal vez, su obra cumbre en ese sentido. Ahora, el trono que ostentaba la novela que protagonizaba Rob Fleming, un frustrado vendedor de discos en crisis, se ve amenazada por la aparición de Juliet, desnuda, una novela contemporánea y magistral en la que una pareja que roza los cuarenta se encuentra ante una crisis matrimonial profunda. En medio de esa historia cotidiana el rock and roll se hace presente con toda la fuerza posible: Duncan, el protagonista, es un fanático desquiciado de Tucker Crowe, un músico que desapareció de la escena en 1986, luego de lanzar su disco más formidable: Juliet. Hasta entonces, Crowe era comparado con Dylan, Bruce Springsteen y Leonard Cohen, y desde su desaparición voluntaria pasó a ser un mito entre un grupo de seguidores dispersos por el mundo.

La aparición de Internet hizo que esos locos fanáticos se congregaran en un foro y empezaran a especular las más diversas hipótesis sobre qué había pasado con Crowe. La historia cobra vuelo cuando una compañía discográfica edita Juliet, desnuda, un álbum acústico con las versiones iniciales de los temas que luego conformarían Juliet. Annie, la mujer de Duncan, escribe una reseña sobre ese disco que capta la atención –desde el otro lado del Atlántico- del mismísimo Tucker Crowe. Entonces las historias se empiezan a cruzar y el misterio de la desaparición de Crowe sale a la luz. Nick Hornby escribió una novela divertida, atrapante y dinámica en la que todos nos encontraremos reflejados en algún punto.

lunes, 21 de febrero de 2011

Random

Chris Whitley & Jeff Lang– Dislocation blues. Whitley se formó escuchando a Johnny Winter, Jimi Hendrix y los maestros del blues del Delta. Creció en Texas y vagabundeó con su guitarra por Nueva York, cuando el punk reinaba. Su carrera profesional la empezó en los ochenta en Bélgica y cuando regresó a los EE.UU. trabajó con Daniel Lanois. En 1991 editó su primer LP –en total son doce discos oficiales- y su sonido fue variando tanto como lo fueron sus influencias. Dislocation blues es uno de sus álbumes postmortem. Fue grabado siete meses antes de su muerte, en 2005, junto con el bluesman australiano Jeff Lang. Whitley ya estaba muy enfermo y las canciones suenan descarnadas, directas y potentes como un golpe seco en la cara. El cover de Dylan de Changing the guards es muy emocionante. Es su testamento musical.

The Jolly Boys feat. Albert Minott – Great expectation. Este es uno de esos discos que llegó a mi vida de pura casualidad. Una amiga subió a Facebook el video de un cover de Amy Winehouse –Rehab- y no pude evitar verlo. Quedé sorprendido por unos viejitos jamaiquinos que destilaban mucha onda. La impresión que tuve fue similar a la que me provocó Compay Segundo y el resto de los Buena Vista Social Club la primera vez que los escuché. Me fue imposible quedarme de brazos cruzados y no indagar más acerca de quiénes eran estos tipos. Así llegué a Great expectation, un álbum de covers de esta banda que toca mento, un estilo jamaiquino anterior al reggae y al ska. Se trata de un disco acústico en el que, además del cover de la excéntrica cantante inglesa, interpretan temas de Lou Reed (Perfect day), Iggy Pop (I´m a Passenger y Nightclubbing), The Doors (Riders of the storm), los Rolling Stones (You can't always get what you want), Steely Dan (Do it again) y New Order (Blue monday). Un album súper cool y muy pilas que no tiene desperdicio.

The Pretty Things – BBC Sessions. Es un gran disco para variar un poco del eje Beatles-Stones al que estamos tan acostumbrados. En los sesenta esta banda fue tan buena como las otras dos. Hacían muy buen rock and roll, pero comercialmente siempre estuvieron opacados por Jagger, Richards, Lennon y cía, especialmente fuera de Inglaterra. De todas maneras, dejaron muchísimos discos y grandes canciones. Este compilado doble de la BBC abarca el período 1964-1975. El sonido es excelente, la interpretación –independientemente de las distintos sesiones- es suprema y la colección de temas se balancea entre covers como Big boss man, Roadrunner y Route 66 con canciones propias como Balloon burning, Onion soup/Another bowl y Summer time.

Ramblin´Jack Elliot – A stranger here. Elliott grabó este disco extraordinario hace dos años. Es su tributo a los grandes maestros del blues: Lonnie Johnson, Blind Lemon Jefferson, Son House, Leroy Carr Mississippi John Hurt y Skip James. Las interpretaciones son fabulosas, bucólicas, polvorientas y cargadas de años de experiencia. Están impregnadas con el sudor que provoca vivir en la ruta. Jack Elliott es una de las leyendas vivas del folk; es el eslabón entre la música de Woody Guthrie y Bob Dylan. Este es uno de los mejores álbumes de blues tradicional de la década. Acústico y despojado de todo maquillaje comercial, es una clase de historia musical genuina para tener siempre a mano.

martes, 15 de febrero de 2011

Anticipo del nuevo disco de Joe Bonamassa


Joe Bonamassa está atravesando el mejor momento de su carrera. El año pasado tuve la suerte de ver uno de sus shows y quedé profundamente impactado por su forma visceral de interpretar el blues. Se trata de un guitarrista extraordinario que no tiene techo. En los últimos cinco años editó un disco detrás de otro -y uno mejor que el otro-: You & me (2006), Sloe gin (2007), Live from Nowhere in Particular (2008), The ballad of John Henry (2009), Live from The Royal Albert Hall (2009) y Black rock (2010), además de Black Country Communion, el súper grupo que formó junto a Glenn Hughes y Jason Bonham. Ahora está con los últimos retoques de su flamante álbum solista: Dust bowl promete ser una nueva andanada de blues power de este guitar slinger que ya dejó de ser una promesa hace rato para convertirse en uno de los máximos exponentes del blues moderno. Dust bowl tendrá 12 canciones, fue producido por Kevin “Caveman” Shirley (el mismo que produjo Black rock) y cuenta con invitados de lujo como Glenn Hughes, John Hiatt y Vince Gill. “Este es el mejor disco que hemos hecho”, dijo Bonamassa en una entrevista. Habrá que creerle. Aquí les dejo el corte de difusión que se llama igual que el disco. Enjoy!!!

viernes, 11 de febrero de 2011

Funky @ Bourbon Street, SP

El Bourbon Street es el mejor bar de música negra de América del Sur. Es un espacio tan amplio como La Trastienda, pero adentro la ambientación trata de recrear a la célebre calle de Nueva Orleans. Hay unos balcones muy pintorescos, dos escenarios, cuadros de músicos colgados de las paredes (Ray Charles, John Hammond, Lonnie Brooks, Marcus Miller, entre tantos otros) y la estrella del lugar está en el centro del salón y adentro de una vitrina: es una Lucille original, que B.B. King regaló en una de sus visitas a San Pablo.

Anoche fuimos con Max, Francine y Paulo a ver el show de Funk como le gusta, una banda demoledora que, como su nombre lo indica, toca puro funky, aunque por momentos lo matizan con un poco de samba, rap y hasta ritmos caribeños. El show duró poco más de dos horas. Lo mejor fue que entre las mesas, y junto al escenario, había un espacio que no tardó en llenarse de gente bailando. Como les gusta a los brasileños moverse y danzar. Me deus!!!!

Tomamos unas cervezas, comimos unos sandwichs y disfrutamos de un recital fantástico que incluyó un duelo de batería y percusión, solos de trompeta, saxo, trombón, una guitarra funky muy caliente y una base rítmica completamente adictiva. El final fue genial y sorprendente: los músicos dejaron el escenario y cuando todos esperábamos que volvieran a escena salieron por la parte de atrás en fila, cruzaron las mesas y llegaron hasta la pista de baile: el baterista y el percusionista, junto con el guitarrista, el bajista y el tecladista tocaban bombos y tambores, mientras que los de la sección de vientos soplaban y soplaban. Hicieron una ronda, con toda la gente alrededor mientras iluminaban con linternas ajustadas a unas vinchas, como las que usan los mineros. El ritmo seguia y nadie quería dejar de bailar.

La música se fue cerca de las dos. Salimos al calor abrazador de la noche paulista todavía sacudiendo el cuerpo por inercia. Atrás quedaron el Bourbon Street, Funk como le gusta y la sana costumbre de los hermanos brasileños de pasarla bien.

lunes, 7 de febrero de 2011

Adiós

Leo con profunda tristeza que Gary Moore murió en un hotel de la ciudad de Málaga. Apenas tenía 58 años, pero dejó un legado inmenso en el mundo de la música, especialmente para los bluseros. Quién no esuchó sus discos a mediados de los noventa. Gary Moore tomó la posta de su compatriota irlandés Rory Gallagher y, gracias al impulso de Stevie Ray Vaughan, logró posicionar su estilo furioso y personal. Todos aquellos que escuchamos blues desde hace casi dos décadas no podemos negar que su influencia fue formidable. Se fue un guitarrista enorme, que más allá de su hit Still got the blues, dejó un puñado de discos magistrales que siguen siendo un buen inicio para los que quieren empezar a escuchar blues.


jueves, 3 de febrero de 2011

Primeros lanzamientos de 2011

Bob Marley - Live Forever. Este álbum doble en vivo, fantástico de comienzo a fin, fue grabado la noche del 23 de septiembre de 1980 en The Stanley Theatre, Pittsburgh. El sello Tuff Gong lo acaba de lanzar para conmemorar el trigésimo aniversario de la muerte de Bob Marley. El sonido es senscional, la banda suena tremenda y Marley parece volar por sobre la melodía de sus canciones. Para los fanáticos de Marley este disco es una reliquia de material “nuevo”. Para los demás es una gran oportunidad de disfrutar del mejor reggae del mundo con temas como No woman no cry, Natural mystic, Redemption song, Could you be loved y Jamming.

Damon Fowler – Devil got his way. Fowler es un violero de la nueva generación. Nació y creció en Florida y en su corta carrera ya compartió escenario con músicos enormes como Johnny Winter, Jeff Beck, Buddy Guy, Robin Trower, Gregg Allman y Jimmie Vaughan. El año pasado escuché y disfruté su primer trabajo, Sugar shack. Ahora acaba de lanzar, también para Blind Pig, Devil got his way. Es un disco de blues movido, alegre y rockeado. Por momentos suena muy sureño, como si los Georgia Satellites trataran de volver a escena materializados en este guitarrista que de a poco va encontrando su lugar en el mundo de la música.

Social Distortion - Hard times and nursery rimes. No se dejen intimidar por el nombre de la banda, que más de uno la debe asociar con el punk. Es cierto, fue un grupo punkie algunos lustros atrás, pero ahora acaban de sacar un disco de rock and roll formidable. Mucha guitarra, riffs fabulosos y coros femeninos que suenan muy stone. La verdad, es un gran álbum. Es cierto que algunos por ahí los encuentren por momentos parecidos a los Offspring, pero eso sólo sería una apreciación momentánea. Mike Ness, cantante, compositor, guitarrista y fundador de la banda, está en muy buena forma y es un tipo para tener en cuenta. Los mejores temas son California (hustle & flow), Machine gun blues, Can’t take it with you y Still alive. Escuchénlo, vale la pena.

domingo, 30 de enero de 2011

Nina y compañía

1) Nina Van Horn es un personaje sensacional. Arriba del escenario no para ni un minuto. Se sacude, se mueve, se agita. Canta, claro. A veces desafina pero es parte de su estilo furioso de interpretar los blues. Creo que si Janis Joplin no hubiera muerto a comienzos de los setenta hoy sería una mujer como Nina. Si hay algo que no se le puede discutir a ella es que tiene mucha personalidad.

2) La banda que la acompañó el viernes en La Trastienda estuvo realmente muy bien: Roberto Porzio, quien cada día me convence más, alternó altos solos con Matías Cipillano. El mejor momento de ese duelo ocurrió durante la versión de Muddy Waters blues, de Paul Rodgers. El resto, Eduardo Muñoz (bajo), Walter Galeazzi (teclados) y Víctor Hamudis (batería), acompañó con soltura y buen pie. En un par de temas sumó su armónica el lungo (en experiencia) Adrián Jiménez.

3) Nina habló mucho. Antes de cada tema se permitió hacer una introducción. Lo hizo en español, con un acento levemente italiano, y siempre con una broma dea remate. “Nací en Francia, pero pasé parte de mi vida en Texas, Lo sé, nadie es perfecto. Al menos ahora no está tan mal visto decir que uno sea de Texas”, dijo en clara referencia al estado de origen del peor presidente de la historia de los Estados Unidos: Jorge Caminante Arbusto.

4) Le dedicó un tema a Bruce Willis: “Cuando no está salvando el mundo está tocando blues”, ironizó y la banda lanzó los primeros acordes de Here comes trouble again.

5) El resto de los temas que tocó Nina fueron un mix muy interesante: Houn dog -de Big Mama Thorton-, Down in the alley, Stormy Monday y un par que fueron compuestos por ella: Goodbye New Orleans y Feelings for sale.

6) La Trastienda no estaba repleta pero sí fue una buena cantidad de gente. Hay que tener en cuenta la fecha y que se trató del primero de tres shows del Festival de Verano de Blues. La organización estuvo excelente. Además de la de Nina hubo otras tres presentaciones que fueron subiendo en intensidad progresivamente. Gran esfuerzo de Luciana y Lorena, de Gondwana Producciones.

7) Antes que Nina se subió al escenario Nico Smoljan con sus Shakedancers: Porzio y Cipilliano le sacaron mucho blues a sus guitarras, junto a Pato Raffo, esta vez tocando el bajo, y Pablo Gutiérrez, en batería. Con un par de cantantes invitados despacharon su tradicional combo clásico que incluyó temas como Baby what you want me to do y Things that I used to do.

8) El escenario ya estaba caliente. El periodista Claudio Kleiman junto a la Banda de Sonido desplegaron power blues rockero con un invitado de lujo: Ciro Fogliatta tocó los teclados en un par de temas. Cerraron con una muy buena versión, bastante psicodélica, de El viejo, de Pappo.

9) Debo admitir que de la uruguaya Virginia Martínez apenas escuché el final de su presentación: estaba entonando una canción souleada, que ahora no recuerdo cuál era, pero me pareció que estaba muy bien para abrir el festival y que la gente la disfrutó mucho.

10) Este fue el comienzo, la primera piedra de un año blusero que será tan movido como importante. Ya hay algunos artistas internacionales confirmados –Chris Cain, Kim Wilson, Billy Flyn- y otros en danza. Así que reserven julioargentinorocas porque van a ser necesarios.

viernes, 28 de enero de 2011

Le blues

No hay muchas referencias sobre la cantante francesa Nina Van Horn en la web, sobre todo en inglés y español. En el sitio Allmusic.com sólo aparecen dos de sus discos, pero sin ninguna reseña. En Wikipedia la Nina Van Horn que figura es la del personaje de la serie Just shoot me. La Nina blusera tiene su propia página y su sitio en MySpace. En ambos no hay muchas datos sobre su pasado musical, pero sí varios “recortes” de prensa. Ha tocado en festivales por Europa, Cánada, Estados Unidos y también llevó sus blues a destinos tan lejanos como India y Africa. Mientras escribo estas líneas y palpito el recital de mañana en La Trastienda escucho por primera vez uno de sus discos: Hell of a woman, que resulta ser su último trabajo.

Suena bien, con una base acústica, y un sonido que intenta emular a las grandes cantantes de vaudeville. En algunos temas la acompaña un piano y en otros la guitarra. Por momentos aparece una armónica (emulando el sonido de Sonny Terry). El disco sigue y sigue, como un viaje en el tiempo, buceando en los años de la preguerra y en mujeres como Bessie Smith, Victoria Spivey y Memphis Minnie. La voz de Nina no suena forzada, realmente parece la de una mujer negra atrapada en el cuerpo de una europea de cincuenta y tantos, aunque por momentos, parece un poco chillona. De todas maneras, se planta bastante bien en su versión de Strange fruit, de Billie Holiday, con el acompañamiento de una trompeta con sordina que le da un matiz nocturno y sórdido.

En estos días Nina tuvo charlas telefónicas con algunos medios y contó que, si bien le gustaría venir con su banda, “siento que es interesante ir a descubrir a los músicos argentinos”. Esos músicos ya de por sí son una garantía de buen show: Matías Cipiliano (guitarra), Roberto Porzio (guitarra), Victor Hamudis (batería), Eduardo Muñoz (bajo) y Walter Galeazzi (teclados). En una entrevista que dio a Marcelo Fernández Bitar, del diario Tiempo Argentino, Van Horn contó que para su show de La Trastienda se centrará en las canciones de sus discos anteriores, que el recital estará más orientado al blues-rock, y que dejará para más adelante este año, los temas de su Hell of woman, ya que le gustaría venir a presentar el disco junto a su banda. Para Nina Van Horn, el show de mañana será clave para intentar cautivar al público porteño. Para los porteños será clave para conocer a una artista con muy poca promoción aquí y, de paso, escuchar a una blueswoman de otra latitud. “El blues es un estado de la mente y no una cuestión de países. Si uno siente el blues, lo puede tocar”, dijo.



martes, 25 de enero de 2011

Black Dub

Este es uno de esos discos cuyo lanzamiento a fines del año pasado pasó desapercibido por no tratarse de un producto comercial. Hace unas semanas me llevé una grata sorpresa cuando empecé a escuchar esta maravilla del genial Daniel Lanois. Las canciones de Black Dub son una verdadera mixtura de estilos: se balancean entre el rock, el soul, el funk de Nueva Orleans, cierta psicodélia postmoderna, un pop gótico entreverado y destellos de reggae y blues, donde la guitarra eléctrica es protagonista absoluta. Como en todo lo que hace Lanois, aquí también sobresale una atmósfera de nocturnidad pertubardora, melancólica y sensual. Pero este no es uno más de sus discos solista, sino que es un proyecto artístico muy ambicioso en el que Lanois -quien produjo a U2, Bob Dylan y el último álbum de Neil Young- reunió al bajista Daryl Jonson, al baterista de Louisiana Brian Blade -quien tocó con Joshua Redman, Kenny Garrett y Joni Mitchell- y a la cantante y multiinstrumentista Trixie Whitley, hija del fallecido Chris Whitley. Más allá de que la banda suena fenomenal, la voz de contralto de Trixie es realmente lo que se destaca. Ni hablar cuando su canto se fusiona con los coros de Lanois, como por ejemplo en Nomad. La banda se formó a fines de 2009 y empezó a tocar en vivo en distintas salas de los EEUU. En paralelo comenzó la grabación del disco, que sufrió una demora forzada luego de que Lanois sufriera un accidente de tránsito a mediados del año pasado. Black Dub es un disco alucinante, cinco estrellas, que no hay que dejar de escuchar.

sábado, 22 de enero de 2011

Wine song 43

Matt Costa es uno de los mejores exponentes del rock indie. Es un artista joven que se crió con el sol del Pacífico ardiendo sobre su piel, en una zona de California donde es más frecuente terminar arriba de una tabla de surf o de un skate que con una guitarra acústica entre las manos. Su primer disco, que produjo de manera independiente junto a Tom Dumont –guitarrista de No Doubt-, captó la atención de Jack Johnson, quien sumó a Costa a su sello Brushfire Records. Ese primer álbum, Songs we sing, tiene como bonus track esta versión de WHISKEY AND WINE. La melodía es festiva y un toque retro para el estilo de Costa. La letra trata de un hombre que vuelve a caer en los influjos del alcohol y todo lo bueno y lo malo que eso puede representar en apenas 12 horas. En una noche y la mañana siguiente. Oh whiskey and wine / You’ve messed up my mind / Whiskey and wine / You’ve got me this time.


martes, 18 de enero de 2011

Southern man plays the blues

El contrabajista da dos golpes a las cuerdas y el descenso de Gregg Allman al blues más profundo ha comenzado. Floating bridge, de Sleepy John Estes, es el primer tema de Low country blues, el flamante disco del legendario músico sureño. Luego, el hammond da inicio a una animada versión de Little by little, aunque es recién en el tercer tema es cuando el álbum se vuelve extraordinario. Su interpretación de Devil got my woman es tan profunda y atrapante como la original de Skip James.

El espíritu de Muddy Waters se hace presente con una exquisita versión de I can’t be satisfied, que da pie a uno de los mejores momentos del disco: las estrofas de Blind man, de Bobby “Blue” Bland, en la voz souleada y centelleante de Gregg Allman. Imaginen como suena lo que sigue después: Please accept my love, de B.B. King, My love is your love, de Magic Sam, y la magistral Checking on my baby, de Otis Rush, entre otros. Este es tal vez el mejor disco de la carrera solista de Gregg Allman.

Mucho tiene que ver en eso la producción de T-Bone Burnett, quien en los últimos años produjo grandes discos de músicos y bandas tan diversos como Natalie Merchant, Counting Crows, Cassandra Wilson, Roy Orbison, Los Lobos, Elvis Costello y las obras maestras de Robert Plant junto a Alison Krauss, y de Elton John con Leon Russell. Los temas de Low country blues son en su mayoría blues oscuros rescatados por Allman de viejos discos. Hay un solo tema propio: Just another ride, que compuso para la ocasión junto a Warren Haynes.

La banda está reforzada con la guitarra de Doyle Bramhall II, el slide de Colin Linden, los teclados de Dr.John y, en cinco tracks, aparecen los vientos, que acompañan sutilmente sin romper el espíritu down home que sobrevuela a casi todas las canciones. El disco fue grabado a fines de 2009. Entre entonces y hoy que ve la luz, Allman fue sometido a un transplante de hígado al tiempo que siguió preparando material para su próximo álbum con los Allman Brothers.

Pasaron 14 años para que el barón de Georgia, el verdadero southern man volviera a un estudio de grabación como solista. El resultado es, como dicen los gringos, un clásico instantáneo.