Rod Piazza es uno de los armonicistas más exquisitos que haya surgido de la Costa Oeste. Heredero de George “Harmonica” Smith, es dueño de un swing poderoso y además es un gran cantante. Apoyado en una banda notable, los All Mighty Flyers, lleva cuarenta años en la ruta. En su último disco, The almighty dollar, interpreta una soberbia versión de un tema de Jimmy Binkley y Carl Herman: WINE, WINE, WINE. La letra dice: Dame un gran vaso de vino / me voy a sentar en el bar (…) La armónica suena fabulosa y el saxo de Henry Van Sickle acompaña con precisión y mucho groove.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Wine song 45
Rod Piazza es uno de los armonicistas más exquisitos que haya surgido de la Costa Oeste. Heredero de George “Harmonica” Smith, es dueño de un swing poderoso y además es un gran cantante. Apoyado en una banda notable, los All Mighty Flyers, lleva cuarenta años en la ruta. En su último disco, The almighty dollar, interpreta una soberbia versión de un tema de Jimmy Binkley y Carl Herman: WINE, WINE, WINE. La letra dice: Dame un gran vaso de vino / me voy a sentar en el bar (…) La armónica suena fabulosa y el saxo de Henry Van Sickle acompaña con precisión y mucho groove.
domingo, 14 de agosto de 2011
Música por el mundo III
Banda callejera de música folcórica. Oslo, Noruega. Agosto de 2011.
Banda de música tradicional cubana. La Habana, Cuba. Marzo de 2006.
miércoles, 10 de agosto de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
Notodden Blues Festival: día 3
Empezó a las 14.30. A diferencia del día anterior, el sol ardía con furia. Pese a eso, la mayoría de la gente trasegaba cerveza sin reparos. Warren se presentó con su banda -conformada con un saxo, teclados, bajo, batería y una corista- y durante una hora y cuarto tocó casi todos los temas de su último disco, Man in motion. Justamente con el track que da nombre al álbum abrió el show. Luego siguió con River's gonna rise, Save me y Your wildest dreams. Después interpretó una gran versión de Born under a bad sign, de Albert King, y siguió con I'll be the one, de su disco Tales of the ordinary madness. En el tramo final tocó otras dos canciones de Man in motion, Hattiesburg hustle y la bellísima On a real lonely night. El cierre fue con Soulshine, de los Allman Brothers. Su show fue impresionante: Warren no es sólo un excelente guitarrista, sino que también es un cantante formidable y un notable compositor.
Media hora después se presentó The Original Blues Brothers Band. De original tiene muy poco: apenas el guitarrista Steve Cropper y el saxofonista Lou Marini. El resto son músicos que se fueron incorporando con el tiempo. De todos los shows anunciados, éste era el que menos me entusiasmaba. En cambio, para los noruegos era algo así como el broche de oro del festival. Me sorprendió ver decenas de personas vestidas con el clásico atuendo de los Blues Brothers. Admiradores puros y sin verguenza. El recital no estuvo tan mal, al menos desde lo instrumental. Fue entretenido, pero tranquilamente podría ser el show de un hotel de veraneo o de un crucero. En lugar de John Belushi y Dan Aykroyd aparecen dos imitadores que hacen lo suyo con ganas. Pero son eso, imitadores. Tocaron todos los hits de la banda: desde Peter Gunn y Going back to Miami hasta el cierre con Sweet Home Chicago y Everybody needs somebody to love, pasando por Shotgun blues, She caught the katy y Knock on wood, entre otras.
Tal vez al calor que hacía en el galpón donde tocaba Elvin Bishop y compañía no me permitió presagiar el frío que empezó a hacer afuera. De la nada, la temperatura bajó casi 20 grados y tuve mi dosis, pequeña pero dosis al fin, del frío nórdico. Caminé la calle que recorre el centro de la ciudad hacia mi alojamiento. Atrás quedaba la música, decenas de borrachos tambaleantes y el blues, ese que durante tres días llenó mi cabeza, mi alma y mi vida.
Por la noche hubo más blues. Lil' Ed Williams es un tipo muy simpático. Todo lo que hace arriba del escenario es divertido. Las letras de sus canciones tienen doble sentido y son muy graciosas. Su vestimenta siempre es llamativa -infaltable el fez en su cabeza-, pero lejos está de ser un payaso o un comediante. Es uno de los mejores músicos de Chicago. La diferencia con tantos otros es que él se toma las cosas con humor y logró consolidar su personaje. Sobrino y heredero del legendario J.B. Hutto, Lil' Ed es un maestro del slide. Así lo demostró sobre uno de los escenarios de Notodden. Se presentó junto a su banda, los Blues Imperials, y desplegó todos los trucos que sabe. Fue una actuación explosiva. El tipo hasta se bajó del escenario y siguió tocando entre la gente.
El festival tenía una agenda apretada. El show de Kid Ramos era casi a la misma hora en un escenario que está a unas tres cuadras de donde se presentaba Lil' Ed. Así que al cabo de una hora partí raudo para tratar de ver, aunque sea, unas canciones del ex guitarrista de los Fabulous Thunderbirds. Y así fue. Llegué para el final de su show junto a la banda noruega Billy T. Band. Al menos lo escuché tocar un poco del sonido del West Coast durante unos 15 minutos. En el frenesí me perdí a Lynwood Slim. Pero bueno, todo no se puede.
El cierre del festival, al menos para mí ya que en otro escenario se presentaba por segunda vez The Dana Fuchs Band, fue con Elvin
Bishop y su Hell Raisin' Revue. Bishop apenas puede cantar pero no ha perdido las mañas. Lo mejor de su repertorio fue cuando se embarcó en punzantes solos con el slide. Su show tuvo espíritu de zapada. Primero invitó al guitarrista noruego Kid Andersen y luego al cantante Finis Tasby, quien también tiene sus problemas para cantar, en este caso por su avanzada edad. Tasby apenas estuvo cuatro temas arriba del escenario, pero al menos interpretó una hermosa versión de River's invitation, de Percy Mayfield. Luego subió el cantante y armoniquista John Nemeth, quien le puso un poco más de onda al canto, especialmente con Night time is the right time.
Tal vez al calor que hacía en el galpón donde tocaba Elvin Bishop y compañía no me permitió presagiar el frío que empezó a hacer afuera. De la nada, la temperatura bajó casi 20 grados y tuve mi dosis, pequeña pero dosis al fin, del frío nórdico. Caminé la calle que recorre el centro de la ciudad hacia mi alojamiento. Atrás quedaba la música, decenas de borrachos tambaleantes y el blues, ese que durante tres días llenó mi cabeza, mi alma y mi vida.
sábado, 6 de agosto de 2011
Notodden Blues Festival: día 2
El segundo día del festival fue muy intenso. En apenas 12 horas vi a Tony Joe White, Beth Hart, Black Country Communion, el legendario Eric Burdon y a la nueva tropa de Trampled Under Foot.¡Impresionante!
Pocas veces en mi vida me tocó una jornada con tanta música de primer nivel y tan variada, dando saltos entre la historia del rock y el futuro más inmediato. Todo empezó a las 12 del mediodía con el show de Little Andrew, un guitarrista noruego que toca puro shuffle texano. Su banda suena compacta y entretenida. Todos están lookeados como si fueran la reencarnación de los Fabulous Thunderbirds. De allí me fui a la biblioteca de Notodden, donde había unas charlas de blues con algunos de los protagonistas del festival. Entrevistados por Art Tipaldi, escuché responder sobre sus vida y su música a la dulce Beth Hart y a dos tipos que vienen bluseando desde hace décadas: Lil' Ed Williams y Steve Cropper. Luego se imrpovisó una conferencia de prensa.
Cuando salí de la biblioteca la lluvia caía a raudales y sólo aflojaría por momentos, por lo que el resto de los shows tuvieron ese condimento especial. Luego de un breve descanso, sobre las cinco de la tarde, me encontré con la figura emblemática de Tony Joe White. Él, con su Fender Stratocaster y su armónica, más el acompañamiento de un baterista, desplegó todo el rigor del pantano en un escenario que fue armado para la ocasión, como si fuera el porche de una casa del Louisiana. La voz de White es profunda, cavernosa e hipnótica y el sonido de su guitarra es sucio y aguerrido. Tocó muchos temas de su último disco -The Shine (2010)- pero también otros temas como Undercover agent for the blues y Roosevelt and Ira Lee. Por supuesto que no defraudó al público y cerró con su clásico Polk Salad Annie y toda la furia del wah wah de su guitarra.
Y por si la gente quería rock and roll, a las ocho en punto aparecieron ellos: Black Country Communion, el súper grupo zeppelinesco formado por Joe Bonamassa, Glenn Hughes, Jason Bonham y Derek Sherinian. Fue demoledor. La garúa, que hasta ese momento permanecía inalterable, se transformó en densas gotas, pero eso no impidió que la gente enloqueciera con la potencia de BCC. Es que la fórmula de la banda es tremenda. Ver a Glenn Hughes en acción es rock. Creo que después de Keith Richards y Angus Young es el músico con más actitud rockera del mundo. Y lo de Bonamassa, a esta altura, roza lo sobrenatural. ¡Qué guitarrista magnífico! Durante una hora y media tocaron canciones de sus dos discos. El único tema outsider fue The ballad of John Henry, de Bonamassa solista, en el que atacó con el slide como si fuera una sevillana afilada. Definitivamente, BCC está marcando el nuevo camino del rock and roll.
Salí corriendo de allí y a toda velocidad me fui hasta el escenario principal del festival, el Brygga. Cuando llegué, Beth Hart ya había comenzado con su mix de rock, soul y blues. Yo no conocía mucho a esta cantante estadounidense, apenas pude escuchar antes de viajar algunas canciones de su último álbum. Pero me llevé una gran impresión. Tiene el carisma de una gran estrella de rock y una sencillez fabulosa. Alternando entre el piano y la guitarra acústica cantó unas diez canciones propias y cerró con una sublime versión de A change is gonna come, de Sam Cooke.
Y a correr de nuevo. Tenía 15 minutos para atravesar unas diez cuadras y lo pude hacer a tiempo. Es que en otro escenario, esta vez techado, se presentaba nada más y nada menos que el mítico Eric Burdon. El ex líder de los Animals era alguien a quien yo deseaba ver en vivo desde hacía muchísimo tiempo. Fue el tipo que encontró muerto a Jimi Hendrix y uno de los que "peleó" mano a mano con los Stones en los sesentas. Y tocó casi todos sus hits. Empezó con When I was young y luego siguió con Don't let me be misunderstood, San Franciscan nights e It's my life. También cantó varios blues: Before you accuse me, Boom boom y Crawalin' kignsnake, en los que dejó salir con toda la fuerza al hombre negro que está atrapado en él. Dejó lo que todos esperaban para el final. Con House of the rising sun hizo cantar a todo el mundo. Apoyado en una banda conformada por músicos texanos, Burdon realmente logró teletransportar a todos a lo más profundo de la década del sesenta.
El cierre, ya pasadas las 12 de la noche y cuando el cansancio era una realidad inevitable, fue con la banda de los hermanos Nick, Kris y Danielle Schnebelen, Trampled Under Foot. Nick ganó hace un par de años el premio Albert King al mejor nuevo talento del blues. La banda suena muy poderosa y tiene un futuro fabuloso. Realmente fue una jornada de blues y rock inolvidable e inconmparable, uno de esos instantes mágicos que hacen que la vida sea increíble.
viernes, 5 de agosto de 2011
Notodden Blues Festival: día 1
El jueves a la tarde quedó oficialmente inaugurado el festival. Primero hubo un pequeño homenaje a las víctimas de los atentados de Utoya y Oslo, y luego una serie de discursos: los organizadores, la ministra de Cultura de Noruega y la alcaldesa de Notodden. El reconocido periodista de blues Art Tipaldi entregó el premio ganado en Memphis y dijo que Notodden era el mejor lugar en el mundo para escuchar blues. Luego empezó la música. En apenas tres cuartos de hora desfilaron media docena de músicos y bandas que hicieron una especie de introducción de lo que será el festival: el trío polaco los Boogie Boys; las estrellas noruegas Vidar Busk y Rita Engedale; los hermanos Schnebelen, más conocidos como Trampeld Under Foot, que tocaron Let the good times roll junto a su madre Lisa; y por último el legendario Elvin Bishop junto a Kid Andersen que tocaron dos temas antes de que el guitarrista noruego recibiera un premio de los organizadores festival.
martes, 2 de agosto de 2011
En el camino
sábado, 30 de julio de 2011
Lenguaje universal
No importa dónde. Mientras haya músicos dispuestos a soplar un saxofón o una trompeta, aporrear las teclas de un piano, o ejecutar las notas más finas de una guitarra, el jazz encontrará gente que quiera escucharlo. El jazz tiene un siglo de vida y parió a genios como Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Duke Ellington, John Coltrane y Bill Evans, por solo nombrar a algunos. Hoy la música tiene la misma fuerza y el público se renueva día a día. Estoy en Estocolmo, Suecia, y fui a conocer un destacado club de jazz. El Stampen está ubicado en el corazón del Old Town, una zona muy pintoresca donde prevalece las arquitectura de los siglos XVIII y XIX. El bar es un reducto en el que hay música todos los días. El sábado a la noche estaba repleto de gente escuchando a una banda que alternaba entre el funk y una onda Weather Report. Recargado de adornosy muy caluroso, los suecos y algunos turistas bebían sus cervezas con fruición, mientras que afuera se juntaba otro nutrido grupo para fumar. Todo una síntesis del lenguaje universal del jazz.
martes, 26 de julio de 2011
Por suerte...
Jimmie Vaughan editó tres discos en 15 años: Strange pleasure (1994), Out there (1998) y Do you get the blues? (2001). Luego pasaron nueve años en los que se dedicó a salir de gira y participar de algunas sesiones de grabación, especialmente con Omar Kent Dykes. El año pasado sorprendió con un disco formidable –Plays blues, ballads & favorites- que condensó lo mejor del blues de Texas, con cierto espíritu retro y festivo, y una producción muy cuidada. Ahora, justo un año después, el hermano de S.R.V sorprende con una secuela formidable.Plays more blues, ballads & favorites es una extensión del anterior y también cuenta con un toque femenino. Lou Ann Barton aporta su canto y su swing sureño en tres canciones y esta vez su imagen hasta aparece en la portada del álbum, que tiene el mismo diseño que el anterior, aunque cambian los colores. Vaughan se alimenta de un puñado de canciones que fueron compuestas por ilustres desconocidos como Jivin' Gene, Teddy Humphries y Annie Laurie, y también por algunos temas de artistas más conocidos como Ray Charles o Hank Williams. También interpreta un cover de Jimmy Reed, I'm a love you, músico que realmente parece tenerlo obsesionado en este último tiempo (Los dos discos que grabó con Omar Kent Dykes están inspirados en la figura del mítico bluesman).
La banda es un verdadero lujo. Mike Flanigan está a cargo del Hammond B3, Derek O’Brien y Billy Pitman de las guitarras rítmicas, y Ronnie James y George Rains, en bajo y batería respectivamente, marcan la base de este ensamble. Pero este disco no sería lo que es si no contara con una sección de vientos fabulosa que tiene un protagonismo absoluto en casi todas las canciones. Los saxofonistas Gregg Piccolo y Doug James (ambos ex Roomful of Blues) y el trompetista Ephraim Owens tienen tanto oficio que los vientos suenan con una naturalidad orgánica.
Si todavía hay gente que cree que el blues es un género triste, que no invita al baile, debería escuchar este disco o el anterior, o por qué no ambos. Estamos hablando de música de primerísimo nivel interpretada por uno de los guitarristas más exquisitos, que no sólo se nutre de su virtuosismo, sino que ya ha adquirido la suficiente experiencia como para dejar en claro quién es él en el mundo del blues. Que sea el hermano “de” es hoy una anécdota. Jimmie Vaughan sabe bien lo que hace. Y lo hace muy bien.
sábado, 23 de julio de 2011
The end
Vivió como quiso. Tal vez vivió como pudo. Quién sabe. Lo cierto es que murió porque vivió como vivió. Y tal vez porque vivió como lo hizo su música es lo que es. Se fue a los 27 años, como Hendrix, Morrison, Janis, Brian Jones y Cobain. Apenas dejó dos discos –Frank y Back to Black- y muchos escándalos a cuestas. Su muerte, si bien generó un shock a nivel mundial, no sorprende. Es como si hubiera estado escrito que así iba a morir. Ahora la autopsia determinará si fue heroína, cocaína, ketamina, éxtasis o alguna otra sustancia la que le dio el golpe mortal. Pero eso será anecdótico. Lo cierto es que Amy Winehouse ya no estará más para cantar como lo hacia: con una voz poderosa que salía desde lo más profundo de sus entrañas.viernes, 22 de julio de 2011
Nobile di Montepulciano
Guardé esta botella durante más de un año. Mi idea era descorcharla en una ocasión especial. Y qué más especial que la llegada de un amigo que vive lejos y al que veo pocas veces al año. El viernes pasado, cuando el día había cedido paso a la noche, saqué a la botella del rincón en el que reposaba y la descorché. Para no perder esa costumbre que teníamos, de la época en la que conducíamos el programa de radio El Descorche, acompañamos el vino con un exquisito queso de cabra que potenció todos los sabores. La Braccesca, Vino Nobile di Montepulciano, cosecha 2006, cumplió con todas las expectativas. “Mirá el color teja”, dijo Maxi mientras agitaba la copa y olía el aroma frutal que emanaba el caldo. Cuando ya nos habíamos acabado la mitad de la botella –aunque todavía quedaba la otra mitad optimista- llegaron las empanadas. Fue un gran reencuentro, noble, con un vino italiano delicioso del corazón de la región de la Toscana, uno de los suelos más generosos del mundo.
martes, 19 de julio de 2011
Lanzamientos recientes
George Thorogood - 2120 South Michigan Ave. Thorogood es un verdadero héroe del blues y del rock and roll. En su música logró capturar como nadie el espíritu de Chuck Berry, Bo Diddley, Elmore James y del sello Chess, en general. Y, pese al paso del tiempo y las exigencias comerciales, casi nunca se alejó de sus raíces. Su último disco, 2120 South Michigan Ave., es un tributo honesto a la discográfica de Leonard y Phill Chess. Diez de los trece temas corresponden a lo mejor del catálogo del sello. Thorogood reinterpreta a sus principales figuras: desde Willie Dixon a Muddy Waters. Un par de invitados de primerísimo nivel realzan los créditos del álbum: Buddy Guy incendia las seis cuerdas de su guitarra en Hi-Heel Sneakers y Charlie Musselwhite aporta la experiencia de su armónica en My babe y el flamante tema que da nombre al disco. El arte de tapa también tiene un sentido histórico: está inspirado en aquellas ediciones de los años cincuenta cuando el blues fluía del 2120 South Michigan Avenue y marcaba el pulso de Chicago. Este no es un tributo caprichoso y marketinero, es una obra sentida y profunda, en la que Thorogood vuelca toda su experiencia y pasión.
Rod Piazza & The All Mighty Flyers - Almighty dollar. Este disco es una joya, de verdad. Rod Piazza debe ser uno de los cinco o seis mejores armonicistas del momento. Tiene un sonido muy personal y representativo del blues de la Costa Oeste. Apuntalado por el piano de su esposa, Honey, Rod Piazza se despacha con una colección de temas que abarcan el jump blues de los años cuarenta y cincuenta, alguna balada doo bop y un poco de Chicago blues. Lo mejor, a mi criterio, es cuando interpreta What makes you so tough, Confessin' the blues y la fabulosa Ain't nobody's business. En el álbum también se destaca el versátil Henry Carvajal, un guitarrista que tiene un poco Hollywood Fats, Junior Watson y Muddy Waters. Almighty dollar es el alegato de un músico que, por dedicarse a tocar blues, se privó de los grandes lujos que trae aparejado ser una estrella. No hay dudas que para Piazza la música está antes que el billete.
Harry Manx & Kevin Breit - Strictly whatever. Hace ya un par de años que descubrí a Harry Manx y desde entonces no me canso de escuchar sus discos. Dueño de un estilo único y un groove muy particular, Manx acaba de lanzar su octavo álbum de estudio, una vez más en compañía de Kevin Breit. Los tres primeros temas son realmente fantásticos: Sunny, Nothing I can do y, especialmente, Looking for a brand new world. Luego el disco sigue alternando algunos blues con otras canciones de raíz más folkie. Lo más sobresaliente creo que es la amplia alternancia de instrumentos de cuerda. Según el tema, los protagonistas pasanan de la guitarra acústica y la eléctrica al banjo, el ukelele, la mandolina, el sitar eléctrico y hasta la mohan veena, la especialidad de Manx. En algún punto, Strictly whatever se parece a los discos de Bob Dylan de fines de lo noventa y comienzos del nuevo milenio, pero en definitiva se trata de una obra nueva producida íntegramente por dos figuras en ascenso, dos músicos creativos y muy originales.
David Gogo – Soul-bender. Este disco me lo recomendó Pablo Fernando Piñeiro y la verdad es que está muy bueno. La curiosidad de su apellido es apenas un detalle que nada tiene que ver con su música. Gogo creció y se formó musicalmente en la ciudad de Nanaimo, en la Columbia británica, al oeste de Canadá, muy cerca de Vancouver. De joven se nutrió de la música que escuchaba por radio, los sonidos que venían del sur, Stevie Ray Vaughan, ZZ Top, Johnny Winter, Buddy Guy, Albert Collins… Pese a que todavía no es tan conocido a nivel mundial, en los noventa llegó a abrir los conciertos que muchos de esos músicos dieron precisamente en Vancouver. Gogo desarrolló un estilo amplio, que se balancea entre los márgenes del blues con el rock and roll clásico y el soul de Stax. Pero siempre con el eje puesto en los solos de su guitarra y su poderosa voz. Soul-bender es un disco potente y muy entretenido.
The Jeff Golub Band - The Three Kings. ¿Quién es Jeff Golub? Esa fue la primera pregunta que me hice cuando empecé a escuchar este disco. Su nombre está más asociado al smooth jazz, al estilo de David Sanborn, pero con guitarra. Sus influencias más palpables son Wes Montgomery, George Benson, Lee Ritenour y Larry Carlton. Pero este disco no tiene absolutamente nada que ver con ese estilo ni con lo que esos músicos representan. Aquí tenemos un álbum cien por ciento blusero. Golub ya había anticipado su inclinación hacia los doce compases con su disco de 2009, Blues for you, y ahora confirma que éste es el camino elegido. Con la colaboración del legendario Henry Butler, Golub da rienda suelta a su virtuosismo con clásicos del género como Born under a bad sign, Help the poor, The thrill is gone y Have you ever loved a woman. El disco tiene una producción impecable y un sonido que es todo una invitación a relajarse y escucharlo.sábado, 16 de julio de 2011
La magia de Treme
La segunda temporada de Treme fue tan fabulosa como la primera. Otra vez las historias que se cruzan en una Nueva Orleans devastada por el huracán Katrina y con la música como protagonista excluyente. Salvo por el personaje de John Goodman, que murió en el final de la primera temporada, están todos los demás: Davis, Jeannette, Ladonna, Antoine Batiste, el teniente Colson, Toni Bernette y su hija Sofia, Albert y Delmond Lambreaux, Sonny, Annie y Harley (el personaje que encarna Steve Earle).David Simon lo volvió a hacer una vez más. Las cinco temporadas de The Wire, los siete capítulos de Generation Kill y ahora la secuela de Treme marcan una constante en su obra: un profundo conocimiento de campo y un retrato de la humanidad de sus protagonistas que no esconde nada: sus virtudes, sus miserias, sus miedos, sus alegrías.
Cada personaje sigu
e su curso. Antoine, presionado por su mujer, tiene que salir a buscar trabajo para poder afrontar los pagos de la casa. Consigue uno en una escuela como asistente del profesor de música pero pasa más horas en los bares tratando de sacar adelante su propia banda de soul y funk que está condenada al fracaso.Annie ya no está más con Sonny y se enamora de Davis (un brillante Steve Zahn) y cada uno de ellos, por separado, intenta seguir con sus dispares carreras musicales. Ladonna, en cambio, le toca vivir un drama de inseguridad en carne propio que va a sacudir su ya golpeado mundo. Toni, tiene que lidiar con el desconsuelo de su hija, que no se recupera de la muerte de su padre, y también con la burocracia judicial y la corrupción policial. Jeannette se fue a probar suerte como cocinera a Nueva York, pero la nostalgia la lleva una y otra vez de regreso a Nueva Orleans.
Delmond y su padre, el Gran Jefe Mardi Gras, siguen con sus discusiones eternas. Pero el muchacho, un reconocido saxofonista de jazz, empieza a sentir que necesita recuperar la tradición de sus orígenes y se embarca en un proyecto formidable que combina el jazz moderno con lo más profundo de las raíces musicales de su tierra.Y los músicos también son coprotagonistas en los once capítulos. Más allá del papel que tiene Steve Earle aparecen en distintos episodios figuras como Dr. John, Ron Carter, Walter “Wolfman” Washington, Shawn Colvin, Henry Butler, John Hiatt, Cyril Neville, Kermit Ruffins, Coco Robicheaux, Chris Thomas King, Lucinda Williams y “Trombone” Shorty. Ahora hay que esperar la tercera temporada. Será el año próximo, espero. Mientras, nos queda la música. Siempre nos queda la música.
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