sábado, 23 de octubre de 2010

Blues moderno: los 70

El boom del revival blusero sesentoso perdió un poco de fuerza en los setenta, una década que se caracterizó por la fusión de sonidos y géneros y por una importante expansión comercial. Así, el blues-rock, el funky y el jazz se fueron mezclando y combinando, lo que dio como resultado discos y bandas muy interesantes. Pero el blues siguió su camino, tal vez de manera menos estridente que antes pero con picos altísimos de interpretación y composición. Así, aparecieron nuevos músicos y otros pudieron mantenerse y seguir en la ruta. Aquí diez discos muy representativos de la época.

Otis Rush – Right place, wrong time. Otis Rush no tuvo suerte con las discográficas y por eso grabó mucho menos de lo que hubiera debido. De todos modos, hay algunos discos suyos que son magistrales y éste es uno. Otis es un tipo que flexibiliza las estructuras, los ritmos y los riffs y un ejemplo de eso son sus versiones de Tore up, Three times a fool y Natural ball. Otro tema impecable y conmovedor del álbum es el cover del clásico de Tony Joe White, Rainy night in Georgia. Right place, wrong time fue grabado en 1971 pero recién vio la luz en 1976.




Freddie King – Texas Cannonball. No sé si éste sea el mejor disco de Freddie King, pero ciertamente es muy bueno y aquellos que estén empezando a escuchar blues lo van a saber valorar. Primero porque es un poquito más rockeado (hay covers de Bill Withers, Creedence, Isaac Hayes, Leon Russell, Howlin’ Wolf y Elmore James) y segundo porque está en línea con sus otros discos para el sello Shelter, que combinaron el blues de Chicago con el de Texas y una pizca de soul. Texas Cannoball se grabó entre el 2 y el 27 de febrero de 1972 y la guitarra y la voz de King suenan maravillosas.




Roy Buchanan – Second album. Este fue el primer disco que escuché de Roy Buchanan. Recuerdo todavía hoy, con mucha claridad, la sensación extraordinaria que me causó. Quedé como en trance tratando de entender como alguien era capaz de sacarle esos sonidos a una guitarra. Luego me enteré de su trágica muerte y con el tiempo recopilé casi toda su discografía. Second album fue grabado en 1974 para el sello Polydor. Les aseguro que no van a encontrar un guitarrista como él en ningún lado.





Hound Dog Taylor & The Houserockers - Hound Dog Taylor & The Houserockers. El primer disco de este maestro del slide es un buen lugar para empezar a escuchar su música. Fue grabado en 1971 y editado poco después por el sello Alligator. Su estilo es crudo, salvaje y feroz. Taylor logró armar un súper trío a su medida: Brewer Phillips y Ted Harvey fueron el combustible de su potencia arrolladora. Un disco clave para conocer la genuine houserocking music.





Rory Gallagher - Irish Tour. Y entonces apareció este irlandés, un verdadero virtuoso de las seis cuerdas que supo combinar el blues, el rock y ritmos folclóricos de su tierra. En 1974, Gallagher emprendió una gira por las dos Irlandas, algo poco frecuente por entonces. Estas grabaciones corresponden a los shows que dio en Belfast, Dublín y Cork. La mayoría de los temas que interpreta son de su autoría, aunque hay covers de Muddy Waters (I wonder who), Tony Joe White (As the crow flows) y J.B. Hutto (Too much alcohol). ¡Imprescindible!




Luther Allison – Love me papa. Si bien nació en Arkansas y vivió mucho tiempo en París, Luther Allison es otro músico de las entrañas del West Side de Chicago. En los setenta editó varios discos: unos excelentes y otros muy malos. Love me papa está entre los primeros. Fue grabado para el sello francés Black and Blue en 1977 y hay algunos solos que son impresionantes. Los temas son casi todos clásicos: Blues with a feeling, Key to the highway y Standing at the crossroads, entre otros.





B.B. King – Live at Cook County Jail. Este disco, de 1971, me gusta más que Live at The Regal, aunque el otro esté considerado como su mejor álbum de la historia. Una de las razones por las que me encanta Live at Cook County Jail es por el rol que juega la audiencia: son todos presos a los que se escucha felices de estar viendo al Rey del Blues. Además, la versión de The thrill is gone es de antología, ¡cómo toca por favor! Y por último el sonido -un poquito- más rockeado que le imprime a grandes temas como Everyday I have the blues y How blue can you get?




Johnny Winter – Nothin’ but the blues. Ya lo dice el título: luego de varios años en los que se balanceó entre el rock and roll y la heroína, el albino comenzó una relación musical nada más y nada menos que con Muddy Waters. Además de tocar y producir sus discos de fines de los setenta (y comienzos de los ochenta) invitó al padre del blues de Chicago a participar de su regreso a la música de su alma. Además de Muddy Waters tocan junto a él James Cotton, Bob Margolin, Willy “Big Eyes” Smith y Pinetop Perkins.




Buddy Guy & Junior Wells – Play the blues. Este álbum tuvo muchos problemas desde el comienzo: hubo cuatro productores y un parate por cuestiones financieras del sello Atlantic que casi lo congela. Eso generó que se tuviera que grabar en dos sesiones con dos años de diferencia. En la primera sesión, en 1970, participaron A.C. Reed, Dr. John y Eric Clapton, quien estaba en la cumbre de su carrera con su mega hit Layla. El disco lo completaron en 1972 junto a la J. Geils Band y sin la participación de Junior Wells. Pese a todo eso es un álbum formidable con grandes versiones de A man of many words, T-Bone shuffle y Messin’ with the kid.



The Fabulous Thunderbirds - The Fabulous Thunderbirds. Más allá del error de impresión de la tapa, la foto de Jimmie Vaughan figura con el nombre de Keith Ferguson y viceversa, el disco debut de la banda –editado por el sello Chrysalis Records en 1979- es una joya del blues y el shuffle texano, que le enseñó el camino a cientos de bandas de esa región que surgieron después.

jueves, 21 de octubre de 2010

Blues moderno: los 60

En los sesenta el blues cobró nuevas dimensiones. Uno de los factores fue que los músicos que habían brillado en la década anterior comenzaron a ser escuchados por jóvenes ingleses. Ellos escribieron su propia historia en Londres y sus alrededores. Surgieron músicos tan buenos que pronto llegaron con su sonido a los Estados Unidos y les abrieron las puertas a los muchachos blancos de ese país. El hippismo, los movimientos sociales, los grandes festivales y el revival de viejos músicos del Delta también contribuyeron para que el blues se universalizara. Aquí, los diez discos más importantes de esa década.

Muddy Waters – At Newport 1960. El 3 de julio de 1960 Muddy Waters y su banda se presentaron en vivo en uno de los festivales de jazz más importantes del mundo y ante un público acostumbrado a otro tipo de música. La actuación fue tan soberbia que el disco se convirtió en una pieza fundamental de la historia del blues. Las versiones de Got my mojo working y Hoochie Coochie man son explosiovas.






B.B. King – Live at The Regal. Para cuando se presentó en vivo en el Regal en noviembre de 1964, King no era ningún desconocido. Ya llevaba la corona del blues y había grabado muchísimo. Pero la magia de B.B. se potenciaba más arriba de un escenario que en un estudio, principalmente por sus dotes de showman. Este disco está entre los mejores de su discografía. Infaltable en cualquier colección.







Magic Sam – West Side Soul. Lo que le pasó a Magic Sam es una de las grandes tragedias del blues. Murió a los 32 años como consecuencia de un infarto. El, Buddy Guy y Otis Rush definieron el sonido del west side de Chicago. En su corta carrera, Magic Sam apenas editó dos discos, el primero fue West Side Soul, grabado en 1967. Se trata de una verdadera joya que superó el paso del tiempo. Siempre suena actual.






Albert King – King of the blues guitar. Estas grabaciones para el sello Atlantic corresponden al período comprendido entre marzo de 1966 y marzo de 1968. Este es el primer disco que escuché de Albert King y me pareció fascinante. Es cierto que tiene muchos álbumes excelentes más, pero esta colección tiene sus singles más codiciados: Born Ander a bad sign, Oh pretty woman, Crosscut saw, Overall junction y As the years go passing by. Imperdible.






John Mayall & the Bluesbreakers - Bluesbreakers with Eric Clapton. Este es, casi sin discusión, el disco de blues inglés más importante de la historia. Clapton se sumó a John Mayall luego de haber dejado a los Yarbirds y poco antes de sumarse a Cream. Ese pequeño salto en su carrera musical convirtió a Clapton en Dios y a John Mayall en un prócer. Este álbum fue grabado en 1966 y tiene temas exquisitos como All your love, Hideaway, Steppin' out y Rambling on my mind.




Johnny Winter – Johnny Winter. Su álbum debut de 1969 es una reliquia por donde se lo mire. Sin dudas fue su disco más blusero en años, hasta que se juntó con Muddy Waters a fines de los setenta. La banda es un trío tremendo con Winter al frente, Tommy Shannon en bajo y “Uncle” John Turner en batería, pero también hay un par de invitados de lujo que le dan un toque Chicago al blues de raíz texana de Winter: Willie Dixon y Walter Horton. Editado por el sello Columbia, este LP tiene uno de los mejores blues que el albino haya interpretado jamás: Be careful with a fool.




Buddy Guy - I Left My Blues In San Francisco. Buddy Guy fue otro de los músicos que surgió de las “inferiores” de Chess Records y en los sesenta explotó. Sin dudas con el tiempo se convirtió en uno de los máximos referentes del género y hoy es el número uno indiscutido. Este disco fue uno de sus primeros pasos como solista y es de los mejores de su carrera. Fue grabado en 1965 y editado dos años después.






J.B. Lenoir – Vietnam blues / The Complete L&R recordings. J.B. fue, sin dudas, uno de los más grandes compositores e intérpretes de la historia del blues, pero murió joven y no tuvo la prensa que sí tuvieron otros de sus contemporáneos. Vietnam blues es una obra de arte muy innovadora en la que Lenoir adaptó sus blues a lo que él denominaba african hunch. El álbum incluye temas excelentes como Alabama blues, Mojo boogie, I feel so good y Talk to your daughter, todos grabados entre 1965 y 1966.





The Paul Butterfield Blues Band - The Paul Butterfield Blues Band. El primer disco de la primera banda de blues blanco estadounidense es una aplanadora. Fue grabado para el sello Elektra en 1965 y es un soberbio compendio de puro blues de Chicago, en donde se destacan las guitarras de Mike Bloomfield y Elvin Bishop. Este disco tiene un vínculo directo con la historia del rock: sus músicos participaron del álbum Highway 61 Revisted y acompañaron a Bob Dylan el día que electrificó su sonido en el festival de Newport.




Fleetwood Mac – Fleetwood Mac. Se trata del álbum debut de una banda que a lo largo del tiempo tuvo varios cambios en su formación y en su música. Aquí tenemos a Peter Green y a Jeremy Spencer en su pico máximo de expresión blusera. Si Mayall y Clapton abrieron el camino del blues inglés, Fleetwood Mac le terminó de dar forma. Un set de canciones maravilloso y profundo que fue grabado entre noviembre y diciembre de 1967.

martes, 19 de octubre de 2010

Blues moderno: los 50

Esta selección de discos apunta a orientar a aquellos que recién están entrando al mundo del blues. Todos estos álbumes tienen algo en común: definieron el sonido del blues moderno (de preguerra). Aquí están los que, a mi criterio, son los discos más representativos década por década desde los años cincuenta, cuando el sonido eléctrico le dio un nuevo sentido y universo a esta música del alma.

Muddy Waters – Trouble no more (Singles 1955 – 1959). Muddy Waters es el padre del blues moderno así que el primer disco de esta serie tenía que ser suyo. Aquí 12 temas (clásicos, por supuesto) grabados para el sello Chess junto a los mejores músicos del blues de Chicago de entonces, todas leyendas hoy: Little Walter, James Cotton, Otis Spann, Jimmy Rogers, Walter Horton y Willie Dixon.








Howlin’ Wolf – Moanin' in the moonlight. En los cincuenta Wolf fue la competencia de Muddy dentro del sello Chess y en todo Chicago. Su estilo crudo y descarnado le abrió las puertas de las almas a la deriva. Sus canciones y su forma de cantarlas son de lo mejor de la música contemporánea. También grabadas para la compañía de Leonard Chess, los 12 temas definen el sonido de una época.





T-Bone Walker – T-Bone blues. La historia cuenta que T-Bone fue el primero en tocar blues con una guitarra eléctrica. Su blues es de los más finos y sutiles jamás grabado. T-Bone era dueño de una técnica exquisita. Este álbum es la suma de dos sesiones magníficas para el sello Atlantic: Chicago 1955 (junto a Junior Wells y Jimmy Rogers) y Los Angeles 1956-57 (memorables duelos de guitarra con Barney Kessel).







Sonny Boy Williamson – Down and out blues. Pregunten a diez músicos de blues quiénes son los dos mejores armoniquistas de la historia. Los diez van a responder que uno fue Sonny Boy (Rice Miller). Si bien se apropió del nombre artístico que otro armoniquista había utilizado años antes, en cuanto a lo musical el tío fue revolucionario. Este, casi con seguridad fue su mejor disco. Lo grabó en 1959 también para el sello Chess.





Elmore James & John Brim – Whose Muddy shoes. Hasta ahora venimos hablando de tipos que hicieron escuela, que definieron al género y que dejaron su sello imborrable. Elmore James, gran maestro del slide, no desentona: aquí una docena de canciones grabadas para Chess en 1953 y 1960. En algunos el que lleva la voz cantante es John Brim, creador del clásico Ice cream man.







Little Walter – The Best of Little Walter. El otro armoniquista que le mencionarían los músicos consultados sin dudas sería éste. Little Walter vivió a los tumbos y murió joven. No llegó a grabar mucho como solista, pero sí lo hizo para los demás músicos (de hecho tocó en varios de los discos ya mencionados). Si bien esta colección tiene el nombre de “The Best of”, no es una rejunte más de canciones. Es un gran compilado que refleja la pasión de este artista por el blues. Fue editado por el sello Chess. (Escuchen también el Vol. 2).




John Lee Hooker – On Vee Jay 1955 / 1958. Mientras que en Chicago el blues brotaba de cada rincón de la ciudad, en Detroit la cosa era muy diferente. Allí sólo un músico se destacó por encima del resto. John Lee Hooker conjugó su sonido primitivo con un groove hipnótico y moderno. Si bien su música siguió vigente hasta su muerte en 2001, en los cincuenta, y para el sello Vee Jay, grabó junto a músicos como Eddie Taylor y Jimmy Reed, parte de lo mejor de su extensa discografía.





Big Mama Thorton – Hound dog / The Peacock recordings. A Big Mama se la recordará siempre por su hit Hound dog, de 1952, tema que un par de años más tarde Elvis Presley haría mucho más popular. Al margen de eso, Big Mama fue una excelente y poderosa cantante. Sus grabaciones para el sello Peacock del 52 al 57 así lo demuestran.






Pee Wee Crayton - Complete Aladdin & Imperial recordings. Pee Wee Crayton fue un discípulo de T-Bone Walker que logró hacer su propio camino y se convirtió en uno de los guitarristas más representativos del blues de Texas. Aquí sus grabaciones del 51 en Los Angeles para el sello Aladdin y las de 1954-55 en Nueva Orleans para Imperial Records.








Earl Hooker – Simply the Best. Otro “grandes éxitos” excelente que es un crossover para esta lista por décadas. Muchos temas son de mediados de los cincuenta pero también hay una buena cantidad que fueron grabados en los sesenta. Earl Hooker era el primo de John Lee Hooker y fue alumno de Robert Nighthawk. Con todo ese background estaba predestinado a ser un grande. Esta colección lo confirma. No se priven de escuchar a uno de los más extraordinarios violeros de la historia.

viernes, 15 de octubre de 2010

Dave Matthews llegó a la Luna

El Ohhh ohhhhhh del público se impuso una vez más y ya se está volviendo un clásico de eventos deportivos y musicales. Esta vez no fue el himno el que hizo vibrar al Luna Park, sino la canción What I am de Dave Matthews. Ocurrió cuando promediaba el show, luego volvió una vez más con Two step, una versión medio campestre con un tremendo y explosivo solo de batería. Los músicos se detuvieron un segundo y escucharon como la gente los aclamaba. Entonces Matthews dijo: “Tocar acá para ustedes es como andar en una moto a toda velocidad, como montar un caballo salvaje”.

Por algo se llama Dave Matthews Band y no sólo DM. Todo el combo es mucho más que un músico solista. El escribe las canciones, canta de manera excepcional, toca la guitarra acústica y baila, sí baila, con tanto swing que da envidia. Sus pies flotan sobre el escenario, las rodillas se contorsionan, la cintura deja que el ritmo fluya. El es el band leader, y los demás aportan cada uno lo suyo, pero ninguno es intrascendente. Tim Reynolds es un guitarrista extraordinario. Tiene un poco de Robin Trower, otro poco de Van Halen, algo de Vernon Reid. Toca como quiere, lo que quiere, cuando quiere. Siempre toca bien. El resto de la banda está conformada por el violinista Boyd Tinsley, el bajista Steffan Lessard, el batero Carter Beauford, junto al saxofonista Jeff Coffin (que reemplazó al fallecido Leroi Moore y que toca dos saxos a la vez) y el trompetista Rashawn Ross. Todos ellos están comprometidos hasta la médula con la propuesta distintiva que Dave Matthews viene ofreciendo desde hace casi 20 años.

Su música es única, podría ser una versión moderna de los Grateful Dead. Todo su sonido está lleno de matices y en una misma canción, según el solo que se ejecute, puede sonar a jazz, al funky de Nueva Orleans, a country, o a bluegrass.

El show, que duró casi tres horas, comenzó con Squirm, uno de los tantos temas que tocó de su último disco Big Whiskey and the GrooGrux King, editado el año pasado. “Empezamos tranquilos y después trataremos de volarles la cabeza”, anunció Dave Matthews.

Con el tema Bartdender, esa gama de sonidos que mencioné antes se amalgamó en un fantástico solo de violín, que dio lugar al saxo, luego a la flauta para terminar en un maravilloso solo de trompeta con sordina. Siguieron con Shake me like a monkey, Satellite (uno de sus primeros temas, de 1993), Grey Street y Seven, donde estalló la viola de Reynolds. Siguieron con Crush, Stay or leave, Gravedigger (hermosa melodía, por cierto), Don’t drink the water, y algunos temas más. No creo que ninguna de esas versiones haya bajado de los ocho o diez minutos Las zapadas son diálogos abstractos que en un momento confluyen en un eje imaginario.

Siempre tocan un cover en sus shows. Hace dos años, cuando se presentaron al aire libre en el Pepsi Music hicieron All along the watchtower, de Bob Dylan. Esta vez, se volvieron muy funkys con Sexy mother fucker, de Prince. El violín volvió a enloquecer con Everyday. Cuando el final se acercaba se despacharon con You and me. Para los bises, primero subió Dave Matthews solo y tocó Some Devil, luego volvieron los músicos al escenario y Ants marching fue lo último que escuchamos.

Así, una noche de octubre, Dave Matthews llegó a la Luna y se lo notó muy emocionado. “Gracias por regalarnos una noche que vamos a recordar para siempre”, dijo. El agradecimiento recíproco de la gente volvió una vez más en forma de una ola sonora Oooooohhhhh oooooooohhhhhhh. La fiesta había terminado pero todo seguía vibrando.

lunes, 11 de octubre de 2010

Lanzamientos x 3

Tom Jones – Praise and blame. Tom Jones es uno de los mejores cantantes de las islas británicas, dueño de una voz poderosa, sensual y dominante. Y cuando esa voz está al servicio de ritmos bluseados y cadenciosos, o potencia rockera la cosa aún es mejor. Los que siguen al galés desde siempre, no esperen escuchar al crooner con su mezcla de pop y Las Vegas o, como en su trabajo anterior, una combinación de poderío vocal con bases electrónicas. Acá tenemos a Tom Jones buceando en las raíces haciendo temas propios y ajenos como de Bob Dylan, Sister Rosetta Tharpe y Jessie Mae Hemphill, más una versión demoledora de Burning Hell, de John Lee Hooker. La banda es solvente, arrolladora y penetrante, todo gracias a la producción del multiinstrumentista y productor Ethan Jones. Aquí no hay nada kitsch: denle una oportunidad.

Kenny Wayne Shpeherd – Live in Chicago. Se tomó su tiempo para editar un nuevo disco, pero valió la pena esperarlo. No hay material nuevo: KWS sigue en su revisionismo histórico como lo hizo con 10 Days Out (Blues from the Backroads). Live in Chicago es un mix equilibrado de su estilo post Vaughan y horas escuchando a los popes del blues. Con el plus de la experiencia de músicos consagrados como Hubert Sumlin, Willie “Big Eye” Smith y Bryan Lee que lo acompañan en su presentación. KWS ya no es más un chico buscando convertirse en el nuevo Stevie Ray. Con treinta y pico de años es un bluesman consagrado, sólido y encumbrado. Live in Chicago es un gran disco en vivo. Tiene todo lo que tiene que tener: tremendos solos de guitarra, muy buenos temas (hay versiones de clásicos de Howlin’ Wolf, Jimmy Reed, B.B. King y Slim Harpo) y un desarrollo vibrante y emotivo.

Ron Wood – I feel like playing. Ronnie lo hizo de nuevo. Editó un lindo disco en donde conjuga sus pasiones: el rock, el blues y el reggae (más la pintura, que ilustra la portada). Es un álbum sólido, con buenas canciones y, por sobre todas las cosas, un espíritu festivo y contagioso. La mayoría de los temas fueron compuestos por él, algunos en compañía de firmas reconocidas, y también hay un cover de Willie Dixon: Spoonful. El disco cuenta con algunos invitados de lujo: Flash, Billy Gibbons (ZZ Top), Bobby Womack, Ivan Neville y Flea (Red Hot Chili Peppers), más la participación de otros grandes músicos de estudio como Waddy Watchel, Jim Keltner, Ian McLagan y el bajista de los Stones, Darryl Jones. Pese a los años, los problemas de salud, los divorcios y los destornilladores, Ronnie Wood sigue en pie.

lunes, 4 de octubre de 2010

El efecto Entre Copas

Hace un par de sábados miraba con atención la góndola de los vinos de un hipermercado y me encontré con que había una docena de pinot noir distintos. De ahí me fui a una conocida vinería y me encontré frente a una decena de botellas más. Compré algunas para probar, porque realmente el pinot es una uva muy interesante (por ahora no pienso en cambiarle el nombre al blog por Pinot & Blues) que va bien con lo que sea. Es un vino súper amable para tomarlo durante una charla o hasta en una sobremesa. Es delicado y no abruma. Y se puede paladear con gusto.

Consulté a un especialista para saber el por qué de este nuevo boom de pinot noir en Argentina. La respuesta de Daniel López Roca (creador de Argentine Wines) fue sencilla y razonable: “Claramente se debe al aumento del consumo en EE.UU. a partir de la película Entre Copas (Sideways / 2004)”. Y eso no es una apreciación de Daniel, sino que está fundamentado en un paper de Steven Cuellar, de la Universidad de Sonoma titulado The Sideways Effect: A Test for Changes in the Demand for Merlot and Pinot Noir Wines (El efecto Entre Copas: una prueba del cambio en la demanda de vinos merlot y pinot noir). Ahora, esto que pasa en EE UU desde hace unos años, está empezando a verse acá con fuerza. Le pregunté además si como efecto colateral también está en retroceso el consumo de merlot. “Cayó estrepitosamente en el mundo, se está recuperando afuera, pero acá no hay a quién vendérselo”, explicó.

Ya que este verano habrá una amplia variedad de pinot para elegir le pedí a Daniel que recomendara algunos: “Los que más me gustan son Chacra 32, Chacra 55 y Barda. En cuanto a vinos más accesibles están Fond de Cave Reserva, Marcus Gran Reserva y Barrel Fermented de Schroeder; otros: Finca Roja, Saurus Patagonia Select, Fin del Mundo Pinot Reserva, Primus Pinot Noir, y varios más. No recuerdo haber tomado uno que no me gustase”.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Le Noise, lo nuevo de Neil Young

Que buenos son los discos de Neil Young. El tipo es un genio de la alternancia. Todos sus álbumes son una sorpresa. En los últimos diez años editó siete álbumes de estudio muy distintos entre sí. Silver & gold (2000): tranquilo y acústico, en la línea de Harvest moon; Are you passionate? (2002): romántico y bluseado, con Booker T & The MG’s; Greendale (2003): un álbum conceptual y rockeado que grabó junto a Crazy Horse; Prairie wind (2005): fue grabado en Nashville y representó la vuelta de Neil Young a la música country; Living with war (2006): fue su rockeado alegato antibelicista contra la administración Bush; Chrome dreams II (2007): representó su rescate emotivo de los archivos remozado con una impronta actual; Fork in the road (2009): rock de garaje inspirado en los autos, las rutas y el plan de salvataje de Obama a la industria automotriz.

Ahora, en un nuevo giro, el tipo se unió al productor noir Daniel Lanois y editó un álbum excepcional. Neil Young, su guitarra y una andanada de efectos conforman Le Noise. Apenas ocho canciones que reflexionan sobre la vida y la muerte, el amor, los recuerdos y cómo vivir con ellos. El disco abre con Walk with me: la Les Paul de Young ruge. Es impresionante el sonido abarcador y poderoso de su guitarra. Le siguen tres temas en la misma onda hasta que en el track 4, Love and war, Young cambia al modo acústico e interpreta una melodía dulce y melancólica, con unos solos conmovedores, que en el futuro seguramente será recordada como una de sus mejores canciones. Hay otro tema acústico más, Peaceful vally boulevard, también maravilloso y sutil.

Lanois, quien ya produjo a Dylan, U2 y Peter Gabriel, no modifica el estilo de Young, ambos se adaptan muy bien. Le Noise es un disco sencillo y profundo. "Quizás hemos reinventado el rock 'n' roll hasta cierto punto, al ser una sola persona y tener todo ese poder; es algo increíble. Le Noise es el opuesto de lo que otros están haciendo. La mayoría de las grabaciones de rock ahora están metiendo más y más cosas y comprimiendo más y (ecualizando) más. Bueno, nosotros nos fuimos hacia el otro lado. Decidimos mostrar más el paisaje para que uno pudiera ver cuál era el centro del mismo", dijo Lanois en una entrevista a la agencia The Associated Press.

En la misma entrevista, Young definió al disco: "Creo que es un, no sé... un álbum espiritual en cierto modo. Tiene mucho que ver con el amor. El amor está presente en casi todas las canciones... No está tratando de ser nada. Está tratando de ser él mismo".

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lanzamientos de septiembre

Robert Plant – Band of Joy. Robert Plant es uno de los mejores cantantes de la historia del rock. Eso es un hecho indiscutible. Como también que su último disco es excelente. Band of Joy era el nombre de la banda de Plant, antes de que Led Zeppelin fuera una realidad. Como no hay nada grabado de aquellos años de finales de los sesenta no se puede hacer una comparación de estilos, pero lo que está claro es que el espíritu del álbum está centrado en un flashback sesentoso que combina un sonido folk transatlántico con una mixtura de rock y blues. La elección de los temas es curiosa: no hay grandes hits pero sí versiones de Los Lobos, Townes Van Zandt y Richard & Linda Thompson. Band of Joy es un álbum para escuchar tranquilo, que requiere mucho más de una pasada para descubrir todos sus matices. Pero sin duda es súper recomendable.

Black Country Communion - Black Country Communion. Una casualidad: Black Country es la región inglesa de la que surgió Robert Plant, así como también Glenn Hughes y John “Bonzo” Bonham. Hughes, ex bajista de Deep Purple, es un porcentaje grande de este proyecto extremadamente rockero. Bonham murió hace varios años, pero la batería aquí está a cargo de su hijo Jason. Los otros dos miembros de la banda son el tecladista Derek Sherinian (ex Dream Theater y Alice Cooper) y el magnífico Joe Bonamassa. Communion es un disco brillante, la guitarra de Bonamassa suena tan fantástica como en sus trabajos solista, pero aquí adquiere una especie de licencia que lo aleja un poco del blues –no del todo- para poder descargar una furia eléctrica muy interesante. La sinergia entre Hughes y él es brutal. El gran mérito aquí también es del productor Kevin Shirley quien vio el año pasado a Bonamassa y Hughes tocando juntos durante un festival y armó la banda para darle rienda suelta a esa "comunión".

Jerry Lee Lewis – Mean Old Man. Cuando juega la selección el técnico pretende tener a los mejores: Messi, Higuaín, Tévez, Mascherano. En este caso, Jerry Lee Lewis convocó a su selección de rock & roll y country para su nuevo disco: Keith Richards, Eric Clapton, Mick Jagger, John Fogerty, Ringo Starr, John Mayer, Solomon Burke, Sheryl Crow, Ron Wood, Willie Nelson, Slash, Kid Rock y Robbie Robertson, entre otros. Los Stones tienen una buena participación en el disco: Ron Wood toca la guitarra en el primer track, Mean old man, que le da el nombre al álbum. Jagger acompaña al viejo Jerry Lee en Dead flowers y luego aparece un Richards iluminado en Sweet Virginia. Después todo sigue en un mix rocanrolero y campestre. John Fogerty interpreta una animada versión de Bad moon rising. Y Slash y Kid Rock acompañan al pianista en Rockin’ my life away. Es la secuela perfecta de Last man standing (2006), incluso tiene hasta varios de los mismos invitados. La diferencia es que cambió el productor y este álbum es más relajado -por momentos bucólico- que el anterior. Jerry Lee Lewis está viejo pero aún quiere rockear.

Santana - Guitar Heaven: The Greatest Guitar Classics of All Time. En 1999, Santana editó el disco Supernatural, con varios invitados y un puñado de buenas canciones. Ese álbum llevó a Santana a la primera plana: éxito de venta, tapas de revistas, decenas de premios. Supernatural cautivó a un nuevo público, pero los que lo seguían desde antes se sintieron un poco desilusionados porque el rey de la guitarra latina se había vuelto demasiado pop y comercial. Los dos discos que le siguieron –Shaman y All that I am- tuvieron la misma tónica, pero con un agregado: ya no tenían la frescura del primero. Son dos álbumes olvidables e intrascendentes. Ahora, con Guitar Heaven vuelve a desilusionar. Más allá de los temas –Smoke on the water, Back in Black, Sunshine of your love, Whole lotta love- y los invitados –Joe Cocker, Rob Thomas, Jonny Lang, Chris Cornell- el disco no aporta nada. La guitarra de Santana suena bien, claro, pero para escuchar esos temas hoy realmente es preferible poner los originales de Deep Purple, AC/DC, Cream o Zeppelin. Es hora de que el productor Clive Davis deje que Santana vuelva a ser Santana.

Varios Artistas - Warren Haynes Presents The Benefit Concert Vol. 3. Lo mejor de este disco doble es la diversidad. Si bien fue editado ahora, fue grabado en vivo en 2001 gracias al fino laburo de Warren Haynes que, además de ser un excelente guitarrista, organiza estos conciertos benéficos en su Carolina del Norte natal cuando llega la Navidad. El propósito: recaudar dinero para las fundaciones de caridad locales. Así, Haynes logró montar un show que transmite blues, folk. y rock, tanto acústico como eléctrico que hace esta parábola: comienza con Alvin “Youngblood” Hart tocando un country blues con su guitarra y termina con Gov't Mule, al palo, interpretando Rockin' in the free world, de Neil Young, junto a Audley Freed (Black Crowes) y otros invitados. También participaron del festival los Blues Travelers, Phil Lesh (Grateful Dead), Edwin McCain y Drivin’ N Cryin’.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Wine song 41

El blues de Chicago actual también tiene su wine song. WINE HEADED WOMAN, de Lurrie Bell, cuenta la historia de una mujer que toma vino por la mañana, por la noche y en todo momento y cuya única ambición es: tomar vino, claro. Es la versión vitivinícola del tema Beer drinking woman, de Memphis Slim. Lurrie Bell grabó esta canción para su disco Let’s talk about love, de 2007, que presentó hace pocas semanas aquí en Buenos Aires.


lunes, 20 de septiembre de 2010

Leyendas de la armónica

James Cotton – Giant. Este disco es increíble. Cotton está en un nivel formidable y su armónica suena estupenda. Pero esta vez el plus, la explosión, viene de la mano del gentil Slam Allen, un cantante y guitarrista soberbio y con mucho soul. El resto de la banda, todos conocidos del público porteño, son Tom Holland, Noel Neal y Kenny Neal Jr. Buried alive in the blues, el tema que abre el disco, es tan alucinante que ya predispone de la mejor manera. Pero el resto no desentona. En la versión de How blue can you get? Slam llega a su pico máximo con unos solos sensacionales y un registro de voz muy poderoso. With the quickness es un shufflle instrumental en el que la armónica de Cotton planea. Y así, una pila de canciones más –That’s alright, Going down main street- en donde la compatibilidad entre Cotton y Slam sigue fluyendo hasta el último acorde. Giant es la gran obra moderna de una de las leyendas vivas del blues. Dejó pasar seis años desde su último disco y ahora vuelve de la mano del sello Alligator Records. El gran acierto ahora es haber cambiado: en Baby don't you tear my clothes (Telarc / 2006) invitó a músicos como Odetta, Bobby Rush o Marcia Ball para que cantaran. Aquí le da una oportunidad enorme a Slam Allen, quien no la desaprovecha.

Charlie Musselwhite – The Well. Acá tenemos a otro de los maestros modernos de la armónica luciéndose con su nuevo álbum. The Well tiene dos particularidades: es el primer disco de su carrera que graba íntegramente con temas propios y es su regreso al sello Alligátor, luego de peregrinar por otras discográficas durante 14 años. La banda, conformada por Dave Gonzales (guitarra), John Bazz (bajo) y Stephen Hodges (batería), suena groovie y se adapta a la perfección a los distintos ritmos que Musselwhite impone en los temas. Su voz, además, suena mejor que nunca: emana blues desde las vísceras. Todo el disco funciona como una autobiografía. Es realmente impresionante. Sobre todo su tema Sad and beautiful world, que canta junto a Mavis Staples, y en el que relata su experiencia luego del crimen de su madre, Ruth, durante un robo en 2005. Después hay de todo un poco: sonido del Delta, down home blues, shuffle, boogie y hasta un guiño al jazz en Dig the pain. Es muy buena la sinergia entre él y Gonzales en el instrumental Sonny Payne Special. Blues puro.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Maceo Funker

Foto Clarín
La banda de Maceo Parker suena como una pieza de relojería de alta gama. La maquinaria funky es perfecta. El sonido es contagioso y terco. Y puede llegar a ser tan caliente como Maceo quiera. El tipo baila, canta, anima, habla con el público. Dirige a sus músicos con señas, toca el saxo y, por sobre todas las cosas, no deja dudas de quién es el genio del funk actual. Todo el show –generoso con sus más de dos horas- fue una gran explosión rítmica. Maceo Parker, un tipo híper cool por donde se lo mire, llevó al groove a su máxima expresión.

“Si alguien se pregunta qué es lo que tocamos les digo que no es jazz –hace un gesto burlón con los manos-. Amo el jazz, pero…. Make it funky”. Todo había comenzado con un intermitente juego de luces, la banda tocando Funky Fiesta y la road manager, Natacha Maddison, haciendo las veces de maestra de ceremonia. Luego de un amague de Papa's got a brand new bag, el final de Funky Fiesta fue brutal. Todos los músicos se quedaron estáticos, como congelados, durante varios segundos. Impresionante.

Los arreglos de los temas son perfectos. Los silencios también. Bastó con escuchar la versión de Off the hook. William Hogans con la trompeta y Gregory Boyer con el trombón son pilares de bronce, los guardaespaldas del saxo de Maceo. Los tres suenan fantástico. Bajo y batería son un conglomerado rítmico, preciso y riguroso. El guitarrista Bruno Speight fue lo menos destacado: se despachó con unos solos un tanto chillones. Luego están los coristas Carolyn Hall y Corey Parker, el hijo de Maceo, quien también rapea y canta un par de canciones.

El Gran Rex estaba lleno. Había caras muy conocidas, músicos importantes como Luis Salinas y Walter Malosetti. Al principio muchos tuvieron la duda si Maceo iba a llenar el Gran Rex. Ahora es evidente que La Trastienda ya le quedaba chica.

Maceo dijo la palabra “love” (amor) unas cien veces. “We love you”, repetía. Presentó a sus músicos una y otra vez. La estructura de las canciones así se lo permite. Jugó con las palabras, con el ritmo. El hombre, proveniente de un planeta llamado Groove, es el dueño absoluto del escenario.

Una imagen que me quedó grabada: cuando todo terminó, la gente estaba tan encendida que al salir del teatro, desde la tercera bandeja, bajó una horda de flacos cantando “sacude todo lo que tenés”. Es que los bises fueron tremendos. Maceo amagaba con irse y volvía. Hubo un homenaje a Ray Charles, corto, en el que él y el tecladista William Boulware interpretaron You don’t know me. Y luego, con la gente coreando, Maceo dio lo que todos querían: Shake everything you got. Fue como un trance colectivo. Para donde mirara había gente literalmente sacudiéndolo todo.

La noche de ayer fue de esas en la que todo fluye con naturalidad, en la que la música domina la escena, las mentes y las almas. El espíritu de James Brown, presente. Fue una noche en el nombre del Funk.


martes, 14 de septiembre de 2010

Blues local (segunda parte)

“El blues paga mal”, asegura Mauro Diana, líder de los Easy Babies. Y si lo dice él hay que creerle. Hace años que él la viene peleando en el ámbito del blues local, tocando e instruyendo a chicos que están interesados en aprender los secretos y yeites de este género tan hermoso como cautivante. Aproveché el lanzamiento de su álbum para hacerle a Mauro unas preguntas para conocer cómo se acercó al blues y cómo lo vive.

1) ¿Cómo empezaste a escuchar blues?
Crecí en Valentín Alsina, mi primo y amigos mayores escuchaban a los Rolling Stones, había unos temas que me gustaban mucho y siguiéndolos llegue a Muddy Waters.
2) ¿Cuál fue el primer disco de blues que compraste?
Creo que fue Standing at the crossroad de Elmore James, pero pudo haber sido un compilado de BB King que se llamaba How blue can you get que estaba en Musimundo.
3) ¿Cuáles consideras que son los tres mejores discos de la historia del blues?
No creo que existan los tres mejores discos de la historia del blues, pero te puedo nombrar tres muy importantes en mi vida: I’m Ready, de Muddy Waters; Ain’t that enough comin’ in o Lost in the Blues, de Otis Rush; y The real deal,de John Primer.
4) ¿Cuál fue tu mejor experiencia arriba de un escenario?
Tuve muchas experiencias increíbles. Tuve la suerte de estar en el Buddy Guy Legend, en Chicago, el día que el club festejaba su décimo aniversario. Phil Guy estaba allí y me invitó a tocar la noche con él. También toqué junto a John Primer en el Checkerboard Lounge, bar que conocía del video de los Stones junto a Muddy Waters. Esa noche, junto a Roberto Porzio, compartimos escenario con Carey Bell. Era 1999, yo tenía 22 años y estaba cumpliendo un sueño. De Valentín Alsina a Chicago. Otro momento alucinante, y que no soñaba, fue ir con Pato Raffo a tocar a Moscú, donde junto a Omar Itcovici, acompañamos a John Primer en su gira por Rusia.
5) ¿Quién es el músico argentino que mejor nos representa a nivel internacional?
Para los que decidimos quedarnos, tocar, producir y difundir el blues acá es difícil pensar en una carrera internacional. Creo que hoy en día, el músico argentino de blues con más proyección es José Luis Pardo, que esta haciendo su historia desde Europa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El último disco de EC

En estos años se han impuesto dos estilos para bucear en el inmenso mar de la música popular estadounidense. Uno es el de Bob Dylan, quien va redescubriendo viejas canciones y ritmos, les saca el polvo y las reinterpreta con una sencillez dotada de personalidad y sentido histórico. Esos antiguos temas se convierten en nuevos clásicos en los que Bob deja su sello. El otro es el de Rod Stewart, quien tomó canciones más populares e hizo versiones comerciales, hits de venta, tan efímeros como exitosos. Lo de Eric Clapton, en su último trabajo, es una mezcla de ambos aunque con una inclinación hacia el lado de Dylan. Hay cuatro razones que hacen que su disco número 19 como solista sea de lo mejor que editó en los últimos años. 1) Slowhand está rodeado por una gran banda: Doyle Bramhall II (guitarra y producción), Willie Weeks (bajo) y el experimentadísimo Jim Keltner (batería). 2) Los invitados son un verdadero lujo: J.J. Cale, Wynton Marsalis, Allen Toussaint, Kim Wilson, Derek Trucks, Sheryl Crow y Paul Carrack. 3) El costado de intérprete en Clapton está muy bien trabajado desde lo vocal y sus solos de guitarra destilan una amplia gama de matices que abarcan desde el blues del Delta hasta el jazz. 4) Las canciones elegidas son verdaderas joyas históricas que comprenden distintos períodos y geografías musicales: Lil’ Son Jackson, Little Walter, Johnny Mercer, Fats Waller, J.J. Cale, Robert Wilkins, Snooky Pryor, Hoagy Carmichael. Claro que lo mejor del álbum son las versiones bluseras: en Hard times blues se luce el slide de Doyle Bramhal; Run back to your side tiene una épica sureña de la mano de Derek Trucks; la armónica de Kim Wilson estalla en Can't hold out much longer y Judgement day; el comienzo con Traveling alone es arrollador. Después, en las versiones más jazzeras, el aporte de la trompeta de Marsalis le da una perspectiva distinta a la música de Clapton. Tal vez lo más flojo del disco es Diamonds made from rain, junto a Sheryl Crow, una balada suave destinada a las FM comerciales. Sin dudas es un disco que vale la pena escuchar. La tapa del disco no es la gran cosa: no se asusten, no es Pepito Cibrián, es el viejo EC. El mismo de siempre.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Wine song 40


David Gray es un gran compositor. Es la definición perfecta del singer/songwriter. A fines de los noventa, este inglés nacido en Manchester en 1968 tuvo su explosión cuando editó el disco White Ladder, un álbum formidable repleto de hermosos temas como Babylon, Please forgive me y We're not right. Su último trabajo, Founding, no llega a la altura de White Ladder pero no decepciona. El estilo de David Gray queda muy reflejado en cada uno de los temas, especialmente en esta nueva wine song: ONLY THE WINE. Es el vino que el habla, solamente el vino / mi cabeza da vueltas, la boca abierta / una vez tras otra.