jueves, 6 de junio de 2019

El buen doctor


Su corazón dijo basta y eso nos partió un poco el corazón a todos. Malcolm John Rebennack Jr, a quien llamaban Mac, aunque era más conocido por su nombre artístico de Dr. John, era el hijo pródigo de Nueva Orleans.

Su muerte conmueve porque, con 77 años, era uno de los últimos bastiones de una era dorada de la música contemporánea. Dr. John siempre fue un arco iris musical: combinó distintos estilos como jazz, R&B, rock and roll, blues, funk, psicodelia y los ritmos de los indios del Mardi Gras. Esa paleta multicolor le confirió el estatus de referente absoluto de Nueva Orleans y lo convirtió en una figura icónica, su mejor embajador.

Dr. John's Gumbo (1972)
Plasmó su música en decenas de discos, desde el primero, Gris-Gris, de 1968, hasta el último, un homenaje a Louis Armstrong que llamó Ske-Dat-De-Dat: The Spirit of Satch y editó hace cinco años. En el medio, lanzó grandes álbumes como Dr. John’s Gumbo (1972), In the right place (1973), City lights (1978), Dr. John plays Mac Rebennack (1981), Going back to New Orleans (1992), Duke Elegant (2000), N'Awlinz: Dis Dat or d'Udda (2004) y su obra cumbre junto a los Black Keys, Locked down (2012), que le valió su sexto y último Grammy y el reconocimiento de la nueva generación. En cada uno de esos discos siempre mantuvo el espíritu de la ciudad, sus alegrías y tristezas, y su profunda y arraigada tradición.

Dr. John, B.B. King y Raimundo Amador
Su abuela le había enseñado a tocar el piano cuando era un niño y, con el tiempo, logró adquirir la destreza suficiente para situarse a la altura de otros grandes pianistas de la ciudad como Fats Domino, Professor Longhair y Alain Toussaint. Fue Toussaint quien alguna vez dijo sobre Dr. John, recuerda el amigo Tony Soulman: "Toca como camina, sin apurarse nunca. Nunca ataca al piano, lo acaricia". Pero antes, en la adolescencia se volcó a la guitarra porque era un instrumento con el que creía que iba a conseguir trabajo más fácil como músico. Pero un disparo en una mano en un confuso episodio lo condicionó con las seis cuerdas y lo obligó a volver al piano, aunque cada tanto, especialmente en sus shows en vivo, solía tomar la guitarra en uno o dos temas. Estuvo preso por vender drogas y sufrió la adicción a la heroína, pero pudo sobreponerse a todo y construir una carrera musical imponente en la que, además de sus innumerables pasos por lo estudios de grabación, tocó alrededor del mundo y compartió escenarios con figuras como Johnny Winter, B.B. King, Mike Bloomfield, Eric Clapton, James Cotton, Bruce Springsteen, Mavis Staples y John Fogerty, Algunos de ellos, también, participaron de un justo homenaje en vida, que fue editado en cd en 2016 bajo el título de The Musical Mojo of Dr. John: Celebrating Mac & his Music.

Algunas apostillas de su carrera son sus participaciones en la serie Treme, de David Simon, que narra historias de vida tras el paso arrasador del huracán Katrina; su colaboración en la película de Disney, La Princesa y el Sapo; o su eterno y estrafalario vestuario cargado de colores y voodoo.

Dr. John, Montreal, 2013.
En lo personal, tres momentos se me vienen a la cabeza cuando recuerdo a Dr. John. El primero fue cuando lo descubrí en aquél video en el que canta I’d rather go blind junto a Etta James, que terminan los dos abrazados y muy emocionados. Quedé deslumbrado por su fraseo vocal y su forma de tocar el piano. El segundo fue cuando, en uno de esos momentos mágicos que nos da la música, tocó como invitado de los Allman Brothers en el Beacon Theatre de Nueva York en 2011. Yo ya estaba lo suficientemente conmovido por estar viendo por primera vez a la banda que creó el rock sureño, que su sorpresiva aparición fue algo así como quedar frente a la aurora boreal. El tercero me lleva al año 2013, en Montreal, Canadá. Otra noche memorable en la que lo vi al frente de su propia banda en el marco del Festival de Jazz con Leon Russell como telonero. 

El Buen Doctor se fue y Nueva Orleans ya no será la misma. En algún punto Mac era como el barco de vapor que recorre el río Mississippi, como el Barrio Francés o el jambalaya. Pero quedan sus canciones, himnos de toda una ciudad.


3 comentarios:

Maria Heer dijo...

Que bajon

Leo Caruso dijo...

Estoy hecho mierda, me acabo de enterar... Irrepetible!

Núñez Presedo dijo...

No lo podemos creer, se nos fue alguien muy querido e inspirador