jueves, 8 de julio de 2010

Retratos de Nueva Orleans

Acabo de terminar de ver una gran serie. Una de esas obras de arte memorables que muy cada tanto nos da la tevé. Hay tres razones por las cuales Treme es excelente. La primera: es obra de David Simon, creador de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos. La segunda razón es por la magnífica realización: elección de los personajes, actuaciones, ambientación, guión. La tercera, y fundamental, es la música. Amigos, Nueva Orleans es un lugar donde la cultura es una mixtura muy colorida y está tan arraigada como las raíces de un árbol a la tierra. Hay jazz, cajun, blues, zydeco, R&B, funky. En Treme, la música es la receta para todo. Allá todo tiene ritmo, hasta la muerte. Allá se llora bailando.

Treme cuenta la historia de una ciudad arrasada por el huracán Katrina. Muestra la desidia del gobierno para reconstruirla y los protoganistas son un grupo de personas que, a pesar de todo, trata de salir adelante. No esperen disparos ni efectos especiales. Treme es un documento periodístico profundo, una recreación de lo que sucedió en esa ciudad después de Katrina. El huracán desnudó la miseria institucional de ese país durante la administración de Jorge W. Arbusto. Promesas incumplidas, decisiones absurdas, corrupción, violencia policial y desesperanza fueron algunas de las consecuencias.

Treme tiene muchas voces. Sus protagonistas en algún punto se cruzan, así como pasaba en The Wire. Es genial Antoine Batiste (Wendell Pierce, que hizo de Bunk en el policial de Baltimore), un músico profesional muy apegado a la tradición que trata de sobrevivir tocando donde sea. Después está Janette, cocinera muy reconocida por sus pares, que tuvo que cerrar su restaurante porque no podía afrontar los gastos. Ella tiene una historia con Davis (Steve Zahn), un disc jockey, músico y pro legalize que ama la cultura de Nueva Orleans y hace de todo por defenderla.

John Goodman interpreta a un escritor que está casado con una abogada. Ambos deben luchar contra el sistema para que éste no acabe con lo que queda de la ciudad e incluso de sus vidas. Albert Lambreaux es un jefe indio Mardi Gras muy testarudo, que dará todo por conseguir que la gente desalojada vuelva a sus casas y por mantener vivos sus antiguos rituales. Y está su hijo, Delmond, que es un músico profesional de jazz que triunfa en Nueva York y que reniega de sus raíces.

También está la parejita de músicos callejeros, cuyos caminos se están separando. Y Ladonna, la ex mujer de Antoine, que tiene la posibilidad de irse a otra ciudad a vivir como una reina y se queda en Nueva Orleans para averiguar qué pasó con la vida de su hermano y cuidar a su madre.

Treme, que es el nombre de la zona más musical de Nueva Orleans, tenía que tener algo más. Y eso es el desfile de grandes músicos que interpretan un pequeño rol y dejan su sello en la serie: Dr. John, Coco Robicheaux, Allen Toussaint, Elvis Costello, Steve Earle, McCoy Tyner, Terence Blanchard, Cassandra Wilson, Ivan Neville, Art Neville, John Mooney, Irma Thomas, Lloyd Price, John Boutté y Clarence “Frogman” Henry.

Son apenas diez capítulos grandiosos que hacen reflexionar y emocionar, siempre al ritmo de la buena música. Señor Simon, muchas gracias por Treme.

domingo, 4 de julio de 2010

48 horas en NY

Jueves. 19hs. Camino apurado por la calle Waters en dirección a Battery Park. Es verano en Nueva York y el calor se siente. El sol va cayendo lentamente y una agradable brisa que viene del río Hudson da un respiro. Busco el Wagner Park, pero no lo encuentro. Estoy llegando tarde y voy un poco deshorientado. Entonces escucho la señal. Casi imperceptible, el sonido de un hammond surge como una brújula. Apuro el paso y la música comienza a fluir con mayor intensidad. Entonces la voz de John Hammond es inconfundible. El blues del Delta domina el sur de Manhattan. Me encuentro a unas trescientas personas sentadas en el pasto disfrutando de un show gratuito. El legendario John Hammond y su banda -Bruce Katz, Marty Ballou y Neil Gouvin- derrochan doce compases con la estatua de la Libertad de fondo. Me acomodo cerca del escenario mientras tocan Come in my kitchen, de Robert Jonhson. La guitarra dobro suena metálica, fantástica. El contrabajo de Gouvin es mortal. Hay más blues: Howlin’ for my darling, Evil, entre otros clásicos del género y algunos temas propios. Una hora después me voy feliz con mi tercer encuentro con Hammond. El primero fue en los noventa cuando tocó en el Gran Rex; hace unos años lo volví a ver en el ND Ateneo; y ahora este concierto gratuito de Nueva York, con el plus de verlo con su banda. La tradición del Delta sigue viva.



Viernes 18.45hs. Williamsburg Waterfront está en Brooklyn y tiene una sensacional vista panorámica de Manhattan. Para llegar apenas tuve que tomar la línea L del subte desde Union Square y luego caminar cinco cuadras. Tardé diez minutos. Me encuentro con una fauna interesante. Gente de treinta y pico, tatuada luciendo sus remeras de Faith No More, Sonic Youth y Alice in Chains. Paraíso alternativo. La vibra del hard rock comienza a palpitarse. El sol está terrible. Mucho más intenso que el día anterior. Arde. Aquí, la brisa no corre o, al menos, no se siente. La gente está dispersa, en su mayoría haciendo cola para comprar alcohol. Sube un muñeco al escenario. Es un comediante, que con el correr de los minutos se vuelve insoportable. Los gringos no se amontonan junto al escenario y aprovecho para acercarme lo más que puedo. Por fin el señor de lo chistes malos se va y deja su lugar a Razhel, un negro corpulento y maestro del beat box, que hace vibrar literalmente todo con su punchi punchi. Ya son casi las nueve y la gente está impaciente. Es que hace más de diez años que Faith No More no se presenta en Nueva York y para esta raza de hardrockers el Second Coming Tour es todo un acontecimiento. Mike Patton entra caminando apoyándose en un bastón, pero a juzgar por lo que se verá luego es un chanza, un guiño a su público. “Estamos todos más viejos”, dice. Pero durante hora y media tocan todo lo que tienen que tocar y esa vejez aparente, camuflada con trajes de colores pastel, se disipa. Abren con Reunited y la lista de canciones que le siguen incluye: Land of sunshine, Evidence, Last cup of sorrow, Easy, Ashes to ashes, King for a day, Epic y Just a man. El segundo tema que tocan es Out of nowhere. Yo estoy parado muy cerca del escenario. Tan acostumbrado a ver otro tipo de shows que me olvidé del pogo. Así que cuando empiezan salgo despedido hacia un costado. Mi tobillo maltrecho no lo resiste. Gente grande, parece mentira, ja! En definitiva, que gran banda Faith No More, buenos soldados del rock and roll.

48 horas en Nueva York.

domingo, 27 de junio de 2010

Wine song 38

Una balada desesperada llena de soledad y desamparo. Un amor que no está, mañanas frías y un deseo de compartir que no se puede concretar. Y el vino glorioso matinal, que no es bebido por la gente buena, es un bálsamo cuando uno no encuentra el camino a casa y no tiene a dónde ir. Lanegan, que hace poco tocó en Buenos Aires, se crío musicalmente en los noventa en el estado de Washington, donde está Seattle. Compartió grabaciones con Kurt Cobain, fue miembro de Screaming Trees y colaboró con Queens of The Stone Age, Mad Season. MORNING GLORY WINE fue editada en su último disco, Bubblegum, de 2004.










miércoles, 23 de junio de 2010

Mirá quién canta blues


Nunca me gustó demasiado. Su voz chillona me ponía un poco nervioso y su look extremadamente ochentoso no me mataba en absoluto. En su momento, Girls Just Want to Have Fun me pareció apenas simpática y a Time After Time recién la empecé a disfrutar con la versión de Miles Davis. Pero hay que decirlo: está mujer de peinados coloridos es un icono de la cultura pop. 

Hoy 23 de junio, un día después de su cumpleaños 57, me senté a escuchar su nuevo disco. Memphis Blues puede ser un buen intento de Cyndi Lauper por darle un nuevo rumbo a su carrera o apenas un cambio pasajero y marketinero. Algunos pueden pensar que es una movida comercial, tal vez… pero también puede ser el álbum de una mujer a la que le llegó la hora del blues. Yo sé que hay grandes cantantes que no tienen la repercusión que va a tener este disco y eso puede fastidiar a más de uno. Lo cierto es que muchos seguiremos escuchando a Etta James, Shemeika Copeland, Madeleine Peyroux, Shirley King o Sue Foley. 

De todas maneras, es posible que el álbum de Cyndi Lauper abra las puertas del blues a otros... o tal vez no y solo los disfruten, en otro plano, sus seguidores. Es un álbum desparejo y levemente agradable si uno deja los prejuicios de lado. Ella canta muy bien algunos temas y en otros su voz parece apagada o en segundo plano. Los temas son todos clásicos -Just Your Fool, How Blue Can You Get?, Early in the Mrning, Rollin' & Tumblin'- y hay grandes invitados: B.B. King y Allen Toussaint, Ann Peebels, Charlie Musselwhite y Jonny Lang. 

Veremos que le depara el tiempo a este disco. Lo más probable que nada. Los que escuchan blues posiblemente no le den play ni una sola vez y los fanáticos de ella seguirán girando alrededor de sus canciones de los ochenta. 


martes, 22 de junio de 2010

Música por el mundo

La Gibson de Russell Malone. Jazz Standard, Nueva York. Diciembre de 2008.

Ike Turner. Le Méridien Etoile, París. Abril de 2007.

Discos usados. Mercado de pulgas de la Praça Benedito Calixto, San Pablo. Setiembre de 2009.

Holly Golightly & The Brokeoffs. Rhiz Bar, Viena. Abril de 2008.

Local de venta de ropa. Portobello Road, Londres. Abril de 2010.

Michael Hill. Terra Blues. Nueva York. Abril de 2010.

Banda callejera de jazz tradicional. Puente de Carlos, Praga. Abril de 2008.

Homenaje a Lennon. Matthew Street, Liverpool. Abril de 2010.

Músico callejero. Greenwich, Londres. Abril de 2010.

Imitador de Jimi Hendrix. Estación de subte Canal Street, Nueva York. Diciembre de 2009.

(Fotos: Martín Sassone)

sábado, 19 de junio de 2010

Back in the seventies

Los setenta vuelven con todo. Aquí tres discos recientemente editados. Tres blues-rockers, cuarenta años más viejos, pero con el mismo espíritu de siempre. The old cowboys ride again…

Rick Derringer - The three Kings of the blues. Rick Derringer siempre estuvo en segundo plano. En los setenta cobró algo de notoriedad como el guitarrista de Edgar Winter y también por integrar la banda de Johnny Winter. Siempre fue un animal rabioso de las seis cuerdas y ahora, a esa ductilidad, le sumó años de experiencia. Su últimio disco es una especie de homenaje a Albert, Freddie y B.B. King que incluye una selección de temas que no necesariamente responden a los tres grandes. Es un muy buen disco en el que Derringer no se tira atrás. La guitarra es la protagonista absoluta de este álbum compuesto de once canciones, entre las que se destacan Just a little bit, Key to the highway, Killing floor y Love her with a feeling.

Steve Miller – Bingo!. Pasaron 17 años desde el último álbum de estudio del cowboy del espacio y ahora volvió con un gran disco, en el que retorna a sus bases bluseras más profundas. Steve Miller fue uno de los grandes protagonistas de la década del setenta. Empezó con un sonido más blusero y luego fue mutando hacia un pop híbrido. Pero ahora, curtido, vuelve a las raíces. Hay dos invitados de lujo: Joe Satriani y Norton Buffalo, éste último participó de la grabación de Bingo! poco antes de morir. Miller se despacha con temas de Jimmie Vaughan (Hey yeah y Don’t cha now), Lowell Fulson (Tramp), All your love (Otis Rush), Rock me baby (B.B. King) y Who’s been talkin’ (Howlin Wolf), entre otros clásicos del género.

Foghat – Last train home. Es cierto que sólo queda un miembro original de la banda, el baterista Roger Earl, y que los buenos tiempos quedaron atrás con la partida de Rod Price y, más tarde, con la muerte de “Lonesome” Dave Peverett. Pero Earl y el grupo la siguieron peleando y –casi- nunca dejaron de presentarse en vivo. Tocan blues y rock and roll con mucha fuerza y firmeza. Suenan bien. Los dos covers de Elmore James, It hurts me too y Shake your Money maker, son de lo mejor del disco junto a Lousiana blues. El trabajo de Bryan Bassett en guitarra, especialmente con el slide, es excelente. El sonido del álbum –el primero de estudio en siete años- no es novedoso pero sí está cargado de la energía del rock arena y eso es mucho decir. Los dos últimos temas tienen un bonus de lujo: la participación del legendario Eddie Kirkland.

miércoles, 16 de junio de 2010

Tom Petty plays the blues


El título es engañoso pero no está alejado de la realidad. Mojo no es un disco estrictamente blusero pero es lo más cercano al blues que puede hacer Tom Petty. Es una aproximación al sonido de Chess pero con todos temas propios.

Su primer álbum para el sello Reprise lo encuentra una vez más con los fieles Heartbreakers, pero esta vez todo en directo y sin overdubs, El primer tema es un blues rabioso. Sigue con First flash of Freedom, una canción que recuerda mucho al sonido californiano de los sesenta con unos solos de guitarra muy psicodélicos. Running man's bible y The trip to Pirate's Cove son dos temas con la impronta clásica de su música en los que se luce la guitarra del legendario Mike Campbell.

Candy es un blues intenso; No reason to cry es una balada rockera; I should have known it es puro derroche de filosos punteos. Tom Petty vuelve a saborear los doce compases con U.S. 41, Takin’ my time y, con un swing más elevado, Campbell domina la armónica en Let yourself go. Hay una leve seducción jamaiquina en Don’t pull me over y un aroma urbano en Lovers touch. High in the morning es probablemente el mejor tema del disco: una buena melodía, una letra cautivante y buenos arreglos, al mejor estilo de las grandes canciones de Petty como Mary Jane’s last dance, You don’t know how it feels o I won´t back down. El track 14, Something good coming, no dice mucho la verdad, pero Good enough es tremendo: un gran tributo a Zeppelín con otro contraataque de guitarras.

Tom Petty está de regreso con un gran álbum que dejará satisfechos a sus fanáticos, a los rockeros y a los amantes del blues.







sábado, 12 de junio de 2010

Princesa del Blues


Shirley King sabe como entretener al público. Baila, gesticula, bromea, sacude el culo, provoca y, claro, también canta. La hija de B.B. King heredó de su padre la voluptuosidad de su cuerpo, la capacidad de seducir a la gente con ritmo y su buena onda. El viernes por la noche dio un show bárbaro en La Trastienda. Más de una hora y media con clásicos del blues y un par de gemas del soul en los que desplegó toda su energía vocal.

Todo comenzó con la banda -Daniel Raffo y “Alambre” González en guitarras, Mauro Ceriello en bajo, Nicolás Raffetta en teclados y Patricio Raffo en batería- tocando un shuffle para después darle la bienvenida a Gerald Noel, el saxofonista que viaja junto a Shirley King. Siguieron con Watermelon man y después con Further on up the road. Luego subió Shirley, a quien le encantan las canciones con referencias sexuales y doble sentido como Got my mojo working, Hoochie coochie (wo)man y Rock me baby. En cada uno de esos temas sacudió toda su humanidad y jugueteó con un par de hombres del público.

A medida que fueron pasando los temas la gente se fue encendiendo mucho más, sobre todo luego de que ella bajó, caminó entre el público e hizo cantar a un par personas. Uno de ellos fue Pablo Piñeiro, periodista especializado en blues que, desde sus entrañas, sacó unos aullidos wolfescos y se ganó la ovación de todos.

Fue muy bueno el laburo de los guitarristas: Alambre (o mejor dicho el Elvin Bishop argentino) con un sonido más rockero y luciendo el slide en un par de ocasiones, y Daniel Raffo (o el Tony Soprano del blues), con su sonido más cercano al de B.B. King. Este último tuvo un mano a mano muy interesante con Shirley en Rock me baby. Otros de los temas que cantó la hija del Rey del Blues fueron Woke up this morning, Wang Dang Doodle, dedicado a Koko Taylor, y dos clásicos históricos del soul: Mustang Sally y I feel good.

El final fue muy caliente, ya todos estaban de pie, otros bailaban entre las mesas y sillas que se arremolinaban sin control. Hubo aplausos y hasta algún que otro alarido de aprobación para una vertiginosa versión de Sweet Home Chicago. Shirley King hizo lo que mejor sabe hacer: entretener al público con su voz y sus movimientos desinhibidos y provocativos. No por nada es la Princesa del Blues. Su show tiene una definición: satisfacción garantizada.

miércoles, 9 de junio de 2010

Wine song 37


RED WINE, MISTAKES, MYTHOLOGY es una perlita de To the sea, el último disco de Jack Johnson. El tema empieza con una armónica y después se anima como todas sus canciones. El trovador le canta al vino y a la mitología; a los errores y a las disculpas. A los pájaros que cantan, a las verdades a medias, a cómo aprender a reírnos para dejar de llorar. Y ahora su música está regada de tinto. Fresco y joven. Nacido de una viña californiana. Este es el mundo de Jack.


martes, 1 de junio de 2010

Lanzamientos de mayo

Magic Slim & The Teardrops – Raising the bar. Magic Slim es un ícono del blues de Chicago. Los que escuchan blues hace mucho tiempo saben de lo que hablo y los que lo vieron en vivo en sus visitas a la Argentina o en algún bar de Chicago, más todavía. Raising the bar es un disco excelente. Puro ritmo auténtico. Energía desbordante y potencia rockera. En el octavo álbum para el sello Blind Pig, Morris Holty y su banda reafirman el compromiso que tienen con el sonido tradicional urbano. Once temas imperdibles entre los que hay composiciones de J.B Lenoir (Mama, talk to your daughter), Elmore James (I can’t hold out), Roosevelt Sykes (Sunny road blues) y Robert Nighthawk (Gonna move to Kansas City). Este va camino a a ganar los W.C. Handy Awards.

Jack Johnson – To the sea. Compone. Sale de gira. Ensaya. Graba. Jack Johnson hace de todo y lo hace muy bien. A pesar de la locura con la que se vive hoy en día -anuncios, contratos, abogados, negocios, cifras, cheques, compromisos, estrés, globalización o lo que sea- Jack Johnson sigue tan relajado y genuino como siempre. El gurú de la buena vibra sigue en sintonía con el mundo de la melodía, la paz y el relax. Una vez más creó temas magníficos como You and your heart, No good with faces, From the clouds y The upsetter que se suman a la lista de clásicos como Flake, Taylor, Better together o Times like these. Escuchar este disco es como tomar una cerveza fría en una tarde de verano o como zambullirse en el agua fría en un día sofocante.

The Black Keys – Brothers. Así como los White Stripes, The Black Keys es un dúo poderoso con una estructura de guitarra y batería que toca un blues minimalista derrochando electricidad a borbotones. Pero a diferencia de la otra banda, los Black Keys son mucho más salvajes. Son psicodélicos y primitivos. Su música recuerda a los discos “malditos” que Howlin’ Wolf y Muddy Waters grabaron para Chess a fines de los sesenta. Brothers es un álbum hipnótico y atmosférico en el que las canciones fluyen como la niebla en la madrugada. El sonido de estos muchachos es cautivante. Es una propuesta diferente, una expedición al más allá para los puristas del blues y un hallazgo invalorable para los amantes de la buena música.

Smokin’ Joe Kubek & B’Nois King - Have blues will travel. El comienzo, con el tema que da nombre al disco, es demoledor. Suena tan potente como ZZ Top o, casi, como AC/DC. El segundo track, Got you out of my blood, sigue la misma línea y así con el resto de las canciones. Kubek y King vienen tocando juntos desde hace 20 años, se conocen y se complementan a la perfección. Tienen ese poder para tocar juntos, esa hermandad sobrenatural, que en algún momento supieron tener Brownie McGhee y Sony Terry, Cephas & Wiggings, o Anson Funderbergh y Sam Myers. Para los que se vuelven locos con el blues de Texas y con los solos de guitarra pirotécnicos, éste disco es muy recomendable.

Hank Williams III – Rebel within. El nieto del legendario Hank Williams e hijo del célebre Hank Williams Jr. acaba de editar uno de sus mejores discos de su carrera. En Rebel within prevalece el outlaw country y la música hillbilly, sin dejar de lado el rock and roll duro. Aquí, a diferencia del trash metal de su proyecto paralelo, Assjack, Hank III suena auténtico. Las letras de las canciones están inspiradas en su pasión por el alcohol –Gettin’ drunk and fallin’ down, Drinkin’ ain’t hard to do, Moonshiner’s life y Drinkin’ over mama- y también en las drogas –Tore up and loud-. Los excesos de este forajido son el nutriente de su música. Un disco para conocer la esencia del White trash rural.

jueves, 27 de mayo de 2010

El rock & roll no se mancha

(Foto: Martín Bonetto)

A primera vista, para el que no los conoce, parecen dos bufones y un actor porno clase B de los setentas. Los dos primeros ocultos tras sus extrañas barbas largas y los irremplazables anteojos negros, y el restante dando la cara sin problema, con cierta actitud pendenciera, mostrando sus brazos fornidos. Para el que los conoce, y nunca los vio en vivo, los tres tipos parecen dibujados, sacados de un comic. Hasta que empiezan a tocar. Ahí la imagen pasa a un segundo plano y el rock and roll gira y gira como un tornado. Y ellos saben de tornados, son de Texas.

Hay dos ZZ Top. Uno es el del show, las chicas, la coupé, el juego y las barbas largas. El otro es el power trío que suena apabullante, con largos solos de guitarra, que se alimenta de las raíces del blues. Porque ZZ Top es una banda de blues, tal vez una banda carnavalesca, un Kiss texano, puede ser, pero que suena genial y vertiginoso. Los tipos hace 40 años que tocan juntos y ya saben que, a pesar del neón, los videos, la fama y la parafernalia, lo que realmente importa es la música. El rock and roll no se mancha.

El concierto del Luna Park fue estupendo. Tocaron una hora y media a toda máquina. Empezaron con un clásico ochentoso, Got me under pressure, en el que las voces de Billy Gibbons y Dusty Hill se complementaron a la perfección. La del primero sonó cavernosa y oscura, mientras que la del bajista fluyó melodiosa y chillona. Enseguida se despacharon con Waiting for the bus y bajaron un cambio con Jesus just left Chicago. Se sienten cómodos tocando blues. No hay duda.

Entre I'm bad, I'm nationwide y el clásico del blues Rock me baby hubo una escena bizarra. Subió una chica de jean ajustado y musculosa, se acercó a Billy Gibbons y empezaron a dialogar micrófono de por medio. El se hizo el winner y ella le hizo preguntas tontas. Fue bastante malo el acting, aunque algunos se divirtieron. Por suerte terminó rápido: otra señorita subió y le dio un sombrero texano, las dos le dijeron que querían escuchar blues y el trío volvió a la música.

Cheap sunglasses y My head is Missisppi, con un solo fantástico de Gibbons, y I need you tonight dieron pie al homenaje de la noche: Hey Joe, inspirada en la versión de Jimi Hendrix. Después siguieron con Brown Sugar (nada que ver con el tema de los Stones). El bombo y el bajo sonaron feroces y muy funky. Deben haber causado más de una taquicardia. La guitarra, arenosa y sedienta, serpenteaba entre el boogie que se apoderaba del escenario. Con Just Got Paid trasladaron el rock arena de los setentas al Luna Park. Gibbons cambió de guitarra y con el slide le sacó historia a una Gibson. Aplausos. Gibbons presentó al batero Frank Beard y éste empezó a golpear, a marcar el ritmo. Era el momento de Gimme All Your Lovin', uno de sus mayores éxitos, que dio paso a la saga ochentosa de Eliminator: Sharped dressed man, con el ohohoh de la gente en sintonía, y Legs, con los instrumentos engalanados con peluches blancos.

Comenzaron los bises con Viva Las Vegas y cerraron con dos de los temas que definen a la década del setenta: La Grange y Tush, los más esperados por el público. Por la pantalla pasaron un video de sus 40 años de carrera. Imágenes de ellos jóvenes, muy lejos todavía de las barbas largas y los anteojos de sol baratos. ZZ Top supo adaptarse a cada década y tal vez los años 80 los marcaron de una manera muy fuerte para el público masivo. Ellos ahora juegan con esa imagen porque les gusta y se ve que se divierten. Pero más allá de Eliminator, MTV y los raros atuendos, ZZ Top es una banda fiel al más puro rock clásico. Y en vivo lo demuestran siempre. El show de Buenos Aires no fue la excepción.

lunes, 24 de mayo de 2010

En el nombre del padre

La confirmación de la visita de Lurrie Bell, el hijo del legendario bluesman Carey Bell, me hizo pensar en la influencia que muchos padres tienen sobre sus vástagos. En la música hay ejemplos de sobra. Las rutas del rock, del blues, del country y del jazz se alimentan de una misma sangre durante varias generaciones.

Ravi Coltrane (6 de agosto de 1965). Debe haber sido una experiencia sobrenatural haber crecido escuchando a John Coltrane y a su madre, Alice. A los cinco años de edad el sonido del avant garde del jazz se colaba por entre las melodías infantiles que él quería escuchar. Cuánto tiempo iba a pasar hasta que ese chico agarrara un saxo y empezara a tocar. Era evidente cuál era el destino del niño. Hoy Ravi es un gran músico que toca mucho en vivo y se dedica a mantener vivo el legado de su padre.

Jakob Dylan (9 de diciembre de 1969). Nació cuando su padre ya había grabado una parte importante de la discografía esencial de la historia del rock. Jakob creció en los setentas con las poesías de Allen Ginsberg y la música de Bob Dylan. Aullido y Blood on the tracks. Adolescencia en los ochenta y luego The Walflowers. Con un sonido más parecido al de Tom Petty que al de Dylan, la banda supo hacerse un lugar a mediados de los noventa. Hoy, lejos del éxito de The Difference, Jakob parece haber encontrado un lugar que le sienta bien: el del singer/songwriter que encontró su propio camino.

Mud Morganfield (27 de setiembre de 1954).Hace poco dio un concierto bárbaro en La Trastienda. Esta vez no pude ir pero unos amigos que si lo hicieron me contaron que estuvo genial. Yo lo vi en vivo el año pasado en ese mismo lugar. Recuerdo que fui con pocas expectativas y salí muy conforme. Mud es un gran cantante y un showman feroz. No caben dudas de que es el hijo de Muddy Waters. Y él no se preocupa en ocultarlo, lo exhibe con orgullo y pasión, al igual que su medio hermano, el guitarrista Big Bill Morganfield.

Ziggy Marley (17 de octubre de 1968). Su apellido es mucho más que en simple apellido, es un sinónimo de reggae. Así que con esa carga, Ziggy hizo lo que pudo y lo hizo bastante bien. Grabó buenos discos y tuvo un par de hits para hacerse conocido. Quién no recuerda Tomorrow People. Al igual que sus hermanos nunca renegó de su sangre y menos del nombre de su padre. Ziggy es un gran embajador del reggae, de Jamaica y de la mística rastafari.

Arlo Guthrie (10 de julio de 1947). Woody Guthrie fue uno de los próceres del folk, un músico itinerante, de ferrocarril, que tuvo su apogeo en la década del cuarenta e influenció profundamente a Bob Dylan y también a su hijo Arlo. En el festival de Woodstock, en 1969, Arlo interpretó Coming into Los Angeles, que se convirtió en uno de los himnos del festival. Arlo ahora graba poco pero lo compensa con una gran cantidad de shows al año. Hace poco se presentó en vivo junto a Willie Nelson y Ramblin’ Jack Elliott. Eso demuestra que clase de músico es. Tiene peso propio más allá de su apellido.

Jason Bonham (15 de julio de 1966). A los cinco años ya tocaba la batería como un crack. Mientras su padre, John Bonham, recorría el mundo con Led Zeppelin, Jason comenzaba el largo camino que lo trajo hasta el día de hoy. Una senda en la que, como muchos otros hijos de figuras de la música, decidió no eludir. Desde los 17 años, cuando formó su banda Air Race, pasando por sus discos solistas de los años siguientes, o los momentos en los que tocó junto a Led Zeppelin o Jimmy Page, luego de la muerte de su padre, Jason Bonham se mostró como un baterista sólido, progresivo y demoledor. Su próximo proyecto va a dar que hablar: está ultimando los detalles del disco que sacará junto a Joe Bonamassa y Glenn Hughes.

Rosanne Cash (24 de mayo de 1955). Rosanne es la hija de Johnny Cash y su primera esposa, Vivian Liberto. Rosanne se crió con su madre pero siempre se sintió muy influenciada y ligada a su padre. Cuando terminó la escuela secundaria se unió a los tours de éste. En tres años pasó de lavar la ropa de los músicos a cantar en el coro y abrir los shows como telonera. Luego se dedicó a su carrera solista, un tanto irregular por cierto: durante un tiempo estudió actuación pero volvió a la guitarra y a escribir canciones. Su último disco, The List, de 2009, es uno de los mejores de su carrera: son todos covers que pertenecen a una lista que su padre le entregó cuando ella cumplió 18 años y que, según le dijo, son los temas esenciales de la música estadounidense.

Hank Williams Jr. (26 de mayo de 1949). Empezó copiando a su padre, Hank Williams, uno de los músicos más influyentes de la música country, sino el más. A diferencia de todos los demás “hijos de”, Hank Williams Jr. Lleva hasta el mismo nombre de pila que su padre. Pese a todo eso logró desarrollar una carrera solista muy buena, especialmente en los setentas cuando se inclinó por un country más duro y el rock sureño. Y como está orgulloso de su pasado y de su nombre, su hijo heredó lo mismo: Hank Williams III es otro que, con un sonido más aggiornado, mantiene viva la tradición familiar.

Zakiya Hooker (sin datos). Zakiya ya es casi argentina. En los últimos años vino varias veces al país y tocó con muchos músicos locales e incluso hizo un homenaje a Pappo. Ella y su marido, Ollan Cristopher Bell, se sienten como en casa. Y para nosotros no es poco que la hija del célebre John Lee Hooker esté enamorada de la Argentina. Su primera aparición en vivo la hizo en 1991. Luego sufrió el duro golpe de perder a un hijo. Volvió a la ruta del blues, grabó algunos buenos discos, con su padre como invitado en algunas canciones. Y también fue editado uno en vivo en Buenos Aires.

Julian & Sean Lennon (8 de abril de 1963 / 9 de octubre de 1975). Los dos herederos de Lennon tuvieron vidas bien diferentes. Julian es hijo de Cynthia, la primera mujer de John. Ellos se separaron muy pronto y la relación entre el chico y su padre fue errante y conflictiva. En cambio, Sean tuvo una relación más afectuosa con su papá, aunque bastante más corta: apenas tenía cinco años cuando lo mataron frente al Central Park de Nueva York. Musicalmente, Julian tuvo su apogeo en los ochenta con Too late for goodbyes. Tiempo después quiso despegarse de la imagen de John Lennon y desde entonces su carrera fue ambivalente. Sean, en cambio, si bien participó de tributos a su padre, su música siempre fue más experimental y personal que la de su hermano mayor. Grabó junto a Lenny Kravitz, Cibo Matto y Money Mark.

Otros hijos célebres: Dweezil Zappa (Frank Zappa)/ Bernard Allison (Luther Allison) / Shirley King (B.B. King)/ Javier Malosetti (Walter Malosetti) / Kenny Neal (Raful Neal) / Ronnie Baker Brooks (Lonnie Brooks)

sábado, 22 de mayo de 2010

Diamante en bruto

Anders Osborne nació en Suecia en 1966. Hijo de un baterista de jazz, empezó a escuchar música desde muy chico. Primero los singer/songwriters de los sesenta para después, ya de más grande, inclinarse por el blues. Luego de peregrinar por un tiempo, a los 24 años se instaló en Nueva Orleans donde desarrolló su estilo, o sus estilos. Porque Anders Osborne es un músico fantástico y versátil, es las dos caras de una moneda. Es un compositor exquisito que puede sonar melodioso, sentido, acústico, reflexivo y a la vez cool, como lo demostró en su disco anterior, Coming Down (2007); o más rockero y funky, furioso y a la vez galante, pantanoso y urbano. 

Lo nuevo de Osborne, American Pachtwork, es un álbum redondo, repleto de canciones magníficas. Empieza con el tema On the road to Charlie Parker, que habla de cómo la heroína puede destruir a un genio. Y después sigue con mucha guitarra al frente en Echoes of my sins. Got your heart es una mixtura de reggae y el espíritu de Bourbon Street. Killing each other es puro rock. Darkness at the bottom es down home blues bien eléctrico. Este es su primer disco para el sello Alligator y seguramente hará que mucha más gente lo conozca.

Anders Osborne es el diamante en bruto del sur. Su música es fruto de la experiencia humana ante una catástrofe, como la estela de destrucción que dejó el huracán Katrina. Con esa tragedia él encontró el camino de su inspiración. Este puede ser uno de los mejores discos del año.



sábado, 15 de mayo de 2010

Motivarse



Me levanto medianamente temprano. Tostadas, café espumoso y jugo. Se viene un día largo e importante. Es el primer día del resto de mi vida, el que hace unos meses no imaginaba que iba a tener. Es el día que comienza un nuevo Tiempo. Afuera está nublado y fresco. Pero eso no importa ni amedrenta. Estoy con muchas ganas, muchas de verdad, pero necesito algo más, una motivación musical, algo que termine de sacarme del sopor. Rock and roll, señores… rock and roll es lo que se viene, es lo que necesito...

lunes, 10 de mayo de 2010

Embajador de los Valles Calchaquíes

Por René Roca

Mientras la noche golpeaba incansable la ruda botella del San Pedro de Yacochuya, me imaginé en una sonrisa volando como un cóndor; único capaz de ver y encontrar a dos mil metros de altura, entre los Valles Calchaquíes, a esas uvas distintivas que hacen de este salteño un verdadero embajador ante la corte de Baco. Así, rapaz y fervoroso, sobrevolé primero los aromas a barrica francesa: doce meses que valían la pena esperar. El malbec y una pizca de cabernet sauvignon moldearon mi paladar, del mismo modo que las corrientes de aire acomodan el glorioso planear del cóndor entre la cordillera. Fue una experiencia de altura que solo el fruto de un terroir magnífico como es el de Cafayate puede ser tan generoso y digno de los mejores vinos del mundo.
(Visitá la Relatería de René Roca)

viernes, 7 de mayo de 2010

Más lanzamientos

Jack Johnson – En Concert. La música de Jack Johnson es curativa. Trabaja sobre el alma de manera suave y relajante. Tiene una vibra positiva que se esparce con el ritmo y deambula en el aire arrancando sonrisas y movimientos acompasados. En estos años del nuevo milenio, cuando la tendencia musical cada vez se digitaliza más, el hawaiano no se aleja de su fórmula sencilla: buenas canciones, hermosas melodías y un sonido donde prevalece lo acústico. En su discografía faltaba un álbum en vivo. Ya habíamos tenido un anticipo hace un par de años con el DVD doble A weekend at the Greek / Live in Japan, pero ahora con el lanzamiento de En Concert la fuerza de Jack Johnson sobre el escenario es mucho más expansiva. Las canciones de este nuevo álbum fueron grabadas durante la gira Sleep through the static 2008 por Europa y los Estados Unidos. Ya sea en París, Honolulu, San Francisco, Barcelona o San Diego, Jack Johnson suena genial. Están sus mejores temas y un invitado de lujo: Eddie Vedder.

Eric Bibb - Booker's guitar. Eric Bibb es uno de los músicos actuales que más se apega a la tradición del blues del Delta. Y su último álbum no es la excepción. El nombre del disco tiene una explicación: el año pasado Bibb estaba en Londres cuando un fan se le acercó en uno de sus shows y le mostró una National Steel Guitar de 1930 que había pertenecido al legendario Bokker "Bukka" White. Ese encuentro movilizó tanto a Bibb que escribió una canción dedicada a la guitarra y que grabó tiempo después tocándola. “La guitarra de Booker tiene una historia que contar/una historia que todo el mundo tiene que escuchar”, dice el estribillo del tema que abre el álbum: una melodía dulce y una letra emocionante. El resto, blues profundo que nos acerca a las orillas del Mississippi.

Willie Nelson – Country Music. El nombre del artista y el del disco son sinónimos. Con 77 años recién cumplidos, Willie Nelson es, sin ninguna duda, el máximo exponente del country-western-swing. Con éste álbum vuelve a recrear viejas canciones, clásicos de siempre, con la producción del genial T-Bone Burnett. En los últimos años Nelson grabó un ábum de blues, otro de reggae, un par de discos en vivo con invitados como Steven Tyler, Eric Clapton y Sheryl Crow, y hasta uno entero con el arrogante trompetista de jazz Wynton Marsalis. Aquí vuelve a las raíces una vez más, raíces que nunca abandonó del todo, porque en su extensa discografía abundan discos como éste. Pero Country Music tiene una diferencia sutil a todos los demás: muestra a un artista de cerca de cumplir los 80 años que se toma su músca en serio, con pasión y alegría.

Guitar Shorty - Bare Knuckle. Guitar Shorty no editaba un álbum de estudio desde 2006, cuando ganó el W.C Handy Award al mejor disco contemporáneo de blues por We the people. Bare Knuckle es la continuación de aquél. Furia blusera y grandes solos se combinan en un puñado de canciones que suenan potentes y majestuosas. Guitar Shorty puede despacharse con un shuffle texano, un blues de Chicago, un funky o hasta un reggae bluseado, pero siempre fiel a su estilo. Bare Knuckle es su tercer disco para el sello Alligator, en donde parece que encontró un sostén para volcar sus más de 50 años en la escena musical con total libertad. ¡Imperdible!

Bryce Janey – Blues in my soul. Bryce Janey toca blues, no hay dudas. Puro electric groove, contagioso y arrollador. Janey es un joven guitarrista de Iowa y Blues in my soul es su sexto disco. A pesar de ello él apenas está comenzando a abrirse un camino en el mundo del blues. Su música tiene ese sonido retro setentoso tan codiciado por los amantes de la vieja escuela. Janey es de la nueva generación de músicos que creció escuchando a “bestias” de la talla de Robin Trower, Johhny Winter, ZZ Top, Stevie Ray Vaughan, Eric Clapton Gary Moore y Rory Gallagher. Se puede percibir algo de todos ellos en su forma de tocar. Pero también es un muy buen cantante: tiene una voz lisa y poderosa. La banda -Dan "DJ" Johnson (bajo) y Eric Douglas (batería) son como el motor de un auto deportivo recorriendo una larga recta en una ruta desierta. Un violero para tener muy en cuenta.