sábado, 13 de junio de 2026

Pulp, vigencia y elegancia

Fotos: Alejandra Morasano

Pocas figuras del rock conservan la capacidad de adueñarse de un escenario con la naturalidad de Jarvis Cocker. A sus 63 años, vestido como un bibliotecario universitario y lejos de cualquier pose de estrella de rock, el líder de Pulp demostró en el Movistar Arena que el carisma es como un buen vino. Cocker es un performer descomunal, un juglar atemporal capaz de transmitir cada canción sin filtros, con humor, elegancia y una presencia escénica que convierte al público en parte de la función.

Lo de Pulp en Buenos Aires no fue un ejercicio de nostalgia noventosa ni una celebración de su propia leyenda. Fue una demostración de vigencia artística. La música brilló por los arreglos, la precisión interpretativa y una sonoridad impecable que encontró en Cocker a su principal guía.

Ya no son aquellos jóvenes de Sheffield que ayudaron a definir el Britpop. Hoy, rondando los sesenta y pico, representan una época que para muchos fue la última gran edad dorada del rock antes de la fragmentación digital. Y esa conciencia se percibe en cada decisión del show: no hay canciones de relleno ni momentos rutinarios. Cada tema está interpretado con pasión, oficio y una atención al detalle que pocas bandas de su generación conservan.

Junto al guitarrista Mark Webber, la tecladista Candida Doyle y el baterista Nick Banks, además de cuatro músicos de apoyo, Pulp construyó un sonido envolvente y elegante. Las bases rítmicas fueron contundentes, los teclados aportaron profundidad y las guitarras encontraron siempre el equilibrio justo entre energía y sofisticación.

El concierto se extendió durante poco más de dos horas y media, con un intervalo de 15 minutos, y recorrió 25 canciones. El repertorio incluyó siete temas de More, el álbum publicado en 2025, donde conviven naturalmente temas nuevos con otros escritos a lo largo de su carrera. El resto del set estuvo dominado por canciones de Different Class, uno de los discos fundamentales de la década del noventa.

La primera parte comenzó con Sorted for E's & Wizz y rápidamente alcanzó un clima de euforia cuando sonaron los primeros acordes de Disco 2000. Hubo otros momentos destacados, como Underwear, antes de cerrar ese bloque con Sunrise, del álbum We Love Life. Las proyecciones sobre la pantalla y un preciso trabajo de luces acompañaron la propuesta sin distraer la atención de lo esencial: la música.

Entre el público predominaban los espectadores de entre 40 y 55 años, muchos de ellos reencontrándose con la banda que marcó parte de su juventud. Sin embargo, el show nunca quedó atrapado en la nostalgia. Pulp tocó como una banda que sigue mirando hacia adelante.

Cocker intentó comunicarse varias veces en castellano. No siempre fue sencillo entenderlo. Uno de los momentos más curiosos llegó cuando dijo: “Todos tenemos un Ricardo Di Vareno. Yo tengo un Ricardo Di Vareno. ¿Vos tenés un Ricardo Di Vareno?”. Recién después muchos comprendieron que intentaba pronunciar “un sueño de verano”.

La segunda parte mantuvo intacta la intensidad. Los cuatro miembros originales regresaron al escenario para un comienzo acústico con Something Changed, un guiño a los primeros años de la banda en Sheffield. Pero el punto culminante de la noche estaba reservado para Common People. La canción sonó irresistible, expansiva, celebrada por un público que la cantó y la bailó como si el tiempo no hubiera pasado.

Antes del final, Cocker jugó con las palabras y dedicó Tina a la Argentina. Luego, apremiado por el horario, cerró la velada con A Little Soul. Fue el final perfecto para una noche en la que Pulp confirmó que su legado no depende de la nostalgia. 

No hay comentarios: