lunes, 25 de julio de 2016

Hooker en Impulse


La discografía de John Lee Hooker es una de las más desorganizadas de los músicos de blues clásicos. Eso se debe a que Hooker casi nunca respetó los contratos de exclusividad con las compañías discográficas y grabó con distintos seudónimos, muchas veces las mismas canciones, en algunas ocasiones solo y en otras acompañado por distintas bandas. Algo similar pasó con otros artistas como Elmore James o Lightinin' Hopkins, pero en el caso de Hooker es aún más marcado porque el volumen de lo que grabó es mucho mayor.

Es casi imposible saber cuántos discos de Hooker fueron editados con exactitud, entre álbumes de estudio, en vivo y compilados. Y, desde ya, elegir los tres o cuatro como los mejores no resulta para nada sencillo. Muchos coinciden en que algunos de sus más destacados trabajos son Plays and sing the blues, editado por Chess en 1961; Boogie Chillun, una grabación en vivo de 1962 que fue lanzada al mercado diez años después; Alternative Boogie: Early Studio Recordings 1948-1952, que Capitol Records sacó en 1995; o el álbum doble junto a Canned Heat de 1971. Pero entre tanto material, hay un álbum que no se puede dejar pasar: se trata del disco que grabó para el prestigioso sello de jazz ABC Impulse junto a experimentados sesionistas. Hooker resultó ser, además, el único blusero que dejó su nombre impreso en el catálogo de esa compañía que, en la década del sesenta, grabó a la crema de la crema del jazz: John Coltrane, Duke Ellington, Coleman Hawkins, Sonny Rollins, Art Blakey y Oliver Nelson, por solo nombrar a algunos.

It serves you right to suffer fue grabado el 23 de noviembre de 1965 en Nueva York y se publicó al año siguiente, hace 50 años. Como no tuvo la repercusión ni las ventas esperadas, su relación contractual con el sello no prosperó, pero el tiempo hizo justicia a esas ocho canciones. En ellas subyace lo mejor de Hooker, ese boogie hipnótico y cadencioso, con acordes sostenidos en el aire, como desafiando la gravedad y penetrando todos los sentidos. Un espectro emocional de compases entrelazados que serpentean un ritmo fulminante... en síntesis, Hooker en su máxima expresión.

Bob Thiele John Coltrane y Archie Shepp
Los personajes que lo acompañaron encajaron como las piezas de un rompecabezas. El productor Bob Thiele tenía sobre sus espaldas decenas de grabaciones con músicos de jazz como Coltrane, Dizzy Gillespie y Charles Mingus, y menos de dos años después de grabar con Hooker alcanzaría su máximo éxito, en la voz de Louis Armstrong, con What a wonderful world, que escribió junto a George David Weiss. La relación de Thiele y el blues no terminaría con It serves you right to suffer. De hecho a fines de los sesenta empezó a trabajar en el sello BluesWay, también subsidiario de ABC, y volvió a producir a Hooker así como también a T-Bone Walker y B.B. King. Pero en este disco en particular su gran mérito fue amalgamar una banda de jazz con el boogie profundo de Hooker.

Panama Francis
El guitarrista Barry Galbraith, quien durante casi dos décadas fue músico estable de las orquestas de NBC y CBS, y tocó con Billie Holyday, Sarah Vaughan y Miles Davis, entre otros, aportó su fino toque jazzístico para confrontar los rudimentos estilísticos de Hooker. Esa contraposición de funcionó perfecto. La rítmica estuvo a cargo del contrabajista Milt Hinton y el baterista David "Panama" Francis. El primero estuvo casi 15 años tocando con Cab Calloway, mientras que el segundo integró las bandas de Ellington, Ella Fitzgerald, Ray Charles y Mahalia Jackson, entre muchos otros. "En el estudio , Hooker estuvo siempre al mando de la sesión, muy cómodo y con una botella de whisky a su lado, golpeando sus pies en una madera contrachapada que estaba apoyada sobre la losa y con la luz muy tenue. Su única preocupación en cada una de las canciones era el beat y el tempo", escribió Stanley Dance para Jazz Magazine.

"Les pidió a los músicos que se relajaran y antes de empezar con Shake it baby, les dijo: 'Déjense llevar", detalló Dance. Justamente con esa canción, que ya había grabado en solitario unos años antes en Hamburgo, empieza el álbum. El repertorio sigue con Country boy y luego una excelente versión de Bottle up & go, al mejor estilo bailable de los jukejoints del Delta. Continúa con You're wrong y Sugar mama, antes de volver sobre un tema que ya había tocado en los cincuenta, Decoration day.

Money, de Barry Gordy Jr., es el único cover que interpreta. Su versión es mucho más oscura y sofisticada que la de Ray Charles, tal vez por la combinación del sonido de su guitarra con trombón de William Wells, única aparición en el álbum. Todo termina con It serves you right to suffer, "con la clásica introspección de Hooker y la receta antidepresiva que le da su médico: leche, crema y alcohol" tal como sostiene Mark Humprey en las notas del CD.

Hooker volvería a grabar con un músico de jazz más de dos décadas después y fue, nada más y nada menos, que con Miles Davis, en una mítica sesión de la que también participaron Taj Mahal y Roy Rogers, para la banda de sonido de la película The hot spot, dirigida por Dennis Hopper y protagonizada por Don Johnson. Pero aquella histórica reunión de 1965 demostró que Hooker, pese a que muchos tienden a encasillarlo y de alguna manera a aislarlo por su estilo tan visceral y único, era capaz de grabar con quien fuera, siempre y cuando esos músicos estuvieran a la altura de su leyenda.

viernes, 15 de julio de 2016

Sensatez y sentimientos


El primer gesto del maestro Larry Carlton fue dejar que presentaran a los músicos antes de su salida a escena. Mariano Cardozo, productor del evento, anunció a Jota Morelli, a Daniel Maza y a Gustavo Silva, y ellos asomaron tímidamente y saludaron al público. Tras ese inusual comienzo, Carlton caminó confiado hasta el centro del escenario. Tomó su Gibson 335 y empezó a acariciarla suavemente. Improvisó una dulce melodía en soledad, bañado por un haz de luz azulado.

Tras su solo inaugural, el maestro llamó a Morelli y Maza con un gesto ampuloso. Los músicos ocuparon sus lugares y se lanzaron en un frenesí jazzístico exquisito. Silva apareció para el tercer tema y, durante el resto de la noche, alternó el sonido hammond con el de los sintetizadores. La banda sonó muy ensamblada, sin fisuras, pese a que apenas tuvieron un par de ensayos juntos. En determinados momentos, Carlton dejó que el baterista y el bajista mostraran lo suyo y también entrecruzó notas con un entusiasmado Silva. El guitarrista le dio un rol estelar a la banda y los músicos respondieron con creces. Pura sintonía fina.

La guitarra parece una extensión de su cuerpo. Desde la forma en que la agarra y todo lo que saca es orgánico y natural. Su estilo, pulido y refinado, también está cargado sentimiento. Cada una de las notas que toca dice algo. Anoche lo demostró ante un Teatro Coliseo prácticamente colmado. Conmovió con su hit Minute by minute, le puso funky con My mama told me so y Put it where you want, ambas de su época con los Crusaders, y acarició el blues con la soberbia Friday night shuffle. Dibujó las notas más finas con Room 335, de su álbum debut de 1976, y engalanó la noche con otras joyas de sus discos solistas como Sunrise y March of the jazz angels. También interpretó algunos covers como Roll with it de Stevie Winwood y Josie de Steely Dan, en la que estiró las cuerdas al mejor estilo B.B. King. En el cierre arremetió con Sleep walk, esa joya instrumental compuesta para steel guitar por Santo & Johnny en 1959, que Carlton transformó en un emotivo y vibrante saludo de despedida.

En la previa, cuando la ansiedad por ver a Carlton otra vez luego de 30 años dominaba al público, Nasta Súper hizo su debut sobre las tablas del Coliseo con una presentación tan corta como encendida. Fueron tres temas instrumentales -Doodlin', Blues in B y Robert Nighthawk stomp- en los que Rafa Nasta, armado con una Les Paul ametralló al público respaldado por sus fieles lugartenientes: Gabriel Cabiaglia, Mauro Ceriello y Walter Galeazzi.

Durante casi dos horas, Carlton colmó el amplio recinto del teatro solo con su música, interrumpida apenas por el estallido de aplausos entre tema y tema. La despedida fue conmovedora, se mezclaron sonrisas y lágrimas de emoción. Luego se abrió paso entre el público, que lo esperaba en el hall de entrada, para firmar sus discos. Otro gesto más del maestro de la sensatez y el sentimiento.


viernes, 8 de julio de 2016

Mr. 335


Lo llaman Mr.335, en honor a la guitarra Gibson de la que no se puede separar. En sus más de 40 años como músico profesional , Larry Carlton tocó con una amplia gama de figuras del jazz, el pop, el rock y el blues: Quincy Jones, Barbara Streisand, John Lennon, Joni Mitchell, Billy Joel, B.B. King, Bobby "Blue" Bland y hasta Charly Garcia son algunos de esos nombres. Carlton además edificó una notable carrera solista, editó unos 30 discos -entre álbumes en vivo y de estudio-, fue nominado 19 veces a los premios Grammy, de los cuales ganó cuatro, uno por el tema que interpretó para la popular serie de tevé, Hill Street Blues, en 1981.

Carlton nació en Torrance, California, el 2 de marzo de 1948. Aprendió a tocar la guitarra desde muy pequeño y sus primeras influencias fueron grandes maestros del jazz como Joe Pass, Wes Montgomery y John Coltrane, así como también el Rey del Blues, B.B. King. Tras graduarse en el Long Beach State College, al sur de Los Ángeles, en 1968, Carlton se sumó a The 5th Dimension, una banda pop soul muy popular entre los hippies que enarbolaban las banderas de paz y amor. Ese mismo año, editó su primer LP solista, With a Little Help from My Friends, un álbum de covers para un pequeño sello independiente. En 1971, se sumó a The Crusaders, un grupo que fusionaba jazz, soul y R&B. Tras dejar esa agrupación, en 1976 contribuyó con su fino toque en el álbum The Royal Scam, de Steely Dan. Unos años antes, en 1973, grabó junto a Joni Mitchell en el disco Court and Spark.

En 1978, Carlton firmó contrato con Warner Bros. El primer disco que grabó para el poderoso sello se llamó Larry Carlton a secas. Con esa compañía editó otros cuatros álbumes. Con Friends, de 1983, fue nominado a otro Grammy. En 1986, arregló con MCA Records y una vez más volvió a recibir ese premio a la mejor interpretación instrumental pop por el single Minute by minute, del disco Discovery. Al año siguiente fue nominado para otro Grammy por el álbum Last Nite.

En el mejor momento de su carrera la Argentina se cruzó en su camino. Primero fue a través de Charly García. Ese encuentro no fue en nuestro país sino en Nueva York. Charly fue a grabar su disco Clics Modernos a los estudios Electric Lady y Carlton tocó en tres canciones: No soy un extraño, Los dinosaurios y Plateado sobre plateado. En una entrevista que Charly le concedió al periodista Alfredo Rosso dio detalles sobre esa sesión: "La única persona en el long-play que toca lo que le parece, más o menos, es Larry Carlton. Le pedí información, le dije: ¿Por qué siempre me gustaron más los discos de Steely Dan y los de Joni Mitchell donde vos tocas que tus discos y los de los Crusaders. Y él me dijo: 'porque los solos de Joni Mitchell y Steely Dan los componen Steely Dan y Joni Mitchell. Les doy cinco o seis tracks de la misma canción y ellos ponen el primer compás de un solo... ¿Entendés?' Es lo que hice yo también, en Los Dinosaurios, por ejemplo. Hay veces en que hay una guitarra, hay veces en que hay tres (...) Larry Carlton es un tipo súper fenómeno".

Tres años más tarde, en agosto de 1986, un Carlton que por entonces lucía pelo largo dio una serie de recitales en Shams, un pequeño bar que estaba sobre la Avenida Federico Lacroze, en Belgrano. Luis Alberto Spinetta, entre otros, fue testigo privilegiado de aquellos shows en los que el guitarrista estuvo acompañado por Alex Acuña en percusión, Rick Marotta en batería, Terry Trotter en teclados y John Peña en bajo. El periodista Carlos Polimeni escribió para el diario Clarín: "Lo que deslumbra de Carlton no es su falta absoluta de recursos previsibles o la justeza de su equipamiento en gira. Es más bien el gusto monumental para acomodarse sobre las melodías y volar en sentimiento más rápido que los dedos y ese background cultural tan típico de músicos del sur de los Estados Unidos".

En 1989, Carlton estuvo cerca de la muerte. Fue baleado en el cuello por dos pandilleros a la salida de Room 335, su estudio de Hollywood, mientras grababa el álbum On solid ground. La herida le afectó las cuerdas vocales pero con el tiempo pudo recuperarse. Durante la década del 90 grabó más discos, trabajó junto a Lee Ritenour y luego lo reemplazó en la banda de smooth jazz Fourplay. En los últimos años, siguió muy activo lanzando discos, realizando giras por el mundo y uniendo talento con guitarristas de la talla de Steve Lukather y Robben Ford, con este último editó los álbumes Unplugged y Live in Tokyo.

Su vida personal se resume en su matrimonio con la artista Michele Pillar, con quien tuvo dos hijos y se separó en 2013. Travis Carlton siguió los pasos musicales de su padre, aunque en vez de la guitarra optó por el bajo. En 2012 y 2015, vino a la Argentina acompañando al guitarrista Scott Henderson.

 El show de Larry Carlton, este jueves en el Teatro Coliseo, será un gran acontecimiento para los amantes del jazz, el blues y la música en general. Y una oportunidad única de verlo interactuar con músicos locales como Gustavo Silva (piano), Daniel Maza (bajo) y Jota Morelli (batería). Bienvenido Mr. 335.