sábado, 24 de enero de 2015

Decálogo blusero


Hace poco, José Luis Pardo me acercó este disco que sintetiza la escena blusera de Madrid. Grabado por los profesores de La Escuela de Blues de esa ciudad, el disco tiene diez clásicos del género interpretados con respeto a la tradición pero también con mucha personalidad.

El guitarrista argentino es una de las figuras principales de Madrid Blues Ghetto y además es el productor artístico del álbum. Los otros protagonistas son Quique Gómez (armónica y voz), David Salvador (bajo) y Pablo Barez (batería). También participan la pianista Miriam Aparicio, las cantantes Aurora García, Alana Sinkëy y Mayka Edjole, el guitarrista Edu “Bighands” Manazas y los argentinos Román Mateo (guitarra), Juan Codazzi (guitarra) y Machi Romanelli (teclados). El disco comienza con Quique Gómez derrochando swing con su armónica en Woman, don’t lie, de Luther Johnson, mientras Pardo y Romanelli crean un respaldo sonoro con un groove irresistible. Luego aparece en escena Aurora García para una conmovedora versión de I’d rather go blind, el clásico que inmortalizó Etta James. Pardo y Codazzi combinan guitarras acústicas y slide para que Alana Sinkëy endulce con su voz una versión rural de Crossroads, de Robert Johnson. Manazas aparece como solista para rendir homenaje a Little Walter, con Quique Gómez soplando su armónica con fruición, en Can’t hold out much longer. La primera parte del álbum se va con Pardo recreando a Albert King con Don’t burn down the bridge, un tema que forma parte de su repertorio en vivo.

Mayka Edjole y Román Mateo le dan un toque Nueva Orleans al álbum con These lonely, lonely nights, del gran Earl King. Acto seguido, Pardo, Mateo y Gómez entrelazan solos dinámicos y apasionados en el instrumental EBM boogie, el único tema original del álbum. La voz femenina de Aurora García vuelve con Ain’t nobody’s bussiness, una de las melodías más estremecedoras de la historia del blues, con unos punteos de Pardo que penetran como aguijones y el piano profundo de Aparicio que recrea el ambiente humoso de un bar de St. Louis. Manazas reposiciona al blues de Chicago con Let me love you baby, de Willie Dixon y Buddy Guy. Y el final encuentra a Alana Sinkëy cantando The sun is shining, con el slide demoledor de Pardo y el piano de Aparicio sumergiéndose en las profundidades de ese océano inmenso que es el legado de Elmore James.

Madrid Blues Ghetto es mucho más que una carta de presentación, es un decálogo blusero de primer nivel que derriba ese prejuicio de que el blues es solo cosa de negros.


sábado, 17 de enero de 2015

Las tres vidas de Negrito


Uno. Xavier Dphrepaulezz nació en el ocaso de los 60 en el seno de una familia musulmana en la zona rural de los Berkshires, en Massachusetts. Siendo aún un niño, su familia decidió mudarse a la otra costa de los Estados Unidos y recaló en Oakland, al norte de California. Pasó de una vida conservadora y aislada escuchando a su padre de origen somalí tocar música africana, a la revolución sonora de Funkadelic, los albores del hip hop y los avatares de la vida urbana. A los 20 años, de manera autodidacta, ya tocaba cuanto instrumento llegara a sus manos. Empezó a mezclar música en grabadoras de cuatro pistas y los cassettes los repartía con los raperos locales. La calle lo llevó a las drogas y las drogas al frío cañón de un arma que puso su vida al filo del precipicio.

Dos. A comienzos de los 90, tomó la carretera al sur y así llegó a Los Ángeles. Hollywood, glamour, drogas y deseos de convertirse en un rock star se convirtieron en un combo casi fatal. Un amigo lo puso en contacto con Joe Ruffalo, ex manager de Prince, quien le arregló un contrato millonario con Interscope Records. Así fue como, en 1995, bajo el nombre de Xavier, grabó X Factor, un álbum que combinaba R&B, club dance y hip hop. Para la compañía fue un desastre comercial y para él representó la pérdida de su identidad. En 2000, con su carrera musical a la deriva, sufrió un accidente automovilístico que lo tuvo en coma un mes y que lo obligó a una larga trabajosa recuperación.

Tres. Dejó la música, volvió a Oakland y se casó. Empezó a cultivar marihuana, plantar vegetales y criar pollos. Así comenzó a repensar su vida, sus valores y su futuro. Nació su hijo Kyu y el blues se cruzó en su camino. Los discos de Skip James, Charley Patton, Son House, Leadbelly y R.L Burnside lo motivaron a volver a componer y tocar. Y así fue como nació Fantastic Negrito. “Fuck a popstar. Fuck pandering. Fuck fakeness. Fuck fear”, se convirtió en su nuevo lema.

Ahora, tras la reconversión, acaba de lanzar un EP, que absolutamente nada tiene que ver con X Factor. Negrito preserva el sonido de los pioneros del blues, los tamiza con su propia experiencia y genera, mediante samplers y loops, puentes hacia la modernidad. En Night has turned to day, relata su paso por la oscuridad como si el espíritu de James Brown renaciera en un juke joint del Delta del Mississippi. Nobody makes money es un alegato melódico contra las corporaciones y la devoción por el dinero. It’s a long, long road sirve como muestrario de toda su versatilidad vocal. The time has come es una balada al piano sutil y melancólica. En Fever, vuelve al R&B sobre una base electrónica con un groove altamente adictivo. Y cierra con A Honest man, un work song espacial, que por momentos remite a una versión ralentizada de Seven Nation Army de The White Stripes, pero que el estribillo le concede su propia personalidad. Fantastic Negrito encontró su norte y su misión en la vida: llevar los viejos blues a una nueva era.


domingo, 11 de enero de 2015

Pendientes del año pasado Vol. 2


Sugar Ray Norcia & The Bluetones – Living tear to tear. El sexto álbum del armoniquista para Severn Records es de una exquisitez extrema. Cada acorde, cada riff, cada tono está cuidado hasta el punto de la obsesión. El disco sintetiza la tradición de grandes músicos y bandas de la Cota Este, de estilo refinado, encabezados por Ronnie Earl, Duke Robillard y Roomful of Blues. La formación de los Bluetones incluye a Monster Mike Welch en guitarra, un ex niño prodigio que reluce con una técnica formidable; a Anthony Geraci en hammond, de amplia trayectoria, especialmente acompañando a Ronnie Earl; a Michael “Mudcat” Ward, toda una institución en bajo y contrabajo, que también tocó con Earl, Hubert Sumlin y Ron Levy, entre otros; y Neal Gouvin en batería que, cómo no podía ser de otra manera, integró la formación de los Broadcasters. Seis de los doce temas del disco fueron compuestos por Norcia y el resto por los miembros de la banda. En todos hay un sutil balanceo entre el blues de Chicago, el boogie, el shuffle, con algunas líneas jazzeadas, y unos solos de armónica lacerantes y profundos. Por este disco, Norcia está nominado a seis premios de la Blues Foundation, que se otorgarán en mayo: mejor álbum, mejor banda, mejor armoniquista, mejor canción (Things could be worse), mejor álbum tradicional y mejor artista masculino de blues.

Duke Robillard – Calling all blues. El disco número 30 de Duke Robillard tiene todo lo que este gran maestro de las seis cuerdas siempre supo ofrecer. Buenas canciones, tremendos solos y mucho swing. Respaldado por Bruce Bears (teclados), Brad Hallen (bajo) y Mark Teixeira (batería) despliega todo su know how con la guitarra, tanto eléctrica como acústica, con púa y hasta con slide. En Blues beyond the call of duty sobresale la dulce voz femenina de Sunny Crownover y la sección de vientos de Roomful of Blues se suma en algunos temas para darle un marco de mayor intensidad. Es brillante el track inicial, Down in Mexico, con un estilo Memphis bien festivo, y también lo es Confusion blues, que Bears canta como si estuviera poseído por el legendario Mose Allison. En Motor trouble, Robillard despliega un boogie aceitoso y luego sigue con Nasty guitar, un rock and roll como los de ZZ Top, aunque suavizado por el aporte vocal de Cronower. Además, se reversiona a sí mismo con Temptation, tema que grabó en 1994, pero aquí lo lleva a un clima de humo, whisky y jazz. Este nuevo disco es un aporte más de este notable guitarrista al blues contemporáneo que no se puede desaprovechar.

James Jones Trio – Tuned in. Estos jóvenes de Danville, Illinois, al sur de Chicago, se definen como “una banda de blues tradicional”, representantes de la nueva generación. James Jones, en guitarra y voz, es el Messi del trío, mientras que sus pilares son el baterista Aaron Bouslog y el bajista Mitchell Killough. Jones tiene una técnica notable que reluce tanto cuando encara con la acústica y el slide, como en Born a rebel, o con la strato. Su solos pueden ser puñales afilados o tenues caricias. La joya del disco es One more drink, en la que muestra toda la influencia que tiene de Robben Ford, pero en donde claramente busca establecer su propio sonido. Heavy hand touch es un shuffle hecho y derecho en el que su guitarra oficia de guía en un sendero rítmico contagioso. Mitchell's groove es un apasionado testimonio instrumental de tintes jazzeros en el que exhibe todos los recursos que tiene a mano, no solo en los punteos, sino también en el manejo de tiempos y climas. En algún punto, el resto de las canciones suenan parecidas, como si le faltara dar un paso más allá. De todas maneras, es un disco cuidado y muy agradable de escuchar. El futuro dirá cuánto más podrá dar James Jones.

miércoles, 7 de enero de 2015

Pendientes del año pasado Vol. 1

Larry McCray – The Gibson Sessions. El corpulento guitarrista, un viejo amigo de los argentinos, lanzó a fin de año un disco en el que repasa puros clásicos del rock, especialmente de la década del 70. Las versiones –afortunadamente- no son meras copias de las originales, sino que en cada una, sin alterar su esencia, McCray le pone su propia impronta. Abre con Needle in the spoon, un clásico de Lynyrd Skynyrd, en el que cuenta con Derek Trucks como invitado, y sigue con Night moves, de Bob Seger, tal vez la mejor y más conmovedora interpretación del disco. También encara con mucho vigor Waiting for the bus, de ZZ Top, y Changes, de Buddy Miles, el legendario baterista de Jimi Hendrix. Se anima sin ningún pudor a Listen to the music, de los Doobie Brothers, y Unchain my heart, tema que hicieron propios Ray Charles y Joe Cocker. Y hay más, suma al guitarrista Dickey Betts para la extraordinaria Can’t you see, de The Marshall Tucker Band, y junto a David Hidalgo, de Los Lobos, rinde tributo a Gregg Allman en I’m no angel. Y si al disco le faltaba algo era un cover de los Stones: acompañado por el guitarrista Jimmy Herring se zambulle en lo más íntimo de Wild horses. McCray viajó a la época dorada del rock and roll y volvió con un puñado de canciones fantásticas interpretadas con mucha personalidad.

Devon Allman – Ragged & dirty. El hijo de Gregg Allman sigue con su carrera ascendente a toda máquina. Luego del excelente Turquoise (2013), en el que demostró que además de ser un tremendo guitarrista es un gran compositor, se unió al productor Tom Hambridge (Johnny Winter, George Thorogood y Joe Louis Walker, entre otros) para este disco en el cual confirma el camino elegido. Acompañado por el propio Hambridge en batería, Felton Crews en bajo, Marty Sammon en hammond y Giles Cory en guitarra, interpreta una docena de temas entre los que hay composiciones propias como Back to you, la acústica Leave the City y Midnight Lake Michigan; algunos del productor, Can’t lose ‘em all y Leavin’; y un puñado de covers como I’ll be around, de The Spinners, Ten millon slaves, de Otis Taylor, y el tema que da nombre al disco que pertenece al gran Luther Allison. El álbum suena a un Allman, claramente, pero no a una fotocopia, sino a un original. Guitarrista virtuoso, deshace la Gibson Les Paul con una técnica que comprende elementos extraídos de Hendrix, Buddy Guy y, por supuesto, de su linaje. Blues, rock y southern soul son los ingredientes que agrega a su música. Ragged & dirty es un escalón más subido por una figura que ya dejó de ser una promesa.

Gov’t Mule - Stoned side of the Mule Vol. 1. El 31 de octubre de 2009, la banda comandada por el guitarrista Warren Haynes recreó algunas canciones de los Rolling Stones durante la celebración de Halloween en un concierto en el Tower Theater, en las afueras de Philadelphia. En diciembre pasado, la banda lanzó una edición especial de 3000 copias en vinilo, que afortunadamente se viralizó por Internet. Haynes junto a Matt Abts (batería), Danny Louis (teclados) y Jorgen Carlsson (bajo) interpretaron siete temas de Jagger y Richards sin dejar de lado la esencia de jam que caracteriza a la banda. El disco empieza con Under my thumb y sigue con Monkey man. Con Doo doo doo doo (Heartbreaker) la banda estalla en un limbo psicodélico atravesado por unos solos apabullantes de Haynes. Paint it black mantiene esa pincelada oscura y densa de la versión original y Angie no pierde la melancolía y el toque acústico que la caracterizan. El slide de Haynes marca el comienzo de Ventilator blues, con Jackie Green soplando su armónica mientras se cuelan unas líneas del saxo de Steve Elson, los dos invitados de aquel show. La banda cierra con una atrapante versión de Shattered que canta con mucho énfasis Abts. Como parte del mismo lanzamiento hay otro disco de los Mule, un tributo al Lado oscuro de luna de Pink Floyd, como solo ellos lo pueden hacer.